¬ęLa escritura puede ser un largo viaje hacia la noche¬Ľ

Leonardo Estrada Vel√°zquez es un joven dramaturgo que persigue a la escritura en su largo viaje hacia la noche. Con motivo de la publicaci√≥n de su obra teatral Ludoteca, bajo el amparo del sello de Ediciones La Luz, me acerqu√© a √©l. En este di√°logo, muy semejante a otros que hemos tenido en la Asociaci√≥n Canaria de Cuba o en el Instituto Superior de Arte (ISA), Leonardo revela sus sue√Īos, sus influencias, sus obsesiones como escritor, la senda que lo conduce en busca de un nuevo texto y una historia por contar.

¬ŅSientes que al elegir la dramaturgia como tu campo de creaci√≥n fundamental sucedi√≥ un cambio en tu concepci√≥n po√©tica del mundo?¬†

S√≠. La dramaturgia es un concepto sem√°nticamente complejo y abarcador. Complejo porque hay muchas dicotom√≠as sobre qu√© significa la dramaturgia y cu√°l es su marco conceptual y formal. Muchas personas sit√ļan la dramaturgia en el mundo netamente de la escritura; sin embargo, ella nos ofrece un amplio abanico de posibilidades que se adentran en planetas visuales, sonoros, cinematogr√°ficos, danzarios‚Ķ como v√≠a l√°ctea de la creaci√≥n.¬†

El concepto de dramaturgia comienza a concebirse durante el Teatro de la Ilustración. Existe, entre los ilustrados, un investigador y crítico alemán llamado Gotthold Lessing quien, en su libro La Dramaturgia de Hamburgo, recopila una serie de ensayos en el cual analiza el teatro alemán de su época. Dentro de sus notas aparece el término dramaturgie, o sea, dramaturgia. Pero, obviamente, es una noción compleja pues ya en Grecia, Esquilo, Sófocles y Eurípides eran conocidos como poetas, y si hoy se les presentara quizás se haría utilizando el denominativo dramaturgo.

Asimismo, resulta abarcador porque la dramaturgia no solo nos ayuda a componer, estructurar, delinear las capas, niveles y categor√≠as de un texto escrito, sino tambi√©n act√ļa en los otros rubros que te mencionaba. Cada uno posee textualidad espec√≠fica y aut√≥noma, un lenguaje, signos que articulan su trazado. Hay much√≠sima dramaturgia en los gestos, movimientos y miradas de una persona, como mismo en la simetr√≠a, en el uso de la l√≠nea, el color o la luz concernientes a un cuadro; hay much√≠sima dramaturgia en la ag√≥gica, el ritmo, el comp√°s, la instrumentaci√≥n de una pieza musical; hay, por as√≠ decirlo, much√≠sima dramaturgia en la vida y sus situaciones.

Todo lo anterior representa mi noci√≥n del mundo. Admitir ese mundo sin procesos dramat√ļrgicos equivaldr√≠a a la inexistencia de mi yo. Quiz√°s te puedo decir que antes de conocer la dramaturgia, mi cosmos intelectual se notaba difuso. Solo al conocer la dramaturgia cobr√≥ personalidad, forma y sentido.

¬ŅC√≥mo se transmuta la poes√≠a en dramaturgia, y viceversa?

Es un proceso org√°nico y fluido, pero tambi√©n de convivio, es dial√©ctico, ef√≠mero, denso y contradictorio. Desde hace much√≠simos siglos atr√°s la poes√≠a y la dramaturgia eran asumidas como ese acto creativo, imitativo y comunicativo de una persona que conten√≠a una determinada sensibilidad gracias a ser pose√≠do por alguna deidad o fuente c√≥smica. Los poetas o dramaturgos (si se quiere) eran sencillamente creadores, y no exist√≠a esa diferenciaci√≥n de oficios o t√©rminos. Los m√ļsicos (coreutas) que cantaban ditirambos en honor a Dionisos fueron nombrados poetas (los textos de Plat√≥n y Arist√≥teles as√≠ lo constatan), incluso eran poetas los aedos y rapsodas que iban de pueblo en pueblo tocando la lira o aquellos que escrib√≠an para las procesiones en la H√©lade.

