Mariela Varona Roque


Bukowski y la est茅tica de la perversi贸n

  • Digan lo que digan, siempre hay algo malo escondido en los hombres que huyen del vino, de las cartas, de las mujeres hermosas o de una buena conversaci贸n.

La afirmaci贸n de Voland en El Maestro y Margarita, de Bulgakov, parece escrita ex profeso para canonizar a uno de los malditos de las letras norteamericanas: Charles Bukowski. Devenido mito de la literatura underground, paradigma del realismo sucio y personaje favorito de s铆 mismo, Bukowski bebi贸, jug贸 y am贸 en proporciones escandalosas, y por alguna causa su estilo es a煤n visible en toda una tendencia dentro de la literatura cubana contempor谩nea.

Cientos de cuentos, una treintena de poemarios y cuatro novelas publicadas lo definen como un autor prol铆fico. Lo pasmoso es que la mayor parte de su obra la publicase despu茅s de cumplir cincuenta a帽os, y que en poco tiempo convirtiera en figura pol茅mica a un hombre que nunca vot贸, ni milit贸 en partido pol铆tico o movimiento literario alguno. La m谩quina de follar; Se busca una mujer; Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones; Escritos de un viejo indecente; bajo esos t铆tulos se publicaron sus cuentos en editoriales baratas, tan s贸rdidas como su escritura. Esos cuentos, como las novelas (Factotum, Cartero, Mujeres y La senda del perdedor) hablan sobre borrachos, putas de mala muerte, peleas de bar e incontables escaramuzas sexuales, y ocurren en bares, hoteluchos, garitos, oficinas mugrientas y traspatios. En todas las historias el protagonista es el mismo: Henry Hank Chinasky, el 谩lter ego de Bukowski.

Nacido en la ciudad alemana de Andernach en 1920, Bukowski fue el resultado de la uni贸n de un soldado norteamericano con una joven lugare帽a, y la familia se traslad贸 a Los 脕ngeles cuando el hijo ten铆a dos a帽os de edad. El romanticismo de lo que parece ser una com煤n historia de amores de guerra se anula por las noticias sobre el comportamiento violento y desp贸tico de Bukowski padre: un mit贸mano que hac铆a creer a los vecinos que era ingeniero cuando en realidad trabajaba en una lecher铆a, y que meti贸 la cara de Bukowski adolescente en su propio v贸mito cuando este ensuci贸 la alfombra en su primera borrachera. Buscando el alcohol como paliativo de su timidez, acrecentada por erupciones en el rostro que no lo hac铆an nada atractivo para las muchachas, el joven Bukowski huy贸 de la casa paterna para entregarse a sus dos grandes pasiones: la bebida y el sexo. La primera lo empujaba hacia el segundo, y este, al neg谩rsele, lo volv铆a de regreso a la primera.

Hizo una vida errabunda y desordenada, trabaj贸 en un sinn煤mero de empleos, viaj贸 por los estados de la Uni贸n, pero su destino final volvi贸 a ser Los 脕ngeles, donde trabaj贸 en una oficina de correos hasta que la publicaci贸n de su novela Cartero, en 1970, le decidi贸 dedicarse exclusivamente a la escritura. A pesar de su empe帽o autodestructivo, la condici贸n de lector impenitente lo hab铆a marcado para siempre.

Como dir铆a en su poema 芦D铆as como navajas, noches llenas de ratas禄: siendo muchacho divid铆 en partes iguales el tiempo/ entre los bares y las bibliotecas; c贸mo me las arreglaba para proveerme/ de mis otras necesidades es un puzzle; bueno, simplemente no me preocupaba demasiado por eso/ 鈥攕i ten铆a un libro o un trago entonces no pensaba demasiado/ en otras cosas鈥/ los tontos crean su propio para铆so.

Y tambi茅n: pero eran los fil贸sofos quienes satisfac铆an/ esa necesidad/ que acechaba en alguna parte de mi confuso cr谩neo: vadeando/ por sus excesos y su/ vocabulario cuajado/ a煤n me asombraban/ saltaban hacia m铆/ brincaban/ con una llameante declaraci贸n l煤dica que parec铆a ser/ una verdad absoluta o una puta casi/ absoluta verdad,/ y esta certeza era la que yo buscaba en una vida/diaria que m谩s bien parec铆a un pedazo de/ cart贸n.

