Literatura, remedio santo contra los bichos en mi cabeza

No sabe uno cuándo se cruza la puerta, usualmente solo caminas hacia ella, se gira el picaporte y entras, o sales. La narrativa de este joven autor cubano, que atesora no pocos lauros, es una constante invitación a ese pasillo que incita, sutil, a que te adentres sin temores al filo de sus letras. Bastó desear Katabasis para girar el llavín. Recorrí junto a sus reos, las celdas, el patio, sentí pena del “Pisa Flores” y una sensación de cercanía me hizo suya, el libro me atrapó. No hay nada mejor que saberse atrapada por los libros. Con la gracia de una pluma bien cuidada, David Martínez Balsa va llegando a su sello escritural, donde el realismo será siempre la manta que, pese a la crudeza, con dulzura nos cubra.

Ganador de importantes certámenes literarios como: Mención en el VI Concurso de Literatura Fantástica “Oscar Hurtado” 2014; Beca de creación literaria “El Caballo de Coral”, en 2015; primera mención en el Concurso de cuento “Camello Rojo” 2016; tercer Premio en el Concurso Juventud Técnica y Premio David en la categoría de cuento, ambos en 2017; inalista del Premio Pinos Nuevos 2018; mención en el Premio “La Edad de Oro” 2020; segundo Premio en el Concurso Farraluque de Literatura Erótica 2021; Premio Regino E. Boti de Literatura para niños y jóvenes 2021; mención en el Premio Bustos Domecq 2021, de novela; cuenta con dos libros publicados Minutos de silencio, Ediciones Unión (2019) y Katabasis, Editorial Primigenios (2021). Mención en el Portus Patris, 2021, con la obra Zil 131. Sin dudas, un joven al que el tiempo para crear siempre le es escaso.

¿Cómo fueron los inicios de Martínez Balsa en la literatura?

Mis padres siempre fueron el impulso para hacer de la lectura un hábito, una constante, sobre todo mi padre, que era un lector muy voraz. La necesidad de escribir, ese apremio de contar historias fue el detonante para comenzar en este oficio, que en un principio se manifestó a través del dibujo, las historietas, pero eventualmente recurrí a la escritura porque dibujando soy un desastre, y probé, probé, y aunque los primeros pasos no fueron los mejores, me permitieron descubrir una excelente forma de ventilar mis inquietudes, de darle salida a esos bichitos que andaban comiéndome el coco, y, por supuesto, sí, la lectura ha sido crucial en mi desarrollo como escritor.

Entonces, David, una vez que decidiste ponerle “magia al coco”, cuáles fueron esos referentes que te acompañaron en ese decursar, sin los cuales hoy, tal vez, te sería inimaginable.  

Realmente son muchos, pero puedo intentar mencionarlos, entre los que más me han influenciado están: Vargas Llosa, por la destreza narrativa que siempre exhibe en todo su trabajo, cómo juega y experimenta con las técnicas dándole un toque de sencillez; Flaubert también me gusta muchísimo por sus descripciones casi cinematográficas, la originalidad, con él aprendí la importancia de la revisión, el valor que tiene leer en voz alto el texto, cómo encuentras barbaridades al escucharte, las cuales se hacen imposibles de ver cuando solo lees; el chino Heras, que creo que siempre será un referente para todos los que pasamos por el Onelio, o hemos tenido el placer de leer alguno de sus libros. En mi caso, su volumen La guerra tuvo seis nombres, fue un gran apoyo pues, cuando lo leí estaba comenzando a escribir Minutos de silencio y la influencia de su narrativa me fue de gran ayuda para el desarrollo de mi libro, un gran empuje; a Sergio Acevedo lo admiro por lo técnico que es en su literatura, por lo perfeccionista y por enseñarme a ser intransigente con mis textos. Padura también me ha nutrido, por su aporte a la literatura realista policíaca en el entorno cubano; Luis Rogelio Nogueras, por la naturalidad de su prosa, sus diálogos. Existen otros, a los que no me gustaría dejar de mencionar ya que diversifican esos referentes, entre ellos está Stephen King, a pesar de no ser muy bien visto por la crítica especializada, pero que para mí, es un maestro.

