Hasta siempre, querido Adalberto

Este miércoles 1 de septiembre hemos amanecido con la noticia de la muerte de Adalberto Álvarez, víctima del coronavirus. Días atrás se había corrido la información de su fallecimiento, pero luego supimos que era una fake news. Por eso en un momento pensé que de nuevo todo era falso, pero no, lamentablemente la covid nos vuelve a dar un golpe bajo y se nos va alguien muy querido por los cubanos y cubanas residentes en el país o en su diáspora.

No soy un individuo propenso al baile, más bien creo que clasifico en la categoría de “patón” y ni tan siquiera puedo afirmar que consuma mucha música destinada a mover los pies. No obstante esa condición, siempre he sabido apreciar lo bueno que en tal sentido se factura y por ello, entre los músicos cubanos por los que he experimentado mayor respeto, figura Adalberto Álvarez. Aunque hay quienes piensan en él a partir de que en 1979 publicara el disco A Bayamo en coche, un álbum que ha resistido la prueba del tiempo y a más de 40 años de editado mantiene absoluta vigencia, la historia de Álvarez como singular compositor y arreglista se inicia cuando el Conjunto Rumbavana monta varias de sus piezas, por ejemplo “Sobre un tema triste”, “Realidad y solución” y el título más conocido de aquel momento iniciático, “El son de Adalberto”.

Dueño de una formación académica, Adalberto dedicó toda su vida a preservar nuestra más rica tradición sonera, lo que no le impidió incursionar como compositor por varios géneros de la música cubana. Si tuviese que decir de manera breve qué ha sido lo mejor en el conjunto de la obra que nos ha dejado el maestro Álvarez al partir hacia la eternidad este 1 de septiembre de 2021, me referiría a la cadencia montunera que se respira en sus temas y que inevitablemente te empuja a bailar, aunque se sea un patón como yo.

Al margen de lo expuesto, en mi opinión, lo verdaderamente atractivo de Adalberto viene dado en que él no sólo manejó en sus piezas los elementos antes acotados sino que a ellos agregaba, de forma sutil pero perceptible al oído entrenado, figuraciones del jazz latino y pinceladas de la salsa neoyorquina y hasta de cierto aire timbero, cóctel que lo llevó a ser uno de nuestros compositores más versionados fuera de las fronteras cubanas, tal vez porque él resolvió como nadie la dicotomía de hacer música que sirva tanto para bailar como para escuchar.

Ahora, el creador de éxitos notables de la música popular bailable cubana como “Son para un sonero”, “El son de Adalberto” y “A Bayamo en coche”, por solo mencionar tres, se ha ido del reino de este mundo, pero su legado en defensa de lo más auténtico de nuestra música permanecerá en el recuerdo del pueblo cubano, con el que Adalberto Álvarez siempre se identificó.

 

Tomado de la página de facebook de El caimán barbudo

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