Lalau Yllarramendiz Alfonso


Como todo un quinceañero

Para los latinos los festejos por los 15 años son de gran relevancia. Con la misma elegancia que caracteriza a estos jolgorios juveniles arribó a su XV edición el Coloquio Internacional de Jazz ¨Leonardo Acosta in memoriam¨. Cuatro días en los que su directora y coordinadora general Neris González Bello llevó a cabo un interesantísimo programa académico.

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Jorge Amado: cavilar la composición

Un joven comprometido con su tiempo, su generación y su obra. Que entrega en cada nota de su música lo que su alma le indica. El violín y la composición son sus pasiones y su nombre es Jorge Enrique Amado Molina, estudiante de la Universidad de las Artes, que ha merecido múltiples galardones entre ellos recientemente el Premio Conmutaciones de la Asociación Hermanos Saíz. Más allá de sus méritos profesionales, conocer su arte y su historia ha sido un regalo en esta conversación, esencialmente porque sus palabras y gestos transpiran la humildad de un joven que desde siempre ama a la música.

––¿Cómo crees que combinas en tu carrera profesional el violín y la composición?

Es una relación que siempre ha estado desde mi punto de vista como intérprete y compositor. Creo que es inevitable porque a la hora de componer me enfoco mucho como violinista. Que me ayuda a conceptualizar lo que quiero expresar no solo desde la partitura, sino también en el performance o en el aspecto visual a la hora de la ejecución de un concierto, de la dramaturgia. Es lo que siempre he dicho, la composición me ha ayudado en la interpretación y viceversa.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Cuándo empezaste a componer?

Empecé a componer aproximadamente a los ocho o nueve años, estaba en el Conservatorio Manuel Saumell, en el nivel elemental, a través de la profesora de piano en aquel entonces, Claudina Hernández. Ella me pidió para los exámenes de piano complementario que escribiera las obras cubanas para examinarlas y así fue como empezó todo, al escribir obras para piano, no para violín.

––¿En qué momento entró el violín en tus procesos creativos?

Aún sigo viendo la composición como un hobbie, porque me doy cuenta que si uno lo piensa así fluyen mejor las cosas que si uno se enfocara en que es un trabajo. Me acerqué a la creación en este instrumento en mis estudios de nivel elemental, pero en el Conservatorio Alejandro García Caturla a través de mi maestra de violín desde entonces, Carmen Amador, quien exhortó a los estudiantes a una actividad por su cumpleaños a tocar obras y yo en lugar de llevar algo de mi programa, quise llevar algo hecho por mí.

Recuerdo que llevé una obra llamada Embrujo, creo que era por la fascinación que he recibido por la música y por dicha profesora, quien me enseñó que el instrumento lleva implícito la interpretación y la sensibilidad de uno como artista. Creo que esa obra fue la más seria que compuse en ese nivel.

Luego, en mis estudios de nivel medio en la ENA (Escuela Nacional de Arte), a través del taller de composición Carlos Fariñas, dirigido por Juan Piñera ya las obras que compuse para violín son un poco más cercanas al lenguaje que tengo en la actualidad.

––¿Por qué te gusta tanto escribir para cuartetos de cuerdas?

Creo que tiene que ver con mi zona de confort como instrumentista. En mi caso, como estoy muy vinculado a tantos cuartetos en los que he tocado tanto violín como viola. En los cuartetos me siento en confort. Ese lenguaje que tanto en los ensayos como en los conciertos me ha llegado a identificar.

––Solo me hablas de música de cámara, ¿Compones música sinfónica?

He escrito hasta este momento tres obras con formato sinfónico. Una de ellas fue un concierto para violín que fue ganadora el año pasado en el Concurso de Creación Sinfónica Ojalá 2018. Esa obra, junto una de mi amigo Daniel Toledo, fueron las obras ganadoras de dicho certamen.

Y otras dos un poco más cercanas al concepto de poema sinfónico, no exactamente, pero se acerca a esa perspectiva. Creo que las cuerdas han sido mi centro, he escrito tanto para instrumento solo, dúos, tríos, cuartetos, quintetos y hasta sextetos. Un sexteto singular: un sexteto de violas que tuve la dicha de poder escucharlo en un concierto dirigido por Anolan González, con motivo a sus 25 años de vida artística.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Quién o quiénes consideras que son tus compositores de referencia?

Realmente son muchos. Están desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como el compositor y violinista belga Eugène Ysaÿe cuya influencia ha sido tanta que compuse una obra para violín solo durante mis estudios en la obra, llamada Isayana, que tiene mucho que ver con ese lenguaje de las armonías por tonos enteros y terceras que me resultan fascinante. Compuse ese homenaje humilde, porque él ha compuesto seis sonatas para violín solo con una duración impresionante, y en mi caso solo han sido seis minutos de música.

