Lo más importante en la actuación es la observación.

Jenyfer Kreis ha sido dotada con excelentes herramientas técnicas que le permiten cruzar de la tierra del género dramático a la comedia musical ligera con una maestría que no es antónimo de su juventud…

Jenyfer Kreis es una actriz joven que lleva, en sangre y tuétano, los rostros polifacéticos de sus personajes. Ha sido dotada con excelentes herramientas técnicas que le permiten cruzar de la tierra del género dramático a la comedia musical ligera con una maestría que no es antónimo de su juventud. Jenyfer es una de nuestras más bisoñas actrices y debería ser seguida muy atentamente, a partir de ahora, no solo por el público sino también por los críticos y directores.

He tenido la oportunidad de compartir con ella más de un encuentro y una inquietud. En la actualidad, se presenta como parte del espectáculo Marianao Woman Show, de Vital Teatro, que dirige Alejandro Palomino. En la puesta, Jenyfer tiene una presencia escénica que, “aventuro, no podrá ser ignorada”. Esta entrevista es un pretexto para conocer más sobre su trabajo.

—¿Cuándo y cómo descubres que la actuación formaría parte de tu vida? ¿Fue este un descubrimiento temprano o tardaste años en descubrir tu vocación?

—Sucedió a temprana edad: era muy niña y lo descubrí de manera muy curiosa. Estaba en Alemania, en mi casa, y veía un programa de televisión… en realidad, se trataba de un concierto de algún artista, no recuerdo exactamente quién. Fue entonces que mi papá me preguntó: “¿te gustaría estar en el televisor?”, y cuando le respondí que sí, insistió en que si me gustaría ser parte de ese público que aplaude o estar sobre el escenario.

“Sin dudas, me decidí por el escenario. Mi papá fue quien, por primera vez, me dijo que para llegar allí se necesitaba hacer una carrera larga y dedicada, una carrera que llevaba mucho sacrificio. La verdad es que no creí que sería tan difícil. Lo cierto es que ahí empezó todo, en esa pregunta de mi papá que me obligó a hacerme otras muchas preguntas”.

—¿Crees que la formación es indispensable para el desarrollo de un verdadero artista o existe algo más, ignoto y misterioso, que no puede ser explicado y que define a un creador?

—Realmente la formación no es indispensable: hay muchos artistas en Cuba y en el mundo que no han salido de ninguna escuela o academia. Creo que el talento, las ansias de ser un creador vienen en la sangre, nacen con uno a manera de un deseo de comunicar y de crear… Esas ansias requieren que la imaginación y la mente estén empeñadas en un mismo propósito.

“La formación no debe verse como una simple palabra sino como la experiencia que se construye en cada momento que estás sobre el escenario o frente a las cámaras: esa forma de aprender sí perfecciona y fortalece a un verdadero artista. Pero en realidad, todo parte del deseo interno de una persona de hacer llegar sus ideas y pensamientos a otros a través del arte, ya sea a partir del teatro, la música o la pintura.

“Es un poco magia. Ahora, el aprendizaje sí es necesario para conocer nuevas técnicas y pulir la experiencia, pero primero es indispensable llevar el arte dentro: sin él dentro del corazón, no se llega a ninguna parte”.

—Tus raíces están entroncadas en dos culturas: la cubana y la alemana, ¿qué has tomado de cada una y qué te han aportado en tu formación  como artista y ser humano?

—Bueno, sí, mis raíces están vinculadas a esas dos culturas que mencionas, aunque ahora mismo me siento más identificada con la cubana, quizás porque mi adolescencia y mi juventud las he vivido en este país. Aunque, es cierto, no evito mis raíces europeas. Te comento que ahora mismo estoy viviendo la experiencia de un monólogo en Vital Teatro, con Alejandro Palomino como director: este es un monólogo muy cubano y me cuesta trabajo porque el carácter de mi personaje es distinto al mío por completo.

“En el ser humano que soy, existen muchos rasgos interiores que son alemanes, herencia de mi padre, tales como el autocontrol, tal vez la frialdad al expresarme, no sé. Me doy cuenta porque los cubanos que, a diferencia mía, no viven esta mezcla de culturas, son más impulsivos, comunican mejor, su gesticulación es abierta, mientras que lo europeo es contenido.

“En este monólogo del que te hablaba he trabajado mucho esta dualidad, hasta el punto de que he terminado diciendo el texto en alemán lo cual, efectivamente, lo ha cambiado todo en mi personaje: de ser una santiaguera, terminé convertida en una alemana de Berlín que viene a la Isla porque se enamora de un cubano. Ha sido muy interesante ver cómo esas mezclas de orígenes se unen en mi experiencia: lo ecuánime de lo europeo y la salsa de lo cubano. Eso sí, a la hora de pararme sobre el escenario, me ayuda muchísimo practicar esa contención que ya viene en mi sangre”.

