Forodebate: La representaci贸n intelectual de la Revoluci贸n: creaci贸n, pensamiento social y comunicaci贸n

La Revoluci贸n cubana, por su car谩cter emancipatorio, estuvo obligada a convertir la cultura en uno de los ejes centrales de su acci贸n. El complejo escenario de transformaciones y deslindes ideol贸gicos reconfigur贸 aceleradamente la din谩mica del campo intelectual y sus pr谩cticas en el pa铆s. Lo social y lo cultural dejaron de asumirse como compartimentos estancos. En el centro de esas variaciones ocup贸 un espacio principal el debate sobre la responsabilidad, las tareas y el papel del intelectual frente a la Revoluci贸n.

Pasadas seis d茅cadas, la continuidad de estos an谩lisis resulta esencial. Importantes variables se han modificado. Cambios de paradigmas y ambientes generacionales, retrocesos visibles en los escenarios en que se forma, produce y se amplifica el pensamiento cultural, tensiones no resueltas en el plano institucional, modificaci贸n del eje de resistencia intelectual de la izquierda a escala planetaria, agotamiento de los nichos de reflexi贸n cr铆tica sobre nuestra realidad; pudieran contabilizarse entre los desaf铆os principales que asumen las pr谩cticas intelectuales en el momento actual que vive la Revoluci贸n Cubana.聽

Sobre el compromiso intelectual, las responsabilidades, el rol de los intelectuales en la Revoluci贸n, invitamos a reflexionar el venidero 7 de mayo a partir de las 10:00 a.m. en el Portal del Arte Joven Cubano, sitio web de la Asociaci贸n Hermanos Sa铆z. Acompa帽ar谩n esta iniciativa la Dr.Cs. Mely Gonz谩les Ar贸stegui, Profesora Auxiliar de la Universidad Central de Las Villas, y el joven historiador e investigador Fernando Luis Rojas, especialista del Instituto Cubano de Investigaci贸n Cultural Juan Marinello.

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La pol铆tica cultural en los a帽os fundadores de la Revoluci贸n cubana. Apuntes para un dilema que no cesa.

Por Mely del Rosario Gonz谩lez Ar贸stegui

Con el triunfo revolucionario en 1959, la noci贸n del compromiso pol铆tico para los intelectuales cubanos, su pacto con la sociedad, empieza a operar desde otra dimensi贸n, que prioriza la acci贸n y donde el ser de la palabra pasa por los horizontes del deber ser de la pol铆tica y sus contenidos pragm谩ticos. El gran dilema de los intelectuales abre sus fauces, expresada en la eterna contradicci贸n entre individuo y sociedad, entre artista y Revoluci贸n. En este trabajo apuntamos hacia ese dilema, dilema 茅tico y pol铆tico sobre todo, del sector intelectual en Cuba, en un contexto que se mueve entre 1959 y 1961, el a帽o de las reuniones de la Biblioteca Nacional y la celebraci贸n del I Congreso de Escritores y artistas, momentos claves para comprender el dise帽o y decursar de la pol铆tica cultural en el pa铆s.

Desde el inicio las interrogantes se multiplicaban: 驴C贸mo entender la cultura en una sociedad que entraba a una v铆a de construcci贸n socialista hasta entonces in茅dita? 驴C贸mo penetrar en el universo cultural cubano siendo sus defensores y a la vez los detractores de muchas visiones, c贸digos, mitos de nuestra cultura merecedores de olvido y repudio? 驴C贸mo defender la cultura nacional sin cerrarse al mundo, sin negar la diversidad, sin rechazar lo for谩neo que tambi茅n puede llegar a enriquecernos? Porque el problema de la cultura, en un proyecto como el de la Revoluci贸n cubana, asumido como proyecto de liberaci贸n desde el Tercer Mundo, privilegia l贸gicamente los cambios culturales y pol铆ticos, que no pueden esperar al desarrollo objetivo y por supuesto tambi茅n necesario de sus fuerzas productivas.

En la v铆a al socialismo no puede desestimarse la necesidad de encontrar los m茅todos, sistemas de est铆mulos, instituciones y dem谩s mecanismos adecuados al sector de las actividades intelectuales, precisamente 鈥減orque el campo espec铆fico de la funci贸n del intelectual es el campo de la lucha ideol贸gica鈥 (Barral, 1968:4). El intelectual produce elementos que se integran como cimientos en el campo subjetivo de la sociedad: valores, ideas, comportamientos, costumbres, ciencia. Pero no hay que olvidar que este campo ideol贸gico es tambi茅n un campo de lucha de clases, campo indispensable en el logro del triunfo revolucionario. En esta lucha siempre existir谩n individuos que intentar谩n frenar las nuevas transformaciones, por diferentes razones, y habr谩 que encontrar las formas de lucha id贸neas en cada momento para neutralizar cualquier posici贸n individualista y reaccionaria.

La cuesti贸n aqu铆 ser铆a encontrar el l铆mite y el equilibrio entre el inter茅s del artista y el inter茅s del proyecto revolucionario, la f贸rmula a trav茅s de la cual el inter茅s individual se refrenda en el proyecto colectivo y viceversa. Est谩 claro que las f贸rmulas tienen que ser inventadas y reinventadas constantemente, que no pueden alejarse de las circunstancias y las necesidades de cada contexto hist贸rico. Pero 驴c贸mo encontrar este equilibrio, esta confluencia de heterogeneidades, en un contexto en que a煤n los caminos no estaban del todo delineados y donde decenas de senderos se bifurcaban en el trayecto? 驴C贸mo asumir una postura coherente con el inter茅s del individuo/artista y el inter茅s del individuo/revolucionario?

No debe desestimarse, en este entramado de conflictos del mundo ideol贸gico vinculado al sector intelectual y art铆stico, la forma en que desde el a帽o 1959 se trabaj贸 con el sector de la cultura, no siempre dirigido por intelectuales o artistas propiamente. El Gobierno revolucionario compuls贸 a la direcci贸n de las instituciones culturales a muchos revolucionarios, a煤n y cuando no eran propiamente del sector. As铆 lo reconoce Alfredo Guevara cuando dice que m谩s que intelectuales eran animadores culturales y no protagonistas de la creaci贸n, eran m谩s pol铆ticos que intelectuales. 鈥淎l triunfo de la Revoluci贸n 茅ramos guerrilleros, simplemente.鈥 (Estupi帽谩n, 2009:14).

Pero la Revoluci贸n, con un proyecto que hab铆a conmovido y trastocado tan profundamente las ideas y los sentimientos de todos los cubanos, ahora exig铆a elaboraciones intelectuales m谩s revolucionarias, porque ya no depend铆a de lo que en el fondo es decisivo en el capitalismo: la reproducci贸n de tipo capitalista de las relaciones, sino de una intencionalidad creadora de relaciones, de una visi贸n cultural que sostuviera las relaciones sociales y las transformara cualitativamente diferentes al sistema anterior. De manera que la necesidad y el car谩cter del proceso exig铆a un pensamiento reflexivo y una radicalizaci贸n hacia cambios que se acercaran a los ideales m谩s subversivos de la historia de Cuba, vinculados a la b煤squeda de una sociedad m谩s justa, m谩s digna, antimperialista y humana. La pol铆tica se impon铆a inevitablemente en el entorno, y exig铆a de definiciones en al campo de la cultura.

Si tenemos en cuenta los logros alcanzados en el campo de la cultura nacional en Cuba, la relaci贸n entre pol铆tica y cultura podr铆a parecer una mezcla sencilla, sin embargo no lo es. Como afirmara el escritor, poeta, dramaturgo y ensayista cubano Ant贸n Arrufat al recibir el Premio Nacional de Literatura 2000, en cualquier momento de la historia 鈥渓a relaci贸n inevitable del artista con el Estado o el Poder no ha sido f谩cil ni placentera (鈥)鈥 (Arrufat, 2001: 3).

Las pautas de la pol铆tica cultural de la Revoluci贸n en defensa de ese ideal social que ya desbordaba los l铆mites de la sociedad cubana para extenderse a toda Am茅rica Latina y el Tercer Mundo quedaron recogidas en 鈥淧alabras a los intelectuales鈥. En un ambiente de muchas tensiones y controversias, se reunieron con Fidel Castro en la Biblioteca Nacional las figuras m谩s representativas de la intelectualidad cubana, artistas y escritores discutieron sus puntos de vista sobre distintos aspectos de la vida cultural y sus posibilidades de creaci贸n.[1]

En este contexto, la inconsistencia pol铆tica del intelectual ante un cambio radical de la sociedad, interpretada como ambivalencia y miedo por muchas de las figuras de la dirigencia revolucionaria, fue vista por algunos como algo inevitable en este sector, por lo que se ha dado en llamar el 鈥減ecado original de los intelectuales鈥. Fidel fue en este sentido muy cuidadoso, para no herir m谩s a煤n las susceptibilidades 鈥渆l campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sienten tampoco revolucionarios鈥 (Castro, 1960:8). Consider贸 que no se deb铆a renunciar al convencimiento de todos aquellos que albergaran alguna duda, que estuviesen confundidos o no comprendieran bien el alcance del proceso.

La visi贸n de que dentro de la Revoluci贸n estar铆an todos aquellos intelectuales que estaban de acuerdo con sus posiciones econ贸micas y sociales a pesar de no coincidir exactamente con sus posiciones filos贸ficas e ideol贸gicas fue un momento de distensi贸n que tranquiliz贸 a muchos intelectuales preocupados por el curso radical de la Revoluci贸n. Fidel consider贸 a este sector de la intelectualidad cubana un reto para el proceso, en tanto deb铆a prest谩rsele una mayor atenci贸n, que permitiera un mayor acercamiento, pero en el sentido de ganarlos, no para discriminarlos. Y en eso estar铆a la grandeza de la obra revolucionaria, que solo renunciar铆a a quienes fueran activamente contrarios a la Revoluci贸n.

