Korimakao: Un cuarto de siglo de arte comunitario

Yander Roche Miralles habla con pasión, pero con placentera calma, como si supiera de memoria cada palabra, cada oración. No hay titubeos ante cualquier pregunta, siempre sabe qué decir. No cierra los ojos, no engloba la voz para emitir una frase, todo resulta ameno en una conversación con el director artístico general del Korimakao. Dura misión si tomamos en cuenta que se trata del heredero, por decirlo de alguna forma, del actor y formador Manuel Porto.

Sobre el presente y futuro del conjunto giró la entrevista. El próximo 13 de agosto Korimakao arribará a los 25 años de creado, bajo el influjo de tres grandes hombres, por demás grandes soñadores: Fidel Castro, Faustino Pérez y Manuel Porto.

Foto: Arnaldo Mirabal Hernández

Para nadie es un secreto que los últimos años se ha dinamizado la política económica del país, con la puesta en vigor de nuevas medidas que buscan enrumbar una economía dañada por innumerables factores externos e internos. ¿Cuál será el destino de un proyecto ambicioso y necesario como Korimakao?

«Desde hace cinco años venimos trabajando para convertir a Korimakao en una Iniciativa de Desarrollo Local Municipal (IDLM), fue el camino que encontramos para canalizar el futuro de la institución. Korimakao: una comunidad en el arte, sería el nombre del proyecto.»

Foto: Arnaldo Mirabal Hernández

«Como bien se sabe en los últimos años el país ha sufrido transformaciones, y la cultura no ha estado exenta de estos cambios. De ahí la necesidad de que una institución presupuestada como esta estudie otras vías que le brinden un respiro económico.»

«Siempre partimos de la idea de Fidel y Porto de crear un centro internacional de arte comunitario. En el 2013 presentaron el proyecto a varias autoridades gubernamentales y de la cultura, convirtiéndose así en el primer proyecto de desarrollo local que se aprueba en el municipio Ciénaga de Zapata. Ahora esperan que el banco ratifique el crédito, para luego presentarlo al Consejo de la Administración Provincial. En caso de que se acepte, comenzaría un proceso tan complejo como el anterior: su implementación.»

Foto:Arnaldo Mirabal Hernández

«La idea de convertir a la institución en una IDL surgió hace un lustro ante el creciente arribo de visitantes de una decena de países. Llegan deseosos de intercambiar con los artistas, y creímos que sería una vía que puede aportar al presupuesto, mejorar y fortalecer la gestión comunitaria.»

La proyección internacional aumentó en los últimos años con el estrecho vínculo con universidades extranjeras y  grupos artísticos foráneos. ¿No afectaría los objetivos de Korimakao?

«No, todo lo contrario, es el complemento para que esos objetivos se redimensionen y se fortalezcan. Nosotros sufrimos, como es natural, un grupo de recortes presupuestarios, de indicadores energéticos, que nos han hecho modificar hasta las giras por el interior de Zapata.»

«Durante 20 años y de manera ininterrumpida realizamos giras por todos los asentamientos, nos vimos obligados a recortarlas a la mitad por problemas de combustible, por solo poner un ejemplo. No buscamos ser autofinanciados, pero sí ingresar algo con nuestra gestión para ampliar y defender nuestra labor comunitaria y social. Sería una acción adicional que persigue salvar nuestra razón de ser, que de alguna manera se ve afectada por problemas económicos.»

Sostenibilidad económica… ¿de los principales retos de la institución?

«Perseguimos la sostenibilidad desde el punto de vista económico. Ese es uno de nuestros mayores retos, algo complejo si partimos de que existen en el centro más de 140 albergados de todo el país. Por eso creemos que mucho dependerá de nuestra capacidad para tratar de financiarnos parcialmente.»

«Otro desafío consiste en conservar y aumentar el número de jóvenes. Antes teníamos más facilidad para atraerlos. Ahora la actividad cuentapropista, donde el salario es mucho más atractivo, compite con nosotros. La vida a veces oprime las ganas de soñar.»

«Debemos diversificar nuestra manera de gestión para que ellos vengan a entregar su energía, su talento, en pos de un trabajo que no tiene todo el reconocimiento social, ya que no somos celebridades. Nuestra labor a veces es anónima; no ganamos grandes sumas, todo lo contrario. Solo contamos con la convicción de servir, se trata de una obra altruista y de sacrificio.»

«El mantener e incrementar la cantera de artistas aficionados es nuestra batalla diaria, y el cómo diversificarnos desde el punto de vista financiero y material, sin perder la esencia de este lugar que trabaja con las comunidades, las personas y los espacios geográficos en desventaja. Hemos estado en las áreas afectadas por los ciclones en Pinar del Río, en el Escambray, vivimos y comimos con la gente, recorremos todos los asentamientos de la Ciénaga, donde hay mosquitos, lluvia, donde te enfermas. Nuestra decisión es darles acceso al arte a personas desfavorecidas por la distancia donde viven. Pero resulta muy complejo en la coyuntura actual del país.»

¿Cómo logran atraer y retener a los jóvenes?

