Vasily M. P.


Santa Massiel Rueda: «Todo estalla»

El chat de mi perfil de Facebook se levanta y es Santa Massiel Rueda: “Hola, tienes un cheque aquí”. Y la alegría me muele a palos. En ese mismo instante escucho a Motivos personales en Todo estalla, y es la voz de Massiel que hurga los espacios de la memoria donde todo cabe.

Nunca imaginé, por allá por el 2004, que la adolescente que iba a la Casa del Joven Creador en busca de “clases de solfeo, consejos, música”, antes de hacer las pruebas de captación para la Escuela de Instructores de Arte, se iba a convertir en presidenta de la AHS en Ciego de Ávila, casi 20 años después. Y mensajera de algunas de mis alegrías actuales.

Formada como instructora de Música en el 2008, su carrera musical empezó a tomar caminos hermosos, todavía insospechados y llenos de lugares apropiados para cultivar la amistad.

Cuando se desató en el terruño el fenómeno Motivos personales, tampoco me creía que fuera el proyecto de esta joven llena de sueños y aspiraciones. Pero era ella, eran sus canciones, su mundo interior lanzado al espacio exterior.

Ahora que lidera la organización que reúne la joven vanguardia artística y que ya casi cumple sus 34 años, le escribo por el chat, que es nuestro chat de compartir casi todo, desde música, hasta malas noticias:

Santa Massiel Rueda/ tomada de su perfil de facebook

VMP: Saludos y buenos días

espero que todo esté bien por casa

ya tu silencio me preocupa

espero que no por mal

14:23

SMR: Todo bien amigo, no te preocupes se me habían perdido tus mensajes entre otros… Gracias por estar pendiente… Espero q te estés cuidando…

14:30

VMP: Bien amiga

qué alivio

yo bien

cuidándome

necesito me ayudes con una entrevista que te quiero hacer

te enviaría las preguntas y me las respondes lo más pronto posible.

puede ser?

14:38

 SMR: Claro, mándame las preguntas.

14:40

Sigo escuchando a Motivos Personales. Todo estalla es una canción que tiene swing y permite que el oyente disfrute una amalgama feliz entre la letra y la música, y que hasta mueva los pies marcando el ritmo. Así conformo las preguntas de esta entrevista con el objetivo de explorar su rol como presidenta de la AHS en Ciego de Ávila.

Una primera incógnita me surge luego de dejarme llevar por los recuerdos del devenir cultural en el que se ha sumergido la Santa. Y han sido tantos Juegos Florales, Llave pública, Trovándote, la caminata cultural Cruzando la Trocha, entre otros espacios avileños, que necesito un respiro antes de continuar.

SMR: ¿Y tú, cómo estás?

VMP: Todo bien, amiga… extrañando estar más tiempo con mis niños, pero sigo trabajando ya que, a fin de cuentas, así se mata el aburrimiento

SMR: ¡Qué ganas de que todo pase!

VMP: ¿Tú también? No es fácil. ¿Estarás componiendo en estos días?

SMR: Sí, algo hice y trabajo en cosas viejas (canciones).

VMP: Anda, qué bien… lo importante es no dejar morir la musa

SMR: Ajá

Santa Massiel Rueda/ tomada de su perfil de facebook

—¿En qué medida la AHS te ha servido para hacer tu obra?

—Diría, más bien, para desarrollarla. Ha sido vital. Existe un antes y un después notable. Me ha acogido como creadora ofreciéndome el vínculo con otros artistas (una de sus riquezas). Me regala diferentes maneras de estar viva como creadora. Me estimula y me hace crecer no solo en mi obra, sino también como persona.

—¿Compartir el cargo como presidenta de la AHS avileña y la realización de tu obra ha mermado en algo tu capacidad creativa?

—No la ha mermado, pero sí limitado. Los días se van volando y cargados, casi siempre salgo temprano y regreso tarde o muy tarde, y entonces hay otras prioridades en esos horarios. En ocasiones, siento la necesidad de tocar, de plasmar una idea y el cansancio me lo impide.

—En estos días de confinamiento y rebrote de la COVID-19 en Ciego de Ávila, ¿cómo es un día en la vida de Santa Massiel?

—Bueno, la mayoría de los horarios están corridos, pero, básicamente, se resume en: higienizar el espacio, tratar de ir o comunicarme con la Casa del Joven Creador, teletrabajo, revisar redes sociales, hablar con el círculo diario de personas que no viven conmigo, hacer cosas con mi hijo, tocar la guitarra (no todos los días), pero en cuanto la tomo en mis manos Samuel busca su violín y entonces tocamos juntos y son momentos hermosos. En las noches (son los momentos más largos) leo y lo acompaño a ver sus películas favoritas, cosa que le gusta mucho.

Santa Massiel Rueda/ tomada de su perfil de facebook

—¿Se han cumplido tus expectativas de antes de entrar en la AHS?

—Sí se han cumplido.

—La vida orgánica de la AHS en la provincia, ¿consideras que ha ganado en masividad o es solo una ilusión que muchos tenemos?

—Uno se pierde muchas cosas por estar desde adentro, pero el mismo reflejo en la gente me lo hace saber, así como la afluencia de público a nuestros espacios, ya sean peñas o eventos, es notable. Considero que sí, que hemos ganado mucho más en eso.

—¿Qué piensa hacer la AHS avileña en días de confinamiento por el rebrote?

—En días de rebrote tanto la presidencia como el ejecutivo hablamos casi diario y compartimos ideas, seguimos temas pendientes y otros. Nos hemos centrado en poner a circular nuevamente contenido de nuestros artistas en redes sociales, promocionar las becas y premios ya que estamos en la recta final para entregar, seguir confeccionando los catálogos de nuestros artistas y perfilar la jornada Todo x el arte, en saludo al aniversario 34 de la AHS, completamente online (como es todo por estos días).

Santa Massiel Rueda/ tomada de su perfil de facebook

—En un futuro no muy lejano, sin COVID-19, ¿qué legado crees que dejará este tiempo especial para los trabajadores de la Casa del Joven Creador y para los artistas jóvenes de la AHS avileña?

—A los trabajadores de la Casa del Joven Creador nos ha dejado la lección de que siempre podemos hacer más, que debemos confiar más en nuestras capacidades y hacer más uso del teletrabajo. A los artistas nos ha demostrado una vez más que los primeros promotores de nuestra obra somos nosotros mismos. A veces dejamos todo a la institución (muchas veces sin brindar las herramientas necesarias) y queremos que ocurra la magia, en poco tiempo, con algo que debe ser de ambas partes. Si algo bueno ha logrado este tiempo en diversos artistas es que los ha puesto a promocionar y compartir su obra mediante las plataformas del momento. Pero lo más importante que nos deja, tanto en trabajadores como en artistas, es la unión. También estos han sido tiempos de reafirmación.

—¿Qué importancia le das al trabajo en las redes sociales? ¿Te has insertado bien ellas?

—Les doy mucha importancia, con ellas nuestros contenidos obtienen mayor alcance y nos abren el camino, nos informan (o desinforman). Me he insertado en ellas, sí, pero aún no lo suficiente, me falta mucho por dominar, aprendo todos los días algo distinto, es que ellas no dejan de ser nuevas para mí.

