Jorge Amado: cavilar la composición

Un joven comprometido con su tiempo, su generación y su obra. Que entrega en cada nota de su música lo que su alma le indica. El violín y la composición son sus pasiones y su nombre es Jorge Enrique Amado Molina, estudiante de la Universidad de las Artes, que ha merecido múltiples galardones entre ellos recientemente el Premio Conmutaciones de la Asociación Hermanos Saíz. Más allá de sus méritos profesionales, conocer su arte y su historia ha sido un regalo en esta conversación, esencialmente porque sus palabras y gestos transpiran la humildad de un joven que desde siempre ama a la música.

––¿Cómo crees que combinas en tu carrera profesional el violín y la composición?

Es una relación que siempre ha estado desde mi punto de vista como intérprete y compositor. Creo que es inevitable porque a la hora de componer me enfoco mucho como violinista. Que me ayuda a conceptualizar lo que quiero expresar no solo desde la partitura, sino también en el performance o en el aspecto visual a la hora de la ejecución de un concierto, de la dramaturgia. Es lo que siempre he dicho, la composición me ha ayudado en la interpretación y viceversa.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Cuándo empezaste a componer?

Empecé a componer aproximadamente a los ocho o nueve años, estaba en el Conservatorio Manuel Saumell, en el nivel elemental, a través de la profesora de piano en aquel entonces, Claudina Hernández. Ella me pidió para los exámenes de piano complementario que escribiera las obras cubanas para examinarlas y así fue como empezó todo, al escribir obras para piano, no para violín.

––¿En qué momento entró el violín en tus procesos creativos?

Aún sigo viendo la composición como un hobbie, porque me doy cuenta que si uno lo piensa así fluyen mejor las cosas que si uno se enfocara en que es un trabajo. Me acerqué a la creación en este instrumento en mis estudios de nivel elemental, pero en el Conservatorio Alejandro García Caturla a través de mi maestra de violín desde entonces, Carmen Amador, quien exhortó a los estudiantes a una actividad por su cumpleaños a tocar obras y yo en lugar de llevar algo de mi programa, quise llevar algo hecho por mí.

Recuerdo que llevé una obra llamada Embrujo, creo que era por la fascinación que he recibido por la música y por dicha profesora, quien me enseñó que el instrumento lleva implícito la interpretación y la sensibilidad de uno como artista. Creo que esa obra fue la más seria que compuse en ese nivel.

Luego, en mis estudios de nivel medio en la ENA (Escuela Nacional de Arte), a través del taller de composición Carlos Fariñas, dirigido por Juan Piñera ya las obras que compuse para violín son un poco más cercanas al lenguaje que tengo en la actualidad.

––¿Por qué te gusta tanto escribir para cuartetos de cuerdas?

Creo que tiene que ver con mi zona de confort como instrumentista. En mi caso, como estoy muy vinculado a tantos cuartetos en los que he tocado tanto violín como viola. En los cuartetos me siento en confort. Ese lenguaje que tanto en los ensayos como en los conciertos me ha llegado a identificar.

––Solo me hablas de música de cámara, ¿Compones música sinfónica?

He escrito hasta este momento tres obras con formato sinfónico. Una de ellas fue un concierto para violín que fue ganadora el año pasado en el Concurso de Creación Sinfónica Ojalá 2018. Esa obra, junto una de mi amigo Daniel Toledo, fueron las obras ganadoras de dicho certamen.

Y otras dos un poco más cercanas al concepto de poema sinfónico, no exactamente, pero se acerca a esa perspectiva. Creo que las cuerdas han sido mi centro, he escrito tanto para instrumento solo, dúos, tríos, cuartetos, quintetos y hasta sextetos. Un sexteto singular: un sexteto de violas que tuve la dicha de poder escucharlo en un concierto dirigido por Anolan González, con motivo a sus 25 años de vida artística.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Quién o quiénes consideras que son tus compositores de referencia?

Realmente son muchos. Están desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como el compositor y violinista belga Eugène Ysaÿe cuya influencia ha sido tanta que compuse una obra para violín solo durante mis estudios en la obra, llamada Isayana, que tiene mucho que ver con ese lenguaje de las armonías por tonos enteros y terceras que me resultan fascinante. Compuse ese homenaje humilde, porque él ha compuesto seis sonatas para violín solo con una duración impresionante, y en mi caso solo han sido seis minutos de música.

Después, con el paso del tiempo me han llegado otras influencias porque siento que los compositores somos un poco chef. Para conocer sabores uno visita restaurantes, crear combinaciones de sabores para uno poder crear su propio plato y después llevarlo, en nuestro caso, a la partitura, aunque no se coma, pero se disfruta al oído, o eso espero.

Mucho tiempo estuve escuchando a Prokofiev, Dimitri Shostakovich… me atrevo a decir que en la actualidad aún me influye ese lenguaje de las sinfonías y los conciertos al estilo soviético. Hubo un período durante mis estudios en el ISA (Universidad de las Artes) que me he acercado a la música del compositor chino Tan Dun, que es fascinante el modo ecléctico que tiene su lenguaje de música que va desde el minimalismo, espectralismo y serialismo.

 Dentro de las Américas me impresionan compositores desde Estados Unidos hasta Argentina. Desde Philip Glass, Steve Reich, Johnn Adams; un poquito más en Centroamérica Silvestre Revueltas, Carlos Chávez; más al sur, a Ginasteras.

