El camino de la eternidad

Tomado de Granma

Antes de herirlo de muerte, una de las balas que estremecieron al pueblo, da√Ī√≥ para siempre el mecanismo del reloj que Luisito llevaba consigo aquella noche.

Desde entonces, como fieles testigos de uno de los hechos m√°s tristes que se recuerdan en Vueltabajo, sus manecillas se han mantenido marcando la hora exacta de la barbarie: 8:25 p.m.

Era el 13 de agosto de 1957 en el poblado pinare√Īo de San Juan y Mart√≠nez, y Sergio y Luis Montes de Oca hab√≠an salido de su casa con el objetivo de realizar una acci√≥n revolucionaria, para celebrar el cumplea√Īos de Fidel Castro, el l√≠der de los rebeldes que combat√≠an a la tiran√≠a en la Sierra Maestra.

Hacía meses que la policía los vigilaba de cerca. Se sabía que ambos conspiraban, y si no habían registrado su casa, fue porque eran los hijos del juez.

En el portal del antiguo cine Marta, el sicario al que dieron la misión de asesinarlos, llega hasta Sergio e intenta registrarlo. El joven se resiste, el asesino lo empuja.

Desde la acera opuesta, Luis (18 a√Īos) advierte lo que sucede y sale en su defensa, pero un disparo lo derriba.

¬ę¬°Si mataste a mi hermano, me tienes que matar tambi√©n a m√≠!¬Ľ, le grita Sergio(17) mientras lo encara. Mas no hace falta. Esa es precisamente la encomienda del verdugo.

Una nueva bala, a boca de jarro, termina con el más joven de los hermanos Saíz Montes de Oca.

¬ęComo si hubieramos sido enternos¬Ľ

Los dos estaban conscientes del peligro que corr√≠an. ¬ęSi ma√Īana nos matan y contribuimos con ello a que Cuba sea libre, para nosotros ser√° como si hubi√©ramos sido eternos¬Ľ, les hab√≠an dicho a sus padres.

Adem√°s, les hab√≠an pedido que de caer por la Revoluci√≥n, en el funeral no hubiera flores ni sarc√≥fagos de lujo. No ser√≠a justo cuando exist√≠an en la Cuba de entonces tantos ni√Īos con hambre.

Por eso, aunque se recibieron muchas ofrendas, no se pusieron en el velorio.

La excepción, sería un ramo de rosas que les llevara un médico del pueblo.

Un tiempo atrás, Sergio había acudido a él, para pedirle un libro de medicina, y el hombre se lo había negado, pero luego, cuando supo que se trataba de uno de los hijos del juez, cambió de idea.

¬ęSi usted no es capaz de prestarle un libro a un simple estudiante, yo no puedo aceptarlo¬Ľ, le respondi√≥ el joven, y su actitud lo impresion√≥ tanto, que cuando supo del crimen, el m√©dico se present√≥ ante los padres, les cont√≥ la an√©cdota, y consigui√≥ que recibieran sus flores a modo de disculpa.

Del lado de los pobres

Aunque provenían de una familia de clase media, siempre quisieron compartir su suerte con los más pobres.

Ah√≠ est√° la an√©cdota imprescindible de su decisi√≥n de asistir a la escuela p√ļblica, y de no usar medias porque a los dem√°s ni√Īos no pod√≠an compr√°rselas.

¬ęSergio ten√≠a un car√°cter inquieto, le gustaba hacer chistes. Luisito era m√°s serio. Eran distintos, pero en su manera de pensar y de actuar en cuanto a los problemas del pa√≠s, no hab√≠a diferencia¬Ľ, as√≠ los definir√≠a una vez Esther Montes de Oca, su madre.

Los dos fueron dirigentes estudiantiles en el Instituto de Segunda Ense√Īanza de Pinar del R√≠o y sobresalieron en las protestas contra la dictadura.

A finales de 1955, Luis matriculó en la Facultad de Derecho en la Universidad de La Habana, donde fue de los primeros en incorporarse al Directorio Revolucionario.

En noviembre de 1956, tras el cierre de la institución, regresa a San Juan y Martínez, y se convierte en coordinador municipal del Movimiento 26 de Julio, mientras que Sergio sería el responsable de acción y sabotaje.

Por qué luchamos

Con una vasta cultura y un alto sentido patriótico, los dos hermanos escribieron textos que sorprenden por su profundidad y madurez. Entre ellos sobresale el manifiesto Por qué luchamos, considerado su testamento político.

En él, realizan una contundente denuncia de la situación que atravesaba el país, y describen cómo debería ser la Patria nueva.

¬ęSabemos que no es obra de d√≠as lo que planteamos, pues la magnitud, la grandeza de la misma, llevar√° a√Īos de brega firme y resuelta, (‚Ķ). Estamos empe√Īados en una lucha a muerte contra todo lo malo, lo indigno, reprobable y lacrado; es la fuerza pujante de una nueva era (‚Ķ); es el sol que rompe, con los rayos de la vida, sobre la noche de un mundo liquidado¬Ľ, exponen en el documento.

¬ęUn d√≠a vi sus escritos y les pregunt√© por qu√© lo hac√≠an. Como madre sent√≠ miedo. Los ve√≠a salir y no sab√≠a si regresar√≠an. Pero comprend√≠a que ten√≠an que luchar. Aquellas ideas nacieron con ellos y yo no pod√≠a cort√°rselas¬Ľ, expresar√≠a Esther al respecto.

Hasta el √ļltimo de sus d√≠as, la valerosa madre vivi√≥ convencida de que de no haber sido asesinados, sus dos hijos habr√≠an estado hoy, con la misma fuerza de sus principios, al lado de una Revoluci√≥n que har√≠a realidad sus sue√Īos de igualdad y de justicia.

Ese ser√≠a su gran consuelo desde aquella noche de agosto en que, despu√©s de ayudarla a fregar los cubiertos de la cena, Luis y Sergio la besaron por √ļltima vez, le dijeron ¬ęno temas, alg√ļn d√≠a te vas a sentir orgullosa de nosotros¬Ľ, y partieron hacia a la eternidad.

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