Las otras vidas de Esteban Montejo

Varias vidas tiene Esteban Montejo. Una de ellas, en tiempo real, la que fue del nacimiento a la muerte, más de un siglo de existencia. Otra, en tiempo poético, vino con Biografía de un cimarrón y no acaba todavía, y pienso nunca tendrá fin mientras la voz que le dio Miguel Barnet en ese libro imprescindible y fundacional siga diciéndonos cosas que necesitamos saber.

Pero a esas vidas hay que sumar otras ‚ÄĒno hablo ya de las cerca de 80 ediciones hasta la fecha y sus traducciones al ingl√©s, franc√©s, italiano, alem√°n, ruso, portugu√©s, checo, polaco, neerland√©s y unas cuantas lenguas m√°s, como la coreana que apareci√≥ en 2011‚ÄĒ, que se derivan de una obra con raz√≥n considerada un cl√°sico de nuestras letras y del personaje que la inspir√≥. ¬†

El propio Miguel ha contado de qu√© manera, por ejemplo, la narraci√≥n y las reflexiones de Esteban Montejo, recreadas por √©l ‚ÄĒdicha sea este concepto con absoluta propiedad, puesto que todos y cada uno de los pasajes del libro implican una aut√©ntica re-creaci√≥n‚ÄĒ, impact√≥ en el c√©lebre dramaturgo alem√°n Peter Weiss, el mismo de Marat ‚Äď Sade y La indagaci√≥n.

Weiss quiso conocer a Esteban y cu√°ndo estuvo ante √©ste ‚Äúle hizo una pregunta muy alemana, muy ontol√≥gica‚ÄĚ, seg√ļn recuerda Miguel: ‚ÄúEsteban, en sus ciento y pico de a√Īos, ¬Ņcu√°ndo cree usted que fue m√°s feliz?‚ÄĚ ¬†El anciano luchador respondi√≥: ‚ÄúCuando yo era cimarr√≥n‚ÄĚ. Weiss insisti√≥ que c√≥mo era eso, si en el monte era perseguido y ten√≠a que inventar qu√© comer. Esteban le dijo: ‚ÄúS√≠, es verdad, pero yo era joven.‚ÄĚ Cuenta Miguel que Weiss sali√≥ a la calle en un estado de √©xtasis porque con los cartabones de Hegel y Kant le resultaba dif√≠cil comprender esa rotunda frase con la que Esteban define su existencia: ‚ÄúPor cimarr√≥n no conoc√≠ a mis padres, pero eso no es triste porque es la verdad‚ÄĚ.

En 1968, el célebre actor Jean Vilar, director entonces de la Comédie Française, grabó para la Gramophon un disco con textos del Cimarrón en versión francesa.

El Cimarr√≥n de Miguel alz√≥ vuelo en la obra de otro gran alem√°n, Hans Werner Henze. Considerado como uno de los autores fundamentales de las vanguardias musicales europeas de la postguerra, Henze vino a Cuba en 1969, conoci√≥ a Barnet, ley√≤ la novela testimonio y decidi√≥ crear ‚Äúun recital para cuatro m√ļsicos‚ÄĚ, que en realidad es una √≥pera de c√°mara, vali√©ndose del oficio del poeta y ensayista Hans Magnus Enszerberger en la adaptaci√≥n de los textos para ser cantados y recitados.

Qui√©n viera a Henze en los d√≠as en que de La Habana part√≠an contingentes hacia los campos de ca√Īa a conquistar la zafra m√°s grande de la historia. Iba y ven√≠a de un barrio a otro de la ciudad, en compa√Ī√≠a de un joven pero ya importante escritor, atento al habla popular, a los toques de santos, al rostro grave de los negros de mucha edad, a la realidad de una isla en la que el tiempo obedec√≠a a patrones muy distintos a los suyos, como lo comprob√≥ durante el proceso de montaje de su Sexta sinfon√≠a, estrenada en la capital cubana y a la que introdujo elementos r√≠tmicos procedentes de la cultura musical yoruba. De aquel joven poeta le hab√≠a subyugado un libro que comenzaba a dar la vuelta al mundo. Y agradeci√≥, sobre todo, que le permitiera conocer al protagonista real de la novela, Esteban Montejo. Tanta fue la impresi√≥n que le produjo, que en sus memorias escribi√≥: “Yo nunca hab√≠a visto a un hombre tan viejo; parec√≠a un √°rbol, con los ojos muy vivos”. ¬†

Un a√Īo despu√©s estren√≥ la obra en los festivales de Berl√≠n y Aldeburgh (Gran Breta√Īa), donde, por cierto, intervino el maestro Leo Brouwer en la interpretaci√≥n de la guitarra, junto al bar√≠tono norteamericano William Pearson, el flautista alem√°n Karlheinz Zoeller y el percusionista japon√©s Satomu Yamashita. Otros festivales, casi de inmediato, acogieron la √≥pera, entre ellos los de Avignon, Edimburgo y Spoletto.

