Giselle Lucía Navarro Delgado


«El teatro es ante todo acción»

Por esas tantas coincidencias de la vida nos conocimientos en los días difíciles de las pruebas de actitud para el Instituto Superior de Arte, entre los exámenes para las carreras de Dramaturgia y la FAMCA, en esos días extraños en los que la complicidad crea lazos de amistad para toda la vida y hace que en cada reencuentro vuelvas a tener 19 o 17 años y la misma frescura y los sueños tatuados sobre el rostro. Desde esa época me llamaba la atención su forma de acercarse al proceso creativo, de percibir la vida, de observarla, con la certeza de haberla vivido intensamente y, al mismo tiempo, con la sonrisa limpia de quien no conoce nada todavía.

Manuel Hurtado López (La Habana, 1993) se graduó en 2013 de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, en la especialidad de Escultura, pero sus inquietudes artísticas lo impulsaron a continuar estudios en la Universidad de la Artes (ISA) en el perfil de Dramaturgia, especialidad que culminó en 2019. Para este muchacho el arte es en sí un proceso de constante movimiento y búsqueda, donde lo visual, lo poético, lo extraño, lo genuino, lo vivido, lo absurdo, lo inevitable, lo atrevido, lo efímero… se conjugan siempre para dar forma a eso que él llama sus “obsesiones”, en el espacio multiforme de una mente sin fronteras que navega siempre entre las diversas aguas de la creación.

Recientemente has culminado tus estudios en el Instituto Superior de Arte en la especialidad de Dramaturgia. ¿Cómo recuerdas esta importante etapa de tu vida? ¿Qué aportó a tu visión como escritor?

El ISA es ante todo un contexto, más allá del símbolo académico que representa. Es un lugar para encontrarse con personas que comparten tus intereses, de ahí que sienta que es un espacio vital para todo creador joven. Por eso lo recuerdo con un amor celoso –como de familia mal llevada–, por las personas que habitaron ese espacio conmigo, y no solo compañeros de facultad, no solo alumnos.

Y sobre mi visión como escritor… ahí entra la parte académica. En primer lugar, entender el teatro es un ejercicio complejo, que precisa deslindarse de ideas que uno trae fijadas, sobre todo si se viene desde una práctica narrativa o poética. Y es que el teatro es ante todo acción, y en un primer momento la metáfora o la descripción pueden atentar contra el ejercicio dramático ya que la “narratividad” es sustituida por la representatividad, y la lírica por el drama. Claro que esto es totalmente violentable, y debe serlo –de ahí la narraturgia y el teatro posdramático– pero genera un nivel de conciencia en las etapas de aprendizaje… te permite saber qué debe quebrarse para innovar.

La misma lógica se aplica en las artes visuales respecto al arte abstracto, expresionista, naif, etc… Hay que conocer las reglas antes de romperlas. Es un poco cognocentrista, pero tiene lógica. Y este proceso es bien entendido por los maestros del Seminario de Dramaturgia: Roberto Viña, Yerandy Fleites y Maikel Rodríguez de la Cruz; que son por demás excelentes escritores.

Ellos, desde sus visiones particulares, te ayudan a crear una voz propia, y más importante aún, crean en ti un oficio y una estrategia para enfrentar el papel en blanco (el viejo trauma del escritor). Y para mi vieja obsesión con lo teórico aportó especialmente tener excelentes pensadores como José Alegría y Eberto García como maestros.

Cortesia del entrevistado

Además, eres egresado de la Academia de Bellas Artes San Alejandro… ¿Qué lugar ocupan las artes visuales en tus procesos creativos?

Creo que en general yo sigo pensando como artista visual. Es lógico, puesto que dediqué toda una vida a ello, y comúnmente encuentro en el arte mis referentes más ágiles. Pero no tengo conciencia, al menos a la hora de la escritura, de hacer un uso eficaz de esas herramientas. Sobre todo, tomando en cuenta que hice mi especialidad en escultura y que el uso del espacio teatral en mis textos nunca ha sido particular, sino más bien evasivo.

En cambio, a la hora de pensar “escénicamente” soy incapaz de desligarme de la experiencia del performance, el happening, la instalación, etc. Lo cual se traduce a que mis pocas creaciones “escénicas” (valgan las comillas) funcionen esencialmente como dispositivos –extraño híbrido útil al teatro. Claro que en términos dramatúrgicos soy bastante dado a reflejar mi experiencia con el arte conceptual; la necesidad de un statement, un concepto, un referente. Estos procedimientos –inconscientes en gran medida– puede que generen la extrañeza y lo poético de mis obras, pero no son ajenos de ninguna manera al proceder de cualquier escritor.

¿Cuáles son tus referentes artísticos y literarios?

Hace años que vengo trazando la misma respuesta, y es en cierto modo tramposa. Yo coloco en el edificio de mis referentes dos columnas principales: Marcel Duchamp y Heiner Müller. Por una razón esencial: el gesto. Estos artistas son quizás los culpables de la revolución del siglo XX en las artes visuales y la dramaturgia, fundamentalmente por haber borrado las fronteras en ambos medios.

Sobre ellos es fácil pisar y emancipar tu creación artística, lo cual no lo hace automáticamente algo bueno (sobre todo pensando en resultados), pero sin dudas es útil. En ese edificio multifamiliar también viven otros nombres como Cabrera Infante y Joyce, Luis Britto y Cortázar, Sergio Blanco y Rodrigo García, Nara Mansur y Dulce María, Beckett y Virgilio, Calderón de la Barca y Shakespeare, Piero Manzoni y Rauschenberg, Charlie Kaufman y Tarantino, Agamben y Harold Bloom. Es un solar, como puedes ver.

¿Qué temáticas prefieres abordar desde tu obra?

Como decías, recientemente me gradué del ISA, y fue en mi obra de tesis donde volqué gran parte de mis obsesiones. Una de ellas se resume en la siguiente frase de Lyotard: “Para hacer visible que algo es representable es necesario martirizar la representación, llevándola a sus límites”, y es este cuestionamiento a la representación y la teatralidad, de conflicto entre el ejercicio de representar y el dramatúrgico el que interesa a gran parte de mi trabajo, y pienso, debe ser implícito a todo acto teatral.

Las temáticas varían, incluso las estrategias textuales, pero los intereses son los mismos: las obsesiones con el Yo; con el teatro documental –como dice Barrientos: de fricciones más que de ficciones–; con la narraturgia y lo posdramático como herramientas. Elementos todos que forman parte de una experimentación y una búsqueda que no pretendo se divorcien de una tradición aprehendida, sino que se sume a esta.

Cortesia del entrevistado

A partir de tu participación en el Festival de las Artes y en otros proyectos comunitarios. ¿Qué espacios consideras adecuados para tus puestas en escena?

Yo vivo enamorado del teatro como espacio arquitectónico y de comunión. Mi primera y única obra teatral representada fue en la Sala Adolfo Llauradó y fue una experiencia desgarradora, sobre todas las cosas por la humildad que genera la relación público-escena. De ahí en adelante mis proyectos han ido a explorar otros espacios: habitaciones de hotel, derrumbes, garajes, almacenes, barrios, galerías.

Ha sucedido así porque estos proyectos, sin dejar de aspirar a la “teatralidad”, se han acercado al ámbito del performance y el dispositivo escénico. En estas tres obras que refiero, *99 (cobro revertido), Área de Meditación Escénica (A.M.E.), Oleyloleyloleylole Oleyloleyloleylolay, he tenido la suerte de trabajar también con dos amigos, Sofía Arango y Luis Carricaburu, de los que he aprendido mucho sobre esta otra interrelación donde el material hace “ejecutor” al espectador. Por eso pienso que todo espacio es útil, solo depende del proyecto, él es el que elije.

Recientemente estuviste escribiendo para el espectáculo C.C.P.C (La República Light), temporadas I, II y III de Teatro El Portazo. Háblanos de esta experiencia.

C.C.P.C es una obra que es coral en todo sentido. Yo apenas escribí tres pequeños textos por encargo para el espectáculo, escrito en su mayor parte, y dirigido por Pedro Franco y María Laura Germán. Lo más importante de esta experiencia fue participar de una dinámica de grupo, ver el proceso de construcción del espectáculo desde los cimientos y acercarme a una agrupación que admiro y sigo desde sus inicios. Ha sido una escuela, sin dudas, y el resultado principal de esta experiencia es estar trabajando con ellos actualmente y tratar de aportar lo recibido.

