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Vampiros en La Habana

Dr√°cula

Esa noche en el Aereopuerto Internacional Jos√© Mart√≠ hab√≠a m√°s movimiento que nunca. Reporteros, retratistas, embajadores y personal de la oficina de asuntos internacionales caminaban inquietos, en espera del vuelo de la cadena Aereocaribean. Aunque en la embajada de Transilvania trataron de ser lo m√°s discretos posible, la noticia salt√≥ los muros del edificio y corri√≥ por cada de una de las calles de la ciudad. El Conde Vlad Dr√°cula visitar√≠a la Habana, repet√≠an en la televisi√≥n, la radio y la p√°gina central de los peri√≥dicos. Las transmisiones habituales se detuvieron para hacer un programa especial relatando su vida. Primero hab√≠a sido un despiadado pr√≠ncipe rumano, famoso por la forma en la que castigaba a sus enemigos y traidores y despu√©s (nadie sab√≠a c√≥mo) se hab√≠a convertido en Vlad Dr√°cula: el vampiro m√°s viejo de todos, el primero, el due√Īo de Transilvania, el ejemplo para el resto del mundo. Era la noticia del a√Īo. El Ministerio de Trabajo declar√≥ el d√≠a de su anunciada visita como no laborable, para que todos los vampiros de la Habana salieran a recibirlo en un gran desfile. Se pegaron sus retratos en todos los postes de la ciudad, los comerciantes hicieron pullovers con su imagen, se pusieron de moda las sandalias rumanas, se hicieron llaveros artesanales con las iniciales VD y, en las escuelas de idioma, se incorpor√≥ el rumano en el plan de estudio. La Habana estaba de fiesta.

 

Conde P√°tula

El Conde Pátula descubrió que estaba en la Habana porque sintió un olor a cebollas tan fuerte como nunca antes. Tan fuerte que le recordó al bueno de su mayordomo Igor.

‚ÄĒMi tataratataratatarabuelo siempre me lo dec√≠a, all√≠ las fragancias son √ļnicas. S√≥lo por eso a uno le dan deseos de comer. As√≠ que sin dudas debe ir a hacer ese viaje, amo. Adem√°s, ¬Ņqui√©n sabe si cuando regrese se le quita de la cabeza esa idea loca de comer s√≥lo vegetales?

Igor era su ayudante, su padre postizo, su mano derecha, pero de un tiempo para acá le había dado por cuestionarse la idea de que al Conde no le gustara la sangre.

‚ÄĒSe√Īor, as√≠ no se le van a endurecer los dientes nunca.

‚ÄĒSe√Īor, esos vegetales est√°n contaminados.

‚ÄĒSe√Īor, la sangre tiene vitaminas, grasas y carbohidratos. Adem√°s sabe mucho mejor.

Pátula se negaba a escucharlo, para él era insuperable una ensalada de tomate, col, lechugas, habichuelas, berenjenas y cebollas. Por eso cuando llegó a la Habana y sintió esa fragancia tan exquisita supo que esa ciudad le gustaría.

 

Elizabeth B√°thory

Elizabeth ya no sab√≠a qu√© hacer para mantenerse joven y hermosa. Ni aceites tra√≠dos de Egipto, agua de rosas, liposucciones, o el aroma de los inciensos rejuvenecedores, le devolv√≠an la suavidad de su piel cuatrocientos a√Īos atr√°s. En Transilvania muchos la criticaban por ba√Īarse con sangre, cepillarse con sangre en vez de agua y usar s√≥lo cosm√©ticos a base de sangre, √ļnica forma en que las arrugas se demoraban un poco en salir y las ojeras se manten√≠an escondidas, pero ya eran muchos a√Īos y ni siquiera con esos productos pod√≠a ocultar su evidente vejez. Tampoco resist√≠a la idea de vivir con un vampiro de seiscientos a√Īos, prefer√≠a a los m√°s j√≥venes y musculosos. As√≠, seg√ļn ella, se contagiaba con sus deseos de vivir. Por eso, una noche, decidi√≥ aterrizar en la Habana: El Para√≠so de los vampiros j√≥venes y hermosos.