As铆 pues, habr铆a que conformar una pol铆tica para esa parte de los intelectuales y escritores que no coincid铆an con todas las proyecciones de la Revoluci贸n, o no entend铆an algunas de sus medidas, pero que nunca se enfrentar铆an a ella para destruirla o hacerle un da帽o irreversible. Esos intelectuales deb铆an encontrar su lugar, un campo donde trabajar y crear, donde su esp铆ritu creador tuviera oportunidad y libertad para expresarse. Pero siempre dentro de la Revoluci贸n, porque la Revoluci贸n tambi茅n ten铆a el derecho de defenderse, de ser y de existir, 鈥減or cuanto la Revoluci贸n significa los intereses de la Naci贸n entera, – define Fidel- nadie puede alegar con raz贸n un derecho contra ella鈥 (Castro, 1960:8). Que no se convirtiera este mensaje en frase manida o discurso vac铆o, he ah铆 el gran reto, no siempre bien encauzado y respondido por quienes han tenido en sus manos los resortes de la pol铆tica cultural en Cuba.

El dilema entre la pol铆tica y la creaci贸n art铆stica.

No hubo tema m谩s debatido en estos a帽os de dise帽o de la pol铆tica cultural que no fuera el relacionado con la libertad de creaci贸n art铆stica. El tema ya hab铆a surgido en las conversaciones de Fidel con Sartre y que Lisandro Otero recogi贸 en el libro Conversaciones en la Laguna. El propio Fidel declar贸 que tambi茅n esta cuesti贸n le hab铆a sido planteada por el escritor norteamericano Wright Mills, de forma que ya hab铆a tenido la oportunidad de ir esclareciendo la posici贸n del gobierno revolucionario.

Muchas de las m谩s interesantes interrogantes se dieron precisamente vinculadas a la dicotom铆a que surge luego de estas reuniones de la Biblioteca Nacional a partir del problema de la creaci贸n art铆stica en la revoluci贸n: 驴C贸mo mantener el esp铆ritu de la creaci贸n art铆stica en los cauces que marcaban las palabras de Fidel? 驴C贸mo ser consecuentes con la l铆nea: 鈥淒entro de la Revoluci贸n todo; contra la Revoluci贸n ning煤n derecho鈥, sin dejar de ser creativos y originales? 驴Qui茅n trazaba la l铆nea divisoria entre el 鈥渄entro鈥 y el 鈥渃ontra鈥? 驴C贸mo impedir que en nombre de la 鈥渄efensa鈥 de la Revoluci贸n se escondieran posiciones oportunistas y se cometieran excesos de todo tipo? 驴C贸mo neutralizar a la mediocridad que lleva al dogmatismo por no poder interpretar y actuar en la dial茅ctica que tiene que imprimirse al proyecto socialista? 驴C贸mo observar la necesaria e inevitable correlaci贸n pol铆tica/cultura sin que la cultura se convierta en lo que se帽alaba Fernando Mart铆nez: en 鈥渇rente鈥 que se atiende 鈥減ol铆ticamente鈥? (Mart铆nez, 2009:33)

No era nueva la idea de que dentro de una revoluci贸n de car谩cter socialista habr铆a de llevarse a efecto un cambio en la conciencia de los hombres que construir铆an la nueva sociedad, y ese cambio ten铆a mucho que ver con el surgimiento de una nueva cultura y la eliminaci贸n paulatina de los rasgos propios de la ideolog铆a burguesa. Fidel enfatiza entonces en la necesidad de que se produjera una revoluci贸n cultural dentro del proceso de revoluci贸n econ贸mica y social que viv铆a la sociedad cubana.

Ya en los momentos en que se desarrollan las reuniones de la Biblioteca Nacional se hab铆an producido mejoras en las condiciones de vida y trabajo de muchos artistas, hab铆a comenzado la construcci贸n de Casas de Cultura, el impulso a las instituciones culturales, hab铆a comenzado la inmensa obra educacional. Se mostraban garant铆as, y muchas de ellas se aseguraban como proyecci贸n futura, por eso se insiste en que era imposible que la Revoluci贸n fuera a liquidar las condiciones que ya hab铆a tra铆do consigo.

Las instituciones culturales hab铆an pasado una etapa dif铆cil, entre la usual carencia de recursos y abandono y la cooptaci贸n de funcionarios y voceros. A pesar de que Cuba pose铆a una riqu铆sima historia de la literatura y las artes, ellas eran sobre todo asunto individual y de peque帽os grupos, que sobreviv铆an con duros esfuerzos, compart铆an esas tareas con el periodismo y con trabajos muy ajenos para ganarse la vida, o consegu铆an papeles y encargos en radio, y televisi贸n.

Ambrosio Fornet reconoce que los artistas cubanos se hab铆an formado en una fecunda contradicci贸n, con la clara conciencia de que su tradici贸n era la vanguardia. 鈥淒e ah铆 que, -dice- mientras los economistas hablaban de la necesidad de salir definitivamente del subdesarrollo, nosotros habl谩ramos de instalarnos definitivamente en la modernidad. Rechaz谩bamos el latifundio, el racismo y el realismo socialista, -para poner tres ejemplos muy dis铆miles entre si- por la misma raz贸n: todos eran signos de atraso. La Revoluci贸n se nos aparec铆a como el medio m谩s r谩pido y seguro de lograr nuestro objetivo no solo en el campo de la cultura, sino en todos los aspectos de la vida social鈥 (Fornet, 2009a:6).

Por otra parte, Fornet tambi茅n enfatiza en que las transformaciones radicales de la vida social, y con ellas la aparici贸n de un p煤blico masivo, eran factores que no pod铆an dejar de influir en la obra de los 鈥減roductores鈥 culturales. Ahora los intelectuales y artistas podr铆an crear con total autonom铆a, gracias al apoyo de instituciones aut贸nomas y a la subvenci贸n estatal, que los libraba de las 鈥渟ervidumbres del mercado鈥. Abordar con tanta nitidez las ventajas que para los propios artistas tra铆a el proceso revolucionario, aclar贸 a muchos que, incluso siendo beneficiados en el orden de la seguridad social y las condiciones id贸neas para la creaci贸n, se dejaban llevar por la confusi贸n ideol贸gica del momento y los prejuicios hacia un orden que a todas luces impon铆a mayor radicalizaci贸n.

Es cierto que en los predios de algunas instituciones culturales, incluso creadas por la Revoluci贸n, como fueron por el ICAIC y el magazine Lunes de Revoluci贸n, ya se hab铆an producido fuertes encontronazos, (tal es el caso de la intensa discusi贸n surgida a partir de la negativa del ICAIC de exhibir el documental PM), pero tambi茅n es verdad que hoy se conocen m谩s a fondo las razones, que llevan a desestimar una sobrevaloraci贸n de esta cuesti贸n para la etapa. Un criterio de Garrand茅s subraya esta idea: 鈥渓as pol茅micas son buenos term贸metros para medir la temperatura intelectual de una 茅poca pero no son su verdad鈥 (Garrand茅s, 2008:286).

Tampoco se pueden obviar los cuestionamientos temerosos de intelectuales como Virgilio Pi帽era, sobre los l铆mites que se estaban imponiendo a la creaci贸n intelectual en la Revoluci贸n. Otras figuras prestigiosas, como fue el caso de Guillermo Cabrera Infante, llegaron a prever la posible existencia de un 鈥渆stalinismo cubano鈥 (Otero, 1984:108).

Fuera del contexto hist贸rico en que se desarrollaban estas discusiones resultar铆a imposible comprender los l铆mites que comenzaban a imponerse en la esfera del arte y la literatura. Pero si tenemos en cuenta el condicionamiento pol铆tico de las mismas, remarcadas por las palabras de Fidel, visualizar铆amos la raz贸n fundamental que llev贸 a posiciones concebidas por algunos como 鈥渄e censura cultural鈥: la preocupaci贸n esencial en esos momentos era la Revoluci贸n misma, amenazada de muerte por sus enemigos externos e internos. Esta visi贸n pol铆tica del momento se impuso y coloc贸 frente a los intelectuales cubanos el dilema desprovisto de toda m谩scara.

Fidel conduce a la siguiente reflexi贸n: 鈥溌緾u谩l debe ser hoy la primera preocupaci贸n de todo ciudadano? 驴La preocupaci贸n de que la Revoluci贸n vaya a desbordar sus medidas, de que la Revoluci贸n vaya a asfixiar el arte, de que la revoluci贸n vaya a asfixiar el genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupaci贸n de todos no ha de ser la Revoluci贸n misma? Porque lo primero es eso: lo primero es la Revoluci贸n misma y despu茅s, entonces, preocuparnos por las dem谩s cuestiones. Esto no quiere decir que las dem谩s cuestiones no deban preocuparnos, pero que en el 谩nimo nuestro, tal y como es al menos el nuestro, nuestra preocupaci贸n fundamental ha de ser hoy la Revoluci贸n鈥 (Castro, 1960:7).

Esta posici贸n perme贸 las posturas de las m谩s importantes instituciones culturales surgidas al calor del proceso revolucionario, incluso alrededor de otros muchos elementos en discusi贸n, como fueron el derecho de definir qu茅 significaba la Revoluci贸n y a qui茅n correspond铆a la libertad de opinar sobre ella o juzgarla. Pero sobre todo esta l铆nea del pensamiento de Fidel en 鈥淧alabras a los intelectuales鈥 mostr贸 una necesidad latente, caracter铆stica del proceso de defensa de la Revoluci贸n: la unidad de todas las fuerzas para consolidarla. Y es que, tal y como sugiere Julio C茅sar Guanche, en el fondo de toda esta batalla lo que est谩 en cuesti贸n es el rumbo de la Revoluci贸n y la calidad del socialismo que habr铆a de construirse en Cuba.

A帽os m谩s tarde, Alfredo Guevara reflexiona sobre todo este proceso y considera que no fue la simple prohibici贸n de un filme lo que signific贸 la prohibici贸n de PM, sino la implantaci贸n una pol铆tica de principios de defensa de la Revoluci贸n en unos d铆as en que ya se esperaba un ataque armado y por todas partes se emplazaban ametralladoras y anti a茅reas. 鈥淧rohibir es prohibir; y prohibimos (鈥) Lo que no est谩bamos dispuestos, y era un derecho, era a ser c贸mplices de su exhibici贸n en medio de la movilizaci贸n revolucionaria鈥 (Guevara, 1998:89). Sin embargo, Alfredo reconoci贸 que quiz谩s en a帽os posteriores hubiera permitido que el film siguiera su curso, porque aunque las condiciones nunca han sido del todo favorables para el proceso revolucionario cubano, el enfrentamiento ser铆a de otro tipo.

