«Es imposible crear sin exponerte»

Marlon Duménigo sabe que la literatura se asume como un ejercicio de riesgo. La literatura es un salto al vacío de la (in)certidumbre. Con sus historias, este joven escritor refleja uno de los ángulos de lo real. Ha escogido el vehículo de la palabra escrita para llegar a los otros. Contar es, bien lo sabe, un acto de valor y de supervivencia.

Hay quienes refieren que la literatura les lleg√≥ de repente, que el acto creativo los sorprendi√≥ en la vida cuando no pensaban, ni siquiera, ser artistas. Otros hablan de un llamado temprano de la vocaci√≥n. ¬ŅCu√°l es tu historia: c√≥mo descubres que este era el camino, o uno de los caminos, que te interesaba transitar?

Mi primer intento de hacer literatura fueron unas cuantas poes√≠as rimadas que escrib√≠ a los 12 o 13 a√Īos, y que mi madre a√ļn conserva y se empe√Īa en mostrar como un trofeo infantil a los conocidos m√°s cercanos. Digo intento a riesgo de que le palabra le quede grande, pues fueron apenas pinceladas de creaci√≥n, su principal valor radica en la necesidad de expresar ciertas ideas y que el canal escogido sea precisamente la palabra escrita. M√°s tarde, en el servicio militar, llevaba siempre en el bolsillo derecho del pantal√≥n una libreta doblada y un lapicero que usaba en los ratos libres para conformar una especie de bit√°cora que, adem√°s, conten√≠a vi√Īetas y reflexiones cortas; concebidas bajo la premisa de ‚Äúser escritas solo para m√≠‚ÄĚ. De hecho, llen√© m√°s de una libreta (al final no se cumpli√≥ eso de que eran para m√≠, pues todas se perdieron), aunque por ese entonces tampoco podr√≠a definirlo como una vocaci√≥n. Lo m√°s parecido a eso llegar√≠a m√°s tarde, en 5to a√Īo de la carrera de Ingenier√≠a en Ciencias Inform√°ticas y, esta vez, para bien o para mal, se cumpli√≥ el axioma de que a la tercera va la vencida. Entonces tuve la gu√≠a de Anisley Miraz Lladosa, una poeta que me anim√≥ a la escritura y a presentar mis textos al concurso de talleres literarios de Trinidad, mi Macondo, la ciudad donde viv√≠ hasta los 23 a√Īos.

La velocidad de los res√ļmenes hace que no mencione otros nombres y t√≠tulos de libros que influyeron de manera consciente o inconsciente en el deseo de convertirme en escritor. Un deseo que cobr√≥ otra dimensi√≥n mientras cumpl√≠a el servicio social en La Habana, cuando entr√© al Centro de Formaci√≥n Literaria ‚ÄúOnelio Jorge Cardoso‚ÄĚ y al Taller de Ciencia Ficci√≥n y Fantas√≠a Espacio Abierto. Creo que este fue el punto de no retorno. Era la primera vez en mi vida que estaba rodeado de escritores, de personas con aspiraciones creativas similares a las m√≠as y fue la primera vez que sent√≠ una retroalimentaci√≥n. Ese saber que hay otros como t√ļ, con los mismos bloqueos literarios, ansias de publicaci√≥n, cuentos inacabados y deseos de abandonarlo todo en alg√ļn punto, pero que siguen en el camino de la literatura a pesar de todo. En mi caso, porque la literatura, tras casi diez a√Īos, consigue emocionarme de la misma forma. Hace que me levante a las 5:45 de la ma√Īana a intentar mejorar un texto y lo hago con toda la energ√≠a disponible. Eso tiene que significar algo. Solo si dejo de emocionarme con la literatura dejar√© de escribir.

¬ŅSientes que existe una pauta, una constante, en tu proceso creativo, u optas por ser libre de cadenas vinculadas al ejercicio del oficio o a la costumbre escritural?

