«Hemos encontrado sinergia juntos»

Yadira Albet (más conocida, entre los fanes del género fantástico como Yadira Álvarez Betancourt) y Álex Padrón (Juan Alexander Padrón para amigos y lectores) han decidido no solo compartir su vida como pareja sino también habitar un mismo universo creativo. Guadaña Universal, ese excelente texto por el que obtuvieron en fechas recientes el Premio Hydra de Novela, marcó un primer paso para este binomio creativo. Sobre el Premio Hydra, sobre arte, inquietudes de futuro y realidad conversaré con ambos escritores en esta entrevista.

Hablemos del Premio Hydra y de la novela ganadora: Guadaña Universal. ¿Qué temas o cuestionamientos políticos, sociales, incluso culturales, les guiaron en su creación?

La novela nació casi al principio de la pandemia, al ver el terrible impacto que estaba teniendo en Europa, más que aquel que tenía y tiene aún en Cuba. Nos conmovió la lucha del personal de apoyo y los riesgos a los que se enfrentaban. Yadira tuvo una pesadilla sobre un repartidor en una urbe desierta, y empezamos a jugar con la idea de que, avanzada la pandemia, este personal de apoyo tendría que ser por fuerza inmune. Con esa idea en mente y la inspiración de la música de Creedance Clearwater Revival, nació “Corriendo en la jungla”. Este cuento tuvo buena aceptación en el Taller Espacio Abierto, que se estrenaba por esos días en WhatsApp.

Nos gustaron tanto los personajes que los utilizamos para contar otras futuras problemáticas a los que tendría que enfrentarse una ciudad asediada por una pandemia. Que, ojo, no es el SARS-Cov2, sino otra más virulenta y de propagación más rápida. El tiempo disponible durante el primer confinamiento nos ayudó: los 10 cuentos que conforman la cuenti-novela (12, en realidad), fueron escritos en un plazo de tres meses.

¿De qué manera el reflejo de la realidad (distópica) que vivimos los llevó a pensar un texto semejante?

La respuesta a esta pregunta está en los dos exergos de la novela, uno de ellos sobre El libro del juicio final, de Connie Willis, donde se establece un paralelismo entre una epidemia pasada y futura. El otro sale de boca de nuestro Yoss (José Miguel Sánchez), que defiende a los escritores de ciencia ficción de la etiqueta de pesimistas, cuando en realidad tratamos de imaginar el peor escenario futuro posible para advertir a nuestros lectores y que, de esta forma, tomen acciones para que la versión más distópica nunca llegue a suceder.

Ambos han sido figuras esenciales dentro del género fantástico en Cuba, ¿cómo nace esta asociación? ¿Guadaña Universal es solo un experimento a cuatro manos o pretenden continuar escribiendo juntos?

Escribir a cuatro manos no es nuevo para ninguno de los dos. Yadira lo había hecho junto a su hermano Denis Álvarez en Historias de Vitira (Editorial Gente Nueva; La Habana, 2015). Álex lo había hecho en sus inicios con Michel Encinosa Fú en Los últimos antes de la tormenta, una novela impublicable y por suerte extraviada, pero que tiene el mérito de ser el crisol de todo el desarrollo del universo ciberpunk de Ofidia.

Ya desde octubre de 2019 habíamos empezado a escribir a cuatro manos la novela de ciencia ficción hard Berceuse, aún en fase de preparación. Simplemente, con el arribo de la pandemia, la pusimos en pausa y utilizamos Guadaña Universal como vía de enfrentar también nuestros propios miedos e inseguridades.

Independiente a que cada uno pueda tener sus proyectos personales, claro que aspiramos a seguir escribiendo juntos por un buen tiempo. Al fin y al cabo, en la ciencia ficción y la fantasía hay tradición de obras escritas a dúo; por ejemplo, los hermanos Strugatski. La ciencia ficción en Cuba tampoco es ajena a tales colaboraciones, como las de Chely Lima y Alberto Serret, Carlos C. Muñoz y David A. Hermelo, Eric Flores y Jesús B. Minsal, o los propios hermanos Álvarez.

Al trabajar a cuatro manos, dos cerebros y dos sensibilidades, ¿cuáles son los principales conflictos y desafíos creativos? ¿Cómo seleccionan el material dramático que desean transformar luego en arte? ¿Cómo transcurre el proceso de escritura?

Más que conflictos o desafíos, hemos encontrado sinergia juntos. Mientras Álex tiene una prosa “dura” y de acción, heredada de la novela negra (que es el género por el que es conocido fuera del país); Yadira profundiza más en los motivos y aspectos psicológicos de los personajes.

