La importancia de tener un premio

El 14 de marzo de 1892 se publicó el primer número del periódico Patria, dirigido por José Martí, un poeta pobrísimo que preparaba una revolución independentista en Cuba. Aquel hecho, y la vida y obra del joven comunista Rubén Martínez Villena (1899-1934) —poeta e intelectual también— son homenajeados por la Asociación Hermanos Saíz cuando todos los años convoca al Premio Nacional de Periodismo Cultural que lleva el nombre del autor de “Mensaje lírico civil”, “Canción del sainete póstumo” y “El gigante”. Este sábado en el Pabellón Cuba, sede nacional de la AHS, se entregarán los premios correspondientes al 2015.

Según la periodista Leslie Salgado, quien integrara el jurado del certamen en otras ediciones, «desde sus inicios el concurso ha defendido que el periodismo cultural trascienda lo anecdótico, lo factual, y vaya a lo reflexivo, lo valorativo, conciba a la cultura como un sistema que abarca a toda la sociedad».

En varias ocasiones José Luis Estrada Betancourt, periodista del diario Juventud Rebelde, presidió el tribunal encargado de seleccionar los mejores trabajos. Para él, este galardón resulta muy importante porque es «el único concurso nacional que centra su mirada específicamente en el periodismo cultural, una vertiente que precisa mucha especialización».

«El Premio estimula el ejercicio de la profesión por parte de las nuevas generaciones e invita a hacer un periodismo distinto, novedoso, y que al mismo tiempo continúe comunicándose con las personas», afirma.

Leslie Salgado está convencida de que el concurso Rubén Martínez Villena podría ayudar a que los profesionales que reportan sobre el ámbito artístico-literario ganen espacio en los medios tradicionales. Considera que a esta esfera se le subestima. «En los concursos generalistas de periodismo, el cultural no es privilegiado y es muy raro que se premie. Al promover desde la AHS este tipo de prácticas podemos mostrar a los editores de los medios de comunicación que el periodismo cultural puede generar debate».

Resulta loable la vocación de los organizadores en un contexto mediático donde se ha extendido una prensa que tiende a la superficialidad, fenómeno en el que inciden tanto la política informativa de las instituciones cubanas, como carencias profesionales en el gremio.

«Hay un problema en la formación de los nuevos periodistas —sostiene José Luis Estrada— denotan falta de preparación, superación, no explotan al máximo las potencialidades de este tipo de periodismo y eso sí es preocupante, porque sucede con muchos de los trabajos que llegan al concurso. ¿No se supone que envíes lo mejor que has hecho en el año? Si este es lo mejor, y no satisface las exigencias de lo que se necesita en estos tiempos ¿cómo serán los peores? Afortunadamente siempre hay una decena de trabajos que provocan una discusión tremenda a la hora de concederles el premio».

Para Leslie Salgado «el periodismo cultural tiene el glamour del espectáculo, y eso atrae a muchos jóvenes, pero hay que estudiar para alcanzar una vasta cultura. Hay que ejercerlo con temor a cómo lo va a recibir la gente, no confiarse, porque siempre alguien va a discutir y cuestionarte».

Dos incómodos

Yoel Suárez Fernández y Mayra García Cardentey están entre los que han obtenido el Premio de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena. Son de esos jóvenes profesionales que decidieron «tirarse a la piscina» de la opinión pública, y trascender la promoción de eventos, tan al uso de la mayoría de los medios de comunicación.

En 2013 Yoel lo recibió en la categoría de Prensa Escrita en formato digital por “Malas (y buenas) memorias”, entrevista que hizo al poeta César López, donde este habla, entre otros temas, sobre la censura y las contradicciones en el ámbito literario cubano.

«Fue un placer realizarla porque César es un conversador de los buenos y su memoria es enciclopédica y muy despierta. Entender cómo un sistema puede convertir a un ser humano en un verdadero personaje kafkiano, en una no-persona fue un privilegio que tuve. El premio fue un plus, pero el gustazo de escarbar en los recuerdos de un protagonista y el orgullo íntimo de saber que habló de muchas cosas por primera vez en tu entrevista es incomparable», asegura.

Un periodismo como el de “Malas (y buenas) memorias”, que él identifica como “real”, es el que le interesa hacer porque «repetir o callar sabiendo, viendo o sintiendo, no creo que sea periodismo en ningún ámbito: cultural, social o económico».

Obra de Arístides Hernárndez (Ares)
Obra de Arístides Hernárndez (Ares)

«Me gustaría revelar el pasado sin contar de mi país. De vez en vez es bueno reunir fantasmas, sencillamente porque no está bien imprimir una parte de la memoria en las imprentas y otra echarla a la basura», afirma Yoel Suárez.

Para la joven pinareña Mayra García Cardentey el periodismo cultural es un proceso comunicativo complejo, debido a que trata de abarcar un campo definitorio demasiado extenso y heterogéneo.

«Defiendo la idea de ver a la Cultura no solo como el arte sino relacionada al cultivo del espíritu; no solo como las señas identitarias e históricas de una sociedad y sus costumbres, sino como un proceso sociológico y sistémico», comenta quien recibiera el galardón de la categoría Prensa Escrita en dos ocasiones: en el 2013 por “Piratería y derecho de autor. ¿Quién tiene la razón?” (publicado en el semanario Guerrillero de Pinar del Río); y en el 2014 por “¿Cómo puede ser rentable la cultura?” (difundido en Juventud Rebelde).

Mayra García también aboga por trascender la mera promoción de actividades y manifestaciones. Defiende «la entrega comunicativa que exalte los mejores valores artísticos pero también cuestione la ausencia de estos; que ahonde en contextos, causas, consecuencias; que, desde la interpretación, permita al lector escudriñar los caminos de la cultura, de sus protagonistas, de sus audiencias, de los consumos…»

Cuentas pendientes

Todos los entrevistados coinciden en que el concurso necesita más visibilidad, y ofrecen ideas. Yoel Suárez, por ejemplo, considera útil que «una vez designados los trabajos ganadores se recopilen en un aparte de la web de la AHS o en otra página digital. La divulgación de los materiales por parte de la institución puede convertirse en una forma más de premiar a los jóvenes».

«Hay que hacer más extensiva la convocatoria —dice Mayra García Cardentey—, porque en ocasiones algunos periodistas interesados en participar no conocen a tiempo las bases. También sería interesante organizar, alrededor de la fecha de otorgamiento del premio, algunos paneles o conferencias que aborden el tema».

Leslie Salgado sugiere compilar trabajos de prensa escrita y audiovisuales premiados en el certamen que son valiosos y están dispersos en periódicos de provincia, emisoras municipales, o en alguna publicación de la editora Abril que tiene menos visibilidad. «Sería importante antologar a los ganadores y convertir eso en una práctica, sistematizarlo, para mostrar lo que estamos proponiendo».

El Concurso Nacional de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena ha de ser un espacio para discutir sobre las esencias del país, para promover prácticas profesionales que, como asevera José Luis Estrada Betancourt, «marchen a la altura del arte y la literatura que tiene este país».

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