Después, con el paso del tiempo me han llegado otras influencias porque siento que los compositores somos un poco chef. Para conocer sabores uno visita restaurantes, crear combinaciones de sabores para uno poder crear su propio plato y después llevarlo, en nuestro caso, a la partitura, aunque no se coma, pero se disfruta al oído, o eso espero.

Mucho tiempo estuve escuchando a Prokofiev, Dimitri Shostakovich… me atrevo a decir que en la actualidad aún me influye ese lenguaje de las sinfonías y los conciertos al estilo soviético. Hubo un período durante mis estudios en el ISA (Universidad de las Artes) que me he acercado a la música del compositor chino Tan Dun, que es fascinante el modo ecléctico que tiene su lenguaje de música que va desde el minimalismo, espectralismo y serialismo.

 Dentro de las Américas me impresionan compositores desde Estados Unidos hasta Argentina. Desde Philip Glass, Steve Reich, Johnn Adams; un poquito más en Centroamérica Silvestre Revueltas, Carlos Chávez; más al sur, a Ginasteras.

Yo digo que está bien conocer de todo un poco, pero no se puede olvidar nuestra identidad y nuestro entorno sonoro. Dentro de mis influencias está Leo Brouwer, Juan Piñera y Guido López Gavilán, quienes son los más cercanos al lenguaje que quiero expresar.

––Cuando compones, ¿te centras en un estilo o tendencia en específico?

Uno nunca puede pasar por alto a los grandes maestros desde Palestrina, Johann Sebastian Bach, Tchaikovsky. Yo no suelo pensar o querer que suene a determinado estilo o tendencia. A veces me dejo llevar por la inspiración. Aunque todavía hay su polémica sobre si existe o no la inspiración. Pero me dejo llevar por lo que siento y pienso.

Una vez creada la obra, suelo sentir que algún fragmento lo saqué de mi almacén sonoro por alguna obra o compositor. Uno siempre trata de buscar un estilo propio, pero al final solemos crear una combinación de todo aquello que hemos consumido. Para mí es inevitable que haya ese tipo de influencias.

En mis comienzos, hace ya un tiempecito, me incordiaba un poco que me dijeran que una obra mía sonaba a tal compositor. Mientras yo trataba de crearme un camino propio y de diferenciarme. Pero luego me di cuenta que es algo que viene con uno.

Creo que si me enfocara en una tendencia en específico sería como un neofolklorismo por la manera en que he tratado los instrumentos desde su escrita más rítmica o contrapuntística. En la búsqueda de combinaciones que se asemejen a los conjuntos folklóricos, de la música yoruba o el propio guaguancó.

Fotos cortesía: Jorge Amado Molina

––¿Tienes alguna experiencia en particular con esta intencionalidad?

Una de las obras sinfónicas que se llama “En conga pa´ La Habana”, estrenada por la Orquesta Juvenil Cubano Americana (Cayo, por sus siglas en inglés). Esta sí fue una conga porque me lo propuse, por el significado que tiene al terminar una festividad o celebración por la frase común de: “A paso de conga”. Esto sí fue más evidente. Pero hay ocasiones en las que no me lo propongo y salen esas combinaciones contrapuntísticas que pueden recordar algún conjunto o instrumento como los tambores batá, sin necesariamente estar el instrumento presente. Puede ser por ejemplo en un cuarteto de cuerdas, por la búsqueda de esas combinaciones o sonoridades; lo que sucede a veces sin proponérmelo.

––¿Cómo describes tu proceso creativo?

Esa es una pregunta que me hago constantemente, porque me he dado cuenta de que las composiciones yo las comienzo en momentos que emocional o profesionalmente deseo traducir a la música. Está muy influenciado por mi estado de ánimo, o por la música. Yo quisiera leer más de lo que leo, porque a final de cuentas, los compositores y creadores en general son los traductores musicales de lo que pasa en su tiempo. Las lecturas también pueden influenciar en la creación.

En estos días nublados, me encontraba un tanto melancólico y pude empezar a escribir un Adagio para orquesta de cuerdas que pienso incluir en este proyecto de Conmutaciones, y siento que el proceso creativo fluyó muy bien porque está en consonancia con lo que quiero hacer y transmitir.

––¿Cómo tu música dialoga con el paisaje sonoro de La Habana de la actualidad?

