Soledad Gesteira


Activismo de los Derechos Humanos y Derecho a la Identidad en Argentina

El presente artículo tiene como objetivo describir y analizar la configuración del activismo de los Derechos Humanos en Argentina, focalizando en el Derecho a la Identidad, a fin de comprender los alcances, efectos y limitaciones de estas formas de activismo, teniendo en cuenta su carácter local y situado.
A estos fines es preciso recordar que el 24 de marzo de 1976, se desata la más sangrienta y cruel de todas las dictaduras en la Argentina, donde fueron secuestrados y desaparecidos alrededor de treinta mil hombres y mujeres en su mayoría militantes políticos. Estos fueron detenidos ilegalmente en centros clandestinos de detención, sometidos a diversas torturas, asesinados y desaparecidos. Paralelamente se llevó a cabo un plan sistemático de apropiación de niños y niñas, hijos e hijas de las personas secuestradas. Se estima que fueron apropiados alrededor de 500 niños y niñas durante el terrorismo de Estado y ello aconteció a través de dos modalidades: la inscripción falsa como hijo propio en el Registro Civil y la adopción pseudo-legal. La inscripción falsa consistía en anotar como hijo propio a un niño ajeno, una práctica que, tal como ha podido identificar Carla Villalta, tenía larga duración en nuestro país y gozaba de una amplia tolerancia social, siendo considerada como “otra forma de adopción” a pesar de ser un delito.
Frente a la masiva desaparición de personas, sus familiares comenzaron a movilizarse en forma individual, recorriendo comisarías, iglesias y hospitales. En la búsqueda de información y conversando con otras personas en la misma situación los familiares comenzaron a agruparse y a organizarse; así, en 1977, en plena dictadura militar, surge Madres de Plaza de Mayo. Algunas de aquellas mujeres-madres que reclamaban por sus hijos e hijas, también buscaban a sus nietos y nietas y ello las condujo a conformar una organización con estrategias y metodologías específicas para tal fin, que tuvo como primer nombre “Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos” y que luego se transformará en Abuelas de Plaza de Mayo. La búsqueda de los niños y niñas y sus padres se transformó así en el pilar de este grupo de mujeres que sostenían que su objetivo era “buscar a los nietos sin olvidar a los hijos”. En Argentina, el rol de los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado organizados ha sido clave, tanto en la construcción del paradigma de Derechos Humanos, como en el proceso de transición democrática.
Sofía Tiscornia advierte que “son diversos los significados que la defensa de los Derechos Humanos adquiere, según el tipo de organización política-institucional de Estado en la que son demandados”. En una dirección semejante Claudia Fonseca y Andrea Cardarello nos recuerdan que “los Derechos Humanos en su forma abstracta y descontextualizada poco significan. Cómo esta noción es traducida en la práctica –y sus consecuencias particulares- depende de relaciones de poder forjadas en contextos históricos específicos y expresadas en categorías semánticas precisas”.
De este modo, es importante comprender los derechos no como atributos atemporales sino, por el contrario, como constructos histórico-sociales atravesados por relaciones de poder, por ello mutables y objeto de diversas negociaciones y disputas. Tal como señala Sally Engle Merry, los Derechos Humanos son producto de las historias políticas e ideológicas locales y en la medida en que son un conjunto abierto y diversificado de ideas, ellos pueden ser apropiados creando, en ocasiones, nuevas categorías sociales. En este sentido resulta clave indagar en las formas y los sentidos locales que adquieren los Derechos Humanos y ello se enlaza indiscutiblemente con la historia social, cultural y política local.
En la Argentina, los sentidos que adquieren la retórica y el discurso de los Derechos Humanos tienen anclaje en los múltiples efectos de la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Como señalé, la figura de los familiares fue un elemento determinante en la conformación y configuración de los Derechos Humanos en Argentina; y su práctica social y política en la lucha por recuperar a sus hijos, hijas, madres, padres, hermanos, hermanas y nieto/as puede entenderse como una forma de activismo.