Hab√≠a tanta poes√≠a y dramaturgia en los poemas er√≥ticos de Safo a Lesbia, en La Epopeya de Gilgamesh o la Il√≠ada, de Homero como en Las Bacantes, de Eur√≠pides, en la construcci√≥n del Or√°culo de Delfos o el ag√≥n entre el coro y el corifeo ‚ÄĒseguido del hypokrit√©s‚ÄĒ, que marc√≥ un salto cualitativo en el origen del teatro. Todo este primer panorama es crucial para entender c√≥mo puede transmutarse la poes√≠a en dramaturgia y viceversa.¬†¬†

En mi caso, como escritor, puedo aseverar que el poeta no solo escribe desde esa condición espiritual de interpretar la vida misma y sus interioridades (mucho menos hoy, en donde el mercado juega un rol fundamental). El poeta, como el dramaturgo, requiere de una especialización, un oficio; luego, la maestría o dominio del saber hacer nos habla de la técnica. Es esa técnica la que facilita nuestro alumbramiento sobre las leyes de cualquier universo poético o dramático, y que nos induce a crear con un sentido pragmático, empleando formulas casi matemáticas una y otra vez. Significa una trasmutación de corte más científico, en la cual la poesía deviene signo y la dramaturgia resulta la poetización de ese signo.

El problema se agudiza cuando llegamos al espectador: cómo se trasmuta la poesía en dramaturgia y viceversa. Por situar dos tipos de receptores, está el consciente (como yo le digo) que tiene todo el feedback para decodificar ese lenguaje y experimentarlo, pero habrá quien no tenga toda esa consciencia y de todas maneras sienta, llegue a una realidad, su realidad, mediante ese acto comunicativo.

En resumen, poesía y dramaturgia se contienen, necesitan, desean y, por ende, trasmutan. La poesía y la dramaturgia como concepciones modernas quedan reducidas al género literario y escritural;  sin embargo, pueden estar en todo, solo hay que aprender a observarlas, interpretarlas y sentirlas con la técnica y el corazón.

¬ŅCu√°les son las diferencias esenciales entre Leonardo poeta y Leonardo dramaturgo?

El Leonardo poeta saca a la luz mi yo espiritual, ese que me remonta a mis or√≠genes como escritor en la Asociaci√≥n Canaria de Cuba, de la mano de mi otrora profesor y padre de la escritura, Rafael Orta Amaro. En aquella centuria, escrib√≠a m√°s bien con el af√°n de expresar algo, sin reparar en p√ļblicos y publicaciones o la definici√≥n de qu√© era aquello que hab√≠a plasmado en una hoja de papel. ¬°Eran tiempos v√≠rgenes y hermosos!, como un ni√Īo que da sus primeras pisadas y mira con asombro todo a su alrededor.

Mi parte dramat√ļrgica caracteriza otra etapa de mi vida que tiene que ver mucho m√°s con el despertar de una madurez como escritor (cuando digo escritor no me refiero a mi escritura netamente teatral, sino a cualquier tipo de texto que he redactado). Estudi√© Dramaturgia casi de casualidad (porque me comentaste con pasi√≥n la similitud de tales aprendizajes con el perfil del escritor) en la Universidad de las Artes (ISA): son teor√≠as y t√©cnicas que he ido puliendo a merced de trabajos concretos y que van en continuo aprendizaje.

Tras horas y horas de desvelo, desgaste, asperezas e incomprenciones debido a quienes no entienden o valoran tu trabajo, el Leonardo dramaturgo ya no solo escribe por amor o espiritualidad, sino pensando en hacer visible y también en comercializar la obra mediante un libro, una publicación digital o física, o a través conferencias, charlas, clases, talleres… Hay técnica y oficio en esta etapa, manipulas mucho más las palabras, las frases, los sonidos, los silencios y las acciones.

¬ŅAl estudiar Dramaturgia, tu oficio de poeta qued√≥ relegado a un segundo orden de importancia?