Por otra parte, si de reconocer el papel jugado por la pol铆tica en todo este dilema de los intelectuales se trata, hay que observar la forma en que 茅sta pugnaba todo el tiempo por salir disfrazada de 鈥渃riterios est茅ticos鈥. Cuando profundizamos en las dis铆miles pol茅micas art铆sticas que desde los primeros a帽os comenzaron a suscitarse, nos percatamos que no eran m谩s que la legitimaci贸n cultural de posiciones pol铆ticas, inscribi茅ndose en un debate que no era solo est茅tico, ni acad茅mico, ni literario ni cinematogr谩fico. Era un debate profundamente pol铆tico, donde los intereses de clases acechaban, donde el ideal peque帽o burgu茅s se asomaba temeroso.

Pero todas las posiciones, tanto las m谩s ortodoxas como las m谩s contestatarias y herejes, discut铆an abiertamente, y le imprim铆an un car谩cter aut茅nticamente atractivo a estos a帽os. Problem谩ticas de car谩cter est茅tico, novedosas o universales, en las condiciones nuevas del socialismo en Cuba, provocaron acaloradas discusiones te贸ricas y no menos 鈥渁taques鈥 te贸ricos individuales, confrontaciones que vieron la luz en las publicaciones peri贸dicas que propici贸 el movimiento del pensamiento est茅tico desde diversas formaciones ideo est茅ticas (Pogolotti, 2006:vii).

Estas pol茅micas continuaron desarroll谩ndose entre Mirta Aguirre y Jorge Fraga (sobre la literatura y el arte, en la que tambi茅n interviene el poeta Rafael Alcides con sus tesis sobre la literatura y el arte revolucionarios); entre Jes煤s D铆az, Ana Mar铆a Simo de ediciones 鈥淓l Puente鈥 y el poeta Jes煤s Orta Ruiz, (Indio Nabor铆). Fueron todas ellas pol茅micas que provocan el est铆mulo a continuar los ex谩menes acerca de los principales temas est茅ticos a debate con el prop贸sito de establecer su continuidad en el proceso de creaci贸n revolucionaria.

Pero nada es sencillo en este an谩lisis, porque en un contexto tan complejo, estaban los intelectuales y artistas, con todos sus miedos, asustados con esa revoluci贸n que desbordaba sus intereses y sus propias necesidades. Tal y como corresponde a las relaciones sociales, ning煤n an谩lisis puede ser 鈥渆n blanco y negro鈥, de manera tal que el veredicto que sol铆a darse: -«ese no est谩 claro, tiene problemas ideol贸gicos», comenz贸 a difundirse de una manera peligrosamente subjetiva, cuando en muchos casos lo que ocurr铆a era que personas con聽 suficiente autoestima y responsabilidad social e ideol贸gica como para negarse a aceptar medidas que luego fueron reconocidas como desafortunadas, expresaban su inconformidad o se帽alaban desaciertos pol铆ticos.

No siempre se tuvieron en cuenta los proyectos personales de los diferentes actores sociales de la etapa estudiada, protagonistas de la oleada revolucionaria, y en el deseo de satisfacer las demandas y sue帽os colectivos se subestim贸 al individuo y a su universo de intereses. La reducci贸n del yo en el «nosotros» constituy贸 un problema muy evidente en aquellos a帽os, porque no se supo encontrar la justa medida entre los intereses sociales y los individuales. Ese ha sido un problema muy generalizado en las sociedades del llamado 鈥渟ocialismo real鈥: el individuo, con sus intereses y sus necesidades se pierde en el entramado social, provocando exclusiones y rechazos injustificados.聽

Entre 1959 y 1961 la Revoluci贸n victoriosa solo daba sus primeros pasos y ya se observaban asombrosos resultados, pero no todos los que se esperaban, dadas las expectativas existentes en un pueblo que era due帽o de una hermosa tradici贸n de lucha y resistencia. Hay que insistir en el hecho de que no siempre los que tuvieron la misi贸n de dirigir los espacios abandonados por los antiguos due帽os o los nuevos espacios creados por la Revoluci贸n en el poder ten铆an la preparaci贸n y la formaci贸n adecuadas. Las buenas intenciones de defender el proceso revolucionario se empa帽aban con frecuencia por el dogmatismo, el totalitarismo y la mediocridad de los propios actores sociales. Proliferaron posiciones extremistas entre aquellos que no llegaban a entender dial茅cticamente la construcci贸n de un sistema tan complejo como el socialismo, que puede producir r谩pidamente profundos cambios econ贸micos, sociales y pol铆ticos, pero que no siempre llevan aparejados, con esa misma rapidez, los cambios de la conciencia social de las grandes masas.

Por otra parte, hay que considerar que las pol铆ticas realmente en curso fueron transformando los roles de los sujetos sociales y que en esos nuevos roles iba implicada una ruptura con la ideolog铆a dominante y una inclinaci贸n espont谩nea hacia una ideolog铆a m谩s radical, m谩s revolucionaria, m谩s socializante. Es por esto que, al decir de Juan Vald茅s Paz, 鈥渆l proceso de transformaci贸n acelerada de la sociedad prepar贸 m谩s que el discurso,鈥orque el discurso ideol贸gico estaba bastante centrado en la pol铆tica en ese momento y era bastante incluyente, mientras que los procesos reales eran bastante diferenciadores y excluyentes鈥 (Gonz谩lez, 2012b:76)

Todo lo que no fuera 鈥渃laramente revolucionario鈥 era excluido, y la claridad revolucionaria, desde el punto de vista pol铆tico, ideol贸gico y moral, era interpretada de una manera muy conflictual. Se abogaba por la unidad revolucionaria y contra el sectarismo, pero m谩s tarde cualquier postura intermedia lleg贸 a ser considerada una debilidad, porque se corr铆a el riesgo de estar con el enemigo o de estar con el 鈥減ol铆ticamente incorrecto鈥.

En un proceso donde confluyen tantos rebeldes e inconformes, son inevitables las contradicciones. Es saludable tratar que estas diferencias puedan expresarse, ventilarse, en un ambiente de debate, y que la unidad que resulta indispensable para la defensa de los objetivos del proceso se construya sobre el consenso generado a partir de la discusi贸n abierta entre distintas posiciones revolucionarias. Pero comenz贸 a proliferar, con el pretexto de no dar espacio al enemigo, una unidad construida verticalmente, sobre la base de la obediencia y la disciplina sin cuestionamientos ante directivas de organismos superiores. Ese esp铆ritu fue caldo de cultivo para muchos de los errores cometidos en la implementaci贸n de la pol铆tica cultural, entre los que se destaca, a la luz del debate que nos ocupa, el desprecio y el miedo por la diversidad, situaci贸n que a煤n se confronta incre铆blemente, en algunos de los espacios nacionales. Hay quienes todav铆a no logran comprender que la inclusi贸n de todos y todas en un proyecto social, a煤n y colmando de sentido pol铆tico la lucha por la diversidad, no tiene por qu茅 conducir a la fragmentaci贸n y al individualismo, sino todo lo contrario, debe llevar a una mayor unidad y al colorido rostro de un socialismo m谩s humano, que desarticule todas las formas de discriminaci贸n y promueva la m谩s intensa participaci贸n popular en todos los procesos sociales.

Por otra parte habr铆a que considerar tambi茅n el criterio acerca de las insuficiencias de las concepciones del mundo y de la vida que hab铆an regido frente a las pr谩cticas, urgencias y exigencias de la Revoluci贸n, que provocaron en ocasiones actitudes negativas y simulaciones, movidas por los valores y h谩bitos de la sociedad anterior, y en alguna medida tambi茅n por el escaso desarrollo de la nueva sociedad. Que hab铆a que lograr justicia social, igualdad, educaci贸n y salud, seguridad social y solidaridad humana era cuestiones del consenso de todos, lo que no estaba claro y totalmente definido era c贸mo lograrlo…..y era l贸gico, porque generalmente, esas respuestas est谩n en el camino, no en el fin. Todos hablaban del socialismo, pero hab铆a notables diferencias acerca de c贸mo concebirlo y c贸mo entender, sin extremismos, la transici贸n hacia 茅l.

Los numerosos sucesos que se desatan en los primeros a帽os del triunfo del 59 comienzan a mostrar la necesidad imperiosa de que la Revoluci贸n abrazara a todos sus hijos en su proyecto social.聽 Pero entonces aparece la otra gran dicotom铆a: 驴C贸mo hacer coincidir a todos en la unidad que se propugnaba si los hijos eran de diversas ideolog铆as, diversas religiones, diversas preferencias sexuales?

Con todos sus aciertos, errores e insuficiencias, los intelectuales cubanos entraron a la historia de los sesenta en Cuba con una impronta marcada por el per铆odo de los tres a帽os fundadores. Reconocieron natural que entre los revolucionarios cubanos se presentaran diferencias y divergencias en cuanto a los caminos del socialismo y al marxismo, entre otras cosas porque existi贸 un denominador com煤n que gui贸 las conciencias y las voluntades de los que mantuvieron las ideas y posiciones m谩s dis铆miles: la defensa de la Revoluci贸n cubana, con su justicia socialista y su car谩cter de liberaci贸n nacional. Ese denominador com煤n mantiene su impronta, a煤n y cuando m谩s profundamente contradictorio se vuelva su entorno y su propio esp铆ritu, a煤n y cuando no se supere del todo el 鈥渃omplejo del intelectual鈥 y el desprecio de los algunos funcionarios hacia este sector. Aun as铆, al decir de Aurelio Alonso: 鈥淟a intelectualidad cubana es una intelectualidad con porcientos de asimilaci贸n de su propio papel, de lo que le toca, de lo que puede jugar,聽 de lo que vale la pena ser聽 jugado m谩s all谩 del vivir mejor. Yo creo que es importante lo que se ha logrado ante todo.聽 (…) Yo creo que en nuestra intelectualidad hay quien rechaza esto de manera brutal y te dicen 芦qu茅date ah铆 con lo que t煤 tienes que yo me voy, yo me monto en el avi贸n y me quedo en la pr贸xima禄,聽 pero la mayor铆a no tiene esa actitud, la mayor铆a te dice: 芦yo sigo aqu铆 porque esta cosa es tan m铆a como tuya禄聽 y vamos a ver, porque en definitiva de aqu铆 a cien a帽os Portocarrero sigue siendo Portocarrero y el 90 por ciento de los ministros que han pasado por este pa铆s en un Ministerio nadie se acuerda de ellos, a lo mejor ni los nietos. Porque esa es la historia de la sociedad y sus intelectuales鈥 (Gonz谩lez, 2012a:15).

