Con el tesón de un príncipe gallardo

Su madre dice que ella es tan tenaz porque tiene nombre de príncipe. Le puso Lohengrin, en un alemán casi impronunciable para las bocas acostumbradas a los sonidos elásticos del español. Aunque muchos afirman que el nombre no hace a la persona, tiene que haber cierto misticismo, algunos hilos invisibles entre llamarse como la ópera romántica de Wagner que narra la lucha de este Caballero del Grial por la princesa Elsa, y terminar dedicándole toda la vida a la música.

Lohengrin Leal Vega tiene 35 años y una carrera sólida en este mundo de notas y pentagramas. El comienzo de esa historia vuelve de nuevo a su progenitora.

«Mi mamá es músico, ella fue profesora de piano de nivel medio, en la Escuela Vocacional de Arte (EVA). Empecé en la música por ella, de pequeñita me llevaba a sus clases y además estaba el piano en la casa. Vivía arriba del piano y me creía que estaba tocando un gran concierto, yo por supuesto no tocaba nada, si no sabía… [RISAS]

«Fue ella quien me presentó a la escuela de arte. Yo quería estudiar piano, pero ella se empeñaba en que fuera violín. Al final me convenció, toqué el violín, y después me incliné por mi instrumento que realmente es la viola. La viola es poco conocida, a diferencia del violín que es más famoso. Conciertos para viola hay muchos, quizá no tantos como para violín, pero hay. Así que decidí quedarme con ese instrumento, que al final pertenece a la familia del violín junto con el chelo y el contrabajo».

Luego de cada respuesta se le escapa una risita tímida, breve, como si todavía fuera esa niña para quien la música no pasaba de un juego…, como si no hubiera adquirido total convencimiento de lo que ha alcanzado. Lohengrin lleva a la par su trabajo dentro de la Orquesta Sinfónica de la ciudad, la dirección del Quinteto de Cuerdas Santa Cecilia, y las labores de asesora y maestra de la Escuela de Arte de la provincia de Ciego de Ávila. Sus hijos le ocupan también buena parte de los días.

«No sé cómo me reparto, no lo sé, realmente no lo sé, pero me las arreglo. Ensayamos aquí, en la casa de mi mamá, casi siempre en las tardes de martes y jueves. El resto es estudio individual.

Tengo dos hijos, una niña de 14 años y un varón de tres, Magdalena y Emmanuel se llaman, nombres bíblicos, rompí el esquema… [RISAS]

Magdalena hizo las pruebas de la EVA -dice y señala un portarretratos con la foto de la jovencita y su chelo-. Ahora se ha apartado un poco del instrumento, vamos a ver si lo retoma de nuevo. El varón me imagino que si no sale músico es un milagro» [RISAS]

Antes de que la madre orgullosa se perdiera en la tarea que más les gusta a las mamás: hablar de sus hijos, reencausé el diálogo al terreno profesional.

«En mi carrera tuve un stop cuando me casé y nació mi hija. Más adelante, cuando abrieron la filial de la Universidad de las Artes aquí, me presenté. No quería quedarme en el nivel medio, sino llegar al superior. Estudié con Sidney Campbell, el mismo maestro que tuve desde pequeñita»

­­Pero tu trabajo en la Sinfónica comienza mucho antes ¿no?

«En la Orquesta estoy desde el año 2000, al salir del nivel medio. El Quinteto surge en la misma Sinfónica. Todos los integrantes trabajamos también ahí. En Camagüey no había una agrupación de este formato y decidimos hacerla, junto con Eduardo Campos, el bajista del grupo que estudió conmigo en el ISA.

El grupo se nutre de los integrantes de la Sinfónica, los voy seleccionando de acuerdo con el nivel que tengan como músicos, que no necesariamente se tiene que corresponder con su nivel estudiantil, lo que más me interesa es que sean buenos músicos.

Tocamos todo tipo de música: clásicos como Beethoven y Mozart; barrocos como Bach, Corelli, Albinoni; del Expresionismo tenemos piezas de Debussy y así hasta llegar a la música más moderna, como The Beatles, y la música cubana que, por supuesto, no puede faltar.