Los trabajos académicos sobre activismo y movimientos de demandas de derechos constituyen una extensa área de estudios en Argentina. Sofía Tiscornia, a partir de su investigación con el caso de Walter Bulacio, señala que “en determinadas circunstancias histórico-políticas la agencia del activismo en Derechos Humanos está capacitada para limitar el poder de policía a través de estrategias político-jurídicas”.
María Pita, en su investigación con familiares de víctimas de violencia policial, sostiene que el carácter productivo de estos activismos reside “en su capacidad de ampliar el campo de lo público, de generar lazos y solidaridades horizontales”. Procurando aportar a este campo de estudios a partir mi investigación, comprendí al activismo como una “práctica política por la cual los sujetos se nuclean colectivamente a partir de una demanda particular, en general formulada en términos de garantía o ampliación de derechos. Ello supone, para los activistas, la elaboración de argumentos que legitimen la demanda, la construcción de redes de relaciones que permitan movilizar distintos tipos de recursos y el diseño de estrategias jurídico-políticas que permitan ubicarla tanto en escenarios locales como internacionales”.
En Argentina, el activismo de los familiares de las víctimas logró conceptualizar las desapariciones y el robo de niños y niñas como violaciones de Derechos Humanos, al tiempo que dio lugar a un proceso de justicia y búsqueda de la verdad que fue apoyado por el Estado.
El activismo de Abuelas de Plaza de Mayo y el Derecho a la Identidad
A continuación, me interesa focalizar en el activismo jurídico político que llevó adelante Abuelas de Plaza de Mayo, en la búsqueda y restitución de sus nietos y nietas apropiados para, luego, indagar en sus alcances y en los efectos que ha tenido.
Dentro de la diversidad de acciones realizadas por las Abuelas, se destaca su labor por visibilizar el robo de sus nietos en las esferas locales e internacionales, ser las impulsoras del derecho a la identidad, ha sido uno de sus mayores logros; y constituyó una herramienta legal en los juicios por la apropiación criminal de niños/as y en la restitución de sus nietos a sus familias de origen. Este logro se dio en consonancia con otras políticas públicas, también promovidas por Abuelas, en materia de Derecho a la Identidad, tales como el Banco Nacional de Datos Genéticos en 1987 y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) en 1992.
La localización y restitución de 130 nietos y nietas, hasta abril de 2021, da cuenta de los logros y alcances del activismo jurídico-político desplegado por Abuelas. Sin embargo, quisiera extender la exploración más allá de esta situación e indagar sobre otros efectos inesperados que ha tenido su activismo.
En la tarea cotidiana de búsqueda de sus nietos y nietas apropiados, Abuelas de Plaza de Mayo ha desplegado una vasta cantidad de estrategias en pos de que ellos sean interpelados: campañas de difusión en radio, cine, televisión, teatro, entre muchas otras. Todas, acciones dirigidas a instar a aquellos jóvenes que “dudan” sobre su origen para que comiencen una búsqueda. En la construcción de esta interpelación a potenciales nietos y nietas, hubo una constante apelación a la importancia que tiene conocer la “verdadera identidad”.
Estas campañas de difusión se intensificaron a partir de 1997, y ello derivó en la presentación, en la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, de cientos de personas con dudas, jóvenes y adultos, que en muchos casos resultaban no ser hijos de desaparecidos. En este sentido, las campañas de difusión no se restringieron exclusivamente a sus nietos y nietas, sino que interpelaron a la sociedad toda. “La pregunta “¿Vos sabés quién sos?” fue un llamamiento a la reflexión social e individual. Desde entonces, son los propios jóvenes los que se acercan a la institución preguntando, dudando sobre su identidad: buscándose” (Asociación Abuelas de Plaza de Mayo).
En efecto, el resultado de la “reflexión social e individual” sobre los orígenes generó que muchos jóvenes se acercaran a Abuelas “buscándose”, pero la mayoría de ellos, hasta el momento, no resultaron ser hijos o hijas de desaparecidos. En búsqueda de sus nietos y nietas Abuelas lanzó una pregunta social y política que inevitablemente irrumpió en las biografías de muchas otras personas. La pregunta por la identidad que sembraron las Abuelas en nuestra sociedad se extendió más allá de los 130 nietos que pudieron encontrar; puesto que muchas personas a partir de “ellas” comenzaron a preguntarse por sus orígenes e identidad.
