Daniel Carrazana un artista al que le corre teatro por las venas

El teatro tiene que decir siempre la verdad,
y la verdad a veces duele,
pero no podemos edificar una mejor verdad
si no reconocemos la que tenemos hoy.

 

La escena teatral granmense se premia con el talento del joven Daniel Carrazana, quien a pesar de no tener formación académica como actor, sí conoce la premisa de cada puesta en escena: entregarlo todo al público dándole vida a un personaje. Forma parte de la vanguardia artística que se nuclea en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la provincia, donde dirige la sección de Artes Escénicas. Daniel es en resumidas cuentas un apasionado de la actuación que siempre supo que ese era el camino que deseaba transitar.

A ese empeño debemos personajes como el payaso Pititi; el duende Din Din del popular programa Chiquilladas, del Telecentro de Bayamo, que ahora está en la televisión nacional por el verano; el babalawo Francisco que hemos escuchado por la radio granmense; el juez de Falsa Alarma, de Virgilio, y otras muchas creaciones como parte de su grupo Alas D Cuba.

«A las artes escénicas llego por un deseo irrefrenable de ser actor desde pequeño, es una pasión muy grande. El teatro es para mí un componente vital, tengo que estar constantemente involucrado en esa atmósfera, en ese mundo maravilloso, y porque yo creo que en el teatro hay también mucha tranquilidad, hay muy pocas cosas que no me perturban cuando estoy ahí… El teatro no solo como medio, sino también como ese espacio oscuro donde solo la luz, tu rostro y las manos son capaces de estremecer, de conmover o de hacer que una persona te aborrezca».

Cuando el hombre tiene claro su camino, no importa cuántos obstáculos surjan; Carrazana no aprobó ninguno de los exámenes de aptitud a los que se presentó en todas las escuelas de arte del Oriente del país, por lo que se decidió por la carrera de Estudios Socioculturales, también ligada a la cultura.

«Yo creo que una cosa fue complementando a la otra. Los estudios socioculturales me dieron una plataforma muy importante para poder luego hacer cosas en el teatro y ver los fenómenos, las personas, la sicología, de otra manera, verlas desde fuera y ver cómo se comportaban. No los puedo ver separados, aunque el teatro siempre fue pasión y lo otro una casualidad de la vida que después fue casualidad del corazón porque fue una carrera que yo disfruté muchísimo. Estando en la universidad comienzo a hacer cosas en los festivales de aficionados y la posibilidad real de ser artista empieza a tomar forma.

»Creo que ser una persona de ciencia o preocuparme por hacer todos los doctorados y todas las maestrías que quieren los jóvenes investigadores hacer, me iba a llevar mucho tiempo y había muchas cosas esperando en el camino, tenía que hacer teatro, era inminente eso, el tiempo me iba a pasar la cuenta y, en efecto, mira, ya voy a cumplir 30 años y entonces no he sido académicamente todo lo que hubiese podido ser, pero estoy muy contento con lo que ha pasado en el teatro, con el público, con mis personajes, ha sido muy lindo descubrir todo esto y trabajar al lado de la cantidad de gente con las que he trabajado.

»Como toda creación artística el teatro también parte de la inspiración, de la del dramaturgo que crea la obra, de la del director de la puesta en escena y, como la célula primaria, de la del actor que le da vida a un personaje, que lo hace tangible a los ojos de los espectadores.

»Me inspira la gente. No hay película más maravillosa que el día a día. Cuando abres los ojos y sales a la calle lo que ves es irrepetible: el auto que pasa, la señora que se agacha, la conversación casual en un carro, ahí yo encuentro motivación e inspiración, y en las pequeñas historias particulares de la gente, ahí está todo.

»Y me inspira también que la gente se inspire, que a la gente le guste trabajar, a veces hay obras que no me gustan, personajes que detesto y me he llegado a enamorar de ellas por el ímpetu que el colectivo de trabajo le imprime. La energía es muy importante, creo que es vital para cualquier proyecto y puede transformar las cosas, incluso cuando no te gustan.

