Cuando el cine se viste de inocencia (+Videos)

Hace poco más de un decenio es observable en la gran pantalla cubana el debut de nuevos rostros, pero más que rostros podría afirmar que se trata de una reciente tendencia cinematográfica: personajes infantiles como protagónicos.

Viva Cuba (2005, Juan Carlos Cremata), La edad de la peseta (2006, Pavel Giroud), Martí, el ojo del canario (2008, Fernando Pérez), Habanastation (2011, Ian Padrón), Y, sin embargo… (2012, Rudy Mora), Pablo (2012, Yosmani Acosta), Conducta (2014, Ernesto Daranas), Esteban (2015, JonalCosculluela), Cuba Libre (2015, Jorge Luis Sánchez) y Leontina (2016, Rudy Mora) figuran como la totalidad de largometrajes de ficción que presentan a niños en papeles principales.

Cierto es que ya venía haciéndose latente la necesidad de acrecentar un corpus fílmico que contara con las actuaciones de los más pequeños. La cinematografía nacional concibió el debut de impúberes como protagonistas en 2005. Fecha que ha quedado pautada en el historial como el año en que se produce “la primera cinta hecha con niños y para niños”, como lo afirman los reconocidos teóricos Marta Díaz y Joel del Río.

A partir de este marco epocal se hace cada vez más notoria esta proyección histriónica. A lo largo de 11 años se han producido diez películas, es decir, que entre tanteos y supuestas aproximaciones —sin llegar a ser taxativos— equivale a un rodaje anual.

Por tanto, surge entonces un asunto en cuestión: ¿a qué se debe la irrupción de los niños en el cine? ¿Se está proclamando el advenimiento de una nueva etapa de nuestro séptimo arte, o ya estamos inmersos en ella? ¿Por qué se silenció el rol protagónico de infantes antes de 2005? ¿Funcionan como voceros de una realidad social?…

Definitivamente son mucho más que estas las incógnitas que se suscitan, pero poniendo las cartas sobre la mesa, es incuestionable que, aunque tardía, resulta meritoria al fin la tan esperada incursión fílmica de los pequeños. Incursión que deviene pretexto para reflejar un escenario contextual que no es ignorado y, por ende, es menester abordar.

La producción de largometrajes de ficción de este tipo ha pasado de la total inexistencia a un pragmatismo tal, que ajeno a la futilidad, se ha convertido en un polivalente e inteligente instrumento de representación de crítica social.

El tema de la emigración en Viva Cuba, la mirada intimista de la transición a una nueva etapa de vida que ofrece La edad de la peseta, igualmente la conformación de la personalidad infanto-adolescente del Héroe Nacional en Martí, el ojo del canario, las irreductibles diferencias sociales que expone Habanastation, y el demostrar la posibilidad de lo imposible en Y, sin embargo….

También está el maltrato y la violencia familiar a la que es sometido Pablo, el vital papel de la educación y la crisis de valores que aborda Conducta, los entresijos que componen el camino a los sueños de Esteban, las complejidades histórico-políticas de un país en plena transformación que retrata Cuba Libre, y la evocación a la fantasía en Leontina. Todas las películas son exponentes del código de relaciones humanas en un cosmos insondable, devenidos plataforma de intertextualidad.

De modo que los pequeños se convierten en el blanco perfecto para fungir como reflectores de una sociedad plural, compleja y heterogénea. No más papeles secundarios, el rol principal pasa ahora a manos de los chicos que demuestran hábilmente una destreza histriónica exenta de triviales paroxismos. No obstante, quedan muchas cuestiones por analizar en este escabroso terreno de la filmología.

Un infante en plena formación, por demás ingenuo, constituye una excelente pieza en el ajedrez para dar un salto sutil e ingenioso como táctica expedita a la censura raigal. Pero la cuestión no está en que funcionen simplemente como herramientas de representación y examen de la sociedad. Entonces, cómo personifican, cómo simbolizan, cómo personalizan…

Sin artificios ni máscaras, va esa desnudez crítica eclipsada en un velo de inocencia. Inocencia mediada por otra mirada, para nada ingenua, pero que explora hábilmente nuestro universo de existencia. Y es que “este arte de síntesis total (…) prodigioso recién nacido de la Máquina del Sentimiento” —como lo catalogara RicciottoCanudo— ahora longevo y versado, camina, con intencional sabiduría, en la piel de los infantes.

 

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