José Ernesto Nováez Guerrero


La masonería y la Isla de Pinos. Un conflicto por la soberanía nacional

La masonería es una de las instituciones más importantes y, a la vez, menos conocidas de nuestra historia. El mismo carácter de esta forma de sociabilidad, que excluye a los profanos de un acercamiento profundo a la forma en que funciona, lleva a que el conocimiento que se tiene de la relación entre la masonería y la historia de Cuba sea fragmentario.

Quiz√°s el episodio m√°s conocido de este entrelazamiento sea el de la relaci√≥n de la masoner√≠a y los masones con el proceso independentista cubano en el siglo XIX. Muchos de nuestros grandes pr√≥ceres de esta etapa eran masones y las logias fueron espacios conspirativos de primer orden, a pesar del apoliticismo que profesa la masoner√≠a como instituci√≥n al menos de forma nominal. Esta impronta, no exenta de contradicciones, fue la que determin√≥ el gran prestigio del que gozaba la sociabilidad en las primeras d√©cadas del siglo XX y un lema que resultaba recurrente en esos a√Īos: ‚ÄúMasoner√≠a es Patria‚ÄĚ.

En el per√≠odo 1903-1925, la masoner√≠a fue actor principal en una de las pugnas m√°s significativas que en torno a la soberan√≠a nacional se dieron en esos a√Īos. El esfuerzo por lograr en el senado norteamericano la ratificaci√≥n del Tratado Hay-Quesada, que reconoc√≠a la soberan√≠a cubana sobre la Isla de Pinos, espacio geogr√°fico que desde la firma del Tratado Permanente entre Cuba y Estados Unidos, el 22 de mayo de 1903, hab√≠a quedado fuera de los l√≠mites de la joven naci√≥n.

El libro de los investigadores Javier Negr√≠n y Jorge Fern√°ndez, titulado La masoner√≠a cubana y el tratado Hay-Quesada (Ediciones √Āncoras, 2018), nos abre una puerta para adentrarnos en detalle en la confrontaci√≥n que, durante m√°s de dos d√©cadas, enfrent√≥ a cubanos y espa√Īoles residentes en la Isla de Pinos con la boyante comunidad norteamericana establecida en el enclave de Santa Fe. Mediante el acceso a fuentes privilegiadas, que comprenden desde las publicaciones de esos a√Īos y otros documentos en el archivo municipal, hasta las actas de las reuniones de la logia cubana La Evangelista (protagonista de primera l√≠nea en estos hechos), archivos privados, revistas masonas de la √©poca y un largo etc√©tera, los autores logran reconstruir acertadamente el clima pol√≠tico y social de esos a√Īos en la localidad, as√≠ como la multiplicidad de intereses y contradicciones que pesaron en el accionar de los actores involucrados.

El hecho de dejar fuera a la Isla de Pinos de la autoridad cubana responde, seg√ļn refiere Hortensia Pichardo (Documentos para la Historia de Cuba, Tomo 3, Ciencias Sociales, 1969) a dos causas fundamentales. Primero, a la ambig√ľedad con que hab√≠a sido redactado el art√≠culo II del Tratado de Paz entre Estados Unidos y Espa√Īa el 10 de diciembre de 1898, que ced√≠a a Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las dem√°s que estaban bajo su soberan√≠a en las Indias Occidentales sin precisar los l√≠mites geogr√°ficos de esta cesi√≥n.

El profesor Javier Negr√≠n tiene un inter√©s peculiar por la investigaci√≥n, tanto que encontr√≥ nuevas aristas en el estudio que lo llev√≥ a conformar junto a Jorge Fern√°ndez el libro ‚ÄúLa Masoner√≠a cubana y el tratado Hay-Quesada‚ÄĚ./ Foto tomada de islavisi√≥n

La segunda causa est√° en la ambici√≥n de especuladores y empresarios norte√Īos que, desde la etapa de la ocupaci√≥n norteamericana en Cuba hab√≠an comenzado a vender y promocionar en la prensa de su pa√≠s las extraordinarias posibilidades de la que denominaban como Isle of Pines of West Indies.¬†

El gobierno norteamericano, que había entrado en una nueva fase de dominación regional, se mostró desde el principio más interesado en cimentar su dominio económico y militar en la región, que en continuar el proceso anexionista que a lo largo del siglo XIX había llevado a la nación del Atlántico al Pacífico.

El Tratado Hay-Quesada, firmado entre el diplom√°tico cubano Gonzalo de Quesada y el norteamericano John Hay, el 2 de marzo de 1904, hab√≠a sido una migaja diplom√°tica a cambio de la aprobaci√≥n por el senado cubano, verificada en el a√Īo 1903, del convenio que permit√≠a a la naci√≥n norte√Īa establecer estaciones carboneras y navales en Guant√°namo y Bah√≠a Honda. Sin embargo, el Hay-Quesada qued√≥ desde esa fecha hasta 1925 pendiente de la ratificaci√≥n del Senado norteamericano.

En ese contexto de 21 a√Īos transcurre la pugna entre colonos norteamericanos y habitantes cubanos y espa√Īoles de la Isla de Pinos. Pugna que involucr√≥ directamente a la masoner√≠a, pues tanto la logia pinera como la norteamericana Santa Fe usaron sus redes fraternales para lograr sus objetivos contrapuestos. El papel de la instituci√≥n se refuerza por el peso que esta ten√≠a en la sociedad pinera de la √©poca y en la sociedad cubana en general.

tomada de juventud rebelde

Mediante un exhaustivo análisis, los autores de La masonería cubana… demuestran la pertenencia tanto a la logia La Evangelista como a la logia Santa Fe, de las más importantes figuras políticas y culturales de la sociedad pinera de la época. Aunque ambas sociabilidades mantuvieron buenas relaciones durante la mayor parte del período, lo cierto es que desde etapa bien temprana e intensificándose hacia 1924-1925, se dio una lucha simbólica entre ambas referente al estatus de la isla. Para esta lucha ambas logias hicieron uso de los lazos fraternales que las unían con otras logias y las relaciones de fraternidad de sus Grandes Orientes.