—¿Qué personajes prefieres interpretar?

—Me gustan los dramáticos, los trágicos, esos que esconden secretos, historias que pueden ser misteriosas, tristes, historias con cargas. Lo prefiero, quizás, porque es lo que más he hecho en mi carrera. También he descubierto, a raíz del nuevo espectáculo Marianao Woman Show, de Vital Teatro, que los personajes con determinados grados de divertimento, risueños y ambiguos me hacen disfrutar como actriz.

“He aprovechado este proceso aunque me ha sido complicado porque no estaba acostumbrada a hacer comedia. Eso me ha obligado a abrirme, a practicar mucho, a desdoblarme, porque en realidad mi personaje, La Muñeca, tiene poco que ver conmigo: ha sido una real aventura”.

—Desde marzo del 2018 formas parte de Vital Teatro. Precisamente, con este grupo acabas de estrenar la obra Marianao Woman Show, donde interpretas al personaje La Muñeca. Háblanos un poco sobre el proceso de trabajo.

—¿Qué puedo decir?, es un gran proyecto. Se ha trabajado mucho. Desde la escritura, desde la dramaturgia que hizo el propio Palomino, el proceso fue muy delicado y complicado. La obra tuvo cinco versiones, la quinta es la que estamos mostrando al público. En ese camino tomó forma. La primera versión no tiene nada que ver con la última: los personajes son diferentes, sus relaciones han variados. Por esa parte, puedo decir que fue un proceso realmente bonito y sorprendente, cada vez era más fascinante a medida en que el texto se iba perfeccionando.

“Estoy feliz de compartir escenario con actrices de tanta experiencia y que me han ayudado muchísimo. A Palomino tengo que agradecerle porque, en este proceso duro, que me ha obligado a sacar muchas cosas interiores y a abrirme, a renunciar a estar cerrada, él ha sido guía indispensable. Al principio no sabía cómo construir a La Muñeca, pero finalmente fui hallando formas de gestualidad; te digo más, incluso ciertas manías de este personaje han quedado en mí”.

—Para ti, ¿qué es una obra perfecta?

—Voy a ser sincera, no sé qué responderte. En primer lugar, para mí el arte en general es válido, todas las obras lo son aunque no lleguen a gustarles a todos. ¿Una obra ideal?, no estoy clara… pero sí resulta muy importante el final y la economía de personajes. Lo que más me conmueve como actriz y espectadora es el final inesperado, que posea un toque de misterio, que geste dudas, incertidumbres y nuevas preguntas en el espectador, para que así el público salga del teatro o cine impactado. Eso es lo realmente importante.

—La relación con el público es siempre esencial para el desarrollo de un actor, ¿de qué manera te enfrentas a la escena y al espectador siempre cambiante?

—Es una relación importantísima. Como actriz me considero bastante moldeable, trato de reaccionar y recibir al público tal y como viene, e intento que no me afecten sus reacciones. Cuando es una obra que requiere de interacción con el espectador, cuando es una obra donde el actuar y el reaccionar del público influyen directamente en lo que hago en escena y, en ocasiones, no sucede de la manera en que uno idealmente lo imagina, se hace más complicado.

“Es evidente: eso te hace cuestionarte e incluso, puede provocar desconcentración. Es delicado, por eso es tan necesario aprender a trabajar con diferentes públicos. Por mi parte, intento mantenerme neutral como actriz: si el público reacciona, pues perfecto; si no sucede así, tampoco pasa nada. Lo importante en este caso es estar conectada de verdad con los otros actores que están en escena y mantener la concentración en lo que hago”.

—¿Es la soledad propicia para la creación? ¿Cómo transcurre tu proceso para encontrar y construir un personaje?

—La soledad me resulta muy importante para encontrar el personaje. En mi cuarto, sin nadie cerca, es que puedo estudiar y comprender los textos, justificar mi personaje, saber por qué hace las cosas de una manera y no de otra, hallar sus verdaderos procesos. La soledad de las madrugadas me ayuda mucho porque encuentro miles de descubrimientos. En mi proceso de trabajo, luego de leer y hallar la historia, busco la manera en que mi personaje pensaría, comería caminaría, cómo haría cada acto cotidiano.

“A veces me gusta fijarme en alguien que se parezca al personaje y observar determinadas gestualidades… y sí, es cierto que puedes descubrir a ese sujeto de observación en la calle, en una tienda, en una guagua, en una parada, en una serie o película, en tus amigos, en cualquier sitio. Lo más importante en la actuación es la observación. Si te enfocas en cómo mira o reacciona una persona, enriqueces las características de tu personaje. Es preciso enfocarse y estudiar, y saber cambiar las rutinas del día, de la vida, para aprovechar la observación”.

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