Lalau Yllarramendiz Alfonso


Vientos del ISA en Santa Clara

El trío Ventisa tiene pocos meses de fundado y ya participa en uno de los eventos más importantes de su ciudad de origen, A Tempo con Caturla. En Santa Clara los jóvenes integrantes de esta agrupación de cámara han encontrado el sitio idóneo para formar un proyecto en conjunto.

Surgió como un ejercicio docente bajo la guía de Gloria Laura Rodríguez Pérez, estudiante de flauta de la Universidad de las Artes (ISA), junto a otros dos alumnos de la misma alma mater: el cornista Eddimar Chizeca y la trombonista Lisday Pozo Aguila.

Sobre los momentos iniciales de la agrupación, en septiembre del pasado año, Gloria Laura comentó:

El Trío Ventisa lo conformamos hace unos meses, cuando se suspendieron las clases por la situación epidemiológica por la COVID 19. La Universidad de las Artes tuvo una iniciativa durante este período, que fue realizar prácticas en el instrumento que serían parte de la evaluación de ese semestre.

De ahí surgió la idea de conformar un trío con los estudiantes que estábamos en Santa Clara, se lo comenté a la decana de la facultad de música María del Rosario Hernández, y así surgió nuestro trío de viento.

¿Qué significa Ventisa? ¿Cómo decidieron ese nombre para el trío?

Esa es una anécdota bastante graciosa; y sucedió en nuestra primera presentación, en octubre, durante la apertura de la jornada martiana en la casa de cultura de nuestra localidad. Cuando el presentador fue a introducir nuestro concierto aun no teníamos decidido nombre y fue entonces que el maestro y trombonista Emilio Sánchez se le ocurrió de pronto llamarnos Ventisa, en alusión a Vientos del ISA.

El profesor Emilio es crucial para nuestro trío, pues nos asesora y estamos muy agradecidos con él.

Sobre la peculiaridad del formato, Gloria Laura ahondó:

Es un formato singular, incluso al principio no sabíamos cuál sería el resultado; aún así quisimos arriesgarnos. Afortunadamente todo nos ha salido bien. El nuestro es un formato único; aunque no quisiera ser absoluta al decir eso; pero es cierto que pocos podrán decir que han escuchado algo parecido antes.

Para escoger el repertorio es todo un reto, porque para el formato no hemos encontrado obras originales aún. Primeramente lo que hicimos fue escoger obras pensadas para otros instrumentos y hacerles un arreglo, reducción de orquesta o transportar de un trío de trombón para el nuestro: corno, flauta y trombón.

Aunque es un reto dirigir una agrupación tan peculiar, es maravilloso el trabajo que hacemos porque somos muy unidos y nos ayudamos mucho.

¿Qué obras interpretaron en A tempo con Caturla?

Una de las obras que hicimos fue Recordando cha cha chá del compositor Dario Morgan, con un arreglo del profesor Tony Pedroso que es el director de la Camerata Cortés, de la que también soy miembro. Esa obra en realidad está escrita a cuatro voces para flauta, y yo hice como una reducción y lo transporté a nuestros instrumentos.

También interpretamos Dile a Catalina de Arsenio Rodríguez; con un arreglo de Lisday Pozo.

¿Qué tal la experiencia de participar en esta edición de A tempo con Caturla? ¿Qué significa para ti tocar en tan importante evento de tu ciudad natal?

Participar en este evento es muy importante para nosotros, estamos muy agradecidos porque nos dieran esta oportunidad. Somos un formato novel y es una vía de darnos a conocer.

Desde que me fui a estudiar a La Habana siempre me ha gustado seguir participando en eventos que se organizan y realizan en mi ciudad, Santa Clara; para mí es un honor y un orgullo tocar aquí, donde me formé como persona y profesional.





La vida en sonido: serie de podcast Crónicas de (re)confinamiento

La creación actual del danzólogo santaclareño Lázaro Benítez Díaz, egresado de la Universidad de las Artes (ISA), confluye entre vivencias, tecnología y danza. Todo el período de la cuarentena ha impulsado sus procesos reflexivos, además de sus recuerdos y pensamientos, condensados ahora en los episodios de su serie de podcast Crónicas de (re)confinamiento.

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Victoria Mogollón: De Venezuela para La Casa

Por estos días la vorágine del XI Coloquio de Musicología Casa de las Américas nos tiene concentrados a todos en los predios de esa institución. El gremio se reúne en función del aprendizaje y el diálogo sobre múltiples procesos y fenómenos musicales. Este es el espacio idóneo para conocer los objetos de investigación que ocupan el tiempo de nuestros colegas latinoamericanos.