Aunque por falta de documentación es mucho más exhaustivo el seguimiento que se da a las gestiones realizadas por la logia La Evangelista y su Gran Oriente La Gran Logia de la Isla de Cuba (GLIC), cuyas gestiones con los Grandes Orientes de Estados Unidos, a los cuales los unían lazos históricos profundos, influyeron en la ratificación del Tratado Hay-Quesada en 1925.

Pero también el libro trasluce la magnitud de las gestiones que debió llevar la logia Santa Fe por su parte. Gestiones que incluso en 1914 habían tenido un momento significativo con la visita de la alta jerarquía de la logia estadounidense al presidente cubano Menocal, donde presumiblemente intentaron ganarse las simpatías del ejecutivo cubano con su causa.

La pugna en torno a la Isla de Pinos iniciada en 1903 tiene su culminación en el período 1923-1925, cuando gracias las gestiones del entonces embajador cubano en Washintong, Cosme de la Torriente, se pone nuevamente sobre el tapete legislativo la ratificación del Tratado.

Es en esa etapa cuando la masoner√≠a criolla juega su rol pol√≠tico m√°s importante en el primer cuarto del siglo XX cubano. Sumado a las gestiones de la GLIC con los Grandes Orientes norte√Īos y a los intercambios de diversa √≠ndole que verificaron las logias cubanas entre s√≠, se desata una campa√Īa nacionalista que tiene su punto culminante en la llamada Misi√≥n Patri√≥tica, donde una serie de importantes figuras de la masoner√≠a, las artes y la pol√≠tica de la √©poca, recorrieron diversos puntos del territorio nacional recabando apoyo para la causa pinera.

Además de la cuidada investigación que nos lleva a conocer una faceta poco visitada de la historia republicana, La masonería cubana… también nos da una visión crítica de las características sociológicas de la masonería cubana en esas décadas que derivó hacia una organización de clase media, del proyecto de país que asumieron (Cuba como la Suiza de América) y de las contradicciones que la dinámica misma de desarrollo del país les fue imponiendo.

Entre los dilemas fundamentales que debe confrontar la instituci√≥n en esta etapa pudi√©ramos se√Īalar la contradicci√≥n entre su car√°cter patri√≥tico y los v√≠nculos estrechos con los Grandes Orientes estadounidenses, lo cual llevaba a ser sumamente cuidadosos y pol√≠ticos a la hora de criticar cualquier faceta de la dominaci√≥n norteamericana en Cuba.

El carácter popular que debían tener las logias y el carácter de clase media que fueron adquiriendo, producto de las cuotas relativamente altas que debían pagar los miembros y que determinó que aquellos más insolventes no pudieran continuar en la institución o lo pensaran para ser parte de ella.

La entrega oficial del premio de la crítica José Luciano Franco al título La Masonería Cubana y el Tratado Hay-Quesada de Javier Negrín y Jorge Fernández, constituyó una de las principales actividades del colofón de la 29 Feria Internacional del Libro/ Foto tomada del periódico victoria

La contradicci√≥n entre el antimperialismo franco de muchos de sus miembros, que se puso claramente en evidencia en los discursos e iniciativas que acompa√Īaron la Misi√≥n Patri√≥tica de 1925, y la actitud m√°s moderada de las jerarqu√≠as mas√≥nicas, comprometidas por sus profundas relaciones con las sociabilidades norte√Īas.

Tambi√©n resalta el conflicto entre el car√°cter apol√≠tico defendido expl√≠citamente por la masoner√≠a y la participaci√≥n constante de sus miembros e incluso de muchas logias en los problemas pol√≠ticos del pa√≠s. Prueba de estos son los muchos pronunciamientos y llamamientos dirigidos al gobierno y la opini√≥n p√ļblica en medio de los muchos conflictos pol√≠ticos y sociales de esa etapa o el estrecho v√≠nculo que durante varios a√Īos la organizaci√≥n mantuvo con el General Machado.

Al premio de la crítica histórica fueron nominados cinco libros, de ellos dos de la Isla de la Juventud: La masonería… y El himno nacional de Cuba de la editorial El Abra, perteneciente al Centro Municipal del Libro y la Literatura./ Foto tomada del periódico victoria

La masonería cubana… nos ayuda a comprender con mayor profundidad la profunda imbricación de esta institución en el proceso de construcción del ideal patriótico nacional. La riqueza y contradicciones de su desarrollo son la riqueza y contradicciones de un país que, frustrado su ciclo revolucionario del siglo XIX, debía rehacerse nuevamente, apresado en las tenazas de la permanente amenaza de invasión que la Enmienda Platt ponía sobre su cabeza y el ímpetu revolucionario que renacía vigoroso en la joven generación.



Siempre se debe sospechar de un artista cuando ideologiza sobre su arte*

Roberto Manzano es un maestro en el sentido pleno de la palabra. Cada conversaci√≥n con √©l es un atisbo a las m√ļltiples formas de la experiencia humana. Poeta consagrado, uno de los grandes nombres de las letras cubanas contempor√°neas y sin embargo, lleno de humildad y sencillez. Sobre poes√≠a en Cuba convers√≥ en La Caldera con un grupo de j√≥venes y no tan j√≥venes poetas.

‚ÄĒHace un tiempo usted y Teresa Fornaris compilaban un volumen donde inclu√≠an, creo, la casi totalidad de los poetas j√≥venes en Cuba en esa etapa. Esto lo coloca en una posici√≥n privilegiada para emitir un juicio sobre la poes√≠a cubana contempor√°nea. ¬ŅEn qu√© estado se encuentra?

Describir el panorama de la poesía cubana hoy, es difícil, muy difícil. Tal vez de alguna rama de la economía, de la industria, sea fácil dar un panorama, pues los indicadores son tangibles, están tan bien delineados. Pero con poesía la subjetividad es enorme y a uno no le queda más remedio que dar su visión personal sobre ese fenómeno.

Yo s√≠ acepto que estoy en una posici√≥n bastante privilegiada, pues estuve varios a√Īos leyendo poes√≠a joven sin detenerme. Cada vez que cobraba mi pensi√≥n, que es pobr√≠sima, dedicaba una parte importante de ella a comprar libros de j√≥venes. Tengo alrededor de 200 libros, publicados en las editoriales provinciales y nacionales, del a√Īo 2000 hasta ac√°. Son el resultado de cinco a√Īos de trabajo minucioso y, puedo equivocarme, pero al menos ejercicio tengo.