Vivo en una zona muy céntrica del Vedado y la inevitable escucha del ambiente sonoro es y ha sido importante en mi música. Hay motivos musicales, principalmente rítmicos, que he puesto en algunas de mis composiciones que después personas que conocen mi música me han dicho que reconocen el sonido de un claxon. Parece que esos sonidos están en mi subconsciente desde el tránsito o las discusiones que se generan en las paradas de las guaguas. Creo que es una manera de llevar al plano musical mi entorno.

––Háblame de tus más recientes galardones…

Este es el momento más difícil. Lo diré cronológicamente. Primero, el Concurso Internacional para Cuarteto de Cuerdas “Nuestra América” 2019, organizado por el cuarteto de cuerdas José White radicado en México. Había que presentar una obra entre 6 y 12 minutos con libertad de estilo, y ya había creado una serie de cuartetos que no cumplían los requisitos o las bases para presentarlos.

Entonces compuse una obra específicamente para este concurso. Envié la música con partitura general y particellas, por supuesto, bajo seudónimo. Resultó ser ganadora. En total fueron 24 concursantes. Realmente es una tremenda dicha que entre tantas personas haya sido premiado mi Cuarteto No. 6 “Carnavalesco”.

El Premio Conmutaciones es como una visión que he tenido desde mi primero año en el ISA. Recuerdo mi primer acercamiento a estas becas estando en un ensayo del coro mixto. En ese momento tenía tiempo para presentar algo, pero no me sentía preparado porque musicalmente no tenía diversidad.

Entonces me dije que sería más adelante y con calma. Al pasar el tiempo, ya finalizando mis estudios en el ISA, consideré que era momento de presentar un proyecto. Porque Conmutaciones es una gran oportunidad, por grabar un disco, organizar un concierto; es como una oportunidad a la que exhorto a todos a participar. El gesto de participar ya es una manera de ganar.

Estoy ansioso de comenzar con este proceso a ver qué ocurre. Yo presenté un proyecto con obras compuestas para conjuntos instrumentales de cuerdas frotadas, ya sean instrumentos solo, tríos, cuartetos, quintetos, y para finalizar me gustaría una orquesta de cuerdas como presenté en el proyecto.

Quiero simbolizar a través de una obra, al menos, cada instrumento de esta familia. Una obra que destaque el violín, el cello, viola y el contrabajo. Quiero finalizar con obras para orquesta de cuerdas que al final es como la familia reunida, es una visión bastante familiar de cómo unificar todo para hacer un hecho musical.



Aguas de Marzo

Qué mejor momento que este final de año 2019 para el primer concierto del dúo Aguas de Marzo. Hermosa ocasión seleccionaron estas jóvenes intérpretes para estrenar escenario en el marco de P1_La Habana_Titón, en la Fundación Ludwig de Cuba, el pasado viernes 13 de diciembre.

Aguas de Marzo es un dúo de guitarra y laúd conformado por Patricia Díaz Mora y Sofía Pedrera González. La particularidad de este proyecto está en la unión de los timbres de ambos instrumentos, algo que a nivel visual también es interesante. Este formato de cámara es singular dentro del panorama musical habanero. En estos momentos, ambas cursan el cuarto año en la Universidad de las Artes (ISA). 

Noel Gutiérrez hizo un arreglo de “Alfonsina y el mar” para dar inicio a este concierto, en el que el agua fue símbolo unificador de lo que significa del concepto, la propuesta y el nombre de esta agrupación. Su repertorio está conformado también por arreglos de temas icónicos de la producción musical latinoamericana y cubana. Obras que generalmente se escuchan en dos guitarras y que con esta unión de guitarra y laúd recrean otro ambiente sonoro.

Fotos cortesía del Dúo Aguas de Marzo

La música cubana tuvo su representación en el momento que interpretaron el arreglo de José Manuel Ordás a “Germania”, obra del trovador cubano Sindo Garay. Un punto de giro en el programa de concierto es la obra “Wemilere” de Rey Guerra, obra que presenta los ritmos y entonaciones de la festividad afrocubana.

Lo curioso de esta propuesta de música instrumental, es que el relieve o como se suele decir “la voz cantante”, la lleva un instrumento que identifica el campo cubano y por extensión a la música cubana en general.

Para finalizar el concierto, se unieron a Aguas de Marzo, en el laúd Evelyn García y la tresera Olivia Soler, para interpretar una obra del Guajiro Miranda, “Plectro jazz latin son”.



La “sopa” de La Habana

Deben quedar pocos cubanos y extranjeros que no hayan vivido la experiencia de caminar Obispo arriba y abajo y escuchar “sopa”. Sería muy simple hablar de ello como la música que acompaña desayunos, almuerzos y cenas en restaurantes, hoteles y centros turísticos.