Para terminar con: qu茅 grandes tipos eran esos viejos perros, me ayudaron a atravesar/ esos d铆as como navajas y noches llenas de ratas;/(…)/ mis hermanos, los fil贸sofos, me hablaban como nadie/ venido de las calles o alguna otra parte; llenaban/ un inmenso vac铆o./ Qu茅 buenos muchachos, ah, 隆qu茅 buenos muchachos!

Bukowski es a la vez parte y consecuencia de la contracultura californiana. Como en Ginsberg y Kerouac, su discurso pertenece al hombre com煤n que no puede ni quiere hacer suyo el sue帽o americano, y disfruta agrediendo la perfecta simetr铆a de la moral burguesa. Pero digo consecuencia porque Charles Bukowski no tuvo las mismas expectativas que sus coet谩neos hacia la obra creativa; tal vez sinti贸 menos urgencia en ostentar su inconformidad con el orden y la moral. Aunque public贸 un cuento en la revista Story en 1944, antes de dar a conocer el resto de su obra le toc贸 leer lo que escrib铆an los Kerouac y los Ginsberg que, a pesar de su rebeld铆a y sus alegres locuras, siempre se las arreglaron para publicar a tiempo y eran santificados y aplaudidos por los j贸venes de su edad. De ah铆 que Bukowski pertenezca a la generaci贸n beat pero sea un beat tard铆o, un ep铆gono si se quiere de la loca y transgresora ola que vir贸 al rev茅s las letras americanas.

Entre sus influencias literarias, adem谩s de sus adorados Henry Miller y C茅line (aquel franc茅s acusado luego de nazista), es pues perfectamente distinguible la prosa violenta y vivaz de Jack Kerouac y su atrevida exaltaci贸n de la libertad sexual. La opini贸n de Bukowski sobre otros escritores norteamericanos nos llega signada por su 谩lter ego Chinasky en varias de sus obras: 芦Dejando a un lado a Dreiser, Thomas Wolfe es el peor escritor norteamericano, Burroughs es terriblemente aburrido, Faulkner una nulidad. Saroyan ser铆a bueno si no fuera tan optimista禄. O si no: 芦驴Hemingway? No. Muy torvo, demasiado serio. Buen escritor, frases magn铆ficas. Pero la vida para 茅l siempre fue una guerra total. Nunca se soltaba, no bailaba nunca禄.

Detr谩s de esas boutades de eterno transgresor, hab铆a sin embargo un respeto hacia la escritura que no lograron quitarle ni las propias burlas sobre s铆 mismo. Escrib铆a en una carta en 1961:

Yo sol铆a jugar un juego conmigo mismo, un juego llamado isla desierta, y mientras estaba tirado en la c谩rcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez d贸lares en las carreras, me preguntaba, Bukowski, si t煤 estuvieras en una isla desierta, t煤 solo, y no fueras encontrado nunca excepto por p谩jaros y gusanos, 驴tomar铆as una vara y rascar铆as palabras sobre la arena? (鈥) la escritura, por supuesto, como el matrimonio, la ca铆da de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. T煤 puedes ir a la cama el mi茅rcoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la ma帽ana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el mi茅rcoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la ma帽ana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores… Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar m谩s. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo t煤 dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no ser谩 porque trate demasiado duro o muy poco, ser谩 porque me he quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: tengo mi vara y tengo mi arena.

Sin embargo, es raro encontrar la franqueza de ese empecinamiento en la obra publicada en espa帽ol. Bukowski disfrut贸 tanto de su papel de automarginado que termin贸 convirti茅ndose al final de su vida en lo que menos intent贸 devenir: fen贸meno medi谩tico. Ordinaria locura (1981), de Marco Ferreri, y El borracho (1987), de Barbet Schroeder y protagonizada por Mickey Rourke, son filmes inspirados en su vida, y lo transformaron en el mismo tipo de 铆dolo que hab铆a sido Kerouac en su juventud. Un 铆dolo de la est茅tica de la perversi贸n, de la suciedad y la podredumbre.