Es muy dif√≠cil establecer rasgos b√°sicos, sint√©ticos, sobre la poes√≠a joven cubana. Sin embargo, puedo se√Īalar algunas caracter√≠sticas.

Hasta principio de los a√Īos 90, con el grupo Di√°spora, la evoluci√≥n de los grupos po√©ticos cubanos era siempre belicosa. Un grupo, una generaci√≥n, un modelo de la poes√≠a cubana que lucha con otro grupo, otra generaci√≥n, otro modelo. Eso ocurri√≥ con Heredia, con el segundo romanticismo, el modernismo, con el primer vanguardismo, el segundo vanguardismo, ocurri√≥ con Or√≠genes, con el coloquialismo, con parte de la generaci√≥n de los 80, con Di√°spora, a principios de los 90. En esta d√©cada todos los sucesos hist√≥ricos que ustedes conocen: la ca√≠da del Muro de Berl√≠n, el desmembramiento de la Uni√≥n Sovi√©tica, el derrumbe del sistema socialista mundial, etc., provoc√≥ la entrada en Cuba de toda la filosof√≠a postmodernista, en una avalancha poderosa.

Hasta los 90 vemos entonces que se aplica el viejo principio sicoanal√≠tico para la evoluci√≥n literaria de que hay que matar a los padres, aunque existe un te√≥rico b√ļlgaro que plantea que la herencia literaria no es nunca por el padre, sino por el t√≠o. Eso pas√≥. Yo puedo describir ese proceso en la poes√≠a cubana hasta los a√Īos 80. Por ejemplo, aqu√≠ hubo un momento que se mat√≥ a Guill√©n y se recuper√≥ al t√≠o que era Lezama, despu√©s ha habido una muerte lenta, y se recuper√≥ el t√≠o que era Virgilio.

Sin embargo, a partir de los 2000 yo no recuerdo esos asesinatos simbólicos. Los poetas no se sintieron en la necesidad de acuchillar a nadie. Puede que yo no haya estado al tanto de algunas de las batallas invisibles que se dirimen en el terreno de la cultura, pero he estado ojo avizor. Los poetas de los 2000 tienen esa particularidad: una diversidad donde se puede coexistir sin problemas. Yo, que soy de una generación mayor, puedo compartir con los jóvenes, no sienten necesidad de separarme. La lucha no es ni generacional, ni estilística, ni por ocupar un canon, sancionarse, legitimarse, ni por ocupar el poder cultural: las revistas, las editoriales. 

Ocurrieron determinados fenómenos en el panorama cultural cubano, a pesar de las vicisitudes materiales del período especial que facilitaron que entrara la postmodernidad en avalancha y que para ser literato no hubiera que formar grupos belicosos.

La historia de la poesía cubana es un pastel de hojaldre, donde una capa se superpone a la otra. En los libros de historia de la literatura nos muestran que una capa elimina a la otra y se convierte en escuela. Es la historia de cómo un grupo venció al otro. La cadena de diferentes triunfos. Esa no es mi visión de la poesía. Basta con mirar a los jóvenes. Los hay que cultivan la décima. Están en la estimativa de la simetría, del trabajo con las pautas, de la exigencia sonora, de enunciar con elegancia. Hay magníficos sonetistas.

Hay otra capa, sobre todo a principios de los 90, de jóvenes que no querían publicar un libro, que su anhelo era sobre todo performático, hacer un CD, como Alamar Express. Hay otra capa cuyo interés está en la poesía visual, expuesta en galerías y demás. En este mismo momento hay jóvenes cubanos, de origen cubano, escribiendo en inglés.

‚ÄĒCuando uno lee la poes√≠a cubana en las diferentes etapas de la Revoluci√≥n ve que cada etapa, con las complejidades que la caracteriz√≥, deja una impronta sobre los poetas. Cuando uno compara la poes√≠a de los noventa con la de los sesenta, nota las divergencias tem√°ticas y est√©ticas. Quer√≠a preguntarle entonces ¬Ņcu√°les son los temas que van obsesionando a los poetas en cada etapa de la revoluci√≥n y c√≥mo se manifiestan po√©ticamente?

Los procesos poéticos se pueden describir por los recambios de temas, pero casi es mejor por los recambios de posturas estéticas ante el fenómeno comunicativo que es la poesía, porque a la larga los temas básicos siguen siendo los mismos. Como decía Miguel Hernández, con tres heridas camina el hombre: la del amor, la de la muerte y la de la vida. 

Es evidente que la Revoluci√≥n signific√≥ un vuelco, pero uno al que acudieron muchas fuerzas literarias. Todas las fuerzas literarias del siglo XX se encontraron en el a√Īo 60. Si uno ve este siglo como si fuera una l√≠nea, puede decir que en esta ha habido nudos cr√≠ticos, de saltos, de ficciones poderosas. Uno de los nudos es a finales de los 20, otro es a finales de los 30 y principios de los 40, otro de estos nudos son los a√Īos 60. En esos nudos se discute, se forman pol√©micas, aparecen nuevos nombres, aparecen antolog√≠as.

A principios de la Revoluci√≥n se form√≥ un gran nudo. ¬ŅQu√© fuerzas acudieron a ese nudo? En ese momento estaba a√ļn viva la poes√≠a social de los a√Īos 30, estaba Guill√©n, Pedroso, Navarro Luna. Estaba viva y con fuerza una poes√≠a que ha existido siempre en Cuba y que se mueve entre lo culto y lo popular, con el indio Nabor√≠, Ra√ļl Ferrer, Jos√© √Āngel Bueza. Estaban vivos los origenistas, Lezama, Cintio, Eliseo, Fina. Gaztelu y Baquero luego se marchar√≠an. Y a la vez estaba queriendo imponerse y ser respetada la poes√≠a coloquialista, que recibi√≥ mucho apoyo de un disidente del origenismo, que fue Virgilio Pi√Īera. Ese n√ļcleo coloquialista de los a√Īos 60 denigr√≥ a Or√≠genes y los otros poetas, bajo el viejo presupuesto de matar al padre.