Ya que mencionas en tus referentes a algunos de los profesores del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y cuánto ha nutrido a tu formación el poder haber interactuado con ellos, quiero hacerte una pregunta, que en las redes ha tenido sus momentos de auge polémico en los últimos tiempos: ¿crees que realmente los talleres literarios son necesarios, cuán imprescindibles los sientes?

Considero que no deben ser ignorados los talleres literarios, son necesarios, siempre se aprende, así sea mínimo, pero nunca se va uno con las manos vacías. En el caso del Onelio, es una joya, una gran oportunidad para el escritor amateur, a pesar de que siempre se dice que “nadie puede enseñarnos a escribir, que es un don que simplemente se tiene o no”, más allá de eso, ahí te entregan las herramientas necesarias para desarrollarte mucho mejor en este ámbito, lo aprendí ahí y en otro curso que pasé también. No solo entregan los instrumentos, sino que alimentan el ánimo, brindan empuje para emprender una carrera en el mundo escritural, permite que conozcas a otros escritores, intercambiar ideas, retroalimentarnos unos con otros. Pienso incluso que hay pocos, debieran ser más los talleres literarios en Cuba. Y bueno, como todo oneliano, siempre he anhelado el retorno a esas aulas. Si eso pasa, el deseo de querer repetir el curso, entonces es porque realmente muchas cosas mágicas trae consigo.

Nos comentabas que hubo otro curso-taller que pasaste con el grupo Punto de Giro, donde tuviste la oportunidad de armarte de herramientas con fines escriturales bastante amplios. ¿Cómo llegaste a este curso? Quizás para los lectores resulte de interés saber que existen otras opciones.

A ese curso llegué a través de un anuncio en el periódico, hace realmente ya unos cuantos años. Era auspiciado por un grupo de escritores que se hacía llamar así “Punto de Giro”, desconozco si hoy en día sigue funcionando, pero era muy interesante. Un curso muy sencillo, nos reuníamos en una biblioteca en 100 y 51 y recibíamos clases de un joven profesor, con un increíble conocimiento tanto de literatura, como de cine, radio, y eso nutría mucho al proveernos de un punto de vista más holístico buscando relación entre todas esas manifestaciones del arte y la literatura, los modos de hacer, apropiarnos de técnicas. Fue como el preámbulo de lo que vendría en el Onelio.

Portada MINUTOS DE SILENCIO

¿Por qué escribir realismo, qué hace al género tu zona de confort?

Bueno, la narrativa realista a mí siempre me ha brindado mucha comodidad, por las libertades que ofrece para explorar, tanto en tus propias experiencias como en las de otros. Es ideal para tratar todo tipo de inquietudes, vigentes o no, de hecho, muchos opinan que es un género gastado, manido, porque se han tocado ya tantas puertas que no queda tela por donde cortar de modo que suene original y mueva al lector. Pero yo siempre he creído que no es el tema que se toque sino la vía para tocarlo, está en ser innovador, en la manera de hacer. Pienso que siempre va a haber de qué hablar, así es la realidad, cambiante, nunca estática. A pesar de los clichés, de los lugares comunes, a los que no escapa ningún género, no es solo en este, no creo que vaya a pasar de moda. Para mí es todo un reto precisamente por eso, porque es uno de los más explotados, y tener que reinventarme todo el tiempo para huir de lo manido, me mantiene motivado.

¿Crees que sean los escritores de realismo, cronistas de su tiempo? ¿Deben serlo?

 Sí, me parece que los escritores de realismo de una forma u otra son cronistas de su tiempo, ya sea de manera consciente o inconsciente, es inevitable que se nos cuele esa realidad a la hora de escribir, por mucho que tratemos de despegarnos, siempre se nos traspapela. Incitamos a los personajes o a la situación de modo que se refleje nuestra realidad, nuestras perspectivas. Pero creo que esta condición no es exclusiva de los escritores de realismo, sino de todo el que escribe, incluso hay escritores de CF y F que también cuelan esa realidad objetiva en sus historias de alguna forma, saben disfrazar muy bien su narrativa pero el mensaje está ahí.

¿Cómo fue la llegada al grupo de tu primer libro: Minutos de silencio?

