El primer amor y la primera vez de Raúl Paz

“Yo vine por primera vez cuando tenía 11 años, a un Congreso, y creo que debo haberme tomado un tinajón entero de agua porque me encanta Camagüey. Parece cualquier cosa, pero este es un lugar que me inspira.”No fue una confesión de entrevista, se la robé a Raúl Paz mientras esperaba para hacerle un par de preguntas y él insistía en agradecerle antes a las muchachas del Centro Provincial del Libro que lo invitaron a cerrar aquí, este domingo, la fiesta mayor de la literatura en la Isla.

Como sus palabras desbordan el halago, (tanto más sincero porque no es respuesta complaciente a un cuestionario formal), como se avenían perfectas a la línea temática del trabajo, le he pedido licencia a la mejor ética periodística para iniciar con ellas esta entrevista que habla de amores tempranos y primeras veces.

No hay nada más camagüeyano que un camagüeyano

Supe que el cantante acababa de llegar de Francia y sin tomarse un descanso ni poner excusas aceptó la invitación que lo trajo de vuelta al Teatro Avellaneda. Su relación con esta tierra solo consigue explicarse en términos de magia.

“Siempre he creído mucho en las energías. No sé nada sobre esa teoría, pero sé que las energías son importantes. Te digo esto para explicar mi relación con Camagüey. La primera vez que vine a tocar con mi grupo fue para el Festival Internacional de Videoarte. Ahora es la primera vez que estoy en una Feria del Libro. Camagüey siempre me invita a muchas primeras veces.

En esta ciudad encontré algo que me toca, hay una energía cósmica en las calles raras esas que dan vueltas que no sé, ¡me llegan de un modo…! En cierto punto pensé vivir aquí, lo reconsideré porque queda muy lejos de La Habana, pero espiritualmente vivo aquí. Soy un poco místico, pero esta ciudad me atrapa, quizás es porque está al centro de Cuba y a mí, a pesar de ser pinareño, los extremos no me gustan: ni muy a la izquierda ni muy a la derecha, creo que la solución del mundo está en el centro.

No sé cuántas veces he tocado aquí, más que en cualquier otro lugar de Cuba y eso me gusta. Además, los camagüeyanos son tan contentos de ser camagüeyanos… no hay nada más camagüeyano que un camagüeyano.”

Adoctrinar vs acompañar

“Yo voy a todas con la juventud.  ¡A TODAS! La juventud decide el curso de la vida, eso ha pasado con todas la revoluciones del mundo, incluida la cubana. ¿Cómo no creer en la juventud?, ¿cómo no creer en la gente que tiene entre 20 y 40 años si son los que harán el futuro?

Me siento súper privilegiado de tener, a esta altura de mi vida, jóvenes que me escuchan. Pero al mismo tiempo no los critico por lo que puedan consumir en materia de música, eso es una responsabilidad de las instituciones culturales.

Los jóvenes están decidiendo lo que quieren ser y hacer, y eso se traduce en la música. Nos toca a nosotros velar por sus necesidades y adaptarnos a ellas. Yo espero que este gobierno y esta sociedad y este país crean en los jóvenes. No hay que pensar en cómo adoctrinarlos, sino en cómo acompañarlos.”

En proyectos del primer amor

“Siempre tengo muchos proyectos, soy como un trabajador del campo. Estamos haciendo un disco nuevo y una película. Además, estoy muy interesado en hacer comedia musical, que es mi primer amor. En lo que resta del año y el siguiente espero estrenar tres”.

“Además, y esto ustedes serán los primeros en saberlo, para abril planeamos un espectáculo en el Carlos Marx. Estudié en el ISA en la década de los 90 bajo la concepción del arte como un todo: actores, músicos, artistas visuales…éramos lo mismo. Eso se ha perdido y es lo que quiero rescatar aquí.”

No son poetas, son cancionísticos

Al movimiento de la nueva trova, a esa relación estrecha entre letra y acordes estuvo dedicada la clausura de la Feria del Libro. Enseguida pensé en Bob Dylan, ese monstruo de la música que ganó el Nobel de Literatura y sentí curiosidad por saber qué otro, a juicio de Raúl, merecería este lauro.

“Es muy rara esa historia de la literatura y la música. Me gusta verlas por separado y en el medio de las dos estamos los que escribimos canciones. Cuando empecé a hacer música declaré que yo era un juglar. No me agrada cuando me dicen cantautor porque parece una receta médica.

Respeto mucho que le hayan dado el Nobel a Bob Dylan, yo lo admiro muchísimo. Tengo dos personas que me han influido mucho: uno es Bob Dylan y el otro es Bob Marley, no sé por qué los dos se llaman Bob… Pero al mismo tiempo respeto tanto la escritura, no es que le quite importancia a la cancionística, pero es otra técnica y no me gusta cuando se mezclan.

Tipos tan espectaculares como Silvio Rodríguez no son poetas, son cancionísticos, pero eso nadie lo quiere aceptar, enseguida le ponen un término o para acá o para allá. En cambio el cancionístico es otra cosa que está en el medio, entre el contador de cuentos y el músico, ahí me siento cómodo.

Los escritores de canciones somos un poco cronistas, yo tuve la suerte de compartir mucho con el Gabo y él se sentía así: un cronista. Entonces no sé, no sé a quién le daría el Nobel de Literatura. ¡Ojalá y se lo den a todos los grandes escritores de canciones de este mundo, esa gente se merece muchos premios Nobel!

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