Quisiera pensar que no. Para m√≠ la poes√≠a representa ese aleph borgiano que nunca te abandona, espaciotemporalidad infinita donde todo confluye y que te transporta a lo m√°s rec√≥ndito del universo. La poes√≠a es luz, alma y vida, expresi√≥n c√≥smica y tangible del ser y el estar; aunque realmente ha pasado un torre√≥n de a√Īos desde la √ļltima vez que escrib√≠ un texto po√©tico puro.

Yo empec√© muy enamorado de la poes√≠a: redactaba sonetos, d√©cimas, cuartetas, tambi√©n verso libre. Gracias a la poes√≠a gan√© mis primeros premios (como el √Āngel Ganivet Internacional o los nacionales Ala D√©cima, Farraluque y Oscar Hurtado) y me insert√© en un mundo intelectual donde hab√≠a mucho de romanticismo tras cada palabra, lectura o tertulia.

Luego, una vez en el ISA, mis tiempos se redujeron y con ellos mis encuentros furibundos con la se√Īorita poes√≠a. Recuerdo que me seleccionaron para pasar el curso de la Escuela de Formaci√≥n Literaria Onelio Jorge Cardoso. Vinieron a√Īos en que practiqu√© como narrador, m√°s tarde la escritura teatral y, paralelamente, el ensayo. En realidad, para graduarme como dramaturgo deb√≠a escribir teatro y, para vencer asignaturas te√≥ricas, deb√≠a redactar ensayos, investigar. As√≠, una vez concluida la universidad, qued√≥ esa savia en mis venas y la canalic√© en los trabajos realizados como ensayista, periodista y cr√≠tico, hasta que se envaneci√≥ mi parte poeta, y la poes√≠a y yo quedamos aislados, en galaxias dispares.¬†¬†

No obstante, quisiera creer que cuando nuestras supernovas se alineen, nos reencontraremos. Es imposible no amar a la poes√≠a. Es imposible no desearla. Es imposible no volver a ella. La poes√≠a se expresa en todo mi ser: cada parte de lo que pienso, siento, escribo o analizo. Mis ilusiones, enigmas, transiciones y necesidades corresponden irremediablemente a ella. La poes√≠a vive en m√≠: me gui√Īa un ojo, coqueta y desenfadada, record√°ndome que me pertenece y yo le pertenezco, como en una relaci√≥n matrimonial.

¬ŅQu√© temas te interesa abordar en un campo y otro de la producci√≥n est√©tica?

De manera global, me interesa todo tema que eval√ļe el ser desde lo social y lo existencial. Intento tomarle el pulso a los conflictos entre un individuo o un grupo de individuos con su contexto, a partir de sus intereses, objetivos, motivaciones, necesidades y urgencias.

Me apasionan temas en donde haya una suerte de destino prefijo que ahoga a los personajes y que ellos tratan de cambiar a toda costa; claro, muchas veces este destino los supera. Pacto con la violencia y el erotismo, también con la religión y la filosofía, en un corpus dramático que fusiona todo y se expresa desde una misma voz.

Por cierto, nunca faltan en mis textos seres con problemas patológicos: los psicóticos, psicópatas, delirantes, ladrones, asesinos… Me fascinan todos los matices que los componen. Incluso tiendo a colocar adolescentes en mis obras, y a sus reacciones dentro de toda esa gama de engendros.

¬ŅC√≥mo transcurre tu proceso creativo?¬†¬†

Hay cuestiones gen√©ricas que delinean todos mis procesos creativos: una metodolog√≠a seg√ļn el tipo de texto que voy a redactar, su g√©nero y para qu√© espacio o p√ļblico lo estoy concibiendo. Mucha pasi√≥n: si no me interesa el tema que estoy abordando no lo termino ni aunque me ofrezcan la Piedra Filosofal. Investigaci√≥n: para poder crear cualquier obra debo tener referentes, y no solo me refiero a los intelectuales, sino tambi√©n a la investigaci√≥n del tema mediante el viaje de la vida y, por √ļltimo, espiritualidad, que para m√≠ no es otra cosa que inyectar mis ideas m√°s humanas al discurso de mi obra de arte, y que estas ideas puedan generar cambios ‚ÄĒcon el favor de Dios‚ÄĒ en nuestra especie.