De este modo, la labor de sensibilización de las Abuelas sobre la importancia de conocer los orígenes y la existencia del Derecho a la Identidad, en tanto derecho por el cual reclamar, produjo una expansión de este derecho que desbordó su original contexto de producción e interpeló, de diferentes maneras, a gran parte de la sociedad argentina y al mundo habilitando otras búsquedas.
Fue así que, interpelados por Abuelas, repletos de inquietudes y buscando la forma de encontrar respuestas a sus dudas, en 2002, un grupo de personas que desconocían sus orígenes comienzan a nuclearse y a conformar organizaciones a fin de visibilizar sus búsquedas. La primera organización fue Quiénes Somos, que surge en 2002, en 2003 Raíz Natal, en 2010 Búsquedas Verdades Infinitas y Fundación Nueva Identidad, en 2014 Hermanas del Alma, Nuestra Primera Página y Colectivo Mendoza por la Verdad, en 2016 Hermanados por la Búsqueda, entre muchas otras que se expanden en todo el territorio argentino y también una enorme cantidad de blogs y páginas de Facebook.
Estas novedosas organizaciones sociales las integran personas que, en su mayoría, fueron inscriptas falsamente en el Registro Civil “como si” fueran hijos biológicos de las personas que los criaron. A lo largo de mi investigación con estos activistas observé que utilizan distintas nominaciones para autodefinirse: “inscriptos como hijos propios por sus padres de crianza”, “sustituidos”, “apropiados en democracia”, “adoptados ilegalmente/falsamente/irregularmente”. Pese a esta diversidad de nominaciones, en los últimos años la denominación “Buscadores” es utilizada mayoritariamente por los activistas.
El reclamo que realizan los Buscadores al Estado reside en el ejercicio “pleno” y la garantía de su Derecho a la Identidad y en la creación de legislaciones, protocolos y oficinas que se ocupen de sus búsquedas de origen. Si bien la lucha de Abuelas les permitió a los Buscadores “dudar, despertar, iniciar la búsqueda”, como me han referido, en su labor como activistas tienen como desafío la construcción de una demanda legítima en torno a sus búsquedas de origen. Los Buscadores procuran que sus casos sean considerados como violaciones de un derecho humano, es decir ser reconocidos social y públicamente como “víctimas” de un delito. De este modo, al tiempo que los Buscadores surgen y se nuclean inspirados por Abuelas deben realizar un sutil trabajo de diferenciación, ya que sus búsquedas son “parecidas pero diferentes” y por ello demandan políticas públicas específicas y diseñadas para tal fin.
Ahora bien, además de la indiscutible relación que tiene la labor de Abuelas de Plaza de Mayo con el surgimiento de estos nuevos activismos, es preciso considerar los sentidos que asume el parentesco en nuestra sociedad.
En nuestra concepción cultural del parentesco, la “sangre” adquiere un singular papel para comprender la familia. La importancia y el valor que adjudicamos a los lazos consanguíneos, radican en que estos son símbolos que representan el emparentamiento, la pertenencia a un determinado grupo y la continuidad del mismo. La biología, entonces, se vuelve un valor primordial en nuestra concepción del parentesco, puesto que solemos comprenderlo como una mera extensión de los lazos naturales. De este modo, la necesidad psicológica de sentirse “completo” a través de la identificación de nuestros orígenes genéticos, es el resultado de un valor socialmente construido que se basa en las relaciones de “sangre”. Por ello, en nuestra sociedad el conocimiento de los orígenes se vuelve un elemento “sustancial”, “clave” para la construcción de la “identidad personal”.
En suma, el surgimiento de estos nuevos activismos nos permite observar cómo los Buscadores, al tiempo que retoman plataformas discursivas y jurídico-políticas elaboradas por el activismo de Abuelas, las resignifican en función de sus propios objetivos. Así el activismo de los Buscadores amplía los sentidos atribuidos a la identidad, promoviendo una noción ampliada del Derecho a la Identidad que también se liga a otras formas posibles de separación de madres e hijos, de inscripción falsa de la filiación y de robo de niños y niñas en Argentina.
Consideraciones finales