 

Dr√°cula

A las ocho y veinte llegó el avión al Aereopuerto Internacional José Martí y una avalancha de vampiros salió corriendo a esperar que se abriera la puerta. De Drácula sólo conocían lo que le habían contado sus abuelos, y estos lo que sabían de sus abuelos y sus abuelos a la vez de los suyos. Cada uno contaba las historias a su manera, en lo que sí coincidían era en que Vlad era el vampiro más apuesto del mundo. La piel tostada, el pelo crespo, largo y brilloso, ojos verde azules, nariz perfilada y labios carnosos. Además todos comentaban que era muy culto, hablaba más de cinco idiomas, vestía ropas refinadas, fumaba siempre con pitillos, y nunca, nunca se le escuchó decir ninguna grosería. Era el ídolo de todas las generaciones. El ejemplo a seguir. Y ahora estaba en la Habana, el lugar más cálido, el más alegre, el más generoso.

Después de unos segundos la puerta se abrió, el equipo de trabajo del Aereopuerto llevó la escalera y, ante el asombro de todos, por la puerta salió un vampiro enano, tan oscuro como la noche misma, con canas, la camisa negra y ancha no lo dejaba mostrar las manos, y los ojos rojos, como si llevara más de una semana bebiendo. Entre los dedos una botella de vodka. Cuando comenzó a bajar las escaleras dio un par de traspiés por el mareo y rodó abajo.

Todavía con la esperanza de que este personaje fuese el cocinero de Drácula, o el jardinero de Drácula, o un amigo de Drácula, los reporteros, retratistas, embajadores y los de oficina de relaciones internacionales se acercaron al vampiro cuando él mismo, sin que nadie lo ayudara, se puso de pie.

‚ÄĒD√≠ganos, por favor, el Conde Dr√°cula, cuando bajar√° del avi√≥n.

‚ÄĒSi quiere que lo recibamos con la Banda Municipal no hay problemas. Los ten√≠amos ensayando una balada rumana para el desfile, pero los podemos traer sin problemas.

‚ÄĒSi necesita una alfombra roja la buscamos. Sabemos que es alguien muy refinado y quiz√°s no le guste caminar por el piso.

‚ÄĒYiooo. Yioooo, yioooo‚ÄĒdijo el vampiro con hipo‚ÄĒyiooo soy el Conde Dr√°cula, y al que no le guste que permute.

 

Conde P√°tula

Como siempre, el conde estaba sin dinero, sus pocos centavos los dejó para su visita al mercado agropecuario y haciendo oídos sordos a las llamadas de los taxistas, que se paraban a esperarlo, gracias a su estrafalaria ropa, decidió caminar a pie.

La Habana era bonita, tan bonita como se la hab√≠a descrito Igor, adem√°s era muy diversa, diferente a Transilvania en donde todos los castillos eran iguales, todos los vampiros vest√≠an igual y adem√°s com√≠an lo mismo. Por eso √©l era tan criticado en su tierra. Era el √ļnico por todo aquello que prefer√≠a los vegetales. Igor le hab√≠a dicho que en esta ciudad se iba a sentir menos solo, y que adem√°s cuando vieran todos los preparados que se pod√≠an hacer a base de sangre se le iba a olvidar su man√≠a por los vegetales. En un inicio acept√≥ el viaje s√≥lo por complacerlo, ahora cuando el aire del malec√≥n le daba en la cara, supo que esta ciudad cambiar√≠a su vida, para siempre.

 

Elizabeth B√°thory

Elizabeth descubrió que en la Habana habían tantas luces que era necesario andar con espejuelos, muy diferente a su castillo de Transilvania, casi sin luz, lleno de sombras y salpicaduras de sangre por las paredes.

‚ÄĒQuiz√°s por eso los j√≥venes se mantienen tan fuertes y hermosos‚ÄĒ pens√≥.

Como no era para nada discreta, sin dar muchas vueltas le preguntó al conductor del taxi que la llevaba al hotel.

‚ÄĒOiga, se√Īor, estoy buscando un novio, uno que sea bien joven y lindo y musculoso si es posible y‚Ķ deber√≠a tener los ojos azules y los colmillos bien blancos. Con eso me conformo, no soy muy exigente.

‚ÄĒEs que‚Ķ se‚Ķ se‚Ķse√Īora ‚ÄĒtartamude√≥ √©l apenado‚ÄĒ yo no s√© de esas cosas.

‚ÄĒAy se√Īor, disculpe, me han dicho que en la Habana son muy desprejuiciados. Usted sabe, que no son como la gente de Transilvania, tan pesada y tan fr√≠a.

