Lombanfula en Cuba

Cuando parece que todo el universo religioso-cultural de matriz africana está investigado en Cuba, aparecen nuevas sombras que demuestran una famosa frase que plantea: “Lo que el hombre conoce es una gota, lo que desconoce es un océano completo”. En esta cuestión pensé cuando supe de la existencia de los Lombafula, una religión de origen bantú que solo se practica en el centro del país. Su calidad de ser una práctica religiosa crítica y familiar posibilitó por mucho tiempo su desconocimiento, o aquellos que sabían la convergían con las prácticas del palomonte, también de origen bantú.

Esta religión, originaria del territorio africano del antiguo reino de los Bakongos, es otro lazo que se suma a nuestro vínculo con África. Esto sigue demostrando la diversidad cultural y religiosa que presenta el continente negro y que es imposible utilizar criterios unificadores para distinguir a esa región. Y es que diferentes regiones de la Isla, como dijera la escritora y antropóloga Lydia Cabrera, “son verdaderos asentamientos de África en Cuba».

El Lombanfula es una práctica religiosa-cultural de origen africano que se encuentra en los municipios de San Juan de los Remedios, Placetas, Camajuaní y, en una menor medida, Sagua la Grande. Las características fundamentales de la misma es que utiliza el agua y las piedras de los ríos. No utiliza la nganga o prenda, ni trabaja con muertos. Sus prácticas son estrictamente familiar y crípticas, y por designio ancestral del clan.

 Su fundamento radica en el lombo: niño que antes de su nacimiento, por revelación en su sueños en la madre, es considerado encarnación de una diversidad acuática portador. Etimológicamente la palabra Lombafula está formado por lombo que significa niño que tiene el espíritu de Simbi (genio, espíritu o espectro del agua) y mfula, que tiene varias aserciones: asamblea, reunión, consejo para deliberar, ennegrecer o oscurecer. Si una madre gestante sueña con agua, ríos, o serpientes, o que su niño aún por nacer le dijo en sueños dónde ella pudiera encontrar un tesoro oculto, ella sabe que el niño es lombo y por lo siguiente se le debe rendir culto en la familia por las siguientes generaciones.

En mi más reciente visita a Camajuaní pude conocer a una familia que practican esta religión, lo que me permitió conocer algunos detalles. Pero la principal fuente de conocimiento está en el libro El Lombafula en Cuba, de los investigadores Gema Valdés Acosta, Erick González Bello y Juan Carlos Hernández Rodríguez.

Sobre los autores podemos decir que la Dra. Gema Valdés es una se las importante lingüista y estudiosa del legado bantú en Cuba, además de ser profesora titular de la Universidad Central “Marta “Abreu” de Las Villas. Erick González y Juan Carlos Hernández son trabajadores del Museo de las Parrandas de Remedios y grandes promotores de la cultura popular tradicional en la región central.

Uno de los aciertos de este texto es que los autores logran explicar de forma amena y clara las características y detalles de las prácticas religiosas del ámbito bantú en sus lugares de orígenes y, al mismo tiempo, deslindar peculiaridades del palomonte.

Del Lombafula describen la gran mayoría de sus peculiaridades apoyados en testimonios personales, fotos y las amplias habilidades investigativas de ellos sobre estos temas. También señalar que dejan abierta la investigación y ponen sobre la mesa algunas interrogantes que pueden servir para futuras indagaciones al respecto.

Es así que por el legado patrimonial que posee podemos definir el libro El Lombafula en Cuba, como una herramienta trascendental e histórica, entre otros motivos porque es el primer título que aborda un fenómeno hasta ahora bastante desconocido en el territorio nacional. Por tal hecho le fue otorgado el premio de investigación de la Academia de Ciencias 2019, por su relevante aporte a la antropología cultural y a los estudios africanistas en el archipiélago cubano.

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