Los 75 años de El Principito

“Todas las personas mayores fueron primero niños. (Pero pocas lo recuerdan)”. // “Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…”. // “Si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”. // “No se ve bien sino es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.

Son algunas frases célebres sobre la esencia de la vida que nos llegan con El Principito, el libro del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, que vio a luz el 6 de abril de 1943, un año antes de que su autor, despegara a bordo de un avión caza de una base aérea de Córcega para llevar a cabo un reconocimiento sobre los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano.

Fue una misión de la que nunca lamentablemente regresó y desde entonces formó parte de la larga lista de autores que jamás pudieron saborear las mieles del éxito de su obra. El texto —traducido a más de 250 lenguas y dialectos— como sabemos narra el encuentro de un piloto perdido en medio del desierto con un pequeño príncipe que asegura que procede de otro planeta y que le cuenta sus aventuras interplanetarias.

Así durante la estancia de 27 meses de Saint-Exupéry en Estados Unidos surgió esta obra clásica de las letras que celebra 75 años de su primera edición. Y es que tras la Batalla de Francia en 1940, el novelista pasó una buena temporada al “otro lado del charco”. En estos meses redactó en su casa de Nueva York en Park Avenue, más de la mitad de los textos que formarían parte del destacado manuscrito.

El libro invita a niños y adolescentes “a pensar que la vida también es entender que las cosas acaban, que tenemos que superar las pérdidas”. Pero la obra es, además, un paseo por los valores universales de la humanidad, como la esperanza, el esfuerzo, el compromiso y la felicidad que aportan las pequeñas cosas de la vida. En él también se habla de la pérdida, el sentido de la vida, la amistad, el amor o la soledad.

Con una dedicatoria a Léon Werth (cuando era niño) y pidiendo perdón a los más pequeños por haberla dedicado “a una persona mayor” comienza el cuento, aunque más adelante el autor argumenta: “Si todas estas excusas no son suficientes, quiero dedicar este libro al niño que este señor ha sido”, dice.

Luego, continúa la historia con un recuerdo de niñez del aviador: una imagen de un elefante dentro de una boa en la que las personas mayores sólo veían un sombrero en vez de lo que realmente era. Pero cuando el aviador sufre una avería en el desierto del Sáhara y se encuentra con un hombrecito —el pequeño príncipe—, éste acierta ver en el dibujo “la boa cerrada”. De esta forma la historia del aviador francés consigue plasmar la gran brecha que separa el mundo infantil y el mundo adulto, “el primero, regido por la fantasía, y el segundo, basado en la lógica”.

A pesar de los años transcurridos desde que las dos primeras ediciones de la obra —en inglés y en francés— salieron a la venta, El Principito no ha perdido su vigencia”. Quienes lo lean hoy encontraran un texto que apela a la voluntad de solidaridad respecto a los demás o los animales, de custodiar nuestro entorno, la naturaleza. Esto se puede ejemplificar, por ejemplo, con el encuentro entre el principito y el zorro, quien le enseña el verdadero sentido de la amistad y la esencia de las relaciones humanas.

Son esas excepcionales cosas las que se encuentran en un relato cuya brevedad, lejos de ser leída de un tirón, obliga a volver atrás, a repasar lo dicho, como si cada enseñanza exigiera un ejercicio, un entrenamiento al interior del proceder cotidiano. Hay escenas que tienen el don de renovar fuerzas cada vez que vamos a su lectura, entre las más conocidas rezan sus encuentros con la serpiente, y entre sus obsesiones se espiga la Rosa —a la cual siente única en el mundo—, y las que le provocan las puestas de sol.

Entender este clásico de la literatura puede ser complicado para los pequeños de la casa. Por ello los adultos deben ayudar a los niños a profundizar en el libro y una forma pudiera ser empleando las imágenes pintadas por el propio autor que acompañan el propio texto, pues se trata de un libro que “apela a la imaginación, a la inteligencia y al sentido crítico de los niños”, a la vez que es “una invitación para que los adultos se interroguen sobre las cosas más fundamentales y vayan más allá de las apariencias”.

Precisamente, la obra de Saint-Exupéry es la propuesta para este agosto del Libro del Mes, una iniciativa del Instituto Cubano del Libro —con el auspicio de los ministerios de Educación y de Cultura— que busca fomentar los buenos hábitos de lectura en diversos formatos, así como elevar el acervo cultural del pueblo cubano, con énfasis en las nuevas generaciones.

Como dijo el periodista Fernando Rodríguez Sosa —en la presentación de El Principito en La Calle de Madera de la capitalina Plaza de Armas, el cual fue editado por Gente Nueva e incluye un bello prólogo de la escritora cubana Excilia Saldaña— este es un libro que no debe ser leído a la ligera como pidió su autor, por eso hay que continuar ojeándolo hoy, mañana y siempre. Agosto es un buen mes para ello.

El Principito. Audiolibro:

Serie de TV basada en El Principito, producida y televisada en 1990:

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