Bibliograf铆a

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Gonz谩lez Ar贸stegui, Mely 2012b. Entrevista realizada a Juan Vald茅s Paz en Cuba: Cultura e ideolog铆a. Dilemas y controversias entre el 59 y el 61. ISBN 978-959-250-734-0, Santa Clara, Biblioteca de la Universidad Central de las Villas.

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Pogolotti, Graziella, 2008 鈥淟os pol茅micos sesenta鈥 en Pol茅micas culturales de los 60 (La Habana, Editorial Letras Cubanas)聽 p.vii

[1] 鈥淧alabras a los intelectuales鈥 fue entonces el documento que recogi贸, a modo de resumen, las ideas de Fidel sobre todas estas problem谩ticas, convirti茅ndose en uno de los documentos b谩sicos de la pol铆tica cultural cubana.

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Pol铆tica cultural

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Provocaciones para una construcci贸n simb贸lica

Por Fernando Luis Rojas L贸pez

Agradezco a la Asociaci贸n Hermanos Sa铆z (AHS) la invitaci贸n a este foro. El evento Memoria Nuestra se ha caracterizado por, desde las exposiciones de los propios asociados y j贸venes participantes, convertirse en un escenario de discusi贸n colectiva e intercambio de saberes. Por ello, m谩s que concurrir a este foro en calidad de 芦especialista禄 prefiero hacerlo en condici贸n de 芦facilitador禄. Para mi alegr铆a comparto este rol con la profesora, investigadora y compa帽era Mely Gonz谩lez de la UCLV.

Dada la amplitud tem谩tica que refleja la convocatoria a este foro, me limito a esbozar algunos problemas que considero acompa帽an el tema y realizar comentarios puntuales.

Primero: 驴Pol铆tica cultural o Pol铆ticas culturales?

Este problema se presenta al menos en dos dimensiones identificables. Una, relacionada con el espacio geo-pol铆tico e institucional. La incidencia de 芦problem谩ticas禄 internacionales no se limita a sus efectos en materia de econom铆a, comunicaci贸n, movimiento internacional de las personas, etc.; todo ello tiene un correlato con la 芦atenci贸n禄 a las pol铆ticas de los organismos internacionales. De hecho, se han incorporado c贸digos discursivos vinculados a organizaciones del sistema de Naciones Unidas y ello incluye las que se dedican a la cultura. Existe tambi茅n la que pudiera considerarse centro en las referencias tradicionales a 芦pol铆tica cultural de la Revoluci贸n禄, identificada con el ambiente nacional y, espec铆ficamente, estatal. Por 煤ltimo, puede encontrarse la propia generaci贸n, lectura e implementaci贸n que se realiza por organizaciones, instituciones, territorios, etc.

Por tanto, en mi criterio existe una clara diferencia entre lo que se denomina 芦principios de la pol铆tica cultural de la Revoluci贸n禄 y 芦la pol铆tica cultural禄 que, en su condici贸n descentrada (internacional, nacional, territorial-organizativa) es diversa.

Otra dimensi贸n tiene que ver con las continuidades y rupturas que se evidencian en este y otros terrenos en los m谩s de sesenta a帽os que han transcurrido desde 1959. Al discutido 鈥揷rom谩tica y temporalmente鈥 Quinquenio gris acu帽ado por Ambrosio Fornet, agrego tres ejemplos para ilustrar la complejidad del proceso.

En su libro p贸stumo Decirlo todo. Pol铆ticas culturales (en la Revoluci贸n cubana) publicado por la editorial Ojal谩 en 2017, Guillermo Rodr铆guez Rivera identifica el par contradictorio pol铆tica cultural inclusiva y pol铆tica cultural excluyente, siendo caracter铆stica esta 煤ltima del periodo que media entre 1971 y 1976.

Juan Vald茅s Paz en La evoluci贸n del poder en la Revoluci贸n cubana 鈥搎ue analiza desde 1959 hasta la actualidad鈥 se帽ala para el periodo 1975 a 1991: 芦A partir de 1976 la pol铆tica cultural qued贸 escindida en una pol铆tica m谩s abierta para las actividades art铆stico-literarias y una pol铆tica regresiva y dogm谩tica para las ciencias sociales y human铆sticas, las cuales eran subordinadas a la instauraci贸n de una cierta ideolog铆a de Partido y de Estado禄.

Y en 2014 apuntaba Fernando Mart铆nez Heredia en Ciencias sociales cubanas: 驴el reino de todav铆a?:聽

No repetir茅 aqu铆 lo que he escrito y dicho acerca del subdesarrollo inducido que sufrieron el pensamiento y las ciencias sociales cubanas a inicios de los a帽os setenta, ni acerca de los rasgos de aquella desgracia (…) en los an谩lisis que hagamos hoy es imprescindible tener en cuenta que se volvieron cr贸nicos, y que en cierta medida se mantienen todav铆a (…) A menudo los cambios impulsados se han reducido a puestas al d铆a que no brindan mucho m谩s que buena imagen, pero suelen reforzar el colonialismo mental, y tambi茅n a permisividades conquistadas. Pero hoy tenemos avances muy grandes. Contamos con mayor cantidad que nunca de especialistas calificados, cientos de monograf铆as muy valiosas, centros de investigaci贸n y docentes muy experimentados, y un gran n煤mero de profesionales con voluntad de actuar como cient铆ficos sociales conscientes y enfrentar los desaf铆os tremendos que est谩n ante nosotros.

Sirvan estos tres ejemplos para mostrar que las din谩micas de continuidad y ruptura, y las lecturas que se hacen sobre ellas, pueden ser bastante heterog茅neas. 驴Hablamos entonces de 芦pol铆tica cultural禄 o de 芦pol铆ticas culturales禄? 驴Las 芦desviaciones禄 de 芦la pol铆tica禄 son o no expresi贸n de pol铆ticas nuevas?

Como me he detenido m谩s de lo necesario en este primer problema, me limito a esbozar algunos otros en t茅rminos de interrogantes.

Segundo: 驴C贸mo asumimos, al hablar de Pol铆ticas culturales, los correlatos entre eso que se ha llamado 芦el contexto禄 y los 芦estudios particulares禄? 驴Puede hacerse desde perspectivas binarias?

Tercero: 驴C贸mo enfrentamos las porosidades y sinton铆as que tienen las luchas por la hegemon铆a en los terrenos pol铆tico, cultural y art铆stico-literario?

Cuarto: 驴De qu茅 manera valoramos las din谩micas propias y destiempos que se presentan en las pugnas o pol茅micas en estos terrenos?

Quinto: 驴C贸mo particularizamos las gradaciones y diferencias entre procesos que pueden denotar luchas por el poder (en cualquier 谩mbito), construcci贸n de identidades diferenciadas, pluralidad en la b煤squeda del consenso o ejercicio acad茅mico de contrastaci贸n de resultados?

Sexto: 驴Qu茅 lugar ocupan las ciencias y la educaci贸n cu谩ndo de 芦pol铆ticas culturales禄 se habla?

S茅ptimo: 驴C贸mo se enfocan las din谩micas entre la creaci贸n en el llamado 芦exilio禄, la migraci贸n, la producci贸n internacional y desde el espacio geogr谩fico cubano?

Octavo: 驴Qu茅 expresa el hecho de que, en varios acercamientos a publicaciones que desaparecieron durante estas seis d茅cadas se toma como punto de partida el cierre 鈥搎ue no deja de constituir un asunto central鈥 y se estructura metodol贸gicamente la narrativa sobre la publicaci贸n acomod谩ndola solo a su desenlace?

Termino esta provocaci贸n, que ojal谩 llegue a tal, con un comentario.

Hace casi un a帽o, durante el Congreso de la UNEAC, el actual presidente cubano Miguel D铆az-Canel manifest贸:

(鈥) siempre me ha preocupado que de aquellas palabras [Palabras a los intelectuales] se extraigan un par de frases y se enarbolen como consigna. Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la pol铆tica cultural, tambi茅n exige una interpretaci贸n contextualizada (鈥) ser铆a contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma 煤nica e inamovible la pol铆tica cultural de la Revoluci贸n. Eso ser铆a cortarle las alas a su vuelo fundador y a su esp铆ritu de convocatoria禄.

No constituye un dato menor, si asumimos que la intervenci贸n de 1961 ha tenido un lugar central en los acercamientos a la historia intelectual cubana del 煤ltimo medio siglo, y un car谩cter regulador 鈥揳l menos discursivamente鈥 en buena parte de la pol铆tica y pr谩ctica gubernamental hacia los artistas y escritores.

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  • Muchas gracias a la AHS por esta oportunidad, y a Fernandito Rojas por sus atinadas observaciones, deja interrogantes que sin lugar a dudas motivar谩n mucho el debate.

  • Buenos d铆as. Aprovecho para saludar a Mely y a Fernando y agradecer por los textos que nos proponen. En esta ocasi贸n reflexionar茅 sobre el art铆culo enviado por Mely. Creo que se han colocado en 茅l una serie de interrogantes que, como bien plantea su autora, siguen siendo latentes a esta misma hora. En este momento solo me referir茅 a una de ellas.
    Con tal finalidad retomo una de las citas del texto:
    鈥淒e ah铆 que, -dice- mientras los economistas hablaban de la necesidad de salir definitivamente del subdesarrollo, nosotros habl谩ramos de instalarnos definitivamente en la modernidad. Rechaz谩bamos el latifundio, el racismo y el realismo socialista, -para poner tres ejemplos muy dis铆miles entre si- por la misma raz贸n: todos eran signos de atraso. La Revoluci贸n se nos aparec铆a como el medio m谩s r谩pido y seguro de lograr nuestro objetivo no solo en el campo de la cultura, sino en todos los aspectos de la vida social鈥 (Fornet, 2009a:6)
    En esta cita se encuentra una de las cuestiones que, a mi juicio, contin煤a siendo un desaf铆o para la construcci贸n del socialismo en Cuba: el entender la existencia de un campo cultural y la vida social como elementos separados. Usualmente esto significa asumir el campo cultural reducido a lo art铆stico y 鈥揷on buena suerte- incluyendo las tradiciones culturales. Esta visi贸n nos retorna a otra vieja pol茅mica que tiene como centro el deslinde de las prioridades de la revoluci贸n entre salvar la cultura o la econom铆a sin entender a cabalidad que , asumiendo a la cultura como producci贸n simb贸lica y 鈥損or tanto- como un entramado de vasos comunicantes que transversaliza todas las relaciones sociales, la revoluci贸n socialista cubana ha sido y tiene que continuar siendo subversi贸n de la totalidad social. De ah铆 que, en esa totalidad que es 鈥渆l campo cultural鈥 y en el cu谩l se incluyen el c贸mo, cu谩ndo y qu茅 se produce y consume, las improntas de las decisiones pol铆ticas e incluso la calidad de la participaci贸n ciudadana en ese proceso, se libren luchas de clase 鈥 de clase econ贸mica pero tambi茅n de clases de g茅nero, de raza, de ubicaci贸n geogr谩fica, etc- en las que se define d铆a tras d铆a el destino de nuestro pa铆s.