Los a√Īos 60 fueron sumamente complejos en t√©rminos pol√≠ticos, en t√©rminos culturales, en t√©rminos simb√≥licos, en t√©rminos art√≠sticos. Hab√≠a entrado el existencialismo. Uno de los primeros intelectuales extranjeros que visita la Revoluci√≥n Cubana es Jean Paul Sartre. Sin embargo, las corrientes art√≠sticas latinoamericanas y de toda la lengua espa√Īola consideraban que un hecho hist√≥rico como la Revoluci√≥n cubana hab√≠a que expresarlo con el lenguaje de la calle.

Hay algo interesante. En la d√©cada del 60, no recuerdo bien el a√Īo, se organiza un encuentro internacional en Varadero para homenajear a Rub√©n Dar√≠o. Seg√ļn testigos, este encuentro m√°s que para homenajear sirvi√≥ para asesinar a Rub√©n Dar√≠o. Declarar que esa manera evasiva, colorista, esteticista, afrancesada, no cab√≠a en una √©poca como la que se viv√≠a. Hay que tener cuidado entonces cuando uno lee los 60, porque es una √©poca de luchas enconadas y hay que sospechar de todos, pues cada uno acerca la sardina a su braza. Es una √©poca de asesinatos simb√≥licos, donde hay m√ļltiples v√≠ctimas. Una de las m√°s notorias es Lezama Lima.

Pero en esos mismo 60 hay una fuerza joven, porque no todos los j√≥venes estaban en el coloquialismo usual, que defend√≠a una especie de coloquialismo existencial, influido por las corrientes existenciales de los a√Īos 50. Ese grupo es El Puente. Por all√≠ pasan Nancy Morej√≥n, el primer Barnet, Lina de Feria. Lina representa la primera oleada coloquialista, no exteriorista, no objetivista, no sociol√≥gica, sino intimista, existencial.

En el 71 se da el Congreso Nacional de Educación y Cultura que estableció la parametración ideológica, el estalinismo en la cultura. Y comienza su entrada el Realismo Socialista, aunque nunca llegó a asentarse del todo. Pero en los 70, en el interior del país, hay un grupo de poetas que vienen con una estética completamente novedosa para el momento, que es la recuperación de la poesía de tema rural y campesino. Los poetas de la tierra, como los llaman. Esto prueba que lo 70 no fue una época estéril, un decenio gris, como muchos sostienen. Había jóvenes de su época que ansiaban realizar una poesía de su época.

‚ÄĒ¬ŅQu√© ocurre con esta evoluci√≥n de la poes√≠a cubana en los 80?

Vale la pena hablar de esta d√©cada porque fue un momento especial. En estos a√Īos ocurri√≥ un cambio de sensibilidad en todo el campo socialista con la Perestroika, la glasnost, etc. Hubo una actitud de cr√≠tica y revalorizaci√≥n de todo. Cuba no estuvo al margen de este proceso. Es la √©poca en que los artistas pl√°sticos se bajan de la pared, prima la tridimensionalidad, la instalaci√≥n. Con la poes√≠a es igual.

Con frecuencia uno ve que toda la poesía de los 80 la representan en una antología que se llama Retrato de grupo y que esos son los poetas de esa época. Es una visión empobrecedora. Secretamente hay alguien manipulando allí, halando la braza para su sardina. Siempre se debe sospechar de un artista cuando habla, cuando ideologiza sobre su arte. De su obra no, pero de las razones que da, sí.  

Lo cierto es que en estos a√Īos se da una vuelta a Or√≠genes, una especie de venganza contra los coloquialistas. Claro, el que recupera una cosa tiene que exagerar y yo o√≠ en aquellos a√Īos decir que Lezama era m√°s grande que Mart√≠.

Esta es la √©poca en que una literatura de ra√≠z coloquialista, pero redimensionada, hablando del individuo, vuelve a tomar el poder. Un ejemplo es El correo de la noche, de Frank Abel Dopico. Tambi√©n en estos a√Īos la d√©cima explota y ya nadie quiere hacer d√©cima rural, con los 10 versos apretados, sino que sint√°ctica, versalmente, la d√©cima se revuelve y detona.

En esta década el coloquialismo adquiere otra arista, desencantada y crítica con el sistema. Creo que esta es la postura más representativa de ese momento, con Sigfredo Ariel, Carlos Augusto, Víctor Fowler, y más adelante, casi en los 90, Ismael González, Brito Ramón Arocha, pero ya estos tienen vínculos con Diáspora. Diáspora es el momento de la ruptura. Un nuevo grupo de artistas, herederos de los 80, a las puertas del período especial, que ya no quiere saber nada de instituciones, que se declara beligerante frente a Orígenes, en una postura de transgresión total.

‚ÄĒManzano, si miramos la poes√≠a cubana, en el contexto de la poes√≠a latinoamericana. ¬ŅQu√© relaciones y diferencias hay?

Hay que mirar que capa del pastel es la que vamos a comparar. Si miramos la décima y el soneto actual, por ejemplo, la diferencia es abismal en favor de Cuba. El desarrollo que han tenido ambos géneros en nuestro país no tiene comparación en el resto de América Latina. Sin embargo, en ciertas capitales latinoamericanas se ha llevado más lejos la poesía que tiene como modelos a Europa y Estados Unidos y que busca una experimentación, una actualización de vanguardia.

En México, en Chile, en Argentina, te puedes encontrar poetas cultos, de un grado de experimentación muy alto, a veces de un experimentalismo frío o a veces con un nivel de extravagancia supervanguardista, pero que tienen como secreta meta estilística la poesía francesa, alemana o norteamericana.  

En el caso de Cuba la falta de actualización para asimilar rápido todas las experiencias artísticas de Occidente nos han acostumbrado a adaptar los experimentos poéticos, nunca copiarlos al detalle. Entonces nuestros experimentadores, vanguardistas, excéntricos en la escritura, son comedidos y tienen mucha racionalidad y equilibrio.

En términos de poesía popular, Cuba está muy por encima. No se puede comparar un decimista de Yucatán, un payador argentino, un decimista peruano, con los cubanos.

