Cien preguntas y respuestas para comprender el conflicto colombiano ¬ŅQu√© son los llamados falsos positivos?

La pregunta que da título al presente ensayo fue extraída de un texto titulado 100 preguntas y respuestas para comprender el conflicto Colombiano. Una idea que fue moldeándose paso a paso y gracias a las diferentes inquietudes que surgían en relación con el tema, pero especialmente, debido a una preocupación pedagógica de cómo acercar a muchas personas al conocimiento de una temática tan compleja y coyuntural como la del conflicto nacional.
Este libro, cuya primera edici√≥n vio la luz en el a√Īo 2017, tuvo una estrategia de reinvenci√≥n; en conjunto con la emisora de la Universidad Nacional de Colombia, al promover un programa radial que llev√≥ el mismo nombre y en el que no solamente se desarrollaron las tem√°ticas planteadas en el texto, sino que tambi√©n se ampliaron los horizontes de compresi√≥n, al poder escuchar la voz de personas expertas y de testigos directos de acontecimientos que han marcado nuestra historia nacional.
Finalmente, es claro que el conflicto colombiano posee m√ļltiples lecturas y arrastra pasiones enfrentadas. Por esta raz√≥n, una de las reglas principales de este trabajo ha sido sustentar muy bien todas las afirmaciones, deducciones e interpretaciones que se hacen a lo largo del texto. Asimismo, tampoco se busca responder a la pregunta de qu√© est√° bien o qu√© est√° mal, qui√©n tiene raz√≥n o qui√©n no la tiene, pues aspiramos a que todos nuestros lectores encuentren un texto imparcial, del que puedan sacar sus propias conclusiones.
¬ŅQu√© son los llamados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ?
Conocidos en el Derecho Internacional Humanitario como ‚Äúejecuciones extrajudiciales‚ÄĚ, los ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ fueron el nombre con el que se dieron a conocer en el pa√≠s los asesinatos de civiles a manos de la Fuerza P√ļblica, con el fin de hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate en el marco del conflicto.
Sin embargo, un informe del ‚ÄúCentro de Investigaci√≥n y Educaci√≥n Popular/ Programa por la Paz‚ÄĚ (CINEP PPP), escrito por Alejandro Angulo Novoa en el a√Īo 2011, identifica 941 casos de falsos positivos entre 1988 y 2011 en Colombia. Una clara prueba que demuestra que los denominados falsos positivos no eran una estrategia nueva, sino una t√°ctica recurrente desde tiempo atr√°s, utilizada por las Fuerzas del Estado. Adem√°s, el mismo Angulo Novoa, refiere una tabla estad√≠stica tomada del informe Noche y Niebla, en el que las referencias a ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ datan, incluso, desde el a√Īo 1984:

Pero fue durante el periodo 2004 Р2010, que dicha práctica en el país se hizo, cada vez más recurrente, con la desaparición y posterior muerte de jóvenes en distintas partes del territorio nacional. Uno de los casos más impactantes sería el de la desaparición de 19 jóvenes de Soacha (Cundinamarca), quienes habían sido contactados a comienzos del 2008 bajo la promesa de recibir ofertas laborales. Días después, aparecerían muertos y presentados como bajas guerrilleras en supuestos combates en distintos lugares del nororiente colombiano.
De igual manera, informes como los presentados por Mar√≠a Jos√© Medell√≠n y Juan David Laverde, demuestran lo aberrante de estas pr√°cticas, las cuales fueron, incluso, llevadas a cabo contra personas que sufr√≠an alg√ļn tipo de discapacidad y que, tras ser asesinados, fueron presentados como miembros de alg√ļn grupo guerrillero:
Ocurri√≥ el 18 de marzo de 2005.¬†Fabio Nelson Rodr√≠guez¬†sali√≥ de su casa para buscar un caballo e ir a jugar un partido de f√ļtbol. Viv√≠a entonces en la vereda Llanos de Urarco, en Buritic√° (Antioquia). A las 10 de la ma√Īana de ese d√≠a lo interceptaron miembros del Ej√©rcito que al llenar los papeleos de su muerte dejaron escrito que en la llamada Operaci√≥n Medusa hab√≠a ca√≠do un ayudante de la guerrilla. Desesperados por su ausencia, la familia de Fabio empez√≥ a buscarlo por cielo y tierra. Su hermana Mar√≠a Ernestina logr√≥ hablar con el comandante del Ej√©rcito en esa regi√≥n del pa√≠s. Le dijeron que todo estaba bien, que Fabio, quien no pod√≠a ni hablar ni o√≠r, estar√≠a de regreso pronto. Su familia lo esper√≥ en vano por quince d√≠as. Hasta que al fin apareci√≥ en un anfiteatro de Medell√≠n. A √©l lo reportaron como un integrante de las Farc al que se le incaut√≥ un rev√≥lver calibre 38 con cinco balas por disparar. La justicia document√≥ que Fabio Nelson era incapaz de atentar contra nadie y conden√≥ el 17 de abril de 2012 a los uniformados Iv√°n Gonz√°lez, Luis Solarte, Jeimin Valoyes, Santiago Guerra, Carlos Agudelo y √ďscar Garc√≠a. Un crimen que todav√≠a resuena en Buritic√°.