‚ÄĒBueno, mire, le voy a dar esta direcci√≥n, es de una agencia para conseguir pareja. Se llama ‚ÄúLa vida f√°cil‚ÄĚ, ll√©guese all√≠ y pregunte por Anne R, ella es la responsable de aquello. Le dice que va de parte m√≠a. Pero me jura que si un d√≠a conoce a mi esposa no le contar√° que yo le di la direcci√≥n, si no me tocar√° dormir en la calle el resto de mi vida.

‚ÄĒ¬ŅVe? Ya sab√≠a yo que usted me ayudar√≠a. Mira, vamos a hacer algo, ¬Ņpor qu√© en vez de irnos al hotel no me lleva all√≠ usted mismo?

‚ÄĒNo, se√Īora, no puedo, yo soy un vampiro con familia. Adem√°s, ya llegamos al Habana Libre.

 

Dr√°cula

En el aereopuerto nadie pod√≠a creer lo que estaban escuchando, ¬°Ese era el temido conde, ese vampiro feo y borracho! Por √©l hab√≠an esperado tanto. No pod√≠a ser cierto ¬ŅEntonces sus abuelos, sus bisabuelos y sus tatarabuelos les hab√≠an mentido? No era posible. Indignados recogieron sus micr√≥fonos, sus grabadoras y el carro en donde pensaban pasear al conde por la ciudad y se fueron de all√≠, maldiciendo.

 

Conde P√°tula

‚ÄĒ√ďigame, ¬Ņd√≥nde puedo encontrar cebollas, remolachas o cualquier otro vegetal?‚ÄĒle dijo a un vampiro que pasaba cerca de √©l y que ten√≠a cara de buena gente.

‚ÄĒTienes que tener cuidado con los vampiros de all√°‚ÄĒle hab√≠a dicho Igor‚ÄĒen menos de lo que canta un gallo te convierten en habanero y despu√©s no quieres virar a Transilvania.

‚ÄĒ¬ŅUsted no es de aqu√≠?‚ÄĒle respondi√≥ el vampiro.

‚ÄĒNo, yo soy de Transilvania.

‚ÄĒAh, es un yumita. Vamos, vamos conmigo, lo voy a llevar al mercado de 19 y K, ah√≠ est√°n los mejores precios.

Se estaba acercando la media noche y Pátula tenía mucha hambre. A esta hora, Nana, su consentidora sirvienta, le preparaba una de sus ensaladas preferidas. Si no hubiese sido por lo costoso del pasaje y los otros gastos que debía hacer en la embajada, hubiese traído a Nana con él. Nunca antes se habían separado, pensó mientras se le escapaba una lágrima.

 

Elizabeth B√°thory

En la recepción, un vampiro con unos ojos azules preciosos y unos colmillos casi transparentes (sólo le faltaba ser musculoso y lindo) le indicó que esperara unos minutos a la directora de la agencia.

‚ÄĒAhora mismo est√° atendiendo a unos clientes ‚ÄĒ le dijo y Elizabeth supo que hab√≠a llegado al lugar indicado, el sitio en donde encontrar√≠a la juventud eterna, esa que no le lograban dar los ba√Īos de sangre, ni los cosm√©ticos.

Al poco tiempo salió la directora, una vampiresa con los labios pintados de negro, demasiado colorete en las mejillas y una falda corta.

‚ÄĒ¬ŅUsted es la se√Īora Elizabeth B√°thory? Venga a mi oficina, all√≠ hablaremos con calma.

‚ÄĒMire ‚ÄĒle dijo la de los seiscientos a√Īos, despu√©s de entrar a una oficina bien lujosa‚ÄĒ voy a ser clara, estoy buscando un novio lindo, musculoso, de ojos azules y dientes bien blancos, me han dicho que usted puede ayudarme.

‚ÄĒClaro que s√≠, amiga m√≠a, vampiros de ese tipo se sobran por aqu√≠. Ahora d√≠game, ¬Ņcu√°nto puede pagar? Es que… nuestro servicio es de excelencia y nosotros cobramos a esa misma altura.

‚ÄĒPor eso no se preocupe, tengo suficiente dinero.

‚ÄĒEntonces‚Ķ d√©jeme su direcci√≥n y espere all√≠ al gal√°n. Se lo mando envuelto en paquete de regalo. ‚ÄĒDijo la otra con una sonrisa en los labios.

