La poesía como ruptura de los paradigmas

La cantidad rosada es el título de su cuaderno unigénito. Libro portador de textos que dialogan con lo experimental, desde zonas donde se enuncian —con tino— fragmentación, reiteración y (auto)referencia. El cuerpo deviene estrado, incentivo en pos de la búsqueda y la afirmación. Lo sexual carece de lindes y vanos estereotipos que anclan/oprimen/mutilan la identidad —entiéndase autopercepción del Yo erógeno y también existencial— aunque lo cardinal acá no es la mera exteriorización, sino el impulso de representar/definir ante sí mismo y la sociedad.

“Al escribir ya me pusieron la máscara. Intentaré no quitármela hasta que deje huellas en los otros y en mí”, así enuncia Roberto Fournier (Guantánamo, 1987) como quien conoce bondades y desaciertos del oficio de escribir, y espera —con honda fe— no perderse en el tiempo, ni en la memoria de aquellos que posan ante el poeta, en ese espectáculo de antifaces que es la vida misma.

Tu obra ha sido reconocida con varios premios y reconocimientos en encuentros de talleres provinciales, así como en Juegos Florales de Santiago de Cuba y Guantánamo. Al margen de esto, ¿cómo valoras la publicación de tu primer cuaderno de poesía por Ediciones La Luz?

La cantidad rosada ha sido una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida en los últimos años. Que fuera Ediciones La Luz quien lo publicase y el poeta y amigo Luis Yuseff quien estuviera a cargo de la edición ha sido maravilloso y considero que no pude tener mejor comienzo.

“Desde antes ya admiraba la poética de Yuseff, y el empuje que viene dando La Luz a la visualización de la obra de los jóvenes escritores ha sido (es) bastante reconocido; de modo que el placer es múltiple. Además de ofrecer las garantías de un producto-libro estéticamente bello, la buena edición y promoción, La Luz me permitió obsequiar a mis amigos un libro que debe mucho a esas voces cercanas que nos alientan.

¿De qué manera surge La cantidad rosada como proyecto de libro?

Fue un proceso arduo y apasionante. A medida que reunía y organizaba los textos que lo conforman iba descubriendo lo que es hacer un libro, convenciéndome de “traducir” tantas lecturas, asumiéndome y construyendo un itinerario que desembocó en que fuera enviado a La Luz.

“Mis vivencias como becado en la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba influyeron decisivamente en que cristalizaran mis inquietudes. A ese periodo irrepetible en el que confluí con personas de procedencia muy diversa y modos de actuar y pensar diferentes, debo el haberme nutrido de referentes lingüísticos, culturales y literarios que están en el libro”.

Algunos conjeturan que en cada obra hay mucho de su autor, más allá de eso, ¿cuánto hay de Roberto Fournier en este cuaderno?

Considero que en mi caso ese supuesto es una certeza, y tratándose de poesía, presumo que a otros —si no a un gran porciento— les ha ocurrido algo similar en su primera incursión. Aún cuando mi personalidad dista un tanto (espero) de ese sujeto lírico descomedido, resentido, a ratos furibundo o bilioso, carnal, sobre todo en el trato cotidiano, creo que la urgencia de “fijar” una forma de ser, la lucha por buscar un modo de representarme como individuo ante la sociedad, constituye, si no la médula del cuaderno, al menos parte de esta. De ahí parten el énfasis reivindicativo, la fragmentación e incomunicabilidad que detenta gran parte del libro, así como la saturación de citas y (auto)referencias…

¿Ha estado —quizás está— este poemario a la altura de tus expectativas?

Lo está, aunque hay algo que tal vez no solo se deba a esa “incomunicabilidad” que el “lector ideal” pudiera reprocharme, algo que rebasa lo estrictamente textual, pero que es parte de las causas de su escritura y que este pequeño cuaderno ambiciona: el cambio, la aceptación, la concientización de que existe la diversidad (poética, sexual, de raza…); por eso su título, por ejemplo, apunta hacia lo proselitista aun cuando, paradójicamente, en principio este no fue más que una apropiación simbólica.