Creo que como masa generacional aqu√≠ hay una cantidad de poetas actuando de mayor calidad que en cualquier otra parte. Es muy f√°cil aqu√≠ encontrar un poeta pulcro, que sabe construir bien el poema, como hecho comunicativo art√≠stico. Sin embargo, cuando uno ve revistas, libros editados en Latinoam√©rica, ve que hay un grado grande de afici√≥n en el hecho escritural. Pienso que la poes√≠a cubana es monumental. No s√© por qu√© nos pas√≥ eso. Somos un pa√≠s peque√Īo, pobre, con una miseria hist√≥rica extraordinaria y con una gran serie de traumas hist√≥ricos. Y no obstante, tenemos una poes√≠a que cuenta con figuras como Heredia, Avellaneda, Mart√≠, que es un lujo que la humanidad ha demorado en conocer.

Mart√≠ no tiene nada que envidiarle a Goethe, a Baudelaire. Para m√≠ Jos√© Mart√≠ es el primer gran poeta contempor√°neo. Cuando Baudelaire, Rimbaud, Whitman, est√°n cantando las angustias individuales, hace rato que Mart√≠ pas√≥ del verso libre endecas√≠labo hirsuto a la experiencia de Ismaelillo que es √ļnica en el idioma, a fusionarse con la cultura popular en los Versos Sencillos, a dejar el verso atr√°s y escribir el Diario de Campa√Īa que, para m√≠, es la mejor prosa po√©tica que ha ocurrido en Occidente. Cintio Vitier y Lezama Lima coincid√≠an en que el Diario‚Ķ era un poema.

‚ÄĒBorges, en una conversaci√≥n con estudiosos de su obra, sosten√≠a que toda literatura es artificio. ¬ŅCoincide esto con su visi√≥n de la poes√≠a? ¬ŅPor qu√©?

Todo arte es convencional. Es decir, hay que aceptar la convencionalidad artística. Lo contrario es tener una actitud infantil ante el arte. Un artista tiene que saber que lo que hace es una construcción subjetiva. En esa convención es importante que esté una categoría estética que no se menciona regularmente en la Universidad. Siempre se habla de lo feo, lo bello, lo trágico, lo cómico, pero jamás se dice lo auténtico. El primer rasgo de la poesía, su primera categoría estética, tiene que ser lo auténtico, de lo contrario se resiente.

¬ŅCu√°l es el primer acto espiritual de la poes√≠a? Conmover. Pero el poeta tiene que saber que est√° haciendo algo convencional que es arte. ¬ŅQui√©nes mov√≠an al sentimiento en los velorios antiguos? Las lloronas, que no eran familiares del difunto. Que eran mujeres diestras en llorar y en hacer llorar. Eran artistas del llanto, que dominaban las convenciones del arte de llorar. Lo hab√≠an estudiado.

Un poeta, los griegos lo sabían, tiene dos cosas: ars y téchne. El ars es el duende, es la gracia, es la facultad, el arranque irracional del artista, pero la téchne es la vigilancia de las formas para comunicarlas con eficacia. Muchos poetas creen todavía, sin darse cuenta, en la ideología romántica. Se dejan llevar por el ars y olvidan la téchne.

Entonces estoy de acuerdo con Borges, hay un componente de artificio enorme en la literatura, pero ojo con el artificio, sino se cae en uno de los grados m√°s bajos de la inteligencia. Jos√© Ingenieros dec√≠a que hay tres grados de inteligencia: el ingenio, el talento y el genio. El ingenio triunfa siempre, tiene √©xito, porque es chistoso, sarc√°stico, costumbrista, es transgresor, pero es el grado m√°s bajo de la realizaci√≥n intelectual porque es pasajero. El talento tiene mucho ingenio, pero es un poco pat√©tico, es m√°s grave, puede demorar en tener √©xito. El genio, por el contrario, no le gusta a la gente y es vilipendiado con rapidez, hasta que, con el tiempo, el genio es rescatado. As√≠ sucede que B√©cquer es m√°s grande que Campoamor, pero en la √©poca de ambos, el grande era Campoamor. Era un hombre rico, poderoso, que reg√≠a qui√©n iba a ser poeta en Madrid y qui√©n no. Pero, ¬Ņqui√©n se acuerda ahora de Campoamor?

‚ÄĒSiempre he cre√≠do que todo escritor se nutre de dos fuentes fundamentales. Una es la realidad, de la cual bebemos constantemente, y otra son las obsesiones que nos acompa√Īan a cada uno. Por eso, cuando se lee la obra de un autor, vemos que hay temas, im√°genes, que se repiten y se repiten. ¬ŅCu√°les son las obsesiones de Roberto Manzano como poeta?

Como las obsesiones tienen bases irracionales, uno pasa mucho trabajo para detectarlas y aceptarlas. El inconsciente juega un gran papel en la actividad artística y uno no siempre lo maneja. Por eso yo juzgo que debo tener un grupo importante de obsesiones, pero me resulta casi imposible describirlas.

Creo que una de las obsesiones que se puede rastrear en mi obra es que no me gusta que las cosas se desequilibren. Entonces hago un esfuerzo mental especial por equilibrarlas. Siempre me duele la discordancia del mundo, la desarmonía, pero me doy cuenta de que el mundo no se puede editar, como se edita un libro.

Pero me resulta difícil definirlas. Supongo que cualquier lector estará más al tanto de mis obsesiones que yo mismo.

*(Esta entrevista está recogida en el volumen Pensar el país. Conversaciones en La Caldera. Ediciones Sed de Belleza, 2019)


La nación y los símbolos

En fecha tan temprana como el a√Īo 1805, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos y uno de los Padres Fundadores de esta naci√≥n, ya hac√≠a referencia a la necesidad de ocupar militarmente Cuba, en caso de una guerra con Espa√Īa, como √ļnica forma de garantizar la seguridad de la Florida Occidental y la Louisiana.

Ya fuera de la presidencia y en carta a su sucesor y amigo James Madison, volv√≠a a insistir sobre la idea de Cuba y agregaba un elemento: la posibilidad de defender la isla sin una marina de guerra, algo de lo que la Uni√≥n carec√≠a en ese momento y que resultaba vital frente a poderes como Inglaterra y Francia, interesados en hacerse con el bot√≠n colonial americano que se le escurr√≠a a Espa√Īa entre los dedos.