Debo recordar que en 1973 Henze trabajó también otro texto de Barnet, Canción de Rachel, en una especie de recuperación del vodevil que llamó La cubana o Una vida para el arte.

Volviendo a la ópera Cimarrón, sabemos que Henze revisó la partitura para la grabación que en 1979 realizó el sello Schwann. Esa versión de 87 minutos incluyó en el elenco al  bajo Paul Yoder, y destacó por el trabajo del percusionista Mircea Ardeleanu quien amplió la batería a 50 instrumentos y accesorios.   

En 1986, al ser representada en Nueva York, el prestigioso cr√≠tico John Rockwelll escribi√≥ en The New York Times: ‚ÄúHans Werner Henze es uno de los compositores interesantes m√°s activos de este siglo, pero no todas sus obras parecen igualmente fuertes; √©l tiene una tendencia a la convencionalidad ret√≥rica. Sin embargo, una pieza que compuso en 1970, ¬†El Cimarr√≥n, cuenta entre las mejores, por su intensidad dram√°tica, que parte de su excelente libreto, y su originalidad. La noche del lunes en el Merkin Concert Hall, el grupo de nueva m√ļsica Speculum Musicae tuvo un rendimiento art√≠stico de primera‚ÄĚ.

Aqu√≠, en Cuba asistimos en 2011 a la puesta en escena del alem√°n Andreas Baesler quien asumi√≥ la partitura con una visi√≥n espectacular, con la participaci√≥n de dos cantantes (Marcos Lima y Yunier Gainza), el guitarrista Eduardo Mart√≠n; la flautista Zorim√© Vega, el percusionista Luis Antonio Barrera, el actor Jorge Ryan, el bailar√≠n solista Carlos Luis Blanco y tres parejas de la compa√Ī√≠a Danza Contempor√°nea de Cuba.

Cimarrón también tuvo otras expresiones escénicas, como la que animaron Olga Flora y Ramón con su grupo de mimos en 1979, y la puesta que el esforzado Huberto Llamas montó con Teatro Plaza Vieja, asistido por el propio Barnet.

En 1967, Sergio Giral, impactado por la lectura reciente de la novela testimonio, realizó una película que pretendió transpolar a un plano metafórico la experiencia de Esteban Montejo. Mucho mejor acogida recibió Cimarrón, la historia de un esclavo, de Juan Carlosw Tabío, una coproducción hispano-cubana de 2011. Es un material más cercano a la esencia del libro y del propio Barnet, quien ofrece su testimonio.

Al conmemorarse el cincuentenario de la edici√≥n pr√≠ncipe del libro, Barnet fue convocado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) para leer pasajes de Biograf√≠a de un cimarr√≥n. Este registro, alentado por la promotora Ana Llerena y producido por uno de los m√°s notables disc√≥grafos cubanos, Jorge Rodr√≠guez, no es propiamente lo que se ha dado en llamar un audio libro (grabaci√≥n de un libro le√≠do en voz alta), puesto que solo recoge fragmentos de la obra a la vez. Se trata de una producci√≥n de mucho mayor alcance, en tanto los textos establecen un valioso contrapunto con la m√ļsica seleccionada para redondear la entrega.

Disc√≠pulo de don Fernando Ortiz, etn√≥logo y antrop√≥logo de obra fundacional en la cultura cubana, Barnet cultiv√≥ una larga amistad con Merceditas Vald√©s, extraordinaria cantante folcl√≥rica que acompa√Ī√≥ al sabio en sus presentaciones en la Universidad de La Habana. El propio Barnet llev√≥ a Merceditas e esos predios a√Īos despu√©s en homenaje a su maestro y a la cantante. En el presente disco la voz de la Peque√Īa Ach√©, secundada por los tambores del conjunto Yoruba Andabo, confirma las claves identitarias presentes en la obra del escritor.

También los pasajes de Biografía de un cimarrón cuentan aquí con el entorno sonoro de una partitura excepcional, Cantos yorubas de Cuba, de Héctor Angulo, interpretada por el boliviano Piraí Vacca. Esta composición figura entre las más representativas del repertorio de la Escuela Cubana de Guitarra.

Quienes escuchen el disco, sentirán la intensa vibración de una voz indómita y raigal, la del cimarrón Esteban Montejo, y la voz de quien hizo trascender esa memoria, la de Miguel Barnet. Ante el oyente se abrirán muchos y venturosos caminos. 

Tomado de www.dialogardialogar.wordpress.com (Autor: Pedro de la Hoz)

 

 

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