»Cada actor tiene determinadas condiciones, ya sean físicas o de aptitud, o el propio gusto, que lo hacen apegarse un poco a determinados tipos de personajes, sin que este apego signifique incapacidad para la interpretación de otros con diferentes características.

Din-Din-Daniel-Carrazana2»Me han encasillado un poco en personajes que tienen que ver con la locura, con seres humanos en el extremo de situaciones. A lo mejor es pretensioso decir que estoy en un encasillamiento pero el caso es que casi todos los que he hecho han estado en ese cuerda y después de todo me ha gustado. Si me preguntas qué personajes prefiero, te digo que prefiero los personajes al límite, personas que han llevado su alegría o su euforia, su tristeza o su tranquilidad al límite. No me gustan los personajes de medias tintas, no me gusta el que pudo decir y no dijo, me gusta el que dice y dice bien.

»Los personajes al límite no admiten error a la hora de interpretarlos; o los sientes o los sientes. Disfruto tanto a un tipo que ríe a mandíbula batiente y se pasa una hora de espectáculo así, como uno que se pase la hora entera llorando o uno que se la pase maldiciendo u otro que sea el himno de la alegría, pero todos conllevan un esfuerzo y en el esfuerzo está el reto y en el reto está la posibilidad real de que puedas hacer un buen personaje y de que tu trabajo pueda notarse sin demeritar la obra de los demás, porque el teatro es un gran engranaje donde todos participan.

»Me gustan los personajes que se manifiestan de una manera irreverente, los que pueden de momento no ser el centro de la historia pero que funcionan como un bajo en una orquesta sinfónica y ponen notas por detrás que son importantes también en esa polifonía inmensa que es una obra de teatro. Me gustan los personajes que quizás no tienen tantos matices de voz pero sí matices desde el punto de vista dramatúrgico que te hacen verlo, que te hacen notarlo sin robarse el show, me gustan los buenos personajes como a todo actor, y aquellos que logran llegar no solamente por como tú los interpretes sino por como lo estructura el dramaturgo.

»Y una cosa muy importante: me gustan los personajes en los que sin ser yo o sin intentar reflejar algo de mí, puedo poner en ellos una parte de mí para que aflore lo mejor o lo peor de ellos. En un personaje triste yo pongo mis tristezas y las trato de visualizar desde las problemáticas que tiene ese ser humano. Yo no soy de academia, no sé si eso está en algún libro pero yo lo siento así, me nace hacerlo así.»

El artista teatral como todo creador siente la necesidad de darles luz a sus propios personajes, esos que se formó con la práctica de vivir otros muchos. Daniel no escapa a esta arista de los que saben hacer y se ha aliado al mundo de los niños, ese complicado universo por el que todos pasamos pero al que pocos sabemos regresar.

Carrazana nació en Victorino de Guisa, una comunidad de la Sierra Maestra, ahora vive en Bayamo, la capital de la provincia Granma, pero siente su pertenencia a ese espacio que lo vio nacer y crecer y por supuesto que sus personajes no escapan de una u otra manera a ese lugar.

«Mis personajes tienen del Daniel de Victorino y de Victorino todo, ese es un lugar muy importante para mí, un punto de regreso, una zona franca que no pertenece a ninguna área geográfica, pertenece a mí, a mi corazón, el punto donde necesito ir y cuando estoy muy estresado me voy allí a veces a pensar. Muchos de mis personajes han sido repasados, mis textos han sido aprendidos allí en aquel silencio. Y tienen de mí todo lo que pueda tener una persona que nació en el campo, el río, las montañas, el aire, el silencio, tienen todo eso de Victorino.»

Siempre se dice que no se trabaja para premios, pero no hay mejor reconocimiento a la labor realizada que la llegada de uno de estos. El primero siempre se guarda en un lugar especial. El primero que le otorgaron a Daniel fue el Premio a la Excelencia Interpretativa Miguel Benavides por el personaje Arcadio de la obra Noria.

