Los autores de una misma generación se influyen

Daniel Burguet escribe sobre la muerte, sobre el fantástico cotidiano y la surrealista realidad que nos rodea. Su literatura es crítica y convincente incluso cuando nos arranca una sonrisa o carcajada.

Hace algunos años conocí uno de sus primeros cuentos y, desde entonces, he intentado seguir su obra y a un Daniel a quienes los amigos, de manera fraternal, llaman El Señor Muerte, en alusión a uno de los personajes icónicos —y muchas veces presente— en los cuentos de Burguet.

Ángeles y demonios, escritores y aprendices cuestionan los universos que habitan dentro de las estructuras narrativas de Daniel; quizás por eso, su literatura dialoga tan fácilmente con diferentes tipos de lectores.

—¿Cómo llegas a la literatura? ¿Acaso ella te encontró a ti?

—Crecí en un ambiente de libros más que de literatura. Mi abuelo trabajó toda su vida en la imprenta, por lo que la casa en la que crecí siempre estuvo llena de libros. De niño, en los peores años del Período Especial, lo recuerdo cosiendo y encuadernando libros en la mesa del comedor. El olor a goma caliente, la cera para reforzar los hilos, las agujas, los punzones, la segueta para los lomos… aquello era como una mesa de operaciones para literatura. Y fue eso lo primero que me cautivó: el libro como objeto.

“Cuando aprendí a leer, o a comprender cabalmente lo que leía, los libros se hicieron más interesantes. Leía de todo, sin discriminar, aunque las novelas de aventuras, fantasía y ciencia ficción fueron las preferidas durante varios años. En algún momento comencé a inventar mis propias historias, sobre todo aquellas que no encontraba en los libros. Un día comencé a escribir la que me hubiese gustado leer y como todos, o casi todos, con los años la volví a leer y me horroricé.

—¿Qué es lo que buscas, como lector especializado, en una obra? ¿Existe una fórmula para escribir un buen libro?

—Una cosa que tengo que agradecer mucho es que, debido a esa relación íntima con los libros, mi familia nunca ha tenido gran sentido de discriminación. Se lee el libro que llegue. Y eso lo heredé de ellos. Disfruto por igual la literatura genérica o los libros técnicos que me interesen, o tratados de alguna ciencia en particular. La sociología, ciencias políticas y psicología son temas que siempre busco, y leo más libros de estos al año que de cualquier otra cosa.

“Claro que existe una fórmula para escribir un buen libro, si entendemos por buen libro uno que venda, que dure un segundo en las librerías y sea adaptado, antes de envejecer, a series y películas. Y si nos queda alguna duda ahí están los escritores de bestsellers para aclarárnosla. Pero escribir una buena obra… eso es algo más íntimo, y depende del gusto y relación que establezca el lector con ella.

“Es difícil medir esto. Siempre he buscado obras que, al terminarlas, sienta que he aprendido algo y las extrañe y quiera volver a leerlas. Si logramos ese vínculo con la obra, creo que es síntoma de que es muy buena, al menos para nosotros”.

—¿Cuáles crees que serán los temas de la literatura cubana del futuro?

—Es difícil hablar de los temas de la literatura cubana en el futuro, más si el futuro muchas veces está ahí, al lado nuestro, solo que no somos capaces de verlo. En los últimos treinta años nuestra literatura ha estado inundada de diáspora, decadencia, desencanto y desidia. Eso ha ido cambiando, pero los cambios en la literatura son lentos, y lo que está ocurriendo ahora en las cuartillas de cientos de escritores va a tener verdadero impacto dentro de diez o quince años, y será esta la literatura del futuro.

“La literatura es lenta, íntima y lenta, y en eso está en desventaja respecto a los otros medios y la inmediatez con que se vive. Esta situación se agrava en nuestro sistema editorial. En lo que una idea cobra forma, la desarrollamos, logramos colocarla en alguna editorial y más tarde sale a la venta, pueden pasar fácilmente cinco o seis años.

“Siguiendo con la idea, basta con analizar lo diverso de nuestra literatura contemporánea, donde la fantasía y la ciencia ficción han ganado buen terreno, o donde encontramos obras que nada tienen que ver con el pesimismo de tendencias anteriores; para suponer que la literatura de nuestro futuro, al menos del inmediato, estará plagada de un pluralismo en el que podremos encontrar cualquier tipo de tendencia. Donde el pesimismo y los clichés de lo cubano habrán disminuido lo suficiente como para dejar ver que nuestra realidad es mucho más rica”.

—Si tuvieras que, grosso modo, hablar de la relación que se establece entre un lector y un escritor en base a tu experiencia, ¿cómo sería?

