Cuestiones raciales en la cultura Rastafari

Últimamente se hace visible el interés por algunas instituciones de la cultura en dar cierto protagonismo al debate racial; tema que hace apenas 10 años se mantenía silenciado y aún hoy tiende a minimizarse en algunos sectores oficiales. Precisamente, una de las formas de evitar el neorracismo es la discusión y socialización de criterios referidos a los prejuicios raciales, a las nuevas formas de discriminación, pero también a la articulación de espacios institucionales donde se propicien investigaciones más amplias referidas a la problemática y se traten o enjuicien acciones discriminatorias de cualquier índole.

Es interés de la sociología, la antropología y otras disciplinas la investigación sobre las denominadas tribus urbanas, las cuales no dejan de ser marginadas por gran parte de la sociedad debido a sus prácticas propias, costumbres e identidades. Dentro de ellas la cultura rasta conlleva a varios puntos de análisis concernientes a los tabúes que, desde la propia formación de esta subcultura, se le han impuesto.

King Mayun es uno de esos defensores y cultivadores de la música reggae en Baracoa; profesa la fe rasta lo más fiel posible a la herencia tradicional y se apropia de patrones culturales donde lo racial tiene un alto grado de significación. Sin dudas, Mayun no escapa de los prejuicios y prácticas discriminatorias que sufre o ha sufrido en el contexto local donde produce y sobrevive.

¿Cuándo asumes tu vocación por la cultura rasta?

Asumo ser rasta gracias a uno de mis hermanos mayores que lo era y escuchaba constantemente la música reggae, que en aquel entonces —inicios de los 90—, comenzaba a conocerse en el municipio de Baracoa; como es natural, poco a poco fui conociendo las costumbres y modos de vida de esta cultura que veía en casa y en la figura de mi hermano, así asumo esta creencia.

Muchos estudios tratan de demostrar una amplia variedad de identificaciones sobre el movimiento en Cuba que transitan desde los hombres y mujeres que profesan la religión ortodoxa o los que se identifican con el rastafarismo como estilo. ¿Cómo te defines tú?

Mi definición como practicante es Rasta, Natural y Espiritual.

¿Cómo se distingue un rasta verdadero de un imitador o farsante?

Es muy importante conocer las costumbres y el modo de vida nuestro. Como sabemos, en todos los grupos humanos existen farsantes e imitadores, para nosotros son lobos vestidos de ovejas que lo único que traen es confusión a la sociedad sobre el deber ser de un verdadero rastafari. Rasta es una persona filosófica de la vida, es alguien natural, espiritual por excelencia y no debe mezclarse con las costumbres o influencias negativas (robos, homicidios, borracheras y otras) que nos apartan del buen camino. Esas tentaciones existen en todas partes de la sociedad y en nuestro caso desacreditan nuestra cultura y la ponen bajo tela de juicios discriminatorios; también sería tonto pensar que una persona así, con esos defectos, pueda practicar nuestra fe.

Si la filosofía rasta se basa en la sabiduría, en el transitar por un sendero recto, verdadero, que profesa la hermandad, la bondad y la verdad ¿Por qué a 86 años de su existencia continúa siendo un movimiento tan prejuiciado internacionalmente? Me gustaría que te refirieras además al caso cubano.

Los prejuicios sobre esta cultura se originan en la mente de los hombres que por mirar solo el exterior de los seres humanos hacen falsas propagandas y juicos apresurados sobre Rasta. Ese mal original lo llamamos Babilon/Babilonia y proviene de las escrituras que describen a la ciudad de Babilonia como eje de todo mal. Así como Jesús de Nazaret y sus discípulos fueron perseguidos, encarcelados y apedreados por profetizar la verdad de sus corazones; en estos tiempos somos acusados bajo el pretexto del consumo de la marihuana, cuando nuestros hermanos se destacan por su comportamiento y disciplina. Son muy pocos los que se acercan y vencen la barrera del miedo para conocer sobre nuestra cultura; es entonces que la desinformación y, peor aún, la tergiversación de esa información es la que más afecta la imagen de un rastafari.

