Intimidad y silencio para un texto plural y novel

El texto En islotes de intimidad y silencio, selección atinada y necesaria del escritor camagüeyano Yoan Manuel Pico, es un proyecto, quizás hasta un sueño hecho realidad, que nació hace algunos años, en abril del 2005, en su peña literaria Con el silencio vivo, en la Casa del Joven Creador (CJC), única de su tipo de referencia en Cuba.

En ese mismo escenario, CJC, fue presentado de manera promocional, durante la 13 edición de la Cruzada Literaria, por ese grande de las letras en Cuba, Luis Álvarez Álvarez, el primer libro de la colección Pórtico, de la Editorial Ácana para autores de la Asociación Hermanos Saíz, quienes en semblanzas creativas y abrumadoras, marcadas por una gran subjetividad y experiencia personal, ofrecieron su parecer en la peña de Yoan Pico, acerca de sus escritores favoritos.

El epílogo de aquel silencio vivo iniciaría justamente con el homenaje que reverenciara la investigadora cultural agramontina María Antonia Borroto Trujillo, junto a su amigo Pico, a Fina García Marruz, en su cumpleaños.

en-islotes-de-intimidad-y-silencioDesde entonces, varias fueron las deferencias y los diálogos de los invitados de Yoan Pico, Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y miembro de la Uneac, durante la existencia de su feliz idea o «la historia de una pasión», como nombró Yoan a su silencio vivo.

Ese espacio vital en la CJC aglutinó como por arte de magia, la impronta, la huella o el legado; las miradas de  varios noveles talentos, a quienes se les  revisitar a Kafka, Rimbaud, Faulkner, Tolkien, Gonzalo de Berceo, Karol Wojtyla, Yukio Mishima, Vallejo, Lezama, Oliverio Girondo, Hemingway, Virgilio Piñera y Ballagas.

Así lo revela el compilador Pico en su texto Camagüey era una fiesta, prólogo novedoso y original de este volumen de la editorial Ácana. «Durante esas emotivas sesiones trabajé para el otro, me presté a sus veleidades y caprichos. Tres cuartillas fueron mis honorarios», subrayó.

Por la azotea de la AHS agramontina pasaron los textos de Jhortensia Espineta, Yosvel González, Olga María Romero, Annalis Castillo, y más porque: «Los narradores hicieron cuentos; los poetas, poesías, y todos, absolutamente todos, declaraciones de amor, confesiones intensas, sinceras, y diversas, tan diversas como los amantes y sus lecturas. Es esta −aseveró Pico− la primera riqueza del libro; la segunda tiene que ver con su palpitante cercanía», aseguró el multipremiado escritor.

Desde ese karma nacieron sentidas historias sobre Carpentier, Vargas Llosa, Anaïs Nin y Ángel Escobar, quienes brillaron en la pluma artística de vuelo ambicioso, por la reinvención de historias que mutaron hacia nuevas ficciones. Ese mérito recayó en los no menos audaces Obdulio Fenelo, Evelyn Queipo, Yudarkis Veloz y Eduardo Rodríguez.

Igual, pero con plena libertad para elegir a sus protagonistas las dotes literarias de Ramiro Fuentes y Domingo Peña, se probaron entre la amistad y la cercanía de sus inspiradores: Carlos Victoria y Roberto Manzano Díaz.

Mas, Yoan Pico no se conformó y desde su abrumador apetito creador aparecieron en En Islotes de intimidad y silencio, textos de marcada prosa espontánea, desprendida y amiga, sobre cinco imprescindibles –como los llamó en su Camagüey era una fiesta−: Julio Cortázar, Severo Sarduy, José Martí, Robert Browning y Elizabeth Barret Browning. Sus autores, Margarita Mateo Palmer, Oneyda González González, Yamil Díaz Gómez, y Luis Álvarez Álvarez, quienes, aunque nunca visitaron la azotea de la AHS, se incluyeron por su necesario pensamiento y conocimiento sobre estos grandes de la literatura universal.

No es casual que Eduardo Rodríguez Martínez expresara sobre la novel obra de Pico: «Escritores de la talla de José Lezama Lima…, entre otros, se hacen visible en estas páginas y lo hacen a través de la pluma de aquellos que, sustentados siempre en la complicidad de lo que estremece, buscan hilvanar el motivo que los ha reunido en este volumen: ver concretado un proyecto inicial por el cual nació y que sentó sus bases en la peña literaria En el silencio vivo», dijo el escritor Eduardo Rodríguez.

Agregó categórico que en la muestra de los textos escogidos se evidencian las intencionalidades de los participantes, su afán de diálogo, sus visones personales donde asoman las poéticas que, de una forma u otra, han marcado sus distintas formas de escribir.

En islotes de intimidad y silencio, fue uno de los regalos especiales de la 13 edición de la Cruzada Literaria, la cual adelantó y acercó a los artistas participantes desde el verbo profundo del maestro Álvarez Álvarez, al regalo literario que ya es la obra de Pico, para el cierre del verano.

Y es que entrar a este universo –como afirma Eduardo Rodríguez− es entrar a un archipiélago donde se pretende lograr que la pasión y la literatura formen un solo cuerpo y que la sensibilidad que rodea a estos textos estimule en el lector un acercamiento más preciso a grandes autores de la literatura universal.

En islotes de intimidad y silencio no se encontrarán análisis académicos, juicios y hasta valoraciones encumbradas que requieren en no pocas ocasiones investigadores literarios, sino –como asevera su compilador– se hallará mucha pasión, una manera singular de asumir el arte y la cultura, a la que me atrevo imprimirle que es una forma también atrevida y hasta atractiva.

Entonces Pico, permíteme confesarte que aunque no lograste reunir a todas estas plumas y caracteres en tu entrañable tertulia, por disímiles causas, sirvan también las páginas de En islotes de intimidad y silencio, para cumplir ese añorado e inconcluso deseo: agruparlos en esta muy íntima compilación.

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