Yorisel Andino Castillo


¡Qué manera de quererte, qué manera!

¿Y a quién caldo quiere, cuántas tazas le dan? Un derroche de amor y virtud fue lo que desbordó el claustro y estudiantado del Conservatorio Esteban Salas en la gala por su aniversario 60. Cual quinceañeros por cuarta ocasión celebrados se vistieron de lujo y desplegaron sus mejores pertenencias, talento y consagración. No escatimaron en recursos, hubo señores brindis para todos los gustos. Esplendor y más esplendor, cuando uno creyó que no habría nada mejor los anfitriones salían a bandejas plenas. A fiestas como éstas es a las que siempre quiero asistir. Cuando participo en convites como el del jueves 5 de marzo a partir de las 8.30 p.m en la Sala de Conciertos Dolores, sé que vale todo el empeño y la fe de los buenos cubanos.

Zulema Iglesias junto a Orquesta Sinfónica Juvenil/ foto yori andino

Varias fueron las semanas de ensayos. Bien puedo apuntar que cualquiera de ellos era ya algo muy cercano a lo sublime. ¡Bravo! a todo el claustro de profesores y trabajadores que dejaron el alma en cada jornada; y por supuesto, a los jóvenes artistas que hoy enarbolan la música de una isla. A mí me gusta la palabra isla aunque para muchos no esté de moda, aunque se haya abusado del signo, a mí me va. Un pedazo de ella habita los salones, aulas, pasillos y rincones de nuestra vivienda, el Conservatorio, que a seis décadas expone juventud, salud y armonía.

Yo sé que me reboso cuando de ustedes hablo. ¿Qué le voy a hacer? Habitante incorregible soy.

Carlos Alberto Solís junto a Orquesta Sinfónica Juvenil/ foto yori andino

Varios fueron los formatos musicales que en pasarela tomaron el escenario. Segura estoy que lo hicieron a propósito. Quisieron mostrar a sus concurrentes todo cuánto tienen. No la inútil vanidad de quien cambia de uno a otro traje sin llegar a reconocerse en alguno. ¡Ay sublime belleza de los sentidos, menos mal que existes! Muchas son las generaciones que en Santiago y a miles de kilómetros por tierra y mar reconocen su formación en la institución.

Tal vez por eso es que Silvita Calzado, directora de Vocal Divas, se emocionó al comentar sobre la labor del padre Osmundo Calzado, o de su propia historia de amor familiar con génesis en la calle Santa Lucía. Otro tanto lucieron las muchachas de Vocal Adalias, quienes con varios años de labor son egresadas todas del plantel. Santiago de Cuba ostenta un desarrollo en la música vocal en formaciones femeninas y masculinas que amerita otra dedicatoria. Por lo pronto baste enfatizar que ellos y ellas son hijos de la formación académica que hoy festeja.

Vocal Divas. Imagen de Archivo de yori andino

El Orfeón Santiago y el coro Madrigalista se dieron cita en el tabloncillo bajo la dirección de la maestra Magalys Sánchez. Bueno, ya sabemos de esta tierra y su tradición coral, su añejo Festival de Coros y del rol de la enseñanza musical en la salvaguarda y proliferación de este patrimonio musical.

Formaciones de música de cámara integradas por alumnos y profesores también asistieron al baile junto a solistas instrumentistas. Maestros como la agrupación Magic Sax Quartet y el cuarteto de cuerdas Arkos, por supuesto quisieron aparecer en las instantáneas, porque son referentes cuando de esta historia se narre. Los intrépidos del jazz, que por estas fechas no paran de acaparar el show, otra vez hicieron de las suyas. Sospecho que estos muchachos no tienen pare cochero, en poco tiempo seguirán dando mucho y bueno de que hablar.

Magalyz Sánchez frente al Orfeón y el coro Madrigalista/ foto yori andino

¡Pero Víctor, ARRASASTE!

Víctor Vargas es un todoterreno. Víctor es un hombre orquesta al estilo literal. Desde hace varios años se echó la Orquesta Sinfónica Juvenil a los hombros y la verdad es algo impresionante. A él le han sacado en ocasiones anteriores hasta estribillos congueros a golpe sinfónico ante presentaciones que como las de esta noche de marzo, arrasan.

Esta formación acompañó al mexicano Carlos Alberto Solís, en un tema de su autoría que honró a las madres y que ilustró el hermanamiento entre las culturas de ambos países.

David Gómez y formato de jazz/ foto yori andino

Zulema, para la próxima avisa. ¡Cuánta grandeza! Claro que la Sala Dolores en pleno se puso de pie ante ti. No le pregunten más a la Iglesias por qué con tanta valía se quedó en Santiago, no se lo reiteren por favor. Ella decidió quedarse para que Santiago tenga razones de su orgullo. Respetamos y queremos a los que con talento y amor también habitan otras geografías. Y nos honra que esta mujer sea metáfora de su ciudad.

(a voces, orquesta y conteo de Pérez Prado) Uno, Dos, Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete, Ocho ¡MaaaaaaaaaamBo! Ahhhh!!!!

…el público baila, no hay quien pueda resistirse.

Uno, Dos, Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete, Ocho ¡MaaaaaaaaaamBo! Ahhhh!!!!

Hay flores por doquier, aquellas en celofán y aquellas con las que te premia la vida. La felicidad se antoja lágrima en los ojos de algunos. Risas, Fiesta y alma llevan tatuajes de amor.

jazz band del Conservatorio/ foto yori andino

Uno, Dos, Tres, Cuatro, Cinco, Seis, Siete, Ocho ¡MaaaaaaaaaamBo! Ahhhh!!!!

Oigan manit@s, ¡apretaron! Somos una Orquesta que va por mucho más. No me disculpen la sobredosis de adjetivos. No me perdonen el amor. Es mi Conservatorio, y siento orgullo.

(A ritmo de Conga): Unos, Dos y Tres, Uno, Dos y Tres: ¡Qué paso más chévere, qué paso más chévere el del Conservatorio é!



Cuando el río suena piedras no siempre trae

Cuando el tiempo haga de las suyas, los registros históricos anotarán que la edición del Festival de la Trova Pepe Sánchez, correspondiente al 2020, aconteció del 18 al 22 de marzo.

Sin embargo, me atrevo a asegurar que su celebración primera acaeció en horas de la mañana el pasado 28 de febrero. Cuando finalizaban los ensayos previos a la gala por el aniversario 60 del Conservatorio Esteban Salas, y el plantel era todo jolgorio al calor de los acordes de la Orquesta Sinfónica Juvenil y sus invitados, desembarcaron en el Salón Principal ciertos personajes.

Este año, entre otras dedicatorias, el “Pepe Sánchez” rendirá tributo a la obra del juglar santiaguero Alejandro Almenares, quien en compañía de troveros como Gabino Jardines, Coralito y el vocalista Tony Rondón, desde hace algunas semanas desarrollan talleres trovadorescos en la institución de la enseñanza artística. Pues el referido viernes tuvo la particularidad de que a los creadores mencionados se unieran el trovador Eduardo Sosa y el viceministro de cultura Abel Acosta. 

El primero con la jovialidad que le es inherente declaró que se presentaba en calidad de aprendiz de los maestros santiagueros que prestigiaban el espacio, y también de los propios estudiantes a partir de la formación académica a la que tienen acceso. En tanto Acosta, desde su anterior experiencia como presidente del Instituto Cubano de la Música mantiene un estrecho vínculo con la enseñanza artística, y de modo especial con el “Esteban Salas”. Los que son cercanos a la cultura desde lo institucional conocen la obsesión de Abel por el entorno musical cubano.

estudiantes de guitarra en taller junto a Eduardo Sosa, Abel Acosta y profesora Mireya Hernández/ foto Yorisel andino

Que la trova trascienda los límites que imponen los festivales y otros calendarios es el empeño de Eduardo Sosa y otros hacedores por estas tierras. No siempre se logra, ya sabemos que las festividades obedecen más bien a sets que con mayor o menor alcance de una a otra edición, tras su conclusión, como el eco diluyen sus efectos. La Casa de la Trova ha de ser la catedral de esta sapiencia musical de origen popular lo mismo para entendidos, estudiantes que amantes de dicha musicalidad. ¿Dónde podrían aprender mejor materia los educandos de música que entre sus salones y sus protagonistas? No hay que aguardar porque llegue algún “descubridor” para reconocernos en esas joyas cotidianas que habitan la gran Casa y nuestras calles. Por eso ningún escenario tan propicio como el Conservatorio para trazar caminos de doble vía entre lo popular y la academia o a la inversa.