Muchos consideran que en los tiempos actuales las puestas en escena han sido desplazadas por el cine y la televisión ¿Cómo definirías el estado actual del teatro cubano?

Cortesia del entrevistado

No quiero decir que es un tiempo extraño para el teatro, porque siempre lo es. Y sin dudas el cine y la televisión son el epítome de su caída a un arte de minorías cuando hasta principios del siglo pasado era El arte de masas, y hasta la llegada del romanticismo, el género literario por excelencia desde el siglo IV a.C.

Pero recientemente leí un artículo sobre teatro contemporáneo que comentaba que en la última década ha habido un resurgir de asistencia a las salas en comparación a la última mitad del pasado siglo, lo cual habla de un creciente interés hacia las propuestas novedosas en el ámbito internacional. Y sobre Cuba, no soy quién para dar un parte médico.

Puedo decir que los grandes directores como Celdrán, Carlos Díaz, Raúl Martín, Nelda Castillo y Rubén Darío Salazar continúan haciendo grandes obras, y que jóvenes agrupaciones y directores, como Pedro Franco, José Ramón Hernández, Yunior García y Jazz Martínez-Gamboa siguen demostrando la calidad de sus propuestas.

Sin embargo, pienso que la salud de nuestro teatro se mide en las obras que asaltan inesperadamente las salas, y en los últimos tiempos hemos disfrutado mucho estas experiencias. Como la más reciente obra teatral dirigida por Osvaldo Doimeadiós, Oficio de Isla, uno de los ejemplos más certeros de un teatro inteligente, vivo y profundamente cubano.

Perteneces a la generación de escritores nacidos en los 90. ¿Qué rasgos crees que definen a tu generación?

La tecnología es gran parte de nuestra identidad, eso es un hecho. Incluso en Cuba, donde hemos llegado tarde al mundo del Internet y las redes sociales. Recientemente he descubierto, en un espacio tan frívolo como Instagram, una comunidad de poetas jóvenes de gran calidad, los cuales seguramente sean más leídos a través de estos medios de lo que podrían con impresiones a papel. Claro que el papel es la validación de esos esfuerzos, pero es un espacio que nuestra generación ha sabido aprovechar.

Casi cualquier cosa que nos defina se podría relacionar con esto, la referencialidad, la intertextualidad, la hipertextualidad, incluso, más profundamente: la muerte de los metarrelatos justifica mi sospecha de que somos una generación dada a hablar fríamente de y desde la intimidad, pero no tanto como que esa intimidad ya no exista puesto que se exhibe de antemano en nuestras redes.

Cortesia del entrevistado

¿Cuáles son tus aspiraciones en el plano creativo?

Seguir escribiendo, ante todo. Pero me interesa también dirigir teatro, dedicar mis esfuerzos futuros a eso y entrar a esa larga lista de dramaturgos-directores.



La trova se parece a la libertad

La sinceridad como recurso para engendrar canciones y una sonrisa estampada en el rostro a modo de bandera. Yunier Pérez García, o simplemente GAPE, es una de las voces más desenfadadas del universo trovadoresco actual. Recientemente ganó la Beca de Creación Musical Ignacio Villa y se encuentra en el proceso de grabación de tu primer fonograma Oda al plagio, bajo el auspicio del sello EGREM.

––Estudiaste Historia del Arte en la Universidad de La Habana, no obstante, te dedicas a la creación musical y estás muy vinculado a las artes escénicas, además, escribes canciones, lo cual denota una sensibilidad hacia la palabra. Pareciera que la creación se precipita en ti de cualquier forma y, que es precisamente esta mezcla de impulsos lo que te define como artista. ¿De dónde proviene tu instinto creativo? ¿Alguna influencia familiar?

Ninguna influencia familiar, aunque mucho debo a mis padres y mi hermana menor por haberme servido de horcón para poder dedicarme a pensar en las musarañas. Mi instinto creativo, como lo llamas, supongo que nació conmigo y luego fue creciendo a partir de las diferentes influencias estéticas externas y de la educación que recibí.

CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

Entonces creo que sí, la palabra me atrae de un modo poderoso. De siempre preferí la Historia a la Química, el Español a las Matemáticas y definitivamente considero que la palabra tiene un poder precioso. Luego la Licenciatura llegó para hacer coincidir con más exactitud las imágenes de mis fantasías con las que al fin y al cabo materializaban mis creaciones.

––¿Cuándo supiste que este era el camino que querías emprender?

Tal vez esto vaya a sonar poco modesto, pero lo supe desde siempre. Soy un artista y mi razón de ser en este mundo es la de legar a la humanidad algo que un segundo antes no existía y que sólo yo puedo extraer de la nada.

––¿Qué géneros y temáticas abordas en tus composiciones musicales?

Me gusta pensar que lo imaginable es mi temática. Tal vez por eso preferí la trova, una música que asimila orgánicamente todos los ritmos y todos los temas, porque su intención es cantar desde el alma con la mente y el corazón, sin tiempo ni espacio preestablecidos, ni mordazas de mercado. La trova se parece a la libertad y eso me enamora.

––Desde el 2011 perteneces a la Compañía Ópera de la Calle. ¿Cómo ha sido el trabajo con esta compañía que, por mucho, ha logrado cambiar la visión elitista con respecto al género?

Es cierto lo que dices, la Ópera de la Calle fue concebida con el afán de desacralizar y actualizar el género lírico, aprovechando las posibilidades de intertextualidad que provee el lenguaje postmoderno para acercarlo al pueblo. Esta fue una de las razones que me hizo gravitar a ella.

En la Compañía lo único que he hecho es crecer como artista. He aprendido a dominar mejor mi voz y mis movimientos y a interrelacionarme con el público. He tenido mucha suerte de formar parte de esta familia, la verdad.

––¿Qué crees que deben hacer los artistas de estos tiempos para llegar a todo tipo de público, teniendo en cuenta que aquellos que no van a conciertos y teatros, y que por lo general consumen otro tipo de música para muchos considerada escasa de valores, también pueden sentirse sensibilizado por el llamado arte inteligente?

Te confieso, alguna vez soñé con ser tendencia, y llenar estadios y que me hicieran la ola, y ver filas de muchachas hermosas esperando su turno para recibir un autógrafo mío, luego la vida me liberó de ese gran peso y me hizo más feliz.

Creo, amiga mía, que la cuestión no está en llegar a todos los públicos más que en sentirse bien con uno mismo. Nada deben hacer los artistas de estos tiempos al respecto: el artista debe sólo educarse para hacer arte y los públicos educarse para apreciar arte. Alterar este orden produce el riesgo de generar un producto empobrecido. Luego si la consecuencia de ello es un arte popularísimo, bienvenido sea entonces.

CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

Por otra parte, habría que definir con qué concepto de inteligencia vamos a tratar. Si por inteligente vamos a entender un arte diverso, original y que expanda el espíritu y el intelecto aun cuando nos haga bailar, pues sí, desafortunadamente no prima en el gusto popular tal arte inteligente, sin embargo, me niego a pensar que es la sociedad la que se ha embrutecido. El gusto se crea.

––Tus inquietudes creativas te han acercado al mundo de la narración oral. Has recibido clases de excelentes profesoras como Mayra Navarro y Elvia Pérez, y formaste parte de la Compañía Teatro de la Palabra, en la cual también obtuviste algunos reconocimientos. ¿En qué medida crees que los músicos deben desarrollar habilidades histriónicas que le ayuden a desenvolverse en la escena?

Al universo de la narración oral entré por embullo de mi novia. Luego me fascinó. Estos que vivimos, opino, son tiempos de extrema humanización donde mucho han tenido que ver las redes sociales. Se evitan los elitismos y se procura la integración, la visualidad, sentir texturas y olores, todo en el menor espacio y tiempo.

La música no ha podido quedar exenta de ello, de ahí la suma importancia de vincular, sin tabúes, todo cuanto pueda tributar a potenciar el mensaje que queremos transmitir como músicos y artistas. No tiene mucho sentido pasar el día horneando un delicioso pastel para que se nos caiga al suelo al momento de darlo a comer.  

––Has participado en varias ocasiones en el festival de la trova cubana Longina canta a Corona, que se celebra todos los años en Villa Clara. ¿Qué importancia le concedes a estos eventos y cómo contribuyen al desarrollo de la carrera de los jóvenes trovadores?