Al principio bastaba con la soledad y el caf√©. Me sentaba a escribir cuando me sent√≠a inspirado y rechazaba hacerlo esos d√≠as en los que procrastinar se vuelve tendencia. Luego asum√≠ cierta disciplina. Actualmente escribo cinco d√≠as a la semana. Con el tiempo fui incorporando, adem√°s, rutinas que hacen m√°s predecible o menos extra√Īo el proceso creativo. Escribo por lo general en las ma√Īanas, entre las 6:00 y las 9:00, con el ruido del ventilador de fondo. Solo tomo caf√© mientras escribo y nunca comienzo a escribir la historia hasta tener la primera oraci√≥n exacta. A veces tengo el resto del cuento o del cap√≠tulo en la cabeza y no lo comienzo hasta encontrar esa primera l√≠nea que dicta el tono de la historia. Cuando tengo bloqueos literarios recurro al manuscrito, lleno decenas de p√°ginas de tinta azul o negra y caligraf√≠a apurada que, muchas veces, no representa otra cosa que desechar caminos, decantar posibles finales o di√°logos que reescribo hasta reencontrarme con el tono o la idea que me permita volver a enfrentarme al teclado y la pantalla definitiva en la laptop.

¬ŅCu√°les sientes son los ‚Äúsiete pecados capitales‚ÄĚ de un autor?, ¬Ņqu√© entorpece la creaci√≥n?

El acto creativo es tan personal que se vuelve casi imposible elaborar listas sobre lo que debe o no hacerse. As√≠ que quiz√°s esta sea la respuesta m√°s arriesgada de todas. Para hacerlo menos dif√≠cil me tomo la libertad de no mencionar factores subjetivos como los estados de √°nimo. En mi lista, el orden no obedece a jerarqu√≠as, √ļnicamente a un sentido num√©rico indispensable para no pasarnos horas mencionando posibles ‚Äúpecados capitales‚ÄĚ de un escritor.

  1. No leer.
  2. No reconocer cu√°ndo abandonar un texto.
  3. Editar mientras se escribe.
  4. No dejar ‚Äúenfriar‚ÄĚ los textos una vez terminados.
  5. Procrastinar en exceso.
  6. No ser receptivo a las críticas.
  7. Subestimar los títulos.

¬ŅLos premios te han sido esquivos o conf√≠as que existe una arquitectura en tu vida creativa que te llevar√° a alg√ļn punto en espec√≠fico? ¬ŅConf√≠as en la din√°mica de los premios?

Honestamente, hubiera preferido ganar m√°s premios de los que tengo hasta ahora. Sobre todo porque los premios son en este momento la v√≠a m√°s expedita para un autor de publicar su obra en Cuba y, probablemente, la √ļnica que le asegure cierta promoci√≥n. Como autor me queda intentar ser mejor en cada texto. Si los premios llegan, por supuesto que ser√°n bienvenidos. No renuncio a los concursos como tampoco a otras v√≠as para hacer llegar mi obra a los lectores. Al fin y al cabo no basta un premio para legitimar la calidad de una obra.

Dentro del gremio suele pasar que asociamos los nombres de los autores a sus premios, as√≠ podemos citar de memoria los premios de X autor, pero rara vez podemos mencionar los t√≠tulos de sus libros. Se debe crear expectativa alrededor de la obra galardonada. Garantizar que cuando se publique, un a√Īo despu√©s, esta no pase desapercibida entre las noticias generadas sobre los nuevos ganadores.

cortesía del entrevistado

¬ŅCu√°les te parecen son los principales problemas de la literatura joven actual? ¬ŅSon problemas vinculados al mundo exterior (sistema de premios, consolidaci√≥n editorial, industria del libro, etc.) o m√°s bien relacionados con el mundo interior del creador y sus relaciones con su propia obra?

Pienso que entre los problemas de la literatura hay algunos recurrentes: el tema de los premios, la promoci√≥n, la cr√≠tica literaria y la inserci√≥n en el mercado editorial. Si hablamos sobre autores j√≥venes, estos tema cobran a√ļn m√°s vitalidad porque son escritores que no est√°n consolidados y requieren estas oportunidades, aprovechar los focos de atenci√≥n generados por un galard√≥n m√°s o menos importante, alguna cr√≠tica sobre su trabajo, una s√≥lida campa√Īa de promoci√≥n, para comenzar a formar parte del imaginario de un posible lector.