Fue una clase magistral, es cierto, eso sí, desde el lenguaje jocoso de los trovasoneros que en su modestia atesoran una fonoteca errante. Y no lo digo porque por ejemplo Almenares y Coralito atesoren tantas canciones como años y el tiempo de vida fuera patente de corso. Lo digo porque ellos y otros muchos son historia viva de la música cubana sin hipérboles que valgan.

Eduardo es el sobrino consentido de todos los viejucos, y primo hermano de los más jóvenes como el trovador y sonero vocalista Tony Rondón. Mutuamente se enorgullecen y se reconocen los unos en los otros. Sosa aprovecha el momento para incluir el relato de cómo se inició en las andanzas trovadorescas cuando siendo apenas un muchacho estudiante de la Vocacional se escapaba a la Casona de Heredia para nutrirse en la savia. En lo personal admiro la forma en que el trovador ha creado alianzas profundas entre su hacer y la historia musical. Creo que ya lo dije en otro momento; el creador se alió al maestro Lino Betancourt y supo hallar en sus conocimientos buena cobija. Por eso Eduardo, asistido por su formación pedagógica, a pocos segundos de su presencia tiene al estudiantado, el claustro y artistas concurrentes sumergidos en un capítulo de la Historia de Cuba.

Eduardo Sosa, Abel Acosta y Músicos Santiagueros en Conservatorio/ foto Yorisel andino

Toman la escena Francisco del Castillo, Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris en la noche del 27 de marzo de 1851 cuando dedican a Luz Vázquez la canción La bayamesa. La lección remite al contexto sociohistórico con matices de anécdota y una comunicación cercana a los jóvenes, quienes en más de una ocasión acompañaron el proceso de aprendizaje con sonrisas y ovaciones. Adriana del Castillo, portadora de la bandera cubana en las tropas de Céspedes, emergió también en el coloquio. De inmediato la voz y guitarra sellaron la página en la evocación cantor.

Entre corales emergió un clásico de la trova cubana, Perla Marina. Muchos músicos en Cuba incluyen la pieza en su repertorio, mas la particularidad propuesta por Sosa es que Alejandro Almenares la interpreta a la usanza musical de Sindo Garay, pues siendo muy joven tuvo la oportunidad de conocer al decano trovador. El discípulo se vale de la ocasión para explicar la estructura músico-poética de las primeras piezas trovadorescas. Alumno y maestro exponen cuestiones técnicas inherentes a la armonía de este cancionero y el rol de la primera y segunda voz, así como sus particularidades en intérpretes de la región oriental.

Por su parte Tony Rondón dialogó en torno a las dinámicas que se generaban alrededor de las denominadas descargas y lo trajo a contexto. Ilustró una modalidad casi en desuso, la confluencia de dos duetos de voces y guitarras en la misma interpretación. Así se unieron en Cajón de muerto, otro referente de la trova primera santiaguera, los dúos compuestos por Coralito y Almenares y el propio Tony junto a Gabino. Este momento en particular ofreció toda una lección de campo de la historia de la música. En el caso específico de Rondón es uno de esos vocalistas que bien encarna la simbiosis del sonero-trovador tan usual en Santiago de Cuba como núcleo geocultural. Esas distinciones fueron comprobables en la interpretación realizada al tema A una coqueta, de la firma de Manuel Corona.

Eduardo Sosa, Abel Acosta junto a estudiantes de guitarra y tres y profesores de la enseñanza artística/ foto Yorisel andino

El autor de Retoño del monte y muchas hermosas canciones conversó acerca de la necesidad de despojar lo trovadoresco del encasillamiento como banda de momentos lúgubres y conmemoraciones luctuosas. Si bien la trova cubana protagoniza desde nuestras gestas de independencia hasta la construcción del presente cubano, integra un amplio diapasón temático. Más que un género, para Eduardo el trovar brinda la posibilidad de asumir una actitud y una forma de entender la Canción desde diferenciados postulados estéticos que reclaman de cantautores, intérpretes y receptores un caudal de información. Es la trova entonces un espacio de oposición al facilismo discursivo que proponen otras espacies sonoras. Significa el decir trovadoresco una gama de oportunidades para el regocijo espiritual.

Compay confieso que a mí la trova no me gusta, a mí la trova me encanta. Razón por la que, lo mismo que aprendiz en el taller, aproveché cada una de las enseñanzas. Esta sección matutina concluyó con la descarga a son de trovadores y sinfónica juvenil de una pieza emblemática del repertorio Sosiano, A mí me gusta, Compay. Anécdota mediante, de paso nos enteramos cuáles fueron las vivencias profesionales en ámbitos internacionales que propiciaron los motivos para la creación.

Minutos después Abel Acosta protagonizó el taller impartido a estudiantes de guitarra y Tres de los niveles elemental y medio de la enseñanza musical.  Entonces el músico que le habita dio golpe de guitarra. Acosta escuchó el desempeño de cada uno de los jóvenes instrumentistas en formación. Elogió a quienes alcanzan ya un alto nivel técnico-interpretativo y realizó sugerencias en aquellos aspectos necesarios. Cuando la pasión le desbordó él mismo empuñó ambos instrumentos con el fin de ilustrar las exhortaciones. Importantes autores del repertorio para guitarra clásica latinoamericana ocuparon esta sección. Y entre los aspectos más interesantes vale resaltar el cómo a través de elementos históricos conceptuales se comprende los modos en que se difuminan los ámbitos académico y popular y más bien cada uno incide en el otro.

estudiantes de Tres del Nivel Elemental/ foto Yorisel andino

En lo particular debo expresar mi deseo de que en un futuro cercano fructifique en Santiago de Cuba la creación del nivel medio para la enseñanza del Tres. En la actualidad los egresados del nivel elemental deben continuar sus estudios en las ciudades de Guantánamo o Las Tunas. Con el cariño y respeto que ambas urbes merecen por su desarrollo artístico-cultural, creo que con el Tres los santiagueros tenemos esa asignatura pendiente. Hace poco dediqué mis teclas al monumento al Tresero y me resisto a conformarme con la idea del herrero y su domicilio. La Escuela Vocacional de Arte cuenta con el nivel elemental de este instrumento vital en nuestras trovas y sones. En estos momentos el músico Radamés González funge como profesor de dicha esfera, a la par que se recibe asesoría de personal especializado procedente de Las Tunas, lo cual habla de una importante gestión. Aun así, el Tres clama por su continuidad en la formación de profesionales en el territorio.

Llegado a este punto creo que lo medular no reside en si una celebración comienza tal o más cual día. Lo valeroso será que cada jornada, por cotidiana que parezca, se revierta en 24 horas de aprendizaje. Ojalá y la buena música toda sea una celebración constante de nuestras esencias cubanas. Por lo pronto les aseguro que los del “Esteban Salas” llevan altas cuotas en ello.



Érase otra vez

La verdad no sé qué fuimos a buscar a tan tempranas horas Nelson y yo a la avenida Garzón. La ardilla parecía desafiar el paso de mi amigo que le dejó petrificada en aquella portada. Yo lo sacudía, aquel era uno de los títulos de mi librero infantil y no entendí cómo fue a parar a una venta de libros de uso. Pero Nelson no entiende mi agonía. Como muchos niños en los ʻ80 pasé largas temporadas en reinos lejanos y trasmontanos. Mi mundo era una especie de Moscú tropical. ¡Y vaya misterios tiene la literatura y el universo onírico! Horas después me tropecé con la ardilla de la editorial Raduga y pasados unos instantes de nostalgia perdió total importancia.

Comencé a desmarañar el estante, estaba segura, en aquellos paseos por las librerías mi madre se las ingeniaba cual diplomática literaria transnacional. De niña jugaba con libros y no solo los leía. Armaba siluetas de barcos multiétnicos y me introducía en ellos, el enorme tamaño de mi casa se apresta. Entonces la literatura incluso me resultaba más placentera porque no andaba en posturas críticas y otras manías del adulto lector. Solo me dejaba llevar por las aguas y el velero, y fui feliz.

Y gracias a esa especie de selección natural tuve acceso a lecturas de los más diversos parajes literario-culturales. Polvo y recuerdos mediante, al modus de corsarios y piratas a la toma del botín, acabo de reencontrar otro de mis más queridos títulos por entonces, Cuentos y Leyendas Vietnamitas:

…En pueblos solitarios, campesinos y terratenientes, lagos y hadas

Cursaba el año 1984 cuando la editorial Gente Nueva sacaba a la luz el título ya nombrado. Los cuentos y leyendas contenidos en el volumen estuvieron basados en relatos orales o composiciones escritas de los estudiantes vietnamitas que en la década del ʻ65al ʻ75 del pasado siglo vinieron a Cuba becados para estudiar en la Universidad de La Habana y cursaron estudios en la Escuela de Letras y Arte de la Facultad de Humanidades. Los hijos del arroz tomaron clases de idioma español en la Licenciatura en Estudios Hispánicos para extranjeros y fueron alumnos de Marta Santo Tomás Sánchez a cargo de la selección y adaptación de los relatos compilados. En el prólogo se aclara que la adaptadora procuró la conservación del estilo directo y sencillo de los relatos originales.