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¿Quién es este Mozart?

Faltan solo tres horas para el concierto y César espera en la entrada de la Nave 4 de la Fábrica de Arte Cubano para iniciar la prueba de sonido. César Eduardo Ramos es el director de orquesta del concierto Le Mozart Noir. Tuve oportunidad única de conversar con él, sobre el estreno en Cuba de la música del Mozart Negro, Chevalier de Saint-George. [+]



“Sigue”, Maylin Quintana

En la noche del sábado 8 de febrero Maylin Quintana vio nacer a su concierto. Digo así porque cuando un sueño se construye con tanta pasión, cariño y constancia eso sucede: nacen. El éxito de su presentación estuvo en los emotivos comentarios de quienes asistieron esa noche al Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Una lágrima brota cuando la música toca el corazón, eso es sentimiento es el lenguaje de la música vivo y en acción.

¿Qué tal la experiencia del concierto en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes?

Fue una hermosa experiencia. La reacción del público fue mucho más favorable de lo que yo esperaba que fuera. Estuvieron muchas personas. Estoy feliz de todo lo que se logró, de la música que interpretamos y escogimos. Me gustó mucho todo lo que sucedió esa noche. Muchas personas me dijeron que lloraron y se emocionaron y eso me ha gustado mucho porque eso para nosotros los músicos es muy importante. Fueron varias las personas que les llegaron a fondo en sus emociones todo lo que sucedió esa noche.

foto susan leal/ cortesía de maylin quintana

¿Cómo hiciste la selección de las canciones?

La selección parte del disco Sigue, que es el nombre de uno de los temas que conforman el disco.  Fue grabado por una Beca de Creación de la Asociación Hermanos Saíz “El reino de este mundo”. El disco está compuesta por canciones mías, excepto tres “Cuando tú no estás”, del Dúo Iris, que canto junto a ellos; “Solo salen”, de Roly Berrío; y una que interpreto a voz y dos bajos de Wello Rivas, un compositor mexicano ya fallecido. La selección parte de ahí y se incorporaron otros temas que yo he interpretado siempre como “Alfonsina y el mar”, con Carlos Ledea; “A la felicidad”, de Haydée Milanés, que fue con la que cerré el concierto.

Además de la promoción de tu disco ¿Qué motivos te llevaron a hacer este concierto?

Los deseos de que muchas personas estaban insistiendo para que hiciera el concierto. En Bellas Artes desde hacía rato Tony me había dicho que tenía las puertas abiertas del teatro.

¿Qué músicos te acompañaron en el concierto?

Estuvo José Portillo en el piano, Jose Raúl en el bajo, Alejandro Chávez en la batería, María Beatriz en los coros. Como invitados Emir Santa Cruz en el saxofón, Yoandy Argudín en el trombón, el Dúo Iris y Carlos Ledea.

¿Qué videoclips acompañarán el fonograma?

Ya se grabó, gracias a la misma Beca de Creación de la AHS tuvimos el presupuesto para hacerlo. El video lo grabó Reggie Guedes, egresado de la FAMCA (Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual). Estoy muy feliz con todo el proceso, me encantaron las tomas y escenas que se hicieron. El videoclip está en proceso de edición y lo estamos esperando. Este año queremos presentarlo al Premio Lucas.

Otro de los videos fue un Live Session que hice con el Almacén Cuba. Con el resultado de “Tu luz”, que fue otro de los temas que grabamos; todo quedó muy bien. Son excelentes personas y hacen un excelente trabajo.

foto susan leal/ cortesía de maylin quintana

¿Qué otros proyectos tienes para el 2020?

A lo largo de este año me propongo empezar a promover la música del disco que es algo bien importante. Quiero buscarle una disquera, ir trabajando para el disco.

¿Y el bajo?

Incorporarlo. Este año va incorporado a mi música completamente. Quiero relacionarlo con todo lo que está en el disco, que no fue grabado por mi sino por David Faya y bajo la producción de él y de William Rivero.

¿Qué invitados tuviste en el disco?

El disco tuvo a David Faya y a William Rivero como productores. Faya también fue el arreglista de los temas. Tuvieron invitados buenísimos: el Dúo Iris, Roly Berrío, Michel Herrera, Yoandy Argudín, y José Portillo. Los músicos que grabaron son muy buenos. Estuvo Miguel Ángel (Wiwi) y Adrián Estévez en el piano, Tato Vizcaíno y Reinier Mendoza en el drums. En la percusión menor estuvo Degnis Bofill, en las guitarras estuvo Lino Lores. Fueron músicos excelentes y grandes amigos. Un disco que se hizo con mucho amor.