Este primer libro llega al público gracias a Ediciones Unión, que lo publicó en 2019 tras haber ganado el Premio David en 2017, y tengo entendido que disfrutó de una muy buena acogida por parte del público, incluso hasta se barajó la posibilidad de una segunda edición, que por desgracia no pudo concretarse. Del libro en sí, de la labor de la editorial, realmente no tengo ninguna queja, hicieron un trabajo excelente, la diseñadora, el equipo de promoción, me consultaban constantemente para todo, desde la corrección de un párrafo hasta la cubierta del libro. Me sentí más que protegido como autor y bienvenido y como primera experiencia en el mundo editorial, fue muy grata. Y bueno la alegría de haber publicado un primer libro es una que no tiene nombre, no hay palabras para describir eso, de este primer libro siempre voy a estar orgulloso.

Grato ha sido saber que gozaste de una entrada por la puerta ancha en el mundo editorial en Cuba, y de seguro no será el único picaporte que se gire a tu favor porque proyectos no faltan. ¿Qué metas están próximas a vencerse, Martínez Balsa?

Bueno, ya comentaba sobre Minutos de silencio, mi primer libro, y Katabasis fue otra de esas metas vencidas recientemente, publicado por Editorial Primigenios en este año. En estos dos libros seguí, al escribirlos, más bien una fórmula conceptual, conservadora, donde todas las historias están concatenadas y tal; en Minutos de silencio el tema fue la guerra en Angola y con Katabasis, la prisión. En ambos exploré mucho los golpes psicológicos que dejan situaciones de vida como éstas.

En proceso editorial tengo una novela juvenil: Los caciques, enmarcada en un pre becado, donde un grupo de muchachos se las dan de justicieros; es un libro a cargo de la Editorial Gente Nueva, con la excelente editora Gretel Ávila. También tengo en proceso editorial por Ediciones El Mar y la Montaña, en Guantánamo, el libro de cuentos Amarrados al puerto, libro de literatura juvenil, que resultó premio en el Concurso Regino E. Boti. Presenta temáticas acordes a ese trance entre la niñez y la adolescencia. Tanto este como Los caciques, representan para mí una incursión en la LIJ, alejándose de lo que ya había escrito y publicado antes, y bueno, estoy feliz con los resultados. Por la Editorial Primigenios está próximo a salir otro libro de cuentos míos, Deambulantes, que trae también sorpresas.

Trabajo en varios proyectos de libros nuevos, novelas incluso, con las cuales mantengo lleno el horno de la creación.

Siempre se mantiene uno en el camino de la aprehensión cognitiva, pero, habiendo recorrido ya este trecho de lauros y publicaciones, pudieras hablarnos entonces un poco sobre “estilo”, me comentabas que todavía estás en la búsqueda de tu sello, de posturas estilísticas dentro de la literatura.

Estoy todavía en un proceso de descubrimiento, de exploración, buscando el estilo que más me asiente, pero bueno, creo que en realidad esa búsqueda es uno de los mayores atractivos de la carrera como autor, porque, de hecho, hay muchos autores que han asegurado nunca haber encontrado un estilo, ni una postura ya que es una búsqueda constante, y esa exploración, esa búsqueda, esa exigencia para con uno mismo es muy atractiva, cautivadora y es algo que disfruto muchísimo.

No obstante, por el momento, suelo usar un estilo directo, me asisto mucho del diálogo, de vez en cuando lo salpico un poco de imágenes más cargadas, gráficamente hablando, de esas que golpeen, de modo que encuentre un equilibrio entre lo que te golpea en el rostro y lo que luego acaricia. 

Portada KATABASIS

¿Cuáles son esas mañas de las que no puedes despegarte en tu proceso creativo?   

Para escribir necesito encerrarme, equipo mi cuarto con mucho café y cigarros (para mi desgracia esto último) y rodeado de música, entonces comienzo a escribir. Aunque resulte irónico eso del ruido alrededor, ya que por lo general se suele necesitar silencio para concentrarse, a mí me sucede todo lo contrario, es así como logro mi tranquilidad, con Rock sobre todo. Depende también del estado de ánimo. Puede que un día no tenga que asistirme de la música, pero lo que jamás puede faltar es el café el cigarro y el encierro, debo aislarme del mundo para conseguirlo.      

