La liebre y la tortuga: variaciones abstractas de un paisaje irreal

Desde esta, mi arca, a tientas

suelto una palabra al mundo:

la palabra va volando…

y no vuelve

Dulce María Loynaz

Un examen, una reflexi√≥n, un ¬ęsimple¬Ľ pensamiento, se convierte en compleja tarea en el momento en que se pretende detener los relojes, o quebrar el espacio/tiempo para realizar el ejercicio de prestidigitaci√≥n que significa aglutinar im√°genes en la mente del observador preocupado por encontrar un hilo o, al menos, el principio ordenador que debe regir el an√°lisis de un conjunto de piezas producido a ritmo casi fren√©tico.

Pero debo hacer una pausa y permitirme violar la pretendida neutralidad del autor, esquivo a la primera persona, para explicar cómo, sin saberlo, se había acumulado en mi subconsciente y en la fría combinación binaria de un pen drive, el patrimonio artístico almacenado en el inexistente taller de Katerine de la Paz Herrea, integrante de la Asociación Hermanos Saíz en Granma, que descubrí, sin visitarlo, gracias a su persistencia homérica. Confieso que no deja de sorprenderme y se agiganta en la medida en que intento racionalizar sus imágenes.

la tristeza sale a pasear vestida de rosa, obra de KatherineConozco gente trabajadora que cada d√≠a se enfrenta al lienzo o al papel, pero es inusual hallar a alguien en quien la creatividad tenga ra√≠z tan visceral. Casi sin descansar re√ļne un boceto tras otro, encuentra soportes nuevos o los recicla, devora libros y cat√°logos, interroga a la naturaleza y no s√© si en secreto a Dios tambi√©n. Todav√≠a encuentra el tiempo para escribir versos y contar historias que ilustra en sus agendas. No puedo menos que pensar en Goya: ‚Ķel sue√Īo de la imaginaci√≥n produce monstruos. La superficie en blanco los exorciza.

El aprendizaje del grabado en la desaparecida Academia Carlos Enr√≠quez marca una gran parte de su trabajo, que se desdobla en series y figuraciones diversas, en particular las Ilustraciones, construidas mediante la organizaci√≥n pl√°stica de las √°reas y el √©nfasis gr√°fico de la l√≠nea, derivados de la xilograf√≠a u otros procedimientos, que introduce a voluntad en la selecci√≥n y jerarqu√≠a de los planos, en la manera sint√©tica de representar los objetos y su galer√≠a de personajes ¬ęingenuos¬Ľ, animales en su mayor√≠a, que comportan arquetipos de actitudes y convenciones sociales.

Ahora, obra de KatherineEstos se relacionan con otros ejercicios, ya expuestos, de ¬ędibujo infantil¬Ľ hechos al pastel, portadores de ciertas dosis del surrealismo hist√≥rico en el empleo del absurdo, la exploraci√≥n del universo on√≠rico y con el gesto originario de la poes√≠a dad√° en sus primitivos collages. Humor y sarcasmo se advierten junto a su delicada sensibilidad, muestra de la rebeld√≠a contenida de la adolescencia atrapada por la adultez de sus conflictos y afanes.

La pintura, en cambio, supone un desv√≠o aparente de su trayecto acad√©mico inconcluso. Algunas b√ļsquedas de la geometr√≠a futurista en escasas armon√≠as fueron pronto abandonadas. La efervescente actividad de Katerine, la sed insaciable de la creaci√≥n que moviliza todo su ser hasta el paroxismo, se focaliza en variaciones abstractas y figurativas del paisaje o de la materia pict√≥rica, ora libre de referentes visuales expl√≠citos, ora auxiliada de sutiles evocaciones. Los sujetos desaparecen en una forma inconsciente de liberaci√≥n a trav√©s del acto de recrear una realidad propia que, parad√≥jicamente, contrasta con la ausencia de r√ļbrica, si bien esta responde a su gusto est√©tico, a su deseo de marginar la caligraf√≠a como elemento significante.