SMR: Hola, amigo, aquí te mando lo que te debía, espero te sirva. No soy de mucho hablar. Espero estés bien.

VMP: Sí, hey, todo bien. Ahora mejor con tus respuestas. Ya puedo trabajar en la publicación. ¿Sigues oyendo a Giordano Guerra?

SMR: Sí, y me encanta. Gracias por dármelo a conocer.

VMP: ¿Viste la entrevista suya publicada en el sitio de la AHS?

SMR: Sí, la vi, la leí, me gustó y la compartí.

VMP: Anda. Gracias. Es su primera entrevista.

SMR: Anjá. A ti gracias por mostrar a ese talentoso artista. Avísame cuando salga la mía, ¿sí?

VMP: Seguro amiga. Cuídate.

—Santa Massiel, como trovadora, ¿no tendrá un futuro como solista o el plan es estar siempre junto a Motivos personales?

—El plan siempre ha sido cantar lo que vivo, lo que siento, lo que me mueve como sea posible, Motivos personales es Santa Massiel y viceversa, puedo estar así toda la vida, igual me siento preparada para cantar sola también. Es más, hasta me seduce, lo hago con frecuencia y es que Motivos… en muchas ocasiones se fragmenta, se estira, se encoge, se multiplica y yo los disfruto y lo gozo.

—En tus canciones hay cierto desapego por las melodías muy “melosas”. ¿Crees que eso tiene que ver con tu formación musical? ¿Qué música escuchas?

—No creo que tenga que ver con mi formación, sino con un estilo o sello que se apodera de mí, que hace que salgan así. Al inicio, en mi niñez y gran parte de mi adolescencia escuché mucha música “retro”, música hecha por generaciones pasadas: Bola de Nieve, De Aida, Blanca Rosa Gil, La Aragón, música afrocubana… Ya en el final de mi adolescencia me llegó la trova, el rap, el jazz, la música brasileña; también en estos tiempos en los que tenemos más tiempo para uno, me he propuesto renovar lo que escucho, es que me apego de una manera enferma a las canciones que hacen banda sonora de mi vida y estoy escuchando música clásica, géneros caribeños, pop y cantores que he rozado y no profundizado. De todas hay que aprender, todas me ofrecen caminos, los transite o no.

Santa Massiel Rueda/ tomada de su perfil de facebook

—¿Eres de las que cree que el arte salva?

—Indiscutiblemente sí, creo en la vida que da el arte, en su esencia de atrapar sentimientos, plasmar gestos, vivencias, creencias e inmortalizarlas. Creo en el arte como antídoto y cura.

—¿Sigues creyendo que todo estalla?

—Sí, claro que sí.



«Seca» de Caminos Teatro: ¡Hay que verla!

Con el montaje de “Seca”, de Roberto D. M. Yeras, la agrupación Caminos Teatro vuelve a salir airoso en el panorama teatral avileño. Pero el nivel de las actuaciones todavía le dará algunos dolores de cabeza, antes de que entorne por un mejor camino.

Considero que una de las debilidades de su montaje está en que el espectador no podrá encontrar una escuela de la actuación donde apoyarse para entender de qué se trata. Y pareciera que todavía las cosas no cuajan del todo a la hora de decidirse por la actuación basada en el modo preferido de Bertolt Brecht, la experiencia y la identificación para producir asombro y educar a las masas; o en el método de Serguei Stanislavski, donde lo vívido tiene la preponderancia y se lleva a su máxima expresión el asunto de caracterizar a los personajes y situaciones.

Digo esto porque en la hora y cuarto que dura la puesta no hay algo que nos desvíe el interés para hacernos mirar el reloj. Nos quedamos en nuestra silla más que interesados en la trama que se desarrolla ante nuestros ojos.

Seca, por Caminos Teatro/ foto de vasily m. p

Por lo tanto, tiempo y ritmo van de la mano, buenamente, para que la historia se vaya desenrollando de manera veloz y sin atolladeros. Nos llega a cautivar todo lo que ocurre en escena y hasta nos hace ser partícipe de cada suceso. Si algún personaje tropieza, nos reímos; si alguno hace algo que da lástima, pues nos acongojamos; y así, la puesta nos atrapa desde el mundo afectivo hasta el raciocinio.

Pero, ¿qué es lo que pasa que no nos podemos centrar en los personajes tranquilamente? Es más sencillo de lo que parece. Por lo general, cuando un grupo de teatro hace su trabajo de mesa, valora las posibles escuelas de actuación por la que ha de erguirse su trabajo escénico. Y hacia esa pauta se dirige la dirección de actores.

Con esto se consigue que los niveles de actuación estén lo más parejo posibles para no “marear” al espectador y conseguir que el mensaje de la obra llegue lo más pronto y certero posible. Además de que se perfila mejor el objetivo del montaje y se refuerzan las debilidades dramatúrgicas que pudiera tener el texto.

Claro que esto no tiene que ser una camisa de fuerza. Cada grupo trabaja a su manera y como mejor le parezca, pero en una cosa sí parecen coincidir todos, y es en la manera en que cada uno de los actores interpretan sus personajes y lo que obtiene con esto.

Si vemos el montaje que ha imaginado Juan Germán Jones (https://uneaciegodeavila.cubava.cu/artes-escenicas/juan-german-jones-pedroso/), y la preparación actoral que ha venido supervisando Jenny Ferrer (https://uneaciegodeavila.cubava.cu/jenny-ferrer-diaz/) con cada uno de los actores, enseguida se echa a ver que algunos de ellos están sobre la línea de lo conversacional. Un tanto a tono con los cánones más contemporáneos de la dramatización cubana donde se apuesta por el discurso verbal más que por el escénico o imaginario.

En este tipo de línea actoral podríamos ver a Roberto Castillo en su personaje del Nene, Jorge Luis Sardinas en El Papi, esencialmente. A pesar de ser un teatro arena, y de no exigir una grandilocuencia en el actor, sus representaciones descansan sobre algunas caracterizaciones físicas, y casi ninguna psicológica. Muy a pesar de que ambos tienen historias personales como para sacarles todo el jugo interpretativo.

Por el contrario, la Raza, interpretado por Mercedes Mesa, tiene una profundidad psicológica que lo lleva a echarle mano a recursos como la tartamudez, los tics nerviosos, las grandes gesticulaciones, y otros, que hacen que su personaje sea más disfrutable en cuanto a las posibilidades histriónicas de la actriz. Pero como que desentona, un tanto, ante una Yamara Pereira y Yanelis Velázquez en los roles como La Chula y la Jefa, indistintamente, y el resto del grupo. Y hasta pudiera crear ese ruido molesto, cual motor de una turbina de agua, a los que quieren concentrarse en la dramatización en sí.

La actuación de Mercedes, para los que gustan de la “vieja escuela”, es memorable y con una fuerte dosis de credibilidad. Porque el uso que hace de la personificación es mesurado y logra que se dibuje un personaje maltratado por la vida y las situaciones familiares inapropiadas. Por lo que su personaje cala en el espectador y se vuelve identificable.

Mercedes Mesa en el presonaje de la Raza/ foto de vasily m. p

No quiero decir con esto que la obra adolece de una dirección actoral más precisa. Todo lo contrario. Llegar a este tipo de representación y con la calidad que tiene, en apenas cinco puestas, es un mérito.

