La verdadera literatura y el mejor libro es la gente

Graduado de Derecho, Ricardo Acosta rana es un poeta y narrador del Vedado capitalino que resultó ganador del concurso Nuevas voces de la Poesía Cubana en su primera convocatoria a nivel nacional en el marco de las últimas Romerías de mayo.

Perteneces a un grupo nombrado El Proyecto. ¿Cómo surgió? ¿Quiénes lo integran? ¿Dónde se presentan?

El Proyecto fue el paso final de una serie de encuentros que básicamente trataron la decisión casi unánime de nombrarlo así. Después que fueron desechados nombres como El esquirol o El tenis de arriba (este me encanta), quisimos romper el cliché. En resumen es nuestra justificación para gastar el tiempo escribiendo, reunirnos, hablar de lo mal que lo hacemos, criticar la buena literatura cubana y proyectar espectáculos que jamás saldrán a la luz…

“El proyecto lo integran amigos de toda índole: fotógrafos, músicos, profesores, estudiantes y estudiosos del letargo del postmodernismo y hasta nuestro amigo P-tres, un policía-poeta-sin pistola. No tenemos un lugar de reunión ni de peña fijo, realmente no nos presentamos, son nuestros amigos como los de La resistencia, los que nos invitan a sus peñas, o intervenimos en los conciertos de otros”.

Háblame un poco del premio, por ejemplo, ¿cómo te llegó la convocatoria? ¿Armaste el libro pensando en el concurso o ya lo tenías armado?

A mí las catarsis se me dan lentas, pausadas. El premio todavía está asimilando que me dejaron ganarle. La convocatoria me llegó, o sea, llegué a ella como casi nunca me sucede: Internet. No tengo ese privilegio, pero si la necesidad, así que un día descargué una página de concursos que pudieran ser enviados vía email y mandé a todos. Serían unos 12. De Cuba solo había dos, uno de ellos era el Nuevas voces.

“No pensé en el concurso ni en un poemario. Solo tenía el nombre (creo que soy muy bueno con los títulos): Cerrado por incapacidad (más de uno pensará lo contrario, y también tiene razón), que es a su vez el título de uno de los textos. Los poemas que conforman el cuaderno hablan sobre el fracaso y cómo acceder a él, aunque el jurado llegó a una conclusión mucho más simple que yo acerca de ellos y dijeron:

“«…conjunto de poemas descoyuntados, punzantes, irónicos, que destierran de su escritura cualquier residuo de ambientes manidos o formas maniqueas, replanteando una peculiar construcción del discurso, donde la violencia de las imágenes y los giros drásticos, constituyen asociaciones eficaces para sostener la plataforma poética». (¡Bravo por el jurado!). O sea, poemas que hablan sobre el fracaso y cómo acceder a él.

“Ser en un principio finalista del concurso me posibilitó ¡al fin! visitar Holguín y el evento de las Romerías, un viaje que incluso un mes antes de saber lo del premio ya tenía pospuesto por asuntos de fuerza mayor, pero casi al final logré resolverlos y le dije a mi jefe: Alguien tiene que haberse equivocado pues me dieron un galardón por «escribir poesía» (tenía que dar por sentado que era ganador, sino mi jefe me saboteaba el viaje).

“Así que llegué el 4 de mayo a las cuatro de la mañana con cuatro pizzas en el estómago, y me recibió mí ya amigo Frank, editor y diseñador de Ediciones la luz, de Holguín, quien prácticamente fue mi mecenas hasta que regrese. Frank me enseñó la ciudad, los eventos de las Romerías y el “imperdible camino” hasta el reparto Peralta donde quedaba la casa de visitas, lugar que en atención nada tiene que envidiarle a ningún sitio de acogida. Todos los trabajadores de la editorial me trataron como uno más.

“Por esos días llovió intensamente en Holguín. Hubo eventos que tuvieron que ser reprogramados o cambiada su infraestructura. Pero fuera de eso todo muy positivo. Conocí a escritores jóvenes del oriente del país, principalmente holguineros y tuneros, pero también había poetas de Bejucal e incluso de la Isla de la Juventud. Todos ellos habían compartido otros eventos juntos pero me acogieron rápido. También tuve la oportunidad por vez primera de sentirme “extranjero”, aunque sea en mi propia tierra y recorrí la ciudad (siempre con un pomo de agua arriba). Y además de descubrir la vida cultural de Holguín llegué a una conclusión: tiene las mujeres más hormonales de Cuba.

“Fui partícipe durante varias noches con algunos de mis poemas en un evento llamado El angelote, de gran tradición en las Romerías. En cuanto a la premiación, cuando lo supe, solo accedí a decir gracias y corrí a fumarme un cigarro”.

¿Por qué la literatura? ¿Cuándo y cómo decidiste que lo tuyo era escribir?

Cuando tenía como 15 años supe de Agustín Acosta, hoy casi olvidado, quien fuera para 1955 un poeta de renombre en Cuba. Su hermano, José Manuel Acosta Bello, otro gran artista cubano, fue el padre de Leonardo Acosta, fallecido hace un año aproximadamente; ese era mi tio Leo, un musicólogo múltiple, peleador, de espíritu renacentista y palabra afilada.

Al tío Leo lo conocí también con quince años, lo visité varias veces en su apartamento de 17 y 26. Siempre se ponía contento con mis visitas, a pesar de que era muy cascarrabias. Nunca me dio salvo conductos o referencias para que anduviera por ahí diciendo que yo era sobrino de Leonardo Acosta, cosa que tampoco hubiera permitido y que hoy le agradezco al ser parte de esta otra membresía. 