Me estaba ratos admirando las larguísimas trenzas de Tam, la protagonista de una de las leyendas, que distingue en la imagen de cubierta. Deseé comer de las tandas del arroz que ella escogía. Comparé nuestros sombreros de yarey con los de aquellos muchachos de ojos rasgados. Sentí hambre de los frutos que daban mágicos árboles, lancé flechas y crucé el lago a la espalda del barquero cuyo rostro tuve que inventar.  La calidad del papel no competía con las ediciones predominantes en mi librero, pero las ilustraciones a cargo de Enrique Martínez, a pesar de ceñirse al dibujo en blanco y negro, lograron captar las esencias de las narraciones y transportarlos con audacia a la infancia cubana de entonces. 

En aquel momento echaba a volar y ya, como correspondía. Ahora vuelo menos y me percato de algunas particularidades con referentes inmediatos a aquel entorno cultural oriental, diferente de los patrones del arte y la literatura occidental. Por ejemplo, las hadas de los cuentos tradicionales vietnamitas no son sólo del sexo femenino, pueden ser de ambos sexos, jóvenes o ancianos. Hay diversidad también en la tipología de las hadas, las hay jóvenes y bellas a semejanza de su parentela europea, pero también aparecen en la representación de ancianos y ancianas. Hadas al fin comparten sustratos como la habilidad para aparecer y desaparecer, tomar figuras de animales, genios o espíritus, ayudar a los buenos y castigar a los malos:

Veamos el momento de la aparición de la entidad del hada-anciano en dos de los relatos:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

(Tam y Cam)

“Tam pensó que su mamá la castigaría y se echó a llorar desconsoladamente. De pronto, se le apareció un anciano de barbas largas y blancas como la nieve, quien con voz dulce le preguntó:

-¿Por qué lloras tanto, niña?

-Ay, abuelo, trabajé toda la mañana para llenar mi cesta de peces, pero mientras me bañaba desaparecieron todos y temo que mi mamá me castigue.

Entonces el anciano le dijo:

-Mira, hijita, no llores más, aquí tienes peces.

(El bastón mágico)

“…De pronto, el tronco del árbol se estremeció, y del mismo surgió un anciano de larga barba, todo vestido de blanco, con un bastón en la mano. El anciano tocó a Manh con el bastón, y le habló así:

-Manh, tú trabajas mucho y vives pobremente; sin embargo, eres bueno y siempre tienes paciencia y modestia. Toma este bastón para que te ayude a vivir mejor. Puedes pedirle lo que necesites, pero nunca pidas demasiado…”

Se observa un gran parecido entre el cuento Tam (granito de arroz partido) y Cam (fina cáscara blanca del arroz) y el conocidísimo La Cenicienta. Según aporta la compiladora, los alumnos vietnamitas atestiguaron el origen tradicional de este relato, muy popular en la nación asiática desde muchas generaciones atrás. Cualquier semejanza tendrá sus vaivenes literarios y antropológicos entre las olas del Mar Adriático que servía de puente entre el lejano Oriente y Europa. Gracias a la divulgación de diversos personajes gran cantidad de cuentos, leyendas y fábulas europeas arrancan de raíces orientales. Me vienen a la idea algunas teorías de base antropológica como el paralelismo o el difusionismo cultural que contribuirían a explicar estas y otras coincidencias que acaecen entre estos cuentos y leyendas y sus pares simbólico-culturales del ámbito occidental.

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

Aparecen en la versión vietnamita marcas de identidad y la cultura popular como son los propios hábitos alimenticios y un plato básico en dicha cultura como el arroz y las tareas compartidas de base familiar como el acto de escogerlo. El famoso zapato aparece como zapatillas de seda bordadas al modo del atavío femenino oriental, y por supuesto en relación con la búsqueda de un pie chico como concepto oriental de la belleza femenina. Aunque debemos recordar que los pies de las hermanastras de Cenicienta tampoco cupieron en el zapatico de cristal, otra coincidencia en los conceptos estéticos entre uno y otro relato.

Los cuentos tradicionales vietnamitas tienen además de su encanto narrativo, que los hace atractivos para niños y adultos, significativos valores éticos y culturales. En muchas de las leyendas se exaltan las más nobles virtudes humanas. En numerosos cuentos se aprecia la relación entre el hombre y la naturaleza, se describen los animales y las plantas y las relaciones sociales de la época.

Aparecen con reiteración temas como la enfermedad y la muerte. La segunda, en la mayor parte de los relatos es la solución-enseñanza fatal que marca el fin de los personajes negativos; sin embargo, en uno solo de los relatos la muerte se plantea como un suceso excelso, un fin heroico, símbolo de resistencia y tenacidad. Tal es la tesis que se plantea en “El pájaro Ko-Kan-Kac-Fuc”:

“…muchos jóvenes cayeron en el camino, y al morir se convertían en pájaros que revoloteaban y cantaban “Ko-Kan-Kac-Fuc” (¡Vence las dificultades!) para dar ánimo a los que continuaban la penosa marcha.

Después de muchas semanas de camino, llegaron  a un despejado valle: era la entrada al país del este, donde se vivía en paz y abundancia. Allí se establecieron los vietnamitas y tuvieron una vida dichosa; los niños jugaban, reían y cantaban. Y los hombres y mujeres que trabajaban en los campos eran estimulados por el canto de las aves que gritaban “Ko-Kan-Kac-Fuc”, simpáticos pájaros que hasta el día de hoy se encuentran en los bosques de Vietnam.”

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

 Las historias se basan en la oposición entre el bien y el mal en las que los “malos”, a sus contravalores suman el ser “gordos y feos” como ocurre en “El origen de los monos” con los personajes del terrateniente, mujer e hijas. Hay igual gran semejanza con la Cenicienta pues el anciano de barba blanca y largo bastón transforma a la sufrida Teo, sirvienta de los primeros, “en una muchacha hermosísima con un vestido esplendoroso. Su boca era rosada como una flor, sus ojos de mirada dulce y brillante, ninguna muchacha era tan bella como Teo. Al verla, todos los jóvenes de la aldea se sintieron cautivados por su belleza.” En esto coinciden los cuentos de antaño y varios del presente anclado a la pantalla, la felicidad femenina pende atada a la conquista del universo varonil. Así han sido y ¿serán? educadas las futuras reinas del hogar en varias regiones del orbe. El escarmiento para los malvados llega por obra de sus propios defectos, que les convierten en monos peludos y feos.

El triunfo de la bondad sobre la codicia aparece en “El árbol de fruta”, que tiene como protagonista la fruta oriental conocida como grosella china, árbol característico del paisaje vietnamita. También aparecen representadas las relaciones antagónicas entre miembros cercanos de la parentela,  relación disfuncional en la literatura que tanto ancló en la narrativa de varias culturas. Por solo mencionar cercanos referentes podríamos citar el conflicto entre el Meñique martiano y sus hermanos. Como en aquel y en otros, el símbolo del árbol que da frutos a quien lo merece se debate entre las bondades de Dong (hermano menor según ¿casualidad literaria?) y la enseñanza o fatalidad para Thu y su esposa, cuya codicia culmina por arrojarlos al mar.

En “La inteligencia” se representa la figura del campesino no solo con valores como la laboriosidad, también como persona de audacia ante las contingencias, capaz de solucionar difíciles situaciones. “El bastón mágico” es otra de las páginas protagonizadas por el personaje del campesino cuyo antagonista es un poderoso e inconforme terrateniente quien al final del relato resulta muerto por su propia codicia, como resultado de los golpes que recibe del bastón arrebatado al campesino. Hágase notar una vez más la recurrencia a la muerte como enseñanza fatal a los personajes negativos. Por su parte, el campesino es pobre, trabajador, persistente en sus labores, paciente, modesto, solidario con los de su clase y feliz. Los elementos de la naturaleza como el símbolo árbol resultan recurrentes en estas narrativas. El árbol da sombra para aliviar la fatiga del campesino y durante el sueño de aquel se transforma en “un anciano de larga barba, todo vestido de blanco, con un bastón en la mano”. El bastón será el objeto de la discordia que dará bienestar al sensato trabajador y aleccionará con la muerte al terrateniente.

