Matando amigos

Tomado de Bohemia

Una novela sobre controvertido personaje latinoamericano

Con el sable a la cintura, Bernabé Rivera (1795-1832) encantó a las damas de la corte de Pedro I, emperador del Brasil. Acero en mano, el joven guerrero rioplatense se convirtió en titán de la Batalla de Sarandí (1825) y conquistador de las Misiones Orientales. Combatió a portugueses y brasileros, a los compatriotas que se disputaban el poder en la naciente república del Uruguay, masacró a indígenas. Algunos lo caracterizan como “héroe de la estirpe homérica”, en tanto fue instrumento bélico de su tío Fructuoso Rivera –primer presidente constitucional de la pequeña nación- con hiperbolizado sentido del honor castrense. Otros ven a un fratricida en él, un asesino de hermanos.

La fascinante y terrible historia del caudillo está relatada en ¡Bernabé, Bernabé! (Tomás de Mattos, 1988), novela publicada por Sed de Belleza Ediciones, con poco más de 160 páginas y a la venta en librerías de varias provincias de Cuba. Esta editorial, si bien pertenece a la Asociación Hermanos Saíz, no limita su trabajo a jóvenes escritores nacionales, y ha difundido entre lectores de la Isla títulos de narrativa, ensayo y poesía de disímiles valores y procedencias.

Tomás de Mattos –también periodista y abogado- construyó una estimulante narración que es considerada una de las mejores novelas escritas luego de la dictadura uruguaya (1973-1985), alistada en una serie de obras que revisan la identidad de aquel país y pretenden encontrar en la vorágine posindependentista del siglo XIX las claves originarias de la violencia vigente en el XX. El autor utiliza recursos propios de la literatura decimonónica, como relatar el exterminio de las poblaciones de nativos a través de un supuesto intercambio epistolar encontrado en el archivo de un albacea. Además, añade un prólogo de un editor ficticio –fechado en 1946, año de los juicios en Núremberg a los nazis derrotados– donde se presenta a Josefina Péguy, narrador-personaje que significará un ojo crítico respecto a la versión oficial sobre el etnocidio con que los patricios fundadores pretendieron modernizar la República.

Aquellos hacendados financiaron una política secreta de Estado ejecutada en la primera presidencia de Fructuoso Rivera, quien con la eficaz ayuda de su sobrino traicionó a los indígenas –antiguos camaradas durante la lucha independentista– y los aniquiló en la Matanza de Salsipuedes, entre otros combates. Pero el destino trágico de Bernabé lo colocó al alcance de sus perseguidos, convirtiéndose en presa y objeto de la justicia más elemental, cual sujeto de la ley del Talión.

¡Bernabé, Bernabé! termina siendo un diálogo controversial y reflexivo sobre la historia, el poder y la política. En las páginas del libro se cuestiona la naturaleza de la violencia y se sugiere una circularidad en la historia de la región, expresada en la enquistada ética militar a cualquier costo, el etnocidio y la aniquilación como métodos para borrar al diferente, luego resurgidas en las dictaduras militares.

Los constantes desplazamientos del espacio y el tiempo en la narración, el lenguaje preciso en la construcción de escenas, así como el hálito de reportaje o crónica que impera en la novela, la convierten en un disfrute garantizado para distintos lectores.

La historia de América Latina, este territorio llamado alguna vez, cándidamente, Nuevo Mundo, está llena de episodios semejantes a los narrados, es pasto fértil para escritores que entienden la violencia como un signo irrecusable de la región. Como en el cuento Diles que no me maten (Juan Rulfo), siempre regresará; en el texto de Tomás de Mattos fue con la venganza del último cacique charrúa, quien no pudo impedir –sin embargo- que su pueblo fuera exhibido en un circo de París y a Bernabé Rivera le erigieran un mausoleo.

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