Una pieza teatral todavía no llega a “cuajar” todo lo que tiene para ser considerada un verdadero ejemplo de genialidad, con muy pocas puestas ante el público. En la medida que más personas la ven, y los críticos hagan su trabajo, pues ganará en precisión y calidad.

Con una esmerada concepción escenográfica, la puesta nos revela una especie de cárcel circular, donde los personajes interactúan y sueltan al viento los textos tan paradigmáticos y esclarecedores.

Los elementos escénicos cumplen su función al montar y desmontar el espacio de realidad en que descansa la obra. Por momentos es una cárcel, en otros, un espacio arquitectónico; también es la habitación donde ocurren los interrogatorios y la calle donde se citan el Nene y la Jefa. A veces es un ring de boxeo.

En más de tres líneas de tiempo, donde se juntan pasado y presente, las historias de los personajes se entrelazan y generan nuevos conflictos que van in crescendo hasta dar con el desenlace ¿trágico?

Y estos puntos de vista hacen que la puesta se vuelva interesantísima al colocar al concurrente en función de anotar y recordar los “bocadillos” más importantes, y a descartar aquella información que no esclarece ninguno de los subtramas.

Es casi un ejercicio intelectual donde el espectador asume el mayor protagonismo. Y eso es una cortesía. Se agradece. La acción intelectual del espectador siempre traerá consigo la mejor retroalimentación posible. Es casi el objetivo supremo de una obra de arte: la comunicación.

En este sentido, creo profundamente que la pieza se inscribe dentro de aquellas “raras avis” en el panorama teatral cubano, que no echa a mano al fenómeno “Cuba” para achacarle las culpas de todos los males que cohabitan con los cubanos. Asunto que me ha llevado a pensar en una crisis de la dramaturgia en esta isla, en los últimos diez años, porque no todo en el teatro tiene por qué ser la oscura realidad ni la espina contra el sistema político que hemos decido llevar sobre los hombros.

Recuerdo obras como las del grupo El Portazo, algunas de Teatro del viento, y otras a todo lo largo de la ínsula, que repiten el nombre CUBA como si quisieran encontrar en ello a un culpable, un redentor o una tabla de salvación, en vez de ponerle el nombre que llevan los responsables de las cosas nefastas que ocurren a diario.

Recuerdo, también, a Fernando Pérez con su multipremiada de 1996, donde es evocada Cuba, el nombre un  personaje, con el doble sentido a su máxima expresión y una fuerte carga dramática.

Historia aparte, pareciera que nadie quiere ponerse el arma de la censura sobre la sien, o se la pasan de mano en mano, provocativamente, para armar cierto caos y para ello, disfrazan un discurso adverso a la política cultural de la Revolución, y a la Revolución misma, tras ese sustantivo provocativo.

¿A quién critican cuando evocan a Cuba ante los males que denuncian? ¿Quién es Cuba?

Por suerte, en esta obra, es una palabra apenas dicha. Bastante tenemos ya con nuestras cruces como para querer convertir el teatro de esta nación en calvario.

Caminos Teatro tiene, aquí, obra para seguir trabajando y reestrenar una vez que la pandemia de la COVID-19 abandone para siempre nuestro terruño. Con perfilar un poco más los hilos de la actuación se conseguirá que la pieza gane en sostenibilidad y coherencia. Así, su estructura escénica y dramática se erguirá hasta los mismos cielos.



Hecho en familia (+Video)

A la larga, la historia del arte cubano tendrá que reconocer que en los tiempos de la COVID-19 los artistas avileños se han crecido y mostrado el mejor de sus artes.

No haré la enumeración de cada ejemplo. Solo quiero detenerme en el video clip “Cuando tú me miras”, de la canción del cantautor Yoan Zamora. Audiovisual estrenado por el cantautor quien fuera miembro de la AHS y su vicepresidente en la célula provincial avileña.

Este es un trabajo casero, hecho desde la hegemonía familiar, que se llevaría una ovación a voz de encuesta. Y es que en su concepción, tiene una visualidad que atrapa y seduce. Continúa en la línea de la estética de vanguardia casi impuesta por los jóvenes realizadores de la Asociación, aunque sin muchos malabarismos ni efectos especiales.

También es una obra que se inscribe en el homenaje personal del artista, al aniversario 34 de la organización vanguardia de jóvenes artistas, a cumplirse el 18 de octubre de este año.

Si bien la canción no se me presenta entre las mejores composiciones del joven cantor, por tener una estructura predecible y un estribillo con características demasiado “pegajosas”, se deja escuchar y hasta se queda impregnada en la memoria del oyente.

Pero permite que sea visualizada con dignidad, decoro, y ciertas metáforas que conviven con la genialidad.

Cuando tú me miras/ fotograma del video clip

Partamos de que el trabajo está montado, en casi su totalidad, sobre los tonos grises, y algunos sepias. Esto crea no solo una atmósfera como histórica (una ciudad, el clima, una calle) o por momentos onírica (la lluvia, bosque, neblina, paraguas), sino que, además, permite que la fotografía asuma el papel protagónico que merece. Y así refuerce la carga semántica que ya tiene (una mujer acostada sobre un fondo blanco).

El espectador no se distrae con otros elementos dentro de cada composición, sino que se su limita a descodificar cada uno de los fragmentos de películas que conforman la obra (miradas, esperanza, desconsuelo, expectativas).

Además de las escenas en las que el Yoan cantautor interpreta el tema. Cámara muy bien realizada por su hija Lya Adriana.

Porque un video clip no solo nos regala un correlato paralelo a la historia que cuenta la canción, sino que, además, podría solo ofrecernos una ilustración de dicha letra. Y, en este caso, es lo que ocurre aquí.

No lo hace de manera pasiva. Sus ilustraciones nos mueven el intelecto, nos lleva a comparar, a buscar en nuestros archivos vivenciales. Porque todo lo que vemos se parece a lo ya vivido y queremos descifrar cuánto.

Sin embargo, las imágenes de una margarita que es deshojada por unas manos, una vista cenital de un paso de peatones abarrotado, la lluvia que cae sobre diferentes superficies, un semáforo que pasa siempre a verde, una mano que acerca la aguja de un tocadiscos al vinilo, entre algunas otras, conformarían una de las tantas historias que se podría leer y que es la que sigue: la vida pasa para todos a consecuencia de nuestros actos y decisiones.

Mirar es un acto que se decide llevar a cabo o que no. Se hace para un determinado propósito y, casi siempre, le precede a las ansias cognitivas de un sujeto.

La mirada es también comunicación no verbal.

En ese sentido, la atmósfera intimista que consigue este audiovisual nos llena de cierta melancolía y como que nos deja hacer un viaje introspectivo hacia el centro de nosotros mismos. ¿Añoramos el pasado? ¿Nos asusta el presente?

Con una mirada podríamos salvar al prójimo. Por una mirada, muchos estarían dispuestos a darlo todo.

La edición, a cargo del propio Yoan Zamora, está basada generalmente, en el corte directo. Aunque, en varios momentos, sigue la pauta de los cortes musicales para puntualizar algunos acentos de la canción y dinamizar el tempo ritmo de la misma.