—Como ya te decía, la literatura que llega a las manos de los lectores no es la literatura que uno está haciendo. Suele ser la que uno ya dejó atrás. Se te acercan lectores a preguntarte por cosas que uno se tiene que exprimir un poco la cabeza para recordar, o a señalarte otras que no les gustaron. Sucede también que algunos lectores suelen confundir los criterios de los personajes con los del autor y te juzgan por eso, y pueden amarte u odiarte con la misma intensidad que a tus personajes.

“También ocurre, verdadera lástima, que cada vez son menos las personas que leen, y a no ser que te busquen específicamente por algo, mucha literatura queda relegada a ser leída por muy pocos. Hasta ahora mi contacto con los lectores ha sido directo e inmediato. En gran medida se debe a que trabajo el humor en mis textos, y suelo leer en espacios públicos y de buena aceptación. Esto ha dado al traste con el que me conozcan algunas personas y se interesen por buscar mis obras”.

—¿Crees que los autores de una misma generación, si se entiende este concepto como coincidencia temporal y espacial más que nada, se influyen mutuamente? ¿Hasta qué punto es beneficiosa o negativa esa influencia?

—Sí, los autores de una misma generación se influyen. Más aún si alguno de ellos tiene éxito. Ya sea para alejarse de la manera de escribir de alguno, o para tratar de emular a otro, entre todos se influyen. Quizá debido a esto es que se puede agrupar, a través de la historia de la literatura, grupos generacionales que tratan temáticas similares, muchas veces opuestos a otros grupos de la misma generación. Claro, todo esto se logra ver bien a la luz de los años y la distancia, que son los únicos que logran poner a la historia en perspectiva.

“Toda esta «contaminación cruzada» dentro de la literatura de la misma generación la encuentro, más que beneficiosa o negativa, ineludible. Estamos hermanados en la urgencia de nuestro tiempo, irremediablemente, lo aceptemos o no”.

—Como escritor, como ser humano, ¿cuáles son los temores que más usas o reciclas como herramientas de tu propia escritura?

—El miedo a la muerte, eso sobre todo. A la muerte, inevitable, constante, paciente, ahí al final del camino, porque cuando llega da igual cuánto hayamos andado, ya es el final. También el miedo a la locura, a lo insano de la mente. Nuestra cordura depende del cómo nos entiendan los otros y nuestra locura del cómo nos entendamos nosotros. Mis personajes están llenos de eso: de muerte inevitable y de equilibrio precario. Siempre están a un paso de… Que lo narre con o sin humor, eso ya es otra cosa.

—Se ha hablado mucho de la buena salud de la literatura cubana actual, sobre todo la narrativa, ¿estás de acuerdo con esta opinión? ¿Qué es lo que clasificas como buena salud?

—Creo que todo comienza por ahí, ¿qué clasificamos como buena salud? Cierto es que ahora hay una gran producción literaria: muchos autores escribiendo, bastantes publicando, y un número pequeño leyendo. Y al final el escritor se debe a eso, al posible lector que tenga del lado de allá del tiempo y el libro.

“Podemos tener una literatura de primer nivel (que la tenemos, eh), pero mientras continúe ignorada por el grueso del público, seguirá siendo una literatura no tan sana. Nuestros libros circulan en espacios muy reducidos, y muchas veces solo nos leen otros escritores. En gran medida es debido a la falta de interés del público general y también a las malas estrategias de visualización de las obras.

“Cierto es que cada vez se consume menos literatura, pero la gente sigue leyendo igual o incluso más. Analicemos la cantidad de contenido de texto que se genera y consume en las redes sociales, en los blogs, en las historias de los videojuegos. Seguimos leyendo, solo que ya el libro no es preferencia. También podríamos analizar la cantidad de personas que están escribiendo para estos espacios, nos sorprenderían los números.

“Nuestra literatura continúa con muchas aptitudes «pre-redes sociales», en las que aún se cree que el libro y las revistas son el espacio de confluencia de pensamientos por excelencia. Tuve la oportunidad de trabajar en una de las Ferias del Libro en La Cabaña y me maravilló ver que las personas lo que menos compraban eran libros, al menos los de literatura como tal. Dejando en un aparte la cantidad de literatura infantil que se vendió, lo que más se comercializaba eran libros de autoayuda, de cocina, diccionarios… Y el fenómeno no ocurre solo en nuestro país.

“Si buena salud se refiere a la calidad de las obras, sí, creo que en nuestro país se genera una literatura de primerísimo nivel. Pero si buena salud se refiere a que estos libros de primerísimo nivel le interesen al público y tengan algún tipo de impacto social, no, no lo creo”.