    1. Un afectuoso saludo para ti Yula. En efecto los campos de la cultura y la sociedad no pueden separarse, est谩n integrados en el todo, en ese 芦todo禄 que implica la visi贸n cultural del desarrollo,p visi贸n que est谩 en la base de la concepci贸n de Fernando Martinez cuando dijo que el socialismo es ante todo un cambio cultural. No entender esa integraci贸n dial茅ctica de los procesos sociales lleva a un comportamiento economicista, peligro latente en la conducci贸n de pa铆ses como el nuestro, que se debaten entre la necesidad de avanzar en la senda del progreso, el bienestar, y la defensa necesaria de la identidad cultural. Dicotom铆a 茅sta muy conocida en Cuba desde el siglo XIX: Modernidad/Identidad y que nos permite entender la esencia de la resistencia cultural de esta Naci贸n

  • Fernando Rojas hace referencia a la preocupaci贸n del Presidente Miguel D铆az Canel de que se extraigan frases de las Palabras a los intelectuales y se enarbolen como consigna. Es una preocupaci贸n leg铆tima, no solo por lo que a esas palabras se refiere, tambi茅n otros discursos y reflexiones de dirigentes y figuras del pensamiento cubano han sido sacadas del contexto y esgrimidas para defender criterios no siempre acertados, que no se sostienen en el di谩logo abierto y honesto que se espera de los revolucionarios, lo que demuestra que no siempre hay cultura y formaci贸n pol铆tica para convencer sin aplastar, silenciar o excluir.
    El sentir de las palabras en las reuniones de la Biblioteca Nacional fue mantener abierto el di谩logo con los intelectuales y artistas, respaldar todo lo que echara su suerte con la Revoluci贸n y evitar que el sectarismo consumara un desastre en ese campo. Fidel logra mantener una relaci贸n 铆ntima con los principios, en medio de una situaci贸n pol铆tica e ideol贸gica muy compleja. Muchas malas interpretaciones sobrevinieron despu茅s. Fernando Mart铆nez Heredia recuerda que Fidel no orden贸 ni comunic贸 decretos, no conden贸 el documental PM y fue muy cuidadoso en cuanto a no pretender que unos u otros tuvieran la raz贸n. S铆 reconoci贸 que se hab铆an expresado pasiones, grupos, corrientes, querellas, ataques, incluso v铆ctimas de injusticias. Pero 鈥渘o utiliz贸 nunca expresiones como problemas ideol贸gicos o servir consciente o inconscientemente al enemigo, expresiones que han sido funestas para la cultura en la revoluci贸n鈥 y que desgraciadamente a煤n escuchamos en muchas discusiones y controversias de todo tipo.
    En la lucha por el socialismo no puede desestimarse la necesidad de encontrar los m茅todos, sistemas de est铆mulos, instituciones y dem谩s mecanismos adecuados al sector de las actividades intelectuales, precisamente 鈥減orque el campo espec铆fico de la funci贸n del intelectual es el campo de la lucha ideol贸gica鈥. El intelectual produce elementos que se integran como cimientos en el campo subjetivo de la sociedad: valores, ideas, comportamientos, costumbres, ciencia. Pero no hay que olvidar que este campo ideol贸gico es tambi茅n un campo de lucha de clases, campo indispensable en el logro del triunfo revolucionario. En esta lucha siempre existir谩n individuos que intentar谩n frenar las nuevas transformaciones, por diferentes razones, y habr谩 que encontrar las formas de lucha id贸neas en cada momento para neutralizar cualquier posici贸n individualista y reaccionaria.
    La construcci贸n de una nueva hegemon铆a en el socialismo, atractiva, inteligente, revolucionaria, tiene mucho que ver con la coherencia en la relaci贸n intelectuales/sociedad.

    1. Saludos profesora Mely, es un gusto volver a coincidir. Fui estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales de la UCLV, entre los a帽os 2005-2010, cuando usted se desempe帽aba como decana.
      Realmente el tema del d铆a de hoy permite estar debatiendo por horas. Solo se帽alar que coincido con su criterio de que al hablar de pol铆ticas culturales durante la Revoluci贸n no se puede dejar de mencionar a Palabras a los intelectuales, pues todos sabemos tuvo durante a帽os inadecuadas interpretaciones. Sin embargo, es un texto que no pierde vigencia y as铆 lo expres贸 claramente el presidente Miguel D铆az-Canel Berm煤dez, en la clausura del 煤ltimo Congreso de la UNEAC. En ese discurso plantea que a la pol铆tica cultural hay que darle el contenido que exigen los tiempos actuales. En estos tiempos de globalizaci贸n donde no existe el inter茅s en desarrollar un pensamiento cr铆tico y estamos constantemente bombardeados de una cultura banal, se impone la necesidad de la unidad entorno a la cultura nacional.

  • Buenos d铆as a todas y todos, reitero el agradecimiento por esta oportunidad de intercambio al que incorporo algunos comentarios.
    Yula y Mely se refer铆an al problema/desaf铆o que identifican en la comprensi贸n del campo cultural separado de la vida social. Insisten en la condici贸n de totalidad del cambio revolucionario. Y ya que se ha mencionado con bastante frecuencia por ac谩 a Fernando Mart铆nez Heredia durante estos d铆as, me gustar铆a decir que esa idea de que 芦el socialismo es ante todo un cambio cultural禄 tiene una condici贸n reguladora en su actividad. Es el mismo Fernando que, en Utop铆a y pr谩ctica pol铆tica en El Estado y la revoluci贸n, cuando refiere al Che Guevara y los Apuntes鈥 para representar la magnitud de la tarea de los revolucionarios rusos opta por 芦Pero los tiempos no estaban para experimentar a largo plazo: hab铆a que dar de comer a un pueblo y organizar la defensa contra posibles ataques禄; el mismo que habla de la necesidad de una historia del trabajo en Cuba, del lugar en la naturalizaci贸n del racismo en el siglo XIX de 芦los registros civiles y la prohibici贸n del matrimonio interracial禄, que expresa tambi茅n su preocupaci贸n en poner a hablar a la gente com煤n, lo que se dir铆a 芦la gente del pueblo禄 sobre y desde la revoluci贸n.
    Quisiera regresar tambi茅n al asunto del car谩cter internacional de la revoluci贸n comunista, no en el plano 芦de condena禄 y renuncia a que a veces se llama en el escenario actual; sino en los sucesivos ensanchamientos que ha tenido ese 芦car谩cter internacional禄. Ese ensanchamiento (f铆sico) puede verificarse hasta el lugar de los procesos de descolonizaci贸n y liberaci贸n nacional en el Tercer Mundo. Aprovecho, ahora que hablamos del intelectual en una perspectiva m谩s all谩 del terreno art铆stico literario, la insistencia de Rafael Hern谩ndez en valorar el peso de un evento como la Conferencia Tricontinental al que concurrieron representantes de m谩s de 80 pa铆ses. Lo menciono porque, si de un 芦evento cultural禄 internacional se habla al acercarse a la d茅cada de los sesenta, es b谩sicamente del Congreso Cultural del 68.

    1. Coincido con el necesario reconocimiento del intelectual mucho m谩s all谩 del campo art铆stico y literario, que parte de la propia concepci贸n marxista de la cultura.
      En el curso de un proceso de transformaci贸n social el intelectual revolucionario produce no solo para cr铆ticar la ideolog铆a burguesa, sino para crear las armas te贸ricas, ideol贸gicas, para la lucha emancipadora de la clase dominada. En estas circunstancias, el intelectual enfrenta dos desaf铆os fundamentales: primero el desaf铆o de la pr谩ctica revolucionaria que debe resolverse en su participaci贸n te贸rico pr谩ctica dentro del proceso, con la elaboraci贸n de una teor铆a revolucionaria concreta para una revoluci贸n concreta y determinada. El segundo desaf铆o es la ruptura con las formas tradicionales de la producci贸n intelectual, en especial las formas individualistas de producci贸n y el destino y subordinaci贸n de su trabajo a un mercado donde su obra puede convertirse en una mercanc铆a m谩s.

    2. Que bueno Fernando Luis, que has puesto la mirada sobre el asunto del trabajo. Creo que no es una condici贸n reguladora de la afirmaci贸n del socialismo como cambio cultural, sino uno de los espacios fundamentales donde este cambio debe realizarse. Necesitamos comprender ese espacio de la econom铆a y del trabajo como un espacio no solo integrado por «cosas» sino por personas con una subjetividad que le permite desempe帽arse como trabajadores de una manera o de otra. Por tanto, la producci贸n de cosas nunca puede desligarse de la formaci贸n de las personas que las producen y las relaciones que establecen, formaci贸n cultural que siempre se va a producir aunque no sea intencionada por un agente de cambio cultural, lo que no necesariamente en la direcci贸n deseada. Para el socialismo es clave porque la naturaleza de su proyecto implica «producir cosas» de tal manera que el acto de hacerlo y la forma en que este es organizado permita la formaci贸n de nuevas personas, y que las cosas que se producen se pongan en funci贸n de todos. Por eso me parece tan valioso que hayas tra铆do a colaci贸n este tema. En la misma l铆nea, probablemente el «evento cultural» m谩s importante de los a帽os 60 hayan sido las Zafras del Pueblo.

  • Buenos d矛as a todos. Otra vez gracias por continuar acompa帽ando este esfuerzo que hacemos desde la AHS para movilizar en un circunstancia tan dif铆cil el pensamiento cr铆tico de nuestros asociados. En especial quiero agradecer a Mely y Fernando, ellos se han tomado, como siempre lo hacen, muy en serio la invitaci贸n y han planteado todos estos razonamientos, sin lugar a dudas extraordinariamente complejos y provocadores.