Les concedo una importancia literalmente vital, a partir de que contribuyen a la memoria de la trova cubana. El Longina es para mí uno de los más atractivos y relevantes, pero todos los festivales donde los trovadores podemos estar son determinantes.

A través de estos eventos los que cultivamos la canción trovadoresca no sólo ganamos en promoción, también tenemos la oportunidad de reencontrar y conocer a otros trovadores del país y nuevos modos, de primera mano, de hacer la canción.   

––¿Cómo puedes definir a los trovadores?

Un trovador es alguien que suele valerse de la guitarra para, bellamente, decir cosas. Pero un trovador puede desconstruir todo lo anterior para continuar siendo un excelente trovador, y es que la trova no está ni en la guitarra ni en el cantor; ni siquiera está en la relación entre ambos. Un trovador es también lo siguiente, lo posible.

––¿Qué figuras, experiencias, obras… han marcado tu formación artística?

Mis mayores influencias vienen de la música cubana en primera instancia, de la española, la brasileña, la norteamericana y la francesa. Me fascinan la fuerza armónica y las hermosas imágenes poéticas de la obra de Silvio, la ironía y el humor finísimo de Joan Manuel Serrat y las disonancias de Chico Buarque, además de la delicadeza que consigue en ciertas creaciones.

No obstante, lo que más amo de los tres es su capacidad de desdoble, de reinventarse en cada canción haciendo parecer que han sido compuestas por personas diferentes. Luego hay millones de otras influencias, aunque ya más dispersas.

––¿Para componer, sigues alguna especie de ritual, o la creatividad salta a flor de piel en todo momento?

Antes me condicionaba más a la hora de crear. Necesitaba regular las persianas para que entrara la luz exacta en la habitación, estar completamente desnudo y una gran cantidad de hojas en blanco, puesto que cada vez que hacía una pausa, ya fuera para almorzar o simplemente refrescar un poco, debía volver a reescribir desde cero lo hecho hasta el momento.

Hoy, no sé si por oficio o por la presión de lo cotidiano me conformo con algo de tiempo libre y un poco de paz interior. Luego a la musa ya la bajo yo. Algunas veces sale primero la letra, otras la música, pero lo que más me ocurre es que me vienen ambas juntas.

CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

––¿Actualmente cuáles son los principales retos que enfrentan los músicos, en especial los trovadores?

El más importante reto es el de siempre: hacer un arte de calidad, sincero y original. Los demás problemas, que sabemos cuáles son, ya no corresponden tanto a los músicos, menos a los trovadores, son retos de la sociedad toda.

––Recientemente ganaste la Beca de Creación Musical Ignacio Villa, que otorga la Asociación Hermanos Saíz, y comenzaste a grabar tu primer fonograma Oda al plagio, bajo el auspicio del sello EGREM. Háblanos un poco de la propuesta estética que traes con este proyecto.

Oda al plagio es mi benjamín fonográfico, entonces he procurado presentar a GAPE a través de él. Está conformado por 11 canciones en las que rindo un sencillo tributo a las músicas y músicos que admiro.

En el álbum el escucha podrá encontrar una diversidad temática que transita desde la crítica social hasta canciones de amor y desamor. Estoy muy contento con lo que va saliendo hasta ahora.

En estos momentos el disco está siendo masterizado y todavía falta realizar la fotografía y el diseño de portada por parte de los artistas Kike y Katia, y las palabras del disco, que estarán a cargo de Tony Ávila; pero ya tengo muchas esperanzas cifradas en el producto final.

Debo siempre agradecer a la AHS y al sello EGREM por el fundamental apoyo, pero también a los Estudios de grabación Pablo Milanés Records, a la ingeniería de Giraldo García, a la producción de José Víctor Gavilondo, a los arreglos de Yasel Muñoz y al exquisito trabajo de los músicos convocados.

––¿Qué rasgos definen al artista y al ser humano que viven en el GAPE?

Muchas ganas de cambiarlo todo, respetuosidad, nobleza, autoexigencia, amor por la familia, por el arte y por la vida.

––En el espacio creativo, ¿con qué sueñas?

Sueño con poder hacer siempre lo que amo, que es la música, y vivir humildemente de ella.



Una isla en versos

Cada libro es una isla dentro de otra isla, y pareciese que esta circunstancia hace que cada poeta que visite la Isla de la Juventud se reencuentre a sí mismo.

Este año, la XXIV edición del Encuentro de Jóvenes Escritores Mangle Rojo tuvo lugar en Nueva Gerona, una jornada matizada por las lecturas de poesía, presentaciones de libros y revistas, conferencias y conciertos de los artistas participantes, quienes hicieron confluir sus experiencias creativas en pos de sembrar un verdadero poema humano en el corazón del pueblo pinero. 

República poética (Fotos: Giselle Lucía Navarro)
República poética (Fotos: Giselle Lucía Navarro)

Se presentaron, entre otras novedades del catálogo de las editoriales pineras Áncoras y El Abra, Ediciones Loynaz de Pinar del Río, y Sed de Belleza de Villa Clara, los libros Las regiones devastadas (Premio Mangle Rojo 2017) de Rubiel G. Labarta, por Martha Acosta; La masonería cubana y el Tratado Hay-Quesada, por Javier Negrín, uno de sus autores; Manigua de Eduard Encina y Cartas a Katy, de Reinaldo Álvarez Lemus, por Yadián Carbonell; Palabras de Caramelo, de Gonzalo Moure, por Elizabeth Casanova; Pared interior, de Belina Rodríguez Peguero, y Partos bajo tierra, de Daniel Zayas Aguilera, por Osmany Echevarría; la revista La Gaveta, por Yasmani González, Zona Crítica y Signos, a cargo de su coordinador José Ernesto Nováez, El Caimán Barbudo, a cargo de Darío Alejandro Escobar, y la colección de premios Calendario 2017 y 2018, por Giselle Lucía Navarro.

Las principales sedes de los encuentros fueron la Galería Espacio Fracturado y el Patio de conciertos de la AHS, con actividades de extensión en diversas sedes de la ciudad que incluyeron la Escuela Primaria Josué País García, la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Jesús Montané Oropesa, y la Escuela de Arte Leonardo Luberta Noy.

La tertulia El Aleph, que coordina el escritor Nelton Pérez, contó con la lectura de las poetas invitadas Yaima Pampillo, Giselle Lucía, Belina Rodríguez, Martha Acosta, Elizabeth Casanova, Mireya Rodríguez, Yusimí Collado y Mariolis Galiano, así como de los trovadores Yeni Turiño y Yatsel Rodríguez.

Mangle Rojo (Fotos: Giselle Lucía Navarro)
Mangle Rojo (Fotos: Giselle Lucía Navarro)

El proyecto poético La Tendedera, que desarrollan los jóvenes de la AHS de Pinar del Río, ganó gran aceptación entre el público pinero, que tras compartir y disfrutar de la poesía y el carisma de los jóvenes pinareños Yaima Pampillo, Yasmani González y Osmany Echevarría, tuvo la oportunidad de llevarse consigo los libros que, suspendido en las tendederas, esperaban descubrir nuevos lectores.

De igual forma, el proyecto República poética inundó la calle del bulevar con poemas impresos en tarjetas y pergaminos de papel manufacturado, y la lectura de poesía a cargo de los invitados. El aroma del café y la poesía calentaban la mañana de los trauseúntes que se detenían para mirar o llevarse un poema a casa.

Cada noche, el patio de la AHS se llenaba de rostros ansiosos de encontrar poesía y buena música, y hasta las tantas horas de la madrugada se escucharon las letras y melodías de los trovadores villaclareños Yeni Turiño y Yatsel Rodríguez, el rap de El Confidente, la agrupación de música electroacústica Luna Nueva o la banda Kausa Justa.

Unos de los momentos más emotivos del encuentro fue la visita al sitio histórico del Presidio Modelo y la estancia en playa Bibijagua, un reencuentro entre la historia y la naturaleza que resultaba necesario en nuestra visita a la Isla.

En la noche del sábado 30 se realizó la premiación del certamen. El jurado, compuesto por Nelton Pérez Martínez, Eduardo Sánchez y José Ernesto Nováez, tras valorar alrededor de una treintena de cuadernos enviados, decidió otorgar el XXIV Premio Mangle Rojo a Narahupia, del joven villaclareño Joel Herrera Acosta. El presidente de la AHS de Villa Clara, Yatsel Rodríguez, recibió los lauros en nombre del premiado. Además, se otorgaron menciones a los cuadernos Breviario y Ética a Garrotevil, correspondientes a Carlos Manuel Gómez y a Noel Alonso Ginoris, respectivamente.