Lo que pudi茅ramos llamar el 芦credo bukowskiano禄 est谩 en el poema 芦C贸mo ser un gran escritor禄: tienes que templarte a muchas mujeres/ bellas mujeres,/ y escribir unos pocos poemas de amor decentes/ y no te preocupes por la edad/ y los nuevos talentos./ Solo toma m谩s cerveza, m谩s y m谩s cerveza./ Anda al hip贸dromo por lo menos una vez/ a la semana/ y gana/ si es posible./ aprender a ganar es dif铆cil,/ cualquier pendejo puede ser un buen perdedor./ y no olvides tu Brahms,/ tu Bach y tu cerveza./ no te exijas./ duerme hasta el mediod铆a./ evita las tarjetas de cr茅dito/ o pagar cualquier cosa en t茅rmino./ acu茅rdate de que no hay un pedazo de culo/ en este mundo que valga m谩s de 50 d贸lares/ (en 1977)./ y si tienes capacidad de amar/ 谩mate a ti mismo primero/ pero siempre s茅 consciente de la posibilidad de/ la total derrota/ ya sea por buenas o malas razones./ un sabor temprano de la muerte no es necesariamente/ una mala cosa./ qu茅date afuera de las iglesias y los bares y los museos/ y como las ara帽as, s茅 paciente,/ el tiempo es la cruz de todos./ m谩s/ el exilio/ la derrota/ la traici贸n/ toda esa basura./ qu茅date con la cerveza,/ la cerveza es continua sangre./ una amante continua./ agarra una buena m谩quina de escribir/ y mientras los pasos van y vienen/ m谩s all谩 de tu ventana/ dale duro a esa cosa,/ dale duro./ haz de eso una pelea de peso pesado./ haz como el toro en la primera embestida./ y recuerda a los perros viejos,/ que pelearon tan bien:/ Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun./ si crees que no se volvieron locos en habitaciones min煤sculas/ como te est谩 pasando a ti ahora,/ sin mujeres/ sin comida/ sin esperanza…/ entonces no est谩s listo/ toma m谩s cerveza./ hay tiempo./ y si no hay,/ est谩 bien/ igual.

La marginalidad engendr贸 en la obra de Bukowski algunas aristas que pueden resultarnos a煤n hoy pol茅micas, aunque ya estemos curados de espanto por la posmodernidad. Por ejemplo, su relaci贸n con las mujeres tuvo una intensidad ambivalente: no era capaz de prescindir de ellas, pero no les hac铆a tampoco ninguna concesi贸n. Era lo que se dec铆a de 茅l cuando el escritor chileno Poli D茅lano lo entrevista en su casa de Los 脕ngeles en 1987. Te han acusado de machista, le dice. La respuesta que le da es la misma del 芦gran poeta禄 de uno de sus cuentos a su joven entrevistador, cuando le pregunta qu茅 piensa sobre la liberaci贸n femenina: 芦En cuanto ellas se dispongan a lavar el auto, a empujar el arado, a perseguir a los dos tipos que acaban de asaltar la tienda de licores o a limpiar alcantarillas, en cuanto ellas se dispongan a que les vuelen las tetas de un balazo en el ej茅rcito, yo estar茅 listo para quedarme en casa y lavar los platos y aburrirme recogiendo hilachas de la alfombra禄. 芦Me acusan mucho por mis personajes favoritos禄, le dijo Bukowski aquella noche. 芦Si pinto a una mujer que es basura, las feministas se me echan encima, mientras que si pinto un hombre que es basura, no me dicen nada禄.

A pesar de estas afirmaciones amargas, am贸 al menos a dos mujeres que compartieron su vida estable y largamente. La muerte de la primera, con quien tuvo a su hija Marina, gener贸 textos y poemas estremecedores. En una carta a John Webb en 1962 escrib铆a: 芦Con respecto a la muerte de mi mujer el 22 de enero 煤ltimo, no hay mucho que decir, excepto que yo ya no ser茅 el mismo. Quiz谩 intente escribir sobre eso, pero est谩 todav铆a demasiado cerca. Puede que siempre est茅 demasiado cerca. (鈥) Hoy estoy solo, casi afuera de todas ellas: de las nalgas, los pechos, los vestidos limpios como trapos nuevos en la cocina. No me tomes a mal, todav铆a tengo 1,80 y 90 kilos de posibilidad, pero yo pod铆a mejor con la que ya no est谩禄.