 

Dr√°cula

El conde, aun dando traspi√©s, lleg√≥ a la puerta de salida y se mont√≥ en una de las guaguas de transporte urbano. Aunque en el viaje muchos lo miraron por su vestimenta rara (no llevaba jeans ni pullover ni gorra ni tenis) no se enter√≥ porque hab√≠a bebido tanto vodka que un minuto despu√©s de sentarse cay√≥ rendido. Le hab√≠an hablado de la Habana muchos a√Īos atr√°s. Un amigo suyo, capit√°n de fragata, que estuvo en la Toma de la Habana por los ingleses en 1762, le cont√≥ que La Habana era un para√≠so, la gente era muy decente, muy solidaria, pero hab√≠a tantos colores, eran tan divertidos, que incluso a los propios ingleses que vinieron a atacarla los trataron con respeto. As√≠ que cuando no le qued√≥ ning√ļn otro lugar en donde esconderse de Van Helsing, cuando en toda Transilvania no quedaba ni un solo agujero para √©l, pens√≥ en mudarse a esta ciudad, ese para√≠so del que le hab√≠a comentado su amigo ingl√©s.

‚ÄĒOiga, esta es la √ļltima parada. Llegamos. ‚ÄĒLo despert√≥ el conductor.

 

Conde P√°tula

‚ÄĒ√ďiga Yumita, si no nos apuramos nos van a cerrar el agro. No se me ponga nost√°lgico ahora, que todos los vampiros cuando llegan a la Habana lloran. Me imagino que ser√° por el aire del malec√≥n. All√° en el Transilvania ese donde usted vive, ¬Ņno hay malec√≥n?

El conde estaba a punto de decirle que no sabía si en Transilvania había malecón o no, porque de allí sólo conocía su castillo, tenía miedo de salir afuera para evitar la burla del resto de los vampiros, pero prefirió callarse.

‚ÄĒEn la Habana quieren saberlo todo sobre uno. ‚ÄĒ Le hab√≠a dicho Igor.

‚ÄĒBueno si no quiere decirme no importa, es por si alg√ļn d√≠a me da por visitar su pa√≠s. ¬ŅEntonces nos vamos o no?

‚ÄĒClaro, vamos.

Detr√°s del reci√©n conocido sali√≥ el conde. Tuvo que caminar por calles anchas y estrellas, largas y cortas. Descubri√≥ edificios altos como su castillo en Transilvania al lado de casas peque√Īas que casi no se notaban. Cafeter√≠as llenas de luces y colores junto a tabernas oscuras y mohosas. Vampiros con ropa de colores muy alegres y otros con tonos grises y negros.

‚ÄĒLa Habana es muy diversa. Casi ecl√©ctica, como dir√≠a mi tatarabuelo que estudi√≥ Historia del Arte‚ÄĒle dijo Igor mientras se desped√≠an‚ÄĒall√≠ puede encontrar de todo. Eso es lo mejor que tiene.

‚ÄĒMire, esto es una carnicer√≠a. ‚ÄĒLe indic√≥ el vampiro que lo acompa√Īaba.

‚ÄĒPe…pero, aqu√≠ no vamos a encontrar los vegetales, ¬Ņo s√≠?

‚ÄĒClaro que no, se la ense√Īo por si se embulla. Ustedes los yumitas son medio raros pero para los vampiros la carnicer√≠a es superimportante.

‚ÄĒDeje, deje, otro d√≠a paso por aqu√≠, prefiero que sigamos hasta donde est√°n los vegetales.

‚ÄĒBueno, usted sabr√°.

 

Elizabeth B√°thory

Elizabeth se dio un ba√Īo con esencias de rosa y sangre, se lav√≥ bien los dientes y se sent√≥ en el recibidor a esperar a su prometido. Poco tiempo despu√©s tocaron a la puerta. Nerviosa movi√≥ el llav√≠n y‚Ķ all√≠ estaba √©l, justo como lo hab√≠a imaginado. Grande, musculoso, con los colmillos brillantes y los ojos como el mar. Lo que hab√≠a so√Īado toda su larga vida, all√≠ estaba la soluci√≥n para su eterna juventud.

‚ÄĒBuenas, te estaba esperando.

Y al ver que no le respondían ni media palabra lo tomó de la mano, lo sentó en uno de los asientos de la sala y fue a buscar una copa.

Parece que en la Habana son un poco tímidos en la primera cita, pensó mientras se servía, ni siquiera me quiso contestar el saludo.