La banda Kausa Justa, que fusiona el rap con géneros musicales como el soul, funk, blues o el reggae, y destaca por el lenguaje poético de sus letras, fue la encargada de la clausura de la jornada el día primero de diciembre.

El Mangle Rojo continúa siendo una excelente propuesta para la promoción del arte y la literatura joven y, sobre todo, un importante espacio de intercambio, donde la poesía, más que un ejercicio de creación, se siente como una experiencia y forma de vida.

Kausa justa (Fotos: Giselle Lucía Navarro)
Kausa justa (Fotos: Giselle Lucía Navarro)


«El camino fácil sería traicionarme»

Nos conocimos mientras cursábamos estudios en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Por aquellos días siempre me llamó la atención la huella fotográfica que se palpaba en sus cuentos. Cerrabas los ojos y parecía que estabas viendo una película. Tiempo después supe que estudiaba Dirección de cine.

José Luis Aparicio Ferrera nació en 1994, en Santa Clara. Ha ganado en tres ocasiones la Beca de Guion que convoca la Asociación Hermanos Saíz. Integró el Jurado Mezcal del 33 Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) y el jurado del Premio Sara Gómez del 40 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano. Es miembro de la Junta Directiva de la Muestra Joven ICAIC. Sus trabajos han sido seleccionados y exhibidos en festivales de varios países.

Este joven realizador, a pesar de su corta edad, tiene mucho que expresar, y su discurso se va consolidando poco a poco en cada una de sus obras. Entre sus principales fortalezas podrían estar la persistencia, la búsqueda constante y dedicación, armas necesarias para emprender un camino en el complejo universo cinematográfico.

José Luis Aparicio. foto cortesía del entrevistado.

Desde joven tienes una marcada inclinación por el séptimo arte. ¿De dónde proviene esta pasión?

No sabría explicarlo. Mi primera pasión fueron los libros, sobre todo las novelas de aventuras, fantasía y ciencia-ficción. Devoré cuanto título pude de la editorial Gente Nueva, nada más que me enseñaron a leer. Luego, cuando tenía ocho o nueve años comencé a escribir poemas y cuentos policiacos. En ese entonces soñaba con una vida de escritor.

El cine se convirtió en algo serio durante mi adolescencia. Desde niño no me despegaba del televisor, veía todo tipo de series y películas, omnívoramente. El descubrimiento de directores como Woody Allen, Stanley Kubrick o David Lynch me hizo más consciente de las posibilidades expresivas del medio. Después llegaron las cámaras de video caseras, comenzó el rejuego con la técnica, el componente artesanal… El cine se transformó en una obsesión, casi enfermiza, que persiste hasta el día de hoy.

Eres graduado en Dirección de Cine, Radio y Televisión de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes (ISA). Cuéntanos sobre esta etapa. ¿Cómo es el proceso de formación de los jóvenes realizadores en Cuba?

La verdadera formación de los cineastas, en Cuba y en el resto del mundo, es fundamentalmente autodidacta. Las mejores escuelas de cine te proporcionan ciertas nociones técnicas o teóricas que complementan tu desarrollo, pero la pelea real es la de uno mismo con la tradición, y se realiza en privado, en el bullicio de una beca o en la soledad de una sala de cine.

Hay que ver películas, todas las que se puedan, constantemente… y hay que leer, y filmar, y consumir todo el arte posible. Solo así hay esperanzas.

La FAMCA es una facultad muy limitada económicamente, pero esto no debería ser excusa para justificar sus principales problemas. En el último año y medio, por ejemplo, hemos presenciado una vuelta de la censura y el fundamentalismo político, por encima de la libertad de creación de sus alumnos.

Lo anterior, junto al eterno problema de los planes de estudio, rígidos y obsoletos, y a la escasez de profesores verdaderamente capacitados, conforma un panorama difícil. Sin embargo, conservo muy buenos recuerdos de esa etapa. Los debo, en su mayoría, a profesores como Joel del Río, Gustavo Arcos, Mario Masvidal, Jorge Molina, Alán González y Marta Díaz… A ellos y a otros pocos les estaré siempre muy agradecido.

¿Qué propuesta estética ofreces desde tus materiales audiovisuales?

No creo que se pueda hablar de una estética específica, única, bien definida, en los audiovisuales que he realizado hasta la fecha. Tampoco es algo que me quite el sueño. Desconfío de los artistas que encuentran una fórmula que se les da bien y la repiten obra tras obra. Tengo miedo a acomodarme, a no tomar riesgos. Muchos de los creadores que prefiero cambian constantemente, se retan y salen de sus zonas de confort. Mutar o desaparecer, como los Beatles. Ese es mi mantra. Solo me interesa conservar el misterio, la ambigüedad… El camino fácil sería traicionarme. Prefiero el fracaso.

El Secadero. foto cortesía del entrevistado.

¿Cuáles referentes artísticos han marcado tu obra?

Jorge Luis Borges, Woody Allen, David Lynch, Guillermo Cabrera Infante, Paul Thomas Anderson, Virgilio Piñera, Agnes Vardà, René Magritte, Roman Polanski, Salvador Dalí, Quentin Tarantino, los Hermanos Coen, Stanley Kubrick, Charlie Kaufman, Hayao Miyazaki, Orson Welles, Edward Hopper, Werner Herzog, Martin Scorsese, Maya Deren, David Cronenberg, Chris Marker, Monty Python, Les Luthiers… Es una lista larga que crece constantemente. No estoy seguro de que hayan marcado mi obra, pero sí mi visión del arte y la vida, mis actitudes, mi educación sentimental.

También cursaste el Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Qué te aportó en el proceso creativo de los guiones?

La “Onelio” fue muy importante, no solo por el contacto con profesores como Eduardo Heras León y Raúl Aguiar, sino también porque me permitió tomar el pulso a los escritores de mi generación. Eso como cineasta lo considero fundamental: escapar a la vida cultural fragmentada o sectaria que a veces sufrimos en nuestro país.

 La influencia en mi trabajo como guionista es evidente, pues las técnicas narrativas no son patrimonio exclusivo de un medio u otro. A partir de mi paso por el centro, mis narraciones se hicieron más sólidas y conscientes, más complejas y a la vez más precisas en su despliegue técnico.

La FAMCA, por otro lado, carece de la especialidad de guion. La “Onelio” vino a suplir muchas lagunas en mi formación, me hizo recuperar el placer y la pasión por la lectura que experimenté en mi niñez y adolescencia.

Has obtenido diversos premios con tus cortometrajes y has participado en el 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y en el 14 Festival Internacional de Cine de Gibara. ¿Qué influencia ejercen estos eventos en la carrera de un joven realizador?

Una influencia decisiva. Sería ingenuo decir lo contrario. Si no has participado en un festival o recibido algún premio, estás en desventaja a la hora de, por ejemplo, aplicar a un fondo de ayuda a la producción o solicitar una beca de cualquier tipo.

La calidad artística, por estos lares, no siempre es lo esencial para salir adelante. También es necesario algún respaldo o reconocimiento, al menos en un sentido estratégico. Hacer currículo, como solemos decir.

No obstante, la oportunidad de compartir tu trabajo, de polemizar y debatir al respecto, no puede ser tomada por sentado, más en nuestro contexto, donde escasean los festivales y las ventanas de exhibición y distribución, así como los espacios de crítica y pensamiento.

 Mantener y desarrollar eventos como la Muestra Joven, con lo difícil que esto resulta en ocasiones, es una preocupación que debería ser de todos los cineastas en el país.

El secadero. foto cortesía del entrevistado.

¿Cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente el cine independiente en Cuba?

Es una pregunta complicada de responder, sobre todo porque atravesamos un período de cambios, de incertidumbre… Más allá de las dificultades económicas y prácticas de la producción, creo que los principales retos se enfrentan en el campo de lo estético.

El cine cubano tiene muchas deudas, no siempre se hace las preguntas adecuadas. Yo quisiera ver un cine más diverso, más preocupado por la memoria de la nación, más complejo y menos complaciente, donde coexistan las películas de entretenimiento con las de autor, el cine de género con el realismo social…

 El principal reto es actualizarse, eliminar el rezago que nos separa de nuestros espectadores naturales y del resto del mundo. Desde hace décadas, salvo contadas excepciones, las películas que hacemos no se ven en ninguna parte, ni siquiera en la isla.

