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Las formas del amor

Sary dejó de hablarme, como si yo tuviera culpa de la falta de agua y de las actitudes de mis padres. Cerró bien las cercas para que Lobito no viera a Diana, la estaba oliendo mucho y no quería que se enamoraran. Le pregunté a mamá y a papá qué cosa era el amor, si uno lo descubría por los olores.

Mamá contó la historia de la abuela Clara y el abuelo Mario, dijo que llevaban juntos muchos años sin discutir, y miró a papá:

—Eso es el amor —dijo—, como en las novelas. Abuela Clara y abuelo Mario son unos viejitos, pero cada día se besan al amanecer.

Me puse a pensar en la forma del amor, tal vez era cuadrado, o como una guayaba o un mango. Tal vez era redondo, nunca triangular. Según la opinión de mamá, el amor era entre dos.

Y si el amor era entre dos, ¿por qué Sary no quería que Lobito oliera a Diana?, llegó hasta a amenazarlo con un garrote. Diana era una perra de clase y había que mantener distancia con los satos. Vi a Lobito dejar el plato de comida. Los ojos se le ensuciaban en poco tiempo y andaba tirado de rincón en rincón.

Sary repartió las invitaciones para el cumpleaños de Diana y no me dio una para Lobito. Vinieron perros en ladas, camiones, yipis, bicicletas y motores. Cockers, labradores, chihuahuas, chow-chows, bull terriers, bóxers, dobermans y pastores alemanes (en carros de patrulla y todo).

—A ella también le vamos a declarar la guerra —le dije a mi tropa.

Los lechones de papá abrieron huecos con los hocicos, la paloma se cagó sobre las sábanas blancas y, cuando Sary fue a coger agua, Lobito sacó fuerzas desde muy adentro y le gruñó fuerte.

A las tres de la tarde el calor hacía sudar hasta a los puercos. Apareció un hombre flaco, camisa negra, cámara en mano, pidiendo más de cuatro vasos de agua, con un salchicha llamado Zeus; traía una gorra puesta, una chaqueta y unos espejuelos oscuros. Sary, mujer gorda, blusa escotada, apareció con medio vasito.

—¿No hay posibilidad alguna de repetir, señora?
—¿De repetir alguna posibilidad? No, señor. Le adelanto un refresco de la fiesta, con descuento y todo.

Hombre flaco y mujer gorda reían a carcajadas, como si se conocieran desde mucho antes. El Flaco prometió las mejores fotos que le hubieran hecho a cualquier perra y sacó de la mochila cintas, lazos, coronas de brillos diversos y una toalla bien grande con unas palmas al fondo.

—¡No, no, no! Quiero las fotos en mi jardín. Está un poco seco, pero las quiero en mi patio, entre las azucenas y las begonias, bien cerca de los helechos y las verdolagas.

—¡Pero en la casa le puedo hacer tremendos montajes!, y se la puedo poner con Pluto, entre los Dálmatas, con Zeus.
Zeus ladró a los pies de Sary.

—¡Nooooo! No, Roger —supimos que el flaco se llamaba Roger—. Para eso invité a otros perros.

—Le puedo quitar manchas y arrugas. La dejo como una reina.
—Quiero que sea mi perra con sus manchas y arrugas.

—¿Pero no quieres un perro de clase para ella? En internet aparecen ofertas maravillosas.

—Quiero perros reales, esos también están arreglados.

Diana se arrimó por la cerca y le movió el rabo a Lobito. Quería una foto juntos. El chow-chow le avisó a Sary con palabras del mismo color de su lengua: azules y negras. Sary cargó a Diana y se la llevó entre los bóxers, dobermans y el bull terrier.

Roger preparó la cámara y ubicó a Diana en el medio del doberman y el chow-chow, custodiada entre dos pastores alemanes policías, entre los marpacíficos y los girasoles, entre las begonias y los helechos, en los brazos de Sary, al frente de un cake gigante con velas encendidas.

Después hizo toda una sesión de fotos con Zeus. Diana y Zeus como si fueran novios. Copas, flores, corona por medio. Zeus mostraba sus dientes afilados, las guatacas bien largas y caídas, el hocico largo y húmedo, las patas gordas. Roger tomaba a Zeus de frente y de lado luciendo la gorra, los espejuelos de sol. El Flaco Roger disparaba el obturador, sin cansancio. Pasaba el pañuelo insistentemente por su frente, pedía agua, pero Sary no lo escuchaba.

—Tenemos que hacer la foto del beso.

—Basta ya. Ese perro no es su novio.
Lobito se echó a mis pies. Era el único que no podía regalarle una lamida en una oreja o en el hocico. Se me ocurrió volver al contraataque.

—Yo me brindo —dijo la oveja madre—. Que me maten, quiero ser una heroína. Una historia de amor como esta hay que salvarla. Todo por el amor. ¡Todo! Yo me brindo. Yo voy por esa verdolaga antes de que se seque. ¡Sí!

—Espere, mamá.

—Con la edad que tengo defiendo el amor. Lo hago todo por amor. No tengo fe, pero todo por el amor.

—¿No le parece que se contradice, mamá?

—No. Siempre recuerdo cómo se llevaron a tu padre. Pudimos hacer algo.

Nos quedamos de patas cruzadas, con las guatacas caídas. ¡Y no! Me pasé noches enteras llorando por él, desvelada. ¡Hay que defender el amor siempre que valga la pena! Yo voy, yo voy por esa verdolaga. No importa que esos perros me muerdan las patas.

—Hay que organizarse, mamá. El ataque debe ser organizado. No se puede fallar.

La paloma se posó en la guásima. Avisó de inmediato. Sary entró a la casa pelándole los dientes al Flaco Roger. Los puercos hicieron correr al doberman, al bóxer, el bull terrier y a los pastores alemanes. Los metieron en las partes más hediondas de la cañada. La oveja arrancó de un tajo la verdolaga, las begonias, tuvo que escupir los helechos, y le preocupaba el sabor de una matica desconocida, pero estaba verdecita y no la iba a dejar. Cuando Sary pegó el grito era tarde, por primera vez Lobito se encaramaba sobre una perra aunque no fuera de su clase. El Flaco Roger seguía disparando la cámara. Zeus se limpiaba el churre de una guataca.

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  • Lo que acabo de leer me ha gustado e impresionado, es una buena perspectiva en la apreciación de las formas del amor y nos humaniza a todos sugestivamente hablando…… sin duda creo que si forma parte de algún proyecto de libro pues lo compraré y disfrutaré de lo lindo.

  • Cosas así queremos que se presenten en la célula de la AHS de Baracoa, en noviembre próximo cuando Yunier y Claustrofobia participen en la Jornada Hoja de Ruta, gracias por esta obra que como las otras las disfruto mucho, nos vemos en noviembre. Carlos.

  • Hola soy Miembros de Reflejos Teatro Un grupo que pertenece A la célula de La AHS en contramaestre .
    Mi nombre es Ruber . decir que esta muy interesante este Escrito me gusto mucho ademas Viene de manos de Riquene el hombre de el Granizo

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