Exposición Personal “Dragones y Caimanes” de Alexander Hernández Chang

Palabras de presentación.

Dragones y Caimanes constituye un acercamiento espiritual de dos culturas bendecidas por la religión, la historia y la leyenda forjadas con el decursar del tiempo. Hay una tentativa por mostrar simbólicamente la vitalidad de los pueblos cubano y chino entrecruzados por ese fluido universal que denotan ambas culturas alimentadas por el sincretismo. Se dice que en sus orígenes, el dragón chino personificaba un gran cocodrilo o caimán controlador del tiempo y de la lluvia hasta llegar a imbricarse con la morfología de nueve animales representativos de diversas culturas asiáticas. El artista funde entonces estos principios con el sincretismo religioso de nuestros ancestros. Intenta captar lo esencial de ambos sistemas denotativos del imaginario popular.

Es así como se toma  de referente articulatorio la Virgen de la Caridad del Cobre (oshún sincretizado) y el gran Buda como expresiones de un modo de pensar, actuar y sentir de esos pueblos. El artista al buscar lo identitario prefiere hurgar en la representación del retrato más que en el paisaje natural, simplificando así los componentes de la obra definida por la planimetría y el uso consagratorio del amarillo (distintivo de oshún) y el rojo (denotativo del dragón) al que le suma el azul en menos grado como enunciado de nuestra insignia nacional. De igual modo asume el oráculo del diloggún utilizado en la religión yoruba o santería al sustituir los ojos y boca de Buda por caracoles denotativos de la comunicación con los orishas. Con la sutileza propia del asiático, Chang acude a un instrumental alegórico que permite crear puentes necesarios mediante el color y la forma de sus exponentes.

Al profundizar en los componentes de sus obras, se siente la nostalgia y soledad de aquellos culíes chinos que desembarcaron en Cuba en los siglos XIX y XX al encarnar en el perfecto rostro materno de ascendencia asiática que se desdobla, la angustia del ser en lejanía. Ya sea a través de una ventana de rojizas persianas en permanente atisbo hacia lo ignoto, en el deslumbramiento de la meditación búdica que fija en la memoria colectiva el origen lejano de sus ancestros o en el encuentro fortuito del abanico oriental entre los múltiples caminos que ofrece caimanes verdes cubanos en el viaje indeleble. Y allí están los elementos necesarios del inmigrante (agua y remos) capaces de potenciar el éxodo hacia lo desconocido que culmina con la fecundación de la especie de otras latitudes. Tales búsquedas constituyen un desplazamiento de ida y vuelta a los orígenes mediante una poética particular donde está presente el sustrato cubano-chino de raigambre familiar. El público podrá apreciar en esta muestra girones de historia cultural de dos naciones vistas desde la mirada familiar del joven artista quien presenta obras de gran formato y bocetos que registran el proceso de creación.

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