Las que mejor suerte han corrido son las independientes, para mí las más arriesgadas, las más interesantes. Es una lástima que el abandono legal, la censura y la desidia hayan coartado este desarrollo. Sin embargo, no han podido detenerlo.

Una de tus últimas creaciones es el cortometraje de ficción El secadero, ganador de los Premios a la Mejor Producción y del Público en la 18va Muestra Joven del ICAIC, que recientemente en este mes obtuvo el Premio a Mejor Ficción del Bannabáfest, Tercer Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Panamá. Háblanos un poco del proceso creativo de esta obra.

El Secadero es un corto de 28 minutos que transcurre en La Habana de 1993, una Habana inventada por nosotros pero que conserva algunos lazos con la realidad.

Su guion está inspirado en algunos personajes y situaciones de La máquina, un cuento del escritor cubano Jorge Enrique Lage, pero en este caso se trata de una versión extremadamente libre. Un asesino en serie decapita policías. Mario, un oficial desencantado, encuentra la cabeza de la séptima víctima. Junto a su compañero, Camacho, debe llevarla a la estación. Una distracción momentánea conduce al extravío de la cabeza, que es robada junto a sus bicicletas policiales. Ambos descenderán al underground habanero para recuperarla…

Así comienza una historia con tintes de neo-noir, pero que es realmente una comedia negra, con mucha influencia de Tarantino y los Hermanos Coen. Es mi último corto y con el que más feliz me siento hasta la fecha.

Debía representar mi tesis de graduación de la FAMCA, pero fue censurada por la nueva dirección de la facultad. Sin preverlo, terminó convertida en mi primera obra verdaderamente independiente. Se realizó gracias a una campaña de crowdfunding y con el apoyo de varias productoras no estatales. Luego de los premios en la Muestra Joven, ha tenido un recorrido internacional por festivales de Chile, Argentina, Alemania, Estados Unidos, Panamá y México. Espero que cuente con más oportunidades de exhibirse en nuestras pantallas.

Recientemente fuiste seleccionando para la III Residencia Internacional de Cine Castello Errante, dedicada a la formación de jóvenes cineastas italianos y latinoamericanos. ¿Qué te llevas de esta experiencia?

Castello Errante es una de las mejores experiencias que he tenido en mi formación profesional. Tener la oportunidad de conocer la cultura italiana, de visitar Roma y recorrer los pasillos del Centro Sperimentale di Cinematografia o los foros de Cinecittà, es algo realmente invaluable.

 Más importante aún fue estrechar lazos profesionales y personales con un puñado de jóvenes cineastas de diversas procedencias, italianos y latinoamericanos. Los 35 días que compartí junto a ellos me cambiaron, me devolvieron fuerzas para seguir intentando este oficio tan difícil.

A todos ellos y al staff de la residencia les agradezco mucho, así como a la Muestra Joven, al ICAIC y a la Embajada de Cuba en Italia, que lo hicieron posible.

¿En qué proyecto te encuentras trabajando en estos momentos?

Ahora mismo estoy terminando la post-producción del largo documental Sueños al pairo, sobre la vida y obra del músico cubano Mike Porcel, un proyecto que co-dirijo junto a Fernando Fraguela.

Sigo enfrascado en la distribución de El Secadero y entro en la pre-producción de un nuevo corto, cuyo título provisional es El Tikrit, con guion del cineasta santiaguero Carlos Melián.

 También estoy desarrollando dos proyectos de largometraje: La zona muda, una ficción situada en el universo ficcional de El Secadero, co-escrita junto al guionista Daniel Delgado, y Distintos modos de cavar un túnel, un documental sobre el poeta cubano Juan Carlos Flores, que concebí junto al también poeta Ramón Hondal.

Hay más ideas, más proyectos… Es el tiempo que no alcanza.



El regocijo del silencio

Desde un universo lleno de sonidos, donde el poema pareciera nacer de un ejercicio de profunda meditación, la vibra creativa de Ismaray Pozo resurge como la hierba silvestre.

Esta muchacha pinareña, nacida en 1987, tiene tantas palabras y colores por compartir que, a pesar del silencio y ese halo de nostalgia o misterio que cubre su sonrisa, aquellos que la conocen no pueden ignorarla. Elegancia, sencillez y amor fueron los primeros rasgos que percibí en ella cuando la conocí.

Es poetisa, licenciada en Historia del Arte, editora, correctora y promotora cultural. Tiene dos poemarios publicados: Regresiones (Ed. Guantanamera, 2017) y Abisales (Ed. Loynaz, 2018), con este último obtuvo Mención en el Calendario 2017. Próximamente verá la luz por la editorial Extramuros tu libro La recitante, Premio Luis Rogelio Nogueras 2018.

Háblanos un poco del proceso creativo de este último cuaderno y la propuesta que nos trae

La recitante es un libro que nació pronto, pero luego de un largo proceso de acumulación, de ideas persistentes en los últimos años. Lo que estaba ahí acumulado se sedimentó por defecto. Era una necesidad. Por primera vez me planteaba hacer un libro.

Regresiones no es más que una selección de mis primeros textos, salido a la luz de una forma muy azarosa por el sello Guantanamera. Tiene un tono primitivo. Abisales fue más lúdico. El tercer brote es más consciente. La recitante es la voz (las voces) de una mujer. Esta mujer habla sobre sí y cómo ella se percibe; percibe el resto de las cosas. Y a su vez especula, desde una voz ventrilocua, lo que el resto percibe en ella. Es un libro sobre las representaciones. En la comedia, la recitante, es una farsante, una travestida/mutante.

¿Cuáles fueron los impulsos emocionales o creativos que te empujaron desde muy joven hacia el camino de las letras, especialmente la poesía?

No fue una cuestión de impulso, sino de no tener opciones, eso quiero creer. Fui una niña muy ensimismada, con gran vocación por la contemplación, el silencio. Lo aprecio. Me gusta cuando la palabra se mesura, se guarda. En aquel entonces parecía eso un problema, tener eventos de antipatía o evasión hacia la gente. Pensar, imaginar, era una ventana, una puerta anchísima. En casa teníamos un cuarto al que llamábamos “cuarto de los regueros”, pleno de libros de la colección Huracán, apolillados en su mayoría. Los libros fueron despertando una inquietud por la literatura; quería mimetizar lo leído. La poesía nació en la adolescencia, salvajemente.

¿En tus poemas, cuánto hay de la muchacha cinéfila que soñaba con ser directora de cine, de la historiadora de arte, de la mujer que eres?

Todo. ¿Qué puedo hacer sino serle fiel a mi razón? He intentado que mis textos sean más contenidos y menos frondosos. Que no sean desmedidos es su búsqueda, pero eso está dado por algo de lo que no me puedo desligar. La búsqueda ha sido una constante. El querer transitar otros caminos, no conformarme con lo hecho, sino ir de trasiego en trasiego. Mutando. Mudando como yo misma. Historia del Arte es una carrera que te abre a eso, expande, y nos deja, a los graduados, un radio, un extraradio de nombres, obras, acciones, expresiones del arte, que se quedan luego levitando, flotando en la cabeza para otras múltiples asociaciones. Es algo que no evito, de eso que flota agarro, como se hace con un globo lleno de helio. Lo dejas volar o lo tomas.

Tus libros se ofrecen como una especie de mapa que capta la sensibilidad de lo poético en otras manifestaciones del arte ¿Qué referentes artísticos y literarios han marcado tu obra?

No siempre he sido consciente de lo que quiero decir. Al principio, la poesía era salvaje, abrupta. No me despertaba eso, siquiera inquietud, ni cuestionaba que lo hecho fuese poesía. No de la manera que me lo cuestiono ahora. El cine y la música son otras constantes, muchos de los referentes que cito son musicales o cinematográficos. Loca por el jazz, cercana a un guitarrista que ha estudiado con Rodney Jones, Ed Cherry (músicos de Dizzy Gillespie), y tocado con Pat Bianchi (músico de Pat Martino), Brian Charette (músico de George Coleman). Vínculos como este han reforzado una pasión, ya vieja, por el jazz y la música de raíces negras.

Tuve inquietudes por el cine. Hice pruebas  para entrar a la FAMCA, a la EICTV de San Antonio de los Baños. Luego me di cuenta que esas inquietudes no eran deseos urgentes.