“El sol, la luna y las estrellas” entraña  una narrativa al modo génesis donde las flechas de un viejo cazador y su hijo (en el sentido de la cristiana trinidad: Padre (cazador) –Hijo y espíritu santo (disparo de la flecha)– organizan el cosmos en un Sol, un sol herido ante el primer disparo del hijo inexperto que se trastoca en luna, estrellas y luceros que devinieron “de los pedazos luminosos de los soles muertos” por los disparos anteriores del Padre. Formación a partir de la que se libera a la Tierra del intenso calor emanado por los innumerables soles en existencia. El arco y la flecha del padre e hijo salvan a la humanidad. Nada más semejante a la tesis cristiana.

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

Las relaciones entre los hombres y los animales domésticos se exponen en “Gato y perro”, donde se plasma una versión muy simpática del origen de la enemistad entre uno y otro animal.

En “El barquero”, la historia lleva a retablo el personaje del esposo dedicado cuyo sacrificio –hada mediante– cura de una terrible enfermedad a la esposa, a la vez que queda sumido en la pobreza. La mujer ahora rozagante de salud aparece como un ser malvado, malagradecido y ¡oh gran casualidad!, traicionero, lo cual desencadena en que debe devolver al hombre las tres gotas de su sangre que la salvaron y al hacerlo se desploma convirtiéndose en un mosquito hembra que hasta estas teclas busca con desesperación libar la sangre de los humanos.

La “Leyenda de Than Yung y el caballo de hierro” encarnan la narración épica en una especie de parábola con la aún reciente victoria del pueblo vietnamita.

El cuento “El sapo, tío del emperador del Cielo” asume un argumento medioambientalista pues centra la historia en la desaparición de la lluvia “En tiempos remotos, cuando sólo de plantas y animales se cubría la Tierra y aún el hombre no había surgido”. Es otra muestra de la estrecha unión entre realidad y fantasía, pues ¿no es cierto que los sapos anuncian la lluvia con su canto?:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

“-En el futuro, si vuelve a haber sequía, ¿qué debemos hacer?

El emperador del cielo respondió:

-No es necesario que suban…

-Entonces propongo, que cuando haya sequía le avise por medio del rechinar de mis dientes.

A la sugerencia del sapo, el emperador contestó:

-Acepto, cada vez que oiga tu rechinar dejaré que la lluvia vaya enseguida junto a ustedes.

(…)

Desde entonces, cada vez que el sapo llama al cielo, la lluvia acude inmediatamente para alegrar y propiciar la vida de todos en la Tierra.”

El personaje del Sapo es simpático y muy positivo, tienes actitudes como el liderazgo y encarniza la tenacidad y valentía que promueven otros valores como la justicia. La fábula llama a la unión de empeño y aceptación entre diferentes.

Como colofón, el volumen recoge una leyenda que extiende sus raíces a páginas histórico-culturales del panorama vietnamita. “La torre de la tortuga o el lago de la espada restituida” sitúa el hecho narrativo en Hanoi, en un lago “en cuyo centro se alza una alta torre, conocida por la torre de la tortuga y el lago recibe el nombre de lago de la espada restituida”.

La torre en cuestión se ubica en medio del lago Hoan Kiem. Y el origen de los nombres de la torre y el lago remontan al lector a una lección de historia:

ilustraciones del libro Cuentos y leyendas vietnamitas

“Hace más de quinientos años, Vietnam se vio invadida por una dinastía china. Para defender  a su pueblo, al frente de los vietnamitas se puso un guerrero llamado Le-Loi, quien había sido hasta entonces un humilde campesino.”

El pasaje se refiere al momento histórico con fecha de 1408, cuando la Dinastía Ming invadió Vietnam. Veinte años más tarde los vietnamitas derrotaron a los chinos bajo la dirección de Le-Loi, quien más tarde fundó la Dinastía Lê Quan y renombró la ciudad como Tonkin.

Sin embargo, según fuentes digitales consultadas, Le Loi  no fue un campesino sino un terrateniente devenido general vietnamita que, efectivamente, obtuvo la victoria de independencia para Vietnam de China y fundó la  dinastía Le (1428–1788). Entre sus logros se mencionan  las reformas agrarias que hizo para ayudar a los campesinos. Fue el héroe vietnamita más homenajeado de su tiempo.

La recreación  con la que concluye la compilación de relatos apela a elementos de la fantasía épica y el mito, donde las aguas del lago constituyen elemento fundamental.

Carta no enviada a la Editorial

La casa de la infancia de Nelson era pequeña en demasía como para hacerle un lugar a los libros, según sus padres. Jugar tenía horario específico pasado el cual los juguetes eran encaramados en una caja fuera del alcance de los niños. Nelson como una inmensa población mundial y anónima no es un buen lector ni de prospectos pero sí se hizo buena gente y amigo mío. Cuando supo de nuestra onírica travesía soltó su carcajada procaz, y me regaló el pie forzado para una relectura en días en que puedo abrigar a quien soy en cualquier sitio de mi estante.



Grisel Gómez o Gracias a la vida

La pantalla chica, la radio y los SMS con urgencia van tras las nuevas voces. ¡Qué lástima!, Grisel Gómez no es un suceso mediático.

Muchos la reconocen aún como uno de los rostros-voces del Orfeón Santiago. Llevan razón, no es fácil prescindir del reto que impuso su interpretación en El Castigador, o negar las Gracias a la vida junto a ella sin conmocionarse. Tenía 17 años cuando esta casa le abrió sus puertas, y por varios años fue una de sus habitantes esenciales.

Desde hace algún tiempo se nos presenta como intérprete solista que no necesitan adjetivos.

Orfeon, tercera de Izquierda a Derecha/ foto archivo de la autora

Baste decir que en sí misma viven Alfonsina y el Mar, Perla Marina, Rabo de Nube, Nostalgia, Contigo en la Distancia… para comprenderlo. Las esencias de esta cancionística le resultan propias, tanto como un José Antonio Méndez, Portillo de la Luz hasta una Blanca Rosa Gil, solo por nombrar zonas de su amplio repertorio.

Desde su temprano entorno de vida la cancionística le escogió. En su natal San Luis inició su formación musical de la mano del maestro Félix Varela, único instructor en este arte por aquella etapa. Heredero de sonoridades centenarias de la zona suroriental, aglutinó un movimiento coral encaminado al trabajo con aficionados. Es así como Grisel recibe la formación coral para niños.

Grisel y Gabino invitados a la peÑa El Menú/ foto archivo de la autora

A Anselmo Lainati, cantor fundador del Orfeón y amante de la trova debe sus estancias casi diarias en la Casa “Pepe Sánchez”, y las conversaciones con Lino Betancourt. Tal vez por esa especie de ciudadanía trovera, tras el deceso de la también santiaguera Eva Griñán en 2013, el guitarrista Gabino Jardines la escoge como continuadora del dúo integrado por la voz y las seis cuerdas. Si bien Grisel asume algunos de los temas interpretados por el dueto precedente, me confiesa que prefiere respetar otras zonas que considera “muy a lo Eva”.

De la valía de su trayectoria interpretativa dan fe además sus presentaciones en varios sitios emblemáticos de la ciudad, ya bien en la bohemia nocturna o en los más notables momentos de la vida artístico-cultural santiaguera, la presencia de la cancionera es un hecho habitual.

Su voz aparece registrada en varias compilaciones y fonogramas que aúpan a varios intérpretes de esta tierra en producciones de la EGREM o Bis Music, pero la verdad es que el suceso Grisel amerita más de una producción donde aflore la grandeza de su individual manera de hacer la canción.

Mientras esa oportunidad demora, en fechas recientes la Gómez se avezó en una producción discográfica de las llamadas “independientes”, en una suerte de síntesis de la visión de su ciudad. Para quienes tengan la oportunidad de escucharla, será el momento para encontrarnos con Daniel Castillo, Sindo Garay, Ángel Almenares, entre la variada propuesta, a la que sólo escapó el deseo de interpretar un guaguancó.

Orfeon, tercera de Izquierda a Derecha/ foto archivo de la autora


El tresero, Matamoros y yo: juez y parte

A Santiago de Cuba le son inherentes la trova y el son, y no porque quiera presentarles una postal de sol y playa, tabaco y ron, sino porque en verdad ambos modos trascienden los elementos musicales para anclarse en las diversas maneras que encuentra la identidad cultural para expresarse. Y no se trata solo de hallar la trova y el son en sus formas auténticas o primigenias, porque ello significaría la negación de la vida misma.

Las trovas y sones llegan a hibridarse con las corrientes musicales contemporáneas más inusitadas, ya en el joven trovador de la guitarra, que en formatos como tríos, septetos y agrupaciones de la llamada música tradicional y popular, que en la música realizada por los coros profesionales, la Orquesta Sinfónica y agrupaciones de cámara en el territorio y hasta en los códigos absorbidos en recreaciones por los sonidos de ordenador.