Pintura de Maykel Herrera

Cuba sería entonces para Jefferson el nec plus ultra de sus aspiraciones territoriales en esa dirección. El límite extremo fijado en el este por las capacidades de la joven nación a principios del siglo XIX.

La expansi√≥n al oeste y el consecuente desarrollo industrial determinaron que, para finales del siglo XIX, ya Estados Unidos estuviese en condiciones de arrebatarle a Espa√Īa por la v√≠a militar el fruto que, mediante amenazas, sobornos y h√°biles maniobras diplom√°ticas, hab√≠an contribuido a conservar en las manos m√°s d√©biles. Exhausta, desangrada y sin recursos para sostener un frente en el Caribe y otro en el Pac√≠fico, Espa√Īa acab√≥ cediendo sus √ļltimas posesiones coloniales: Cuba, Puerto Rico, Filipinas e Islas Guam.

Comenzaba entonces una nueva etapa en la expansión del imperialismo norteamericano, en la cual la ocupación militar violenta se va a alternar con la penetración del capital norteamericano y su entrelazamiento con las arterias vitales de cada nación.

Esta expansión de los Estados Unidos incluyó también un firme proceso de influencia ideológica cuyas armas y estrategias se fueron afinando a lo largo de todo el siglo XIX y encontraron su forma más acabada en las industrias culturales del siglo XX.

Este proceso estuvo encaminado a favorecer y determinar el surgimiento de tendencias anexionistas o pronorteamericanas en las regiones o pueblos que progresivamente fueron cayendo bajo su esfera de influencia.

En el caso de Cuba el anexionismo tuvo un despuntar temprano. Ramiro Guerra en su importante obra La expansión territorial de los Estados Unidos (Ciencias Sociales, 2008), de donde se han tomado muchos de los datos que anteceden, apunta como elemento fundamental de este anexionismo temprano la circunstancia social y política creada en Cuba a raíz de la revolución en Haití y el consiguiente aumento de la importanción de mano de obra esclava para aumentar la producción azucarera y ocupar así el lugar de la excolonia francesa en el mercado mundial.

El conflicto entre cubanos liberales y hacendados negreros en torno a la esclavitud llev√≥ a que estos √ļltimos desarrollaran la teor√≠a del ‚Äúequilibrio de las dos razas‚ÄĚ. En esencia esta teor√≠a planteaba que mientras hubiera mayor√≠a de negros en la isla, los criollos tendr√≠an buen cuidado de insurrecionarse por temor a una rebeli√≥n de esclavos. Ramiro apunta:

pintura de maykel herrera

¬ęDe este nuevo dilema, principalmente, surgi√≥ el movimiento anexionista. Si exist√≠an peligros para la independencia, al menos la libertad, la seguridad interior y la paz pod√≠an alcanzarse con la anexi√≥n a los Estados Unidos. Esta soluci√≥n pose√≠a una doble ventaja: satisfac√≠a a los hacendados ‚Äēque empezaban a temer la abolici√≥n de la esclavitud, bajo la presi√≥n de Inglaterra‚Äē y a los esclavistas de los Estados del sur de la Uni√≥n norteamericana. Sin embargo, plante√≥ otra contradicci√≥n de trascendencia. La anexi√≥n, a la larga, acarrear√≠a la destrucci√≥n de la incipiente nacionalidad cubana.¬Ľ

Las d√©cadas del 40 y el 50 del siglo XIX en Cuba fueron de gran vitalidad para el movimiento anexionista, el cual, a causa de su inicial vinculaci√≥n con el esclavismo, comenz√≥ a languidecer luego de la derrota de los estados sure√Īos en la Guerra de Secesi√≥n norteamericana.

El independentismo ocupó su lugar y escribió con sangre y heroísmo algunas de las páginas más hermosas de la Historia cubana. En esta gran gesta independentista del siglo XIX cuajaron definitivamente las esencias identitarias que durante cuatro siglos se habían cocinado a fuego lento en la isla de Cuba. En 1868 se fracturó definitivamente lo cubano y lo peninsular. La paz del Zanjón fue una precaria sutura destinada a no durar.

En ese convulso proceso que llega hasta la ocupación norteamericana en 1898, se definieron los grandes símbolos de la nación, símbolos independentistas: la bandera, el escudo, el himno, los próceres con José Martí a la cabeza. Podrá alegarse que la bandera fue enarbolada por primera vez por el anexionista Narciso López, pero desde que los mambises la hicieron suya, desde que ondeó por primera vez en un campamento de la Cuba libre, fue símbolo de una nación soberana, dispuesta a pagar con sangre el precio de esa soberanía.

El proyecto anexionista se vigoriz√≥ en la Rep√ļblica neocolonial, adapt√°ndose desde luego a la nueva forma de dominaci√≥n. El servilismo pol√≠tico, econ√≥mico y cultural encontr√≥ su digna contraparte en los herederos del esp√≠ritu independentista decimon√≥nico. El proyecto de independencia nacional adquiri√≥ en la manos de Mella, de Villena, de Guiteras, de Pablo de la Torriente, un marcado car√°cter antimperialista que no hab√≠a tenido, con la excepci√≥n premonitoria de Mart√≠ y algunos pocos, en el siglo anterior. ¬†

Ya desde esa etapa se fue configurando la lucha en torno a los símbolos fundamentales de la nación, lucha que, con variantes, llega hasta hoy. La postura que se asuma ante estos habla, en esencia, del proyecto de nación que se suscribe. Así, al Martí revolucionario y vivo de Mella y Villena se opuso el Martí formal asumido por las administraciones de turno o el Martí mancillado por los marines yanquis y sus testaferros locales.

Los recientes ataques contra bustos martianos, contra la bandera, las mofas permanentes que desde las redes sociales se articulan contra símbolos y figuras que son vitales para la nación, forman parte de la misma agenda anexionista que, con variaciones de un siglo a otro, sigue estando al servicio de los mismos intereses. Socavar las bases ideológicas, sustituir un universo de representaciones por otro, ir desplazando el horizonte cultural hacia formas en apariencia inocuas pero tras las cuales se esconde y reproduce la lógica de dominación del capital, son premisas claves para desmontar cualquier proyecto nacional.