En la literatura, la poesía me roba. Creo en el chamanismo poético, el buen poeta, es un ilumidado, un develador, dispuesto a descuadrar lo que ve en infinitas posibilidades, a pulverizarse la mente y los ojos en el acto. Eso me llevó a descubrir la poesía de Emily Dickinson.

Fui conducida a leer a E.D, Pessoa, Eliseo Diego, Lina de Feria, Aimé Césaire y otras zonas de la literatura caribeña que me resultan explosivas y comprometidas: Édouard Glissant, Jacques Roumain. Luego A. Pizarnik, I.Vilariño, Clarice Lispector, Margarite Duras, Nelida Piñón, Anaïs Nin, Anne Carson, Igner Christensen (sugerida por Raydel Araoz).

He encontrado una cófrade literaria, un regalo, en Caridad Atencio, otra poeta que admiro por su fuerza, madurez, su ojo crítico brillante. Gracias a esto mi lectura se expande, por ejemplo, a la poesía norteamericana, poco explorada antes por mí, entre la obra de autoras como Susan Sontag.

Naciste en Puerta de Golpe, Pinar del Río, lugar donde resides actualmente y que quizás ha significado un golpe de inspiración para tu escritura. ¿Qué dificultades supone el hecho de ser escritora y vivir en un contexto rural?

Todo condiciona, por rebote, omisión, por carambola. El lugar puede hacer proclive que esa inquietud naciente se vuelva un estado, se pierda o permanezca. El espacio rural es cómodo para la literatura, “más tranquilo que la cara de una mujer que miente”; ahí donde escasea la polifonía, los ruidos de la ciudad, yo no encuentro más que chivas berreando, gallos, mis perros, algún que otro carro pasante, arrieros. La tensión está en otras cosas, en otras carencias. Ese no haber, hizo que buscara. El campo es un maravilloso lugar, una estación de brotes, otra de siega, rebrotes, resiegas…

Para un escritor que se inicia, las dificultades de un espacio así podrían estar dadas por la falta de visibilidad, el alejamiento de las bocas, de los censores de opinión. Pero eso no me supone un problema. Me regocijo en el silencio.

Eres graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. ¿Cómo influyó esta etapa en tu proceso creativo? ¿Actualmente escribes narrativa?

Me gradué en el 2016. Siempre dan ganas de volver. Pasar por el Centro Onelio lo sentía entonces como un imperativo. Sin ser de La Habana y pensando que de La Habana en algún momento tenía que marchar, estudiar allí era algo por hacer antes de irme.

 Escribí algunos cuentos. Leí uno sobre una mujer con problemas de sujesión en el mundo físico. Para resolverlo ella tenía que hacer un ejercicio: desbloquear su chakra radical haciendo pucheros. Eduardo Heras, me dijo «eso es terrible». Me cuestioné si estaba haciendo bien.

En las clases, escribía poesía. Llevaba más de 10 años escribiendo poemas, intentándolo, pero aquello era otra búsqueda. Tardía para escribir como era, no sentía que fuese mi mayor directriz, sino otro medio, como el cine, las artes visuales, la música, un método, un haz de luz sobre las cosas. Podía publicarse, y no.

Agradezco al Centro la redirección del camino. El gusto por la poesía es lo más persistente. Luego de eso, he intentado hacer algunos cuentos que después de un humazo, como en la magia, se deshacen.

Paralelamente a tu faceta creativa, trabajas como promotora cultural, editora y correctora en Ediciones Loynaz. ¿Qué ha aportado esta labor a tu proceso creativo?

Mucho. Constancia, seriedad. Estar de cerca en el proceso de creación y armazón de un libro ha hecho que me involucre más, no solo en lo mío, también en lo ajeno. Agradezco a la Loynaz por todo ese aprendizaje.

¿Cómo definirías a los poetas en el siglo XXI?

El poeta del siglo XXI es un hombre de su época. Con las mismas constantes e inquietudes humanas, que son como despertares. Siempre que nace un hombre está yacente ese anillo que nos sobrepasa: “el ser”; y cada motivo reincidente que viene con “el ser”: el tiempo, el lenguaje, la acción, la narración de esa acción, el fin. Es lo mismo.

El hombre, el poeta, sigue siendo un buscador de oro.

Tenemos ahí la obra de los poetas de siglos pasados. Siento que ahora, en el arte, no se niega lo anterior. De lo anterior bebemos, nos atragantamos, nos insertamos en una gran argamasa.

¿Con qué generación te identificas más dentro del plano de la literatura cubana? ¿Cómo pudieras definir a tu generación?

La literatura cubana es riquísima. Un framboyán floreciente, eso hace que hayan nombres descoyantes como picos de iceberg en todas las generaciones. Todo el tiempo. Pero, me siento más cercana a la literatura del siglo pasado que a la del siglo XIX, incluso más cercana que a la de este siglo. Ahí está Orígenes, un parteaguas, y otros llegados después del 59, como Diáspora(s) o Palenque, grupos en sí mismos, en los que se puede identificar voluntades semejantes.

No me siento parte de ninguna generación literaria. ¿Qué nos auna a los jovenes, más allá de la búsqueda de la literatura como albergue? La literatura no se hace grupalmente. A veces coinciden en tiempo, en ideas, en lucidez intelectual, varias personas que hacen su trabajo en soledad.

Siento un ansia en los poetas jóvenes de adelantarse a su tiempo, de saltar voluptuosamente como mariposas. Paul Ricoeur habla en Volverse capaz, ser reconocido de la identidad narrativa, de la temporalidad en la identidad. Hablar ahora de mi generación, teniendo a Ricoeur en la frente, sería dejar inacabado el relato. Tendrá que pasar un tiempo para que otros hablen de mi generación. A nosotros, los jóvenes, solo nos queda trabajar, trabajar mucho. Es cosa del tiempo poner los nombres en fila india. 

¿Qué rasgos marcan la esencia de Ismaray Pozo?

Soy una loba esteparia. Solía ser más mustia. Ya me adapto, renuncio, hay en la renuncia una revelación, como dijera la Lispector. Serena. Pocas cosas me descentran o inquietan como la voluntad de hacer mal (siquiera la perversidad inocente). Salvando esa voluntad malsana que rechazo, con lo demás puedo lidiar.

¿Cuáles son tus sueños y proyectos en el plano literario para los próximos años?

Escribir y esperar. “Esperar es buscar”, dice Anne Carson. Esos son los proyectos próximos: escribir y buscar.

 

COMERSE UN PEZ SAGRADO

Christo lanzó una manta de plástico

sobre la costa. Resolvió aquietar

el bullicio donde nace un país.

Esto es una glorificación:

plastificar un pantano.

La identidad prende en los musgos primeros

donde ahora cangrejos no encuentran alimentos

sino una redención de yagua

o tobogán, algo resbaladizo (en resumen).

La peripecia de Christo es camuflarlo todo

donde allí lo torvo

donde allí todo era un ejercicio

donde el progreso vertió al mar, resonante.

Ahora imprecisos, resignificaríamos

con nuevos nombres.

 

Una podría decir, donde nace un país

hay blanca premonición (la del día)

pero lo enigmático concede al mar

la ambigüedad de los perros asustadizos.

El pez es el origen

la cola afilada, el remilgo de los pies juntísimos

el hombre podría ser una mujer

que resurge de los cuerpos marcados

del mito involuntario de la Sikán.

Ella veladora se sacrifica:

ve rodar la cabeza del chivo.

Había bajado del monte el Inocente

huyendo de otra mujer que bebería la sangre

de sus testículos. Y hacia ella fue a parar

el Inocente, a la mu(jer)erte última.

La primera muerte llegará cuando

el sol no rasgue la nata sintética

sobre las cabezas.

 

La Sikán la Sikaneka/ sin país

rehogó los ojos en una cesta

de otro Cristo, ahora preocupado

por el amor al prójimo ─menos humano

menos inteligente─

no se sacrifica por los otros

esto que a mí me cuenta tanto

[el horror de la cucaracha al ver el miedo ajeno

es más que su propio horror terebrante]

Cristo no sabía de aquellos hombres lobos

menguando peces a zarpazo.

El mundo era más antiguo a todo, a él mismo

a otro Krzysztof Kieslowski.



El arte es la búsqueda de la vida

Un hombre de profunda sencillez, de esas personas extraordinariamente positivas que siempre ven los colores de cada cosa y parecieran estar dispuestos en todo momento a tenderte una mano, con una sonrisa esbozada en el rostro. Ese es el primer recuerdo que tengo de Hasan Erkek cuando lo conocí en el III Encuentro de Promotores de la Poesía.