Pancho Amat en acto inaugural Monumento al Tres, en mayo de 2011/ Foto archivo de la autora

A las anteriores se unen las lamentables interpretaciones que en algunas instituciones del turismo y la cultura artística se realizan en ocasiones a piezas sublimes de nuestra cultura musical, las que convierten en lugares comunes y transportaciones despelucadas importantes composiciones.

Sin pretensiones de añorar un pretérito presuntamente mejor, de lo que sí no tengo dudas es de la incidencia de ese pasado en nuestra actualidad musical, a sapiencia o no –y hasta negaciones–  de creadores, instituciones y públicos.

Por eso y a propósito que se acercan días de celebraciones trovasoneras por estos lares, se me antoja hablar de rostros y figuras simbólicas inmortalizados por las artes monumentales citadinas, en la intención de que sean entre nosotros actores de siempre.

Monumento al Tres

En el parque Aguilera, con ubicación en la calle Reloj entre Enramadas y Aguilera, y justo frente a la Sala de Conciertos Dolores –institución que enlaza importantes zonas de la creación musical en la urbe– se halla el emplazamiento del monumento al Tres, instrumento declarado Patrimonio Cultural de la Nación.

En el entorno que lo circunda se observa un predominio de construcciones eclécticas, art decó, racionalistas, apareciendo también algunas cuyos orígenes se remontan a la etapa colonial, edificios de balconajes, de corredor y algunos que sobrepasan los dos niveles de altura, conviviendo unos junto a otros en estrecha simbiosis.

La escultura en bronce se dedica a inmortalizar la impronta del Tres en la identidad musical cubana. Su emplazamiento en la ciudad santiaguera responde a la consideración de esta como reserva musical de la nación y asentamiento de la génesis de varias expresiones musicales de la Isla. Tal como expresara en algún momento el maestro Félix Valera Miranda sobre el de las seis cuerdas, se trata de un “instrumento idóneo para hacer el son, porque a pesar de ser melódico, es rítmico y sirve para acentuar lo sonero, además de ser una de las primeras raíces instrumentales de éste y otros géneros.”

visitantes junto al Tresero

La pieza representa a un tresero en la interpretación del cordófono. El ejecutante anónimo, a tamaño natural, hace uso del instrumento como síntesis de los treseros de Cuba. Con realización en los talleres de la Fundación Caguayo, obra del destacado exponente de la escultura monumentaria y las artes visuales, el santiaguero Alberto Lescay Merencio, la representación se caracteriza por líneas circundantes y ascendencia expresionista, que remedan los sonidos intimistas que el instrumento sugieren a su autor.

Alberto Lescay además de su actividad creadora en la plástica, es un propulsor de los valores musicales en el terruño. En otros momentos realicé mención a su labor y empeño para la creación del Iris Jazz Club en Santiago de Cuba. Ha unido su expresión artística en varias oportunidades a las interpretaciones musicales de Albertico Lescay, y otros músicos durante las varias celebraciones de dicha expresión musical en la provincia. En torno a sí se nuclean diferentes exponentes de las artes visuales que suman sus decires al concierto cultural. 

La edición del Jazz Plaza 2019 contó con una obra de su autoría que ilustró el cartel de la cita y otros elementos promocionales. El Patio de la Fundación Caguayo en Vista Alegre es sede permanente de conciertos y presentaciones que abogan por lo más representativo y valioso del ámbito sonoro en diferentes vertientes.

Este tresero, creación del artista, fue develado el 19 de mayo del 2011 como una de las actividades incluidas en la XV Feria Cubadisco, con celebración en la oriental plaza, para rendir tributo al primer instrumento de la música cubana que cuenta con la alta distinción ya enunciada. Para la ocasión se dieron cita en el enclave, Pancho Amat junto a jóvenes figuras en un gran concierto; descarga que fue de disfrute del pueblo. Aquella edición celebró además un concurso para noveles instrumentistas del que resultó laureado René Avich.

La colocación del monumento tuvo como pretensiones además de integrarse al ambiente urbanístico, atraer a músicos y seguidores de este instrumento emblemático de la música cubana a realizar presentaciones en sus alrededores, hecho que hasta donde recuerdo no se ha repetido. El maestro Pancho Amat sí cuenta con participaciones en posteriores ocasiones en eventos de la música en la ciudad y ha impartido clases magistrales para estudiantes de la Vocacional de Arte y el Conservatorio. Mientras estos momentos aguardan por la “eventualidad”, el tresero permanece en silencio. Ni siquiera atrapa la atención de los caminantes y sus redes sociales, como su colega de faenas musicales, situado a unas tres cuadras de distancia.

El hombre y su guitarra,  un sombrero y nuestro amor

Este año se cumplirán 95 mayos de la creación del Trío Matamoros, acaso la formación musical más referencial de cuanta maravilla fundó el singular apellido. No voy a referirme a los aportes del emperador Miguel a la música cubana, hoy quiero compartir esta especie de retrato hablado.

No lo sé explicar pero un fuerte nexo me une a Miguel Matamoros. Casi siempre lo tiro a broma y la verdad es que su estela permanece en mí. Aun no afirmaba bien los pasos en mi mundo profesional cuando fui sorprendida por las primeras coordinaciones para erigirle un monumento. Es cierto que yo sentía que aquella era una encomienda inmensa y solo transcurridos varios meses desapareció el vértigo estomacal. Aquello se transformó en mi razón de ser en los siguientes dos años. Yo, como la mayoría, estaba acostumbrada a cohabitar con las manifestaciones del arte en el entorno urbano como la cosa más natural del mundo, pero hasta ahí. Otra bien distinta era que, dado mi desempeño por entonces como especialista  del programa de salvaguarda y promoción del patrimonio musical, fuera convocada a encauzar las intenciones de la descendencia Matamorina en una primera redacción de Martha Matamoros.

Miguel Matamoros

Fue el artista y presidente del CODEMA Julio Carmenate quien sugirió valorar la obra del escultor Rolando Montero para acometer la presente. Después vino mucho tiempo de indagación, trabajo con la literatura especializada que nos guiara hacia un acercamiento a los rasgos fisonómicos y la personalidad del creador musical. Las ramificaciones familiares establecidas en Santiago y La Habana aportaron valiosas informaciones. La asesoría de Lino Betancourt resultó como siempre, imprescindible.

Y es que santiagueros, cubanos y foráneos hace tiempo reclamaban una obra que perpetuara la imagen del sonero-trovador, pues a pesar de ser una figura icónica del pentagrama, la mayoría de las personas desconocían su fisonomía.

El monumento se definió como una estatua de tipo participativa a tamaño natural (1.70 metros de alto) realizada en bronce, ubicada en la esquina del Callejón del Carmen y San Bartolomé. Se develó el 18 de mayo del 2011 durante la XV Feria Internacional CUBADISCO, un día antes del monumento al Tres.

En la intersección de las calles mencionadas recibe a los transeúntes como uno más. Con el pie izquierdo se apoya sobre una válvula de agua para la extinción de incendios a la usanza de las primeras décadas del XX. La guitarra descansa sobre el muslo izquierdo y a su vez el brazo de este hemisferio, sobre la guitarra. Con el sombrero en su mano derecha saluda en dirección al Callejón del Carmen, estableciendo así, un diálogo constante con los caminantes que entran y salen en una y otra dirección.

Meses después a la inauguración, por esas ocurrencias de la intervención popular que veraces o no aquí no faltan, la vox populi dio el grito “¡le robaron el sombrero a Matamoros!” A mí regresó el vértigo estomacal. La gente tejió sus tramas policiales, luego un señor que trabajaba en una oficina contigua a la consagración del Matamoros contó una versión más noble. Lo cierto es que a los pocos días el sombrero estaba en la Oficina del Conservador de la Ciudad y ahí retornaron las carreras por devolverlo al gesto del noble trovero-sonero de Cuba.

Miguel Matamoros

Mientras se realizaba el estudio fisonómico, el resto del equipo evaluaba el sitio de enclave donde realmente la imagen de Matamoros estuviese en relación con el entorno trovadoresco de ayer y hoy, y además se aviniera a las características urbanísticas, arquitectónicas y monumentales del espacio.