Los cortes son precisos. Y, salvo en el minuto 1:26, donde la tomas donde el cantante se ve como detrás de un filtro oscuro que le antecede a otro de tono sepia y pareciera un error de revisión, el resto del material está elaborado con gracia y buena técnica.

Muy bien me parece el no pocas veces utilizado recurso del final circular. Recuérdese que en la primera escena del clip aparece una muchacha acostada sobre un demasiado blanco y se ve una sombra que huye de su cuerpo hacia la esquina inferior derecha. Me atrevería asegurar que un intercambio de la escena final, donde se ve la mano jugando a tocar a la muchacha, por esta inicial, sería más efectista y sugerente.

Y creo que para cerrar, la misma escena, pero en el plano donde la mano ya se retira. Principio y final de un suceso. Abre y cierra con una acción que pareciera detenida durante el tiempo que dura la canción.

Por lo pronto, este video clip de factura casera, a manos de la familia de Yoan Zamora, el cantautor avileño, sirve como muestra de que el arte en tiempos de COVID-19, cura y enaltece.



No siempre el ocio produce monstruos

Lo que ni Arquitas de Tarento ni el propio Arquímedes en el siglo III A.C. imaginaron, es que en el siglo XXI un fotógrafo avileño hiciera arquitecturas fotográficas con tornillos y tuercas.

Mucho menos lo sospecharían los que inventaron los destornilladores por allá por el siglo XV alemán o francés.

Humberto Del Río, diseñador y fotógrafo, se las ingenió en tiempos de aislamiento social por el nuevo coronavirus, cámara en trípode, para realizar una serie de fotografías empleando como personajes, tornillos, tuercas, destornilladores, anillos, presillas, fosforeras, y otros menesteres.

No se trata de un Andrew Myers con sus retratos sobre madera empleando tornillos. Ni de un Brian Mock con sus esculturas de animales hechos de chatarra y una buena carga de tornillos y tuercas. Y menos que menos, de un Claes Oldenburg (EE.UU, 1978) con su escultura Screwarch Model  donde sugiere, con dos tirafondos arqueados, que sean utilizados para sostener un puente en medio de un río holandés.

Humbertico no pretende desconocer el historial de artistas visuales que a lo largo de la creatividad humana han echado guante a elementos cotidianos para concebir obras monumentales. El ocio, en este período, le permite al siempre creativo artista, aprovechar tiempo y espacio para crear sus fotografías.

El internet también le brinda esta posibilidad de ampliar sus ya vastos conocimientos de fotografía y composición plástica.

Con el título “Metrópolis Screw”, un conjunto de 11 piezas de diversos tamaños y soportes, fueron expuestas en el café Barquito de la Casa del Joven Creador, sede de la AHS en Ciego de Ávila, hará apenas unos días.

Metrópolis Screw

Lo primero que me llama la atención es el espacio expositivo. Si bien es cierto que la galería oficial de esta sede de la vanguardia juvenil avileña está inhabilitada por las tareas reconstructivas en la casa, se pudo haber aplazado la inauguración de dicho evento.

 Las paredes del café son suficientemente amplias para montar más de una expo. Pero las condiciones de diseño del espacio no permiten la relación tan necesaria entre el público y las obras.

Me explico. Hay mesas de por medio entre lo que se expone y el espectador. Mesas polisémicas porque según como se miren, a veces son útiles, y a veces obstáculos. Habría que estar pidiendo permiso a los comensales para acercarse a las propuestas visuales. Ya se sabe las más de una incomodidad que esto genera.

Metrópolis Screw

El tamaño de las obras no son lo suficientemente grandes como para ser contempladas desde la distancia. Además de una buena conversación, un café o un traguito, a uno le vendría bien degustar cada pieza desde el confort de su asiento. Pero es prácticamente imposible hacerlo en esta oportunidad.

Cada obra en sí nos muestra una belleza inusual. Construida con laboriosidad e ingenio, la panorámica de ciudades que nos obsequia Humbertico es ficticia, pero si una las mira un poco equivocadamente, como con malicia, se podrían parecer a muchísimas metrópolis que existen en este mundo.

Y es que el fotógrafo ordena sus herramientas y objetos de uso diario en una disposición que pareciera calcar la arquitectura de otros países. Con ello, entonces, estaría reproduciendo parte de la cultura de otros países.

La belleza emana, creo yo, no solo desde la misma composición, sino, también, desde que el testigo visual descubre que no se trata de una simple aglomeración de útiles de metal. Y empieza el viaje por la polisemia y las diferentes interpretaciones.

Es el momento mágico en cada cual se vuelve artista de la exégesis y casi demiurgo de otras obras análogas a estas que ve.

Fotografías digitales, sí, retocadas en Photoshop. Armadas tras un cielo y un fondo captados, también, de la misma realidad avileña. Se podría hasta ver el bulevar, algunas casas estilo siglo XVIII, y otros detalles que, visto a lupa, denotan nuestra identidad.

También somos testigos de deformaciones en el lente. Cóncavos que dan un aspecto ilusorio, como fantásticos, a estas ciudades o artefactos. Mundo mágico. La belleza va en tuercas y tornillos. La belleza de lo cotidiano.

Aquí pareciera que Humbertico nos da una lección. No siempre el ocio produce barbaries o monstruos. El ocio podría ser el primer gestor de una buena obra artística.

Metrópolis Screw

No me queda claro si llamar a “Metrópolis Screw” exposición personal. Si bien tiene la intención o estructura para ser una expo, como que se me queda corta en cuanto a la lectura de los correlatos que entrega, y da hasta la impresión que no todo está dicho sino, por decirse. Asunto que estaría bien si no pareciera una colección inacabada.

Tampoco es una muestra en su sentido estricto. No la presentación de las obras realizadas por su autor en un tiempo o tema determinado. Ni es una especie de antología de sus mejores piezas con fines promocionales o comerciales.

Es algo más. Algo más que necesita ser acabado un día. Cualquier día. Y expuesto en una galería de las de verdad, de esas que hacen sentir cómodos, como pez en el agua, a cualquier artista y al público.

Humbertico quizás, de ahora en lo adelante, ya no tenga más ocio para crear, pero creo que buscará ese anhelado tiempo para seguir construyendo obras, con tornillos o no, que sigan siendo el utópico asombro de Arquímedes y de Arquitas de Tarento, o del propio Marcel Duchamp.



Giordano Guerra Cabrera y su Piedra Lunar

Siento un olor conocido

único en la espacialidad

ando con frío en los pies

me he perdido otra vez

llevo una piedra lunar en el cuello.

(Piedra lunar)

cortesía del entrevistado

Cuando escuché la canción “Piedra Lunar”, en el minuto 16 del capítulo 40 de El rostro de los días, la novela cubana, entendí que estaba ante una verdadera joyita.

 Quise saber de quién era y esperé a los créditos. Allí no aparecía detalladamente, por título ni autores. Al principio, pensé que se trataba de Polito Ibañez. Tuve que hacer una búsqueda en YouTube con esos nombres e ir descartando a los que no me “sonaban”. Porque no era Polito.