  • C貌mo hemos comenzando hablando de compartimentos estancos en nuestra realidad y en las interpretaciones culturales que de ella hacemos. Quiero agregar al debate una primera observaci贸n general y al menos dos o tres interrogantes. En primer lugar creo que no siempre entendemos que lo que analizamos como «campo cultural cubano»es una categor铆a en transformaci貌n permanente y que estaba atravesada, como hasta nuestros d铆as, por familias est茅ticas e ideol貌gicas de diferente procedencia y alcance. Parece una verdad a todas, pero sin esta diferenciaci贸n podemos avanzar muy poco en la determinaci贸n de los roles, discursos, imbricaci貌nes, pol茅micas y agendas de los grupos intelectuales a los que la Revoluci贸n se les presenta en 1959. Sin lugar a dudas el perfil del «intelectual revolucionario» tiene que ver mucho con los avances, retrocesos, desgarramientos y posibilidades que ti帽en el universo ideol贸gico cubano de las primeras tres d猫cadas de la Revoluci貌n. En ese sentido creo que hay un problema principal para la mayor铆a de nuestro intelectuales el estatuto antropol贸gico de la cultura estaba negado. No sab铆an razonar desde 猫l. Tampoco estaban muy claras nociones como subdesarrollo, liberaci贸n, Tercer Mundo… aquello empezaba apenas descubrirse. Por otra parte los centros de gravitaci贸n del pensamiento cultural segu铆an bastante contagiados del eurocentrismo propio de la ep貌ca. Ahora bien todo ello supone para m铆 al menos cuatro peguntas: 驴 Cu谩les ser铆an hoy las familias ideol贸gicas y est茅ticas que act煤an en nuestro campo intelectual? 驴 Tenemos centros gravitacionales, nuevas obsesiones intelectuales en nuestros debates culturales? 驴 Seguimos inscritos en una tradici贸n o son demasiado evidentes las rupturas y los deslindes en cuanto a la representaci贸n intelectual que ha tenido la Revoluci贸n? 驴 Que roles asumir como intelectuales frente al nuevo universo ideol贸gico en que nos desenvolvemos?

    1. No me atrevo a opinar sobre cuestiones est茅ticas, pero me atrevo a asegurar que el campo ideol贸gico cubano contin煤a debati茅ndose en el afianzamiento de la Naci贸n, con todas sus controvertidas discusiones, y donde resalta la cuesti贸n de la construcci贸n socialista, opci贸n que a煤n se debate en pol茅mica con la ideologia del nacionalismo, de car谩cter antiimperialista, tan encarnada en el ser cubano.
      Pienso que seguimos
      en esta tradici贸n de pensamiento, aun y cuando las controversias y contradicciones no han cesado y resulta dif铆cil, como dec铆a en mi an谩lisis inicial, encontrar ese equilibrio entre intereses del individuo/intelectual y el intelectual revolucionario llamado a la defensa de bienes colectivos. Pueden ser coincidentes estos intereses, pero depende en gran medida del esp铆ritu integrador y de reconocimiento de lo diverso por parte de la dirigencia en la sociedad. El temor a lo diferente, al criterio contrario, al pensamiento critico nos hace mucho da帽o.
      El rol del intelectual en este universo tan complejo debe dirigirse a la busqueda de la consolidacion del socialismo, alejado de dogmas y del esp铆ritu burocr谩tico que nos acompa帽a. El mundo y esta pandemia demuestran la inconsistencia de la ideolog铆a neoliberal y la necesidad de apostar por f贸rmulas m谩s sostenibles, solidarias y colectivas: esencias del socialismo

    2. Me parecen muy 煤tiles y provocadoras las preguntas que propone Yosvany. Quiero referirme a la interrogante 驴seguimos inscritos en una tradici贸n o son demasiado evidentes las rupturas y los deslindes en cuanto a la representaci贸n intelectual que ha tenido la Revoluci贸n? Considero que la respuesta est谩 estrechamente relacionada con los problemas que expresa y las propuestas que hace el campo 芦intelectual禄 (ya ayer varios compa帽er@s, Alejandro Gum谩 por ejemplo, trajeron a Gramsci por ac谩). Yo creo que situar como contradictorios 芦tradici贸n禄 y 芦ruptura禄 puede tener alguna utilidad en t茅rminos discursivos y propagand铆sticos 鈥搎ue no es poco鈥; tambi茅n en el plano simb贸lico, como interpelaci贸n de una 芦nueva generaci贸n禄 a una determinada acumulaci贸n y a sus portadores.
      Ahora bien, tradici贸n y ruptura no los entiendo como contrarios. Creo que deb铆an presentarse con m谩s frecuencia como articulados. Y creo que mucha gente joven (alerto tambi茅n contra una construcci贸n homog茅nea desde lo generacional) reproduce esta 芦contradictoriedad禄 porque: sin dudas el peso de determinados per铆odos y su carga m谩s fuerte de censura y anti-intelectualismo deja 鈥揺ntendiendo las continuidades en estos sesenta a帽os鈥 deudas que tratan de ser saldadas a posteriori (premios, publicaci贸n, visibilidad) y ello tiene un efecto entre las voces 芦emergentes禄.
      Hay otro fen贸meno con dos derivas bien distintas a partir de un principio com煤n. Es relativamente com煤n en el terreno 芦intelectual禄 la construcci贸n de genealog铆as. Y esas genealog铆as se construyen normalmente desde a) la adscripci贸n a una determinada 芦herencia intelectual禄 o cultural; b) la cr铆tica y negaci贸n de determinadas 芦herencias intelectuales禄 o culturales. Entonces, en el 煤ltimo caso, la ruptura con una determinada 芦herencia禄 se erige en una carta de presentaci贸n sin siquiera definir qu茅 propuestas se hacen.

    3. Hola, agradezco la oportunidad de participar en este espacio y claro a los autores por tan valiosos textos. La tem谩tica de hoy tiene gran relaci贸n con la de ayer. Me gustar铆a compartir estas ideas al respecto. Seg煤n Foucault, el relacionamiento de poder, puede ser el resultado de un consentimiento m谩s importante o permanente, pero no es por naturaleza la manifestaci贸n de un consenso. En tanto ante esta tem谩tica reitero mi consideraci贸n sobre el papel de las identidades locales como base indiscutible para la aprehensi贸n necesaria de las pol铆ticas culturales, el pensamiento social y el papel de la intelectualidad cubana a fin de consolidar y defender nuestra naci贸n. El necesario movimiento y construcci贸n del pensamiento social opera mediante una relaci贸n de dependencia de forma constante, donde el c贸mo influye directamente en el resultado esperado y adem谩s de forma cont铆nua debe elaborarse, transformarse, organizarse, como proceso en funci贸n de cada contexto. En este caso atender a la coyuntura sociocultural es vital, puesto que se centra en interpretar la historia del presente, a modo de destacar sus valores y tipicidad, que sin lugar a dudas pasar谩n a la posteridad; adem谩s de tomar en cuenta las circunstancias en que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. Como bien se ha dicho en los textos. Por tanto la clasificaci贸n y organizaci贸n de patrones sociales, pr谩cticas constitutivas de la identidad y representaciones permanentes (Res猫ndez, 2007) pueden contribuir a validar diferentes procesos, as铆 como evidenciar los nexos congruentes, pues no en pocas ocasiones suelen estar desapercibidos y urge una recontextualizaci贸n de un grupo de aspectos sobre los cuales ya muchos la intelectualidad cubana se ha referido.

  • Quisiera aprovechar la oportunidad para referirme a determinados aspectos que reproducimos culturalmente de manera cotidiana, aunque ocurra con un signo diferente (en apariencia):
    – Por ejemplo, operamos en los t茅rminos del Estado 芦moderno禄, incluso cuando criticamos al Estado capitalista y al tipo de Estado que se autoreferenci贸 socialista. Ello lleva, en ocasiones, a un sobredimensionamiento 鈥搚 casi presentaci贸n como entidades 芦de izquierda禄鈥 de los organismos internacionales de las NU que act煤an como estabilizadores del sistema. Tambi茅n lleva a 芦exigir禄 a determinados movimientos (el ind铆gena, por ejemplo) respuestas al 芦asalto al Estado capitalista禄 desde esa comprensi贸n moderna en personas que tienen una cosmovisi贸n y una relaci贸n diferente con el Estado.
    – Funcionamos tambi茅n fragmentando lo que se considera 芦cultura禄 -ya de eso se hablado- y por tanto se disminuye lo que ser铆a 芦debate intelectual禄 y 芦pol茅mica cutural禄. Por ejemplo, la exclusi贸n de los 芦debates econ贸micos禄 de la narrativa sobre lo que constituye 芦pol茅mica cultural禄, ha disminuido en ocasiones o enclaustrado en un sector de la academia el lugar de Cuba Socialista y Nuestra Industria, Revista Econ贸mica (Luis Emilio y Jos茅 Ernesto, que han estado por ac谩, pueden abundar en esto). Para estudios particulares han quedado, a pesar del lugar que tienen 芦los marxismos禄 en disputa por esos a帽os y determinados autores que aparecen en sus p谩ginas, publicaciones como la revista Universidad de La Habana (1934-1969; 1972). De los 427 art铆culos publicados en la d茅cada del sesenta, unos 30 se refieren a la tem谩tica del marxismo y el leninismo (de acuerdo a un trabajo de Yohanka Le贸n, del Instituto de Filosof铆a).

    1. Fernando y Mely, muchas gracias por participar en este forodebate con reflexiones tan atinadas. En lo que Luis Emilio y Jos茅 Ernesto se incorporan a la provocaci贸n lanzada por Fernandito, quiero acotar algo que este 煤ltimo se帽ala con relaci贸n a la econom铆a y el debate cultural. Sobre todo en estos tiempos en que se ha hecho un «llamado» a aprovechar las potencialidades y el consecuente aporte que deben hacer las llamadas industrias culturales y creativas. 驴Cu谩les son los ejes conceptuales que servir谩n como premisas para insertar nuestra cultura -acompa帽ada y mediada por el papel de nuestras instiuciones- en ese universo regido fundamentalmente, por el mercado? 驴Significa esto una renuncia a ciertas premisas diferenciadora de la cultura humanista fomentada durante esto a帽os de Revoluci贸n?