Media hora m√°s tarde, cuando ya hab√≠a hablado de su castillo en Transilvania, los rumores sobre ella que circulaban por su pa√≠s (siempre se dijo que le gustaba asesinar jovencitas para ba√Īarse con su sangre), y el linaje de condes, duques, pr√≠ncipes y reyes que arrastraba su familia, se dio cuenta de que se pretendiente era sordo y mudo. De nada valieron las se√Īas que le hizo con las manos, la copa que rompi√≥ en el piso, o los dibujos de sus parientes que les mostr√≥. √Čl s√≥lo la miraba fijamente, sin pesta√Īar, como si fuese un cuadro. Un cuadro de un vampiro grande, musculoso, con los colmillos brillantes y los ojos como el mar. Cuando ya estaba cansada de hablar, hablar y hablar como una cotorra, el vampiro sac√≥ un papel de su bolsillo y se lo mostr√≥.

 

Recuerde enviarme el dinero prometido. Nuestro servicio es de excelencia y por ello lo cobramos bien.

Firma: Anne R

 

Elizabeth se puso roja de la ira. Busc√≥ en su monedero, le entreg√≥ unos billetes al vampiro y como mismo lo hab√≠a hecho entrar lo acompa√Ī√≥, de salida, a la puerta.

 

Dr√°cula

Ya a esas alturas toda la ciudad sabía que él no era ese vampiro elegante y culto del que tanto se había hablado. Así que los programas de televisión se suspendieron, las emisoras prefirieron repetir el hit parade antes de entrevistarlo y los periódicos dedicaron la página que le habían guardado a las noticias nacionales. Ya todos habían olvidado que el Conde Drácula estaba en la Habana, así que por suerte podía pasar desapercibido, como él quería.

En eso pensaba cuando pasaron al lado suyo unos j√≥venes vampiros habaneros y sin que √©l se percatara uno le aguant√≥ las dos manos, otro le apunt√≥ el coraz√≥n con una estaca y el √ļltimo le meti√≥ las manos en los bolsillos y le sac√≥ todo el dinero.

‚ÄĒAbuelo, ¬Ņy esas monedas tan raras de donde las sacaste?

‚ÄĒOye no preguntes y vamos, quiz√°s nos den algo por ellas en cualquier casa de antig√ľedades.

‚ÄĒQu√≠tale, qu√≠tale el reloj que parece de oro.

Sin que le dieran tiempo a pesta√Īar los j√≥venes se desaparecieron dej√°ndolo sin sus monedas transilvanas y su reloj. Nunca pens√≥ Dr√°cula que esto le iba a suceder en la Habana, por lo menos nunca le cont√≥ su amigo ingl√©s que algo como esto pod√≠a sucederle, hab√≠an pasado m√°s de doscientos a√Īos desde 1762 pero eso no era tiempo suficiente para que los vampiros cambiasen tanto.

Toda la noche estuvo caminando, sin dinero para pagar un hotel y sin deseos de hablar con nadie. Pensando en todo lo que había abandonado por llegar a esta ciudad. Su castillo, sus tierras, sus amigos y sus novias. Por primera vez en mucho tiempo estaba deprimido.

 

Conde P√°tula

‚ÄĒAqu√≠ lo dejo compa, tenga cuidado que aqu√≠ son unos leones.

P√°tula estaba tan extasiado con lo que ve√≠a que ni siquiera escuch√≥ las palabras de su acompa√Īante. All√≠ estaban las cebollas m√°s grandes, las lechugas m√°s tiernas, las coles m√°s redondas y las zanahorias m√°s largas que hab√≠a visto en su vida. En la Habana s√≠ vale la pena ser vegetariano, pens√≥ mientras la boca se le hac√≠a agua.

‚ÄĒ√ďiga se√Īor, quiero dos de estas, tres de aquellas y cinco remolachas.

‚ÄĒ¬ŅTanto? Eso es una ensalada para un batall√≥n.

‚ÄĒEs que‚Ķ.no importa d√©melas de todas formas.

‚ÄĒBueno si usted lo dice, el cliente siempre tiene la raz√≥n. Gu√°rdelo todo en este nylon. Son cuarenta y cinco pesos.

‚ÄĒAh s√≠, mire‚ÄĒy P√°tula le entreg√≥ unas monedas que trajo de Transilvania(los ahorros de toda la vida de Nana)

‚ÄĒPe‚Ķpero‚Ķesto aqu√≠ no vale, adem√°s las monedas est√°n sucias y oxidadas. Si no tiene m√°s dinero devu√©lvame mis vegetales.