Y uno entre muchos de sus poemas m谩s citables, a mi juicio, titulado 芦Elogio al infierno de una dama禄: Algunos perros que duermen a la noche/ deben so帽ar con huesos/ y yo recuerdo tus huesos/ en la carne/ o mejor/ en ese vestido verde oscuro/ y esos zapatos de tac贸n alto/ negros y brillantes,/ siempre puteabas cuando/ estabas borracha,/ tu pelo se resbalaba de tu oreja/ quer铆as explotar/ de lo que te atrapaba:/ recuerdos podridos de un/ pasado/ podrido, y/ al final/ escapaste/ muriendo,/ dej谩ndome con el/ presente/ podrido./ hace 28 a帽os/ que est谩s muerta/ y sin embargo te recuerdo/ mejor que a cualquiera/ de las otras/ fuiste la 煤nica/ que comprendi贸/ la futilidad del/ arreglo con la vida./ las dem谩s s贸lo estaban/ inc贸modas con/ segmentos triviales,/聽criticaban/ absurdamente/ lo peque帽ito:/ Jane, te asesinaron por saber/ demasiado./ vaya un trago/ por tus huesos/ con los que/ este viejo perro/ sue帽a/ todav铆a.

Es indudable que la etiqueta impuesta a Bukowski por sus contempor谩neos se dej贸 llevar por la comodidad: era m谩s f谩cil fijarse en su prosa agresiva y provocadora, directa y sucia, que en el mundo de reflexiones y c贸digos que manejaba en su poes铆a. Y fue tambi茅n (lamentablemente) mucho m谩s f谩cil de imitar. Si su imagen p煤blica era tan tra铆da y llevada (驴escritor que bebe o borracho que escribe?), qu茅 podemos esperar de los juicios sobre su obra. Todav铆a hay quien afirma que Charles Bukowski es una abominaci贸n para la literatura鈥 Por suerte 茅l nunca pareci贸 preocuparse mucho por la trascendencia.

La huella del realismo sucio es f谩cilmente rastreable en la literatura cubana. Aunque tuvo algunos anuncios notables como Matarile, de Guillermo Vidal, su explosi贸n (p煤blica) coincide con los cuentos publicados en los 90 por algunos de los llamados nov铆simos, sobre todo los pertenecientes al grupo de los 鈥渇riquis鈥: Ronaldo Men茅ndez, Ricardo Arrieta, Ra煤l Aguiar, Ver贸nica P茅rez Konina, Ena Luc铆a Portela y Jos茅 Miguel S谩nchez (Yoss). Todos eran o hab铆an sido miembros entre 1987 y 1988 del grupo conocido como El Establo, el cual se nucle贸 en La Habana alrededor del escritor Sergio Cevedo y tuvo la intenci贸n de subvertir el canon de la decencia 芦sinflictiva禄 imperante en las letras cubanas. La necesidad de mostrar zonas y temas de la marginalidad hasta ese momento vedadas justific贸 el uso del estilo bukowskiano en la narrativa de los noventa, pues con su tratamiento directo, casi brutal, lograron caracterizar a personajes de nuestro tiempo que no exist铆an porque no ten铆an voz.

Como toda tendencia transgresora, el realismo sucio ha ganado defensores, imitadores huecos y detractores furibundos. Pedro Juan Guti茅rrez y Zoe Vald茅s son hoy dos de los escritores cubanos m谩s le铆dos en el mundo y a la vez los m谩s cuestionados, no solo por las comunes razones de 茅tica y est茅tica, sino porque algunos se preguntan si es 鈥渏usto鈥 que los lectores de otras tierras crean que todos en Cuba hablan y viven en un perpetuo estado de marginalidad. 驴Hay que poner un l铆mite al uso del lenguaje grosero? 驴Este debe servir solo para ubicar a un personaje en un entorno determinado, ergo lo dem谩s es abuso de la groser铆a por la groser铆a? 驴Y si el abuso de la groser铆a se ha vuelto necesario para burlarse de la propia groser铆a? 驴Las palabras groseras no terminan siendo aceptadas hasta por la Real Academia cuando se incorporan definitivamente al habla cotidiana? 驴Qu茅 puede ser peor: el lenguaje grosero o la groser铆a de las ideas?

Cualquier indagaci贸n en ese sentido, adem谩s de ser desgastante, no tiene a煤n ninguna consistencia: es el tiempo quien se ocupar谩 de ubicar lo 芦sucio禄 donde corresponda. Poco le importaba a Bukowski el juicio de sus contempor谩neos, la trascendencia, las poses de los escritores de 茅xito. Detr谩s de sus alardes alcoh贸licos y sexuales hab铆a un ser indefenso que parec铆a querer vivir solo para esperar la muerte. Ah铆 quedan sus textos y los de sus seguidores para que la posteridad siga haciendo su propio juicio.