De modo espec√≠fico, te puedo comentar sobre dos textos teatrales. Utop√≠a es una obra teatral (en proceso, aunque ya pas√≥ la primera etapa) que trata sobre una adolescente quien, tras un intento de violaci√≥n y el asesinato de sus padres frente a ella, queda inerme a un proceso de coma. La termin√© en 24 horas. Toda una noche, ma√Īana y tarde del d√≠a siguiente sin dormir absolutamente nada. Escrib√≠ y escrib√≠ y escrib√≠ como si me estuvieran dictando la obra o, m√°s bien, como si la estuviera mirando dentro de mi cabeza.

A decir verdad, Utop√≠a le debe la vida a otro texto que trataba sobre una ni√Īa que llevaban a un santuario de reclutamiento y all√≠ la entrenaban para ser una asesina. Me di a la tarea de intervenir y contextualizar ese texto. Para ello potenci√© una idea dram√°tica (A es violada por B. Llegan C y D y B los asesina. A cae en coma.), cuyo n√ļcleo le diera ox√≠geno al nuevo manuscrito.

Luego aparecieron los tiempos y espacios de la acción. Yo quería contar todo lo que podía padecer esa muchacha mediante un lenguaje simbólico, poético, onírico e introspectivo, y el medio para hacerlo era su psiquis. Utilicé su psiquis para recrear toda una gama de personajes imaginarios que prueban, fragmentan, hieren su inconsciente en pos de que tome una decisión final: salir o no salir del coma.

A m√≠ me interesaba c√≥mo evolucionaba ese personaje a partir de un proceso complejo y desgarrador, qu√© tipo de personalidad adoptar√≠a, su visi√≥n del mundo tras esa tragedia… y expresar todo eso mediante im√°genes.

Fueron mis 24 horas más duras como creador. Me apegué muchísimo al personaje protagónico y sentí miedo, dolor, alegría, angustia, tristeza… Fue terrible aquello, pero al mismo tiempo hermoso por la obra que quedó. Y te confieso, no sentí abrupto el proceso creativo gracias a tenerlo claro en mi cabeza (también ya había investigado anteriormente), y gracias también a una estructura flexible y un texto base dispuesto a mi carnicería literaria.

13 d√≠as es una pieza que se inici√≥ tras los talleres del Royal Court de Inglaterra, de la mano de la coordinadora Elyse Dogson. Versa sobre un veterano de la guerra de Angola que vive en un contenedor con su hija de doce a√Īos y que, cuando recibe la noticia de que van a construir una cadena hotelera all√≠, busca un nuevo hogar.

El proceso creativo est√° conectado a dos a√Īos en los que tom√© las clases de los profesores ingleses y sus notas. En cada sesi√≥n surgieron pautas, preguntas, creamos ideas dram√°ticas, espacios y tiempos imaginarios, posibles historias y sucesos‚Ķ Tambi√©n, desde un punto de vista personal, me ayudaron los libros y documentos consultados, las entrevistas y testimonios recibidos, incluso el derrumbe de una casa del vecindario que presenci√© como en una suerte de efecto de realidad.

Con 13 d√≠as experiment√© toda la desesperaci√≥n que padece un hombre cuando ve c√≥mo su ideal se demuele sin respuesta. Lo m√°s duro para m√≠ fue traducir todo ese quebranto en la relaci√≥n del veterano de guerra y su hija. Para √©l, ella es su √ļnica raz√≥n de existencia y, cuando la muchacha le pierde la fe debido a su incapacidad para darle un hogar, sencillamente su mundo colapsa, deja de existir.

¬ŅDe qu√© manera el conocimiento del ajedrez como juego ciencia influy√≥ en tu concepci√≥n art√≠stica del mundo?