El Dr. Hasan Erkek había viajado desde Turquía para participar en la 28ª Feria Internacional del Libro de La Habana, oportunidad en la que también se estrenaría para el público habanero su obra El Umbral, llevada a escena por la compañía Teatro Gaviota, en la sala teatro El Sótano.

Este poeta, dramaturgo y profesor turco ha recibido disímiles premios y reconocimientos por su obra, que se complementan con una cantidad similar de publicaciones, traducciones y puestas en escena en diversos países. Actualmente es presidente de la Sociedad de Dramaturgos y Traductores de su país, y Profesor Titular del Conservatorio de Estado de la Universidad de Anatolia.

Ante las diversas cualidades que pueda tener como escritor sobresale la de ser una buena persona, y ahí es precisamente donde comienza el puente entre La Habana y Estambul, en el umbral de todo lo posible, como los capullos de esas margaritas que comienzan a abrirse en el corazón del poeta.

Comenzaste a escribir desde muy joven y pronto llegaron los premios y las publicaciones. ¿Cómo fue que te iniciaste en la literatura, especialmente, en la dramaturgia?

Desde niño, cuando tenía entre 10 y 11 años, ya escribía poesía. Básicamente eran imitaciones de poemas que leía en los libros escolares. Poco a poco fui tratando de escribir poemas propios, más originales. En la enseñanza secundaria, entre los 13 y 14 años, mis profesores publicaron mi primer libro de poesía con la ayuda de la institución y familiares.

La cubierta del libro fue diseñada por mi profesor de artes plásticas Ekrem Kadak, que ahora es un gran pintor en Turquía. Siempre uso sus obras para ilustrar la cubierta de mis libros.

En la secundaria también empecé a escribir cuentos. Aunque en esta época todavía no escribía nada para el teatro, actuaba en las obras que preparaban en la escuela. Organizábamos entre dos y tres obras cada año.

Durante mis estudios preuniversitarios continué escribiendo poesía, cuentos y actuando en las actividades escolares. Luego empecé a hacer apuntes para el teatro, que eran representados por mis compañeros de aula.

Hasan Erkek en el estreno de su obra EL Umbral por Teatro Gaviota, en El Sótano. Foto: cortesía del entrevistado

 Reconozco que disfrutaba mucho al ver la puesta en escena de las obras que había escrito. Por ello comencé a estudiar teatro y decidí que quería ser dramaturgo. La poesía ya era una pasión eterna para mí, por eso algunas veces la combinaba con el teatro.

Obtuve mi primer premio nacional siendo estudiante del Departamento de Teatro. En 1989, la Radio y Televisión Nacional de Turquía organizó algunos concursos en saludo a su aniversario 25. Mi obra para radio ganó el Gran Premio. A partir de ahí he recibido más de 20 premios nacionales e internacionales.

Cuando me gradué decidí dedicarme por completo al teatro. Así combinaba el arte y la ciencia (la dramaturgia es la ciencia del arte del drama). Durante 25 años he trabajado en el Departamento de Artes Escénicas de la Universidad de Anatolia. En 2009 me hice profesor de dramaturgia y hasta la fecha no he dejado de impartir talleres y conferencia, pero nunca dejé de escribir.

¿Cuáles son tus influencias literarias?

Mis influencias siempre fueron la lectura y la observación. Desde joven leía los autores y obras clásicas. Fui un muchacho muy curioso sobre las cosas de la vida, y la vida misma es siempre inspiradora para mí.

La poesía como modo de expresión, máscara, arma, bandera… es una parte inseparable de tu vida, ¿qué deseas comunicar con ella?

En primer lugar, me gusta expresarme. En segundo lugar, trato de cultivar la sensibilidad de la gente que me rodea y extender ese círculo. Mi esperanza es poder agregar una flor o un ave a la gran herencia de la humanidad. El arte en sí no es un arma, pero si eres capaz de cambiar la sensibilidad de la gente con arte y educación desde la infancia, ellos serán capaces de cambiar todo lo necesario por el bien de la humanidad.

Vives en un país que se extiende sobre los límites de dos continentes, con una exquisita mezcla de culturas. ¿Qué han aportado esto a tu trabajo?

Es posible ver las huellas de esas raíces culturales en mi poesía y mis obras de teatro. Alimento mi literatura de diferentes fuentes. Esa es mi posibilidad al haber nacido en un país como Turquía. Realmente tengo mucha suerte. Crecí en una cultura rica que surgió de varias culturas. Turquía es un puente cultural entre oriente y occidente, norte y sur, con vastas dimensiones espirituales y financieras. Trato de hacer una combinación contemporánea y original en medio de todo eso, y espero poder lograrlo.

¿Qué nos puedes contar sobre la literatura turca que se escribe actualmente?

En Turquía tenemos una gran tradición literaria, contamos con grandes poetas y autores, pero no los hemos presentado lo suficiente ante el mundo. Probablemente conozcas algunos como Nazim Hikmet, amigo de Cuba, cuya obra ha sido publicada en la isla, Yasar Kemal u Orhan Pamuk, este último Premio Nobel de Literatura, pero te podría mencionar una lista de 20 autores y poetas reconocidos a nivel mundial.

Gran parte de su obra está dedicada a los niños, ¿cómo crees que deberías ser la literatura para niños, especialmente en los tiempos que vivimos?

Realmente he escrito casi la misma cantidad de obras para ambos grupos de lectores y audiencias: niños-jóvenes y adultos. He escrito ocho obras de teatro para niños, tres para jóvenes y siete para adultos.

Creo que los niños y los jóvenes necesitan creaciones de alto valor artístico (libros, obras de teatro, películas, música…). Ellos son no solo la audiencia del futuro, son la audiencia de hoy.

Son muy sinceros en la manera en que reaccionan (negativa o positivamente). Me gusta la sinceridad y soy consciente de mi responsabilidad al escribir para ellos también.

El umbral, obra de Hasan Erkek.

De todas las obras que ha escrito, que han sido representadas en diferentes países, me gustaría destacar El Umbral, que recientemente fue llevado al escenario para el público cubano por el grupo Teatro Gaviota. Cuéntame un poco sobre ella. 

El Umbral es una de mis obras premiadas en 1977. Es la segunda parte de una trilogía homónima. Me tomó seis años escribirla. En el momento de su estreno por el Teatro Municipal de Estambul se llevó a escena cien veces y tuvo más de treinta mil espectadores. Fue la obra más vista de ese año.

La trilogía El Umbral es muy importante para mi vida. Hasta la fecha ha ganado más de 20 premios y se han publicado 25 ediciones en diferentes editoriales e idiomas por todo el mundo, entre ellos Francia, España, Armenia y Azerbaiyán. Hace unos años en la Facultad de Bellas Artes de mi universidad se inauguró una exposición de carteles de las puestas en escenas. Este año sumo una más a ese conjunto. Nunca olvidaré la reacción que tuvo el público cubano, su amistad y cariño mientras contemplaban las escenas.

La obra es una tragedia que, tratada desde un lenguaje lírico, utiliza la poesía no solo en los diálogos, sino en las situaciones. Hay muchos elementos de la cultura y música tradicional turca en la puesta en escena y la escenografía.

Aunque el tema conductor de la obra es la familia, trato de reflejar el rostro más palpable de esa ruptura feudal y el desglose cultural que vivió mi país en su tránsito hacia el capitalismo.

Escribí El precio del error, primera obra de la trilogía, cuando cursaba el tercer año de teatro en la Universidad de Ankara. Fueron tiempos difíciles para mí. Compartía el dormitorio con seis personas y tenía problemas con algunos compañeros de clase, pero lo más triste para mí fue no tener una máquina de escribir ni estantería con libros. Recibía muy poco dinero de mi familia.

Estos eran problemas frecuentes en las escuelas de teatro, pero no lo sabía, y como era demasiado sensible en esa época, el problema se fue agravando. Estaba abrumado por el ambiente pesimista que vivía Ankara después del golpe militar. Pensé de dejar la escuela. Iba a esperar hasta el fin del primer semestre para decidir qué haría con mi vida. Toqué fondo y necesitaba salir a flote.