«Es difícil. La decisión de irse de su casa, albergarse, dejar las comodidades, alejarse de la familia, trabajar 12 horas todos los días, no es algo que se toma a la ligera.»

«Nuestra reserva consiste en que aquí ellos crecen como artistas, aprenden y comparten lo aprendido. El Korimakao constituye un centro formador. Hay una Facultad. Existen decenas de jóvenes que han culminado su 12 grado en este lugar, y aunque no tengan dicho nivel pueden ser admitidos. Decenas de ellos han cursado estudios universitarios en el centro.»

«Muchos han dejado de pensar en la prostitución, en la delincuencia, han encontrado un camino, una manera de pensar y una posición ante la vida. Nuestra premisa es formar valores a través del arte.»

«No solo enseñamos cómo bailar o actuar, también inculcamos una conducta, una disciplina profesional, porque todos son tratados sobre la base de lo que sean capaces de hacer. Tampoco se diferencia al graduado de algún nivel artístico con el de la calle. Todo depende de lo que sean capaces de hacer en el centro.»

«En estos 25 años han pasado más de 2 500 jóvenes por la institución, lo cual no asusta, todo lo contrario, multiplica la obra. Dondequiera que estén reconocerán que  Korimakao incidió en sus vidas.»

«Además, no estamos diseñados para que los integrantes del Conjunto perduren dos décadas. Aunque no hay límite de edad, la mayoría que decide entrar posee una edad que oscila entre los 17 y 23 años. Cuando se tiene esa edad vas abierto a la aventura, pero al llegar a los 30 se quiere formar una familia, tener un hijo, y aquí se le dificulta.»

«Todas las personas llegan a un momento de sus vidas que cambian las perspectivas, y en este sitio no están creadas las condiciones. Además, no son fáciles: se trata de la Ciénaga de Zapata.  Un trabajo casi anónimo, se pernocta en un albergue, el comedor es público. A ello súmele las aspiraciones profesionales.»

«Aunque sí queremos que las personas permanezcan más, y trabajamos en función de eso. Le estamos garantizando mejores condiciones de vida, mayores perspectivas profesionales, mejor remuneración económica. Ahí juega un papel importante el proyecto de desarrollo local, pero la partida de jóvenes es algo que sucede en todas las compañías.»

¿Resulta difícil trabajar con artistas aficionados?

«La mayoría de nuestros artistas son aficionados, yo prefiero llamarles talento de la calle. Tienen un talento que no han pulido, ni han recibido enseñanza artística. Otros sí han estudiado en alguna escuela de arte, y se han graduado de instructores.»

¿Uno de los reclamos que siempre se le hace a Korimakao es la no inclusión de cenagueros en el proyecto? ¿Lo ves así?

«En su fundación, comenzó con personas de la Ciénaga de Zapata e instructores de Jagüey Grande, pero este territorio es el municipio más grande de Cuba y el menos poblado. Hablamos de un municipio con mayor extensión que la capital cubana, pero con apenas diez mil habitantes. Por ese motivo, nos vimos en la obligación de buscar talento en todo el país. El Korimakao  ha crecido. Sin embargo, todo el personal de administración, cocina, recursos humanos, son de aquí de la Ciénaga. Los niños que participan en nuestras puestas en escena también.»

«A quienes nos visitan por primera vez siempre les decimos que esta agrupación es una síntesis de Cuba, en muchos sentidos. Llegan jóvenes de todo el país con sus modismos lingüísticos, las costumbres culturales de cada región, lo cual, definitivamente, brinda una visión plural de lo que es nuestra cultura.»

«Debemos aclarar que incorporar artistas de toda Cuba partió de una necesidad. Pero esa idea la vislumbró Fidel en el 2001, cuando nos visitó. Habló de crear un centro internacional para el arte comunitario. Por eso pensamos que en estos 25 años, el Conjunto ha trascendido las fronteras de la Ciénaga y de Cuba. Durante 13 años hemos viajado de manera ininterrumpida a países como Francia, Venezuela, México, entre otros.»

¿Cómo es la convivencia hacia el interior del Conjunto Artístico?

«Siempre decimos que somos una comunidad dentro de la comunidad. Korimakao es una comunidad artística, donde el arte atraviesa todas las dinámicas de la vida cotidiana. Nuestros muchachos se pasan once meses lejos de su casa, así que tratamos de hacerles la vida lo más llevadera posible en la institución.»

25 años no se cumplen todos los días, ¿preparan algo especial?

«En los meses de julio y agosto realizaremos nuestra gira habitual por los diferentes asentamientos. Ya preparamos además la tercera edición del Taller Nacional para la Creación, donde hacemos una convocatoria a todos los jóvenes con inquietudes artísticas, para que vengan a pasar una experiencia pedagógica de 10 días en el centro. Las clases las imparten profesores prestigiosos de la Isla, y las materias versan sobre danza, teatro y cine. Muchos de estos profesores vienen con sus propias compañías. También organizaremos un evento de trova, y como colofón estará el espectáculo que presentaremos en París, en el mes de noviembre.»

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