‚ÄĒSe√Īor, mi dinero es tan digno como el suyo‚ÄĒse enfureci√≥ P√°tula‚ÄĒy tengo derecho a comprar como cualquier otro cliente.

‚ÄĒCon eso podr√° comprar en su pa√≠s, no aqu√≠. Y adem√°s para que no se haga el loco le voy a llamar a la polic√≠a. ¬°Polic√≠a!, ¬°Polic√≠a!‚ÄĒgrit√≥ a un vampiro que iba por la calle vestido de azul. ‚ÄĒMire, este se√Īor me quiere robar.

Para su propio asombro, el Conde Pátula terminó esa noche más hambriento que nunca y detrás de las rejas de una estación de policía.

 

Elizabeth B√°thory

‚ÄĒOiga, usted me ha enga√Īado.

‚ÄĒPara nada, le pusimos en la puerta de su habitaci√≥n justo lo pedido. Un vampiro grande, musculoso, con los colmillos brillantes y los ojos azules.

‚ÄĒPero no puedo ser novia de alguien que no diga ni una palabra.

‚ÄĒSe√Īora, usted nunca nos dijo que su pretendiente deb√≠a hablar. Lo tendremos en cuenta para la pr√≥xima ocasi√≥n.

‚ÄĒ¬ŅEntonces cree que podr√° ayudarme?

‚ÄĒClaro que s√≠. Recuerde que nuestro servicio es de excelencia. Dentro de unos minutos estar√° el otro pedido en su casa.

Despu√©s las dos se√Īoras colgaron el tel√©fono.

 

Dr√°cula

‚ÄĒEstoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido. Estoy muy deprimido.

 

Conde P√°tula

Tuvo que mandar un SOS a su embajada, ensa√Īar su pasaporte y hasta fingir que sufr√≠a una hipoglicemia para poder irse de la c√°rcel. Todos menos llamar a Igor y Nana, no quer√≠a que ellos pensar√°n que era un vampiro incompetente que no pod√≠a pasarse un d√≠a en la Habana, sin caer preso.

Cuando sali√≥ tuvo un deseo irresistible por llegar a Transilvania, pero, ¬Ņqu√© contar√≠a a su regreso?, ¬ŅNi siquiera llevar√≠a unos sourvenirs a sus dos amigos? As√≠ que se aguant√≥ sus deseos y en vez de irse al Aereopuerto se fue a la Central de Correos m√°s cercana.

 

Queridos Igor y Nana:

La Habana es tan linda como me habían dicho. Los vampiros por aquí son muy agradables y hay muchos vegetales. Me quedaré un tiempo largo aunque ya les echo de menos. Besos, El Conde Pátula.

Entreg√≥ el sobre a la se√Īora del correo y con los ojos aguados sali√≥ de all√≠.

 

Elizabeth B√°thory

Esa noche Elizabeth recibió en su puerta a un vampiro igual de hermoso, pero que hablaba como una cotorra. En cinco minutos supo que se llamaba LouisdePointeduLacqueviviaenlaHabanaperoqueveniadeotropaisquelegustabanlasmujeresmayoresysiveniandeTransilvaniamuchomejorqueconociaporgooglelashistoriasdeElizabethyqueestabaorgullosodeconocerla.

Todo eso lo le dijo así, de carretilla, y ella tuvo miedo de que se ahogara, así que le buscó un vaso con agua. Más tarde le contó de su familia, de sus abuelos, sus tíos paternos, y sus sobrinos que eran su mayor orgullo. Elizabeth estaba mareada de tanto habla que te habla y cuando intentaba decir una palabra o cambiar el tema de conversación Louis de Pointe du Lac la interrumpía y seguía habla que te habla como un loro parlanchín. Mucho antes del amanecer Elizabeth le entregó los billetes prometidos y lo sacó de la casa.

En las noches siguientes desfilaron m√°s y m√°s vampiros. Unos ten√≠an los ojos azules pero usaban unos espejuelos bifocales tan grandes que los ojos no se le ve√≠an, otros se inyectaban sustancias raras para mantener sus m√ļsculos, y la mayor√≠a ten√≠a los colmillos muy limpios pero postizos, o con pedazos de oro incrustados. Con ninguno de ellos podr√≠a tener una relaci√≥n seria y aspirar a la eterna juventud. As√≠ que una tarde, con uno que gagueaba tanto que en toda la noche no termin√≥ ni siquiera de decirle su nombre, le envi√≥ una nota a la se√Īora Anne R.