Quedaría fuera las jerarquías visibles entre las diferentes agrupaciones; se estaría olvidando que en múltiples momentos esta es la banda sonora de turistas nacionales e internacionales que visitan nuestra Habana. Aunque esta labor constituye un ingreso económico para estos hacedores, su estandarte no debiera ser el crear la música que más vende. Esto es un facilismo, es ceder ante la mercantilización de la cultura.

Me parece que algunos ya nos estamos cansando de Chanchanes, Yolandas y Los cuartos de Tula. Repertorio que se repite hasta la saciedad y cansan a nuestros oídos que saben de la riqueza rítmica y melódica de la música cubana, sus compositores e intérpretes. Puede que con ese tiroteo sonoro no se esté ayudando a la educación musical del habanero y del turista.

No siempre les falta calidad en su interpretación, el fallo generalmente está en la selección del repertorio el cual no explora en la diversidad apabullante de canciones creadas para y en la ciudad; y qué hablar del repertorio internacional que generalmente parece precisar de algún melómano extranjero que lance su petición al aire y en ese momento el ingenio y la destreza hacen que suenen los acordes del tema deseado. Pienso que los cubanos ya no somos, solamente, rumba, mulatas, tabaco y bongó; y por extensión diría que el habanero también es mucho más.

El paisaje sonoro de la ciudad debiera mostrar las sonoridades, timbres, entonaciones y ritmos que identifican nuestra historia musical. La Habana canta en ritmos tan diversos como la trova, el pop, el chachachá o el jazz. ¿Por qué nuestra “sopa” no se condimenta con esos y otros sabores? Sería un proceso necesario el mostrar nuestro ADN, los códigos genético-musicales que identifican a cada habitante o transeúnte de nuestra ciudad. Digamos, “la música que corre por nuestras venas”. ¡Que la sopa suene como La Habana misma!, esa debiera ser la premisa para que música y turismo caminen en la misma dirección por la defensa de la identidad musical de nuestra urbe.



“Prefiero el caos de la incertidumbre”

De seguro esta es una entrevista que debí haber hecho hace algunos años, pero los astros se alinearon terminando este 2019 para que finalmente tuviera lugar este encuentro. Los que hemos sido sus compañeros de clase sabemos del intelecto y la creatividad de Daniel Toledo Guillén. Recién egresados en la misma graduación de la Universidad de las Artes (ISA) quisiera que esta entrevista fuese vista como un testimonio de una de las voces de esta joven generación.

Me parece este un buen momento para tener una charla con este joven compositor. Engendrar un fonograma es solo uno de los pretextos para reflexionar sobre la música desde las múltiples experiencias vividas por este joven creador cubano.

  • ¿Cuáles son tus libros de cabecera, aquellos que te inspiran a crear?
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Para no ser patéticamente presuntuoso y deshonesto, parto de la idea de que desafortunadamente no soy un lector voraz, en cuanto a libros se refiere. Leo muchos artículos y noticias, pero, no tengo la paciencia para leer libros enteros de manera natural; pero, no creyendo yo en la naturaleza de lo natural, hace algunos años me he ido obligando a leer libros y aunque mediocre mi esfuerzo, he leído algunos ya.

Por el momento he tenido un bombardeo de Jorge Luis Borges, gracias a una gran amiga. Primero leí Ficciones y ahora El aleph. He encontrado en él una perfecta conjunción entre la síntesis, la poesía y el asombro. No podría decir que directamente me impulsa a crear música pero me asombra, y el asombro es el inicio de la creación y lo creado.

También me quedé impactado con Crimen y castigo de Dostoievski, fue como una explosión en mi cabeza; definitivamente me ayudó a entender mejor al mundo y a nosotros, los seres humanos.

Otro elemento importante que me da la literatura y en especial la poesía tiene que ver con los títulos de mis obras. No me gusta la música programática pero me gusta manipular un poco los estados de la audiencia a través de los títulos siempre con algún elemento poético que pueda provocar alguna reacción en el público que escucha la pieza. De manera que no se describe la música sino que se proporcionan ciertas esencias poéticas. Leer no es un simple acto utilitario, sino un paso importante para poder pensar.

  • ¿Qué razones o ideas te motivaron a componer?
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Razones: ninguna a priori. Ideas: ideas musicales, la idea transformada en música. Las razones uno las halla luego. En mi caso estas razones son muy simples, es algo en lo que puedo llegar a ser bueno, en lo que enfocarme, sabiendo que puedo cosechar frutos intelectuales y, por supuesto, materiales. Esto lo supe hace algunos años y me decidí a emplear toda mi voluntad en esta tarea.