Como todo un quinceañero

Para los latinos los festejos por los 15 años son de gran relevancia. Con la misma elegancia que caracteriza a estos jolgorios juveniles arribó a su XV edición el Coloquio Internacional de Jazz ¨Leonardo Acosta in memoriam¨. Cuatro días en los que su directora y coordinadora general Neris González Bello llevó a cabo un interesantísimo programa académico.

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Jorge Amado: cavilar la composición

Un joven comprometido con su tiempo, su generación y su obra. Que entrega en cada nota de su música lo que su alma le indica. El violín y la composición son sus pasiones y su nombre es Jorge Enrique Amado Molina, estudiante de la Universidad de las Artes, que ha merecido múltiples galardones entre ellos recientemente el Premio Conmutaciones de la Asociación Hermanos Saíz. Más allá de sus méritos profesionales, conocer su arte y su historia ha sido un regalo en esta conversación, esencialmente porque sus palabras y gestos transpiran la humildad de un joven que desde siempre ama a la música.

––¿Cómo crees que combinas en tu carrera profesional el violín y la composición?

Es una relación que siempre ha estado desde mi punto de vista como intérprete y compositor. Creo que es inevitable porque a la hora de componer me enfoco mucho como violinista. Que me ayuda a conceptualizar lo que quiero expresar no solo desde la partitura, sino también en el performance o en el aspecto visual a la hora de la ejecución de un concierto, de la dramaturgia. Es lo que siempre he dicho, la composición me ha ayudado en la interpretación y viceversa.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Cuándo empezaste a componer?

Empecé a componer aproximadamente a los ocho o nueve años, estaba en el Conservatorio Manuel Saumell, en el nivel elemental, a través de la profesora de piano en aquel entonces, Claudina Hernández. Ella me pidió para los exámenes de piano complementario que escribiera las obras cubanas para examinarlas y así fue como empezó todo, al escribir obras para piano, no para violín.

––¿En qué momento entró el violín en tus procesos creativos?

Aún sigo viendo la composición como un hobbie, porque me doy cuenta que si uno lo piensa así fluyen mejor las cosas que si uno se enfocara en que es un trabajo. Me acerqué a la creación en este instrumento en mis estudios de nivel elemental, pero en el Conservatorio Alejandro García Caturla a través de mi maestra de violín desde entonces, Carmen Amador, quien exhortó a los estudiantes a una actividad por su cumpleaños a tocar obras y yo en lugar de llevar algo de mi programa, quise llevar algo hecho por mí.

Recuerdo que llevé una obra llamada Embrujo, creo que era por la fascinación que he recibido por la música y por dicha profesora, quien me enseñó que el instrumento lleva implícito la interpretación y la sensibilidad de uno como artista. Creo que esa obra fue la más seria que compuse en ese nivel.

Luego, en mis estudios de nivel medio en la ENA (Escuela Nacional de Arte), a través del taller de composición Carlos Fariñas, dirigido por Juan Piñera ya las obras que compuse para violín son un poco más cercanas al lenguaje que tengo en la actualidad.

––¿Por qué te gusta tanto escribir para cuartetos de cuerdas?

Creo que tiene que ver con mi zona de confort como instrumentista. En mi caso, como estoy muy vinculado a tantos cuartetos en los que he tocado tanto violín como viola. En los cuartetos me siento en confort. Ese lenguaje que tanto en los ensayos como en los conciertos me ha llegado a identificar.

––Solo me hablas de música de cámara, ¿Compones música sinfónica?

He escrito hasta este momento tres obras con formato sinfónico. Una de ellas fue un concierto para violín que fue ganadora el año pasado en el Concurso de Creación Sinfónica Ojalá 2018. Esa obra, junto una de mi amigo Daniel Toledo, fueron las obras ganadoras de dicho certamen.

Y otras dos un poco más cercanas al concepto de poema sinfónico, no exactamente, pero se acerca a esa perspectiva. Creo que las cuerdas han sido mi centro, he escrito tanto para instrumento solo, dúos, tríos, cuartetos, quintetos y hasta sextetos. Un sexteto singular: un sexteto de violas que tuve la dicha de poder escucharlo en un concierto dirigido por Anolan González, con motivo a sus 25 años de vida artística.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Quién o quiénes consideras que son tus compositores de referencia?