Incluso la propia etiqueta de ‚Äúliteratura joven‚ÄĚ puede generar predisposici√≥n, pues se puede interpretar como la referencia a una promesa, a un escritor que a√ļn necesita madurar. Y, aunque es cierto que el oficio de escritor requiere de experiencia, considero un error asociar la edad a la falta de madurez creativa. Se puede hacer buena y mala literatura a cualquier edad. Conozco varios escritores j√≥venes, publicados e in√©ditos, que muestran una calidad extraordinaria en sus textos, que sencillamente hacen buena literatura, a secas.

¬ŅEs la literatura un proceso de fricci√≥n entre la realidad del autor y la de sus personajes, o ambas esferas coinciden en alg√ļn punto? ¬ŅC√≥mo te sucede a ti?

Tiene un poco de las dos cosas. Desde el punto de vista de la historia, los personajes tienen vida propia y se desenvuelven de acuerdo a un argumento narrativo que la mayor√≠a de las veces no tiene puntos de contacto con la realidad del autor. Pero la literatura, adem√°s de argumento y estilo, necesita emoci√≥n. Es muy dif√≠cil transmitir emoci√≥n si no se ha sentido antes, creo que en este punto es donde el autor apela a su propia experiencia, ya sea apoy√°ndose en situaciones vivenciales o porque ha recreado tanto la escena que termina vivi√©ndola de alg√ļn modo. Al menos ese es el recurso que utilizo. Ponerme en el papel del personaje, intentar sentir y reaccionar como lo hubiera hecho √©l ante una determinada situaci√≥n, pero desde mis emociones, que son el √ļnico recurso a mi alcance para hacerlo lucir veros√≠mil.

Los actores siempre ponen algo de sí mismos a los personajes, creo que sucede parecido con los escritores. Es imposible crear sin exponerte un poco.

¬ŅCu√°les son las historias que te interesa contar y los personajes que quieres representar?

Me interesan las historias en las que pueda sorprender, historias que dejen sensaciones encontradas. En las que pueda llevar al límite situaciones cotidianas, encaminarlas hacia niveles de realidad que, por lo general, mudan hacia el absurdo o el surrealismo, sin perder ese toque de verosimilitud que las haga palpables al lector, casi posibles. Me interesa trabajar con ese nivel de realidad en el que, si das un paso en una dirección, caes en la fantasía y, si vas hacia el otro, te das de bruces con tu propia existencia.

En cuanto a los personajes, me atrapan los matices. El de la historia de vida triste y que aun así te provoca una sonrisa amarga, el que se esfuerza por hacer lo correcto y termina jodiéndolo todo. Personas comunes que de pronto se encuentran en medio de conflictos inesperados que las obligan a tomar decisiones en apariencia irónicas; personajes que dialoguen sin parecernos ajenos, con nuestra percepción de lo conveniente, de lo negativo, de los estereotipos.

Existe el mito del escritor ‚Äútodoterreno‚ÄĚ, el escritor que muchos g√©neros abarca, ¬Ņasumes de alguna manera este calificativo o prefieres apostar tus cartas en un solo sentido?

Hace algunos a√Īos incursion√© en la poes√≠a, pero me considero narrador. Es el g√©nero donde me siento m√°s c√≥modo y el que se acerca m√°s a mis intereses creativos. Aunque admiro a los escritores que son capaces de moverse dentro de varios g√©neros y saltan del teatro a la poes√≠a o al ensayo, prefiero apostar por el cuento y la novela. Eso no descarta que en alg√ļn punto decida recorrer otros derroteros literarios.

¬ŅHas renunciado a escribir alguna historia? ¬ŅPor qu√©?