Ahora bien, en el terreno de las ideas –que son mucho menos mundanas que las razones– es para mí un deleite poder trabajar con ideas musicales y, tanto en el proceso de composición como en la obra terminada, el comprobar que un compositor es capaz de hablar mediante la música y de transformar las ideas más simples en complejas, y viceversa, produce un placer enorme.

Entonces mis razones son egoístas y mis ideas también lo son. No voy a engañarme ni engañar a la gente diciendo que pretendo llevar luz a la humanidad es un placer para mí. Ahora bien, aquí viene el truco, luego del placer individual viene el intercambio con los otros y, si los otros reaccionan a mis ideas, piensan con mi música, entonces siento que mi misión para con la humanidad ha sido cumplida. Mi oficio es útil desde su inutilidad, pues el arte puede ser solo útil cuando es inútil.

  • ¿Qué géneros y formatos te gusta trabajar generalmente?
  • Foto: Oscar Pérez/Cortesía del entrevistado
    Foto: Oscar Pérez/Cortesía del entrevistado
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No me gustan los géneros, hasta ahora solo el Preludio, pero supongo que en algún momento tendré que hacer una sonata. El asunto con los géneros es que están preestablecidos y, aunque no ando por ahí queriendo descubrir el agua tibia, me inclino más a hacer obras sin estructuras predeterminadas; prefiero que el contenido dicte, como efecto paralelo, la forma.

De manera contraria, el Preludio, al ser atemático, me permite ser de la mejor manera en que me gusta ser: utilizando poquísimos materiales y exprimiéndoles el jugo hasta el máximo de sus posibilidades.

Sobre los formatos, me interesa todo lo relacionado con la voz. Desde obras corales, piano y voz, o ensembles con voz. Incluso si no está presente la voz, algunos gestos melódicos dentro de la música pudieran ser una remembranza de ese gusto mío por lo vocal.

Es de mi preferencia también los instrumentos solistas, y en ese camino he hecho unas cuantas piezas pensando en las posibilidades de esos instrumentos. Es como desnudarlos y ofrecerlos tal cual son. Es un ejercicio importantísimo para un compositor poder hacer una pieza para un instrumento como la flauta o el clarinete, o la guitarra, o cualquier otro, pero, con el paradigma de que sea un monólogo consigo mismo.

La orquesta es también un mundo fascinante, que también me llama mucho la atención. Creo que aunque tengo ciertas preferencias, en este momento estaría dispuesto a componer para cualquier tipo de formato dentro de la música clásica, por supuesto, la música popular es un terreno totalmente ajeno a mí.

  • ¿Cómo relacionas la dirección coral con la composición en tu quehacer artístico?
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Ya hablé de mi preferencia sobre lo vocal, y eso viene directamente relacionado con la dirección coral. Luego está la familiarización con el coro, que es una muy buena herramienta de conocimiento para un compositor y, luego de esta misma habilidad surge otra, y es el estar adaptado a trabajar con varios planos de música simultáneamente. Esto son las voces del coro pero, a otra escala, pudieran ser los instrumentos en la orquesta o en cualquier ensemble.

Por otro lado, estudiar dirección coral te prepara a lidiar con la gente en el coro y sus múltiples reacciones ante la música y el mundo en general. O se, que es una carrera muy completa, que te prepara desde muchísimos ángulos para el hecho de ser músico.

  • ¿Con qué conceptos o expresiones caracterizarías tu música?
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Mi música existe en el espacio intermedio entre nota y nota. Sin que lo anterior suene pomposo, solo quiero expresar que me es difícil sacar una conclusión clara de cómo es mi música, pues resulta bastante ambigua, y esa ambigüedad es precisamente uno de mis preceptos en cuanto a lenguaje estético se refiere: no pertenecer a una etiquete determinada, no a las formas formales, mejor el caos de la incertidumbre.

Creo, en su generalidad, que mi música podría inspirar un halo de reflexión en cuanto a que sus desarrollos generalmente son circulares y no lineales, y mi predilección por tempos lentos y atmósferas repletas de silencios y espacios. Mi música ocurre bastante en el silencio, es un elemento muy importante para mi. El silencio como no lugar, un lugar lleno de múltiples significados, donde todo es y no es. De nuevo lo ambiguo.

  • ¿Con qué tendencias o estilos te sientes afín durante el proceso creativo?
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Yo creo que no tengo predilección por una tendencia o estilo determinado, sino que encuentro lugares para mi muy importantes en todos, desde los cantos gregorianos, la complejidad del contrapunto vocal del renacimiento, el drama romántico o la música electroacústica. Hay valiosísimas enseñanzas en todos los períodos. Pero el siglo XX es el más cercano como referente para un compositor del siglo XXI, lo cual hace que uno revisite mucho esta época.