Entre otras propuestas se decidió por el entonces novedoso proyecto que acometía la Oficina del Conservador de la Ciudad, el bulevar del Callejón del Carmen. Su ubicación se halla paralela a la principal arteria cultural de la ciudad, la calle Enramadas –desde el 2015 corredor patrimonial Las Enramadas–, por donde transitan la mayoría de los santiagueros y visitantes. En este trayecto que identifica la ciudad, la música, el teatro de relaciones, los acordes del Órgano París, las actividades organizadas por el INDER, la actividad de instituciones de referencia, los performances y excentricidades protagonizados por personajes populares resultan acontecimiento común.

El Callejón toma su nombre porque colinda en la calle Santo Tomás # 505 con la Iglesia Católica Nuestra Señora del Carmen, sitio donde se encuentran los restos del compositor y maestro de capilla Esteban Salas. Con una extensión de cuatro tramos, el sistema viario se proyectó para que deviniera eje cultural y artesanal, aparejado a actividades económicas y comerciales. Dada su cercanía con el corredor de Las Enramadas, el del Carmen está llamado a complementar un espacio público de importancia, donde a la prioridad del peatón se sumen el comercio de las artesanías y otras caracterizaciones culturales.

Sin embargo, a mi juicio el proyecto urbanístico no ha fructificado como se esperaba. Junto a la obra de laboriosos artesanos que ofrecen un decoro en la realización de productos como calzados, accesorios, bisutería, carteles y otros, convive la seudocultura del catre que “por una izquierda” harto evidente comercializa una red de “amores prohibidos” pero legitimados al uso. La proliferación de establecimientos privados asociados a la telefonía móvil y las tecnologías ha desarrollado una fauna social paralela en sus cercanías que deteriora el principio y el fin de la concepción de la arteria. Otros sitios como el bar “Sindo Garay” en nada hacen honor al emblemático nombre.

Durante un tiempo ello trató de palearse por un grupo de escritores, trovadores y artistas de la plástica, en su mayoría miembros de la AHS aupados en el proyecto Con Filtro, Lectura de Callejones, del Centro Provincial del Libro y la Literatura, en la conducción de la poeta Erika Abad. La realización acontecía muy cerca del monumento a Matamoros y llegó a crear un público afín y atrapó la curiosidad de varios paseantes. No obstante, el empeño pereció a dos años de su existencia.

Otras acciones esporádicas como presentaciones de agrupaciones soneras en este entorno, o algunas del ya extinto taller Ñico Saquito tampoco logran dinamizar el espacio al tratarse de momentos aislados, incongruentes con el entorno en el que devino el Callejón.

Miguel Matamoros se erige atractivo para quienes por aquí transitan. Muchos son los que se detienen a tomar fotografías en las más ocurrentes formas. Pero en su inmortalidad reclama ser observado y aún más, escucharse en un entorno acorde con su legado.



Eva, la luz de tu nombre

Justo me encontraba en la esquina de la Casa de la Trova cuando supe la noticia.

Ahora tendría a punta de tinta unos cuantos adjetivos que ya emplearon otros para ti. Desisto de tardes grises o cualquier tropo compasivo. Huyo de cualquier reiteración a pesar de las razones. Eva, llena eres de canto y no necesitas más luz que la de tu nombre para trascender.

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Vida a la canción

Los carretones bajan por las lomas y el pregonero anuncia al que de bizcochuelo viene del Caney. Allá, un bolero estremece. En cualquier esquina repiquetea un son. La ciudad de los coros y conciertos también saluda. Los muchachos bailan ritmos que a muchos incomodan. En un escenario diverso, donde su gente hace la música a pie, cuatro cubanas le ponen vida a la canción.

El 8 de abril de 2012 Vocal Vidas propone la unión musical de Ana Josefina Hernández Rosillo, quien en el rol de soprano asume la dirección general del proyecto; mientras que las directivas musicales descansan en la responsabilidad de Maryoris Mena Faez, voz de contralto; Koset Muñoa Columbié cumple la función vocal de mezzosoprano y Annia del Toro Leyva la de contralto. Ellas provienen de su formación como cantoras del Coro Madrigalista y las une la experiencia de cantar juntas a partir del año 2000.

Vocal Vidas/ cortesía de la agrupación

Sus conceptos encuentran raíz en la tradición de los cuartetos femeninos en Cuba, varios de ellos legendarios como Las D´Aida, Hermanas Valdivia, las D´Enriquez, y más reciente en el tiempo, su principal inspiración, Gema 4.

Resulta habitual encontrarlas en el ir y venir de algún ensayo o en los preparativos de sus presentaciones. El resultado se patentiza en sus producciones audiovisuales y fonográficas. Soy Cubana (2016) ha sido un documental premiado en varios festivales estadounidenses. Distinguen en su discografía, Vocal Vidas (producción independiente, 2012) y Canción y Vida (EGREM, 2016). Con este último alcanzaron el Premio CUBADISCO en la categoría de Agrupación Vocal Instrumental. En las notas al fonograma el compositor santiaguero Rodulfo Vaillant expresó: “Escuchar a Vocal Vidas (…) es una de esas experiencias de placer estético de las que uno nunca sale ileso.”

Con los arreglos realizados por Yurka González, la producción musical de Rafael Guédez, la ejecutiva de Rodulfo Vaillant y contemporáneas interpretaciones, las santiagueras exponen un trabajo vocal muy acertado. Quien escuche el fonograma se percatará de las dos líneas que en lo musical distinguen a Vocal Vidas: por una parte un repertorio que apela a la música cubana desde el son, el bolero, la canción, a una zona que se asienta en lo más genuino del cancionero afroamericano, donde sobresalen varios estilos del jazz.

A lo largo de su carrera se han insertado en importantes certámenes del panorama nacional e internacional. Vale destacar su presencia en ediciones del Encuentro de Voces Populares, con la organización de la maestra Argelia Fragosos, en cuyas oportunidades han protagonizado concurridos conciertos como en el espacio del  Museo Nacional de la Música.




Jam Session: Notas para una descarga

Si este libro en manos de los lectores se sumara al concierto jazzístico, ganaría la música cubana. A pesar del desarrollo histórico del género en nuestro país, su paralelo teórico no observaba una dedicación en similares proporciones, muy a pesar del ejercicio de nombres como los de Leonardo Acosta, o los valiosos aportes no publicados de Danilo Orozco y la contribución de trabajos de Borges-Triana, Claudia Fallarero, entre otros autores más o menos noveles que se han dado cita en números de la revista Clave dedicados al tema y en otras publicaciones aisladas.

Unido a esto está el hecho de que investigadores y periodistas muchas veces concentraron su pensamiento en el panteón sagrado de este hacer musical. Solo en tiempos cercanos y gracias a las arenas esparcidas por unos pocos jóvenes investigadores, es que se intenta visualizar en letra impresa o digital la obra de las nuevas promociones de jazzistas.

A partir de los 2000 se observa un ambiente cognitivo creador en los predios académicos a favor de los procesos que rodean la jazzista creación. Tal efervescencia ha brotado en la Universidad de las Artes y en los centros universitarios del país, con la emergencia de tesis de grado desde disciplinas como la musicología, Historia del Arte, Comunicación Social y Periodismo, fundamentalmente. Tales estudios, salvadas las excepciones, perecen justo al momento de la celebrada cuantificación del ejercicio. Unas pocas ven la luz de alguna publicación y en algunos casos, cuando más, se han socializado sus saberes en los espacios teóricos de eventos culturales afines.

También es cierto que muchos de los autores de tesis en opción al grado de esto o aquello, luego de descubrir el agua fría, ignoran el cómo trasladar la redacción académica al discurso del ensayo, artículo, testimonio o cual sea el lenguaje de la publicación dirigida al amplio lector, más allá de las geografías de las altas casas de estudio.

Por todo lo anterior me atrevo a aseverar que los exiguos resultados aparecidos en el surrealista rublo de “tiempos recientes” intentan cubrir un vacío de varias décadas. Sin embargo, Jam Session. La Nueva Generación, páginas que hoy coloco a consideración de posibles lectores, de ninguna manera presenta una historiografía sobre el género, sino que ofrece desde la multiplicidad de enfoques un retrato aproximado de una franja de las jóvenes generaciones de jazzistas cubanos. Lo recibo como una compilación de enfoques que tienen como sedimento común una sociología musical del modo jazz.

Creo que este creciente interés por el estudio del entorno jazzístico cubano, sobre todo a partir de los 2000, pudiera obedecer a un panorama más optimista, no en cuanto a creación y calidad musical harto probada, sino en cuanto a los aspectos sociomusicales, socioculturales, institucionales y de promoción que han posibilitado una mayor visualidad a escala social.

Ya hemos conversado en otros espacios de la escritura y la oratoria sobre el rol de festivales y eventos nacionales como el Jazz Plaza a partir de 1980, y desde 1998 el Jojazz, unido a otras paradas organizadas por la UNEAC y la AHS como el Amigo del Jazz y el Jazz Na Má en las respectivas filiales santiagueras, entre otros espacios isla adentro. Estas celebraciones devienen momento de reconocimiento y legitimación para sus participantes.