 

Muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí. De verdad que me doy cuenta de que sus servicios son de excelencia, pero por favor no me envíe más pretendientes. Por culpa de ellos he vaciado las cuentas de ahorro de mi familia.

Agradecida,

Elizabeth B√°thory

 

Dr√°cula

La noche siguiente Drácula pasaba por un parque cuando descubrió a un grupo de jóvenes altos, delgados, con ropa oscura, tenían los brazos tatuados, piercing en la ceja y el labio izquierdo y el pelo de medio lado, cubriendo el ojo derecho. Vestían camisetas ajustadas con capuchas y calaveras en el centro. Como pasó bien cerca de ellos pudo escuchar que ellos también estaban tan deprimidos, decían que la vida no tenía sentido, que el mundo era denigrante, sucio, y ellos que habían nacido para sufrir. Algunos, incluso, habían tratado de suicidarse. Se hacían llamar Emo porque estaban llenos de problemas emocionales.

Drácula pasó esa noche conversando con ellos. Pasadas unas horas sintió que él también tenía una vida triste, llena de persecuciones y falsas ideas sobre su persona. Estaba cansado de todo eso. De las leyendas sobre su figura, de un pasado que le habían inventado pero cansado sobre todo del resto de los vampiros, que nada tenían que ver con él. Drácula sintió que algo muy profundo lo unía a esos jóvenes y desde esa noche decidió que ellos serían su nueva familia.

Desde entonces, todo el que pasaba por el parque de G y 23 encontrará a un vampiro delgado, un poco mayor, con una camiseta que dice YO NO SOY VLAD DRACULA, pantalones ajustados, piercing en los labios y las cejas. El pelo, que antes era rizo, ahora estirado con productos, cae tapándole el ojo derecho. El vampiro dice todo el tiempo que estaba triste, que la vida es muy difícil para él, pero si alguien se detiene a mirarlo, descubrirá en sus ojos la felicidad de haber encontrado su lugar en el mundo.

 

Conde P√°tula

Pátula salió de la oficina de correos decidido a conquistar la Habana. Preguntó a unos vampiros que estaban en un parque vestidos de negro (por cierto uno de ellos le resultó conocido) cómo se llegaba al campo más cercano. A ellos mismos les cambió las monedas que trajo de Transilvania por unos pesos habaneros y con eso pagó un taxi que lo dejó donde le habían indicado. Allí se presentó al jefe de una cooperativa.

‚ÄĒQuiero trabajar la tierra, quiero saber c√≥mo se siembra la cebolla, la lechuga, el aj√≠ y el resto de los vegetales. Lo √ļnico que le pido es que me ense√Īe y me brinde un plato de ensalada todos los d√≠as. Le pagar√© con mi trabajo.

De esa forma se convirti√≥ en el mejor peque√Īo agricultor de toda la Habana. Lleg√≥ a tener una extensi√≥n de tierra tan grande que de todos los mercados del pa√≠s ve√≠an a comprarle vegetales. Al poco tiempo, mand√≥ a buscar a Igor y a Nana y entre los tres hicieron una casa muy parecida a su castillo de Transilvania. Pero eso s√≠, todas las noches el Conde escuchaba las quejas de Igor, mientras cenaban.

‚ÄĒAl final, amo, por mi culpa vino a la Habana y aqu√≠ se volvi√≥ m√°s vegetariano que nunca. Eso no me lo voy a perdonar jam√°s.

 

Elizabeth B√°thory

En Transilvania nadie podía creer lo que aparecía en los diarios más famosos de todo el mundo.

‚ÄúElizabeth B√°thory, una vampiresa radicada en la Habana, hab√≠a abierto un sal√≥n de belleza al que asist√≠an las vampiras m√°s elegantes de toda la sociedad. Cuando las damas sal√≠an de ese lugar parec√≠an dos cientos a√Īos m√°s j√≥venes. Todo gracias a los productos a base de sangre que usaba su anfitriona. Lociones capilares, cremas depiladoras y tintes que ella misma elaboraba. El sal√≥n de belleza m√°s visitado de toda la ciudad.‚ÄĚ

Mientras, a muchos kilómetros de distancia, Elizabeth iba apuntando en un cuaderno cuales doncellas habaneras serían las próximas en desangrarse.

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