La música que tocamos tiene mucho de espiritualidad

Como parte del Festival Septiembre Barroco, el Dúo Real Maravilloso —integrado por Yasek Manzano y Roxana Coz— ofreció un concierto donde lo sensorial y lo espiritual formaron parte inseparable de la transmisión de la buena música. A propósito de su experiencia de trabajo durante el primer año de vida del Dúo versa esta entrevista.

Conversemos sobre el más reciente concierto del Dúo Real Maravilloso, el cual aconteció el pasado 13 de septiembre en la Iglesia de Paula como parte del programa del Festival Septiembre Barroco, ¿qué repertorio presentaron?

Yasek Manzano: Se tratan de transcripciones de antiguos conciertos que eran interpretados por una de las voces más importantes y sobresalientes en el periodo barroco: el clarino. En este caso, la trompeta picolo —instrumento moderno que surgió en el siglo XX y que pertenece a la familia de las trompetas— tendrá un rol fundamental. Dentro de los conciertos escogí una pieza escrita para trompeta en Mi Bemol y que, por cierto, es una de las más famosas piezas de Jan K. J. Neruda.

Otros compositores como Fasch escribieron obras icónicas para la trompeta. Junto a su concierto en Re Mayor, el programa estuvo completo con los conciertos de Vivaldi y Tartini, compuestos para violín y arreglados por mí. También quisimos expandir las posibilidades sonoras y para ello invitamos al Cuarteto Opus 10 que dirige Alberto Denis. También nos honró muchísimo la presencia de la maestra Bárbara Llanes, que se unió al formato para interpretar varias de Haendel, Bach y dos piezas de Scarlatti.

La vida del Dúo no presenta aún larga data, y quizás sea pronto para hacer esta pregunta pero, ¿qué buscan del trabajo en colectivo y cómo se insertan dentro del campo de la producción de la música clásica en nuestro país?

Roxana Coz: Nos hemos propuesto trabajar esta música por el amor que nos inspira. En un inicio nos motivó explorar las diversas posibilidades que aportó el género concierto en el barroco. Siempre ha existido la disposición por parte de ambos de continuar formándonos como músicos.

En el caso de Manzano como solista concertista, pues su carrera ha permanecido centrada en el jazz. En mi caso, busco desarrollar el rol de pianista acompañante, el cual disfruto muchísimo, aunque el hecho de ejecutar reducciones orquestales implica también un trabajo camerístico.

Nos ha ayudado también la visión musicológica, analítica, ese interés en nutrir la interpretación manejando criterios teóricos referentes al barroco. Creo que hemos logrado hacer un buen equipo gracias a la mutua retroalimentación y a la búsqueda personal de lo musical.

La consolidación y el aprendizaje continuo se han propiciado y eso es algo que siempre agradeceré a Yasek, ha sido un gran maestro. Lo más interesante es el resultado: una buena comunicación en escenario apreciada por el público posteriormente.

Nos impulsa el deseo de mostrar una música de una belleza imperecedera y disfrutable a pesar de su lejanía en el tiempo, teniendo presente que el origen de nuestra música cubana encuentra fuertes conexiones en aquella llegada de Europa en los años de la Colonia.

En el primer año de trabajo nos hemos integrado al interesante ambiente cultural que ha proporcionado a la ciudad de Matanzas la reapertura de la Sala White y la existencia de la Ermita de Monserrate, sala de conciertos que promueve la música clásica.

Hemos sido invitados a participar en espacios fundamentales para la promoción de la música del barroco, tales como Invierno Barroco en Matanzas y Septiembre Barroco en La Habana. En marzo participamos en el A tempo con Caturla, en Santa Clara.

cortesía de los entrevistados.

Unir dos talentos y dos personalidades en escena no siempre es asunto sencillo, ¿cómo transcurre el proceso creativo?, ¿cómo trabajan el empaste espiritual, más allá de la disciplina necesaria para lograr la buena música?

Yasek Manzano: En un inicio fue bastante complejo para ambos. Los ensayos comenzaron siendo sesiones de estudio en conjunto, si pudiera llamarse así. Por una parte yo estaba explorando con la trompeta picolo, familiarizándome con el instrumento. Roxana comenzó a tocar luego de un tiempo sin estudiar sistemáticamente.

Pero fue un período que me permitió trabajar la afinación y la resistencia, y comenzar el montaje de conciertos de gran complejidad como el de Telemann. Más adelante, mientras trabajábamos, íbamos aprendiendo, tomamos como referentes la música de trompetistas espectaculares como Matthias Höfs, Alison Balsom y Pacho Flores.

Compartíamos películas o audiovisuales sobre el estilo barroco y también me encargué de descargar videos de Internet que comentábamos en los minutos de descanso durante los ensayos. Roxana también se interesó por conocer acerca de la biografía de los compositores y el análisis de algunos conciertos, lo cual permitió calzar la interpretación.

Consultamos tratados teóricos que aportaron muchísima información y ayudaron a desentrañar lo que verdaderamente quería decir la partitura en el estilo barroco, atendiendo a códigos diferentes de lectura musical.

Algo que siempre ha estado presente han sido los planteamientos y reflexiones en torno a temas filosóficos, culturales e incluso religiosos en nuestras conversaciones. A veces esto te permite ilustrar la intención que debes poner a determinado movimiento o momento de la música.