  • ¿Qué compositores han marcado tu carrera profesional?
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Precisamente en el camino hacia la profesionalidad uno debe sacar lo positivo de todos esos compositores que hemos ido estudiando en la historia de la música.

Ahora bien, como los gustos y las afinidades son también parte inherente de nosotros los humanos, no puedo por el mero hecho de lo profesional no tener particulares gustos y preferencias con ciertos compositores.

Partiría por Carlo Gesualdo, compositor italiano del renacimiento que conocí precisamente en mis estudios de dirección coral y, que sin dudas, ha marcado la manera en la que veo el coro como conjunto de voces. De él he tomado el denso contrapunto entre las voces, las melodías “raras” y muy cromáticas. Bach, quien es como Dios, es como la verdad y la virtud de Platón, en el ámbito de la composición. Su música es precisamente la síntesis entre la técnica y la expresión.

Pensaría en Beethoven, Chopin y Mahler. Este último no sé si me ha influenciado en algo pero su música me es imprescindible en mi vida.

Hablar de compositores, digamos contemporáneos, o sea, del siglo XX hasta nuestros días. Olivier Messiaen, por la profundidad, los colores y la eternidad. GyörgyLigeti, por lo estático y complejo. ArvoPärt por sus delicadas disonancias y el silencio. Steve Reich por el pulso. John Adams por trabajar la orquesta desde una óptica minimalista y al mismo tiempo casi neo-romántica tomando, precisamente, parte de la épica Wagneriana y Mahleriana.

Por último y no menos importante, Carlos Fariñas. Nuestro más importante compositor, desde mi opinión. De nuevo, de él me llama la atención, como en Bach, el balance armonioso entre una técnica solidísima y una expresividad en su música como ninguna.

  • ¿Qué tal fue la experiencia de grabar tu primera producción discográfica?
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Ha sido una experiencia tremenda para mí. Sin dudas, el momento más importante hasta ahora en mi trabajo como compositor. Un disco enteramente dedicado a tu música es un regalo grandísimo para mí como creador. No solo el disco en sí, sino también desde las personas involucradas, desde la misma discográfica Colibrí, de quien recibí muchísimo apoyo, los músicos que participaron, excelentes todos, el equipo de producción y los amigos que siempre están para ayudar en todo lo necesario; los amigos directamente involucrados en varios de estos procesos.

Ese nivel de comunión que se produjo fue la mejor experiencia profesional que he tenido hasta este momento. No faltó estrés, pero tampoco faltó el apoyo y el profesionalismo de todos los agentes causantes de este proyecto. Además, fue un excelente ejercicio para aprender a producir hechos como estos, saber mejor cómo traducir en palabras mi música ante dudas o interrogantes de los músicos. Fue y será un crecimiento como persona y compositor.

  • ¿A quién agradeces por ello?
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Primero a la AHS que organiza anualmente las becas de creación. Aprovecho para alentar a todos los creadores jóvenes sobre la grandísima oportunidad que son estos premios y las puertas que abre. Estas becas son probablemente el mejor espacio para los jóvenes artistas de recibir apoyo tanto financiero como institucional para realizar su arte, por eso recomiendo a todos los jóvenes creadoresa estar atentos a las convocatorias.

También agradecer a la disquera Colibrí y a su directora,CaroleFernández. En la producción, al maestro Juan Piñera, quien fungió como productor del disco y a quien agradezco su dedicación y consejos oportunos.

Ahora quisiera nombrar uno a uno los involucrados en este proyecto: Daniel Torres Corona, imprescindible amigo y director musical del disco. Harold Merino Bonet y Dayana García Brizuela, grandes amigos también, quienes grabaron y mezclaron el disco, bello trabajo el de ellos, y Giraldito en la masterización.

La posproducción todavía no está lista pero ya de inmediato voy agradeciendo a las personas involucradas en Colibrí, el diseñador Nelson Ponce y el Dr. Boris Alvarado, mi hermano chileno, quien realizó un trabajo admirable en las notas discográficas.

Ahora bien, es el turno de hablar sobre los músicos, diríamos “el pollo del arroz con pollo”. Todos muy talentosos y que supieron enfrentar todas las piezas con altísima profesionalidad. En primer lugar amigos que han estado siempre presente sin ningún pago más allá del agradecimiento; en esta categoría: Patricia Díaz Mora, Jorge Amado Molina, Alejandro Uría, Lesby Bautista y Simone García.

