Cienfuegos, la feria y la defensa literaria

Bastó una mirada general y rápida para notar la superioridad cualitativa de la Feria del Libro 2016 en Cienfuegos con respecto a la anterior. Algunos detalles —importantes en su contexto— incidieron en que el éxito no fuera más abarcador y absoluto; pero creo que no vale la pena mencionarlos para no desvirtuar el esfuerzo que esta vez se hizo en la provincia, para lograr una fiesta de las letras mucho más decente.

Parece no existir nada que pueda combatir la orfandad de público —entiéndase: consumidor literario— en los programas colaterales de estos eventos; pero por suerte, sigue bastando la presencia de los autores y muy selectos lectores para reinventarse la escritura en la Cuba de hoy.

Un emergente recorrido a través de las presentaciones y sucesos más relevantes de la feria en Cienfuegos, me permiten hacer paradas en varios sitios, aunque quedan fuera algunos de importancia análoga.

 La Eskritrova

Si una buena sensación deja la estela de la Feria del libro, es aquella que se crea luego de asistir al encuentro con lecturas, autores y públicos. El acercamiento, el ambiente despojado de toda formalidad, la trasparencia de criterios, es una de las maneras más lúcidas de aprovechar la literatura, no solo para los que la producen, también para los que solo la disfrutan.

La Eskritrova es un espacio que conduce el escritor Jesús Candelario, que los primeros miércoles de cada mes se desarrolla en la Uneac cienfueguera. Felizmente, coincidió este día 2 con el inicio de la feria del libro en esta provincia, y gracias a ello el auditorio fue más abundante. La poesía musicalizada de Ariel Barreiro, que siempre acompaña esta peña, permitió completar un círculo de buen gusto por el arte.

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El invitado en esta ocasión fue el poeta pinero José Antonio Antonio Taboada, cuyos performance orales llamaron la atención de una manera especial. Sus versos, junto a los de otros invitados (Edelmis Anoceto, Ian Rodríguez…) que se sumaron al acto poético, contribuyeron a la socialización necesaria del arte.

Otras generalidades

En la biblioteca Roberto García Valdés de la ciudad sucedieron los eventos más trascendentes. En los cuatro días durante los que se desarrolló el programa profesional destacaron la presentación de los libros de Emerio Medina (quien participó además en disímiles paneles sobre narrativa contemporánea) Los fantasmas de hierro (Letras Cubanas) y  Los barcos terminados (Ediciones Unión), ambos a cargo del escritor cienfueguero Marcial Gala, de quien vieron la luz Necrofilia y Enemigo de los ángeles, de las editoriales Mecenas y Gente Nueva, respectivamente.

La novela Las muertes de María, del escritor y traductor villaclareño Edelmis Anoceto, brilló con luz intensa. Según apunta en la nota de contraportada Alberto Garrandés: «… es una novela capaz de admitir sin menoscabo de su peso específico, el calificativo de providencial».

Otro espacio que esta ocasión absorbió la savia de la feria y sus invitados, fue el café que desarrolla la escritora Kryster Álvarez en la sede de la AHS. Allí destacaron las lecturas de Michel Encinosa, Atilio Caballero y Emerio Medina.

El recital de poesía de Lina de Feria en el Centro Cultural de las Artes Benny Moré, así como su posterior conferencia sobre poesía, al siguiente día en la biblioteca, y un homenaje, fueron los momentos cúspides en cuanto a la relevancia de autor en esta feria. También lo fue un panel sobre el poema nombrado Táctica y Estrategia donde destacaron, entre otras, la voz y criterios de Sergio García Zamora, joven poeta considerado por muchos el más destacable y completo de su generación. Su libro La borrasca también fue presentado, y aunque él insistió en que las temáticas de este cuaderno, como en otros ya publicados, están agotadas, es siempre una suerte volver para disfrutar y aprender de la estética literaria de Sergio. Las traducciones de poesía que presentó la Reina del Mar Editores (Trece maneras de contemplar un mirlo y Tres poetisas norteamericanas) tuvieron también semejante relevancia.

El espacio de la AHS quedó mucho más elaborado, participativo, y consistente, este año. Bajo el nombre Dios y los locos, el sitio abogó por el intercambio de lecturas y el avance literario. Compartieron micrófonos allí casi todos los invitados (José Antonio Taboada, Yanira Marimón, Pablo Guerra Martí, etc.) y miembros cienfuegueros de la asociación.

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A las ferias aún les falta limar bastantes detalles —tanto de índole organizativa como conceptual— para que se logre el supremo objetivo y despierten al aletargado consumidor literario cubano. Queda enfatizar el trabajo desde ahora, aunque, falte todo un año para la próxima cita; falta precisar más en la promoción, en la difusión, en la enseñanza y el cultivo de los públicos. Falta salvar la situación nebulosa de las editoriales en la provincia.

No existe ningún motivo por el cual un país —y los individuos encargados de este particular— no deba preservar la lucha por la defensa del lenguaje y de la literatura universal y de la autóctona.

Fotos: De la autora

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