Para m√≠, el ajedrez es teatral y espectacular, es una puesta en escena donde convergen personajes en contradicci√≥n representados por piezas. Cada partida vislumbra un planeta lleno de arte, poes√≠a y vida. El ajedrez me recuerda al Principito y los planetas que descubre poco a poco. Tambi√©n me recuerda a Horacio, el protagonista de Rayuela, cuando le explica la causalidad de las cosas a un Roland que no ve m√°s all√° de lo tangible. O a Cien A√Īos de Soledad y todo ese universo m√°gico que se construye desde los sucesos m√°s cotidianos.

Yo fui primero jugador (aficionado) de ajedrez antes de estudiar literatura. Aprend√≠ primero todo el mundo art√≠stico que existe en las combinaciones, sacrificios y ataques que se gestan para capturar una pieza o decirle euf√≥rico a un rival: ‚Äú¬°jaque mate!‚ÄĚ. Lo aprend√≠ incluso antes que conocer la caja china, el dato escondido, o qu√© cosa es un narrador omnisciente. El ajedrez fue ese primer espacio m√°gico que me acogi√≥ sin discriminaci√≥n y me dot√≥ de una sensibilidad otra que luego verter√≠a en mis escritos.

Al juego ciencia le debo debo además la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico y analítico, la posibilidad de mejorar la concentración, ser alguien mucho más serio en situaciones que lo ameritan. Cada posición en el tablero te obliga forzosamente a formularte hipótesis y estudiarlas y analizarlas en la mente antes de efectuar una jugada.

Todo ello me ayudó muchísimo a darle una dimensión de arte y profundidad a cada cosa que realizo y funge como parte intrínseca de mi mundo. El ajedrez, más que un tablero y unas piezas cualquieras, es un mundo.

Ediciones La Luz lanzará, en fechas próximas, tu obra teatral Ludoteca…

Ludoteca fue la obra que escrib√≠ para graduarme del ISA, as√≠ que imag√≠nate la carga espiritual, existencial, emocional, sem√°ntica y de todo tipo que contiene. Es un texto sobre la fatalidad y el valor, asumido a trav√©s de un muchacho de 12 a√Īos que quiere devenir ajedrecista profesional, aunque su sino cambia tras jugar una partida por dinero para salvar a su profesor de una deuda que arrastra de su pasado penitenciario.

Me interes√≥ toda la violencia o peripecias negativas que pueden acontecer ante un acto noble. La vida es un gran tablero de ajedrez y nuestros actos van acompa√Īados de procesos complejos y no siempre felices. A veces la infelicidad es provocada por fuerzas mortales, seres humanos que nos enredan porque esas acciones parecen contrapuestas a ellos; a veces, es provocada por fuerzas trascendentes, esp√≠ritus, energ√≠as, presencias que tejen el equilibrio del mundo y cuando actuamos con demasiada autonom√≠a nos recuerdan que no tenemos todo el control, como si fu√©ramos piezas de ajedrez que mueven a su antojo.¬†¬†

Ludoteca fue un proceso de m√ļltiples versiones y sensaciones. Escrib√≠ mucho, much√≠simo. Primero naci√≥ como un texto sobre espionaje trabajado una y otra vez porque no se armaba bien su desarrollo argumental, luego fue mutando hasta que dej√≥ de tratar ese tema. As√≠ arrib√© a la sinopsis que te comentaba anteriormente.

Con Ludoteca, el proceso fue bastante metodol√≥gico, necesario y guiado por mi tutor, el dramaturgo Yerandy Fleites. Se gestaron ideas a partir de sucesos concretos, se conform√≥ una f√°bula, seleccionamos un cronotopo espec√≠fico y lo que me interesaba decir a m√≠ como dramaturgo de la Cuba de ese momento. Fleites gui√≥ ese proceso en torno a sus charlas, notas y pautas espec√≠ficas de trabajo. Me ense√Ī√≥ a urdir en mi biograf√≠a como ajedrecista mis inquietudes y relaciones con el juego para darle una dimensi√≥n humana a la historia.

