El descanso de los vivos, arte y reflexión

Terminó el Entre Música. Nos dejó con las ganas, el compromiso y el deseo de seguir disfrutando de buena música. Atrás quedaron intensas jornadas de conciertos, debates, peñas y conferencias. La nostalgia por el festival no cesará hasta el próximo año cuando se cree un certamen superior, fortalecido en las experiencias vividas.

Pero los ecos del festival se sienten todavía, esta vez desde las artes plásticas que en el territorio tunero siguen apostando por la renovación de la escena artística. Así lo demostró la exposición fotográfica El descanso de los vivos inaugurada en la galería UNEAC el 4 de noviembre como parte del programa del Entre Música  y que estará abierta al público hasta el próximo 6 de diciembre.

El autor de las instantáneas, Yahiron Villalobos, miembro de la AHS y promotor cultural nos propone una exposición desgarradora desde la misma concepción del discurso artístico. Trescientas imágenes de pequeño formato se juntan en una instalación gigante que invita a reflexionar acerca de la atención a la ancianidad en un país donde la población envejece progresivamente.

El descanso de los vivos denuncia al abandono, maltrato y olvido que padecen los ancianos en la actualidad. Aquí la fotografía es el medio expresivo para sensibilizar al espectador y mostrar la realidad sin regodeos. El lente capta personajes e historias cotidianas, que tristemente son parte de nuestro paisaje citadino. Los personajes son “nuestros viejos”; los escenarios las calles, los parques, las esquinas .Los recursos son múltlipes, además de dolorosas imágenes donde lo grotesco y lo feo resaltan  como categorías estéticas, encontramos objetos desechos y caducos, tan olvidados como los protagonistas de la historia. Entonces es fácil tropezar con la máquina de escribir, los discos de acetato o la vela que amenaza con apagarse, aquí cada recurso es la impresión acertada de un mundo decadente.

Historia de indolencia y desidia, pero de esperanza y humanidad en tanto invita  a la reflexión. Tonos sepias y grises que contrastan con luces y sombras apoyan un discurso visual cargado de simbolismos y metáforas que envuelven al espectador en una atmósfera tan vivencial y real que a ratos se  vuelve opresiva.

¿Qué hacer? Primero visitar la exposición, conmoverse y si es posible disfrutarla .Luego cumplir con su llamado que no es otro que concienciarnos con esos  ancianos que todavía están vivos y que merecen más que descanso: solidaridad y atención.

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