Prefiero utilizar el t√©rmino aplazar, acaso un eufemismo con el cual sentirme menos culpable o tornar menos flagrante ese temor a involucrarme en una novela hist√≥rica que lleva a√Īos orbitando entre mis proyectos, y que siempre se aplaza un a√Īo m√°s. Adem√°s de algunos cuentos cortos que he dejado a medias o ni siquiera he comenzado porque s√© que no dan para m√°s y que ni siquiera vale la pena mencionar. Esta novela biogr√°fica sobre uno de los deportistas cubanos m√°s destacados del pasado siglo ser√≠a la respuesta a la primera parte de tu pregunta. ¬ŅPor qu√© no me decido a escribirla? Porque siento que a√ļn no estoy listo para enfrentarme a una investigaci√≥n que podr√≠a durar a√Īos antes de escribir la primera l√≠nea de la novela. Porque necesito terminar antes con otros libros que est√°n a medio camino y aprovechar esa certitud, esa alegre confirmaci√≥n de haber concluido otras novelas, para superar las crisis y los bloqueos que estoy seguro me asaltar√°n en ese otro proyecto, que irremediablemente tampoco empezar√© en el 2021.

¬ŅExiste la autocensura? ¬ŅLa has sentido?

Un doble s√≠ a tus preguntas. Existe la autocensura y, de hecho, afecta de forma notable la calidad literaria. La he sentido, a veces de forma m√°s evidente en cuanto a un argumento, un personaje; otras en formas tan sutiles como esa necesidad de edulcorar ciertas frases que pueden resultar r√≠spidas, inc√≥modas… Vale aclarar que aunque resulte obvio, la autocensura no es un acto inherente al escritor, es una reacci√≥n a la censura y, como toda reacci√≥n, a veces genera un efecto m√°s destructivo porque es el propio autor quien desarrolla mecanismos para limitar y socavar sus engranajes.

Lo peor es que se ha vuelto casi natural, una parte del proceso creativo y da al traste con muchas obras que terminan convirti√©ndose en historias fr√≠as, carentes de esp√≠ritu, por el simple hecho de estar pendientes al ‚Äúqu√© dir√°n‚ÄĚ. Y no solo el ‚Äúqu√© dir√°n‚ÄĚ los decisores o las personas encargadas de evaluar o censurar tu texto, muchas veces se trata de c√≥mo puedan reaccionar ante determinada historia tu familia, colegas, amigos… Pero es muy dif√≠cil hacer arte con tantas concesiones. Si el arte se empe√Īa en ser complaciente se convierte en un simulacro.

cortesía del entrevistado

El papel del autor como autopromotor, ¬Ņlo defiendes?

Definitivamente. Sobre todo en el contexto cubano en el que los espacios de promoci√≥n son tan limitados. Las alternativas de los autores de crearse p√°ginas de Facebook, perfiles en Instagram, gestionarse espacios de presentaci√≥n y otras estrategias con las que llegar al lector me parecen no solo una opci√≥n v√°lida, sino necesaria. Lo que me parece absurdo es que toda la responsabilidad de promoci√≥n recaiga en el autor. Que las editoriales asuman que el trabajo est√° concluido una vez que se imprime el libro, cuando en realidad es ah√≠ donde empieza lo dif√≠cil: llamar la atenci√≥n dentro de un mercado literario plagado de propuestas, muchas de ellas interesantes. Adem√°s, el libro no solo compite contra obras literarias: se enfrenta a Internet, a sus redes sociales y sus algoritmos especializados para captar y mantener la atenci√≥n de un ser humano durante horas. Si pretendemos que el libro llegue al lector, no basta con una presentaci√≥n en la Feria. Son necesarias muchas, much√≠simas otras acciones de promoci√≥n y, de alg√ļn modo, los escritores aprovechamos los canales digitales para hacerlo. Con impericia, cierto, improvisando sobre la marcha, con las limitaciones propias de los que intentan, qu√© remedio, reemplazar el rol promocional que deber√≠an cumplir las editoriales.

Si pudieras elegir a un autor, vivo o muerto, con el que escribir a dos manos un cuento o una novela, ¬Ņqui√©n ser√≠a?, ¬Ņpor qu√©?

William Faulkner. Cuando pienso en autores es el primer nombre que arriba siempre. Despu√©s de leerlo nada qued√≥ en su sitio. Todas las lecturas posteriores estuvieron signadas por una comparaci√≥n ¬ŅMejor que Faulkner? No, ni de lejos. Faulkner al derecho, Faulkner al rev√©s. Definitivo. Jodidamente Faulkner.

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