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La Rama Dorada, más que un proyecto de teatro

La Madriguera se ha convertido en un importante espacio de creación para los noveles artistas capitalinos, al albergar a diferentes proyectos que promueven un arte fresco e innovador. Uno de ellos es La Rama Dorada, conducido por el joven Reynaldo Tejadilla.

Este proyecto nació a mediados del 2015, al ganar la beca El reino de este mundo de la AHS como propuesta escénica para un video clip. Luego surgió la idea de preparar escenas a partir de las representaciones corporales. Se trata de que los actores sean capaces de expresar con sus cuerpos sentimientos, actos y sucesos de una manera diferente a las formas convencionales de hacer teatro.

El director de esta iniciativa, Reynaldo Tejadilla, comenta que «el principal objetivo de La Rama Dorada es dicha representación. Puede ser una escenificación para un video clip, un concierto o una obra teatral, pero siempre tratando de que los artistas simbolicen de la manera más exacta posible el objeto en cuestión.» 

Añade que «uno de los propósitos de su trabajo es llegar a personas sin acceso a los espacios legitimados; por ejemplo, realizar espectáculos para niños ingresados en hospitales oncológicos, presentarse en hogares de ancianos, casas de abuelos y alcanzar a ese público que por disímiles razones se le dificulta acceder al arte.»

En la actualidad, La Rama Dorada prepara el montaje de una obra que pretenden exhibir en octubre o noviembre de este año. Lleva por título Para matar el hambre y parte de un texto de Armando Infante denominado Suvenires escénicos para actores hambrientos. A partir de este argumento, los actores emplean sus cuerpos, mentes e intelectos para reflejar problemáticas y situaciones de la sociedad cubana contemporánea.

Lo difícil de hacer teatro. Retos de una Rama

Los integrantes del proyecto expresan que a pesar de las limitaciones económicas, de tiempo y de no contar con un reconocimiento que los acredite como profesionales, se sienten a la altura de los mejores artistas y ponen el mayor empeño a todo cuanto hacen.

Indira, instructora de Arte que participa en La Rama, expresa estar feliz  de volver a hacer lo que le gusta después de algunos años sin actuar. Afirma que «es difícil trabajar durante el día y luego asistir, cansada, a los ensayos, pero son sacrificios que se asumen por amor a lo que se hace»  y espera que en algún momento «esta pequeña rama crezca e involucre a mucha gente interesada en este tipo de labor.»

Por su parte, Eddy, el más joven del grupo, asegura que cada día que pasa en la Unidad donde cumple el Servicio Militar Activo piensa en el teatro, en sus compañeros y desearía contar con más tiempo para dedicarle a la actuación.

El amor al arte motiva a estos jóvenes a reunirse cada jueves a las siete de la noche para ensayar la materialización de una idea. Se esfuerzan en hacer un teatro más difícil y se atreven a romper con esquemas y formas convencionales. En La Rama Dorada, son conscientes de que lo nuevo puede cerrar algunas puertas, pero también agradecen a organizaciones como la AHS que les brindan ese necesario respaldo institucional tan importante en el mundo del arte.

Aún tienen retos y dificultades, pero abunda más el deseo de innovar en el arte, de romper el guión y componer sobre la marcha para hacer lo que aman. Este proyecto los ha convertido en una gran familia, abierta a aquellos que echan a volar su imaginación y que por algún motivo deseen posarla en una Rama Dorada.

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