El proceso de escritura es a carga equitativa: en Guadaña…, cinco cuentos por cabeza, y desafiamos a los lectores a que adivinen quién es la mente maestra detrás de cada uno de ellos. Los únicos conflictos se deben al tiempo para escribir, pues además de ser escritores tenemos otras responsabilidades. Yadira funciona más por inspiración mientras Álex funciona por disciplina. Pero lo hemos resuelto poniéndonos plazos mutuos: si a una idea se le pone fecha, se convierte en una meta.

Lo más productivo de nuestra alianza es la discusión del trasfondo de las historias y las cuestiones técnicas de la narración. En estas, Yadira destaca por el aporte de su lado humanístico, mientras Álex aporta su experiencia en la coherencia de los universos, derivada de su experiencia como creador de juegos de rol.

¿Qué temas o búsquedas escriturales vertebran sus pensamientos creativos? ¿Qué resulta de interés a ambos?

En primer lugar, los propios protagonistas. En Guadaña… cada historia está contada desde el punto de vista de un personaje diferente que, aunque interactúan más tarde o más temprano con otros, están signados y lastrados por su experiencia personal con la pandemia.

En cuanto a temas en general, ambos somos eclécticos: no nos enfocamos en un subgénero, sino que empleamos el escenario y los códigos que más aporten a las historias que queremos contar.

Álex se mueve con comodidad dentro de la novela negra contemporánea, pellizca del tecnothriller, el suspenso y el terror y, paradójicamente, también publica poesía. Yadira se pasea por diferentes géneros sin encasillarse en ninguno: ciencia ficción, futuros especulativos, fantasía, realismo… más que nada, enfocada a las dinámicas de los seres humanos dentro de cada escenario planteado.

Nuestro punto de contacto son las historias coherentes, que tienen algún valor que aportar fuera del simple ejercicio del estilo literario. Para ello, ambos nos esforzamos en que nuestros personajes tengan una dimensión con la que el lector pueda identificarse y empatizar.

FOTOS CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

A la hora de escribir, ¿cuánto influye el hecho de pensar en un potencial lector o receptor?

Mucho. Para narrar una historia coherente y relevante, hay que hacerla accesible y cercana al público que la va a leer. Ambos tenemos formación como docentes, lo que nos anima a tratar de enseñar algo a nuestros lectores más allá de una simple historia: llevar un mensaje positivo a quienes nos escuchan. Eso quiere decir que tratamos que las puedan disfrutar desde el bodeguero del barrio hasta el intelectual más curtido. 

En la actualidad, ¿cuáles son los desafíos fundamentales que enfrenta el género fantástico cubano?

Todavía no hay suficientes editoriales que apuesten por el fantástico, aun cuando está comprobado que cada libro de ciencia ficción o fantasía que se ha publicado en la Isla agota su tirada en pocos meses. En relación a esto, pensamos que ya va siendo hora de que los decisores editoriales comiencen a pensar en términos de rentabilidad económica y estudien qué es lo que desea el mercado.

Consideramos que en estos géneros, tal como en otros también olvidados, hay calidad y masa crítica en los escritores del patio. Solo basta que surja el respaldo de las instituciones, más allá de unos pocos y valientes editores y editoriales aisladas.

Esto pasa por un factor llamado tiempo: hay concursos que premian calidad, pero entre el premio y la publicación pasan años. Los libros quedan atascados en los planes editoriales, cuando la misma publicación en el extranjero está lista en cuestión de meses.

¿Cuáles les parecen son los principales hándicaps en la promoción de la literatura, dentro y fuera de nuestras fronteras?

La gran sectarización de los concursos en Cuba. No sabemos a quién se le ocurrió que escribir fantasía o ciencia ficción en Cuba es cuestión de jóvenes, quizás con la idea de que cuando crezcan se convertirán en escritores de temáticas más “serias”. Así, la gran mayoría de los concursos que premian y publican al género fantástico son para menores de 35 años. Esto es una gran injusticia para los que, pasados esa edad, como nosotros, nos empeñamos en seguir soñando naves, fantasmas y dragones. La única honrosa excepción en nuestro país es precisamente el Hydra, que además de bienal está limitado en extensión. Otros, como el David, no restringen edad pero obligan al autor a ser inédito, y ya esa es una especie en extinción entre las voces del fantástico en Cuba… que han incursionado en otros géneros.

Así, esto obliga a los escritores “maduritos”, que al mismo tiempo ya han alcanzado la madurez en cuanto a estilo y experiencias de vida, a optar por concursar y publicar fuera de Cuba. Y hacer esto les veta de recibir promoción, apoyo o reconocimiento por parte de las instituciones nacionales.

En Cuba hay un fandom importante que le interesa y está sensibilizado con el género, pero ni se le respeta, ni recibe apoyo, ni se piensa en él en términos editoriales. Existe entonces una fuerte demanda del género y existe entre los escritores la posibilidad de concebir una oferta de calidad. Sencillamente, este filón no se explota y no importa.