Es fundamental esclarecer las esencias detrás cada una de estas provocaciones y ataques, desde los más burdos hasta los más elaborados, pero es vital también aprender a manejarlos. Cada error de apreciación, en épocas de internet y redes sociales, se paga con la magnificación de un individuo cuya relevancia como artista no pasa del escándalo. Convertimos en referentes y centro de debate a quienes no pueden ni deben serlo, por carecer de méritos suficientes.

En el plano de batalla ideológico y cultural, que es hoy uno de los más importantes, se impone defender con inteligencia nuestras verdades, ripostar adecuadamente los ataques y ser capaces de colocar nosotros la propia agenda a debatir.



La sociedad de la vigilancia

La ficci√≥n orwelliana de una sociedad comunista futura donde el Gran Hermano nos vigila a todos, donde la privacidad de nuestros hogares deja de ser un derecho y es sustituida por el ojo perenne de vigilantes sin rostro, es hoy realidad en los modernos y capitalistas estados de Occidente. Peor a√ļn, en virtud de la prepotencia imperial, es hoy una realidad posible para cualquier ciudadano de la cada vez m√°s conectada «aldea global».

Esta es la lecci√≥n fundamental que se desprende de la lectura del m√°s reciente libro publicado en Cuba del periodista espa√Īol Ignacio Ramonet (El imperio de la vigilancia, Editorial Jos√© Mart√≠, 2017). En sus poco m√°s de cien p√°ginas el autor recorre diversos aspectos de la m√ļltiple y compleja realidad que se abre m√°s all√° de la comodidad de los ordenadores hogare√Īos, con su entramado de grandes empresas, programas esp√≠as, gigantescas redes de almacenamiento y filtrado de datos, c√°maras de vigilancia, sat√©lites, agencias fantasmas, servicios de inteligencia y los famosos «contratistas», cuyo reconocimiento social descansa en los «importantes» (y costosos) servicios brindados desde la guerra de Afganist√°n a principios de los 2000 e, incluso, antes.

La «guerra contra el terrorismo» ha escalado hasta convertirse en una guerra de vigilancia, aunque ser√≠a m√°s correcto decir que el terrorismo fue la excusa necesaria para la m√°s reciente fundamentaci√≥n de los modernos estados policiales.

En su momento de esplendor, la temible Gestapo tuvo apenas unas decenas de miles de funcionarios y, por extensa que fuera su red de informantes, no podía llegar a la intimidad de todas las casas, conocer los gustos, expectativas y temores de los cientos de millones de seres humanos que llegaron a estar bajo su control directo o indirecto.

Las modernas redes de vigilancia, fundadas en los recursos de las grandes potencias occidentales, dejan en ridículo a la tristemente famosa policía secreta nazi. La falible y limitada acción humana es sustituida por el impersonal y casi perfecto proceder de las máquinas. Incansablemente, potentes servidores procesan noche y día toneladas de datos, buscando palabras claves que permitan identificar con antelación a posibles enemigos, aunque también captando las expresiones de descontento de sus respectivas sociedades, generando con tiempo los adecuados mecanismos de respuesta que permitan canalizar una posible situación revolucionaria sin perjuicios para el sistema.

Aunque a algunos parece no importarles, otros se organizan en diversas formas intentando articular una respuesta com√ļn contra esa violaci√≥n a la privacidad, que permite a gobiernos y empresas pensar por ellos e imponerles lo que consideran, bas√°ndose en fr√≠os algoritmos y los previos historiales en la web. Estas formas de resistencia, que Ramonet recoge en su libro, van desde procesos judiciales hasta difusi√≥n de claves que permitan a los usuarios proteger sus datos de una posible intromisi√≥n interna.

Sin embargo, la esencia de estas propuestas, y la esencia misma del libro de Ramonet, radica en considerar que la sacrosanta democracia ha sido violentada y es preciso rescatarla. No atinan a articular una crítica coherente a un problema que excede los marcos de una determinada administración y deviene un problema sistémico.

La democracia burguesa contempor√°nea da el derecho a sus ciudadanos, cada cierto n√ļmero de a√Īos, de elegir qui√©n es la cara visible del aparato estatal, pero nunca somete a votaci√≥n y control popular los poderosos capitales que son quienes verdaderamente detentan el poder en sus respectivas sociedades. De ah√≠ que apelar a una supuesta recuperaci√≥n de la democracia, sin romper los mecanismos de reproducci√≥n de los intereses del capital y, conectado con ellos, los de la √©lite pol√≠tica asociada, no llevar√≠a a ninguna soluci√≥n efectiva.

La respuesta a este «imperio de la vigilancia», como bien lo define Ramonet, no puede ser al nivel de individuo ni puede evitar el cuestionamiento mismo del sistema imperialista, que no es m√°s que una de las fases del capitalismo como sistema.

Vuelve a la memoria una famosa interrogante, entrelazada en el argot de la pol√≠tica norteamericana: si todos somos v√≠ctimas de este aparato de vigilancia global, entonces ¬Ņqui√©n vigila al vigilante?



Chernóbyl y la guerra cultural

Las formas en que se manifiesta la guerra cultural en el contexto actual son diversas y muchas de ellas revisten un atractivo innegable. Dicha guerra se libra, fundamentalmente, en el sinuoso campo de batalla de la ideolog√≠a y las representaciones culturales, de ah√≠ que sus expresiones resulten elusivas o aparezcan como algo diferente a lo que son. Detr√°s de esta guerra lo que se negocia y decide es la hegemon√≠a simb√≥lica, la de convertir una cultura, una determinada forma de entender el mundo y el modelo econ√≥mico que subyace tras ellas, en el √ļnico modelo v√°lido, en el √ļnico posible.

Las expresiones de esta cultura dominante son entonces, por esencia, conservadoras, ya que consagran lo establecido y niegan u ocultan todo lo que adverse el orden que ellas defienden. Reproducir y aceptar estas l√≥gicas es reproducir y aceptar un determinado estado de cosas; desnudar y comprender la forma en que act√ļan es desnudar y comprender los mecanismos de dominaci√≥n ideol√≥gica y construcci√≥n de hegemon√≠a que las sustentan.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

Es en ese sentido en el cual nos proponemos leer la muy aplaudida serie de HBO Chernóbyl, la cual rescata, más de tres décadas después, el terrible accidente en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin en la actual Ucrania. Con una cuidada factura, actuaciones de primera, una fotografía impresionante y una recreación detallista de los escenarios y ambientes de la época, la serie nos invita a revivir los trágicos esfuerzos que siguieron al accidente para evitar que los altos niveles de radiación se salieran de control de forma irreversible.

