La poesía hace que todos mis finales no sean del todo un fracaso

Suyo es el mundo del arte, el inacabable terreno del arte que florece al llegar la mano indicada. Esa mano es la de Laura Domingo, poeta rara avis, ser humano rara avis. La poesía vive en ella como en un receptáculo para la buena obra. Verso a verso, camino a camino, Laura Domingo abraza su vocación poética para hablarnos de los significados de su oficio, de la creación, de la voluntad para la escritura como noción para construir al universo. Digamos, tal vez, el universo otro que existe al margen del conocido; ese que se esconde en las esquinas de los cuartos, en la irreverencia, en la incertidumbre del tiempo, en el adiós y las despedidas.

Conocer a Laura Domingo más allá del verso es un privilegio. Pero, ¿qué hay de la poeta? ¿Dónde nace la creadora que es? Las preguntas fluyen en un intercambio que ambas conocemos más allá de las fronteras y los escudos de la amistad.

¿Piensas en la poesía como apostolado, como voluntad de vida, como llamado hacia una vocación? Si es así, ¿cuándo escuchaste ese llamado, digamos, espiritual?

Pienso en la poesía como modo de existencia. Es también vocación y parte de una necesidad. Uno siempre es algo incompleto, y he encontrado que la poesía puede dar respuesta a muchas preguntas que, a lo largo de nuestras vidas, se mantienen errantes. Sin la poesía, esas preguntas me hubiesen horadado; gracias a ella, me completan y enriquecen.

La poesía hace que todos mis finales no sean del todo un fracaso. Pero es cierto que no es solo una elección personal. Creo en ello, como creo firmemente en el trabajo, el sentido del oficio y el empeño que se requiere para perfeccionar la naturaleza humana. En tal sentido, nada es tan humano como el arte.

A los nueve años descubrí la necesidad de escribir y ha sido como un segundo nacimiento o una fe que siempre me acompaña. Empecé redactando mis diarios que en un principio eran una simple sucesión de hechos. Luego se convirtieron en un importante ejercicio de reflexión y análisis de lo que me rodeaba, y me han ayudado a conservar muchos momentos que, de otra forma, habría perdido.

La poeta que eres contiene una de las voces raras, atípicas, en la producción joven nacional. Pero, ¿qué busca Laura Domingo? ¿Cómo entiende su poesía?

Si lo tuviera claro no seguiría buscando. A pesar de ello, en la poesía casi siempre persigo sonidos / instantes / visiones. Busco también rebelarme. Nunca he sido conformista. Por eso, cuando me toca verdaderamente lidiar con la resignación —jamás la renunciación—, escribo.

El creador, según veo, es un gran monologuista que siempre busca un público para exhibirse. ¿Existe un público ideal o la poesía debe abrirse paso en cualquiera de los caminos en los que se encuentre? ¿Qué persigue, como lectora, Laura Domingo? ¿Qué tipo de poesía mueven los resortes de su creación y sensibilidad?

En realidad, nunca he querido exhibirme yo, sino mi obra, porque la entiendo como un medio de comunicación. Por otro lado, si a través de la danza me relaciono con la persona presente, en la poesía lo hago a menudo con algo intangible, incluso cuando sé que estoy escribiendo para alguien vivo y cercano. Casi nunca pretendo que esa persona lo sepa. Si algún día llegara conocer el texto, prefiero que lo lea como si lo hubiese soñado. La poesía siempre se abre paso y encuentra un público ideal, aunque el público ideal no lo perciba.

Trato de entrenar mis gustos poéticos. Me interesa ser cada día más plural; pero claro, está el asunto del tiempo, que nos obliga a la síntesis más que cualquier otra cosa. Por eso, tengo mi listado de referentes conocidos, poetas cuya cercanía y luz me han irradiado, entre los que están Gamoneda, Dickinson, Cernuda, Inger Christensen, Borges, René Char, Zurita, Lezama, Loynaz, Juana García-Abás y José Luis Fariñas… Ellos también sustentan mi certeza en que no existen prodigios. Todos somos parte de algo que nos precede. Sin maestros es imposible avanzar. Tiene que existir una luz definida en el fondo del túnel.De invocaciones

Si tuvieras que mencionar a una sola voz poética en el mundo, una realmente significativa, ¿qué autor merecería dar ese último grito?

En mi opinión, tratándose de un autor vivo, podría ser Antonio Gamoneda.

¿Es el creador un voyeur, un ave de rapiña, un observador voraz de la realidad? ¿Te preocupa el tiempo, el fin de la vida, la soledad? ¿Qué te obsesiona?

Prefiero pensar que el creador, más que un ave de rapiña, es un artesano de la realidad.

¿Qué es realmente lo real?, esta es una pregunta que me persigue. Por eso trabajo tanto con los recuerdos, con lo que queda del pasado que, a su vez, es una invención de los sentidos. Tengo problemas con la memoria, así que me he reconciliado con cierta inexactitud. Los hechos me interesan cada vez menos. Por supuesto, me obsesiona el tiempo, el implacable viaje de la luz, por todo lo que dejo de hacer cada día. Me obsesionan las puertas mal cerradas, los asuntos pendientes, los sillones que se mecen solos, pero nunca el fin de la vida. Creo que hemos olvidado convivir con la muerte, como hemos olvidado el valor de muchos rituales.

Hubo una época en la cual me obsesionaba el olvido y el adiós; pero ahora he convertido esos desgarramientos en mi principal fuente de estudio. Los llevo a la sala de operaciones, los abro, los miro de frente, como debe ser. También me interesa apreciar al ser humano, su naturaleza, sus modos de comportamiento. Es algo que recién comienza a obsesionarme.