La creación de clubes para la promoción del género unido al talento de jóvenes que entrecruzan las fuentes del jazz con los afluentes que provienen del acervo musical cubano de raíz, despiertan la inquietud en quienes cartografían el universo sonoro en la Cuba de hoy. Las más insospechadas posibilidades de hibridación que signa la emancipación del jazz con músicas y estilos varios –que van desde la médula ósea de géneros etiquetados como “música cubana”, cruzan puentes de múltiples vías hasta llegar incluso a la electrónica– le garantiza nuevos y también heterogéneos públicos.

Estos discursos de lo jazzístico se reciben por vías como la radio o TV, spots televisivos para eventos de disímil naturaleza, lo cual redunda en canales informativos que de modo paulatino pudieran contribuir a la formación de audiencias. Las plataformas de Internet y el uso de las redes sociales colocan a los músicos ubicados en la diáspora al alcance de una tecla, se difuminan los límites geoculturales, lo que simboliza parcela de cultivo para los investigadores sociales.

Los jóvenes jazzistas y procesos sociomusicales que trae a su escenario Jam Session…, forman la continuidad de una tradición musical, a la que imprimen sus propios aportes y estilos, con lo cual contribuyen a delinear la historia del género en lo que va de siglo XXI.

Los cuatro ensayos convocados comparten el interés por la revisión del movimiento de jóvenes jazzistas. Quienes estudian cada una de las temáticas son o se convirtieron en practicantes del espacio que analizan, lo que les posibilita abordar la creación, la interpretación y el consumo del jazz desde el centro de la tierra.

La presente compilación propone un espacio de debate, a partir de la muestra de resultados obtenidos por estudiosos noveles. El punto de mirada recae en promociones cercanas aun en el tiempo de compositores e instrumentistas, que en la mayoría de los casos visibilizaron su obra preliminar a partir de la participación en el concurso Jojazz.

Para esta publicación fueron seleccionadas tres tesis de grado en las especialidades de Musicología y Comunicación Social. Camila Cortina desde la historiografía y los estudios culturales estudia las formas en que se conserva la “cubanidad” en la vida y obra de músicos radicados en España.

Pedro Sureda se detiene en las particularidades que individualizan la interpretación de dos jóvenes músicos, a partir del estudio de los procesos de síntesis musicales que identifican sus estilos personales. Es el caso de Harold Lopez Nussa y Rolando Luna.

Reinier Aldazabal propone un análisis de los usos sociales que vivencian los públicos que asisten a los conciertos realizados en La Habana que tienen como núcleo el jazz hecho por recientes promociones de músicos. A partir de la descripción de las principales prácticas comunicativas consustanciales a dichas audiencias durante las presentaciones, son objeto de análisis aquellos elementos que actúan como mediadores individuales e institucionales entre el público y la música, y que transversalizan los usos que se hacen de ella.

A ellos concurre como portada un texto de la musicóloga Claudia Fallarero publicado en la revista Clave que resultó ser el punto de partida de varias aristas de estas investigaciones y que aborda, desde criterios  generacionales, los elementos musicales que caracterizan la novel creación jazzística.

Concluye la descarga un catálogo que recoge parte de las producciones discográficas de jóvenes exponentes del género desde 1998 hasta fechas cercanas a la publicación del título.

Aun cuando los autores en congregación apelan a la mención de nombres de la actual escena jazzista, el principal logro del volumen reside en la triangulación de métodos y procesos de la investigación cultural. La revisión de estas páginas propuestas por la colección d’ Música del sello CIDMUC (¡2012!!!!) –que como muchos otros títulos perdieron el sello de garantía como “novedad literaria” y hoy habitan su madurez en más de una librería cubana– bien pueden significar una invitación para que otros críticos, periodistas e investigadores del país se ocupen de visibilizar las omisiones y zonas no constreñidas en este volumen, con el fin de la prolongación de la descarga desde una mirada contextualizada a cada territorio.



Sonar en Cubano: mis pretextos para comprar espejos

Primer Movimiento (Moderatto)

En Cuba todos “saben” de béisbol, medicina, cocina y música. Los debates en torno a tumbaos, cantantes, sonoridades y disímiles cuestiones del espacio sonoro, acontecen lo mismo en esquinas, centros laborales, fiestas, que en espacios académicos. Incluso en el discurso de presuntas “voces autorizadas”, el término “Música Cubana” suele presentar una condición reduccionista, especie de postal para exportación donde géneros canonizados por la academia o el gusto popular se presentan cual rostro homogéneo de la identidad sonora insular. Nada más falso, puesto que disímiles sonoridades en cada etapa se integran al concierto.

He disfrutado reencontrarme en mi estantería con las entrevistas compiladas en Sonar en Cubano. Músicos en La Gaceta de Cuba, un material donde coinciden varios de los personajes más polémicos de los últimos 40 años en materia musical. Los textos que conforman el volumen aparecieron en la citada publicación en el periodo del 2000 al 2011 aproximadamente.

¿Qué es la música cubana? ¿Para qué sirve contar la música? La compilación realizada por Arturo Arango y Norberto Codina, salida a la luz por la Editorial Oriente en 2012, propone un punto de conciliación entre el lenguaje popular y el académico.

En el arte de abordar la música con-ciencia algunas revistas culturales y las propiamente especializadas en los cursos de las siete notas, llevan la delantera. Si bien una mirada por los anaqueles dedicados al arte musical en cualquier librería del país arroja una diversidad de títulos, creo hallar juicios de actualidad y transdisciplinariedad en los ensayos, artículos y entrevistas circulados en las publicaciones seriadas.

Los entrevistadores se plantean indagar en varios de los ámbitos que inciden en la obra de cada creador en cuestión y el modo en que son devueltas a sus públicos. Ese sentido analítico dota de un carácter imperecedero las conversaciones que el soporte impreso preserva más allá del momento mismo de la publicación.

La Gaceta que a Cuba suena, presenta caminos múltiples para abordar la obra de los creadores que concurren a la cita. Las entrevistas asumen un enfoque sociomusical desde aristas como las identidades músico-culturales, la atención a los consumos culturales, la preocupación por los públicos, el tema de la diáspora, un acercamiento a la temática de género, los nexos entre los músicos, sus producciones musicales y las instituciones culturales, entre otros ejes temáticos que trascienden todo aislamiento cognitivo.

Segundo Movimiento (Alegro  andante)

Como advierte Arango, desde 1992 una de las características de la publicación ha sido sacar a la luz entrevistas que en el seno de la redacción de la revista llaman “de personalidades”, he ahí uno de los vórtices filosos por los cuales transita esta selección, al asumir una categoría quizás demasiado excluyente y cuestionable.  

No dudo que muchos de los que en este volumen se reúnen ostenten todas las cualidades para merecer el calificativo, pero… ¿acaso todos? Yo preferiría defender la idea de que hay artistas cuyo devenir en la cultura musical cubana les merece aparecer en esta u otras páginas sin que necesariamente deban optar por el adjetivo.  

Por otra parte, estoy segura que cada uno de los entrevistados encontrará su lector-escucha ideal; sin embargo, muchos lectores ––entre los que me incluyo–– quedamos a la espera de que, ya sea La Gaceta en proyecto de continuidad o cualquier otro equipo editorial, ofrezcan cabida además de…, a otras voces del país, innecesariamente desapercibidas.

Aun así y a pesar de las ausencias citadas por el prologuista y aquellas que cada lector pueda extrañar, justo es señalar que entre el conjunto de músicos y entrevistadores a estas páginas convocados no aparecen falsos congraciamientos.  La música, como en pocos acercamientos, se despoja del halo mítico, anecdótico, ingenuo, para funcionar como vocero de los diferentes contextos socioculturales que aparecen reflejados.

Tercer Movimiento (Piano Forte)

¿Quién le tiene miedo a la música? Parecería una interrogante absurda de formular. Sin embargo, ausencias, solapamientos, eufemismos para abordar ciertas zonas de la creación musical en Cuba, en la mayor zona de la bibliografía correspondiente pueden contestar.

¿Por qué aún no cuentan con la misma visibilidad los estudios de rock, rap, música electrónica…?  O en el otro extremo, ¿por qué a pesar del amplio reconocimiento social al que se asocia la llamada música de concierto, apenas es reconocida por la bibliografía?

¿Quién le tiene miedo a la música? Es un estribillo que me reitero a diario cuando no encuentro suficientes publicaciones que visibilicen de forma responsable estudios en torno a lo que denomino “Sonidos Incómodos” de la nación. Sonidos que en el argot institucional se han convertido en términos tabú con inadecuadas políticas para el tratamiento de sus cultores y audiencias, así como para una zona considerable del análisis intelectual que opta por el silencio o casi siempre por juicios carentes de seriedad científica, sustituidos por lamentos catárticos.

La música cubana abarca sonidos plurales, de ahí que las entrevistas compiladas en este libro trasciendan las definiciones y acojan exponentes de la música popular, la llamada música de concierto, el jazz, la cancionística y el rap. Las conversaciones aquí contenidas logran la coexistencia responsable de zonas tan aparentemente distantes como la timba de los 90 y 2000, hasta la pianística de concierto, por solo citar algunos ejemplos.

Permítanme presentar someramente a los artistas que por estas páginas, además de virtuosismo musical, muestran capacidad de análisis y conciencia de su arte creativo, y los contextos donde éste transita:

No me sorprende que a las puertas del volumen nos reciban los criterios que Juan Formell  ofreciera a Abel Sierra Madero y Nora Gámez en No veo el Relevo… Uno de los líderes indiscutibles de la popular bailable cubana manifestó su preocupación en cuanto a la revitalización de ésta en las generaciones de músicos más jóvenes. El vanvanero discurrió en torno a disímiles tópicos como el fenómeno de la timba durante y después del denominado periodo especial; el intergénero en relación con el reguetón, asuntos como los espacios para su socialización y públicos; música-músicos, redes de comercialización y medios de difusión. Se avezó en asuntos como bloqueo versus desarrollo de la música cubana, ejes todos que demuestran el alcance social de esta manifestación.

César Pupy Pedroso, se remite a los momentos en que un grupo de músicos muy jóvenes entre los que contaba él mismo, siendo integrantes de la Revé forman los Van Van. Expresa sus criterios respecto a la música cubana en la coyuntura de los 60 y los 70 de la vencida centuria, momentos en que a pesar de las contradicciones, considera que el baile cubano no sufrió crisis como muchas veces se apunta.

En ésta y todas las entrevistas concernientes al universo bajo la etiqueta de lo popular bailable cubano la entidad “Bailador” cobra una connotación sociológica y es abordado como fenómeno de comunicación.

Norberto Codina (izq.), Director de La Gaceta de Cuba y Darsi Fernández, en la presentación de “Sonar en cubano”. Foto: Marianela Dufflar/ Tomada de Cubadebate

No puedo negar que Algunos secretos malditos de José Luis Cortés es una de las entrevistas del libro que más me seduce a la idea de releer una y otra vez sus páginas.

Emir García Meralla había concebido la entrevista para la revista Salsa Cubana como parte de un dossier dedicado a las figuras o hechos polémicos dentro de nuestra escena musical. Era el año 2003 y no fue sólo hasta el 2008 que pudo materializar su idea pero esta vez acogida desde La Gaceta. Bajo el sobrenombre del Tosco, José Luis Cortés desde finales de los 80, y sobre todo durante la década siguiente, fue uno de los representantes de la timba más cuestionado en la Isla.

Por su parte, el compositor y productor musical Joaquín Betancourt ubica su reflexión en la interrogante ¿Música para el bailador o Música para sobrevivir? Disyuntiva agudizada de los 90 en adelante.

Y como Cuba no es sólo baile, aquí aparecen las teclas trocadas en ideas hacia el piano de Mayarí, Frank Fernández. Y es que el propio entrevistador, Emir García Meralla[1], asegura, bien como ejecutante del piano, como profesor, productor discográfico o como espectador.

Una de las disquisiciones más punzantes es aquella que intenta colocar como eternos contrarios el desarrollo de los géneros populares y el de la llamada música de concierto o “culta”.

Sin embargo, el entrevistado opina que: “Hacer bien la música popular es tan difícil como hacer bien la música de concierto, lo fácil es hacer mal cualquiera de las dos. Para eso no hace falta talento”.

Ernán López Nussa, pianista y compositor; músico que se pasea por el jazz, la música de concierto y la pianística popular, es otro de los estilos a los que estas páginas dan voz. De sus opiniones nos llegan momentos que marcaron el desarrollo musical como lo fuera Afrocuba hasta llegar al Ernán de Habana Report en sus varias etapas.

El tercer pianista de esta nómina es Ulises Hernández, defensor del reconocimiento a la formación de pianistas en Cuba desde comienzos del siglo XIX, aunque no se hable propiamente de una escuela cubana de piano.

Otra de las entrevistas que manifiesta el carácter diverso y abarcador de Sonar en Cubano, es la conversación sostenida con el director de orquesta Manuel Duchesne Cuzán, quien destacó como director de importantes orquestas sinfónicas del mundo, y quien frente a la Orquesta Sinfónica Nacional fuera el responsable de la música de casi la totalidad de los dibujos animados cubanos producidos por el ICAIC en décadas pasadas.

La Gaceta también evocó el diálogo que por 1962 sostuviera Octavio Cortázar con Gilberto Valdés y Gonzalo Roig en torno a la versátil y controvertida Rita Montaner. Ambas conversaciones transcurren desde el talento de la artista, a los abruptos giros y excentricidades de su carácter, e incluye anécdotas en disímiles etapas de su trayectoria. Creo que merece la pena esta visita a partir de terceros en tanto quizás Gonzalo Roig tuviera razón cuando sentenció: “Lo que sí le puedo decir es que Cuba no sabe aún quién era Rita”.

Un acorde llamado Cotán nos devela la guitarra popular de Octavio Benedino Sánchez, Banes 1922.

Sus entrevistadores le eternizaron en 1994, dos años antes de su fallecimiento y nos revelan “¿quién era este hombre que invitó a beber a Errol Flynn, que estuvo en la casa que habitó Martí en Tampa, que fue atrapado por el flash junto a Gary Cooper, sembró pinos con Fidel, fue amigo de Ernest Hemingway, conoció a Faustino Oramas cuando todavía no era el Guayabero y a finales de los sesenta se vinculó al quehacer de la primera generación de la Nueva Trova cuando todavía eran vistos como muchachos inquietos ?”

Con la voz que trajo al mundo, Marta Valdés nos presenta más allá de la cantautora y compositora que es, a la periodista y una de las personalidades más comprometidas con el quehacer musical. Y es que como bien la presenta Darsi Fernández, es “pensadora recia y profunda, una persona de imponente cubanía, una mujer con criterios sólidos y atendibles sobre casi todo”.

Considero que la entrevistadora cae en la reiteración cuando de conversar con mujeres músicos y artistas se trata, al formular la pregunta respecto a si la creadora en cuestión fue víctima o no del machismo. Pero también he de confesar que en materia de respuestas, Marta Valdés ofrece un camino diferente:

“La única manifestación de machismo más o menos sutil que me han aplicado a lo largo de mi vida como creadora, la he percibido cuando me miden siempre en relación con otras compositoras, pero jamás de igual a igual con compositores, y eso ha sido una tendencia general a lo largo de más de medio siglo.”

Por la ruta de la canción de autor podremos hallar a Santiago Feliú y Gerardo Alfonso, de manera inevitable no puedo obviar el hipervínculo que estas entrevistas trazan con un libro como Trovadores de la Herejía y La luz, bróder la luz. 

Como para gustos el arcoíris, la melómana que soy se hubiese complacido un poco más si en lo que respecta al universo del rap, más allá del mito Orishas y sin descontar la página que les concierne, La Gaceta por aquellos años se hubiese acercado a otros exponentes (¿acaso también personalidades o al menos variopintos personajes?) que representaron y en algunos casos aun representan este decir de modo más inmediato en la Isla.

Sin embargo, dentro de la llamada escena alternativa o canción cubana contemporánea creo oportuna traer ante lectores y escuchas, a alguien como Yusa, cuyo trabajo es prácticamente desconocido en Cuba, sobre todo en los ámbitos ajenos a la capital.

Descemer Bueno, X Alfonso y Kelvis Ochoa cierran esta entrega desde la llamada escena alternativa. La manera en que ellos observaron para esta entrega el fenómeno musical en relación con los procesos sociales y el tiempo de la creación nos develan interesantes percepciones desde la óptica de tres artistas representativos del escenario musical cubano más o menos reciente.

Si eres de los que considera la historia nacional puede ser contada desde varias perspectivas, incluyendo el devenir musical, te invito a alborotar algún rincón de estante donde todavía y de modo lamentable dormite el título. Sumergirse en Sonar en Cubano implica el debate y, sobre todo, una lectura a la “música como espejo social”.

[1] Este nombre está ligado a gran parte de los acontecimientos y la historia de la música cubana del último medio siglo.