Le pregunté a varios amigos como a Santa Masiel Rueda, Rey Montalvo, y otros. Pregunté a los comentaristas de YouTube, en el Twitter y hasta el Facebook. Nadie sabía. Esa canción tan genial no la había escrito Ariel Barreiros, Leonardo García, Inti Santana, ni Silvio Rodríguez.

Hasta que di con un video de la Casona del Bola y un grupo de jóvenes en un destartalado, pero feliz cuarto, que tarareaban las canciones de un joven barbudo. El audio de la grabación era pésimo. Pero casi pude distinguir al demiurgo de la “Piedra Lunar”, la canción.

Entonces me di a buscar su nombre en Facebook y hallé su perfil. Le envié una solicitud de amistad.

VMP: Mis saludos. No nos conocemos, pero me come la curiosidad por saber si en la novela cubana en transmisión hay un tema tuyo, en el cap. 40. Es que pensaba que era de Polito Ibañez.

GGC: Si es mío. Muchas gracias por mencionarlo. Se llama Piedra Lunar y sí, a veces me han confundido con Polito y la verdad que es un honor. Aunque tenemos voces casi con la misma textura, se pueden notar las diferencias. jeje.

 t.me/recalogiordanoguerra este es mi canal de Telegram por si quieres descargar el tema. Saludos.

VMP: ah qué bien

Ha sido un placer encontrarte. He tenido que hacer una búsqueda desde que escuché ese gran tema. Muy lindo y con maestría.Ya lo bajo para disfrutarlo. Podrás contar con mi amistad para lo que sea. Desde Ciego de Ávila, un saludo.

GGC: No sabes el ánimo que me dan tus palabras. Es un placer ser un artista y tener regalos como estos. Saludos de vuelta. Si le interesa estaré publicando más temas por el canal de Telegram. Otro saludo.

Estaba más que feliz. Al fin no solo había hallado al autor de una excelente canción, sino, también, empezaba a una amistad “virtual” con él y, de paso, ya tenía a mano más de tres canciones que había descargado de su canal de Telegram.

Las sensaciones satisfactorias fueron en aumento cuando escuché estos temas. Profundicé en la afirmación de que estaba ante un trovador sublime. Un joven de 30 años, casi desconocido, que quería romper el celofán del invisible, pero le costaba trabajo.

cortesía del entrevistado

En uno de los chat le pregunto si era miembro de la AHS o de la Uneac, y al recibir la respuesta negativa, me quedé más que sorprendido. Pertenecer a alguna de estas organizaciones te lanza al “nuevo mundo” y te abre algunas puertas. Pero Giordano Guerra Cabrera es un trovador más intimista, de espacios reducidos.

Precisamente eso fue lo que marcó mi inicio como cantautor. Los pequeños espacios donde iba y me presentaba. Comencé con la peña fija del grupo G.lo, son un dúo que hacen música trova. No son muy conocidos, pero en su peña van siempre de invitados Ireno Garcia, Mario Arias, repentistas, poetas y todo el que vaya siempre tiene un espacio para participar, en la Casa de los Artistas de San Lázaro. Ellos me invitaron y a cada rato cantaba una canción propia. Recuerdo charlas con ellos e Ireno García, aprendí muchísimo. El otro lugar fue La Casona del Bola en Guanabacoa, uno de los espacios donde el arte fluía libremente.

Esta canción no tiene historia

no tiene destino

esta canción no tiene dueño

se adentra en tus sueños

y salen flores negras de tus manos. (Canción para viajar)

Quise conocer más sobre su vida. Por internet era complicado pues no existía una página con su currículo. Y Facebook tampoco es fecundo en dar informaciones verdaderamente serias sobre alguien.

¿El arte de hacer canciones llegó a ti o tú a él? ¿Cómo fue?

Empecé mis estudios en la Escuela Vocacional de Arte Leonardo Luberta, en la Isla de la Juventud a los siete años. Llegué a terminar los estudios de música en la Enseñanza Elemental. Sin embargo, la canción como género llega por escuchar a mi madre. Ella siempre canta. Paralelo a los estudios, yo tocaba el piano en una iglesia. Un año antes de entrar al Servicio Militar compuse mi primera canción.

He escuchado que dominas el piano y la guitarra, ¿con cuál compones?

Mi instrumento es el piano. Con la guitarra solo puedo acompañar mis temas, no me considero muy diestro en ella. En el piano, a pesar de no ser muy virtuoso, puedo desarrollar mis habilidades musicales mucho mejor. Al componer, lo hago con los dos instrumentos. Cada uno tiene su vibración particular a la hora de crear.

El arte visual, ¿qué le aporta a tu vida musical?

Estudié el Nivel Medio en Artes Plásticas también en la Isla de la Juventud y no sólo dibujo, hago varias manifestaciones dentro de las Artes Visuales y todo eso aporta muchísimo a la música que hago. Uno de mis planes futuro es poder unir de manera coherente Música y Artes Visuales en algún proyecto. Por ahora los trabajo separados.

cortesía del entrevistado

Gustos y preferencias musicales…

Me encanta la buena música, toda, incluyendo la urbana. Tengo mis gustos particulares por el Rock Británico (todos los nombres que pueden caber aquí desde The Beatles, Queen, hasta Coldplay y Racing Glaciers) Dentro de la música cubana me encantó estudiar el género Canción. Pablo Milanés, Santiago Feliú, Carlos Varela, Liuba María Hebia, Habana Abierta, David Torrens, Kelvis Ochoa, Roly Berrío e Israel Rojas son de mis compositores preferidos. Me encantan las Artes Visuales todas sus manifestaciones: pintura, escultura, video arte, performance, libros objetos, grabado, dibujo, etc. Voy mucho a las exposiciones. Me gusta ir a ver obras de teatro, la danza y me fascina el ballet. El cine, los teatros musicales… creo que todo lo que tenga calidad y buena factura me interesa.

Eres muy talentoso, ¿cómo es que todavía, con 30 años, no perteneces a la AHS o a la Uneac?

No me he acercado a esas instituciones por pura pereza, tal vez. Tengo muchos amigos que pertenecen a la AHS o a la Uneac. Cuando empecé la carrera de Historia del Arte en la Universidad de La Habana parecía que mi vida tomaba otro rumbo paralelo a la creación artística. En esa época no tenía pensado ser «artista» en definición, por eso me mantuve cerca de los Festivales de Cultura para Aficionados (era como hacer trampas). A pesar de no ser considerado de un nivel profesional y de tener dentro de ellos artistas con niveles excelentes de interpretación. Este espacio fue lo único que me mantuvo unido a la creación en esa época. Hace solo un año y medio que me decidí ser «artista» en serio.

Tus ojos son tres diamantes

dos son negros uno es viajante

 luz y oscuridad, es parte del mismo elefante. (Camina)

Si no fuera por la telenovela cubana, como mencioné al comienzo de esta entrevista, jamás hubiese conocido a Giordano. Para un joven artista, eventos como este generan expectativas. Aunque no siempre se cumplen todas. La televisión no es la catapulta ideal para satisfacer sus ansias artísticas.

¿Cómo llegaste al playlist de la novela?

