Frank Delgado: una peña sin nombre

Todos los sábados, a las seis de la tarde, en el anfiteatro del Parque Almendares, nos espera Frank Delgado con su peña. En cada entrega lo acompañan invitados, que esta vez fueron D’Corazón, en un formato pequeño, y Eduardo del Llano.

Este espacio es parte de la feliz revitalización que ha inundado al Almendares, dedicado sobre todo a la familia porque coexisten lugares para niños, jóvenes y público adulto, entre los que se destaca este bohemio anfiteatro al aire libre que se presta para la interacción entre artistas y público.

Fue un espectáculo bien entretenido, con alusiones a la cubanía, a Pinar del Río, a La Habana, a Mario Coyula, a Santiago Feliú y a Pedro Junco. Todo acompasado con guarachas, sones y bachatas, a los que ya nos tiene acostumbrados Frank. No faltaron la picardía, el doble sentido y hasta el choteo, algo recurrente en la creación musical de este artista que todos disfrutan siempre.

D’Corazón abrió con su acostumbrada trova-fusión, una fórmula que bien atractiva resulta, con Yibrán Rivero mostrando el amplio dominio de los cordófonos y la voz trovadoresca de Vicente Trigo. Ellos a su vez llamaron al escenario a Jorgito Kamankola, quien asistía como espectador, y puso una de las suyas. Eduardo del Llano matizó con la lectura de dos cuentos que rozaban el humor negro y el absurdo. Por supuesto, no faltó la risa típica cubana.

Y esencialmente Frank en todas sus variantes: solo (con su guitarra), con un acompañante y con un pequeño formato de la agrupación. Tocó de todo, lo viejo, lo nuevo y lo novísimo, ajustado a esa obra trovadoresca que se reconoce en cualquier lugar del planeta.

Frank no quería terminar tarde, según dijo, pero por suerte fueron más de dos horas y media. Resulta siempre una fiesta escuchar a este hombre que sabe congeniar problemas, realidades, felicidad y doble sentido en piezas que se tornan auténticas creaciones defensoras de la cubanía.

Todos los sábados estará compartiendo con nuevos invitados, así que, como dice Frank «si te gusta díselo a tus amigos y si no te gusta a tus enemigos». Entonces nos vemos allí, a disfrutar de la complicidad de la peña sin nombre, la de Frank.

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