Para muchos, entre los que se encontraban pol√≠ticos de oposici√≥n y organismos de defensa de derechos humanos, la responsabilidad de tales cr√≠menes reca√≠a directamente sobre el Estado, pues hab√≠a sido el mismo Ministerio de Defensa, en cabeza de Camilo Ospina, y bajo la Directiva 29 de 2005, quien hab√≠a promovido la idea de ofrecer incentivos, especialmente econ√≥micos, para aquellos agentes de la Fuerza P√ļblica que presentaran resultados en ‚Äúbajas‚ÄĚ de guerrilleros y paramilitares.
En uno de los apartados de la directiva se recalcaban los criterios de valoraci√≥n sobre los integrantes de los grupos al margen de la ley y se cuantificaba econ√≥micamente el hecho de capturarles o darles de baja. Tales incentivos, fueron criticados por muchos y considerados como una motivaci√≥n para las Fuerzas Armadas que, lastimosamente, termin√≥ en decenas de denuncias relacionadas con ‚ÄúFalsos Positivos‚ÄĚ.

Es de anotar que, para el a√Īo 2012, la Comisi√≥n Colombiana de Juristas radic√≥ un derecho de petici√≥n al Ministerio de Defensa en el que solicitaba claridad sobre la supuesta derogaci√≥n de la Directiva 29 de 2005, ante lo que el Ministerio se limit√≥ a responder:
Actualmente la Directiva Ministerial Permanente 021 de 09 de julio de 2011 es aquella que reglamenta los criterios para el pago de recompensas… Las Directivas en mención son documentos clasificados que tienen reserva legal, su circulación es restringida y su contenido consagra temas estrechamente ligados con la seguridad y defensa nacional. En consecuencia, la no expedición de copias de dichos documentos tiene soporte legal en criterios de razonabilidad y proporcionalidad.

