Los daños del (no)desarrollo de la cultura

Siempre odié aquellas discusiones cíclicas entre nosotros: los de Cienfuegos y los otros compañeros de aula de Villa Clara; casi siempre un camagüeyano interfería aunque no fuese con él. Los argumentos jamás me parecieron sólidos y la querella parecía más una inquina a lo Capuleto y Montesco que no por histórica dejaba de ser tonta. El deseo de salir victoriosos, para cualquier bando, era una porfía absurda si de verdad nos poníamos a comparar las bellezas, fealdades, ventajas y desarrollo de cada ciudad.