Titular los trabajos a veces puede tornarse todo un endemoniado proceso, los nombres te llegan de a golpe, en el mejor de los casos, en otros, nunca llegan. Tiene su truco el arte de titular, en ocasiones sabemos desde un inicio cómo llamarle y de ahí nace toda la idea, otras, rebuscamos y rebuscamos hasta pretender que lo hemos conseguido. Martínez Balsa tiene esa magia de saber hacerlo, sus textos gozan de un gancho interesante para el lector. ¿Cómo lo logras, David?  

En el caso de Katabasis, sí tuve el nombre desde el inicio, significa “descenso al infierno”, es una palabra griega. Creo que lo tuve claro porque se ajusta al tono del libro en sí, que retrata las experiencias de una serie de personajes en un mundo complejo, difícil, como lo es el de las prisiones; pero no es menos cierto que, en ocasiones no tenemos la idea concreta del título ideal para la obra y ponemos uno provisional. Fue lo que me pasó con Minutos de silencio, no siempre tuvo ese nombre; ese libro, en su momento ganó la Beca de creación “El Caballo de Coral”, del Centro Onelio, y cuando era un proyecto de libro se llamaba Monumentos. El profe Sergio Acevedo, quien revisó el libro de punta a cabo, me sugirió cambiarle el título y que de ser posible fuese el de uno de los cuentos. Finalmente así mismo fue. De hecho, el cuento que tituló el libro lo escribí tiempo después de ganar la beca. Es el más largo del volumen, pienso que uno de los mejores logrados y que encierra bien la esencia del libro.

En el caso del cuento Ataúdes, una obra muy breve, minicuento de hecho, contenido en el volumen inédito Mendigos, tampoco corrió la suerte de llamarse así desde el principio, le había puesto Prado, que es el apellido real del hombre en quien me inspiré para escribir la historia, amigo de mi familia, quien desgraciadamente vivió esa amarga experiencia de perder a su hija, y bueno, de ahí surgió este texto, que luego de una relectura me di cuenta que titularlo Ataúdes lo favorecía mucho ya que hay una sincronía analógica ahí entre el verdadero ataúd que es el del niño que muere y el del padre, quien queda encerrado también en un sarcófago, muerto en vida.

Premiación David 2017 (con su padre)

Luego de esta agonía que deja en el lector el texto del cual hablábamos en el párrafo de arriba, matizar con la próxima sección de la entrevista, no vendría nada mal, así que dinos: si tuvieras que retar a duelo a un escritor, en un molino de viento al amanecer, ¿a quién sería?  

A Julio Cortázar, por los conejitos.

Si tuvieses que escribir un libro a dos manos, con otro escritor, ¿a quién escogerías?

De mi tiempo escogería a Erick Flores Taylor, y de los clásicos a Luis Rogelio Nogueras.

Teniendo en cuenta que siempre recibo respuestas bastante divertidas como por ejemplo: azul melocotón y cosas así, dinos tú, ¿qué tan raro eres?

Bastante, diría yo, aunque logro disfrazarme bien de normalito, soy tímido, introvertido, un poco temperamental, cafetero y fumador sin pausas.

¿Escribirías “de negro” un día para algún escritor?

Sí, cómo no, lo haría. Es una experiencia nueva y creo que lo haría con gusto.

¿Cine, música o literatura, en esa tortuosa elección, con cuál te quedas?

Literatura.

¿Cuál es tu escritor preferido?

Vargas Llosa.

¿Libro preferido?

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa.

¿Libro, película y canción que nos recomiendas?

Película: Big man.

Canción: Can you feel my heart?

Libro: Y si muero mañana, de Luis Rogelio Nogueras.

He girado el llavín, dejando abierta la puerta hacia la obra literaria de David Martínez Balsa, invitándolos a que no se queden al filo del umbral, empujen sin temor, cuelguen sus expectativas en la entrada, siempre es mejor andar desprovistos de ellas, no dejes que nada nuble la disposición a descubrir nuevas letras, que es lo mismo que decir, descubrir nuevos mundos, descubrir otro tú frente al espejo de un libro, Katabasis podría ser ese primer reflejo.

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