“Yo escribía desde los diez años de edad. Mis amigos se ríen mucho cuando les digo que mis primeros dos poemas fueron dedicados a un televisor ATEC-Panda que le otorgaron a mi madre por su trabajo, y al radio Dinamo chino que vendieron a borbotones en las tiendas. Ambos textos tienen dibujos propios. De aquellos años conservo muchas libretas y hojas sueltas.

“Nunca me consideré poeta hasta que tomé conciencia de la disciplina que lleva consigo el hecho de traducir todo tu inconsciente colectivo en un papel. Más allá, por supuesto, de ser una actitud ante la vida, aunque no hayas escrito en tu vida ni la palabra «malanga». Volviendo al principio de mi respuesta te diré lo que ya Bukowski afirmó (y al menos a él le salió bien): “tengo dos opciones, permanecer en la oficina de «m#3#» y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme... He decidido morir de hambre”.

He escuchado a tu padre diciendo que tú deberías dejarlo todo y dedicarte a escribir…

¿Qué mi padre dijo eso? primera noticia, aunque no me asombra, él es uno de los que a su manera, me estimula y me alienta, a veces casi hasta “metiéndome el pie”.

¿Cómo ves la literatura cubana? ¿Por qué consideras que solo un número muy reducido de escritores esté firmado con grandes editoriales?

Uffff! esa es una pregunta maratónica que te responderé de forma pírrica. Nuestra política editorial —a la que estamos sometidos los escritores y más los jóvenes— es una montaña rusa construida con arena, donde por obra y gracia del Señor o por “causas desconocidas, de mundos paralelos o conspirativas” pocos son los que llegan a completar las vueltas de dicho aparato.

“De hecho, creo que no existe una «política editorial» en nuestro país que ni siquiera «nos someta». Por eso es menester acudir a la gran plataforma que son las redes sociales. Si me preguntas dónde se reúne la literatura cubana contemporánea (la que usualmente tiene acceso a las redes, que no es la gran mayoría) te daré una dirección y no precisamente postal”.

Volviendo a ti. ¿Tienes preferencia por algún género literario? ¿Aceptarías que se te clasificara dentro de alguna corriente literaria?

Tengo unos cuantos artículos que me gustaría publicar en alguna revista. Solo escribía poesía hasta hace exactamente un año cuando me metí en un “búnker literario” un par de meses con algunos amigos y otros que aparecían de vez en cuando. “Empecé a hacer la tarea” como dice habitualmente uno de ellos y a empaparme de buena literatura y algunas técnicas básicas de narración. No he pasado ningún taller o centro de formación literaria como “El Onelio”.

“Siempre he sido el menor de mi grupo de amigos y creo que eso de alguna manera me ha favorecido, y en el caso específico del acto de escribir no ha sido diferente. Así que de un día para otro comencé a hacerlo y eso me asustó un poco, mas cuando me resultaba tan sustancioso y productivo terminar un cuento de cinco o diez páginas, o minicuentos de cien palabras. Mis amigos me miraban algo incrédulos o me felicitaban. Me impresionó porque pensé que iba a perder la capacidad de escribir poesía, pero todo lo contrario, solo se me «adulteró».

“No estoy ni dentro ni fuera de ningún género literario. Creo que solo hay que proponérselo y «hacer la tarea». A donde único pertenezco es a la literatura”.

¿De qué manera desarrollas tus textos? ¿Cuál es el método que empleas?

Tengo un poema donde digo que, según mi jefe de sector, el poeta es un ladrón y luego todo lo demás. Aprendí a escribir rodeado de gente desde la primaria, aunque el proceso creativo en sí me lo tomo excesivamente en serio y me encierro, me enclaustro en la necedad de un “tengo que hacerlo” (la disciplina es determinante). Creo que soy como un alambique. No sé si recuerdas que te comenté que para mí la verdadera literatura, el mejor libro… es la gente, y este país es un «triler» detrás de otro.

“Cualquier reflexión o idea que me viene a la cabeza la escribo en lo que más cerca tengo a mano, casi siempre el móvil (a veces me grabo caminando por la calle o en la guagua, aunque parezca un loco) o se la comento al amigo que tengo al lado. La dejo reposar y la escribo en papel o en la computadora del amigo. Esencialmente sucede así. Cuando tengo «al duende» haciéndome «guardia obrera» lo saco todo de un golpe. Con la narrativa es totalmente diferente y para cada cuento realizo una investigación a fondo de lo que quiero decir, aun cuando conozca del tema. La historia puede permanecer acéfala durante semanas.

¿Tienes influencia de algún escritor cubano?

No he leído casi nada de la buena literatura cubana que debería. A veces es complicado acceder a esos libros y detesto leerlos en formato digital. Me complace mucho Carpentier, Cabrera Infante, Martí, Pablo de la Torriente…, pero si me preguntas por influencias, tengo necesariamente que remitirme a mis amigos: al Wichy, a Ángel Escobar, a Carpentier, al poeta Escrutinio Arévalo y a Gastón Baquero.

Imaginando una lista de los mejores escritores nacionales, ¿a quiénes pondrías en los tres primeros puestos?

Mi apellido empieza con “a”, y en toda mi vida de estudiante siempre he sido el “uno” en la lista. Estoy saturado de listas, por lo que realmente me parece irrelevante que diga o ponga a tal o más cual escritor en sitiales de honor que son más criterios de apreciación personal que la ponderación a su obra. No obstante, Carpentier, Martí y Cabrera Infante estarían en mi hipotética lista.

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