—El humor y lo fantástico son elementos que cultivas en tu narrativa, ¿por qué decidirte por estos géneros? ¿Piensas que aún son considerados literatura de segunda categoría? ¿Estos criterios excluyentes influyen, según tu visión, en el deseo o la vocación de ciertos autores que no se atreven a tocar estos géneros por distanciamiento o prejuicio?

—Sobre el humor, más que un género, lo veo como una herramienta útil. Establecemos mejor relación con los personajes de los que podemos reír, o con los que podemos reír, que con los serios y estirados. La fantasía y la ciencia ficción, no sabría qué decirte, me gustan porque me gustan, porque desde ellas puedo explorar un sinfín de posibilidades que la literatura costumbrista no permite. Debo aclarar que no solo cultivo estos géneros. Escribo bastante realismo, lo que soy más conocido por la fantasía y el humor.

“Se ha considerado durante mucho tiempo a este tipo de literatura (de fantasía y ciencia ficción) como escapista y fuera de la realidad. Nada más desacertado. Es este tipo de producción literaria la más centrada en el ahora, y la que siempre ha estado atenta a lo que nos puede pasar mañana si continuamos actuando como hoy.

 

“Me he encontrado con varios escritores que sí, a pesar de disfrutar este tipo de literatura, continúan considerándolos textos menores, nada trascendentes. Y a la hora de considerar a un escritor como «serio», todo el que produzca este tipo de literatura queda fuera. Una verdadera lástima. Y le va peor a la fantasía porque el humor, ya dije, casi siempre es solo una herramienta”.

—¿Has pensado aventurarte en otros géneros de escritura en algún momento de tu producción?

—Ya te comentaba: no solo escribo humor y fantasía, disfruto mucho producir otro tipo de literatura. En el realismo me siento cómodo y tengo mayor literatura de este tipo que de cualquier otra. De hecho, mi primera novela es de realismo. Ahora me encuentro escribiendo otra, igual de realismo. Nunca me ha gustado encasillarme en un género o estilo. Uno nunca debe terminar de aprender a escribir.

—Los premios no escasean en tu carrera literaria. ¿Consideras que hay algo más importante que el reconocimiento, ya sea de un premio o un libro, para el autor?

—En nuestro ambiente literario sufrimos de “premiofilia”, esa manía de ir acumulando premios y reconocimientos de cualquier tipo. Y también acudimos a la “premiopedia” para medir el estatus de un escritor. A mayor cantidad de premios, o más importantes sean, mejor escritor debe ser…

“Nos hemos acostumbrado a eso debido a que es la única manera que tenemos, al menos en nuestro entorno, de lograr una publicación directa y una promoción y distribución aceptables de nuestras obras. Pero en el justo momento en que consideramos eso como lo más importante en el camino de ser escritor, ya nos hemos desviado por completo.

“Una vez leí en público un cuento donde un demonio tenía, como tono de celular, la canción Paranoid, de Black Sabbath. A los pocos días me encontré con un conocido que había estado en la lectura. «Escucha», me dijo. Sacó su móvil y seleccionó un tono, era el tema Paranoid. «Lo he puesto para cuando me llamen…».

“En otra ocasión mi madre iba en un ómnibus y, delante de ella, un muchacho le contaba a otro sobre un cuento que le había gustado mucho. El muchacho hablaba y hablaba y en mi madre crecía la sospecha de que estaba contando de uno de mis textos. Al final no pudo más y preguntó y sí, estaban hablando de “Mensajería interna”, uno de mis cuentos.

“Esos son premiazos que un jurado no puede otorgar. Creo que para un autor saber que su obra llega al público, que circula y que gusta, que pueda causar polémica, que tenga sus detractores y sus defensores encarnados, son el mejor de los reconocimientos”.

Entrega del Premio Calendario 2018, en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Burguet fue merecedor del galardón en la categoría: Ciencia Ficción

—En todos estos años de trabajo, ¿cuál ha sido tu mayor desafío como autor joven?, ¿tu mayor felicidad y el mayor dolor?

—Es triste cuando autores consagrados y que uno admira te infravaloran precisamente por ser joven, o por el tipo de literatura que uno produce (humor, fantasía, ciencia ficción). Un gran desafío, creo que para todos los jóvenes que escriben actualmente, es ir encontrando su espacio de aceptación.

“Y muy triste también es envejecer en el proceso, y lograr ser reconocido, y cristalizarse al encontrar el reconocimiento, y mirar luego con apatía a los jóvenes que escriben un tipo de literatura de las que nos separan años e ideas.

“¿Dolores? Muy pocos como para hablar de ellos. ¿Alegrías? Demasiadas como para citarlas todas. ¿Mayor desafío? Que la muerte me sorprenda escribiendo, escribiendo, escribiendo…”.

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