En los ensayos lo mismo hablamos de Deepak Chopra o de Wyne Dyer, que de los zen y los chacras, como de las culturas religiosas afrocubanas o el proceso de transculturación. Damos al asunto espiritual una importancia crucial, porque la música que tocamos tiene mucho de espiritualidad. Creo que en buena medida asumimos lo real maravilloso para dar nombre al dúo en este sentido.

Roxana Coz: En muchas ocasiones hablamos de cómo preparar la mente para tocar una música sumamente compleja, que requiere de gran concentración. Cómo condicionar al cuerpo en primer lugar, y crear en él una memoria en cuanto a los elementos de la técnica, que luego se pongan en función de dejar fluir la musicalidad. Demasiada atención en la técnica puede obstaculizar lo musical y debe ser lo inverso, que lo musical haga emerger lo que requiera de la técnica.

Para ustedes, ¿qué es la buena música?

Yasek Manzano: Es toda aquella que tiene contenido, que está bien escrita, que estéticamente tiene una belleza elaborada con buen gusto, que te deja con preguntas o da respuestas, pero que siempre te lleva a una dirección. La buena música toca tus fibras, tus sentimientos, deja una experiencia agradable, profunda, real.

Puede ser la que se baila, la que encierra un mensaje positivo, la que está escrita de manera coherente con los tiempos, sin ser burda, la que puede ser sencilla pero no superficial, profunda pero no necesariamente intrincada. La buena música es aquella que por definición gusta a las personas más inteligentes, las que poseen una formación de su criterio estético. Puede ser aquella música en la cual se debate, la que describe una transición de dos etapas importantes de la historia o la que dibuja la esencia humana en determinado momento.

¿Cómo defender la música clásica en estos tiempos? En realidad, ¿la música necesita defensa o se vale por sí misma?

Yasek Manzano: Lo primero que hay que hacer para defender la música clásica es entrenarse e informarse bien para poder tocar. Hay que amarla para defenderla, amar cada sacrificio que se hace para poder reproducirla con clase, para convertirla en buena música en su reproducción, porque de nada vale que esté bien escrita si el que la reproduce no tiene la capacidad de hacer que brille ese legado que está en la partitura.

Cuando se adopta la responsabilidad de ser un buen músico y se ama esa consagración, lo clásico se convierte en parte de tu vida. Es entonces que todo lo escrito tan sabiamente, tanto por los clásicos como por los contemporáneos, te enseña.

Esa música te educa a ser mejor instrumentista, creador, artista… Y en la medida que eres mejor, haces que la música que tocas tenga más valía y llegue al público de la manera más eficaz. Sin llegar a ser perfecta puede entrar en la conciencia del público.

Es importante promover la música clásica en los medios de comunicación y en las redes sociales. Debemos aprovechar la oportunidad de tener libre acceso a la promoción propia.

Los músicos no debemos estar aislados en el proceso de creación. Es bueno de vez en cuando dejar un indicio de lo que estamos haciendo. Por ejemplo, cuando vamos a realizar un concierto tenemos el deber de informar a la mayor parte del público de lo que está sucediendo. También la investigación ayuda: conversar con especialistas, musicólogos e intérpretes puede fortalecer el trabajo.

¿Cuál es la utopía creativa del Dúo?

Roxana Coz: Cuando emprendimos este viaje hacia lo real maravilloso que nos legara Carpentier, soñamos con llegar a un estado de armonía durante la realización de la música. Buscamos sentirnos conectados a la esencia pura de su naturaleza, para así poderla regalar a quien la escuche, creando un cambio anímico, un choque que producirá en alguien el descubrimiento inesperado de una verdad buscada durante mucho tiempo.

El trabajo que hacemos es un entrenamiento, un camino que debe recorrerse paso a paso, conscientes de que algún día podremos sorprendernos de todo lo avanzado.

En un país como Cuba, con tanta riqueza cultural y musical —y la preferencia mayoritaria hacia lo popular por parte del público—, apostar por hacer música clásica lo más dignamente posible es toda una utopía y un reto que asumimos con humildad… y con un poquito de esa osadía necesaria para arrojarse y decir: ¿por qué no?

¿Qué experiencia sensorial buscaron transmitir en el concierto, incluso a aquellos que no fueran especialistas en música barroca?

Roxana Coz: Lo que más deseamos es que el público haya sentido el grado sublime que alcanza esta música. Eso es imposible de transmitir en palabras. Pero —como le comentaba a Yasek unos días atrás— sé que a cada persona que se sentó a escucharnos, le entregamos una parte preciada de nuestras vidas.

Ahora que ya finalizó el concierto esperamos que esa persona que llegó con su mundo de ideas, con sus pensamientos, o abrumado por las situaciones más diversas de nuestra cotidianidad, ya no sea igual. Como tampoco lo seremos los músicos que saludamos en el escenario.

La música es un lenguaje subliminal que puede aliviar las cargas y los problemas cotidianos. Ayuda a sentir felicidad instantánea en la medida que nos satisface. Por eso la buena música nos puede cambiar y hacer más positivos. No importa que en un momento traiga melancolía o tristeza, son todas emociones humanas que necesitamos canalizar. La música resulta ser el más eficaz motor para liberar el espíritu.

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