  • Como expresa una de las etiquetas que distingue la actual edici贸n de Romer铆as de Mayo, el arte salva, y m谩s all谩, la cultura salva, sobre todo de la ignorancia, el 煤nico modo de ser libres, como dijo Mart铆. Por eso al triunfo de la Revoluci贸n, se determin贸 que la cultura fuera el escudo y espada de la naci贸n, repartida en casas de cultura, bibliotecas, museos, teatros, etc… Recordemos la labor vital de sus actores en los momentos dif铆ciles por los cuales ha atravesado el pa铆s, cual el paso de huracanes, con las brigadas culturales que han llegado a los lugares m谩s rec贸nditos de la Isla, para desde el pensamiento, el entretenimiento, la instrucci贸n en los m谩s diversos temas, ayudar a quienes pudieron haberlo perdido todo en unas horas… Ahora tambi茅n ha sido vital, en el contexto de la COVID-19, con el acompa帽amiento familiar de m煤sicos, actores, artistas pl谩sticos, bailarines, desde las tan de moda presentaciones online; y Romer铆as de Mayo hay que mencionarlo en este sentido.

  • Hola! Muy profundos los textos de Mely y Fernando Luis. Celebro el gesto de colocar y analizar los primeros a帽os de la Revoluci贸n como ese momento donde quedan planteados una serie de problemas que son b谩sicos para comprender este asunto a los largo de las d茅cadas, una especie de c贸digo gen茅tico que marcar谩 los derrotereos de la discusi贸n en estos 60 a帽os. Mi pregunta ser铆a si en el campo de los artistas e intelectuales, no se estar谩 revolviendo esa contradicci贸n individuo-sociedad a favor del individualismo, alejandose la posibilidad de la integraci贸n dial茅ctica? Existen muchas manifestaciones a煤n donde los artistas e intelectuales cubanos encuentran su realizaci贸n en cuanto tales en el proyecto com煤n, pero tambi茅n encontramos mucho de lo contrario, tal vez m谩s que en otras 茅pocas. Es s贸lo una impresi贸n, que tengo desde hace un tiempo, y que ayer se me reforz贸 al ver el documental de las Romer铆as y ver cu谩ntas cosas hicieron y lograron en pleno Per铆odo Especial

    1. Hola Luis Emilio, un saludo para ti. Lo que ocurre en el campo intelectual cubano no escapa de las circunstancias internacionales, marcadas por el signo del individualismo que ocasionaron las pol铆ticas neoliberales y las mediaciones de los medios de comunicaci贸n promulgando el «tener» sobre el «ser». Pero tambi茅n el decursar de nuestro proceso revolucionario ha dejado marcas de frustraci贸n, escepticismo y alejamiento de muchos intelectuales, algunos porque no han podido superar momentos dif铆ciles, otros porque se han cansado y asumido otros derroteros. Hay de todo. Me refer铆a a factores subjetivos que han afectado la representaci贸n intelectual en Cuba, muchos de ellos se arrastran desde los primeros a帽os del triunfo, otros son de nueva factura, pero casi siempre tienen su base en el inadecuado tratamiento a este sector, por desconocimiento, miedo, ignorancia, arrogancia.
      Las formas de lucha y expresi贸n del intelectual cubano han ido adecu谩ndose a los nuevos contextos, pienso que en su mayor铆a la apuesta sigue siendo hacia el socialismo, solo que las maneras de entender el camino siguen siendo diversas y controvertidas.
      As铆 lo demuestran los estudios recientes de las Ciencias sociales cubanas, que no tienen a煤n el reconocimiento y respeto que merecen, y en cuyo campo, por las razones anteriores, muchos intelectuales se retraen, so pena de parecer individualistas.
      El problema es complejo, para meditar. No creo que sea f谩cil una respuesta en breve espacio de tiempo.

  • Un saludo a los moderadores ante todo quisiera comenzar diciendo que la tem谩tica en cuesti贸n posiciona un conjunto de variables interesant铆simas sobre el tablero para analizar la ecuaci贸n Revolucion+ intelectualidad+ representaci贸n+ cultura, y me gusta plantearlo en t茅rminos de variables y ecuaciones porque todos sabemos que encontrar una soluci贸n que satisfaga al conjunto en su totalidad es extremadamente dif铆cil si se tiene en cuenta la variabilidad de las circunstancias que dan lugar a cada una de esas variables. Sin embargo creo que el reto constante est谩 en la noci贸n de equilibrio que se debe lograr entre todas la apartes para para avanzar en la consecuci贸n de una relaci贸n arm贸nica que redunde en la transformaci贸n de las matrices culturales de la naci贸n propiciando un acercamiento al cambio que supone el socialismo. Entender este proceso como un camino exento de contradicciones hubiese sido cuando menos ingenuo, sin embargo ser铆a interesante retomar algunos argumentos del di谩logo sostenido en el forodebate de ayer, si bien por un lado se ha exigido al los intelectuales un acompa帽amiento a la Revoluci贸n y sus decisiones, por otro no siempre se han visto a estos como elementos que aportan con su pensamiento y cr铆ticas a la consagraci贸n de la misma, y en ocasiones prolifer贸 un sentimiento antiintelectual que que mucho da帽o hizo a la relaci贸n entre ese sector y el poder. Creo que en ese di谩logo cargado de tensiones las organizaciones como la Uneac y la AHS han sido claves para la soluci贸n de problemas y retomando las palabras de Mildred de la Torre solo cuando las organizaciones han sostenido el esp铆ritu de sus miembros, sus demandas y necesidades ha sido verdaderamente fruct铆fero el resultado de esas negociaciones en las que la fronteras de lo permitido se han movido considerablemente. Hoy esas relaciones entran en tensi贸n nuevamente en tanto nuevas generaciones tienen tambi茅n nuevas necesidades expresivas y los mecanismos que existen para esa el la socializaci贸n de la producci贸n intelectual muchas veces ya han quedado caducos y es necesario revisarlos y reimpulsarlos.

  • Muy interesante el tema y en consonancia con lo que se ha venido debatiendo.Mucho se ha comentado sobre el papel del intelectual en la sociedad y particularmente en la Revoluci贸n.De ah铆 que esa representaci贸n del intelectual est茅 permeada por lo que se espera de ese intelectual independientemente (y a la par) de su creaci贸n .
    Asumir «posiciones», explicar y acompa帽ar procesos art铆sticos y creativos,es deber y derecho de los intelectuales, m谩s, esto no debe estar condicionado por presiones y exigencias arbitrarias que impidan la libre creaci贸n.

  • Creo que las intervenciones de Luis Emilio y Yasmany aportan elementos muy importantes. En ambos comentarios se pone sobre la mesa la din谩mica individuo-sociedad que aparece desarrollada en el texto de Mely y que Luis y Yasmany tambi茅n enuncian y enriquecen. Dec铆a que sobre todo ayer, se hab铆a tra铆do a Gramsci. En ese sentido, agrego 鈥揳 la ya mencionada 芦individuo-sociedad禄鈥 din谩micas que me parecen 铆ntimamente relacionadas: arte-pol铆tica, ciencia-arte-pol铆tica, intelectualidad-subversi贸n revolucionaria鈥 Todas han tenido mediaciones en el decursar de estos sesenta a帽os. No es de extra帽ar que en el primer n煤mero de Casa de las Am茅ricas se incluya 芦Un testimonio del Primero de Mayo禄 firmado por Virgilio Pi帽era: 芦El treinta de abril fuimos a La Caba帽a para recibir instrucciones con motivo del desfile del Primero de Mayo. Nuestra milicia est谩 integrada por los obreros y empleados del taller de Revoluci贸n y por los escritores que se agrupan junto a Lunes禄, y m谩s adelante, 芦隆Cu谩ntas burlas hemos soportado, cu谩ntas directas e indirectas sobre la tan llevada y tra铆da irresponsabilidad del escritor! Y como no hay peor cu帽a que la del mismo palo, estas pullas, estos escepticismos nos llegaban de parte de la misma gente del oficio禄. Entonces, se han verificado, como dos cu帽as de un mismo palo: anti-intelectualismo desde determinados estratos de la pol铆tica y anti-militancia desde determinados 谩mbitos intelectuales. Una valoraci贸n m谩s amplia de esto nos llevar铆a a discutir sobre cu谩ndo estas posiciones se adoptan desde el poder y, al mismo tiempo, realizar una valoraci贸n del poder en una perspectiva descentrada que tome en cuenta el funcionamiento de las relaciones de poder en la esfera internacional.
    A ello agrego, para ilustrar la larga data del fen贸meno, la centralidad que en el an谩lisis de determinadas publicaciones (ej. Casa de las Am茅ricas) tienen discusiones sobre el asunto (ej. las desatadas en 1966 y tuvieron que ver con Mundo Nuevo y la carta abierta a Pablo Neruda).

    1. Me gust贸 este de antiintelectualismo de un lado y antimilitancia del otro, como dos extremos que ostaculizan esa integraci贸n dial茅ctica individuo-sociedad en el campo de los artistas e intelectuales

  • La pol铆tica cultural de la Revoluci贸n, que apost贸 desde su gestaci贸n por la democratizaci贸n del acceso a la cultura, la defensa de la identidad nacional y del patrimonio, ha tenido siempre en cuenta la participaci贸n de los intelectuales y artistas. Intervenir en el desarrollo de esa pol铆tica, por
    definici贸n martiana y fidelista, nos sit煤a en el plano de escuchar y ser escuchados, de ser coherentes y responsables en el di谩logo y de alertar a tiempo sobre cualquier obst谩culo que se interponga en la consecuci贸n de sus objetivos principales.

  • Si estamos de acuerdo en que el ser humano es a la vez sujeto protag贸nico y principal beneficiario de nuestra sociedad, y lo entendemos como portador de la cultura e identidad cubanas, todo lo que hagamos desde la creaci贸n y el pensamiento tendr谩 que tributar a su dignidad, igualdad y libertad plenas.
    Si aspiramos a que cada ciudadano incorpore en su actuaci贸n cotidiana la 茅tica de la solidaridad, el humanismo, la justicia y la equidad, y rechace y combata el materialismo vulgar, las conductas marginales, el ego铆smo, la discriminaci贸n y la intolerancia; debemos cobrar conciencia de que la cultura es terreno f茅rtil para desarrollar tales valores.
    Nuestro socialismo tiene que proponerse elevar la calidad de vida de la poblaci贸n a trav茅s de la satisfacci贸n plena de sus necesidades espirituales y de soluciones racionales para sus necesidades materiales.
    Defendemos el derecho del pueblo a convertirse en protagonista de los procesos culturales y a disfrutar a plenitud lo mejor de la creaci贸n art铆stica y literaria cubana y universal.
    Para lograrlo, se hace imprescindible la formaci贸n de un ciudadano consciente y cr铆tico, en posesi贸n de herramientas que le permitan discernir e interpretar el mundo real y virtual en que vivimos.