Más allá del desgarrador drama humano, que la serie recrea magistralmente, subyacen discursos que son típicos a esta clase de productos audiovisuales. Usar una historia profundamente humana para pasar de contrabando un contenido turbiamente ideológico es algo que la industria del entretenimiento ha perfeccionado a lo largo de décadas. Una lectura responsable debe pasar entonces por encima de lo emocional e ir directo a las esencias que se mueven detrás de los conflictos.

Surge entonces la pregunta: ¬Ņqu√© sentido tiene el atacar el socialismo sovi√©tico en el contexto actual, d√©cadas despu√©s de su colapso? Las respuestas son varias. La primera est√° en el rescate de una ret√≥rica de guerra fr√≠a por parte de la ultraderecha en el poder en algunos de los pa√≠ses pol√≠ticamente m√°s importantes del mundo. Esta ret√≥rica viene pareja a la reemergencia de Rusia como potencia fundamentalmente militar y el auge de la econom√≠a china.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

Socavar la legitimidad moral y política de la Unión Soviética es socavar la legitimidad de la Rusia actual, la cual es, en muchos sentidos, su heredera política. Así lo interpretaron los rusos, quienes se proponen filmar su propia visión del desastre. Pero también este tipo de productos sirven para desvirtuar la validez misma del socialismo como alternativa.

Esta serie se suma entonces a una larga lista de productos audiovisuales, literarios y de otra índole que insisten en la presentación de las sociedades este-europeas como realidades profundamente opresivas, donde el pensamiento auténtico siempre es vigilado y coartado, donde todos los burócratas son demagogos insensibles, que repiten consignas y no se preocupan por sus ciudadanos, y donde la intelligentsia, que ellos mismos han contribuido a formar, es vista con recelo y temor.

Desde la primera escena, Chern√≥byl ya est√° apelando a estas representaciones. As√≠ acudimos al suicidio, dos a√Īos despu√©s de los hechos, de uno de los personajes m√°s importantes en todo el drama de la central nuclear: un profesor cuya acci√≥n heroica evit√≥ que el da√Īo fuera a√ļn peor y cuya muerte est√° llena de desencanto e incomprensi√≥n.

El progreso de los hechos es narrado contraponiendo constantemente la negligencia criminal de los funcionarios con el heroísmo desinteresado del pueblo soviético, el cual es una víctima de su propio gobierno. Lo que falló en Chernóbyl, comprendemos, fue un modelo. En el capitalismo fallan los individuos; en el socialismo el problema es sistémico.

Sin embargo, esta serie debe servirnos para reflexionar sobre varias cuestiones. En primer lugar sobre las m√ļltiples implicaciones y riesgos de la energ√≠a at√≥mica, detr√°s de cada uno de cuyos fallos los gobiernos, no solo el sovi√©tico, han tendido siempre un manto de silencio.

Tomada de Internet/Fotos de la serie Chernóbyl

En segundo lugar, y ya que la serie lo pone nuevamente sobre el tapete, están las insuficiencias reales del modelo soviético y las lecciones que toda práctica socialista debe extraer de sus errores. La extrema verticalidad en la toma de decisiones, el no vincular adecuadamente a los científicos y los resultados de la ciencia con la dirección y la producción, el estalinismo y su influencia en la práctica histórica del socialismo posterior, la inadecuada socialización de la riqueza, la verdadera democratización y control de la dirigencia por las bases, la creación de una propiedad efectivamente social, etc.

Pero est√° tambi√©n ‚Äďuno de los problemas neur√°lgicos a la hora de analizar la experiencia sovi√©tica‚Äď, el de la naturaleza de la burocracia en el socialismo; su existencia como un sector que se coloca por encima de la sociedad y cuyos beneficios y posici√≥n privilegiada lo llevan a incubar, como un virus, la corrosiva conciencia peque√Īoburguesa, m√°s peligrosa porque no va atada a ninguna forma espec√≠fica de propiedad, sino a la miserable mentalidad del filisteo.

Estas problem√°ticas y muchas otras deben estar constantemente en nuestro debate p√ļblico, no solo asociadas al fen√≥meno de un producto audiovisual determinado. M√°xime cuando nuestro socialismo, en el proceso de relativa sovietizaci√≥n de los setenta, incorpor√≥ muchas de estas caracter√≠sticas y deficiencias. Resulta clave entonces aprender de los errores del modelo sovi√©tico para intentar resolver en el nuestro las contradicciones que ellos no pudieron resolver.

Chern√≥byl de HBO juega todav√≠a una √ļltima funci√≥n. La gran apuesta, en la guerra cultural que se nos hace, es la desmemoria. Presentar el socialismo sovi√©tico, a√ļn el de los primeros a√Īos de Gorbachov, como absurdo, negligente, ignorante, opresivo, es ocultar la realidad de un siglo XX donde la URSS fue un actor capital. Es construir el olvido de la esperanza que esta potencia represent√≥ para millones de personas que emerg√≠an del brutal capitalismo colonial y que se resist√≠an a aceptar como √ļnica opci√≥n para existir como naciones independientes, un capitalismo entreguista y subdesarrollado.

Nuestro primer acto de resistencia radica entonces en salvar la memoria. Salv√°ndola de la reescritura y del olvido, salvamos la certeza del car√°cter hist√≥rico de todas las formaciones humanas, salvamos el sacrificio de todos aquellos que lucharon por un mundo mejor y asumimos sus aciertos y errores. Salvamos la certeza de que hoy, m√°s que nunca, el socialismo es la √ļnica alternativa ante la creciente irracionalidad del capital.

Después del disfrute estético que pudieran representar estos productos, debemos siempre buscar las esencias ideológicas que los determinan. Solo así seremos capaces de dar la batalla en el propio campo en que se plantea: el de las conciencias y representaciones de las personas.



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