Debido a su alto sincretismo y expansión a diferentes regiones, a mi entender, no hay aún un vasto estudio que generalice esta cultura. Como practicante, tu fuerza radica en tu fe y proyecciones individuales. Sin embargo, a pesar de ser eso una fortaleza, ¿consideras que es un elemento que los subdivide como grupo, ya que no hay una norma común para todos sus practicantes?

La fuerza que mueve al mundo y todo lo que en el existe está regido por Dios-Jah, y Jah es por quien subsiste la humanidad. Sin embargo, no somos nada sin nuestra fe y nuestro amor que es el eje central de nuestro modo de vida. Mi proyección personal es llevar mi fe siempre conmigo y hacer cada cosa con mucho amor, solo así las cosas y obstáculos de la vida podrán superarse y fluirán las energías positivamente. Claro está que muchos no proyectan esta ideología y, sí, nos subdivide, a veces entre nosotros mismos se manifiesta el prejuicio, sobre todo de los practicantes más ortodoxos a aquellos que predican superficialidad y falsedades.

Es notorio como el movimiento crece en los países latinoamericanos, por un lado fusionándose y relacionándose con proyectos afines desde lo nacional y por el otro lastimándose al ser convertido por algunos en una moda —dígase por el color de la piel, el uso de los dreadlocks, imágenes o símbolos en la vestimenta— para seducir al extranjero e involucrarse en la industria turística. ¿Crees que esa situación tributa a la discriminación? ¿Alguna vez te han tildado de rastafari jinetero?

Es cierto que la cultura Rasta se ha transformado en una moda, hay muchos que usan las vestimentas o los dreedlocks para ser un elemento de atracción frente a la avalancha de turistas que cada año llegan a los países del Caribe. Eso no pasa solamente con el rastafarismo, sino también con las religiones africanas o la cultura taína… y es que algunos extranjeros se informan sobre estas cuestiones pero muchos otros no tienen ninguna idea y se llevan la experiencia errada. Aunque no existan normativas para regular al Rasta, cada quien sabe cuáles son los principios y filosofías de nuestros antecesores. Solamente con el hecho de ser negro ya soy mal mirado, qué decir de los que visten e imitan para atraer turistas. Los prejuicios comienzan desde la hora en punto que un negro se relaciona con extranjeros, sea la conexión que sea, profesional, marital, de amistad en fin… somos llamados rastas jineteros y pagamos justo por pecadores. En Baracoa me conocen como artista, pero esto no me hace pasar desapercibido. En lo profesional he tenido varios problemas de prejuicios, no con el público que me sigue y ve en mis canciones mensajes positivos referidos a la humanidad y al humanismo, sino con algunos funcionarios del gobierno y de las instituciones culturales que aún discriminan y censuran la música reggae y otros géneros alternativos.

Entonces, eres de los que criticas o rechazas ese uso del rastafarismo que en ocasiones degenera, conduce a la marginalidad y a opiniones separatistas dentro de una sociedad que en su mayoría desconoce los preceptos filosóficos y estructurales de esta cultura.

No me gusta asumir una posición hipercrítica sobre estos temas aunque es algo que incomoda y mancha la opinión general sobre nuestra cultura. Mi principal objetivo es cultivar la música reggae para llevar mediante ella la palabra sobre nuestras creencias a todos. No hago excepciones porque los malos y falsos no llegan al final de un concierto o de un conversatorio; así que entrego mi experiencia a todos por igual.

¿Pudieras expresar algunas maneras de discriminación a las que te has enfrentado?