Esta tendencia de su obra me permite hacer una digresi√≥n literaria. En El ombligo de los limbos, Antonin Artaud expres√≥ su aspiraci√≥n de introducir a los lectores, al p√ļblico, a un mundo manipulado por √©l a trav√©s de un libro, as√≠ traduc√≠a no solo el ansia liberadora del creador ‚ÄĒ¬ęAll√≠ donde otros exponen su obra yo s√≥lo pretendo mostrar mi esp√≠ritu¬Ľ‚ÄĒ, sino un √≠ntimo anhelo de escapar a la dictadura de lo contingente y de lo preestablecido socialmente, un acto de insurrecci√≥n y de poder, emprendido por el ser sojuzgado que acaricia una meta y dirige a ella sus energ√≠as.¬†

Una coincidencia es admisible: la necesidad de expresarse por medio del arte. Los caminos y prop√≥sitos son diferentes. La ambici√≥n de Katerine no es llevar a nadie a sitio alguno. Es habitar ella en un lugar que construye a su medida, que inventa y pretende controlar a su antojo. Pero alcanzar ese dominio, en plenitud, es pura utop√≠a ante las fuerzas desatadas del subconsciente que movilizan su cuerpo. Aferrada a un arte √≠ntimo, porque nace del irreprensible numen po√©tico que desborda los l√≠mites del ser, utiliza sus propias manos como pinceles, cuando estos ¬ęhan huido¬Ľ o no sirven a sus prop√≥sitos para ba√Īar el lienzo con pigmentos.

El uso expresivo del color y las texturas muestra el fluir de sus impulsos emotivos, de sus apetencias; estados que se verifican, adem√°s, en la configuraci√≥n de los planos, yuxtapuestos con frecuencia, los vol√ļmenes y √°reas. El paisaje es mero pretexto para viajar a ex√≥ticas geograf√≠as, para entrever una aurora boreal en los baj√≠os y fiordos escandinavos, o las variables crom√°ticas del ca√Ī√≥n del Colorado, o los bosques umbrosos y milenarios de la vieja Europa; o eso cree el que se acerca a compartir un lugar posible. La imaginaci√≥n, dec√≠a Joubert, es el ojo del alma.

Por momentos, Edvard Munch y Fidelio Ponce de Le√≥n dejan su huella y la paleta se enriquece o se limita a dos o tres colores en alternancias de alto contraste y fuerza dram√°tica o de quieta resignaci√≥n. Puede creerse, al ver su factura, que cabalga entre las visiones del lago de Lucerna de Lovis Corinth, del Clyfford Still de las d√©cadas de los cincuenta y sesenta, o del dan√©s Per Kirkeby, hasta del Merrit Parkway de Willem de Kooning. Pero esa actitud de ex√©geta instruido es semejante a la del observador inocente que identifica una mancha, una figura, un fragmento aislado con una imagen de su propio acervo. Dos maneras de ¬ęmirar al paisaje sin ver los √°rboles¬Ľ y viceversa.

¬†Es cierto, como se√Īala Gadamer, que la obra ¬ędeja al que la recibe un espacio de juego que tiene que rellenar¬Ľ y Katerine lo provoca. No obstante, prefiere abstraerse de ¬ęinterpretaciones ajenas¬Ľ, quiere seguir contemplando aquello que ¬ęedific√≥¬Ľ y advierte a propios y extra√Īos pues ella misma se ha convertido en espectadora. Utiliza entonces una estratagema autoral como v√≠a de reafirmaci√≥n del ¬ęyo¬Ľ. Los t√≠tulos toman posesi√≥n del artefacto creado a fin de restablecer el equilibrio precario entre lo instintivo, la raz√≥n y el p√ļblico, en tanto objeto de disfrute l√ļdico.

Adem√°s, esos suplementos verbales forman parte del sistema estructurado de signos que componen un discurso complejo, nada pueril, que se permite ironizar sobre la naturaleza arbitraria de estos al alterar la relaci√≥n entre sus componentes visuales y fon√©ticos ‚ÄĒ¬Ņel olmo, el sauce, la secoya, las concentraciones p√ļblicas?… solo falta un abedul en medio del Caribe‚ÄĒ. Reafirma su postura subversiva ante las ataduras del entorno, de la historia del arte y los c√°nones de la pintura, al recrear en el lienzo t√©cnicas o etapas del proceso del grabado, con indicios intertextuales.

La historia personal, la formaci√≥n, el contexto, tienen mucho que decir en la obra singular o en el conjunto de la producci√≥n de un artista. Pero ello no basta para explicar sus met√°foras, sus premoniciones, la nueva realidad pict√≥rica, o de cualquier √≠ndole, que ha asaltado a clientes, mecenas, amigos y a espectadores contempor√°neos. Katerine me recuerda a la √Ďica que habr√≠a querido conocer, trabajadora que busca compa√Īeros de aventura, siempre que no invadan su espacio. Acercarse a sus piezas, escudri√Īarlas, es lanzarse a una traves√≠a casi m√≠stica, habitar al mismo tiempo dos universos paralelos.

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