En este texto describí sucintamente la configuración de los Derechos Humanos en Argentina y el rol destacado que ha tenido el activismo de los familiares en dicha comprensión y conceptualización para, a partir del caso de Abuelas de Plaza de Mayo, dar cuenta de los múltiples efectos de los activismos y las nuevas elaboraciones y demandas de derechos que ellos pueden habilitar, como el surgimiento de las organizaciones sociales de Buscadores.
En este sentido, la conformación de estas organizaciones de Buscadores nos habla de un período de transformación que no se limita a un puñado de personas que decidieron organizarse en pos de sus búsquedas individuales y para ayudar a otras personas, sino que puede comprenderse como un fenómeno emergente de una transformación en la sociedad, donde “buscar la identidad” se fue tornando un problema que debía ser atendido por el Estado.
La constitución de “la identidad y el conocer los orígenes” como un tema-problema, a partir del trabajo de Abuelas, desbordó los objetivos originales de la movilización de estas mujeres y dio lugar a nuevas formas de organización y de demanda por derechos. Y esto reconfirma que los derechos son el resultado del activismo de personas de carne y hueso y que, como este caso lo demuestra, pueden ser apropiados habilitando nuevas demandas de justicia.
En la Argentina, durante mucho tiempo, inscribir a un hijo ajeno como propio, sustituir su identidad y ocultarle sus orígenes, no era una práctica reprobable o cuestionable, por el contrario, era visto como un acto de “amor”, de buena fe y de protección, revestido por una actitud “salvacionista”. Como señalé, fue a partir de la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, que este tipo de prácticas pudieron ser comprendidas, visibilizadas y nominadas como “apropiación de niños”, en tanto implicaron sustitución de identidades y, fundamentalmente, la conversión de los niños y niñas en “objetos” de los cuales se disponía libremente.
El surgimiento de los Buscadores inspirados por la lucha de las Abuelas, promueve una ampliación de la demanda por el Derecho a la Identidad y una ampliación de los sentidos construidos sobre la “identidad y los orígenes”, donde además de vincularlos con la apropiación criminal de niños y niñas durante la última dictadura cívico-militar, habilita una comprensión más amplia y de larga duración, ya que las prácticas de circulación coactiva de niños y niñas tienen una considerable profundidad histórica que se remonta a las campañas militares realizadas en el marco del genocidio indígena en Argentina.
De este modo, considero que la investigación histórica y antropológica pueden ofrecer elementos significativos en la revisión, registro y análisis de prácticas, hechos y discursos que han sido “naturalizados” y que a partir del activismo de los Derechos Humanos son resignificados y comprendidos desde nuevas perspectivas.
En este sentido, el activismo de los Buscadores nos interpela, como lo han hecho las Abuelas de Plaza de Mayo, pero desde un nuevo lugar y nos convoca a continuar trabajando en la visibilidad de la demanda por conocer los orígenes y la identidad y a elaborar estrategias creativas y colaborativas para que el Estado garantice el Derecho a la Identidad de todos y todas.

 

  1. 1. Che Alejandra: Artista que apuesta a la transformación de la realidad desde una perspectiva clasista, feminista y anticolonial. Ha participado en el movimiento piquetero, en su momento de mayor desarrollo y en el pedido de justicia por los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
    Ilustra notas en distintos medios alternativos y forma parte del colectivo gráfico Vivas Nos Queremos – argentina, creando, recopilando y difundiendo el grabado como herramienta de comunicación de las luchas del movimiento feminista. Desde el colectivo de muralismo comunitario Muralismo Nómade en Resistencia pone color en las calles con propuestas de un mundo distinto.
    Es docente superior de educación artística formada en la Universidad de las Artes (UNA). Realizó el postítulo en Educación Sexual Integral (ESI) en el Instituto Universitario Joaquín V. González (2019).
    Publica gráficas en Facebook (Che Alejandra) y en Instagram @chealejandra_da

Esta obra forma parte de la serie de la artista en la I Muestra de Artes Visuales de la Revista de pensamiento crítico feminista «Waslalas».

https://waslalas.wordpress.com/expo-de-artes-visuales/

 

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