Llegué a la novela por Elizabeth, la hija de Esteban, el Editor principal de la novela. A ella le encantó el tema “Piedra Lunar” y se lo enseñó al padre. Me llamaron un día para verme y me sorprendieron con la noticia. La directora también estuvo de acuerdo y decidieron llamar a Ernesto Cisneros, el Director Musical. Tuvimos un encuentro y dio el último voto para que se incluyera la canción dentro del playlist. Y así llegué, todavía no conozco a los demás compositores, pero pronto lo haré en algo que llamaremos «una sorpresa».

¿Qué significa entonces, la AMISTAD en la vida de Giordano?

La amistad es lo primero en mi vida. La real amistad, esa que no traiciona en ningún momento bajó ningún concepto. Mi esposa es mi amiga, mi Madre es mi amiga. Mis amigos son todos aquellos que no me mentirían nunca, que me escuchan y aconsejan como mismo lo he aprendido a hacer yo con ellos.

cortesía del entrevistado

¿Cómo es un día en tu vida?

¿Un día en mi vida? Bueno, imagínate que vivo el día a día. Eso me ha llevado a tener experiencias inolvidables. Hay momentos que son perfectos desde que me levanto hasta que me acuesto. Siempre trato de mantener ese buen ánimo, evito el estrés y trato de ir entendiéndome a mí mismo para amarme lo más que pueda, sin importar cuáles sean las situaciones. Amarme primero para poder amar a los otros como un reflejo.

En sus canciones se nota una frescura que deviene de la claridad de sus letras. A veces las ideas brotan de ellas al final del mismo texto, como en un resumen, a la manera que siempre propuso Emilio Ballagas. También se perciben atisbos de elementos de la ciencia ficción como piedras lunares, espacios, viajes, más allá, gravedad.

No soy de leer libros de Ciencia-Ficción pero sí me gustan las películas de ese género. El misticismo pudiera venir de leer muchas teorías diversas de cómo se creó la vida y cómo ha sido la evolución cognitiva y psicológica del ser humano en la sociedades. Todo lo referente al Espacio Exterior me interesa, sobre todo como recurso visual en mi poesía. Casi siempre hago un símil entre el Cuerpo Humano y el Universo, y voy mezclando los conceptos.

De qué país lejano has salido tú

 de qué planeta azul vienes con tu luz

 solo sé que comienza un viaje

 hacia el más allá. (Sueño azul)

cortesía del entrevistado

Quizás Giordano es un artista simbolista. Prefiere evocar ideas a través de palabras en concreto para que sea el espectador quien se haga su propia canción o letra.

Todavía no me considero dentro de un género en específico, ni musical, ni literario. La música que hago es una mezcla consciente de muchas cosas, algo experimental pero que encuentra patrones sólidos cuando se conforma. Como me he mantenido al margen del mercado y las instituciones pudiera decir que pertenezco a la música hecha en Cuba. Estudiar, conocer y aprender en cada experiencia de la vida me ha dado muchas alegrías. Soy un fiel simbolista, existencialista y experimentalista.

La canción preferida entre mi novia y yo es “Piedra Lunar”. Pero todas las que hemos escuchado de Giordano ha servido para crear ambientes mientras hacemos cualquier cosa en el ámbito casero. Y es que desde el mismo arreglo, su voz casi angustiada, los temas de Giordano transmiten un amor por las relaciones humanas, por el romanticismo.

¿Te consideras romántico?

 Muchísimo. Tengo una esposa preciosa y es una pena que la Covid-19 nos mantenga separados. Pronto espero estar con ella. Tengo muchísimos amigos que me aman y mi familia también. En ese aspecto estoy muy satisfecho con los regalos de amor que el presente me da.

¿Eso va construyendo tu concepto de felicidad?

La felicidad es despertar tranquilo con la persona que amas al lado y una taza de café en la mañana. Tener un instrumento musical cerca y un lienzo en blanco listo para usarse. Abrir el frío y tener comida que uno disfrutó haciéndola. Caminar descalzo por la casa limpia, el olor de los árboles, un tatuaje nuevo, un encuentro con un viejo conocido, un libro policíaco. Hay tantas cosas que me hacen feliz y se traducen en el verdadero concepto de felicidad.

Esto me recuerda lo que leí en varios textos de algunos psicólogos. Para Freud, por ejemplo, un hombre feliz es una especie de ser complementado. La vida social pudiera ser el complemento ideal de un artista.

¿Has valorado tu papel en esta sociedad? ¿Crees que estás asumiendo el rol que siempre quisiste?

Hasta el presente sí. No pienso detenerme en mis metas y sueños. Mientras más entienda como funciona esta sociedad contemporánea y más cerca estén en mis manos cambios reales y necesarios, más comprometido estaré con ellos.

cortesía del entrevistado

Pareces un hombre práctico. Además de la plástica y la música, ¿qué otras manifestaciones artísticas te apasionan?

Me gusta escribir poesía. Siempre he querido escribir un libro.

En ese mal llevado concepto de trovador he querido colocar a Giordano. Las razones que tengo pululan sobre mis hombros. La trova es algo más allá de un hombre y una guitarra. Es, también, una forma de vida, una actitud. Es tener sentido y sensibilidad para andar por ahí mirándole los detalles a todo lo que se mueve. Es un puente, para todo lo que se ama y se aprende.

¿Cómo ves la trova cubana y su promoción?

Actualmente hay muy buenos trovadores. Buenísimos en interpretación y en composición. La promoción es verdad que es escasa, pero más lo es el público.

¿Crees entonces que la trova, como canción, es necesaria?

El público cubano necesita escuchar trova, entender de música y poesía. Hoy día los cantautores tenemos que tener el ánimo de intentar cautivar ese público con un poco de lo que nos piden y un poco de lo que queremos mostrar.

Veo una aurora boreal

juntándose con mi sangre

cuántas vueltas más daré

 me he pintado en la pared

 ver mi rostro no me hace permanecer.

 Hay un paisaje veloz

 un aliento sideral

 siento en mí tu gravedad

eres mi piedra lunar

 tan lejana

  tan palpable.

 Orión me anima a no mirar atrás

 espero en silencio

estatua de sal

puente pequeño

 un muro sin voz

 el mar no fue vil

 el odio es peor.

(Piedra lunar, Giordano Guerra Cabrera)



De por qué soy un producto de la AHS

No me canso de decirlo y cuando he sido cuestionado ni siquiera lo he negado. Uno puede ser auténtico y, a la vez, producto de algo. Porque de hecho, somos productos de dos “alguien” que un día decidieron tener hijos.

Como mismo Sergio y Luis, asesinados un 13 de agosto de 1957, fueron el producto de un amor familiar.

Ese día que Fidel, el mío, el de todos, cumple 94 años, me manifiesto con más fuerza como un producto de la AHS.

Feria del libro en caracas con Barnet 2006/ foto memorias del autor

A mí la Asociación Hermanos Saíz no me ha dado los materiales para hacer mis obras. No me ha escrito los libros que tengo. No gestionó los premios que me han hecho delirar. Ni siquiera me da dado un listado con todas las cosas que debería crear ya sea con letras, líneas, sonidos o escenificaciones.

No ha exigido dinero por representarme, ante el mundo, como un artista joven y de vanguardia.

No colocó camisas de fuerzas para que yo pensara o actuara como ella misma o, al menos, como ella quisiera. Y ha sido respetuosa.

