Diez millones

Tomado del Sitio web de la UNEAC

Solo el recuerdo detiene el tiempo

Fedro Guillén

Diez millones, con guión y dirección del laureado dramaturgo Carlos Celdrán, Premio Nacional de Teatro, es la obra que Argos Teatro lleva a la sede capitalina de la emblemática agrupación, como parte del programa del XVII Festival Internacional de Teatro de La Habana, que tiene lugar del 20 al 29 de octubre.     

Diez millones deviene un texto caracterizado por su impecable factura estético-artística, inspirado en hechos tomados de la propia vida del ilustre autor, y ambientado en los finales de las décadas de los sesenta y setenta de la pasada centuria.

La trama gira alrededor de la reconstrucción de fragmentos aislados, inscritos en el archivo mnémico del prolífico creador, y que van configurándose a través de narraciones, evocaciones, asociaciones y vivencias.

Sin embargo, el espectador cae en la cuenta de que no se trata, en modo alguno, de una obra autobiográfica, porque incluye muchos elementos manipulados y ficcionales, en función —precisamente— del desarrollo de la acción dramática.

La mención otorgada a esa obra en el contexto del Premio Virgilio Piñera 2014, fue —al parecer— la motivación fundamental que incitó a Celdrán a pulir el texto y llevarlo a las tablas, así como a la letra impresa.

En el elenco actoral, habría que destacar la presencia de Daniel Romero (Él), quien participara en el filme José Martí: el ojo del canario, del maestro Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, así como en la teleserie Zoológico, donde desempeñara el papel protagónico, y de Maridelmis Marín (la madre), quien ha hecho realidad el sueño de trabajar con un director que, desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, refleja en sus puestas la realidad que nos circunda.

Completan la nómina los actores Caleb Casas (el padre) y Waldo Franco (el autor), signados —fundamentalmente— por la integralidad que los identifica en cualquier medio.

Daniel Romero, cuya personalidad artística ha sido moldeada por escultores de la talla excepcional de Fernando Pérez y Carlos Celdrán, proyecta con nitidez la auténtica naturaleza de un chico que, no obstante la influencia negativa que recibe del medio familiar, se desarrolla integralmente como ser humano, y al mismo tiempo, crece como “las palmas […], como los pinos”, hasta devenir sujeto principal de la acción dramática.

El joven artista se desgarra su mundo interior y dosifica el histrionismo escénico con el uso inteligente de los recursos técnico-expresivos adquiridos en la academia y consolidados en la “praxis” teatral.

Por otra parte, le imprime al personaje que interpreta un tono de convincente veracidad. Para logarlo, utiliza la progresión dramática desde la naturalidad y la sensibilidad que caracterizan su desempeño actoral, e hilvana el testimonio personal del autor con el candor y el encanto inherentes a los espíritus juveniles.

Maridelmis Marín desempeña el papel de una madre autoritaria, dominante, poco o nada reflexiva, que alardea de un poder absoluto y se encuentra obnubilada por cantos de sirena de marcado carácter despótico. La multifacética actriz se distingue —básicamente— por su magistral actuación, al extremo de condicionar las tablas de la escena a su enérgica capacidad volitiva.

Caleb Casas muestra —una vez más— el talento que lo singulariza, así como la consagración en cuerpo, mente y alma a las artes escénicas; en consecuencia, desempeña el papel de un padre simple, tierno, comprensivo, pero egoísta en grado sumo, que mediatiza el comportamiento psicosocial del primogénito con modulaciones que oscilan desde un registro moderado hasta el más intenso tono emocional.

Waldo Franco representa a un oráculo que con atención e interés sigue los acontecimientos que se producen en el seno de ese núcleo familiar “sui generis”.

Con una trayectoria donde el actor siempre ha sido el punto focal o eje central de la fecunda producción intelectual y espiritual de Carlos Celdrán, los amantes del buen teatro podrán descubrir que el montaje de esa obra enfrentó grandes dificultades, ya que los jóvenes artistas no vivieron esa época socio-histórica, y hubo que mostrarles materiales audiovisuales para enriquecer el proceso de comprensión y asimilación de los pormenores involucrados en esa etapa, mientras los familiares y personas mayores contribuyeron con sus valiosos aportes experienciales a que los actores ampliaran sus conocimientos acerca de dicho período.

Finalizo con unas declaraciones formuladas a la prensa por Carlos Celdrán: “las generaciones jóvenes podrán funcionar, en la medida en que se enteren de los hechos que nosotros vivimos, [y] que forman parte de la [leyenda] secreta, personal y generacional de todos nosotros”.

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