¬ŅTe preocupan la perfecci√≥n y la maduraci√≥n de las obras? ¬ŅQu√© ventajas te confiere el hecho de regresar a textos ya culminados y mirarlos con nuevos ojos? ¬ŅNo temes acaso viciar o comprometer tu mirada como dramaturgo?

Opino que resulta ventajoso examinar algo a trav√©s de los ojos de la experiencia, y un dramaturgo sin experiencia de todo tipo dista de entender la magnitud de su trabajo. El proceso en Ludoteca fue condicionado por el acto formal que representaba, es decir, mi graduaci√≥n. Adem√°s, el tiempo que ten√≠amos para acabarla marcaba una suerte de tensi√≥n. Pasaron los a√Īos y sent√≠ la necesidad de retomarla porque ese texto, desde su calvario, me segu√≠a susurrando nuevas ideas en t√©rminos de estructura, lenguaje, niveles de teatralidad‚Ķ Entonces respond√≠ a sus llamados para ver si sacaba una versi√≥n distinta.

Los riesgos son muchos, tambi√©n los vicios: zonas err√°ticas, repeticiones, lugares comunes que te ciegan de tanto verlos; pero es el mismo riesgo que uno corre cuando escribe un libro cualquiera y le pasa por arriba una y otra vez. En tal sentido, muchas veces no se termina. La escritura puede ser un largo viaje hacia la noche. Publicas el trabajo y le encuentras elementos que pueden seguir mejorando. Con el teatro sucede peor porque, cuando lo ves en escena, te ruborizas de todo lo que podr√≠a mutar si lo reescribes. La suerte con Ludoteca es que la dej√© reposar bastante sobre las arenas del tiempo: transcurrieron a√Īos sin volver a dialogar con¬† ella y ese estado de reposo, de incomunicaci√≥n, me ayud√≥.¬†¬†¬†

Tu cercan√≠a, tanto temporal como f√≠sica, con otros dramaturgos de tu misma generaci√≥n, ¬Ņte ha influido, te ha marcado? ¬ŅC√≥mo intentar ser aut√©ntico cuando otras tantas voces tienen b√ļsquedas est√©ticas semejantes a las tuyas?

No me preocupa mucho la autenticidad en los t√©rminos de si mis creaciones son semejantes a otras, o al comparar estilo, tem√°tica, lenguaje, ficci√≥n‚Ķ Me interesa lo que tengo qu√© decir y c√≥mo lo voy a decir. Mis b√ļsquedas, mis giros, mis soluciones… Obviamente, s√≠ entiendo todo lo contaminado que estoy por signos, s√≠mbolos, referentes, estrategias y discursos ecos de mi generaci√≥n. Entiendo, inclusive, todo lo contaminado que resulto ante una posmodernidad trasdisciplinaria, pastiche, collage y sus vol√ļmenes grandilocuentes de informaci√≥n.

De todas maneras, deseo filtrar mis ideas en consonancia con una realidad determinada, lo que yo pienso de tal tema, y canalizarlo en una praxis creativa concreta. Busco la autenticidad a partir de la sinceridad conmigo mismo y el worldbuilding que dise√Īe. Ans√≠o transitar ‚ÄĒsin mirar atr√°s como Orfeo‚ÄĒ esa coordenada luminosa que me saqu√© del Inframundo del miedo al plagio. Persigo mis espasmos m√°s fieles y los traduzco en im√°genes, palabras y arte.

¬ŅCon cu√°les po√©ticas esc√©nicas, o nombres puntuales del mundo teatral cubano, te interesar√≠a dialogar desde la dramaturgia? ¬ŅHas pensado acaso en la direcci√≥n teatral como un posible camino para ti o prefieres concentrarte solo en b√ļsquedas espec√≠ficas desde el mundo de lo textual?

Una vez pens√©, frente al espejo de mi alma, en la direcci√≥n teatral y me deslumbr√©. Eso fue hace a√Īos, cuando a√ļn era estudiante y con todo un banco de enigmas sobre mi verdadera vocaci√≥n. Me inquietaba tambi√©n la idea de que mis obras de teatro fueran devoradas por el tiempo y su boca milenaria debido a no hacerse cuerpo y vida en escena. Luego desestim√© esa opci√≥n porque la existencia misma me arrastr√≥ hacia otros rumbos.

