Las estructuras del silencio de Eduard Encina

Estructuras del silencio¬†(Ediciones La Luz, 2017)¬†no es un libro p√≥stumo como algunos pudieran pensar, mucho menos ‚ÄĒpor ser la d√©cima la estrofa utilizada en todo el poemario‚ÄĒ un¬†rara avis¬†en la obra po√©tica de Eduard Encina (Baire, 1973‚ÄďSantiago de Cuba, 2017). Todo lo contrario, este libro no debe verse separado de sus anteriores cuadernos donde reina el verso libre, sino como parte de un¬†corpus¬†donde las mismas obsesiones comparten la mesa y el pan.

Este ‚ÄĒnos dice en el pr√≥logo el escritor Jos√© Luis Serrano‚ÄĒ¬†es ‚Äúun libro tan aut√©ntico en sus indagaciones, tan visceral en sus pronunciamientos, que lo podemos poner al lado de ejemplares como¬†Golpes bajos, Escritos de Patmos o Lupus‚ÄĚ, y nos recuerda, adem√°s, que ‚ÄúEncina es un poeta fundamental en el contexto de la poes√≠a cubana de los √ļltimos 20 a√Īos‚ÄĚ.

Ediciones La Luz tenía incluido en su plan editorial este poemario en décimas de Encina, cuando la salud del poeta aminoraba y lo llevaba al desenlace fatal aquel 7 de septiembre en Santiago de Cuba, un día antes de la Fiesta Patronal en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre, mientras las lluvias y los vientos del huracán Irma azotaban buena parte del oriente cubano.

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Foto: cubierta cortesía de Ediciones La Luz

Estructuras del silencio¬†‚ÄĒdividido en tres secciones: Cadena Tr√≥fica, Fuga y La margen‚ÄĒ es un muestrario de las preocupaciones ontol√≥gicas alrededor del valor de la palabra y la escritura po√©tica. El poeta duda, pero ve la palabra como tabla de salvaci√≥n, como consumaci√≥n de lo posible. Sabe que la palabra puede fragmentar el silencio, asir el poema, conducirnos a otras dudas‚Ķ

‚ÄúPara que la palabra exista/ se precisa alguna muerte‚ÄĚ, escribe en ‚ÄúJerogl√≠fico‚ÄĚ, poema que abre el libro. Mientras en Mateo 24.25 a√Īade: ‚ÄúEncierro el miedo en la boca/ y escribo para salvarme‚ÄĚ. Y en Shalam leemos ‚Äú‚Ķaquello que nos parece imposible/ y sabes que es posible en la escritura‚ÄĚ, para preguntarse en ‚ÄúFoto oficial‚ÄĚ si ‚Äú¬ŅEs normal alg√ļn poeta?‚ÄĚ. √Čl sab√≠a que no‚Ķ

En ‚ÄúDomesticar‚ÄĚ nos dice: ‚ÄúLa palabra se deshace/ busca su olor, su motivo/ y evoluciona. La esquivo/ evito que me desplace/ de sus l√≠mites y trace/ desde un territorio ajeno/ los signos, todo el veneno/ que al pronunciarla contiene. / Presa, nada la detiene. / Dicha, no conoce freno‚ÄĚ.

Asociaciones y referencias a personajes (reales o ficticios) de la cultura universal ‚ÄĒNarciso, Hamlet, Otelo, Ca√≠n, Trotsky, Vallejo, Nostradamus, Dulcinea, Che Guevara, Baudelaire, Nietzsche, Lautr√©amont, √Āngel Escobar, Marx, Plat√≥n, Andy Warhol, Mois√©s, Stephen Hawking, Orwell, Safo, Plinio, Dante, Goebbels, Proust, S√≠sifo, Casandra, Mackandal, Chagall, entre otros‚ÄĒ, dialogan con las palmas de Heredia: ‚Äú¬°Las palmas deliciosas, ay, las palmas! ¬°Cu√°nta tristeza tuvo Heredia, cu√°nta!‚ÄĚ. Frank Abel Dopico con Elena Poniatowska, el hombre con Dios, armando una ‚Äúmultitud de armazones radiogr√°ficas‚ÄĚ, contrapunt√≠sticas, vivenciales, reales‚Ķ

‚ÄúEntre la fulguraci√≥n evang√©lica y sus par√°frasis martianas se articula un¬†ethos, una posibilidad expresiva, que Encina va explorar hasta sus √ļltimas consecuencias. La enfermedad, el dolor, la muerte, son vistos como territorios que deben ser transitados y significan una ganancia para el esp√≠ritu. Este poeta reh√ļsa en todo momento los andariveles de la v√≠ctima‚ÄĚ, a√Īade Serrano en¬†Estructuras del Silencio, con edici√≥n de Irela Casa√Īas, correcci√≥n de Mariela Varona y dise√Īo de Frank Alejandro Cuesta, a partir de una imagen de Rafael A. Leyva.

El poeta cree que se ahoga en la superficie, mientras ‚Äúel secreto est√° en el fondo‚ÄĚ (‚ÄúEl vac√≠o‚ÄĚ), pero, advierte, ‚Äúno es la muerte lo que asusta/ va a matarnos la costumbre (‚ÄúLa margen‚ÄĚ).

Apenas compartimos, salvo alguna que otra Feria del Libro y lecturas en Holgu√≠n, tambi√©n la habitaci√≥n en el √ļltimo piso de un local de la Federaci√≥n de Mujeres Cubanas que muchos conocemos sencillamente como ‚ÄúFe del Valle‚ÄĚ, pues en varias ocasiones ha servido como dormitorio y aula en los cursos del Centro de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde me mostr√≥ la reciente edici√≥n de su novela para ni√Īos¬†√Ď√°mpiti,¬†publicado en 2012.

Además, pude estar en la sala Villena de la Uneac habanera cuando recibió el Premio de Poesía de La Gaceta de Cuba, pero su obra nos es familiar a varias generaciones de escritores. Más que eso, forma parte de un corpus que hemos ido conformando con autores casi generacionales, pero cuya obra poética nos mueve los engranajes, los mecanismos del ser.

Aqu√≠ el joven poeta mamb√≠ blande el filoso machete de su estatura l√≠rica, esparce sus dudas, sus pasiones, habla con su madre, le deja una ‚ÄúCarta inconclusa‚ÄĚ a sus dos hijos‚Ķ ‚ÄúLas d√©cimas de Encina ‚ÄĒa√Īade Jos√© Luis Serrano‚ÄĒ deben ser apreciadas como una culminaci√≥n de sus po√©ticas anteriores y no como un cuerpo aislado de s√≠ mismo. Las claves que caracterizan su escritura alcanzan aqu√≠ una plenitud que favorecer√° la compresi√≥n de su universo po√©tico‚ÄĚ.

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