La poesía transforma la videncia

Ismaray Pozo sorprende, y eso lo consigue no solo su poesía o su belleza interior sino también su pensamiento, que crea zonas de grietas y de relumbre. Conversar con ella sobre el arte y la literatura podría ser un pretexto, transformado al fin en otra cosa: unos instantes maravillosos que quiero compartir con los lectores de esta entrevista. La poesía, esa videncia primera y última, es el tema que de inmediato sale a la luz.

¿Es posible poetizar la vida, la experiencia cotidiana? ¿O está el poeta condenado de antemano a intentar reflejar el mundo, pero solo ver el reflejo de la luz en el fondo de la caverna?

No veo otro modo de poetizar sino a partir de la experiencia vital. ¿De qué otra cosa vamos a poetizar sino de la vida? El hombre habla de lo que conoce. En última instancia, puede teorizar sobre algo desconocido, pero siempre lo hará en relación a lo que ya sabe, a lo que es para él una evidencia. Y lo desconocido —pienso en el origen del mundo, la existencia de Dios, la muerte, la existencia de la vida después de la muerte, etc.— se convierte en una suerte de “conflacionismo”.

El hombre se subordina al orden de las estructuras, a un nivel de la realidad, en ese sentido hay cosas que tendrán que seguir en un estado de ocultamiento, por desentrañar o (in)desentrañables. Por tanto, lo desconocido es otra evidencia. Es ese el material del poeta, que no es para mí un ser condenado, quizás sí como decía Pessoa, un fingidor. Un develador de formas. Homo locuens. Hombre hablante y pensante capaz de significar; en el caso del poeta, capaz de resignificar ese mundo que está ahí y nos viene dado.  

De la misma manera que el hombre es configurador de lo humano, el poeta es un reconfigurador de lo humano/resimbolizante de lo humano. Es alguien con una sensibilidad para desatender ese nivel de la realidad, ese orden del que hablaba ahorita, para construirse otro. De esa nueva entropía o nueva disposición nace el poeta.

¿Hay mestizaje, hay hibridez en tu poesía? En este mundo que vivimos, ¿todo acto poético/artístico es de por sí mestizo y/o híbrido?

Salvando las primeras formas sociales, las primeras expresiones del arte asociadas a la caza, la veneración de ídolos…, creo que nunca más ningún pensamiento nació del vacío. Todo parte de algo. Todo en el arte fue después relacional, bien por mímesis o por resistencia a algo, como las vanguardias.

Somos seres temporales, precedidos, eso hace que haya mezclas, influencias, referentes, que haya una circularidad, una vuelta sobre los mismos temas, con puntos de conexión con otras poéticas, otras formas de creación. Si es eso a lo que llamas mestizaje, sí, hago una poesía mestiza, atravesada por todas esas herencias quedadas de lecturas, experiencias, estudios.

Si te refieres a un purismo de estilo, también, aunque no siempre. No me molesta ese tipo de contaminación porque, siendo fiel a la primera pregunta, la vida está muy contaminada, afectada. “Los nuevos mapas son distintos”, dice Eltit. Ya no importa tanto el cómo sino el fin.

Por ejemplo, siempre me ha parecido La mujer del mercader del río: una carta, de Ezra Pound, un poema, una misiva y un magistral cuento. Igual te podría citar narradores sesgados por la poesía y en mí trasciende más lo leído (en la narrativa) cuando encuentro también eso. Lo otro.

Lo importante, creo, es poder hacerlo bien, no todos los caminos nos conducen a Roma, y a veces comenzamos algo que se termina trenzando, trocando en otra cosa.

Lo puro solo lo veo asociado al origen, al germen de algo; cuando ese algo crezca, progrese, ya estará irremediablemente combinado, conminado también, pues hay en todas las formas de comunicación una amenaza/intrusión/ruido/participación.

Se ha dicho que la poesía, en la actualidad, se lee poco. Sin embargo, la poesía aun tiende a escucharse, tal vez con más facilidad que leerse. ¿Continuamos siendo receptores de la oralidad? ¿Hasta qué punto el acto de vivir la poesía, cuando la comunicamos a través de la palabra hablada/escuchada, transforma el acto de comunicación?

Continuaremos siendo receptores y emisores de la oralidad, en tanto seres hablantes. Incluso viviendo con un alto nivel de enajenación o ensimismamiento vamos compartiendo tradiciones, mitos, leyendas, parte de nuestra historia a través de nuestras acciones. La palabra tiene fuerza, ya sea oral o escrita. Reencarna en cada uno de nosotros.

Cuba está interceptada, pintada por la palabra. Interceptada por mitos, ritos, por las culturas hispanas, africanas, que fueron trasmitidas de esa manera. Cuánta gente no se inicia hoy en las religiones africanas y esa fe es también fe en la palabra, en la herencia de la palabra. Eso que se vuelve inmutable, trasciende. Pero no tienen los mismos códigos la palabra escrita y la palabra oral.

cortesía de ismaray pozo

No creo que el decir la poesía ayude a que se consuma más. Ciertamente la poesía se consume poco; creo que siempre, en relación con otras artes, se ha consumido menos. Hay un riesgo en lo que es consumido por todos. En ese sentido, no lo veo mal, la poesía no puede ser para todos, como tampoco lo es la Física, la enfermería, la pintura, la fundición de metales.