No siempre llegan a tiempo las publicaciones fuera del marco nacional. ¿La arena internacional sigue oponiendo resistencia a los autores cubanos, o acaso faltan los intentos de estos por probar lides en otras fronteras geográficas?

La arena internacional ya está ocupada por otros autores, cada uno en su propio patio. Los escritores nacionales tenemos que llegar a competir y desbancar a autores que ya tienen un público establecido. Que, además, es fundamentalmente angloparlante.

¿Cómo convencer a un editor de que un autor le será rentable si no es reconocido ni siquiera en su propio país? En la medida que nuestras editoriales den una respuesta al género y este se divulgue en ferias nacionales e internacionales, los autores cubanos del fantástico tendrán más opciones de ser conocidos en la escena internacional.

¿Existe la autocensura? ¿En qué o dónde tiene sus orígenes, dentro del imaginario propio del autor cubano?

La autocensura en lo fantástico se puede dividir en dos grandes grupos: el temor a dibujar una sociedad futura o fantástica con demasiados puntos de contacto con el contexto actual, y el empleo del eros y el thánatos en la narrativa.

Durante un gran período de tiempo nuestra ciencia ficción estuvo muy influenciada por la visión positivista soviética de un futuro luminoso para el proletariado, y cualquier mirada que se apartara de esta directiva era no solo mal vista, sino activamente censurada. En la actualidad esto no es un tema que preocupe tanto al escritor de ciencia ficción, pero sin lugar a dudas es un elemento que salta alarmas internas a la hora de tocar temas de crítica social.

El otro grupo es más general y aplicable a cualquier género en Cuba, y también sufre de censura y autocensura. Salvo pinceladas, se es paternalista con un lector que no vive para nada en una caja de cristal exenta del sexo o la violencia.

Ni el sexo (o la sexo-divergencia) ni la violencia (que llega a extrema en la literatura gore) serán nunca ganchos gratuitos que introduzcamos sin que aporten nada a la historia que queremos contar. Pero tampoco serán elementos que quedarán fuera de escena por miedo a la censura. De hecho, en Guadaña… hay escenas que en otra década serían extirpadas con saña, lo que demuestra un cambio de mentalidad con relación a momentos más grises de nuestro pasado.

¿Creen en las influencias? ¿Hasta qué puntos son perceptibles en la obra de ambos?

Somos lectores ávidos y variados, y tenemos nuestros íconos. Álex se formó en el género a golpe de traducciones de clásicos de la ciencia ficción y la fantasía de autores anglosajones, pero que ha regresado a las raíces de la lengua española y al estilo de escritores como Arturo Pérez Reverte. A la vez, se confiesa un ferviente admirador de Ernest Hemingway, y entre ambos ídolos se preocupa en escapar de la etiqueta que la literatura fantástica ha de ser un género literario de segunda categoría. Yadira admira y mimetiza en parte a las escritoras de la ciencia ficción de la ola feminista, encabezada por Úrsula K. Le Guin y otras que “contaminan” parte de lo que ella escribe.

En estos tiempos de cuarentena, ¿qué libro de ciencia ficción o fantasía de un autor joven cubano recomendarían?

Definitivamente, La marca de Kahim y Lo mejor es soñar, del matancero Raúl Piad, quien durante esta pandemia ha estado extraordinariamente activo y exitoso en materia de premios. Tanto que, junto a Eric Jorge Mota en segundo puesto, le hemos ganado el Hydra por apenas una cabeza. La ventaja numérica de ser dos, suponemos.

Más allá de la página en blanco, ¿quiénes son Yadira y Álex?

Nos gustaría decir que ambos somos escritores a tiempo completo, pero faltaríamos un poco a la verdad. No nos formamos en carreras relacionadas con la literatura. Hemos llegado a ella desde la experiencia y la búsqueda, desde la lectura y la construcción de las historias que hubiéramos querido leer.

Álex divide su tiempo entre su trabajo de creación de contenido y la narrativa. Yadira balancea la escritura con la docencia y la investigación, ahora movida hacia los espacios virtuales. Ambos además cargamos con todas las responsabilidades cotidianas que nos aquejan a todos, más en estos tiempos que se han tornado algo difíciles.

También nos hemos atrevido a asumir un desafío más. Estamos llevando adelante a Realengo +53, un podcast para la divulgación y promoción de la literatura de ficción en Cuba. Es nuestro modesto aporte a la promoción y divulgación, para que otras personas se interesen por leer a nuestros autores de fantasía, terror y ciencia-ficción y aprender sobre la literatura de este género.

En resumen, Yadira y Álex son personas, muy, muy ocupadas… pero felices de ser y estar.

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