Sobre los nombres puntuales que debo agradecer se encuentra Abel González Melo, quien fungió como uno de los primeros dramaturgos que leí. Me acerqué a Chamaco, verbigracia, y me cautivó su estructura, la poetización de sus didascalias, la verdad tan grande y profunda de sus personajes. También hojeé a Yerandy Fleites y de él aprendí que se podía crear un teatro que hablara de nuestra realidad tomando como eje otra realidad contenida en tiempos mitológicos.

Luego pact√© con la generaci√≥n teatral llamada «los nov√≠simos»: descubr√≠ en ellos una pr√°ctica escritural que dialogaba con una letra performativa, risom√°tica, que resonaba en m√≠ mediante met√°foras, s√≠mbolos, acciones cuyo epicentro difuminaba mi noci√≥n de lo real‚Ķ Esa dramaturgia me ayud√≥ a entender los personajes como personas, las acciones como actos y, m√°s que representar una ficci√≥n, supe que pod√≠a crear un teatro que se presentara al espectador sin m√°scaras, como un pacto l√ļdico.

A decir verdad, no puedo asegurarte con exactitud que sigo un modelo específico, que esos dramaturgos me impulsaron a crear una obra puramente realista o performática. Mi dramaturgia navega sobre uno y otro mar. Bebí de ellos porque son los dramaturgos cubanos cercanos a mi generación. También bebí de otros textos que me encantaron, como La noche de los asesinos, Electra Garrigó, Réquiem por Yarini o La casa vieja.

Respecto a las puestas en escenas, te puedo decir que he hecho de igual forma. Beber y beber y beber aunque me atragante. Siempre hay catas m√°s deseadas que otras, claro. Recuerdo con benepl√°cito Jerry viene del zoo, de la tropa de Antonia Fern√°ndez, Vida y obra de Pier Paolo Passolini, de Carlos Celdr√°n, Cal√≠gula, de Carlos D√≠az, Delirio Habanero, de Ra√ļl Mart√≠n‚Ķ las cuales han marcado mi personalidad art√≠stica y, por ende, mi escritura.

¬ŅQui√©n es, m√°s all√° de la p√°gina en blanco, Leonardo Estrada?

Alguien a quien le fascina el conocimiento. Me encanta encontrar/experimentar nuevos universos y las musas arcanas que all√≠ habitan, solo para hacernos creer que a√ļn existen los efectos po√©ticos de la vida.¬† Ahora mismo encontr√© una. Me hallo avocado a un proceso de estudio de todo lo que tiene que ver con el Marketing Digital. El Marketing tiene mucho de arte, poes√≠a y dramaturgia, por eso me llena de afanes y sue√Īos. Adem√°s he aprendido que para nosotros, los escritores, existe un l√ļcido camino de trabajo dentro de esta ciencia que se llama copywriting y que es una suerte de escritura persuasiva o publicitaria.

Soy alguien que adora el ajedrez, aunque no sea jugador profesional. Durante la cuarentena llegué de casualidad al mundo del ajedrez online. Trabajé para una revista de ajedrez como editor y traductor de francés durante un tiempo. Asimismo, lideré un equipo con 50 ajedrecistas y, a base de corazón y triunfos en competencias internacionales, he logrado que contemos hoy con más de 800 miembros.

Soy adem√°s un rom√°ntico y humanista en tiempos demasiado r√°pidos. Ese que sigue con las cuerdas de su coraz√≥n los paradigmas de V√≠ctor Hugo y Jos√© Mart√≠, ese que vislumbra una met√°fora herida y a√ļn as√≠ se aferra a cuidarla, ese que cree de s√ļbito en las vidas pasadas y futuras porque a veces se aburre de su presente pero, sobre todo, ese que sabe que el Universo tatu√≥ en las estrellas una misi√≥n para √©l: escribir, escribir y escribir.

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