«El premio Miguel Benavides ha sido mi primer premio de importancia en el mundo profesional y significó para mí todo el reconocimiento de mis compañeros, de los actores que hace muchísimos años están trabajando por y para el teatro en Granma, significó también un gran honor y una luz en el camino porque llevaba mucho tiempo ya de trabajo y no había pasado nada significativo con mi obra. Aunque creo que el premio absoluto es que la gente vaya a tus obras, que se vean reconocidos en ti, que lloren; incluso, que haya quien vaya una vez y no quiera ir de nuevo porque la obra le afectó, eso para mí es muy gratificante, esas experiencias tan reales; incluso, gente que me hayan cogido asco en el teatro.

«El Benavides también significó el reto de continuar haciendo, de decir bueno ahora hay que hacer más y cada premio que vino después, el Máscara de Caoba, el Raúl Pomares, el Adolfo Llauradó, para lo único que han servido ha sido no para vanagloriarme sino para complicar más las cosas también porque uno tienen que ir haciendo cada día algo mejor; es como una escalera y también como una pequeña obsesión que nos envuelve, dar de uno lo mejor, eso es una manera muy linda de respetar a la gente.»

El panorama de las Artes Escénicas en Granma no tiene todo el brillo que se quisiera, y quien mejor que un actor que ama y sufre las condiciones físicas y sicológicas de este arte para hablar de ello.

«Las artes escénicas en Granma quizás no están en su mejor momento o en su mayor iluminación como la tuvo hace algunos años. Sí creo que hay gente que está trabajando muy duro por hacer del teatro una plaza importante dentro de la cultura de esta provincia, y hay otras personas también que tratan de impedir eso, muchas instituciones que obstaculizan a veces el trabajo; los actores a veces trabajan sin mucha motivación porque realmente es muy duro y muy difícil dedicarse al teatro sobre todo en estos tiempos que corren cuando la gente prefiere otras cosas y —aunque el teatro siempre tiene reservada su plaza— necesita revitalizarse.

»Lo que sí sé es que es una provincia que está llena de gente con mucho talento y con muchas ganas de hacer, y aun en medio de todas esas necesidades siempre hay uno que te sigue. Las artes escénicas creo que tienen que mirar más al teatro y no a la conmemoración histórica de fechas y galas, tenemos que mirar más a la creación y hacer cada vez más un teatro que se parezca a la Cuba de hoy, con sus problemas, con sus matices, sus lunares, sus desventuras.

»El teatro tiene que decir siempre la verdad, y la verdad a veces duele, pero no podemos edificar una mejor verdad si no reconocemos la que tenemos hoy.»

Un hombre con tanta intensidad creativa tiene siempre planes para el futuro, ¿en qué se debate hoy Daniel Carrazana?

«Proyectos de presente: continuar en la televisión trabajando con los niños que ha sido un mundo muy interesante para mí. Continuar haciendo Clown, que es uno de los proyectos más lindos que ahora tengo. Acabo de iniciar otro, que se llama Alegría Intensiva, en los hospitales con los niños; tengo giras por el verano; un largometraje que grabo en octubre; para fin de año tengo un corto de unos estudiantes del Instituto Superior de Arte, que van a estar haciendo por acá por Bayamo.

«Estoy haciendo una obra nueva que se llama Momentos de Locura, que debe estrenarse para fines de año; también en una comedia de un argentino que se llama Terapia, hecha para que la gente vaya al teatro a reírse, divertidísima.»

Es una suerte que a pesar de que el Arte Teatral granmense no tenga todas las luces que se necesitan sí existan rayos de luz como Daniel Carrazana. Actores inteligentes y capaces de luchar desde sus personajes, desde sus creaciones, desde cada puesta en escena por un arte mejor, más comprometido con la realidad sin apartarse de los clásicos, que se parezca al hombre de estos tiempos, que se sean intensos y dignos y sobre todo que estén seguros que constituyen una parte importante de la cultura granmense y cubana.

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