Feria del libro Caracas 2006/ foto memorias del autor

Nunca me pidió que hiciera concesiones o que fuera comunista, Fidelista, martiano. Y, mucho menos, que la respetase a ella.

Todo lo contrario.

Ha hecho gestiones para que yo pueda conseguir, mediante terceros, los materiales necesarios para realizar cualquiera de mis obras.

Me ha dado el espacio que merezco dentro de la sociedad y la cultura de mi país.

Feria del libro Venezuela 2006/ foto memorias del autor

Ha puesto en mi pecho medallas en fechas significativas y aniversarios.

Cuando tuve la necesidad de recibir alientos, ella me ha sabido motivar.

Ha puesto tribunas para que yo, y otros como yo, podamos decir lo que pensamos de la cultura, la sociedad, de mi país.

Jamás me ha perseguido por mis ideas, sino, cuando ha creído que deba darme una explicación o una respuesta.

Se ha paseado tolerante entre mis sueños y quimeras.

Ha puesto en mis manos todas las comodidades posibles para que hiciera mi obra en paz y libertad.

Ha tramitado viajes, giras, eventos, talleres, becas de creación, cursos, en los que yo tuve hermosa participación y muchos más lindos recuerdos.

Constante va creando espacios y eventos para que mi obra siga floreciendo y llegando a los sitios a donde tiene que llegar.

Evento de narrativa camagüey 2009/ foto memorias del autor

Consiguió que conociera a casi la mayoría de los artistas cubanos, de mi generación o de otra, que hoy me precio de conocer.

Me ha dado la libertad de ser comunista, fidelista, martiano; de amar y respetar los símbolos de esta nación.

Me ha respetado como revolucionario que soy.

Ha practicado todo los tipos de justicia que existen.

Me ha hecho feliz.

Y yo, creo, la he puesto feliz también a ella.

Ha arropado todos mis sueños de amor y valentía. Y, sobre todo, me ha formado como artista dándome la oportunidad de manifestarme después.

Por eso soy un producto de la AHS. Y lo seguiré siendo.



El lugar memorable

Cuando leí el volumen de cuentos de Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989), Culto de acoplamiento (2015), me resultó “curioso” que el relato homónimo cerrara dicha compilación.

Ahora bien, no hay que olvidar que es el lector quien arma su propio libro y lo hará siempre de la manera que mejor le convenga. Porque en este sentido, la forma de leer sí le puede aportar significados a lo leído. Además, habrá una prolija comunidad de lectores con maneras bien personales de acercarse a la obra literaria.

Es cierto que no existe una técnica palpable y popular para la conformación de los libros de cuentos. Los hábitos en este sentido son muy variados y depende, sobre todo, de la estética y la funcionabilidad. Por ejemplo, si el libro será enviado a un concurso, habría que pensar en la disposición de cada texto para impactar al jurado;  si fuera para una editorial, la cuestión podría ser diferente y permitirse ciertas libertades.

La experiencia me ha enseñado que los grandes autores prefieren colocar esa narración en el lugar más privilegiado, sea cual sea.

Pareciera a simple vista que es casual, pero según las distintas dramaturgias planteadas y sugeridas en el libro, el asunto se complica y se vuelve casi un ejercicio de causa y efecto. Pero lo que sí es un hecho es que sobre este cuento ha de posarse toda la atención del lector y, con lo mismo, todas sus expectativas.

Revisito a Borges, en el que en casi todos sus volúmenes de narraciones es así. Juan Rulfo coloca El llano en llamas justo al medio, como si dividiera el libro en dos partes simétricas: de un lado las narraciones más terrenales, y después del cuento que da título al libro, las historias tienen un matiz más de otro mundo. García Márquez colocaba este ejemplar también al final, salvo en Los funerales de la Mamá Grande (1962) que prefirió el penúltimo puesto y en La increíble y triste historia de… (1972) donde también lo dispusiera justo al medio. Nuestro Virgilio Piñeira dejaba el término del libro para el cuento que le diera título, salvo en Cuentos fríos, que posee un nombre genérico; y en Muecas para escribientes (1987), donde es colocado en el mismo centro del mismo.

La ejemplificación podría ser aún más larga, pero se trata de analizar el lugar que le otorgara Elaine Vilar a la destacada narración. Pensar, como a viva voz, cuál sorpresa nos trae dicha decisión.

Lo comparo entonces con la estructura de una casa para que su visualización sea más práctica y de fácil comprensión.

Sabemos que en la mayoría de las viviendas cada habitación cumple un papel determinado. Y no todas tienen el mismo tamaño y confort. Digamos, entonces, que un libro de cuentos tendrá que suplir las funciones de una morada por lo que el lector andará por él a la busca de comodidades entre otras cosas.

En nuestra psicología, para el estudio de una situación familiar determinada, se hace necesario acudir a un organigrama en el que se tendrá en cuenta el lugar que se ha destinado no solo al paciente, sino, también, al miembro más importante de la familia, y a los niños. Asimismo, el feng shui nos da algunas ideas de cómo distribuir a los miembros de la familia por las habitaciones, según los campos de energía que las mismas poseen y la posición cardinal del inmueble.

Nada es casual.

Todo esto me lleva a pensar que en Culto de acoplamiento, el lugar reservado es el preciso para darle feliz final a la idea del libro. Y entraré a analizar algunos detalles que, si bien no son grandes descubrimientos, podría hacer la lectura más fácil a quienes, como para mí, la lectura es un franco ejercicio de raciocinio. Soy un lector bastante disciplinado y arrojado por el ejercicio de la investigación artística.

¿Por qué Culto de acoplamiento? Ya desde el título de la narración se nos dan algunas coordenadas. Culto es la acción de reverenciar algo que para algunos es sublime. Puede hacer de forma grupal o personal. Y cualquier cosa puede ser el objeto de adoración. En este caso, se trata del acoplamiento. Que viene de unirse.

Cuando dos seres vivos se acoplan no solo se funden sus materias, sino también su espíritu y esencias. Para un ser con alguna inteligencia, se unirían subjetividades, experiencias y algo del amor. Casi siempre al acoplamiento le sobreviene un efecto, una creación. Sin caer en absolutismos.

¿De qué va la historia? Ya sabemos que se podría tratar de algo sexual o, por lo menos, erótico. Y eso nos llamará aún más atención, avivará el interés.

Cuando somos los testigos de Serm, investigadora que tiene una misión que cumplir en el planeta de los mudgorgs, enseguida nos ponemos de su parte y hasta podemos ir entendiendo su psicología, el porqué de su estado de desánimo. El drama de que el sexo lo es todo para los seres vivos, incluso en la Tierra, es demasiado reduccionista para ella y no cree que sea necesario perder el tiempo en una misión como esa.

¿Cuál es la misión? Ha de escudriñar el acoplamiento de los mudgorgs con sexos como lanzas y estrafalarios cortejos. El objetivo final de toda esta vigilia es adueñarse de los supuestos conocimientos y poderes que esa especie parece mantener oculto a los ojos del mundo, aunque Serm solo cree que esas historias son pura habladurías.

Ella es descubierta por uno de los mudgorgs, quien ha olido su esencia femenina y quiere copularla.