Bajo este escenario, organismos como ‚ÄúHuman Rights Watch‚ÄĚ (HRW) han ido m√°s all√°, al investigar y presentar un informe pormenorizado en el que ampl√≠an el modelo de an√°lisis y comprensi√≥n del fen√≥meno de los llamados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ, vinculando la responsabilidad que en estos pudieron llegar a tener los altos mandos de la Fuerza P√ļblica, de los cuales algunos de ellos han venido siendo investigados y otros citados a declarar por parte de la Fiscal√≠a. En su balance para 2015, ‚ÄúHuman Rights Watch‚ÄĚ (HRW) analiz√≥ once brigadas militares del pa√≠s, arrojando como saldo 1.287 presuntos ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ cometidos por militares colombianos.
De igual manera, pero en relaci√≥n con investigaciones nacionales, al mes de junio de 2015, la Fiscal√≠a report√≥ 5.137 investigaciones contra agentes del Estado, de las cuales 2.308 est√°n activas en la fiscal√≠a especializada de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (DIH). En cuanto a condenas, la Fiscal√≠a ha proferido 923 en contra de miembros de la Fuerza P√ļblica. Adem√°s, es importante anotar que 1.387 procesos se encuentran siendo estudiados en la justicia penal militar.
Del mismo modo, instancias como el Consejo de Estado de Colombia resolvi√≥, en relaci√≥n con tres casos emblem√°ticos perpetrados en el a√Īo 2007, exigir una reparaci√≥n integral que fuera mucho m√°s all√° de la simple reparaci√≥n econ√≥mica.
En consecuencia, para que obre una reparaci√≥n integral, las sentencias deben ser remitidas al Centro de Memoria Hist√≥rica, a fin de que se constituyan en evidencias del conflicto armado que azota a Colombia. Adem√°s, tanto el Ministerio de Defensa como el Ej√©rcito, por un per√≠odo ininterrumpido de un a√Īo, tendr√°n que difundirlas por todos sus medios de comunicaci√≥n [‚Ķ] De igual manera, la nueva jurisprudencia del Consejo de Estado dispone que el ministro de Defensa, el comandante de las Fuerzas Militares y los jefes de las unidades comprometidas en los hechos tendr√°n que hacer actos p√ļblicos de reconocimiento de responsabilidad, petici√≥n de disculpas y homenaje a la memoria de las v√≠ctimas.
Sin embargo, familiares y apoderados de las víctimas han denunciado desde amenazas hasta mecanismos de impunidad entre los que se encuentran la desaparición de documentos y la libertad de militares involucrados, bajo el argumento del vencimiento de términos.
Finalmente, en el marco de los acuerdos de justicia firmados en los Di√°logos de Paz de La Habana en el a√Īo 2015 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y en los que se planteaba la constituci√≥n de un tribunal especial para juzgar las acciones cometidas en el conflicto y tambi√©n los delitos considerados de lesa humanidad, algunos militares acusados de ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ, entre ellos el coronel Robinson Gonz√°lez del R√≠o, manifestaron su deseo de acogerse a este modelo de Justicia Transicional. En el a√Īo 2021, la Justicia Especial de Paz (JEP) comunic√≥ a la opini√≥n p√ļblica, luego de distintas investigaciones y peritajes especializados, que los denominados ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ superaban los 6.000 casos en el periodo 2002 ‚Äď 2008.
Sin embargo, existen otras versiones acerca del tema de los falsos positivos, como las del abogado Fernando Antonio Vargas del Comit√© Nacional de V√≠ctimas de la Guerrilla ‚Äēv√≠ctima de un atentado por parte de las FARC y, hoy, exiliado en Espa√Īa‚Äē, autor de los libros Un pa√≠s sin derechos (Comit√© Nacional de V√≠ctimas de la Guerrilla, 2001) y Memoria hist√≥rica de las FARC. Su verdadero origen (2015) ‚Äēescrito en coautor√≠a con Elkin Gallego‚Äē quien se ha pronunciado, reiteradamente, en la √ļltima d√©cada en el siguiente tenor:
La verdad es que los falsos positivos son una gran campa√Īa propagand√≠stica que la izquierda logr√≥ montarle al Ej√©rcito en los √ļltimos a√Īos. Los llamados falsos positivos son, simplemente, resultados operacionales que el Ej√©rcito de Colombia ha logrado obtener en la lucha contra las estructuras milicianas a lo largo y ancho de Colombia. Si a esto le sumamos la guerra jur√≠dica, unos ficales sesgados pro-subversivos ‚Äēo, como dir√≠an ellos pro-insurgentes‚Äē y les sumamos unos procuradores judiciales incapaces de cumplir con su funci√≥n, unos abogados defensores no muy bien seleccionados que, les da temor exigir las garant√≠as judiciales en los procesos en defensa de los soldados colombianos y se corona esta gesti√≥n con unos abogados de parte civil y unas familias interesadas en ganarse 400.000 d√≥lares por cada muerte que produce en combate el ej√©rcito colombiano y a esto le sumamos unas ONG internacionales y una gran campa√Īa internacional, pues nos da el resultado que tenemos hoy, conocido como falsos positivos que est√°n acabando con la capacidad operativa y moral del ej√©rcito. Esto, en el fondo, no es m√°s que pura propaganda. Me consta, textualmente, que lo que ocurre