Hay una gran tradición de repentistas, improvisadores, decimistas en nuestro país. Veo en esa forma de trasmitir lo poético una performatividad, necesita de la interacción con el oyente, se reafirma muchas veces en esa interacción y el oyente recibe y reacciona, como una llamada-respuesta. Ahora, toda la poesía no precisa el mismo nivel de interacción.

Yo prefiero trabajar a un nivel más simbólico, sensorial —no tan audible— cuando tengo que enfocar el ojo sobre la línea impresa, como la punta de un aerostato.  En la escucha otras cosas pueden disuadirnos. El oído también es un órgano con una memoria temporal muy corta.

Charla conla poeta Ismaray Pozo

Les comparto esta charla que tuve con la poeta Ismaray Pozo el pasado 14 de febrero después de la presentación de su libro.

Publicada por Joaquín Chávez Pérez en Martes, 25 de febrero de 2020

En una narración, quizás escuchar si la pared era blanca o azul (solo si eso determina en la historia) no hará la gran diferencia. Si nos perdemos la línea de un verso en un poema, quizás no entendamos el poema. En lecturas de poesía, pienso que algo siempre se nos pierde, algo siempre intercede entre el texto y el que escucha, trasformando —como dices— el acto de comunicación, o bien haciéndolo incompleto.

Háblame un poco de tus referentes literarios y de cómo llegas al mundo de la escritura.

A todo sitio se llega buscando. Así llegue yo a la escritura, buscando un sitio. Empatizamos con lo que conocemos. Lo que siempre está en nosotros se torna parte de nuestro carácter, de nuestra identidad. En casa siempre tuvimos libros. Mi padre era por entonces un gran lector. Lo primero que hacía con su salario era comprar libros en la librería municipal. Entonces me acostumbré a esa presencia.

Leía libros de la colección Huracán en la adolescencia, Flaubert, Dostoievski, V. Hugo, Tolstoi. La escritura llegó después, estando en el IPVCE, o poco antes. Para mí, aquello solo era garabatear en una agenda. Era una de las muchas inquietudes que sentía por el arte, de manera que no lo sobredimensioné.

No me planteaba escribir. Y lo hacía, como es natural, distanciadamente, con períodos de sequía, inconstancias. Ya estando en la Universidad comienzo a recibir otras influencias literarias, pero lo curioso es que los caminos eran siempre corvos, nunca rectos, nunca el acercamiento fue directo porque no buscaba. Leyendo ensayos por lo general llegaba yo a la poesía. Recuerdo lo determinante que fue leer un ensayo de Beatriz Maggi sobre Emily Dickinson. O leer ensayos sobre el Caribe, la megritud para llegar a Cesáire, Glissant, Roumain… Pessoa. Mis primeros referentes poéticos están por ahí.

¿Cómo se puede promover mejor la buena escritura?

Si te refieres a promover, de gestarse, de hacer buena escritura, dependerá del nivel de exigencias que cada uno se plantee para lograr eso.

Si te refieres a impulsar la buena escritura, darla a conocer, también.  

Cada persona es dueña de sí; “cada vida la defensa de una forma precisa”. Cada uno de nosotros toma lo que cree conveniente, decanta, filtra. Lo bueno es siempre una meta, un fin ulterior. Llegar a lo bueno requiere tiempo, sudor, sacrificio.

¿Existen las modas literarias? ¿Son una real sintomatología de lo que lee el público o de lo que se consume en estrechos círculos de críticos, seguidores de un autor determinado y/o defensores a ultranza de dichos autores?

Existen. La moda siempre responde a un estado de opinión. Dependerá de la globalización del asunto (el libro, el autor), de su mediatización. Siempre han existido las modas, por molestas que sean a veces, en tanto tendencia, disposición a algo. Eso no lo instaura una persona, es un camino de muchos

Puede deberse a todo eso que apuntas y que yo resumiría en una sola palabra: reconocimiento. Incluso si lo que se quiere con eso es detonar algo anterior, centrifugarlo, remover lo que está establecido. Confieso que me gusta mantenerme al margen del tema. Como dice una amiga: “tan esclavo de la moda es el que la sigue, como el que la rechaza”. Soy esclava de ese rechazo. Hay que negar ciertas corrientes. Pero, ¿acaso no fueron en su momento “modas” el impresionismo, el neoimpresionismo, el fovismo, el romanticismo, el pop-art, el bebop?

Por otra parte, la lucha por el reconocimiento existe desde el origen de los vínculos sociales, desde la familia. Como existe también un intercambio, una transferencia de dones: en los autores que siguen a otros autores por moda, en los lectores que leen lo que otros leen, los críticos que coronan o fulminan. Eso va creando jerarquías, voces que se expanden con una fuerza tentacular. Es el despliegue humano.