  • El an谩lisis del complejo esenario en que se desevuelven, en el caso cubano, las interrelaciones de unidad y contradicci贸n entre lo individual y lo colectivo, entre la funci贸n intelectual y el proyecto colectivo, entre el proyecto revolucionario y la condici贸n intelectual (colectiva) y la funci贸n intelectual (individual). Establecen el aquilibro necesario para impulsar la realizaci贸n plural del proyecto, dinamizan
    las relaciones sociales de poder y las din谩micas de producci贸n social del saber. Este ejercicio de enfrentamiento no antagonico, muchas veces dolorosos para los intelectuales, es , no solo para la pol铆tica cultura sino para la pol铆tica de la Revoluci贸n en general, la contrapartida necesaria para la evoluci贸n del proyecto.

  • Universidad.
    A lo largo del siglo XVIII se manifestaron en la Isla de Cuba una serie de acontecimientos de car谩cter sociocultural que, en gran medida, contribuyeron al desarrollo de la intelectualidad criolla. Primeramente, la introducci贸n de la imprenta hacia 1720 luego la fundaci贸n en 1728 de la Real y Pontificia Universidad de San Ger贸nimo de La Habana lo cual constituy贸 un momento muy importante en el desarrollo de nuestra cultura, aunque se estructur贸 sobre la base la filosof铆a escol谩stica, y en los primeros tiempos el esp铆ritu del libre pensamiento le era ajeno. Tambi茅n debe se帽alarse la apertura de nuevos colegios, entre los cuales se destac贸 el Colegio de San Basilio el Magno (1722), as铆 como el Real Colegio -Seminario de San Carlos y San Ambrosio- (1773). Este 煤ltimo tuvo como prop贸sito inicial la formaci贸n de cl茅rigos y se convirti贸 muy pronto en abanderado de las nuevas ideas ilustradas, al concentrar las mentes m谩s preclaras de nuestra intelectualidad criolla entre sus maestros y disc铆pulos.
    En cuarto lugar, debe mencionarse el comienzo de la circulaci贸n del Papel Peri贸dico de La Habana en octubre de 1790. Originalmente funcion贸 como anunciante del arancel de precios al por mayor; informaba sobre compras y ventas, entrada y salida de barcos, insertaba poes铆as y art铆culos sobre educaci贸n. Muy pronto devino veh铆culo indispensable de la sociedad criolla culta para divulgar los avances cient铆ficos y filos贸ficos, as铆 como se torn贸 en espacio siempre abierto a la pol茅mica y la cr铆tica social.
    Por 煤ltimo, resulta importante la creaci贸n de la Sociedad Econ贸mica de Amigos del Pa铆s en 1793, que esbozar铆a gradualmente un sentido de cubanidad. En el mismo a帽o de su fundaci贸n, acord贸 destinar fondos para la creaci贸n de la biblioteca, lo cual represent贸 un momento tambi茅n important铆simo en la formaci贸n de nuestra cultura.
    Todos estos acontecimientos socioculturales fueron conformando paulatinamente la definici贸n de una personalidad propia de la sociedad criolla, su solidez cultural, el surgimiento de ideales patri贸ticos y la concientizaci贸n -en el sector ilustrado de esta sociedad- de la necesidad de establecer reformas que coadyuvaran a un mejoramiento sustancial de las condiciones econ贸micas y socioculturales del pa铆s.
    Posteriormente con la llegada de la Revoluci贸n, triunfante y popular, constituy贸 una nueva oportunidad para todos. Se reconoce la historia y tradiciones del pensamiento social cubano m谩s progresista como los cimientos de la nueva sociedad. Puede apreciarse as铆 un encuentro entre la voluntad pol铆tica de promover el desarrollo de la ciencia y su democratizaci贸n, y el compromiso social y profesional de los actores de ese sector que permanecieron en el pa铆s -en su mayor铆a estudiantes y profesores universitarios-.
    se plantea un salto cualitativo en la inserci贸n de la cultura en instituciones universitarias pues desde sus inicios han sido de vital importancia para la educaci贸n y el desarrollo sociocultural del individuo universitario.
    En este sentido se han destacado intelectuales y personalidades de la cultura cubana formados en las aulas de la universidad cubana en sus diferentes etapas hist贸ricas tales como Nicol谩s Guillen, Alejo Carpentier, Fernando Ort铆z,聽 Ra煤l Roa Garc铆a, Jorge Ma帽ach, Juan Marinello, Carlos Rafael Rodr铆guez entre otros tantos quienes, a su vez, fueron las personalidades que podr铆an ser consideradas forjadores de la universidad cubana.
    Como es l贸gico, al triunfar la Revoluci贸n en la Universidad la cultura cobra un papel preponderante pues la Universidad que solo trabajara en la formaci贸n tecnicista聽 producir铆a, as铆, cient铆ficos en profundidad pero poco amplios, desprovistos de cultura y hasta carentes del sentido de lo cultural. Carlos Rafael Rodr铆guez聽 compart铆a la tesis seg煤n la cual el socialismo solo ser铆a posible con el nacimiento de una nueva cultura y por eso le atribuy贸聽 a la universidad un papel protag贸nico en esa misi贸n. Esa misma concepci贸n sobre la necesidad de un cambio cultural y cient铆fico de la sociedad cubana estuvo muy presente en el ideario de Ernesto聽 (Che) Guevara,聽 quien propugnar铆a la necesidad de la formaci贸n de un hombre nuevo, motivado por valores humanistas y altruistas muy diferentes a los gestados por el ego铆smo y el individualismo, prevalecientes en la sociedad capitalista.

  • Hola B谩rbara, asimismo, en el centro de la concepci贸n de cultura est谩n los valores morales, como el decoro, la dignidad, la solidaridad, al amor a la patria, el sentido de la responsabilidad moral en la sociedad, el amor como expresi贸n elevada del sentimiento humano, el respeto a la legalidad y las leyes cuando son justas y otras manifestaciones de la conducta p煤blica y privada, donde el mejoramiento humano es la gran divisa.
    De tal modo, lo m谩s significativo de la formaci贸n de la cultura radica en que el desarrollo del proceso docente 鈥揺ducativo va m谩s all谩 de la posesi贸n de los conocimientos profesionales del individuo, porque ello implicar铆a un perfil cultural y espiritual sumamente estrecho y es preciso enriquecer al ser humano y a la sociedad para reconocer y apreciar los mejores valores creados por la humanidad, desde su surgimiento hasta nuestros d铆as, pero no en un sentido solo interpretativo, sino para poder actuar en la transformaci贸n de la sociedad.
    mplica atender esta cultura general e integral y desarrollar la cultura de su objeto profesional, desde el conocimiento de la historia del mismo, las diversas aristas que la componen, la contextualizaci贸n cultural. Cada carrera universitaria tiene sus retos espec铆ficos, adem谩s de aquellos que son generales.
    La sociedad cubana necesita que sus ciudadanos y de modo particular sus profesionales se formen en el rechazo a la discriminaci贸n, la injusticia, en la preparaci贸n para valorar a los dem谩s sin extremismos, prejuicios o perfeccionismos, adem谩s de educar para la solidaridad, la ayuda mutua, la comunicaci贸n afectiva entre los seres humanos, basada en una 茅tica de las relaciones interpersonales; la comprensi贸n mutua que incluye un proceso de empat铆a, abrirse a los dem谩s, superar los prejuicios y el egocentrismo.

  • Muy 煤tiles todos los comentarios se B谩rbara, Sahay… creo que esta din谩mica tambien abre posibilidades de interacci贸n m谩s seguidas con las plataformas de la AHS.
    Quiero agregar par de ideas sobre dos textos. Uno de ellos se ha mencionado aqu铆 en otros foros 鈥搚 Yanetsy Le贸n lo trajo al Memoria Nuestra鈥 se sintetiza en la idea de Fernando Mart铆nez de que no existan dos Cuba en la cultura. 驴Qu茅 significados construyo de esto?
    – Evitar la fractura entre 芦cultura de 茅lites禄 y 芦cultura popular禄.
    – El papel en la producci贸n cultural, en la generaci贸n de las pol铆ticas, en la observancia contra las desviaciones de las pol铆ticas, que debe tener la gente; que no se resuelve con hablar 芦del pueblo禄 en documentos normativos.
    – El cuestionamiento permanente a ideas desarrollistas. La separaci贸n de 芦proyecto pensado禄 y 芦realidad禄 es un ejercicio, muchas veces de claudicaci贸n, en el sentido de que reconocer las caracter铆sticas del contexto, 芦lo posible禄 ahora mismo, tiende a estrechar el escenario de aspiraciones y eso lleva a poner l铆mites incluso cuando se ha avanzado algo. Eso lleva a la siguiente construcci贸n: 芦s铆, este proyecto es m谩s cercano al deber ser, pero es irrealizable禄鈥 y el deber ser resulta, de pronto, err谩tico, equivocado. Un tipo de 芦estamos mal porque no nos parecemos a los otros禄.
    El otro texto, aparece en la introducci贸n de Said a 芦Representaciones del intelectual禄: 芦Una de las tareas del intelectual consiste en el esfuerzo por romper los estereotipos y las categor铆as reduccionistas que tan claramente limitan el pensamiento y la comunicaci贸n humanos禄, y sobre las reacciones a la invitaci贸n que recibiera para dictar las Conferencias Reith en 1993: 芦Casi desde el mismo momento en que la BBC anunci贸 las conferencias (鈥) surgieron voces cr铆ticas (鈥) pero persistentes. Se me censur贸 principalmente por mi participaci贸n activa en la lucha en favor de los derechos palestinos, lo que al parecer me incapacitaba para cualquier saber objetivo e incluso para una declaraci贸n de principios digna de respeto禄.

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