¡Ah!, también interpretamos música para cine, brasileña, jazz…»

Por modestia, Lohengrin olvidó mencionar que el Quinteto de Cuerdas Santa Cecilia pertenece al Catálogo de Excelencias del Centro de la Música y desde hace tres años viajan como invitados oficiales a la semana de la cultura camagüeyana que se celebra en las Islas Bahamas. De tal suerte que para la Asociación Hermanos Saíz (AHS) significa un tremendo fichaje el tenerlos entre su membresía.

«En la AHS realizamos una peña el segundo jueves de cada mes: Trova entre Cuerdas, ese es nuestro espacio fijo de presentaciones. Constantemente nos llaman para cualquier evento que se realice en la ciudad. Recientemente estuvimos en la inauguración del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey, en la Feria del Libro, la Fiesta del Tinajón y el segundo Encuentro sobre cultura audiovisual y tecnologías digitales. Ya estamos invitados para las jornadas de concierto que inician en mayo, siempre hay trabajo».

Lohengrin, acabas de mencionar a la AHS…

«Sí, ya casi cumplo los 36, así que estoy a punto de jubilarme de ahí» [RISAS]

Pero llevas unos cinco años como asociada, ¿qué ha significado la Asociación en este tiempo?

«En la Asociación nos han ayudado mucho, ahora por ejemplo vamos a filmar un videoclip con el tema Pequeña Serenata Diurna, de Silvio Rodríguez. Lo haremos con la productora Luz Joven de la AHS, bajo la dirección de Reynaldo Pérez Labrada. Él ya contempla varias ideas, quiere usar el teatro Avellaneda y unirnos con el ballet contemporáneo Endedanse. Ya hicimos algo juntos, improvisado en la grabación del programa 23 y M, quedó muy bien, así que seguro funciona para el video.

También grabamos un disco en el 2016 gracias a la gestión de la AHS, se llama Take Five, porque tenemos un tema de jazz con ese nombre y además somos cinco los miembros del grupo».

La reunión de la sección de música se efectuó hace unos días, ¿qué preocupaciones salieron de allí?

«No estuve en la reunión, siempre me llega una carta, pero esta vez ni un aviso tuve. Aunque en realidad, para ser franca y justificar lo injustificable, yo casi nunca consigo asistir porque me coincide con otros trabajos».

Volvamos entonces a la música, ¿cuál prefieres?

«Me gusta mucho la música contemporánea. En realidad me gusta desde el Barroco clásico, la romántica, Chaikovski, Stravinski, los compositores fuertes; Bach por supuesto, Mozart, Beethoven…todo lo que tenga que ver conmigo» [RISAS]

¿Y cantas?

«Nooo, no canto»

Desde el sillón contiguo la madre nos acompañaba en la conversación y hasta este punto había procurado permanecer en silencio, pero tuvo que intervenir: «Bueeeeno, ella no canta ahora, pero yo tengo una anécdota: hace muuuuuchos años estaba yo en la cocina y escucho de momento una grabación que mi vecina de al lado tenía puesta. Y me preguntaba -acentúa con expresión de extrañeza- ¿quién estará cantando? ¡Era ella!, yo no lo sabía. La grabación se perdió, pero quizás si hoy se pone…»

Lohengrin: « ¡Ni me acordaba de eso yo!» [RISAS]

Modestia, carisma, talento y juventud, ella posee los atributos perfectos para adueñarse de cualquier escenario, en cambio optó por el camino más duro: ser profeta en su tierra, (por suerte cuenta con el tesón de los príncipes gallardos). Como buena camagüeyana, cierra la entrevista con una muestra de amor a su pedacito de Cuba.

«Me gusta mi provincia y he tenido la suerte de que también los integrantes del grupo son camagüeyanos, quienes como yo disfrutan estar en Camagüey. Cualquiera de ellos puede tener éxito como solista en La Habana o fuera del país, y sin embargo… ¡aquí están!»

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