Entre los que trabajaron conmigo por primera vez y que no dudaron en participar de este proyecto están la maestra Niurka González, quien me honra profundamente al haber participado. El ensemble Vocal Luna y su directora Willmia Verrier, quienes hicieron un trabajo dignísimo interpretando piezas que poseían muchísimas dificultades. También el violista Hugo Herrera y el contratenor Eduardo Sarmientos. A todos, mil gracias.

  • Aunque una nueva etapa en tu vida que recién comienza, ¿cómo sientes que han marcado tu vida los estudios en Alemania?
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Todavía no marcan nada en específico pues solo llevo dos meses en Alemania, pero tengo la convicción que como mismo el ISA fue importantísimo para mí, los estudios aquí lo serán también.

Partiendo de que es una cultura diferente, y el aprendizaje que eso conlleva, ya es una victoria; la interacción con personas con idiosincrasias distintas es una excelente manera de comprender mejor el mundo.

Luego el aprender otro idioma también abre muchas puertas. Hasta ahora me parecen muy interesantes y de valor las dinámicas de la universidad, los profesores y los estudiantes. Es también la oportunidad de compartir con otros músicos y diferentes maneras de aproximarse a la música.

Por el momento me encuentro componiendo muchísimo para la clase de composición y futuros conciertos en la universidad. Entonces, de seguro será una experiencia académica y de vida importante.



Defendiendo un solo arte

Las habilidades y recursos de seis jóvenes improvisadores quedaron más que comprobadas en el Choque de Improvisadores, sucedido en el Patio Central del Pabellón Cuba como parte del primer Encuentro de Improvisación Poética Oralitura 2019. No hubo bando azul ni rojo, hubo repentistas y freestylers defendiendo un arte: la improvisación.

Qué bello encontrar la muestra del amor por la palabra, tener una tarde noche en la que más que recursos lingüísticos, estilísticos y genéricos, estos artistas sumaron a su público a una hermosa causa: defender la cultura cubana.

 El arte llamado underground se subió al ring cada vez más refinado en su producto final, con técnicas, y un discurso de un excelente contenido y forma. Bien acostumbrados nos tienen estos cantantes urbanos, junto a los repentistas, que día tras día prepararon a su público en las redes para un Choque de Improvisadores sin referente.

Oralitura Habana rompió más de un estereotipo, pero quisiera centrar mi atención en un aspecto crucial. Se homenajeó a La Habana desde dos expresiones musicales que aunque no son oriundas de nuestra capital identifican su panorama musical, sus formas de expresión y su actualidad.

Rap y Repentismo, dos “r” que tienen tradiciones, exponentes, y códigos lingüísticos únicos encontraron punto común en la improvisación. No hay una clave del éxito, el ingrediente idóneo en la receta es conectar con su público.

 Extraer de ellos una exclamación es muestra de su empatía. Un rapero puede apoyar a un repentista y viceversa, en esta ocasión cantó el arte, cantó la palabra, boxearon las sensibilidades artísticas de El Ciudadano, Yeriko, Tito MC, Anamarys Gil, Reiber Nodal y Sindy M. Torres.

Eso de quebrar estereotipos puede que haya sido la clave de este Primer Encuentro de la Improvisación Poética. No estaba el típico guateque, aunque sí la décima, no se simulaba el espacio frecuente para el rap; se representó un sitio intermedio donde lucharon la creatividad, el ingenio, la perspicacia y la agilidad mental de cada uno de estos jóvenes artistas.

 Cómo no creer en el arte joven si da muestras de reinventarse lo ya canonizado. Esa tarde vimos un guateque en el Vedado, en el mismo lugar que se presenció una descarga rapera.

Quedó muy claro, no importa sin son de la loma y cantan en el llano, tampoco si su lírica es urbana, solo algo tenía valor en escena: la palabra y la improvisación.

Todos vimos tres ganadores: El Equipo de los Repentistas. Pero hubo más: un trabajo de equipo, diversión, emoción; momento en el que se desdibujaron los lindes genéricos. Este ring fue el clímax del programa de un evento que llegó a la Habana para improvisar nuestro uniVERSO.  



Se calienta el ring para el uniVERSO improvisado

Solo una semana nos separa del Choque de Improvisadores, el epicentro de Oralitura Habana, Primer Encuentro de Improvisación Poética. Este es un espacio concebido como un sitio de encuentro entre el punto, la décima y la tonada, y otras formas de creación artística. La improvisación será la base de un diálogo necesario para aunar dos formas diferentes de expresión dentro del arte. Como en una suerte de controversia “contemporánea”, códigos urbanos y de nuestra tradición campesina se unen en una oda a la palabra.