Recientemente obtuviste Mención en el Premio de Poesía Hermanos Loynaz 2017. ¿Podrías comentar sobre este nuevo libro?

El Premio de Poesía Hermanos Loynaz me resultó tentador y fue una sorpresa este reconocimiento, porque mi pretensión con este nuevo libro es acercarme al que constituye mi entorno inmediato, Guantánamo, a lo que he vivido en este territorio, donde vuelvo a temas como la autodefinición, la búsqueda expresiva, la soledad, la pérdida… desde una postura crítica y, quizás no como en La cantidad rosada, pero poco complaciente para un lector pasivo desde lo estilístico…

Algunos de tus poemas pueden encontrarse en antologías como Todo parecía. Poesía cubana contemporánea de temas gays y lésbicos (Ediciones La Mirada, Nuevo México, 2015), tu poemario La cantidad rosada dialoga también con estos tópicos. Desde estas observaciones, ¿podría inferirse que se trata de una postura escritural/personal del hombre y autor que eres?

En alguna medida sí, en la medida en que esto no se convierta en un calificativo per se. Carlos Monsiváis refiere que: “No hay literatura gay, sino una sensibilidad proscrita que ha de persistir mientras continúe la homofobia…”. Mi creación está signada por esa sensibilidad, que es parte de lo que soy, entronizada en este primer libro como un cisma ante ciertos paradigmas de lo tradicional.   

¿Por qué abordar estos temas en tu obra, cuando resultan tan polémicos hoy?

Sea velada o abiertamente, lo que se denomina “homo/trans/fobia” sigue manifestándose. El término “tolerancia” se ha vaciado, no significa nada para quienes aún son discriminados a pesar de los avances, las rectificaciones, las campañas para educar en este sentido a las personas… Urge desmontar esos patrones machistas, homofóbicos y racistas en que muchos hemos crecido, causándoles conflictos y peligros para la existencia.

¿Le preocupa a Roberto Fournier el hecho de ser catalogado, señalado, o acaso incomprendido por su acto creador?

Aún estoy aprendiendo que nadie es santo de devoción gratuitamente; que las personas cambian; que los amigos están con uno cerca o lejos y otros, tan íntimos, dejan de serlo; que no es lo mismo el autor real que ese que tanto nos atrae como lectores…

El crítico, poeta y ensayista Virgilio López Lemus escribió sobre La cantidad rosada: “Roberto Fournier quizás no debería intentar repetirse, pues en la repetición y la búsqueda constante del modo de expresión que adoptó en La cantidad rosada, le pudieran ser menos logrados sus hallazgos”1. ¿Cómo recibes, desde tu status autoral, este criterio?

Agradezco a Virgilio López Lemus sus observaciones. Como joven autor me siento honrado de que una personalidad como él haya reparado en La cantidad rosada, así como han hecho otros señalando aquí y allá lo que, desde su perspectiva, constituyen sus valores y sus zonas menos logradas.

“La crítica respetuosa, la crítica que permite al autor ser más consciente de las herramientas que posee y encausar su ejercicio creativo, la crítica donde no se presume de la sapiencia que, probablemente, se adquiere con los años y, en ocasiones, se toma como punta de lanza para establecer a priori juicios de valor que empoderan determinadas estéticas en detrimento de otras; esa crítica se reconoce”.

“Si hay algo en que te olviden es el ardor”, leyendo este verso de tu autoría te pregunto, ¿es el olvido causa de temor para el literato que eres?

Es difícil recuperarse de las pérdidas. De las ausencias uno nunca se repone totalmente. Hay cualidades de los afectos que no pueden ser transferidas ni con el tiempo. Lo que me aterra es olvidar. Por suerte mi memoria se ha mostrado sospechosamente buena para las acciones que me lastiman. Al escribir ya me pusieron la máscara. Intentaré no quitármela hasta que deje huellas en los otros y en mí.

1Cubaliteraria. Ediciones Digitales. Atento a Roberto Fournier, Virgilio López Lemus

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