Para Serm, “envenenada” por la savia de los mudgorgs este ser es el Hombre que tanto ha esperado y vive ensoñaciones casi mágicas mientras dura la cópula.

El asunto se vuelve retorcido cuando nos enteramos de que todo es una trampa. Desde la base espacial de la Tierra, se empieza a recibir la información deseada de los habitantes de este planeta y todo desde que se consumó el acoplamiento.

El cuento es hermoso y nos da una clara moraleja sobre la esencia infrahumana del ser humano y sus afanes de codicia. Bien narrada, esta invención consigue su objetivo, que es atrapar al lector y dejar que saque sus propias conclusiones.

Pero no considero que sea la mejor pieza del volumen. Sostengo que le sobran algunos detalles que no le aportan a la trama y que, de alguna forma, hacen que se aleje de ese paradigma del cuento que tanto proclamaban Quiroga, Chéjov y hasta Juan Bosch. En un cuento, los demasiados detalles hacen que se disipe la esencia del género.

Con la inserción del punto de vista del mundo mudgorg, diálogos incluidos, se pierde un precioso tiempo y la tensión. Con la demasiada enumeración del ensueño que vive la protagonista, también. Son destellos que, quizás, con una acuciosa edición se hubiesen resuelto, si antes la goma de borrar de su autora no le pasó factura. Detalles que no empobrecen la calidad del texto, pero que sí pesan.

Y pesarían también en un lector, como yo, que no desea perder tiempo, sino más bien ganarlo. Una buena lectura nos aporta mucho, sobre todo en deleite y esparcimiento. Y ya eso es ganancia.

Lo hermoso de este texto, más allá de sí mismo, es la invitación que nos hace al primer cuento de la obra. Y pareciera establecer una conexión mística, como de la serpiente mordiéndose la cola. Recordemos que en su génesis, Culto de… arranca con “Al séptimo día”, que versa sobre un “hombre” que decide “dormir” para crear un mundo nuevo. Quizás ese mismo hombre es el que se acopla a Serm en su “delirio” y le hace ver maravillas.

Todo pareciera encajar como un mecanismo de relojería. Nada es casual, pero sí fastuoso.

Recordemos también que el tema que pareciera gravitar por sobre todos los cuentos tiene que ver con la familia, con la extensión del ser humano. Y para que esto ocurra, ha de existir el acoplamiento.

La numerología nos ayuda a entender, además, la causalidad de que sean 11 cuentos. Y que sumados 1+1 resulte 2. Número que significa familia, pareja, cooperación y entendimiento, estabilidad y receptividad. Más todo aquello que se podría abrir a la secuencia Fibonacci por la suma de dos números.

Así llego a la teoría de Hermann Ebbinghaus, en su estudio Sobre la memoria (1885) y en el que nos explica que la intensidad de un suceso es lo determinante en la duración de su recuerdo en nosotros. Así también establece que, por lo general, lo primero y lo último de una serie de elementos percibidos es lo que más perdura en nuestra memoria. Y en el olvido, entonces, queda lo intermedio.

Nada es absoluto incluso en la ciencia.

Culto de acoplamiento no será el mejor cuento del libro, pero le da su título y conceptualización. El mensaje que pudiese transmitir es poderoso y legendario. “La salvación está en la familia”, parece decirnos. Elaine Vilar Madruga lo ha colocado en una parte importante de esa “casa”, y me gustaría pensar que es para que quede en la memoria del lector. Ese ente casi fantástico que le gusta sopesar y sospechar de todo lo que lee, incluso, de sus propias letras.



Una llave que siempre fue pública

Corría la segunda mitad del año 2005. Se acercaba el fin de una presidencia de la Asociación Hermanos Saíz en Ciego de Ávila, que había logrado muchas cosas y donde Natacha Cabrera Cepero ostentaba el máximo cargo, Arlen Regueiro Mas y Vasily Mendoza eran sus vicepresidentes.

Yo era el jefe de sección de Literatura en ese momento y tenía varios eventos continuados, juegos florales, caminata cultural, boletines impresos como el Rajatabla, el sitio web de la Ahs avileña, entre otros. Llevaba rato fraguando un evento que fuera solo de narrativa y que tuviera un impacto verdaderamente explosivo en la oleada de jóvenes narradores que se veía venir en la provincia. Se quería que fuera un buen evento a la altura de lo aprendido en el Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, pero que no fuera exactamente igual. Se necesitaba un símbolo, una identidad.

Así surge el nombre de La llave pública, por ese libro hermoso de cuentos que nuestro Félix Sánchez había publicado en ediciones Ávila en los años noventa y que en el 2001 vio su segunda edición. Se haría un taller. Uno que diera herramientas novedosas y útiles a todos los narradores que, como nosotros mismos, apenas habíamos encontrado solución a cosas tan vitales para la escritura de cuentos. Nos centramos en dar charlas sobre cómo construir el diálogo, la función de los títulos, la construcción de un libro de cuentos y de una novela, los personajes en la ficción, entre otros temas que también eran imprescindibles.

Félix Sánchez sería el artífice mayor. Y su hermano Francis Sánchez y yo, fuimos el jurado de ese primer evento que nació en septiembre de 2005, en el municipio de Primero de enero, con la producción de Yoanys Soriano. Fue un primer encuentro casi mágico. Se llevaron a cabo todas las secciones de talleres diurnos durante cuatro días seguidos. Por las tardes hacíamos lecturas de textos para debatir y por la noche salíamos a varias instituciones para homenajear a Félix Sánchez y seguir hablando sobre libros y literatura.

Éramos más de diez escritores y algunos de otras provincias, como Camagüey, Santiago de Cuba, Guantánamo.  Lo que le dio al evento un carácter nacional. El concurso iba fraguándose en la medida que pasaban los días de lectura y debate de cuentos. Íbamos analizando los cuentos para ver los posibles ganadores. Habíamos preparado tres premios con sus respectivos diplomas artesanales con llaves de verdad incrustadas en la cartulina.

Tiempos hermosos donde con poco hacíamos mucho. Tuvimos como invitados, a valiosos escritores que supieron dar lo mejor de sí en cada encuentro. Así nos acompañaron Yunier Riquenes, Legna Rodríguez, Yoandra Santana, Miguel Vanderpoll, Eldys Baratute, Erich Estremera, Herbert Toranzo, y tantos otros entre los que estaban los mismos talleristas.

Las tres ediciones que se hicieron del evento sirvieron para aunar fuerzas narrativas y conseguir, al menos, que los jóvenes narradores de la AHS avileña tuvieran un espacio donde aprender lo que se nos hacía tan difícil adquirir por la inexistencia de manuales o literaturas a fin. Se hicieron en dos locaciones distintas, Primero de Enero y Majagua.

Eso nos ayudaba no solo a la concentración de los talleristas, sino también a la sana recreación del grupo que compartía hermosos momentos de camaradería. No teníamos la intención de publicar libro alguno con los resultados del taller. Pero la idea que se fraguó después, con la nueva forma que asumió el evento, es tremenda y es aplaudible desde todos los puntos cardinales. De alguna manera, el evento no ha muerto. Solo ha mutado de gestor y de tiempos. Se ha vuelto otro, distinto, pero el mismo. Es la llave, esa que un día fue pública y que ahora, por suerte, lo sigue siendo.