La expectativa está en las técnicas y recursos que expondrán estos jóvenes creadores. Repentistas y freestylers tienen referentes lingüísticos y musicales diferentes, la improvisación será el elemento conciliador que encauzará el discurso de este proyecto, interesante por demás, debido al estilo de sus intérpretes y por su concepto de diálogo entre lo urbano y un Patrimonio Inmaterial de La Humanidad: El punto.

Tomada del Facebook de Oralitura.

Aunque veremos qué; improvisación y azar son dos cosas muy diferentes. En este proyecto nada está puesto al azar. La dirección del evento la realiza Leidys Hernández, quien cuenta con la valiosa experiencia artística de Alexis Díaz Pimienta, quien este año obtuvo el Premio Casa de las Américas en Literatura para niños y jóvenes. Este trabajo es también gracias a un equipo con una excelente estrategia de promoción, comunicación y concepción de este evento.

Me atrevo a decir que este binomio de estilos tendrá un público heterogéneo que se acercará a este “ring de boxeo” a disfrutar del talento artístico y el estilo de interpretación e improvisación de los repentistas Reiber Nodal, Anamarys Gil, Sindy Manuel Torres y los raperos El Ciudadano, Tito Mc y Yeriko. Tendrán como invitados especiales a representantes del equipo cubano Domadores de Cuba.

Proyectos y eventos seguirán homenajeando a esta ciudad fundada en 1519 y que con 500 años sigue respirando del arte joven cubano. Por lo pronto nos veremos el viernes 27 de septiembre a las 6:00 P.M. en el Pabellón Cuba, donde la improvisación se pondrá un par de guantes de boxeo y empezará a cantar.



Tengo un pretexto

Hablar sobre el Concurso Adolfo Guzmán 2019 es una de las acciones más frecuentes en las últimas semanas: en la calle, redes sociales, centros de trabajo y lugares de ocio. Algunos piensan que estamos presenciando el despertar de este programa, reconocido por el público cubano desde la década de los ´80. Gracias a este revuelo siento haber encontrado el pretexto para compartir mis criterios sobre una de las obras en concurso.

En la tercera emisión del programa se presentó el Dúo Saudade, integrado por Daniel Torres Corona y Alejandro Uría, quienes interpretaron la canción Pretexto. El arreglo a tiempo de danzón fue realizado por un renombrado pianista cubano conocido como Peruchín, Rodolfo Argudín. La célula rítmica del baile nacional en esta canción le imprime a la puesta en escena códigos musicales del concepto de identidad.

Estos jóvenes músicos, recién egresados de la Universidad de las Artes, crean gracias a su sensibilidad artística y conocimientos musicales. Esta es una canción con una estructura tradicional y un tratamiento interesante de las progresiones armónicas. Texto y música entrelazados en un mismo propósito, un homenaje a la canción cual jóvenes enamorados de un género.

En ella me refugio noche tras noche.

Sus palabras dulces duermen mi impaciencia.

¿Qué sería de mí sin ella?

¿Qué sería de mí sin mi canción?

En ella encuentro vida día tras día.

Sus recuerdos se entremezclan con mis lamentos.

¿Qué sería de mí sin ella?

¿Qué sería de mí sin mi canción?

Regrésame la magia en tus caminos

Y bebe cada instante en que padezco.

Luciérnaga que alumbras mis tormentos

regresa a mi deseo con precaución.

Te ofrezco la más pura devoción.

La noche y mi dolor mojado en llanto.

Si vuelas por encima de este inmenso mar de hielo,

regresa mi deseo sin precaución.

Concuerdo, en cuanto al formato, con el criterio de la musicóloga y también jurado del certamen Yianela Pérez, sobre lo singular de dos hombres en un dúo de piano y voz. En mi opinión esta propuesta replantea conceptos visuales y de género ya establecidos en la escena de la cancionística donde lo usual es el binomio hombre/mujer.

En esta obra, el estilo compositivo e interpretativo del dúo, el arreglo, y el tratamiento de los medios expresivos le rinde un tributo, quizás sin haberlo proyectado, a un grande de la música cubana: el propio Adolfo Guzmán. Aunando evidencias para sostener este argumento encontré un danzón de este autor titulado Estás lejos de mí, que se puede encontrar en el fonograma Melodías soviéticas en ritmos cubanos.

Está en manos del público votar con una perspectiva crítica por la obra que –según considere– defiende mejor la estética de este concurso. Desde mi opinión musicológica, este ha sido un acercamiento a una de las canciones que se encuentra en la llamada zona caliente, y que deberíamos tener en cuenta a partir del próximo domingo cuando las líneas telefónicas y la página web del concurso se abran a las votaciones. Solo cuatro obras podrán ser salvadas. Un buen pretexto para ser justos y certeros en nuestra elección.