Para mantener una postura crítica ante eso, porque cualquiera puede perderse en la curvita anhelada de la fama, a veces me pregunto para qué hago lo que hago. Y dudar es bueno —además de romper toda vanidad—: centra, recompone.

¿Hasta qué punto el mundo de las artes visuales impacta, o no, en tu imaginario poético/creativo?

Creo que bastante. Estudié Historia del Arte y eso, como todo lo que se estudia, fue plantando parcelas, rellenando espacios. Ahora me pregunto cuánto no tendrá que ver el ejercicio crítico con la poesía. La poesía es hipercrítica. Hay varias asignaturas en la formación que entrenan de alguna manera para eso.

En mi tiempo recibía clases de Víctor Fowler y Adelaida de Juan. Ambos impartían talleres críticos, el primero sobre el audiovisual, Adelaida sobre las artes visuales. Ese ejercicio es especular como un espejo. Lo que digamos de la obra puede tener más de nosotros mismos que de la obra. Lo cierto es que pasamos mucho tiempo en el aula recibiendo una cantidad de información que ahí está.

Años después, sobre todo si una se desvincula de las artes visuales, parece que esos caminos antes plantados fueron con el tiempo arrasados como un viejo maizal. Y no. Siguen estando ahí. A menudo llegan. Sobre todo, en textos donde tiendo al barroquismo, a la recreación de atmósferas, porque así es como surgen en mi cabeza ese tipo de imágenes, muy pictóricas. Contrario a la memoria auditiva, la memoria visual/fotográfica logra otra preñez, una gestación más larga en el inconsciente.

El cuerpo que habitamos, el género que habitamos (o nos habita), ¿impacta directamente en nuestra escritura o es solo una condición salvable e intrascendente? ¿Cómo sientes que te sucede a ti?

Escribimos con el cuerpo. Bailamos con el cuerpo. Dormimos con/en el cuerpo. Vamos a buscar el pan con el cuerpo. Bañamos al cuerpo con el cuerpo. Gracias a esa corporeidad estamos en este mundo. El cuerpo nos universaliza, pero también nos individualiza. De manera que tanto la naturaleza de lo que escribo, lo que persigo, lo que hago en la vida, tiene que ver también con la naturaleza de mi cuerpo.

¿Existen reales conexiones entre los poetas cubanos de estos tiempos, esencialmente entre los jóvenes? ¿Conexiones que trascienden al hecho de aparecer juntos en una antología o leer en un mismo espacio? ¿Crees que, más allá del acto creativo, ese que es usualmente solitario, les son útiles al autor las asociaciones con otros creadores? ¿Por qué?

Siempre existen conexiones cuando se coincide en un sitio, en un tiempo; cuando vivimos en una isla tan pequeña como Cuba, tan burbujeante; cuando se tiene una edad aproximada; pasamos quizás por las mismas escuelas, al menos recibimos los mismos planes de enseñanza; tenemos iguales símbolos patrios; nuestros nombres inventados; tenemos como creadores similares divisas, al menos la de seguir creando en la Cuba de ahora, y coincidimos por tanto en Festivales, Ferias del Libro, Juegos Florales, intercambiamos nuestros contactos de móvil y muchos somos amigos por Facebook.

Puede que incluso muchos de nuestros referentes literarios sean los mismos. Intercambiamos libros, novedades, bases de premios en grupos de WhatsApp. A estos premios enviamos cuadernos, según la suerte, los enviamos después a los mismos planes editoriales. Sí, las conexiones existen.

Pero no te puedo hablar del nivel de trascendencia de todas ellas. Cuando leo algo de la poesía que hacen los jóvenes en Cuba, no encuentro, más allá estas coincidencias temporales, muchas semejanzas. Eso me alegra.   

Las asociaciones creativas siempre son dinamizadoras, propositivas, agentes de cambio y, a menudo aglutinan parte de lo mejor de una generación. Pienso en la Revista de Avance, Orígenes, el Grupo de los Once, Volumen Uno, Arte Calle, Puré, Enema, Diaspora(s), Fluxus, el Cinetismo, los surrealistas, Irakere, La Fania, qué se yo.

La historia está marcada por el tendencionismo, los guettos. Eso habla a favor del grupo, de la centralidad de fuerzas en pos de un bien común. Aunque un grupo o asociación, como quieras llamarlo, no funciona si cada miembro no tiene su propia combustión.

¿La poesía duele? ¿Hace feliz? ¿Puede transformar?

La poesía transforma la videncia. Hace que todo cambie y descambie, como apunta un personaje infantil de Graciliano Ramos. Ese cambio y descambio es también endógeno en lo más interno de nosotros mismos.

Cuando llegó, de esa manera salvaje, germinal, como llegan todas las cosas, podía asociarlo con el dolor. Ya no: es indolora como muchas enfermedades hereditarias, un gen degenerado; como la miopía que hace que vivas recalculando los objetos, las distancias, que vivas recalculándolo todo.

Por otra parte, la felicidad es vaga, oscilante. La poesía simplemente trasvasa, al margen de una condición u otra.

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