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La noche de La noche

Precedida de cierta expectativa determinada por una nota periodística o comentario al vuelo en algún noticiario televisivo, llega al público de Guantánamo la obra La noche, del narrador y dramaturgo Abilio Estévez,  de  manos de la compañía teatral Tiempo, y como parte del conjunto de puestas que desde la técnica del títere conformaron la programación dela IV edición del encuentro Titereando en la Ciudad, que auspician la Asociación Hermanos Saiz y el Teatro Guiñol Guantánamo en la más oriental de las provincias cubanas.

Y fue la noche, porque la obra homónima de Estévez,en adaptación y dirección artística de Ariel Hernández Chávez y Álvaro Torres Mendoza, hizo que el pasado dos de abril se convirtiera en un momento especial dentro del avatar artístico cultural del aún joven año 2016 entre nosotros. La noche es obra de una profunda e intensa esencia filosófica que todo el tiempo, en boca de los distintos personajes, alude al sentido último de la existencia humana, a sus desvelos, apetencias insatisfechas y, sobre todo, al futuro y junto a él al sentido de pérdida que posee y padece toda existencia humana.

Sin embargo, obra de tal hondura conceptual no sería nada sin una puesta que supiera enfatizar desde la visualidad escénica esa importante e intensa carga conceptual. Y es ahí donde esta realización de teatro Tiempo se lleva todas las palmas.Desde el propio “tempo” en que está concebida  la puesta, la dramaticidad lograda en la iluminación, elparticularénfasisdel diseño de los peleles de piso, junto al carácter mínimal de la escenografíay las actuaciones, logran un casi perfecto ensemble que hace al espectador disfrutar—sumergirse— en la plenitud de un reto intelectual como pocos.

Dos precisiones. La primera tiene que ver con el diseño escénico —tema al que está dedicada esta edición del evento—, en especial el diseño de los peleles, no solo desde lo aparencial: expresivos, sintéticos y contemporáneos, sino desde lo funcional, cada uno es una singular maquinaria en función expresiva, tal y como se puede constatar en la exposición «Un paquete para el teatro de títeres» en la galería Anto Morales, del Consejo Provincial de las Artes Plásticas. Bien por Rafael Llorente y este resultado de gran vuelo estético.

La segunda de las precisiones está referida a las actuaciones. Solo tres actores: Lisbet González, Yunior Sánchez y el propio diseñador, Rafael Llorente, se hacen cargo de la manipulación de la totalidad de los muñecos, en un verdadero “tour de force”, signadopor  los sucesivos cambios de voces, la traslación en el espacio, más el trabajo con los peleles. Actuaciones caracterizadas por la precisión y la delicadeza en el manejo de los muñecos —debido en mucho a los funcionales diseños—, desde una mano que se posa en un hombro, una cabeza que gira o un cuerpo que tremola desde la sutileza de los actores.

Inmensa Lisbet González en la escena final, en ese quedar exangüe junto a su personaje, mientras la música y los movimientos del pelele marcan el dramático final de la noche (el día anterior, la actriz ya había dado muestras de sus posibilidades desde otras aristasen la función deSubterfugio, de Yoel González).

Bien por  Ariel Hernández y su troupe, porincluirnos  en esta aventura de reflexión intelectual desde los postulados de la contemporaneidad; también  por permitirnos ser  —aunque fuera circunstancialmente— partes de esa dramática “noche”. Así es el arte. Así es el teatro.

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