Yo digo que está bien conocer de todo un poco, pero no se puede olvidar nuestra identidad y nuestro entorno sonoro. Dentro de mis influencias está Leo Brouwer, Juan Piñera y Guido López Gavilán, quienes son los más cercanos al lenguaje que quiero expresar.

––Cuando compones, ¿te centras en un estilo o tendencia en específico?

Uno nunca puede pasar por alto a los grandes maestros desde Palestrina, Johann Sebastian Bach, Tchaikovsky. Yo no suelo pensar o querer que suene a determinado estilo o tendencia. A veces me dejo llevar por la inspiración. Aunque todavía hay su polémica sobre si existe o no la inspiración. Pero me dejo llevar por lo que siento y pienso.

Una vez creada la obra, suelo sentir que algún fragmento lo saqué de mi almacén sonoro por alguna obra o compositor. Uno siempre trata de buscar un estilo propio, pero al final solemos crear una combinación de todo aquello que hemos consumido. Para mí es inevitable que haya ese tipo de influencias.

En mis comienzos, hace ya un tiempecito, me incordiaba un poco que me dijeran que una obra mía sonaba a tal compositor. Mientras yo trataba de crearme un camino propio y de diferenciarme. Pero luego me di cuenta que es algo que viene con uno.

Creo que si me enfocara en una tendencia en específico sería como un neofolklorismo por la manera en que he tratado los instrumentos desde su escrita más rítmica o contrapuntística. En la búsqueda de combinaciones que se asemejen a los conjuntos folklóricos, de la música yoruba o el propio guaguancó.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Tienes alguna experiencia en particular con esta intencionalidad?

Una de las obras sinfónicas que se llama “En conga pa´ La Habana”, estrenada por la Orquesta Juvenil Cubano Americana (Cayo, por sus siglas en inglés). Esta sí fue una conga porque me lo propuse, por el significado que tiene al terminar una festividad o celebración por la frase común de: “A paso de conga”. Esto sí fue más evidente. Pero hay ocasiones en las que no me lo propongo y salen esas combinaciones contrapuntísticas que pueden recordar algún conjunto o instrumento como los tambores batá, sin necesariamente estar el instrumento presente. Puede ser por ejemplo en un cuarteto de cuerdas, por la búsqueda de esas combinaciones o sonoridades; lo que sucede a veces sin proponérmelo.

––¿Cómo describes tu proceso creativo?

Esa es una pregunta que me hago constantemente, porque me he dado cuenta de que las composiciones yo las comienzo en momentos que emocional o profesionalmente deseo traducir a la música. Está muy influenciado por mi estado de ánimo, o por la música. Yo quisiera leer más de lo que leo, porque a final de cuentas, los compositores y creadores en general son los traductores musicales de lo que pasa en su tiempo. Las lecturas también pueden influenciar en la creación.

En estos días nublados, me encontraba un tanto melancólico y pude empezar a escribir un Adagio para orquesta de cuerdas que pienso incluir en este proyecto de Conmutaciones, y siento que el proceso creativo fluyó muy bien porque está en consonancia con lo que quiero hacer y transmitir.

––¿Cómo tu música dialoga con el paisaje sonoro de La Habana de la actualidad?

Vivo en una zona muy céntrica del Vedado y la inevitable escucha del ambiente sonoro es y ha sido importante en mi música. Hay motivos musicales, principalmente rítmicos, que he puesto en algunas de mis composiciones que después personas que conocen mi música me han dicho que reconocen el sonido de un claxon. Parece que esos sonidos están en mi subconsciente desde el tránsito o las discusiones que se generan en las paradas de las guaguas. Creo que es una manera de llevar al plano musical mi entorno.

––Háblame de tus más recientes galardones…

Este es el momento más difícil. Lo diré cronológicamente. Primero, el Concurso Internacional para Cuarteto de Cuerdas “Nuestra América” 2019, organizado por el cuarteto de cuerdas José White radicado en México. Había que presentar una obra entre 6 y 12 minutos con libertad de estilo, y ya había creado una serie de cuartetos que no cumplían los requisitos o las bases para presentarlos.

Entonces compuse una obra específicamente para este concurso. Envié la música con partitura general y particellas, por supuesto, bajo seudónimo. Resultó ser ganadora. En total fueron 24 concursantes. Realmente es una tremenda dicha que entre tantas personas haya sido premiado mi Cuarteto No. 6 “Carnavalesco”.

El Premio Conmutaciones es como una visión que he tenido desde mi primero año en el ISA. Recuerdo mi primer acercamiento a estas becas estando en un ensayo del coro mixto. En ese momento tenía tiempo para presentar algo, pero no me sentía preparado porque musicalmente no tenía diversidad.

Entonces me dije que sería más adelante y con calma. Al pasar el tiempo, ya finalizando mis estudios en el ISA, consideré que era momento de presentar un proyecto. Porque Conmutaciones es una gran oportunidad, por grabar un disco, organizar un concierto; es como una oportunidad a la que exhorto a todos a participar. El gesto de participar ya es una manera de ganar.

Estoy ansioso de comenzar con este proceso a ver qué ocurre. Yo presenté un proyecto con obras compuestas para conjuntos instrumentales de cuerdas frotadas, ya sean instrumentos solo, tríos, cuartetos, quintetos, y para finalizar me gustaría una orquesta de cuerdas como presenté en el proyecto.

Quiero simbolizar a través de una obra, al menos, cada instrumento de esta familia. Una obra que destaque el violín, el cello, viola y el contrabajo. Quiero finalizar con obras para orquesta de cuerdas que al final es como la familia reunida, es una visión bastante familiar de cómo unificar todo para hacer un hecho musical.

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