Realmente son muchos. Están desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como el compositor y violinista belga Eugène Ysaÿe cuya influencia ha sido tanta que compuse una obra para violín solo durante mis estudios en la obra, llamada Isayana, que tiene mucho que ver con ese lenguaje de las armonías por tonos enteros y terceras que me resultan fascinante. Compuse ese homenaje humilde, porque él ha compuesto seis sonatas para violín solo con una duración impresionante, y en mi caso solo han sido seis minutos de música.

Después, con el paso del tiempo me han llegado otras influencias porque siento que los compositores somos un poco chef. Para conocer sabores uno visita restaurantes, crear combinaciones de sabores para uno poder crear su propio plato y después llevarlo, en nuestro caso, a la partitura, aunque no se coma, pero se disfruta al oído, o eso espero.

Mucho tiempo estuve escuchando a Prokofiev, Dimitri Shostakovich… me atrevo a decir que en la actualidad aún me influye ese lenguaje de las sinfonías y los conciertos al estilo soviético. Hubo un período durante mis estudios en el ISA (Universidad de las Artes) que me he acercado a la música del compositor chino Tan Dun, que es fascinante el modo ecléctico que tiene su lenguaje de música que va desde el minimalismo, espectralismo y serialismo.

 Dentro de las Américas me impresionan compositores desde Estados Unidos hasta Argentina. Desde Philip Glass, Steve Reich, Johnn Adams; un poquito más en Centroamérica Silvestre Revueltas, Carlos Chávez; más al sur, a Ginasteras.

Yo digo que está bien conocer de todo un poco, pero no se puede olvidar nuestra identidad y nuestro entorno sonoro. Dentro de mis influencias está Leo Brouwer, Juan Piñera y Guido López Gavilán, quienes son los más cercanos al lenguaje que quiero expresar.

––Cuando compones, ¿te centras en un estilo o tendencia en específico?

Uno nunca puede pasar por alto a los grandes maestros desde Palestrina, Johann Sebastian Bach, Tchaikovsky. Yo no suelo pensar o querer que suene a determinado estilo o tendencia. A veces me dejo llevar por la inspiración. Aunque todavía hay su polémica sobre si existe o no la inspiración. Pero me dejo llevar por lo que siento y pienso.

Una vez creada la obra, suelo sentir que algún fragmento lo saqué de mi almacén sonoro por alguna obra o compositor. Uno siempre trata de buscar un estilo propio, pero al final solemos crear una combinación de todo aquello que hemos consumido. Para mí es inevitable que haya ese tipo de influencias.

En mis comienzos, hace ya un tiempecito, me incordiaba un poco que me dijeran que una obra mía sonaba a tal compositor. Mientras yo trataba de crearme un camino propio y de diferenciarme. Pero luego me di cuenta que es algo que viene con uno.

Creo que si me enfocara en una tendencia en específico sería como un neofolklorismo por la manera en que he tratado los instrumentos desde su escrita más rítmica o contrapuntística. En la búsqueda de combinaciones que se asemejen a los conjuntos folklóricos, de la música yoruba o el propio guaguancó.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Tienes alguna experiencia en particular con esta intencionalidad?

Una de las obras sinfónicas que se llama “En conga pa´ La Habana”, estrenada por la Orquesta Juvenil Cubano Americana (Cayo, por sus siglas en inglés). Esta sí fue una conga porque me lo propuse, por el significado que tiene al terminar una festividad o celebración por la frase común de: “A paso de conga”. Esto sí fue más evidente. Pero hay ocasiones en las que no me lo propongo y salen esas combinaciones contrapuntísticas que pueden recordar algún conjunto o instrumento como los tambores batá, sin necesariamente estar el instrumento presente. Puede ser por ejemplo en un cuarteto de cuerdas, por la búsqueda de esas combinaciones o sonoridades; lo que sucede a veces sin proponérmelo.

––¿Cómo describes tu proceso creativo?

Esa es una pregunta que me hago constantemente, porque me he dado cuenta de que las composiciones yo las comienzo en momentos que emocional o profesionalmente deseo traducir a la música. Está muy influenciado por mi estado de ánimo, o por la música. Yo quisiera leer más de lo que leo, porque a final de cuentas, los compositores y creadores en general son los traductores musicales de lo que pasa en su tiempo. Las lecturas también pueden influenciar en la creación.

En estos días nublados, me encontraba un tanto melancólico y pude empezar a escribir un Adagio para orquesta de cuerdas que pienso incluir en este proyecto de Conmutaciones, y siento que el proceso creativo fluyó muy bien porque está en consonancia con lo que quiero hacer y transmitir.