es que hay unos fiscales totalmente soberbios en el ejercicio de su cargo, sesgados, prosubversivos, con una ideolog√≠a totalmente comunista que gozan condenando a inocentes soldados en Colombia. Llamar a juicio a un soldado es sumamente f√°cil (‚Ķ) es que un soldado no tiene dolientes, entre otras cosas, yo creo que estos llamados falsos positivos, en el fondo, son falsos positivos judiciales, lo que sirve para que mucho operario de justicia, mucho empleado judicial mejore el resultado estad√≠stico de su labor porque condenar a un pu√Īado de soldados es m√°s f√°cil que condenar un narcotraficante o un guerrillero en Colombia porque, seguramente, el temor a la retaliaci√≥n paraliza al operador de justicia en esos eventos. Retaliaci√≥n que no existe en el caso de los soldados. Los soldados desafortunadamente son, tambi√©n, incre√≠blemente abandonados por el mando militar y es sumamente triste ver a los soldados en una audiencia p√ļblica solos frente a una completa jaur√≠a de operarios judiciales, de abogados de parte civil interesados en ganarse unos dividendos muy grandes y de unas familias que, hip√≥critamente, lloran a sus muertos a sabiendas de que eran o participaban en actividades delincuenciales. Lo que a m√≠ nadie me ha podido explicar de acuerdo a mi propia experiencia como abogado defensor a lo largo y ancho de Colombia es por qu√© el 95% de los dados de baja en las operaciones militares, ahora llamados falsos positivos, tienen antecedentes judiciales por secuestro, por porte ilegal de armas, por tr√°fico de drogas, por cantidad de delitos.
Por otro lado, se encuentra, tambi√©n, la posici√≥n del Coronel Hern√°n Mej√≠a Guti√©rrez, quien lograra demostrar que, en su edici√≥n 1291 del 29 de enero de 2007, la Revista Semana minti√≥, al afirmar que √©l hab√≠a recibido una condecoraci√≥n del Ej√©rcito Nacional de Colombia por su alianza con el paramilitar ‚ÄúJorge 40‚ÄĚ. En su libro Me niego a arrodillarme, donde acusa al gobierno de Juan Manuel Santos y a presuntos colaboradores de las FARC en todas las ramas del poder p√ļblico y, hasta en la estructura eclesi√°stica, de comenzar y desarrollar un proceso de criminalizaci√≥n del Ej√©rcito Nacional de Colombia frente a la opini√≥n p√ļblica colombiana y la comunidad internacional, en vistas a igualarlo con sus grupos insurgentes y sustentar la justicia transicional, comprando con prebendas el apoyo de la c√ļpula militar en esta campa√Īa de desprestigio en la que los falsos positivos fue la joya de la corona. Seg√ļn el Coronel Hern√°n Mej√≠a:
Criminalizar al Ej√©rcito Victorioso era la √ļnica forma de debilitarlo ante la sociedad y llenar las c√°rceles con los mejores soldados es la mejor arma para quebrantar su voluntad de lucha. Nadie los defendi√≥ cuando ellos le dieron la vida por tantos. Vendieron la horrorosa idea que defenderlos ser√≠a una verg√ľenza para la Instituci√≥n, pero justificar los cr√≠menes y proponer el perd√≥n a los terroristas son actos de paz.
Los soldados distinguidos en combate han sido las víctimas predilectas del gobierno negociador. El proceso de paz es una descomunal hipocresía que esconde los verdaderos intereses geoestratégicos y políticos de varias potencias con fines de control desde oriente hacia occidente.
Quizá el mayor cinismo del gobierno Santos está en la escondida guerra contra las fuerzas militares. Con el pretexto de las negociaciones no solo frenó las operaciones ofensivas, sino que se deshizo de los líderes en combate y se inventó el posconflicto para entregar de nuevo amplios territorios de la población a los subversivos armados (…)
Presentarles tres mil militares prisioneros era una condici√≥n que Santos se comprometi√≥ a cumplir desde a√Īos antes y la cumpli√≥ milim√©tricamente con el diab√≥lico plan ejecutado por su Viceministro de la defensa y hoy Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo Caro.
Los militares est√°n siendo tratados como delincuentes de la peor cala√Īa solamente con las versiones improbables de la prensa y a√Īos antes de la decisi√≥n del juez. La instituci√≥n les quita sus sueldos, sus derechos, denegando la presunci√≥n de inocencia. La sociedad los repudia ignorando que no se debe atormentar a un inocente, porque tal vez es un hombre cuyos delitos jam√°s existieron.

As√≠ pues, como puede verse, hay posturas encontradas en torno al tema de los falsos positivos, su veracidad y la magnitud de los casos. Todav√≠a, despu√©s de los Acuerdos de La Habana, siguen siendo asunto de debate y manteniendo la polarizaci√≥n al nivel de la academia, la pol√≠tica, los foros de opini√≥n y la prensa nacional e internacional, convirti√©ndose en uno de los puntos m√°s √°lgidos de discusi√≥n en las ramas del poder p√ļblico, sobre todo, en lo referente al aumento y financiaci√≥n del pie de fuerza por parte del ejecutivo y el respaldo a las Fuerzas Militares, que algunos partidos pol√≠ticos apoyan y recomiendan, mientras que otros condenan con fuerza y vehemencia.

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