La seriedad del humor criollo

Tomado de Juventud Rebelde

Se sabe que la hilaridad más efectiva es la que satiriza, sazona con pimienta, fustiga con el látigo de la ironía y el sarcasmo lo mal hecho y lo censurable

El humor es, pese a lo parad√≥jico que suene la frase, algo muy serio. Entre nosotros forma parte, quiz√° mucho m√°s que en otros pueblos, de la identidad nacional: el cubano r√≠e de todo y en cualquier circunstancia; enfrenta conflictos y dificultades cotidianas e hist√≥ricas con el arma de la risa, el chiste, aquel choteo del que habl√≥ Jorge Ma√Īach, el cual nos define en lo cultural y en lo social.

Ello se trasunta artísticamente en la existencia y experiencia de humoristas que, en solitario o agrupados, ofrecen espectáculos televisuales y teatrales que, no por casualidad, figuran entre los más aceptados.

Los festivales Aquelarre, los programas en los que algunos de esos artistas de la risa ocupan más de una hora en cines y teatros, siempre cuentan con respuestas entusiastas y mayoritarias por parte de los espectadores más diversos, desde puntos de vista etarios, culturales y de género.

Pero ah√≠ estriba la shakesperiana cuesti√≥n: el ser o no ser, que incide en el ¬ęhacer¬Ľ: cierto intrusismo profesional ha inundado los espacios donde se desarrolla el humor, sobre todo en los cines. No criticamos el hecho de que, ante la imperiosa necesidad de recuperaci√≥n econ√≥mica que la exhibici√≥n estrictamente f√≠lmica no puede cubrir, las salas cinematogr√°ficas sirvan tambi√©n para otros espect√°culos musicales o humor√≠sticos, pero debe primar la exigencia de raseros art√≠sticos m√≠nimos, elementales, que no demeriten el positivo caudal de que en ambos rubros gozamos.

En el humor, que es lo que hoy nos motiva, pululan exponentes que demeritan esa tradición, que ofrecen una alternativa pedestre y negadora de la otra: la que se edifica sobre cimientos verdaderamente creadores, y por ello respetuosos. Se sabe que la hilaridad más efectiva es la que satiriza, sazona con pimienta, fustiga con el látigo de la ironía y el sarcasmo lo mal hecho y lo censurable, con lo cual seduce, y más en la medida que así lo sean su agudeza y elaboración.

En el caso de los seudohumoristas, no solo nos enfrentamos a programas endebles, pobremente dise√Īados en sus guiones y proyecciones, con chistes viejos y carentes de gracia, sino que estos siguen edific√°ndose sobre las burlas despiadadas a diversidades sexuales, √©tnicas y raciales.

Ya me refer√≠, en un ensayo titulado ¬ęEs mejor re√≠r para no llorar¬Ľ a la diana favorita de estos negadores del sano humor criollo: homosexuales, pinare√Īos (quienes sustituyeron a los orientales) y negros; esto, que hace unos a√Īos se reduc√≠a a determinados centros nocturnos, tanto de la capital como, sobre todo, de provincia, ahora inunda esos teatros y cines donde se presentan una y otra vez, con la complicidad o la indiferencia de quienes los contratan.

Y a esos sujetos zaheridos por su maledicencia se suman incluso discapacitados y enfermos.

Afortunadamente, no pocos artistas verdaderos, y por tanto respetuosos, imaginativos y no por ello menos audaces, incluso en algunos casos de alto vuelo en sus propuestas, siguen sacando la cara por el tan rico humor nacional, y da gusto apreciarlos como invitados a espect√°culos y galas o centralizando sus propios shows, los cuales, al margen de su alcance puntual, detentan por lo menos una dignidad incuestionable. Pero esto claro, merece comentario aparte.

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