––¿Cómo tu música dialoga con el paisaje sonoro de La Habana de la actualidad?

Vivo en una zona muy céntrica del Vedado y la inevitable escucha del ambiente sonoro es y ha sido importante en mi música. Hay motivos musicales, principalmente rítmicos, que he puesto en algunas de mis composiciones que después personas que conocen mi música me han dicho que reconocen el sonido de un claxon. Parece que esos sonidos están en mi subconsciente desde el tránsito o las discusiones que se generan en las paradas de las guaguas. Creo que es una manera de llevar al plano musical mi entorno.

––Háblame de tus más recientes galardones…

Este es el momento más difícil. Lo diré cronológicamente. Primero, el Concurso Internacional para Cuarteto de Cuerdas “Nuestra América” 2019, organizado por el cuarteto de cuerdas José White radicado en México. Había que presentar una obra entre 6 y 12 minutos con libertad de estilo, y ya había creado una serie de cuartetos que no cumplían los requisitos o las bases para presentarlos.

Entonces compuse una obra específicamente para este concurso. Envié la música con partitura general y particellas, por supuesto, bajo seudónimo. Resultó ser ganadora. En total fueron 24 concursantes. Realmente es una tremenda dicha que entre tantas personas haya sido premiado mi Cuarteto No. 6 “Carnavalesco”.

El Premio Conmutaciones es como una visión que he tenido desde mi primero año en el ISA. Recuerdo mi primer acercamiento a estas becas estando en un ensayo del coro mixto. En ese momento tenía tiempo para presentar algo, pero no me sentía preparado porque musicalmente no tenía diversidad.

Entonces me dije que sería más adelante y con calma. Al pasar el tiempo, ya finalizando mis estudios en el ISA, consideré que era momento de presentar un proyecto. Porque Conmutaciones es una gran oportunidad, por grabar un disco, organizar un concierto; es como una oportunidad a la que exhorto a todos a participar. El gesto de participar ya es una manera de ganar.

Estoy ansioso de comenzar con este proceso a ver qué ocurre. Yo presenté un proyecto con obras compuestas para conjuntos instrumentales de cuerdas frotadas, ya sean instrumentos solo, tríos, cuartetos, quintetos, y para finalizar me gustaría una orquesta de cuerdas como presenté en el proyecto.

Quiero simbolizar a través de una obra, al menos, cada instrumento de esta familia. Una obra que destaque el violín, el cello, viola y el contrabajo. Quiero finalizar con obras para orquesta de cuerdas que al final es como la familia reunida, es una visión bastante familiar de cómo unificar todo para hacer un hecho musical.



Aguas de Marzo

Qué mejor momento que este final de año 2019 para el primer concierto del dúo Aguas de Marzo. Hermosa ocasión seleccionaron estas jóvenes intérpretes para estrenar escenario en el marco de P1_La Habana_Titón, en la Fundación Ludwig de Cuba, el pasado viernes 13 de diciembre.

Aguas de Marzo es un dúo de guitarra y laúd conformado por Patricia Díaz Mora y Sofía Pedrera González. La particularidad de este proyecto está en la unión de los timbres de ambos instrumentos, algo que a nivel visual también es interesante. Este formato de cámara es singular dentro del panorama musical habanero. En estos momentos, ambas cursan el cuarto año en la Universidad de las Artes (ISA). 

Noel Gutiérrez hizo un arreglo de “Alfonsina y el mar” para dar inicio a este concierto, en el que el agua fue símbolo unificador de lo que significa del concepto, la propuesta y el nombre de esta agrupación. Su repertorio está conformado también por arreglos de temas icónicos de la producción musical latinoamericana y cubana. Obras que generalmente se escuchan en dos guitarras y que con esta unión de guitarra y laúd recrean otro ambiente sonoro.

Fotos cortesía del Dúo Aguas de Marzo

La música cubana tuvo su representación en el momento que interpretaron el arreglo de José Manuel Ordás a “Germania”, obra del trovador cubano Sindo Garay. Un punto de giro en el programa de concierto es la obra “Wemilere” de Rey Guerra, obra que presenta los ritmos y entonaciones de la festividad afrocubana.

Lo curioso de esta propuesta de música instrumental, es que el relieve o como se suele decir “la voz cantante”, la lleva un instrumento que identifica el campo cubano y por extensión a la música cubana en general.

Para finalizar el concierto, se unieron a Aguas de Marzo, en el laúd Evelyn García y la tresera Olivia Soler, para interpretar una obra del Guajiro Miranda, “Plectro jazz latin son”.