Si pudieras elegir un espacio singular para crear, ¿cuál sería? ¿Una música, un bailarín o coreógrafo que diera cuerpo material a tu poesía? ¿Quiénes?

La poesía ya tiene cuerpo material. Si existe un espacio ideal para ella es la propia vida. Otra cosa es la intertextualidad y la mezcla de las artes, que cada vez cobra mayor protagonismo, lo cual me alegra, porque es coherente con la actualidad y el desarrollo.

Por lo general, expreso ciertas emociones con la danza y otras con la palabra; pero, finalmente, toda creación parte de un mismo centro, de una misma eclosión. La única diferencia es que en la danza el silencio es visible y, en la poesía, es imaginación.

¿Se nace con la condición, con el don de la poesía? ¿Cuánto valor le concedes al oficio? ¿Solo con oficio y disciplina puede nacer el poeta?

Es posible que sea un don pero hay que estar alerta, es como un gran amor, puedes verlo pasar pero si no te detienes, cruzas la calle y lo interrumpes, seguirá de largo. La poesía requiere todo eso y más. Ese «más» se llama disciplina, que no es poco, sino una gran conquista de la voluntad.

¿Cuáles son los mayores retos de los poetas jóvenes si, acaso, tuvieran que compararse con las generaciones anteriores? ¿Estás a favor de los debates generacionales? ¿Piensas que los creadores emergentes cubanos están haciendo una poesía distinta, renovadora, revolucionaria, en comparación con promociones líricas de antaño? Si es así, ¿qué de nuevo traen?

Sí, estoy a favor de los debates generacionales, pero no me interesa insertarme en ninguno. Tampoco pretendo clasificar, definir, englobar el tipo de poesía que están haciendo los jóvenes. Si es renovadora o no, depende de con qué se compare. También considero que la buena poesía siempre es renovadora, o al menos, reveladora.

¿Crees en la poesía como un cuerpo único, inmaterial, donde el reciclaje de temas y formas pudiera cimentarse como orden del día? ¿O crees en la poesía como instante, breve, fuego artificial en su estallido?

Creo en la poesía como algo vivo, potentísimo, inmanente y eterno. Todo lo contrario al destello de un meteorito sin rastro. Creo que es un lenguaje universal y, por ello, de larga vida.

Antiguamente, tanto en Grecia como en Asia, o en el territorio de los mexicas, por ejemplo, los grandes filósofos eran también los poetas. O sea, considero que existe una voluntad de entender la vida a través de este acto de creación. Quizás por ello los escritores que más me han impactado y acompañado han sido también, para mí, una especie de visionarios que cuestionan la existencia, la verdad, el cosmos y su relación con el hombre, seres que cultivan la sabiduría.

En mi opinión, escribir poesía es propio de personas con vocación de sabios, y esto va mucho más allá del tema y el estilo que se seleccione.

¿Influye tu formación como bailarina y coreógrafa en tus experimentos con la realidad poética o en tus intentos de poetizar la realidad? ¿De qué manera? ¿Sucede, también, que la poesía le ofrece a la danza un camino eterno de ida y retorno?

Escribo desde lo que soy: quizás un ser lleno de carencias, de oquedades que sólo adquieren forma en el arte. Es la explicación más humana a la que quiero adherirme si me tengo que definir, algo que cada día me agrada menos. Hay momentos en que solo me puedo expresar a través de la coreografía, mediante la danza; sin embargo, hay otros en los cuales necesito la computadora como si fuera mi único refugio.

No pienso que haya muchas diferencias entre un medio y el otro y, si las hay, la complementación es perfecta. En la coreografía pienso en palabras visibles. En la literatura, pienso en el movimiento del mundo, la naturaleza, el cuerpo humano.

¿Existen temas universales en la poesía? ¿Te preocupa la perdurabilidad o el aquí y ahora? ¿Crees en la figura del poeta como apóstol, como mártir o como simple ser humano?

Sí, creo que la poesía es un lenguaje universal. Según mi experiencia, se trata de algo tan cercano a lo íntimo que a la vez es común a todos: creo que, en esencia, somos muy parecidos, por eso me resultan cada vez más absurdas las definiciones. En tal sentido, considero que existen temas universales y es lo que nos hace aún considerar a un poeta como Basho, por ejemplo, un referente cercano.

Summer2015017Me preocupa el aquí y el ahora, pero no puedo dejar de admitir que el arte supone un vínculo eterno e incorrupto. No se trata de una proyección del ego, sino de la obra, que es algo mucho más importante y valioso.

Por otra parte, pienso que la creación nos hace más humanos, y es lo que importa. Luego, la obra revela en nosotros algo de divinidad. En la danza, por ejemplo, la inmediatez es mucho más importante. Por eso siempre he admitido que la coreografía «me aterriza» frente a la poesía que, aunque parte de una apropiación muy terrena de la realidad, la construyo en una dimensión un poco más distante.

No me interesa ni seduce ninguna proyección del poeta por encima de su obra. El ejercicio poético es ya una actitud de irreverencia y una sana utilidad. Tampoco debería considerarse motivo alguno de martirio. Me gusta pensar en el momento de la creación como un acto feliz, porque es un tributo a la vida, una ofrenda.

¿Cuál es el grito poético, el verdadero grito poético, que quisiera Laura Domingo grabar en el mundo?

No lo sé aún. A veces trato de no intelectualizar demasiado mis actos.

Por otra parte, cuando pienso en el mundo, viene a mi mente algo muy grande y pequeño a la vez, y noto que resulta difícil lograr una comunicación íntima con una imagen como esta. Por tanto, escribo para todos los hombres que existen en un hombre (como dijo Borges).

Y escribo como un susurro, un viaje de mi ser /por fin/ sin despedidas.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Suscripción

    Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico