Yorisel Andino Castillo


Jojazz de la loma

El Conservatorio Esteban Salas celebra con creces una amplia jornada por sus 60 años de existencia. Dicho así parece el encabezado de un hecho noticioso más, de esos que pasan a la vuelta de otro titular cualquiera. Pero no,  considero lo que voy a referir en los próximos teclasos como un eslabón de hechos socio-musicales de raíz histórico cultural.

Hace apenas pocos meses comenté en otra de mis colaboraciones la conquista del jazz en el universo estudiantil musical en santiagueras tierras. Ciertamente el nivel medio de música en la oriental urbe–acorde a situaciones contextuales entonces enunciadas– atestigua una especie de “jazzmanía” o “jazzplaga” que fructifica en el interés de las sucesivas promociones de estudiantes y en su inserción en el circuito de promoción y eventos del género en la ciudad y el país. De varias de estas participaciones aflora un importante resultado de galardones que si bien no es el único certificado que avala la calidad de la creación artística, sí constituye incentivo para el creador y una plataforma de visualización.

Digo todo esto porque la más reciente edición del Jojazz una vez más entregó lauros al talento de jóvenes jazzistas en formación, estudiantes de la referida institución de la enseñanza musical cubana. Lo cual se suma a los motivos de celebración que durante todo el año festeja el claustro de profesores, trabajadores y estudiantes del plantel. Y que de forma ineludible brinda continuidad a la saga del “Esteban Salas” en dicho certamen. David Virelles abrió los caminos que tiempo después seguirían Influencia, Okán Jazz y recién, la actual promoción.

En el caso del Cuarteto de Saxofones, con el liderazgo de Alejandro Cera Pérez, en la modalidad de pequeño formato obtuvo el Primer Premio y el galardón colateral que otorga la AHS. A propósito de un encuentro con la prensa el joven manifestó que “para la selección de nuestro repertorio pensamos en arreglos de compositores cubanos como Orlando Cuba Jazz, un arreglista muy conocido en el país, el santiaguero Ernesto Burgos y el saxofonista Paquito de Rivera. Todas las piezas tienen como denominador común la raíz cubana, la apelación a elementos de la rumba y otros componentes de nuestra música”.

La formación ya se había insertado en el evento en la pasada celebración, oportunidad en la que resulta reconocida con una mención en la categoría de interpretación. Al decir de sus integrantes este logro lo vieron como el peldaño a mayores propósitos.

Entre sus principales referentes toman el trabajo de la agrupación profesional Magic Sax Quartet, en la que algunos de sus miembros comparten la dualidad como profesores de la enseñanza artística.

Ahora los jóvenes se proponen continuar el trabajo musical y les resultan atractivas las oportunidades que brindan los premios y becas por la AHS. En este particular ya tienen la posibilidad de una realización audiovisual la cual aspiran a presentar al Cubadisco del venidero año. Además, Alejandro se propone presentarse a próximas ediciones del Jojazz por composición.

Por su parte, José Marcos Antonio Prades, también alumno de tercer año de saxo y además pianista acompañante, le regaló al Conservatorio la satisfacción de crear por vez primera la Jazz Band del centro.  Dicho formato resultó galardonado con una mención en interpretación. Este lauro es notorio para quienes en su mayoría cursan el primer y segundo año de alguna de las especialidades en música.

A propósito Marcos Antonio dialogó:

“Nos inspiramos en el trabajo de reconocidas jazz band como la de Joaquín Betancourt y quisimos hacer algo así en el Conservatorio. Desde que estudié en la Vocacional de Arte sentí atracción por lo jazzístico pues soy estudiante de saxo, pero la verdadera pasión llegó cursando el nivel medio, pues ya se tiene mayor nivel de información y conocimiento para la recepción de algo como el jazz. En lo adelante nos proponemos enriquecer el repertorio y esperamos colaborar y recibir el apoyo de la AHS y la UNEAC en nuestro crecimiento artístico”.

También de manera inicial la provincia tuvo representación en el evento en el apartado de composición. Enmanuel Zamora Despaigne, alumno de tercer curso de piano básico protagonizó la página. Entre 14 composiciones de alta calidad tuvo el reconocimiento del comité organizador a las dos obras en competencia, En las nubes y Con los pies en la tierra, las que a su decir elaboró como un collage de cubanía.

Los integrantes de los formatos que participaron en esta edición se sienten motivados e influidos por la más reciente historia de otras formaciones e intérpretes que le han antecedido en el plantel musical, meritorios también de lauros. Reconocen que el cultivo del jazz sienta ya una tradición dentro de las más recientes promociones de jóvenes en la academia musical santiaguera. Esperan insertar su música en el circuito para la promoción del jazz en Santiago de Cuba en espacios como La jutía conga en la UNEAC, el Iris Jazz Club, así como en la red de eventos asociados en el territorio y más allá de sus demarcaciones.

Las noticias se suceden unas a las otras, la historia se compone de hechos que trascienden. Los jóvenes casi siempre tienen el don de protagonizarla.



Réquiem para un trompeta

Nunca me acostumbraré a la ausencia y sus golpes. Avocada en los preparativos para la creación del Museo de la Música en la santiaguera urbe, me había decidido a entrevistar a unos cuantos de esos personajes a los que la cotidianidad se encarga de volver cotidianos. Solo había transcurrido un mes y seis días desde que tuviera el encuentro con el maestro Inaudis Paisán Mallet, figura eminente de la música en Cuba, cuando llegó la noticia de su deceso. No era un presagio, incluso llegamos a burlarnos de la posibilidad. ¿Quién no se acostumbra a los achaques? Uno siempre piensa que los viejos le acompañarán un tiempo más…

Hoy que no son días de festival de la trova ni se conmemora fecha alegórica alguna, aprovecho para compartir aquel encuentro y de paso sirva un día cualquiera para recordar a los grandes.

Yo nací el 17 de agosto de 1930, pero me inscribieron dos años más tarde, en el ʻ32. A los cinco años comencé mis estudios en una escuela paga, de ahí a la escuela número 5 en Moncada entre Trinidad y San Germán.

Se activan las alarmas. Escritora detiene tecla.

Inaudis Paisán Mallet y La Estudiantina Invasora.

Marta, la hija, vive con el señor mayor y además de encargarse por los horarios de medicinas y alimentos, es una especie de albacea familiar. Ambos se comprometieron vía telefónica a hurgar entre maletas y papeles, en todo aquello que pudiese contribuir a la salvaguarda del patrimonio musical.

Sí, yo la voy a ayudar, ¿cómo es que se llama usted?, pero fíjese, yo estoy vivo, no he muerto.

Y ambos echamos a reír. El encuentro quedó pactado para el lunes 21 de julio de 2014, a las 10:00 A.M.

Marta toma el auricular, tú preguntas que a mi papá todos lo conocen por aquí.

Estoy a tres días de sentarme frente a uno de los trompetas fundadores de la Orquesta Sinfónica de Oriente en 1962; trompeta también de la legendaria orquesta Chepin-Chovén. De lo clásico a lo popular, o viceversa, estos hombres solían ser geniales en todos los ámbitos.

Aunque vive con Marta, también sus hijos varones están cerca. Nuestra conversación sería custodiada por la albacea y su hijo Tomás. Poco tiempo después pasarían uno de los nietos, y su otro hijo, director de la orquesta Sonora Huracán. Su hermano menor llegaría desde El Cobre. No es nada extraordinario, es habitual.

Viaje de ida

En el Distrito no he tenido amigos ni enemigos. Solo había llegado en alguna ocasión. Pero ya Teresa, autóctona ciudadana y defensora de la zona me ha explicado la ruta. ¿Dónde está la shopping? Sigo la calle en línea recta, camino un poco y allá quedan los edificios R. 14.

Ya he dicho que es julio. No hace falta describir el clima. Llego. Es el último piso de cinco. La puerta entreabierta, toco.

La conversación

Un apartamento común y corriente, sin nada de más ni de menos. De pronto se borran algunas interrogantes previstas. Tengo frente a mí a Inaudis Paisán y su familia, prestos todos a brindar tiempo e información.

¿Tú trajiste con qué grabarme?

Luego de la escuela no. 5 paso a la superior de Romero, en Carnicería, ahí curso el bachillerato. Todo esto paralelamente a la música.

Mi interlocutor realiza pausas, lleva la mirada a algún archivo de esos primeros años.

Comencé mis estudios musicales con mi padre Juan Paisán y Mallet, quien ejecutaba el saxo y el clarinete. Fue músico de la banda municipal, de las orquestas La Caribe y la emblemática orquesta de Mercerón.

Inaudis Paisán/Foto Giusseppe lo Bartolo.

Marta rebusca en el archivo del padre, trae fotos, distinciones, partituras, y una guayabera que usara con frecuencia en las presentaciones con La Estudiantina Invasora.

Llega la enfermera. Hay que chequearle la tensión arterial al viejo por las cosas de la edad.

Seguimos saqueando la memoria.

Al fallecimiento del padre en 1946, Inaudis comienza su vida musical de modo perseverante. Aunque buena parte de su vida profesional fue casi autodidacta. No es hasta que siendo músico de la Sinfónica de Oriente, sale una circular donde se exige que todos sus integrantes debían poseer el nivel medio, titulación que alcanza en 1986.

Su primera agrupación fue el conjunto del tresero Mozo Borgellás. En este periodo integra varios conjuntos como el grupo Maracaibo de José Castañedas, el Actualidades; después el Maravillas de Beltrán, hasta llegar al Copa Club. En este lugar vivió el inicio de Los Modernistas de Pacho Alonso.

Sin embargo, a pesar de integrar numerosas agrupaciones, sería la orquesta Chepin-Chovén la que marcaría su carrera en lo popular.

También pertenecí a Chepín y su Orquesta Gigante, con la que grabé números como Bodas de oro, El Platanal de Bartolo, Diamante Negro, Reina Isabel, entre otras piezas populares.

Gracias a la idea y la obra de Juan Almeida en 1972, Chepin y Chovén se unen nuevamente, yo salgo de la Sinfónica de Oriente para integrarme otra vez a la orquesta. No obstante regreso a ésta cinco años más tarde, cuando era dirigida por el maestro Enrique Castro.

Hacemos un alto, nos sentamos en el pasillo exterior a los apartamentos. Paisán aprovecha para mencionarme su integración a la banda municipal, y a la del Ejército Rebelde en 1959. Sus hijos me muestran lauros como las medallas por la Cultura Nacional, la Lázaro Peña, la Jesús Menéndez, la Raúl García; la distinción José Martí; y la placa José María Heredia, entre tantas otras.

Tengo frente a mí a un viejo excepcional, que vive en un quinto piso, donde cuesta subir los años.

Y llega la Invasora

En 1991 Inaudis Paisán Mallet pasa a dirigir la Estudiantina Invasora hasta su jubilación en el 2013 por afecciones de salud.

Me recuerda que la Estudiantina nace el 24 de febrero de 1927 y sus directores fueron Luis y Manuel Varela, Pedro Fernández, Roberto Nápoles, hasta que él asumiera la responsabilidad. Cuando Paisán toma la dirección mantiene prácticamente el formato con que se creó, aunque dejó un solo Tres, dos guitarras, dos cantantes encargados del güiro y las maracas, un timbal, contrabajo y una trompeta. En este periodo la agrupación realiza grabaciones con los sellos Magic Music y EGREM.

De su obra como compositor Paisán distingue piezas como los danzones Mayarí arriba, Magalis, Belkis, Yaquelin, Yamila y Yamilé, Veracruzana. Similar importancia otorga a  Katerine, Mónica, Esmilda, Claramina, Descarga en el Monte, En el tiempo, Konacli, Milurgia para un flautista, dedicado a su amigo Enrique Navarro, flautista de la Sinfónica de Oriente.

Viaje de regreso

La trompeta de Inaudis está en el son santiaguero, en el legado a la Sinfónica, la Estudiantina, en mis oídos, en los oídos de quienes fueran sus discípulos, en la gente que lo escucha y no sabe que ese sonido lleva un nombre.

El viejo sonríe el cansancio de los años, la familia me despide.

No necesito preguntar, conozco bien el camino. Abordo la camioneta, es un milagro tomar asiento. Pasan algunos días para que los apuntes lleguen a tecla.



Conservatorio Esteban Salas o mi isla del tesoro

Debo admitirlo, hablar del Conservatorio Esteban Salas siempre me causa regocijo y orgullo. En su sexagenaria historia están inscritos también los nombres de mis padres, que sin ser músicos, contribuyeron a la formación de generaciones de ellos. Las casonas de la calle Santa Lucía, entre profesores, tíos y tías de cocina junto a todo el personal de apoyo, juegos, conciertos y algunas clases, pianos por doquier, sonidos disímiles y algún que otro vecino inconforme definen mi historia de vida y la formación de lo que llamo cultura musical.

De niña esperaba con ansias los primeros días de julio para abordar el vehículo que apareciera rumbo a Ramón de las Yaguas, poblado donde acontecía el período de escuela al campo con la recogida de mangos. Nunca alcanzábamos a llenar las canastas y de los pocos que llegaban, los elegidos tenían un fin digestivo. En tiempos de escases un aguacate en la bandeja de aluminio era la misma gloria con arroz. Los chicos de la escuela de artes plásticas, a veces coincidían en las temporadas. Yo no entendía muchas de las conversaciones pero me gustaba estar entre todos.

Piano-Conservatorio
Piano-Conservatorio

Los registros históricos apuntan como fecha oficial de su fundación el 1959, aunque algunos asocian su total iniciación al año siguiente. Aunque con posterioridad adopta el nombre de Escuela Profesional de Música Esteban Salas, todos gustamos en llamarle como antaño.

Desde sus inicios el Conservatorio desarrolla una constante actividad musical, con la organización de concursos y festivales, como el Concurso Villancicos, para promover la obra y el legado musical de Esteban Salas; el Festival de Percusión, el de Música de Cámara o el de Primavera. Nombres que enaltecen el pentagrama cubano dirigieron o sentaron su labor pedagógica en la institución como Electo Silva, Osmundo Calzado, Josefina Fabré, Calixto Cardona, Mario Pujals, Juan Filiú, Enrique Navarro, en una síntesis que no obra justicia a todos los que aquí han dejado su huella.

También atesoro en la fotográfica memoria cuando por los ya lejanos 90 los pianos comenzaron a despeinarse con los sonidos de la timba o la reconformación de lo sonero, y hasta el salón principal cedió de la enseñanza clásica momentos para el furor de los metales y tumbaʼos. Aunque en la calle y espacios de fiestas la música disco y techno causaban furor, aquí, entonces y hasta poco después se bailó mucho el casino. O las bohemias en el Patio Las Yagrumas, entonces casi centro cultural de vanguardia por donde desfilaron irreverentes y fuera de liga muchachones del periodo como Muralla y varios más, hacedores de lo que después comenzó a nombrarse con auge música alternativa.

coro cámara
Coro cámara

Pero lo que arrasó en aquel periodo fue la fuerza y el sonido que le imprimieron unas recién graduadas al movimiento coral del Conservatorio. Me refiero a las hoy maestras Daria Abreu Feraud, en la actualidad directora del Orfeón Santiago y presidenta del Festival de Coros Electo Silva, y Magalys Sánchez, directora del coro Madrigalista. Por entonces en el plantel se amanecía con coros y se dormía después de ellos, acaecieron en verdad conciertos y presentaciones de esplendor. El coro Sirena, creado por Electo y en la salvaguarda de Daria, constituyó un referente de agrupación coral femenina. Hubo además formación masculina, mixta y de cámara con similares resultados.

Por estas fechas la institución promovió también cursos de verano para un acercamiento a la percusión cubana, la música tradicional y el baile dirigido a estudiantes procedentes del ámbito foráneo. Habituales resultaron las visitas del profe Boccina y sus alumnos de la universidad Santa Clara de algún paraje de los Estados Unidos, ¡vaya casualidad!

Con los dos mil y un poquito el decano fagotista Pepe Godínez –que en gloria esté– y su discípulo Víctor Vargas Ramírez se empecinaron en la creación de la Banda de Conciertos del plantel. Bueno, en verdad la banda ha hecho y hace historia. A la batuta de Víctor ha recorrido buena parte de Cuba y puesto a la luz su trabajo en circunstancias trascendentales. Un repertorio que recrea lo mejor de la música cubana y universal, especialmente la trova santiaguera y el son posibilita la vitalidad de la agrupación. Desde hace algunos años al presente el joven director tiene a su cargo el mencionado formato y la Orquesta Sinfónica Juvenil.

De la segunda, al vuelo avalan su calidad los conciertos que en fechas cercanas han realizado junto a Omara, la maestra Argelia Fragoso, un superliga como Eduardo Sosa o la talentosísima Annie Garcés. Y no porque hoy yo esté en derroche de adjetivos sino porque ellos mismos tras la experiencia y al calor, brindaron fe de sentirse respaldados por una Orquesta en el primero de los niveles.

formación coral década 1990
Formación coral década 1990

A finales de los 91 de los hijos de Mercedes y José Aquiles –flautista ella de la Orquesta Sinfónica y él, trovador hasta de nombre– estaba como se dice, echando humo. David Virelles cursaba la carrera de piano y era algo excepcional. Concluyó sus estudios en el extranjero pero antes soltó el bichito por el jazz y lo dejó correr. Para entonces Davisito, Neysi Wilson, Alberto Lescay yunior y unos pocos colegas eran la excepción. Después descolló en el panorama nacional Carlos Miyares, también egresado del plantel.  Hoy la “jazzplaga” ha dado cuantiosos frutos al “Esteban Salas” y varios creadores formados en sus aulas. Por estos días aun celebran el júbilo tras los más recientes lauros obtenidos en el Jojazz. Razón suficiente por la que en breve dispongo de unas teclas paralelas a éstas.

La XV edición de la Feria Cubadisco entregó a la institución uno de los premios de honor en ocasión de sus cinco décadas de labor. Durante el transcurso de sus ya seis decenios varios son los lauros que compila la sede de la enseñanza musical en Santiago de Cuba, cuya extensa lista no es objetivo de esta dedicatoria.

El Conservatorio Esteban Salas es referente de la cultura musical cubana y del sistema de enseñanza artística. De sus aulas y salones han salido para Cuba y diversas regiones del orbe instrumentistas, solistas, vocalistas de realce. Todavía tenemos la guajira y feliz costumbre de perseguir sus rostros por la tele, acto seguido del brinco y la emoción. Por suerte las redes sociales nos mantienen informados de cuanto acontece con nuestros cubanos por el mundo. Ellos, los de aquí y allá marcan el pulso de la nueva generación de músicos, pentagrama del presente y el futuro.



Tocar la Clave

La revista de música Clave vería la luz en 1986 bajo la dirección del musicólogo Idalberto Suco. Durante su primera etapa, que se extendió hasta 1990, sus páginas promovieron y ofrecieron reflexiones en torno a disímiles tópicos de la cultura musical cubana, y su repercusión en otras latitudes.

En 1999 y hasta el presente, dirigida por la musicóloga Laura Vilar, reaparecería esta revista como publicación del Instituto Cubano de la Música. Información y conocimientoactualizado respecto al devenir socio-musical cubano aparece hoy en cada una de sus ediciones. Por los aportes que entraña al conocimiento del entorno musical cubano desde un prisma científico, decidí sostener vía electrónica el diálogo con Liliana Casanella, jefa de Redacción.

  • En Cuba las publicaciones especializadas en música han sido de vital importancia en el reflejo y análisis del acontecer de esta expresión; sin embargo, hoy solo se mantienen de forma sistemática el Boletín Música y Clave. ¿Qué retos impone esta realidad al equipo editorial de la segunda?
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Sin lugar a dudas, sostener la salida sistemática de una revista especializada resulta un reto por múltiples razones; algunas de ellas de índole económica; otras, de planificación y, en buena medida, por la necesidad de mantener un banco editorial que permita tener trabajos que cumplan las exigencias de la revista para su publicación.

La ausencia de otras publicaciones especializadas en música con diferente perfil, llena de expectativas a los lectores que buscan en sus páginas trabajos que no siempre se ajustan a los objetivos de Clave. No obstante, se pretende tratar de cubrir la mayor cantidad de temas posibles, lo cual también es difícil pues se trata de abordar la música popular y la académica y dentro de cada una, diferentes estilos, intérpretes, autores, etc., así como artículos o ensayos que aborden los vínculos de la música con otras artes o que aporten la mirada de otras disciplinas hacia la música.

Como siempre se recalca, Clave no es una revista musicológica, sino de música, por lo tanto, tiene la posibilidad de acoger múltiples miradas acerca de la música cubana, en primer lugar, aunque no desdeñe acercamientos a manifestaciones foráneas.

  • Desde hace algún tiempoClave asume la categoría de publicación científica con la certificación del CITMA, por ello la revista se nutre de resultados investigativos desde la perspectiva musicológica, fundamentalmente, y otras áreas como la historiografía, la sociología, la literatura y consumos culturales, entre otras; ¿exige de un lector “ideal” o se concibe para público de formación heterogénea?
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  • Desde el año 2009 Clave es considerada publicación científica, la única dedicada a la música que cuenta con esta categoría, lo cual es sumamente necesario. Ello implica mayor rigor con la selección de los trabajos. El perfil de la revista busca textos de análisis y reflexión, aun cuando el corte de la investigación sea historiográfico, se trata de trascender la simple enumeración de datos y que los autores den a conocer nuevos puntos de vista, la aplicación de teorías investigativas actuales y cualquier tipo de información que enriquezca los estudios sobre música en el país.

A partir de este momento, predominan los resultados de investigaciones de grado y posgrado (tesis de licenciatura, maestría y doctorados), fragmentos de libros en proceso editorial, así como artículos, ensayos, entrevistas relacionados con los temas de investigadores y especialistas de cualquier procedencia, siempre y cuando se vinculen con la música cubana.

 

Sin embargo, a pesar de que los trabajos poseen un grado de especialización notable, se intenta que los textos sean asequibles para todo tipo de público. Por supuesto, el lector especializado siempre tendrá cierto grado de competencia que le permita interactuar mejor con el contenido de cada edición pero, ciertamente, la aspiración es convocar un público lector lo más heterogéneo posible en cuanto a edades, ocupaciones e intereses.

Ahora bien, debe tenerse en cuenta que cuando fue concebida, Clave no competía con otras publicaciones en cuanto a objetivos editoriales. De hecho, luego de su reaparición en la segunda época, convivió con muchas revistas de diferente perfil, cada una con intereses bien definidos. En la actualidad prácticamente las revistas de música se encuentran extintas y su regularidad de aparición también se ha visto afectada por múltiples razones. Es esta quizás una de las causas de que se le exijan otras características que la acerquen más a publicaciones de perfil más amplio y a los intereses del gran público.

La aspiración es que el diapasón editorial se abra lo suficiente como para atender las expectativas cada vez más crecientes de quienes deseen leer sobre música cubana.

  • Por lo general existe una temática central en cada entrega, ¿existe algún plan temático que rija intereses editoriales?
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La decisión de elaborar dossiers con frecuencia responde a las posibilidades mismas de cada tema, de cuántas miradas diferentes o complementarias pueda este aportar y, por supuesto, con la existencia real de trabajos que se relacionen con el núcleo temático seleccionado. Al tratarse de una publicación especializada no siempre se abordan asuntos de inmediatez pero se trata de que, al menos, los escogidos intervengan en el diálogo que la sociedad establece con la academia o con otros sitios de posicionamiento en cuanto al conocimiento musical.

Liliana Casanella/ Foto tomada del blog La Isla y la Espina.

El diálogo permanente con investigadores, pedagogos y especialistas que han tenido la posibilidad de desempeñarse en ámbitos tan diversos como el mundo editorial o el discográfico –por solo mencionar dos de esos campos–, permite detectar carencias informativas que, en un momento determinado, pueden servir para seleccionar el tema central de una edición. Así sucedió por ejemplo, con el número monográfico especial sobre género musical en el país y, más recientemente, con el dedicado a la revisitación del trabajo del Grupo de Renovación Musical.

  • ¿Consideras que Clave cuenta con una representación efectiva en la red de librerías del país? Por otra parte, una publicación convertida en bibliografía de obligatoria consulta para los interesados en los procesos sociomusicales en nuestro país, demanda –según los momentos actuales– una visualidad en el ciberespacio. ¿Qué experiencias y perspectivas aguardan al respecto?
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Todavía es insuficiente la presencia de la revista, sobre todo en provincias. Quizás con los nuevos sistemas de distribución Clave pueda llegar a más lectores en todo el país. En este sentido, cada localidad puede solicitar a las dependencias del ICL la adquisición de los ejemplares que estime pertinentes y así contribuir a captar lectores y consolidar los espacios que ya ha ganado.

La presencia de la revista en el mundo digital es un proyecto en el que se trabaja arduamente. En estos momentos el sitio web de la publicación ha sido mudado a software libre y se encuentra en fase de rediseño, aunque todavía no se encuentra funcional. Mientras, se puede acceder a la multimedia de la revista que incluye todos los números de la primera época hasta el último en circulación de la segunda a la fecha de terminación del producto editorial.



Con-Ciencia para dialogar la música

En ocasiones manifiesto mi no adicción para hablar de voces canonizadas. Desde hace algunos años disfruto echar algunas conversaditas con alguien que más que un teórico fuera de serie, para mí es un amigo. Habrán transcurrido unos cinco años desde que vía digital sostuve este diálogo con Joaquín Borges-Triana, para muchos, el Joaco. Se trata de una de tantas conversaciones con el melómano crítico, indagador, oyente y acucioso promotor de lo que denominó “Canción Cubana Contemporánea”. No obstante al tiempo transcurrido, gusto de volver a estas “tecladas”, y aprovecho para ponerlas a disposición de los que por la escucha sueñan.

–Joaco, cuando de hablar de música cubana o hecha en Cuba se trata prevalecen dos discursos fundamentalmente, el popular y el académico. ¿Crees que exista un punto de conciliación? ¿Al pueblo le interesa el discurso académico?

En mi opinión, ese punto de conciliación entre el discurso popular y el académico sobre la música lo debe desempeñar la prensa en sus distintos modos de proyección, digamos la diaria, la semanal, la mensual, con las distintas características que en cada una de ellas debe asumir el trabajo periodístico, es decir, desde el puramente informativo hasta el de análisis crítico, ya sea semiespecializado, especializado o no. Lo que pasa es que por diversas razones, una estructura así como la que sugiero entre nosotros hoy no funciona o si funciona, lo hace mal, por lo menos en cuanto al asunto de la música se refiere. Por supuesto que al pueblo no le interesa el discurso académico acerca de la música, ni tan siquiera lo conoce.

 –¿Quiénes son los académicos “autorizados” para abordar el entresijo musical? Hoy más que nunca la ciencia musical se debate entre musicólogos, sociólogos, historiadores del arte, filólogos y periodistas. ¿Existen hoy en Cuba estudios transdiciplinarios que logren conectar estos saberes?

Antiguamente en el ámbito foráneo lo musical era solo abordado por la Musicología y la Etnomusicología. En el caso cubano, dado que no existen las diferencias establecidas entre una y otra rama, como sí sucede en muchos otros lugares del mundo, sino que solo contamos con la Musicología, en la división interna del trabajo científico es a dicha manifestación a la que “oficialmente” le han asignado abordar el entresijo musical. Lo que sucede es que en el plano internacional, desde comienzos de la década de los 80 del pasado siglo, en buena medida gracias al rock y al pop, surgieron los que se conocen como Estudios de Música Popular, que primero tuvieron un fuerte énfasis en las manifestaciones sonoras que les dieron origen y en consecuencia un enfoque muy anglosajón, pero que luego se fueron abriendo a todo lo que acontece en materia de música popular a escala universal. En esta perspectiva académica, entran las distintas ramas de las ciencias sociales y que han visto en la música un importantísimo objeto de investigación, desde enfoques multi, inter y/o transdisciplinarios. Lamentablemente en Cuba estamos aún en pañales en este sentido, aunque por fortuna empiezan a aparecer jóvenes cientistas sociales interesados en aproximarse al tema.

 –A la perspectiva musicológica se unen las herramientas que brindan el análisis del discurso, los enfoques de género, consumos culturales, identidades, diáspora… ¿hemos asumido esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales o aún estamos lejos?

Efectivamente, en el caso cubano, en sentido general y con sus naturales excepciones, todavía estamos muy lejos de asumir esta otra posibilidad de estudiar los procesos musicales y que hoy se utiliza tanto en otros sitios del mundo. Pienso que ello tiene que ver con la subvaloración que de la música ha existido en nuestro país, en especial entre nuestros académicos e intelectuales, que solo han visto en la manifestación una expresión de “gozadera” y, por tanto, no se han percatado de que a través de estudiar la música es posible analizar a su vez muchos de los fenómenos que en el presente se dan en la sociedad cubana.

–El análisis de la expresión sonora está plagado de estereotipos, reduccionismos y silencios. La expresión “Música Cubana” a menudo restringe su significado sólo al ámbito de lo popular bailable, suelen obviarse la amplia gama de sonoridades que conforman el concierto cubano. ¿Compartes la idea de “Sonidos Incómodos”?

Sí, me parece que es una idea que expresa exactamente ese reduccionismo al que se refiere la pregunta. Hay que tener en cuenta que entre los cientistas sociales cubanos siempre ha habido una preocupación mayor por la tradición de la música folklórica, en especial la de origen afro, canonizada como espacios de “pureza” artística o patrimonial. Al ámbito urbano suele vérsele como un espacio de mezcla e influencia externa; menos puro, digamos, y donde se cree que han primado sólo criterios comerciales.

 –¿Quién le tiene miedo a la música? ¿Por qué aún no cuentan con la misma visibilidad los estudios de rock, rap, música electrónica…?

Yo respondería con una frase de Silvio Rodríguez: “los delimitadores de las primaveras”, entre los que se incluyen esos “patrulleros de la tradición” que suelen pasar por alto que la cultura cubana siempre ha estado abierta a los cuatro vientos y ha tenido una asombrosa capacidad para asimilar patrones culturales foráneos, hoy expresada en la nueva sensibilidad que se da entre artistas de varias generaciones, portadora de una lógica diferente y que borra las fronteras convencionales o estamentos estancos a los que siguen aferrados esos “patrulleros de la tradición” y que le tienen miedo a la música.

 –Y el reguetón, ¿se ha convertido en una palabra tabú para el análisis intelectual?

En el no. 5 de este año (2014), correspondiente a los meses de septiembre-octubre, en La Gaceta sale publicado un texto del desaparecido Danilo Orozco, que en mi opinión resulta fundamental para entender esto del reguetón. Con la sapiencia que siempre le caracterizó, Danilo deja claro cómo la picaresca textual de la música popular cubana pasa por un proceso de continuidad y ruptura en el reguetón, lo cual es parte del proceso histórico mediante el cual expresiones musicales subalternas consiguieron erosionar las barreras defensivas de las élites letradas y a la postre desarticular su resistencia, incorporando, desde el espacio del baile popular, los ritmos y vocablos proscritos al acervo nacional.

Quien se piense que el reguetón solo es expresión de lo banal y proposición de un simple divertimento, no se da cuenta de que la manifestación, al resultar un ideal que integra referencias y preferencias culturales, patrones de gusto y estilos de vida, está cuestionando convenciones sociales, quebrando normas, subvirtiendo patrones y códigos legitimados por la práctica social anterior, con lo cual genera sus propios espacios de intercambio, de disfrute, y promueve una imagen de éxito, diferente a la que entre nosotros ha prevalecido en lo concerniente al ascenso social.

 –Algunas corrientes o estilos de la música han adoptado la denominación underground, ¿Consideras este término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical?

Creo que es importante dejar claro que en el lenguaje académico, el término undergroundse emplea para referirse a escenas alternativas no comercializadas, en virtud de que la mayoría de los intérpretes de ellas están ocultos e inaccesibles a las personas que no se hallen al tanto de dicha escena. Si aceptamos dicha definición de gentes como Roy Shuker en su célebre Diccionario del rock y la música popular, por supuesto que el término pudiera aplicarse a algunos estudios y perspectivas analíticas del hecho sociomusical.

–Eres de los que sostiene la idea de narrar la historia de la nación a través del devenir musical, te has aventurado en títulos como La luz bródery otros, ¿y las editoriales, manejan lo suficiente esta posibilidad?

Penosamente tengo que decir que no. En sentido general, las editoriales cubanas tienen muy poco interés por los libros sobre música y menos desde la perspectiva que yo los escribo. Mi tesis doctoral, un estudio acerca de la escena de lo que he dado en llamar Música Cubana Alternativa, se publicó en Barcelona y ha estado años en una editorial cubana que aprobó el texto, pero que por una razón u otra no lo ha sacado.

Tengo otro libro en el mercado internacional (editado en USA), que es un trabajo sobre la relación entre música cubana y diáspora en los últimos años. De este (en una institución de nuestra esfera editorial y de la que no daré el nombre) me dijeron que el material no era de interés para los lectores en el país. Ahora está a punto de concluirse una antología de ensayos que he compilado acerca del tema del reguetón en Cuba y que por lo pronto, también saldrá de inicio fuera del país. En fin, a lo mejor en un futuro nuestras editoriales se interesan por estos temas.

 –Sin hacer gala de datos estadísticos que no poseo, observo en librería algunos títulos de música morir de polvo y olvido. Como autor-lector, ¿crees que exista en el país una política de promoción que contribuya a la eficaz comercialización de estos libros?

Para nada. Una política así es algo que brilla por su ausencia. Ello es parte del desinterés o subvaloración que entre nosotros se da por el análisis del hecho musical, cosa verdaderamente lamentable y no porque lo diga yo. Humberto Eco, que sin discusión alguna es uno de los más grandes pensadores de las últimas décadas a nivel mundial, ha escrito que para comprender la sociedad contemporánea, de manera obligatoria hay que estudiar el mundo de las discotecas y de todo lo asociado a dichos sitios, comenzando –¡claro está!– por la música consumida por los jóvenes. Tal afirmación es también aplicable a la realidad cubana, aunque muchos no lo quieran ver así. Digo yo.

 –Más allá del estante, ¿qué otros escenarios favorecen la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical?

En primerísimo lugar, el escenario docente. Pero ocurre que tampoco entre nosotros existen cátedras donde los posibles interesados puedan acercarse al estudio de la música desde la perspectiva multi, inter y/o transdisciplinaria por la que yo me decanto y me he pronunciado en esta entrevista.

Así, por ejemplo, a los estudiantes de Musicología ni a los de Sociología se les imparte una asignatura tan importante como es en la actualidad Sociología de la Música, materia que a escala internacional ha generado abundante producción bibliográfica. Lo mismo cabe afirmarse de los Estudios de Música Popular, que no forman parte del programa docente de ninguna carrera.

Si esto fuera de un modo diferente, en ese escenario docente por obligación se favorecería la promoción y comercialización de la literatura referida al ámbito musical, como sucede en muchos sitios del mundo, en los que las editoriales asociadas a las distintas universidades son las que en primer lugar publican esta clase de libros, tanto para el consumo de los académicos como para el de cualquier ciudadano de a pie interesado en la materia.



¡Reine usted, Señor Bolero!

 

¿Quién dijo que el sentimiento/ no tenía forma humana?/

¿Quién se asoma a la ventana/ y con un cristal de aumento/

dimensiona su instrumento/ con voz de imposible altura?/

Joel derriba la oscura/ pared que esconde el delirio/

y haciendo brotar un lirio/ encandila la locura.

(“Homenaje a Joel Leyva” – José Orpí Galí)

La cancionística cubana, diversa y universal, es motivo de disfrute para varias generaciones de cubanos y oyentes internacionales. El bolero es uno de los embajadores culturales de los aquí nacidos. No es de extrañar que los intérpretes se apropien de piezas antológicas y otras que aunque menos conocidas, son asumidas por quienes desde el canto las hacen suyas, y también por aquellos que desde la escucha le otorgan vida.

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“Soy más de guitarra en mano”

 

No soy un hombre universal/ de los que surgen de un papel/ soy de tiempo y de

lugar/ no soy un hombre racional de esos que no quieren ver/ soy de aquí y soy de

allá/ soy hombre que asciende entre gritos de la humanidad/ no importa mi nombre

yo sé bien cuál es mi lugar/ a veces no entiendo ciertas cosas de la sociedad/ si

siento o padezco es que tengo la necesidad/ mira que el tiempo pasa, ya es hora de

hacer algo por mí.

No soy un hombre universal/ de los que surgen de internet/ soy bohemio natural/no

soy un hombre radical que cuestiona lo que ve/ soy humano y nada más/ (…)

(Bohemio Natural, Nelo González)

Si se quisiera dialogar con Onelio González Hernández, o simplemente Nelo, un buen lugar por donde comenzar serían sus canciones. El joven trovador de 25 años habla con afectos del Cobre y sus vecinos, aunque en Santiago toda y la Casa del Joven Creador encuentra su mejor domicilio. La gama literario- musical de sus propuestas es variada, incursiona en el tradicional tópico amatorio a la usanza de voz y guitarra en títulos como He visto tanto, a lo trovadoresco con incidencias del pop y la balada en otros como Libre, Más allá del horizonte y Encuentro certero.

Otras piezas develan un esmerado recubrimiento musical con el uso de secciones de cuerdas en el paratexto Devuélvemelo todo o a través del empleo de teclados y flauta en El fantasma de un recuerdo. Mas la canción trovadoresca cual documento-manifiesto del joven trovador llegan con Bohemio Natural. Otras entregas como Buscaré la razón –hermoso trabajo musical a voz, guitarra, chelo y piano- y Secretos en el tiempo registran la inquietud filosófica del hacedor.

¿Cuándo te descubriste en el universo trovadoresco?

Soy graduado de Artes Plásticas por la formación de Instructores de Artes. En la escuela empecé a tocar la guitarra, a vivir ese mundo de lo que es la música. Las primeras canciones que interpreté fueron las de Eduardo Sosa. Hoy tenemos una gran amistad, de las cosas más bonitas que me han sucedido. Yo cantaba sus canciones y otras, y no sabía que estaba haciendo trova. Ya en el servicio militar recurrí a Silvio y Pablo, Carlos Varela, Geraldo Alfonso, pero sin la búsqueda de definiciones. Lo que sí decidí en ese periodo fue que me iba a dedicar por entero a la música.

Nelo González (Foto tomada de “El Creador”, una producción audiovisual con  Guión y Dirección: Enrique Fumero; Fotografía y Edición: Rubén Aja. AHS, 2019 )

Logré enfocarme en esa idea y cuando salí, entonces me ubiqué en lo que para mí es la trova. Conocí a la profesora y narradora oral Bertha Ferrer, la persona que descubrió mis primeros intentos y organizó una peña e insertó en sitios de su coordinación.

Por aquel momento también conocí al maestro José Aquiles, quien me hizo indagar aún más en el universo trovadoresco e invitó a su espacio El Menú. Entonces llegué a la Asociación Hermanos Saíz por exhortación del propio Aquiles. Conocí al cantor, compositor y productor musical Melvin Rodríguez, quien grabó mis primeras canciones.

Tuve la oportunidad de que quien fuera un gran maestro y realizador radial, Salvador Virgilí, me escuchara sin importar de dónde venía, y se comprometió a promocionar mi trabajo. A partir de entonces me incorporé a los festivales y espacios de la trova. Así fueron mis inicios en este mundo del que no logro desprenderme.

Tu creación emerge en un momento en que el panorama trovadoresco santiaguero se muestra “discreto” en cuanto a jóvenes hacedores ¿qué te invitó a persistir?

¿Sabes qué pasa? Ese desconocimiento que tenía sobre la trova me llevó a ser un hombre más de pueblo, y siempre procuro ese contacto. Las canciones son mías porque las escribo pero no son para mí. Lo que hago tiene el propósito de hacerse entender por todo tipo de público. Soy poco catedrático en mi discurso, trabajo letras muy sencillas, aunque lo sencillo también es difícil.

Siempre que existan jóvenes con un hacer, aunque sean pocos, será bienvenido. El ser cubano y llegar a cada rincón marcó la constancia. Eso me ha hecho ser de aquí, no sé si mañana esté porque soy de los que construyo el día a día. Cuando tuve conciencia de mi hacer trovadoresco me hizo persistir la razón de ser santiaguero. Mientras esté haré todo lo posible porque Santiago siga siendo la cuna de la trova.

La AHS y la Casa del Joven Creador en la provincia te significaron la oportunidad de tus primeros espacios y públicos. Cuéntame de estas experiencias.

Nelo González (Foto tomada de “El Creador”, una producción audiovisual con  Guión y Dirección: Enrique Fumero; Fotografía y Edición: Rubén Aja. AHS, 2019 )

Comencé y tuve la suerte de que cuando vine a la Asociación por primera ocasión llegué un lunes al medio día, estaba Eduardo Cedeño como presidente, y dos días después había un encuentro de trovadores en la Casa. Llegué, me presentaron y subí al escenario; canté Bohemio natural por primera vez en público y fue un impacto total.

Todo el que estaba se puso de pie, la gente aplaudió muchísimo y a partir de ahí se sucedieron una serie de momentos, situaciones que me llevaron al crecimiento de mi trabajo. Empecé a presentarme en varios espacios de la ciudad. Soy muy ambicioso en ese sentido y haré lo posible por estar en cada rincón de Santiago.

Pienso que la AHS es el andamiaje que siempre apoya mi carrera, y tiene que existir una reciprocidad. Son muchos los espacios y oportunidades que me ha dado, por eso siempre me referiré a ésta de la mejor manera.

Soy una persona a quien le gusta su soledad, su espacio, hablando profesionalmente. A veces me resulta incómodo socializarme, incluso con otros trovadores, porque tengo una actitud diferente. Pienso que el objetivo es hacer música y no competir con otras personas. A veces eso pasa factura, el vivir en una competencia constante con otros músicos por tratar de ganar más públicos.

Hago canciones que tengan un sentido y que lleguen al corazón del pueblo. No hago canciones para que otros músicos me halaguen o critiquen. Siempre las críticas son importantes y las escucho pero no es mi brújula de trabajo. Prefiero prestar atención a lo que las personas dicen en la calle, saber qué piensan y opinan porque me nutre para cantar y decir cosas que de alguna manera les puedan interesar.

Hay algo que me resulta interesante y es que Reynier Fernández y tú han salvado las distancias y ausencias de los jóvenes y no tan jóvenes trovadores de la Casa de la Trova Pepe Sánchez…

Mi opinión es que esto que ocurre obedece a fronteras que crea el hombre. Las personas son quienes crean las divisiones, la música no. Aunque Reynier y yo somos de promociones diferentes, hemos roto los prejuicios con respecto a las presentaciones de jóvenes trovadores en la Casa de la Trova. Yo me desprendo de todo eso. Lo mío es tratar de unir a las personas, no fracciono las generaciones, las uno, a eso me dedico.

A veces las propias instituciones crean exclusiones cuando emplean etiquetas y clasificaciones entre los trovadores. La trova es una, por supuesto, las cosas no pueden quedarse igual. Hay una evolución, también está el mundo digital, tecnológico, la trova ahora no se escucha como en años precedentes. Entonces es mejor pensar en lo que podemos hacer, en construir, porque romper algo es muy fácil.

A mí me funciona la interacción con el público de la Casa de la Trova tanto como con el que asiste a otros escenarios. Tengo la dicha de que me sigan muchos jóvenes, lo que para mí es una gran virtud y una ardua labor. Siempre busco ahondar en mis canciones temas que reflejen diferentes problemáticas con las que cada cual se identifique, desde el más pequeño al más adulto.

Los trovadores se caracterizan por sus andanzas musicales a lo largo del país, háblame de las tuyas. A veces se torna un tanto difícil el asunto de viajar pero siempre trato de presentarme en otras provincias y tengo muy buena impresión de los lugares en los que he estado. Un lugar que siempre amo y me encanta es Bayamo. Desde que hace alrededor de dos años fui, regreso con frecuencia y es espectacular.

Guantánamo es otra plaza que siento como un espacio bien bonito. El Festival de la Canción Política es un momento que priorizo, siempre que me llaman, asisto. El público brinda buena acogida, son personas muy sensibles y eso me identifica.

La capital es un lugar del que gusto pero en el que a veces me cuesta trabajo relacionarme con la parte más espiritual. Es otro el ritmo de la cotidianidad y a veces no encuentro el momento para pensar en las pequeñas cosas. He tenido presentaciones en el Pabellón Cuba en el espacio que coordina Silvio Alejandro.

Hace poco alcanzaste la llamada profesionalización y el ingreso al catálogo de la Empresa de la Música Miguel Matamoros, ¿qué se propone Nelo González a partir de aquí?

Lo veo como un momento necesario, el reconocimiento al trabajo y, además, la forma de vivir de lo que haces, algo que siempre es muy lindo. Es una etapa más de la carrera artística, es una realidad y un día será historia. Lo veo como una realización porque es de las metas que uno se traza. Tenemos que ser mejores personas cada día. En ocasiones encontramos gente joven con talento que no proviene de la academia, porque en ella no te enseñan a ser trovador, y tenemos que ser más flexibles no solo con los trovadores sino con cualquiera que tenga una vocación de manera autodidacta.

No debemos poner los gustos personales por encima de lo que es capaz de hacer alguien. Lograr la profesionalización puede tornarse muy difícil, aunque hay muchos que pueden considerarse artistas y profesionales sin estar avalados por una documentación.

Nelo González (Foto tomada de “El Creador”, una producción audiovisual con  Guión y Dirección: Enrique Fumero; Fotografía y Edición: Rubén Aja. AHS, 2019 )

¿En qué proyectos te encuentras inmerso en este momento?

Ahora mismo trabajamos en un disco fruto de la beca El reino de este mundo, aprobada en 2018. Tenemos previsto grabar con el sello EGREM. Es un trabajo al que los músicos y yo le tenemos mucha fe. Son canciones pensadas hace un tiempo ya, muy bien concebidas, y deberá estar listo para el próximo año.Hasta ahora he previsto nombrarle Versos y utopía, aunque esto puede cambiar.

Todas las composiciones son de mi autoría y van encaminadas a un público diverso, algunas piezas que gustarán más al bailador, y otras dirigidas para aquel que prefiere escuchar. Hasta la música más bailable tiene su concepto, moraleja e historia. Yo tengo el son y la presencia de elementos del changüí muy arraigados en algunas de mis piezas.

Pensamos incluir también la realización audiovisual. Hay un documentalista, Marcell Martínez, colombiano amigo nuestro, que tomará imágenes del proceso de grabación. Ahora mismo soporto la estructura musical con guitarra, acompañado con bajo, otra guitarra acompañante, set de percusión menor, saxofones (alto y tenor). Espero que a la gente le guste el disco. No trabajo para premios, con que las personas lo escuchen y acepten, que cuando suba al escenario, el público las conozca y tararee, me doy por premiado.

¿Eres de los que privilegias la promoción de tu trabajo en las plataformas digitales?

Tengo redes sociales pero soy un poco chapado a la antigua. A veces las cosas en las redes me resultan ficticias. Me gusta más vivir el momento en el escenario. Por las redes promocionas lo que haces, subes un contenido y las personas pueden llevarse la impresión de un gran trabajo y, cuando vas a la realidad del asunto, no es tan así.

Yo prefiero que las personas vean la realidad en vivo, creo más en la comunicación trovadoresca más tradicional. En ocasiones la modernidad me cuesta trabajo. Suele ponerse todo en manos de la tecnología y puede ser un arma de doble filo. A veces es engañoso y te engañas a ti mismo. Soy más de guitarra en mano.

La AHS para ti no es solo la plataforma para el creador sino que además integras la directiva de la filial santiaguera. Coméntanos sobre el reto de hacer coincidir tu arte junto a este compromiso.

Cuando accedí a ejercer como vicepresidente de la filial santiaguera lo acepté con amor. Estoy totalmente identificado con la AHS y desde acá trato de ayudar a quien lo amerita. El trabajo creador en mi caso como trovador lleva mucho tiempo y llevar la vicepresidencia en ocasiones se hace complicado pues hay que decidir, jerarquizar, a veces entre una y otra cosa.

Estoy para ayudar a los jóvenes y menos jóvenes que quieran llegar a la Asociación. La Hermanos Saíz para mí es mucho más que una institución, es mi casa, mi madre. Ha sido la que me ha visto crecer, me ha dado de lo poco que tengo, el mayor por ciento. Abrir las puertas a los jóvenes con talento que llegan, es la idea. Acá tenemos un equipo de trabajo cohesionado, en la presidencia y en la directiva de la Casa. Los creadores siempre encontrarán el ambiente propicio para sentirse en casa.



«Lo que escribo… esa es mi ventana abierta»

Yo tenía unos 14 años cuando quedé subyugada ante una postmoderna versión del Son de la Loma. Era una noche de 1998 en la Sala de Conciertos Dolores, y a teatro lleno el dúo Postrova presentaba una particular manera de trovar.

En mis años por Holguín y en días de Romerías tuve acceso como público a la obra de Eduardo Sosa en su carrera individual. Marzo nos hace coincidir desde hace casi 10 ediciones ya en días del “Pepe Sánchez”.

Sosa, además de sus reconocidas cualidades musicales es un gran ser humano, vacilador, jocoso, con una carcajada espléndida, alguien que a la vez suele tomar el trabajo muy en serio. Por eso, aunque concordamos con cierta asiduidad en geografía santiaguera tuvimos que postergar esta conversación.

 Un torrencial aguacero de agosto de 2018 intentó sabotear el pacto, pero le sostuve la mirada a la lluvia y por fin pude llegar al lobby del hotel Las Américas. Timbré al nagüito y en breve me recibió. Lo primero que hizo fue invitarme a degustar algunas de las canciones de su producción discográfica Allá voy en compañía de un café.

Guardé este diálogo concebido para otro proyecto, con el egoísmo con que las abuelas atesoraban ciertos avituallamientos familiares. Pero las canciones de Eduardo son algunas de mis canciones de cabecera, por eso hoy les comparto la lluvia.

Sosa junto a Teresa Melo y Lino Betancourt. Evento Teórico del Festival Pepe Sánchez. Foto: Archivo de la autora.

Hay un arraigo en muchas de tus canciones de tu entorno vivencial de origen. Cuéntame de esas influencias al momento de componer.

Yo creo que uno siempre va a tener influencias del entorno en que viva, a partir de lo cual se plasme en todo lo que escriba, ya sea un novelista, poeta, un trovador, yo creo que el entorno siempre marca y, en mi caso, viví unos años de infancia tan felices que siempre salen de alguna manera.

Por otra parte estaba mi abuela, que era qué se yo, la bujía, la persona que más me animaba y mantenía siempre en contacto con la música porque a ella le gustaba mucho cantar, escuchar mucha radio, y oía los programas musicales.

Y uno lleva esa marca, yo ni siquiera me lo propongo, de buenas a primera hay un tema que quiero desarrollar e inevitablemente ese tema transita por mis vivencias personales y por el entorno rural en el que me desarrollé, a lo mejor es una frase, a lo mejor es una imagen, a lo mejor es la misma musicalidad. Claro, es algo que sale sin que sea un propósito. Me alegro mucho de que sea así porque realmente en mi vida cotidiana soy muy dado a conservar y a querer y a refugiarme también en todas esas vivencias rurales que tuve en mi infancia y en las cosas que viví ese tiempo allí.

He leído en otras entrevistas que no había antecedentes musicales en tu familia pero como mencionas, tu abuela era muy musical y también tu abuelo rasgaba el tres.

Sí, eso me lo contaron. Yo no lo recuerdo, era muy pequeño. Mi abuelo murió cuando yo tenía cuatro o cinco años, pero sí, dicen que mi abuelo agarraba el tres y lo hacía sonar, le sacaba alguna que otra música. Mi abuela cantaba todos los días y se sabía muchas canciones de la trova.

De hecho, había una historia bien bonita sobre su juventud en que alguien de una compañía que estaba por aquí quiso contratarla para que cantara en algún sitio y, por supuesto, mi bisabuela se negó con la excusa de que eso no era vida para una muchacha decente, ese tipo de prejuicios que existía y sobre todo en zonas rurales.

Luego ya mayor desgraciadamente por causas de enfermedad tuvieron que extirparle el tabique, y era increíble cómo con la voz dañada era muy afinadita, tenía un timbre de voz muy limpio, muy bonito, la verdad que sí, bueno, al menos así lo recuerdo yo. (risas)

La abuela de “Mañanita de Montaña”… Hay mucho de nostalgia hacia el entorno familiar en esta canción.

Esa es una canción que escribí cuando estaba viviendo en la casa de visita del Instituto Cubano de la Música, eso está en 5ta Avenida y 90, es una zona totalmente citadina. Estamos hablando posiblemente de la arteria cubana más renombrada, más “fashion”, por llamarla como dicen ahora los muchachos, pero realmente me hacía falta eso que yo vivía en las mañanas.

Era muy diferente despertar en 5taAavenida con el olor a gasolina, asfalto, los neumáticos quemados, el transitar de los carros y yo como de buenas a primera sentí la nostalgia por aquellas mañanitas, con sus despertares mucho más apacibles, con el canto de las aves o mi abuela que a veces me llevaba un poquito de café a la cama para que me fuera despertando.

En fin, comencé a tejer la historia por ahí y cuando salieron los primeros versos me di cuenta que era un camino adecuado como para rendirle un poquito de tributo a mi abuela…  (se hace un silencio lleno de carga sentimental, un chasquido indica seguir al próximo tópico).

Eduardo junto a Víctor Casaus. Festival Pepe Sánchez, Sala Dolores. Foto: Archivo de la autora.

¿Y cuándo comienza tu relación con la trova como oyente y tus primeras interpretaciones?

Mi abuela lo que más cantaba eran canciones de la trova. De hecho, las dos primeras canciones que yo aprendí completicas fueron Veinte años y Obsesión, y me las enseñó ella. Cantaba muchas de esas canciones, y yo las escuchaba, no es que fuera lo que más perseguía, no es que yo conscientemente buscara ese repertorio, recuerda además que en emisoras como Radio Progreso había programas donde ese tipo de repertorio constantemente se pasaba, y ella era una aficionada, empedernida, a la radio.

También el hecho de que en mi casa no había televisión en ese momento y entonces en la radio se escuchaba todo tipo de música y yo los escuchaba. Cuando era niño se hacían  programas para niños con música infantil de verdad, con canciones infantiles, no como ahora que llevan a los niños a sus cumpleaños con música de reguetón. Nosotros escuchábamos aquel repertorio y era bien interesante, aquellos famosos Yoyos, Tía Tata cuenta cuentos… y entonces en el caso de la trova el ambiente familiar incidió, de manera espontánea.

Ya luego cuando vengo a estudiar a la Vocacional de Santiago de Cuba es que comienzo a tener el contacto con gente que tienen otros conocimientos, incluso muchachos que estaban allí pero habían estudiado música. Recuerda que antes entrar a la Vocacional era como un premio que le daban al estudiante. Y

o me involucro inmediatamente con el Movimiento de Aficionados y comienzo a tener contacto con las canciones de Silvio, de Pablo, por supuesto, las de José José, Roberto Carlos, los Mariachis Mexicanos, en fin, la madre de los tomates. Entonces es cuando comienzo esa relación con las canciones de la trova y a tener el interés por hacer canciones alrededor de los 14 años, por ahí es que asoma la idea de tratar de decir cosas, aunque fueran cosas ya dichas por todo el mundo, pero quería decirlas yo. (risas)

Estudias en la Vocacional y luego en la enseñanza pedagógica en Educación Musical. Cuéntame de tu vínculo con el entorno santiaguero de entonces, la Casa de la Trova y sus trovadores, entre otros nexos.

El contacto con ese tipo de música ni siquiera lo busqué. Yo venía a los eventos y festivales que se hacían en la Casa del Estudiante, que está al lado de la Casa de la Trova, era inevitable que me fijara en aquello. Anteriormente estos festivales de artistas aficionados tenían un nivel tremendo, y allí conocí a gente como Palma, el de los Jóvenes Clásicos del Son, Coco Freeman, en fin, a una cantidad de gente que estaba participando en esos eventos y tenían una formación más avanzada porque eran de mayor edad.

Ellos te invitaban a ver lo que pasaba en la Casa de la Trova y, cuando me asomé, fue descubrir el sitio donde quería estar. A partir de las 10 de la mañana era todo el tiempo los músicos tocando. Tuve la posibilidad de ver ahí a Maduro en el cuatro; a Compay Segundo cuando aún no tenía el reconocimiento que luego alcanzó; a Eliades, a todos esos grandes músicos yo los vi allí sentaditos; a la Familia Valera Miranda, que por cierto Félix Valera fue de las personas que me ayudó porque él como metodólogo atendía el tema de los aficionados, además de ser instructor, él y Radamés. Ellos eran quienes nos pulían para todos los niveles.

Debo mencionar a Digna Beltrán, la primera instructora que yo tuve en la Vocacional; y a Osvaldo Ayala y Santiaguito Brito que eran muchachos que estudiaban y tocaban guitarra y me enseñaron los primeros acordes. Ya después comenzaron las fugas de la escuela, me quitaba la camisa de uniforme y la metía en una jabita, la cambiaba por el pullover de la Educación Física y me quedaba detrás de los parabanes que hay en la Casa de la Trova, y veía todo lo que sucedía. Yo vi el cartelito aquel famoso que decía “Tócate y despega”.

Y a partir de ese acercamiento es que voy a dar con Silvio. Porque decían “trovador, Silvio”. ¡Pero, caramba, esto es tan diferente a aquello! Y creo que por curiosidad, por ver los puntos de contacto, comienzo a indagar por qué trova tradicional, por qué Nueva Trova, y a obtenerlo no de manera catedrática, si no, allí de verdad, con la gente que lo está haciendo. Y conversaba por ejemplo con Alejandro Almenares. Almenares me conoce desde que yo era un niño, y a veces yo metía la cuchareta, a veces no.

Con esa misma curiosidad llego a Silvio, y me prestan el libro Que levante la mano la guitarra, ya yo me había ido a Tumba Siete a terminar el pre, y con ese libro me vi cantando canciones de Silvio por los cafetales y digo “esto me gusta, es distinto, me interesa”, y la curiosidad me fue llevando de una cosa a la otra.

Silvio decía que le gustaba leer a Vallejo y yo fui a buscar a Vallejo y no lo entendí, todavía sí me pierdo un poco con él, acuérdate que su poesía es compleja ¿no? Pero eso me hizo saltar a otros poetas, a otros trovadores, a otras maneras de hacer la canción que me enamoró rotundamente; y aunque para conseguir noviecita seguía cantando a Roberto Carlos y a José José, lo que yo quería escuchar realmente, lo que consumía para mí, era Silvio, Pablo, Vicente, Joan Manuel Serrat… Sabina vine a descubrirlo mucho después. Por ahí es el acercamiento inconsciente y consciente al mundo trovadoresco.

¿En qué modos influyeron el acercamiento a la obra de José Aquiles Virelles y su entonces Peña El Escorpión, así como otros vínculos con el quehacer de un grupo como Muralla y otros creadores en ese entorno santiaguero?

La Peña El Escorpión se hacía en la Biblioteca “Elvira Cape”. Mira, estaba Muralla, Salgado, Felipón, Nicolás, todavía se encontraba por acá con otro tipo de música, Milada Milet que cantaba con un grupo. Había una vida trovadoresca, por llamarlo de alguna manera, bien fuerte, que fue disminuyendo en el periodo especial y que recuerdo quien más tiempo se mantuvo fue Aquiles.

Yo venía del Pedagógico a sus peñas y muchas veces me tenía que quedar en su casa porque regresar era un lío, y ahí conozco a los Aquilitos, eran unos bebecitos y ahora son unos zandangones y artistazos. Eso también influyó muchísimo porque alrededor de esos músicos también se reunían los poetas de la ciudad, promotores, en fin… Teresa Melo, Jackson, León Estrada, Marcial Escudero, Alden González, cuando estaba más en la onda esta investigativa de las artes, Palomino. Era un piquete de gente que amanecíamos sentados muchas veces en la escalera del “Emilio Bacardí” intercambiando trabajos.

Ahí apareció William Vivanco, Rogelio Ramos, y empezaba un intercambio tremendo de literatura, arte, música. Yo no tenía ni idea de quién era Luis Alberto Spinetta, y Demián Rabilero es quien me hace llegar su música. Era una cofradía grande, que servía para enriquecer el acervo cultural de todos nosotros, y además tenía acogida en las instituciones y espacios. Tú ibas a la peña de Aquiles, y sabías que ibas a escucharlo a él, a Felipón, a León y Teresa Melo que iban a leer poesía. Y eso hizo que todos nosotros creciéramos con lo que cada cual aportaba.

¿Es por ese tiempo o un poco después que se encamina el proyecto Postrova?

Postrova vino un poquito después, yo te hablo de principios de los 90 y Postrova comienza en el ’97.  Todavía en ese momento había presión de este ambiente que te hablo pero ya menos; algunos hicieron familia. Comienza la gente a ser un poco más discreta en cuanto al comportamiento “farandulero” por llamarlo de alguna manera. Yo me gradúo en el Pedagógico, me voy a hacer el Servicio Social.

O sea, tú llegas a ejercer como maestro, como educador…

Sí claro. Yo hice un curso y tanto del servicio social.

Ernesto había hecho el dúo con William, a quien le llega la oportunidad de ir al extranjero y entonces Ernesto me propone hacer el dúo. De los arreglos anteriores quedó El son de la loma, otro tema que tenía tiempo de flamenco, y Ódiame, el vals peruano. Empezamos a hacer canciones, fundamentalmente eran canciones mías escritas para el dúo y eso fue en el 97.

Ahí comenzó el asunto con Postrova que desde que salió fue… (gesto de avión), a la gente le encantó. Fue tremendo, muy bonito. Yo recuerdo que nosotros teníamos cuatro temas montados nada más cuando fuimos a las Romerías de Mayo y aquello fue apoteósico y todo el mundo pedía otra y otra, y nosotros decíamos que nos interesaba promocionar sólo esos.

Fue bien interesante y se produce el despegue a nivel nacional, conciertos, presentaciones, llegan las propuestas discográficas. Fueron cinco años muy intensos y con resultados importantes respecto a la acogida del público como de la crítica. Entramos al cine cubano con la película Las profecías de Amanda, en el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana, grabamos con Ana Belén, hicimos discografía con la EMI, Capitol de España, en fin, yo creo que fue tremendo, cinco años muy intensos.

Festival de la Trova Pepe Sánchez. Eduardo Sosa junto a Sonia Silvestra, Sara González y Miriam Ramos. Foto: Archivo de la autora.

Retoño del Monte es una suerte de filosofía popular del trasiego juglaresco cubano en todas sus etapas. ¿Te consideras heredero de esta tradición temática?

Sin proponérmelo, sí. Creo que tuve una etapa de mi vida musical en que era una esponja y además producía con una velocidad tremenda, todo lo que ocurría a mi alrededor yo lo veía como una posible canción, lo que pasa es que luego uno va teniendo límites.

Mi abuela decía “saber mucho es malo”, porque uno aprende a darse cuenta de lo que no trasciende, no propone. No me interesa hacer canciones por hacer canciones. Hoy la calidad de lo que se está consumiendo deja tanto que desear que me doy cuenta de que sí se pueden hacer muchísimas canciones pero a mí me interesa darle una extensión melódica, una intención musical, espiritual, yo tardo mucho en decir sí, con ésta me quedo.

Retoño del Monte aunque es muy autobiográfica, es un tema que se ajusta a mucha gente. Y sí, es filosofía popular, tiene incluso elementos que vienen de mis lecturas martianas, aquello de “Pasa que el tiempo pasa y crecen alas/ La magia sigue siendo no palidecer/ Cruzar la puerta, no perder las ganas/  Buscar el sueño antes de querer/ A fin de cuentas llegará el mañana/ Y tiempo perdido ya no ha de volver/

Pasa que el río de la luz cual río no repite/ Ni siquiera teniendo, y no tiene final/ La luz por luz, cansancio no permite/ Sentir el miedo de que salga mal/ Es el vendaje del que no resiste/ Y se le va la vida sentado en el portal”.

Eso tiene mucho de Martí, tiene mucho de esas lecturas más íntimas, más espirituales. No es de esas lecturas que se hacen para llenar el tiempo, son de esas lecturas que se hacen para llenarte a ti. Y es una canción que aun cuando salta de esa filosofía, por llamarlo de alguna manera, a frases muy populares como que yo sé lo que es una mata de ateje y sé dónde queda Miramar, es como decir, yo tengo la ventaja porque soy del monte.  

Trato que ese tipo de texto funcione o esté en las canciones que hago y todo cuanto escribo. Tiene este corte personal, es mi ventana abierta, porque sería incapaz de trasmitir en una canción lo que yo mismo no pueda hacer, lo que no pueda aplicar a mi vida. Hay otras canciones de una historia que tú inventas, de una muchacha que te espera sentada a la orilla del mar, pero estas otras son un retrato de uno mismo.

Hay un tema que destaca por su intenso lirismo y su culto a la trova primigenia, que tuviste la oportunidad de compartir con Silvio Rodríguez, Era Miel. Háblame de la significación para ti.

Eso está pensado así, de que asemeje una canción de principios del siglo pasado. El tema requería la grandeza del piano pero interpretado de una manera muy guitarrística, y eso lo hizo Robertico Carcasés. Es uno de los diplomas que te da la vida, que me ha dado la música, la trova, que yo le presentara la canción a Silvio y él me la mandara ya grabada. Cuando le entregaron a Silvio el premio Maestro de Juventudes, yo estaba en la dirección de la Asociación Hermanos Saíz, y lo atendí porque ya nos conocíamos y me dijo “oye, compadre, déjame decirte una cosa, me encantó cantar esa canción contigo, y que quede claro que no lo hice por ti, lo hice porque la canción es preciosa”. Que alguien con la grandeza autoral de Silvio diga que la canción es hermosa, fue genial.

Es de esas canciones que tengo el deseo de hacerla y no la hago…

A mí me encanta, y siempre cuando estoy en tus conciertos me quedo a la espera…

La presencia de Silvio en la grabación también creo que me ha limitado a hacerla de manera pública. Cuando oigo la grabación junto a Silvio digo, para qué la voy a embarrar yo solito (ríe). Yo prefiero dejarlo así. La he hecho muy poco, la tengo como en una vitrina. Tendré que buscar la manera de ser menos egoísta.

Cuando descubrí la canción me sorprendí.

Una de las cosas que marcan mis canciones, mi forma de componer, es que son muy amplias. Voy desde una balada como la que escuchaste ahorita, a un son, que a cosas más timberas, paso por el cha cha chá, voy a la trova tradicional, porque si no, yo mismo me aburro.

De tu creación me interesa sobremanera la interpretación de canciones que te quedan Como si fueran tuyas.

(Risas) Recuerda que mi formación primigenia no vino como trovador, sino cantando. La guitarra para acompañarme y hacer mis canciones llegan un poco más tarde. Por lo tanto, esa etapa que es tan importante cuando uno es jovencito, casi un niño, me la pasé cantando de todo, desde las mañanitas del rey David hasta las cosas de Rumbavana, Barbarito Diez, era un cúmulo de informaciones que iba recibiendo que van conformando un gusto musical.  

Por otra parte, cuando comencé a hacer mis canciones me daba terror cantarlas y me atreví un poco después, ya en la universidad, aunque desde la Secundaria estaba haciendo canciones. Como quería participar en los eventos busqué repertorio que se acercara a lo que yo quería decir en las canciones que tenía escondidas.

Recuerdo como hoy el día que entré al coro de la Vocacional y Digna Beltrán me dijo “aprieta el diafragma gordito”, y entonces fui descubriendo cosas y técnicas para la postura corporal, la respiración, y acomodé esas técnicas y posturas a mi desconocimiento teórico.

Y luego Celso Márquez, instructor, creador de coros, que hizo mucho por los coros en Santiago de Cuba, cierta vez en Tarará me dijo “Sosita, el son se canta masticándolo”, y dio la espalda y se fue. Trucos como esos, con la información que me daban, los fui moldeando a lo que yo quería.

La extensión de la tesitura eso no se aprende, la tienes o no, la potencia de la voz la puedes mejorar pero la tienes o no, la respiración se aprende, los ejercicios que hacen los instrumentistas de viento; Yasek Manzano me ha enseñado un par de esos ejercicios. Y lo practico, cuando a veces parece que estoy ensimismado puedo estar haciendo ejercicios de respiración, calentando la voz, o puedo valorar cómo cantar determinada canción para que no sea lo mismo que hizo la persona de la que lo he aprendido.

Y lo otro es no tener prejuicios. No tengo prejuicios a la hora de cantar las canciones que me gustan. Afortunadamente, cuando selecciono canciones de otros autores son canciones que ya están probadas, que a mí me convencen, que me siento identificado con ellas. Incluso algunas son de esas que digo “Maldita sea, por qué no la hice yo”. A ese tipo de canciones yo me entrego, es como si “mira lo que hice ayer” y estoy cantando Pequeña serenata diurna.

Es eso, sentir que son mías, ponerle mi manera de hacer. Trato de respetar mucho las líneas melódicas, pero siempre hay un movimiento que te empuja, trato de respetar las armonías pero siempre hay un detalle que puedes aportar porque estás haciendo tu versión.

Los mismos autores, cuando les enseñé a casi todos la versión hecha me daban su aprobación. Por ejemplo, Angelito Quintero me dijo “esa es la mejor versión que se ha hecho de Nacimos de un fuego, que es con la que cierra el disco.

Gerardo Alfonso cuando le mostré Eres Nada, me dijo, “llevo 30 años esperando que alguien cantara esa canción así”, algo tremendo. Tosca, que falleció hace poco, a él le puse la versión de Fe (“Ni un ya no estás”) y aquel hombre monumental, porque Tosca era un negro grande, yo estoy de espaldas y cuando miro veo que temblaba y estaba rajado en llanto.

Ese tipo de cosas que no tienen explicación, porque la música no tiene explicación, es algo que rebota en las paredes de tu cuerpo, en tu cabeza. Que las personas que hicieron esas canciones se conmovieran con la forma en que yo las volví a reinterpretar… yo tengo, además del Cubadisco, todos mis premios ya con eso.

Le di el disco a Pablo, le digo que escogí La Felicidad y me responde “Ah, eso es muy alemán, a ti seguro te quedó bien”. Ese tipo de detalles, que una persona como Pablo Milanés te lo diga, porque son los saltos que hace Pablo en las melodías, los intervalos, que reconozca que puede quedarme bien, es porque me ha oído, con eso yo tengo.

Rodolfo de la Fuente se fue al estudio a oírme poner la voz, Kiki Corona también me apoyó. Esos detalles cuando cantas canciones de otros es tremendo. Pepe dice “yo compongo porque no me queda más remedio, pero a mí me gustaría que mis canciones las cantara Sosa”, (risas múltiples). Hicimos un disco juntos, Convergencia. Yo disfruto mucho cantar y por qué entonces me voy a limitar a cantar sólo mis composiciones.

En las ocasiones en que has hecho este repertorio en la Sala de Conciertos Dolores el público se ha conmovido, es estremecedor el silencio donde solo irrumpe tu voz.

En marzo de 2018 cuando hice el concierto con Andy Rubal fue genial porque también uno aprende varios trucos para involucrar a la gente, y bueno, soy licenciado en Pedagogía, hay determinados detalles que puedes agarrar e involucrar al público. Lo que más recuerdo de ese concierto es que a la tercera canción todo el mundo estaba “metío” y sabía de qué iba aquello. Fueron dos horas de concierto y la gente estaba así… en un silencio absoluto, hubo un momento en que casi me molestaba, veía personas llorando.

A mí se me hicieron dos o tres nudos en la garganta pero prometí no desparramarme (risas)

Y lo otro es escoger, algo que a veces no toman en cuenta los intérpretes, hay que cantar las canciones que te quedan bien. Si tú quieres brillar, busca el tono adecuado. También es importante estudiar cuál es la canción para descansar dentro de un repertorio, incluso también para refrescarle el oído al que te escucha, porque si haces una selección de estas canciones, que todas son intensas, a la quinta se torna difícil, se necesita crear un balance.

Claro, la curaduría del concierto y hasta el tipo de público. Porque están estas canciones intensas que tú mismo en escena has dicho que te dejan temblando y sin embargo el público te siguió hasta terminar coreando y bailando contigo La titimanía.

Sí, claro… El público que va a la AHS no es el mismo que va a la Sala Dolores, y de éste puede que una parte vaya al Martí, pero otra no, el que va al “Mariana Grajales” no es el que va a la AHS. Hay diferentes públicos y espacios y tú tienes que jugar con eso.

Respetar la caracterización de los espacios te ayuda a hacer la curaduría, y tú puedes cantar una cosa a cappella como Imagen Protectora en el Mariana Grajales, y lo puedes hacer, pero en el momento adecuado, ni siquiera le puedes dar orden, la tienes ahí, se dio la oportunidad y la haces.

Cuando trabajo con otros músicos que me acompañan siempre les digo que hay un orden posible, pero deben estar atentos pues hay temas que van a cambiar. Siempre muevo cosas porque veo la reacción del público. Y el público puede llegar a ser hostil aun cuando no se te vaya, se quedan sentados, pero son hostiles. Un gesto, una mirada, saber de qué parte del público te puedes sostener para hacer un chiste, a quien no, con quién puedes tener el detalle de saludar. Por eso me gusta trabajar en espacios donde le vea la cara a la gente, no me gusta trabajar a oscuras, la gente me va diciendo por dónde van las cosas.

Desde hace tiempo tu quehacer como trovador y gestor de eventos te lleva por disímiles contextos de la geografía nacional e internacional ¿Cómo incide este trasiego en tu creación autoral?

Cuando comencé con el Festival de la Trova de Santiago, cuando empezaron a salir bien las cosas, (risas) que tú sabes que a veces se pone bien difícil lograr que el Festival funcione, me empezaron a llamar de otras provincias para que ayudara a armar los eventos. Así colaboro con La Canción Política en Guantánamo, el evento de trova de las Romerías de Mayo que han sucedido cosas muy interesantes.

Ahí he aprendido muchísimo porque tengo un espacio que se llama Destrabando la Trova, es, según por quienes llevan las encuestas, uno de los espacios más importantes hoy en las Romerías. Suceden entrevistas a camisa quitá, desde Pedro Luis Ferrer hasta Tony Ávila, Buena Fe, Polito Ibáñez, William Vivanco, Raúl Torres…

La exclusividad del espacio es que no puede ser reproducido, quien quiera saber sobre las opiniones de esos artistas tiene que ir. No me opongo a las nuevas tecnologías, pero sí abogo por el respeto que deben tener las nuevas tecnologías para con la posición de las personas. Este espacio ayuda a conocer más a quienes hacen las canciones que yo respeto, quiero y admiro, a confrontar su pensamiento y conocer la persona detrás de las canciones.

En Las Tunas se hace un evento que se llama Entre Música, donde me he convertido en un colaborador. Eso me da la posibilidad de conocer los secretos, desentrañar las formas de hacer la canción. Frank Delgado no compone igual que Gerardo Alfonso, ni Gerardo compone como Pedro Luis, ni éste como Tony Ávila, aunque puedan tener puntos en común. Y esas vivencias de ellos te hacen poner en perspectiva el modo de trabajar y a mí me enriquece muchísimo.



Biendeamores

“Se entra, y parece que se deja el mundo atrás: el mundo malo. La amistad, la cultura, la sinceridad ¿no son los únicos gustos de la vida, y fuerzas de ella? Lo demás es pesadilla, pompa de jabón y náusea. Un rincón de corazones es la gloria del mundo, el santuario y taller de la libertad, la sonrisa de la vida.”

José Martí.

Ante mí, casi al modo impresionista, una explosión de formas y colores, la naturaleza –esta vez interior–  y sus revoluciones. Como aquellos, planeo abandonar las comodidades que ofrece la rutina. Con Renoir bailo al aire libre e invito a los pupilos a la danza. Las formas y las esencias proclaman su rebelión. Siempre hay tiempo para otra primera vez. Ante mí la Escuela Vocacional de Arte José María Heredia en Santiago de Cuba, o mejor, ante ella, yo.

Miro en derredor, al paso me sorprenden las primeras aulas; allá, la sala de computación; los obreros reparan uno de los tabloncillos, imagino tanta quimera. En el salón contiguo hay barras, espejos, piano, una voz plena de luz que indica que se haga la danza, corrige la postura de los cuerpos, el lenguaje de los movimientos mientras las zapatillas hacen la voluntad del alma, la técnica y el pensamiento. La melodía me acompaña por los pasillos y se eterniza en mi ritmo cardíaco.

Tropiezo con sonrisas y pasos que se apresuran. Veo rostros conocidos y las miradas anticipan la humana curiosidad. Subo las escaleras del edificio de Actuación. La clase de pantomima es todo un jolgorio; la profe de Apreciación del Teatro inhala y exhala su espera; en el departamento hay cajas con uniformes, tarjetas de firma, horarios, ajetreo. Deysi Villalón, profesora de psicología, con vasta experiencia en la pedagogía artística, con la pausa de su andar y la calidez en su voz me regaló el primer  abrazo y sentí toda la escuela conmigo.

Pensé en la belleza de crear sentidos para otros y para sí, en la belleza de los desafíos, del salto y el movimiento, en las vidas que te da la vida, en cuánta trascendencia hay en pertenecerse a uno mismo y a los demás. Recordé el gozo que causa servir desde la educación.

Desembarqué por fin en el aula y me asaltó desde el estómago al cerebro, el vértigo que causa el amor. Nuestros rostros se sometieron al examen. Entre tantos descubro la figura de mi Adriana tal vez años después. Tras breves segundos se hizo la ternura y la pasión, la primera clase. Un sugestivo y alegre resplandor de sol y de sombras coloreadas envolvió nuestro diálogo.

Pizarra, tiza y borrador, imágenes, tablet, laptop y teléfonos móviles en función del proceso de aprendizaje.

Recordé tanto maestro valioso. Como si allí estuviera la profe Alisa Delgado y sus enseñanzas desde la educación popular, y la savia eterna de atender y respetar el saber del otro. A mi encuentro llegaron aquellos días lejanos ya de la universidad y los encuentros con el muy martiano Rolando Bellido; y por supuesto, iluminándolo todo allí estaba el Maestro mismo. Pensé en los días que corren y en lo útil de abrazarse a sus ideas. “¿Ni de qué vive el artista sino de los sentimientos de la patria?” Inquirió la pluma del más cubano en su escrito dedicado a Gustave Courbet.

de la autora.

La savia a cántaros llovió. Los bien jóvenes, del espíritu sacuden la modorra con su inteligencia sin contaminar. Se siente bien cohabitar su lozanía, dejarles algo en su inquietud a cambio de tan gratuito regocijo. Ahora recuerdo que enseñar es buena manera de aprender.

En este instante me siento también parte de la historia, del lugar que en el archipiélago ocupa la enseñanza artística. Reviven los días de la infancia y temprana juventud en el Conservatorio Esteban Salas, primero junto a las faenas de mis padres, tiempo después mientras cursaba estudios en viola, y luego como su permanente asidua y colaboradora.

Mis estudiantes son jóvenes artistas en formación y en breve, algunos serán parte de la joven vanguardia artística cubana. Tienen deseos de ingerir el mundo, por eso me ofrezco a poner la mesa junto a ellos y aprender del manejo de los cubiertos para que el mundo no nos engulla.

Cuba dedica cada curso numerosos recursos al desarrollo del sistema de la enseñanza artística porque le reconoce vértebra principal, espíritu de la nación. Pocas veces me creí arena y grano tan feliz.

Los nuevos muppets toman por asalto la galería de arte universal. Recorren piezas clásicas de varios periodos y estilos pictóricos; quieren las manzanas de Cezanne; los girasoles les ven corretear y husmear en El cuarto de Van Gogh; la Mona Lisa elogia la sonrisa de alguno y les ve perderse entre las multitudes en el Baile del Moulin de la Galette con factura de Renoir; hasta ser absorbidos una Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte por Seurat. Ya imagino los ojos de mis entusiastas alumnos a la caza de los detalles, sus risas, exclamaciones. Ya me imagino exprimiendo el jugo de sus ideas. Ya imagino ese lugar, la próxima clase.

Por estos días en que reemerjo de mi misma he preferido permanecer al amparo martiano como cuando se abriga uno en los brazos del padre. En uno de sus escritos dedicado a la figura de José de la Luz y Caballero cuestionó:

“¿Qué es ver la luz, y celebrarla de lejos, si se la huye de cerca? (…) ¿Qué es pensar sin obrar, decir sin hacer, desear sin querer? (…) ¿Qué es gloria verdadera y útil, sino abnegarse, y con la obra silente y continua tener la hoguera henchida de leños, para la hora de la combustión, y el cauce abierto, para cuando la llama se desborde, y el cielo vasto y alto, para que quepa bien la claridad?” 

Sospecho que hoy empiezo a ser canción, como las leyes de lo eterno, que escapan a los legisladores de lo físico:

Tengo ganas de ser

dicha que se agolpe en la mirada

pizzicato en el estómago

susto al amanecer

Lágrima de alegría

Trillo de ciudad

Guitarra soy y troco

desilusión por mariposas

Que yo tengo un salto de amor

traigo un biendeamores

Y lo voy a entregar.



Lino, por siempre trovador

Prefiero aferrarme a los nacimientos antes que a los adioses. Por estos días de septiembre pero de 1930 vería la luz en Guantánamo un hombre imprescindible para la trova, la radio, la prensa, en fin, para la cultura cubana.

Cuando por una escueta nota en la Revista Buenos Días supe que mis trovas de marzo no contarían con la física presencia de Lino Betancourt, solo tuve el impulso de derramarme en teclas. La pasada edición del Festival Pepe Sánchez hube de compartirlas con el auditorio y en especial con Fabián Betancourt. Hoy que la radio acerca sus fiestas y, por supuesto, a Lino en su posteridad.

 

Lino Betancourt junto a Augusto Blanca. Foto. Pepe Cárdenas. Archivo de la autora.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el día despertaba, una vez más me acompañó la voz del entrañable amigo Lino en una de sus Citas con la Trova. Cuál no sería la sorpresa al presentar Mercedes como primer tema. De la firma de Manuel Corona, en mi familia, la canción es mucho más que un nombre.

Conocí a Lino Betancourt algún temprano amanecer  allá por el 2002. Desde aquel día su voz y enseñanzas se hicieron presentes desde las ondas radiales que llegaban al cuarto de la residencia estudiantil en la Universidad de Holguín. Por Lino creció la pasión por la trova que ya había sembrado mi abuela materna.  

Gracias a su magisterio descubrí a varios de los grandes trovadores que había dejado en el propio Santiago. Con sus presentaciones llegaron guitarras y voces de toda Cuba y me arropé en un océano de canciones.

Amó, escribió e hizo tanto por la trova en Cuba y los trovadores que se consideró uno de ellos. Nos trajo tantas hermosas canciones, sus historias y creadores siempre en tiempo presente que era como vivir el instante mismo en que surgieron o popularizaron las trascendentales piezas de la música cubana. Lino se erigió en hacedor de canciones desde su palabra oral o escrita. Cada una de sus anotaciones y diálogos era una invocación. Por eso no es exagerado si digo que dramaturgia mediante, junto a él compartimos el instante también con cada uno de los trovadores-soneros de nuestra República Musical.

En el 2008 tuve el reto –junto al equipo de la otrora Área de Investigación Musical Pablo Hernández Balaguer– de realizar las coordinaciones del Coloquio del Festival de la Trova Pepe Sánchez. Aquella ocasión me regaló la oportunidad de tener de cuerpo y alma presente a uno de los iniciadores del primero de los festivales trovadorescos en el país, estrechamente ligado también a los momentos fundacionales de la Casa de la Trova en Santiago de Cuba.

Lino Betancourt y-Victor Casaus.

En el 2009 Eduardo Sosa y Leydis Torres le otorgaron la Presidencia Honorífica del espacio teórico. Gustaba de comenzar cada edición con la interpretación de Tristezas, pieza vertebral de la trova cubana. Para tal encomienda reclamó siempre la interpretación de Cheli Romero, importante representante de la trovadoresca al estilo “tradicional” por estos predios.

Por Las Bayamesas, dúo de hermanas del catálogo musical santiaguero sentía especial adoración. Ellas aparecían año tras año en las jornadas del espacio teórico, en ocasiones para realizar la ilustración musical de los temas impartidos por Lino; y en otras, para regalarle el beso y abrazo. En similar modo, en cada marzo expresó su admiración y afectos por trovadores como Gladys del Monte, Xiomara Vidal, las Hermanas Ferrín, el dúo cienfueguero Así Son y José Aquiles.

A Eduardo Sosa le unió una amistad profunda que trascendió las presidencias de ambos en días del “Pepe Sánchez”. Ambos compartieron los escenarios de las conferencias impartidas por Lino e ilustradas musicalmente por Sosa, en Cuba y España y en otras geografías que ahora mismo no acierto a nombrar.

Eduardo  le profesó el amor y el respeto de los más gratos alumnos. Por eso hoy, cuando interpreta uno de esos temas que nombra de la Banda Sonora de todos los cubanos, puede hacerse acompañar de las esencias históricas que dieron causa de vida a cada canción.

Lino junto al Trío Palabras. Foto Pepe Cárdenas. Archivo de la autora.

Por Lino conocimos además la maravilla del Trío Palabras. Las convidó en una primera oportunidad para ilustrar musicalmente una de sus conferencias y quedaron por siempre entre nosotros. Lino y las muchachas de Palabras hacían un impresionante acople trovadoresco. Era difícil deslindar los límites entre la palabra cantada y la guitarra a la oralidad de Lino, porque más bien lograron un impresionante trabajo a voces entre tanta maestría y pasión.

Nunca le gustó que presentara sus temas como “Conferencias” y siempre mantuve una sana porfía. Lino fue de esos intelectuales mediáticos al que conocedores, prensa y amantes de la trova esperaban con ansias. Cada una de sus clases aconteció a sala repleta fuera cual fuera el sitio escogido. Y también era un hombre modesto que confió a Silvina Díaz y a mí muchos aspectos concernientes a la organización del evento.

A partir de nuestras andanzas teórico-trovadorescas el maestro se convirtió en un amigo cercano. Sentía predilección por almorzar en Las Gallegas, restaurant particular especializado en la elaboración del carnero u ovejo como decimos por acá.

Y cuando los “emprendedores” cerraron sus puertas Lino lo sintió profundamente. En más de una ocasión visitamos juntos el Santuario del Cobre. Conversamos mucho sobre la trova, la familia, la vida…en la Casa de la Trova, la UNEAC, el Ven Café, el restaurant El Barracón y otros espacios.

Algunos fueron los sustos que Silvina y yo pasamos cuando hacía sus escapadas santiagueras. De cuna guantanamera, Lino sintió un fuerte lazo con la hospitalaria urbe, y tenía buenos amigos y conocidos a los que gustaba visitar.

Lino Betancourt junto a Yorisel Andino y Silvina Díaz. Foto Giusseppe lo Bartolo.

Era un hombre muy familiar y como ya he dicho, buen amigo. Nos mencionaba mucho a Deysi, su esposa, cuya partida física pocos años atrás le afectó sobremanera. Igual conversaba sobre su hijo y con especial reiteración y orgullo hablaba del nieto Fabián. Su casa acogió amigos como Dorita, la trabajadora de la Empresa de la Música encargada de sus viajes y hospedajes, a quien profesó una bella amistad.

Legó una importante literatura trovadoresca impresa y digital. Libros y artículos de su autoría se convirtieron en materia de obligada presencia en mi librero y mesa de trabajo. Conservo con risas y nostalgias sus originales dedicatorias que iban del verso a la caricatura.

Y como trovador al fin, era a veces un poco bellaco. Gustaba de torturarnos el oído a periodistas y estudiosos con lo atesorado en su archivo personal. Una de sus bromas predilectas fue prometer el obsequio a más de uno del Diario de Manuel Corona. Respecto a esto último hace un tiempo ya me comentó se hallaba inmerso en el proyecto de su publicación por una prestigiosa editorial cubana.

En 1918 fueron compuestas cinco canciones que con el tiempo conformarían parte indisoluble de los sonidos de la nación cubana. Manuel Corona presenta a la trascendental Longina; Mujer Bayamesa llega en la representación de Sindo Garay; Miguel Companioni le cantó entonces a una Mujer Perjura; mientras Oscar Hernández en el sendero de una vida triste hallaba una flor y para la posteridad regaló la melodía Ella y Yo.  

Tras cada una de estas canciones persisten las historias y anécdotas que junto a sus creadores, les inmortalizaron, y sobre las que en marzo del 2018 nuestro Lino disertara con el título de “Cinco Canciones Centenarias de la trova cubana”.

El viejo se había puesto un tanto nervioso con algunas incertidumbres logísticas. Por suerte, a pocas horas de comenzar la edición, Sosa logró convencerlo.

Alguna vez en que estaba abrumada conversamos vía telefónica. Dijo que rogaría a Dios. No sé si lo haría, pero las luces de su amor llegan hoy hasta aquí.

Cuando el martes 9 de junio de 2015 el día despertaba, ya habíamos escogido nombre de trova y canción para ella. Sobre las seis de la mañana, la voz de Lino me dio la confirmación y entre contracciones, aquello de creer en el destino. Adriana Mercedes, mi hija de cuatro años, algún día lo sabrá.