Sobre la discriminación, desgraciadamente, tengo varias experiencias negativas; una de las más dolorosas fue en Baracoa en el verano de 2008 cuando preparábamos un concierto junto a instituciones culturales y políticas. Luego de meses de preparación, y a pocos minutos de iniciar el concierto, llegó la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y nos trasladan (a mí junto a los integrantes de mi grupo llamado Raíces Negras) hacia la estación policial y nos detienen sin explicación alguna hasta dos horas después. Tal parece que ser negro y rasta es un problema a estas alturas del campeonato.

También en la gala por el aniversario 500 de la fundación de la villa Baracoa fui invitado, gracias a las gestiones de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización de la sociedad civil a la que pertenezco, a participar con una canción dedicada a la ciudad. Tras terminar el espectáculo muchos funcionarios de la Dirección de Cultura y del Centro de la Música comenzaron a calumniar sobre mí expresando que no tenía una orientación ideológica revolucionaria. Esto tuvo que ser resuelto a petición de la AHS en Guantánamo a niveles gubernamentales, y gracias a esas gestiones mis calumniadores se retractaron.

Según tengo entendido el reggae no forma parte del orden ceremonial rastafari, pero luego de la independencia de Jamaica y la aparición de Bob Marley, como impulsor del género, se le dio una mirada más favorable desde el punto de vista político y social a esta forma de expresión. ¿Aun cuando existen políticas culturales que incitan a la creación de proyectos que defiendan esta música caribeña, crees que el género es lo suficientemente promovido por los medios en nuestro país?

A los medios les gusta promover y ensalzar la cultura anglosajona y cualquiera de sus subproductos excepto las culturas que emanan del Caribe, no como región geográfica, sino como región cultural. Es más fácil poner en la televisión nacional un video obsceno de reggaetón que un video pacifista hecho por un Rasta. Deberíamos —y espero que algún día ocurra— mirar más al Caribe y en vez de ser la frase (el Caribe que nos une) una propaganda vacía sea una directriz de la política nacional. Aún los medios deben orientarse más en este sentido, no todo es underground. Son contados los programas que promueven música alternativa y esto es gracias a la gestión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la AHS, y el Ministerio de Cultura (MINCULT).

¿Encuentras en las Asociación Hermanos Saíz un camino para la promoción de tu obra?

Realmente sí, creo en esta organización y en su empuje para lograr cosas. Desde mi filial he logrado nuclear seguidores de mi obra, tener un espacio propio de presentación y ganar en promoción. Aún falta mucho camino por recorrer, pero al menos tengo un amparo institucional. Claro, siempre me pregunto: ¿qué pasará con mi música cuando ya no esté en la AHS?¿ tendrá la música alternativa espacio en la UNEAC de aquí a unos años? Las respuestas generan retos y desafíos los cuales tendré que afrontar a su tiempo.

En nuestro país el Rastafarismo se asume como un movimiento marginal desde las bases de sus concepciones filosóficas y estructurales. Viéndolo así, ¿crees que la proyección en sentido general de los músicos rastafaris que utilizan el reggae como vías de expresión está orientado hacia la inclusión y participación en el sistema político social cubano? ¿Cuál es tu proyección?

El reggae nació para expresar la forma de vida de Rasta. Es un arma artística-cultural para denunciar la explotación y segregación de quienes creemos y practicamos esta fe. Prefiero mantenerme al margen de eso e intentar cambiar solo mi realidad inmediata, solo mi entorno y no más allá, aun cuando las imperfecciones de nuestro sistema afecten esa realidad mía. En mis canciones prefiero hablar sobre el amor, el respeto a las mujeres y niñas; la verdad, la paz; invito a reflexionar a los más jóvenes sobre los tiempos tan violentos que vivimos y, lo más importante, es hablar sobre nuestro Dios-Jah y sus mandamientos. Para un Rasta músico hablar de política sería muy complicado; solo hacemos referencias a estos temas comparándolo con fuego/fire… como en una de nuestras canciones cuando dice:

¡Fire!, reprendo el fire!

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