En ese momento TRT (cadena nacional de Turquía) anunció unos concursos de teatro de radio en 1989 por el aniversario 25 de su fundación y los premios eran geniales. Me fui a Doğanşehir (Malatya) al lado de mi familia para las vacaciones. No dije nada a mis amigos, pero me despedí de ellos como si estuviera en el umbral de una gran separación. Cuando me iba solo llevaba en la maleta mis libros, casetes y la convocatoria del concurso. Doğanşehir estaba bajo la nieve, pero representaba una cálida esperanza para mí.

Cuando llegó el momento compré un cuaderno, afilé mi lápiz y empecé a escribir la primera parte de la trilogía. Un gran placer y un gran dolor me acompañaba. Finalicé la obra cuando terminó el intersemestral y regresé a Ankara lleno de esperanza. Lo primero que hice fue hacer que mi mejor amigo Beyhan Büyükyıldız leyera la obra. Él me prometió mecanografiarla “Por un ramo de margaritas”, dijo como chiste. Y le dije que, si ganaba el premio, le compraría todas las margaritas que se vendían en la calle de floristas.

Pero la era tecnológica no había comenzado todavía y pocos tenían máquina de escribir. Buscamos entre las amistades. Hasta que el tío de un amigo nos prestó una, por unos días. Beyhan se encerró en la casa y transcribió la obra trabajando día y noche. Lo entregué al TRT el último día.

 Había 110 obras en el concurso, por lo que la espera fue larga y difícil, pero al final mi obra ganó el gran premio. Fue mi primer teatro de radio, lo escribí de un tirón y casi no lo había revisado (ahora reviso las obras mil veces). Como dice Sait Faik, un famoso cuentista turco, “quise besar mi lápiz” en ese momento. Decidí continuar la escuela. Nadie supo sobre mi intención de dejarla.

Compré dos máquinas de escribir: una para mi amigo y la otra para mí. Luego alquilé una casa y salí de la beca. Por fin tuve una estantería llena de libros y, por supuesto, compré todas las margaritas que se venden en la calle de los floristas para Beyhan.

Atravesé el otro umbral con mi lápiz. Me sentía unos años mayor. Adapté el texto para un guion del cine. Se filmó y se estrenó en TRT. Después se llevó al escenario del teatro, esta obra fue una escuela para mí.

Por ello me siento tan feliz de estrenar El Umbral en La Habana. El Teatro Gaviota hizo la premier el 8 de febrero. Las representaciones tuvieron buena acogida. La directora de actuación Lilian Dujarric es una artista muy creativa y los actores son dinámicos.

Quisiera agradecerles a todos desde el fondo de mi corazón, especialmente a la embajada de Turquía en La Habana. Durante el ensayo y la premier, los trabajadores de la Embajada y la embajadora Sra. Berris Ekinci, en persona, siempre estaban. Quisiera agradecer también a Diana I. Luke, la traductora de El Umbral. Su adaptación gustó mucho. Ella es de Madrid y, además de ser una excelente traductora, escribe teatro.

En el encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe. Foto: cortesía del entrevistado.

Has visitado Cuba varias veces y, en más de una ocasión, has participado en el Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe, en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana. ¿Qué ha significado esta experiencia en tu carrera como escritor?

El año pasado participé en el Encuentro de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe, durante la Feria del Libro de La Habana. Una de las tantas actividades durante el encuentro, además de los recitales poéticos y las conferencias, fue la lectura-representación de El Umbral por el Teatro Gaviota. Lo hicieron muy bien.

A los integrantes de Teatro Gaviota les gustó la obra y decidieron llevarlo a escena para el público de La Habana este año. Fue una buena decisión que, después de muchas investigaciones y ensayos que mantuvimos por largo tiempo, trajo excelentes resultados.

Este año participé nuevamente en ambos eventos. La participación de jóvenes en la jornada fue inspiradora para mí. Durante las sesiones traté de interactuar con la mayor parte de los poetas, conocer su obra, absorber la poesía en español, el espíritu de Cuba y Latinoamérica. Fue una grata experiencia para mí. También me satisface las reacciones positivas que tuvo la acogida de mi poesía.

Desde tu experiencia como creador y profesor, ¿qué consejos podrías darles a las jóvenes generaciones de escritores?

Usualmente a los jóvenes no les gustan los consejos. Trato de transmitirles mis experiencias siguiendo el camino artístico en mis trabajos concretos. Y desde la experiencia, quisiera decir que el arte es la búsqueda de la vida, pero hay muchas dimensiones en la vida y muchas facetas del arte.

 De modo que ambos tienen gran diversidad. Los artistas jóvenes no deberían encasillarse en una sola dimensión ni en una sola faceta. Deberían escribir lo que quieren y sienten, pero sin olvidar valores contemporáneos como los derechos humanos, la igualdad, la libertad, la justicia…

En lo creativo, ¿qué sueños tiene Hasan Erkek?

Mi sueño es siempre escribir más, usando formas diversas y vías diferentes (poesía, teatro, cine…) y llegar con mis palabras a muchas personas de diferentes culturas, en países de todo el mundo. No deben existir fronteras frente al arte.



Identidad poética

Con el lema La Poesía: un arma cargada de futuro, regresa la Bienal Identidad en su duodécima edición, del 13 al 20 de septiembre. Dedicada a homenajear la figura de Ada Elba Pérez, la jornada promete ser un encuentro de poetas, músicos, artistas y admiradores de la obra de la ya desaparecida artista.

A partir del desarrollo de tertulias, recitales, exposiciones, intercambios culturales con niños y jóvenes, presentaciones de libros y talleres, el evento se propone reflejar cada una de las facetas creativas de Ada Elba, que abarcan aristas tan diversas como la poesía, la música, la cerámica, la literatura para niños, la investigación y la promoción cultural. En esta ocasión el evento tendrá por sede la Casa de la Poesía, ubicada en calle Mercaderes 16 entre O’Reilly y Empedrado, La Habana Vieja.

Viernes 13: Apertura

6:00 p.m.: “Serenata para un Ada”, recital poético-musical con trovadores, poetas y repentistas.

Poetas invitados: Giselle Lucía Navarro, Yenys Laura Prieto, Martha Acosta, Rubiel Labarta, Rolando Ávalos, Camila Mardones y Francisco Vargas Huaiquimilla.

Músicos: Orquesta Juvenil de Guitarras, bajo la dirección del maestro Esteban Campuzano, y el trovador Juan Carlos Pérez.

Sábado 14

10:00 a.m.: Conversatorio sobre la figura de Ada Elba Pérez y su legado cultural. Invitada: Olga Lidia Pérez. Presentación del libro Señor Arcoiris de Ada Elba Pérez (Editorial Gente Nueva y Cubaliteraria 2018).

Invitados: Los músicos José Ernesto Simón Sánchez y Roberto Carlos Cruz Rodríguez.

2:00 p.m.: Intercambio con poetas, artistas y admiradores del legado cultural de Ada Elba Pérez. Invitados los poetas Félix Contreras, Yanelys Encinosa Cabrera, Daniel Duarte de la Vega, Armando Landa, Jorge García Prieto, Elizabeth Reinosa Aliaga, Irán Cartaya, David López Ximeno, Camila Mardones, Francisco Vargas Huaiquimilla, el cantautor Juan Carlos Pérez y el Coro Polifónico de La Habana.

3:00 p.m.: Rostros de Ada. Exposición que recoge muestras fotográficas y audiovisuales del quehacer artístico y social de Ada Elba Pérez, en el Café literario de la Casa de la Poesía en el Liceo Artístico y Literario.

Domingo 15

11:00 a.m.: Muestra de audiovisuales inspirados en las canciones compuestas por Ada Elba Pérez. Recital de cantautoras y poetas. Invitadas las poetas Isabel Cuello, Jessica Pérez Quesada, Luisa Oneida Landín, Thaís Guillén, Claudia Expósito, Irasema Cruz Bolaños, Camila Mardones y la cantautora Heidi Igualada.

Martes 17

2:00 p.m.: Taller cartonero Marte, la marea de los niños, por el mar de las Antillas. Imparten los integrantes de la Editorial Cartonera Helecho De. Participan estudiantes de la escuela primaria Simón Rodríguez del municipio Habana Vieja.

Miércoles 18

2:00 p.m.: Taller cartonero Marte, la marea de los niños, por el mar de las Antillas. Imparten los integrantes de la Editorial Cartonera Helecho De. Participan: estudiantes de la escuela primaria Camilo Cienfuegos, del municipio Habana Vieja.

Jueves 20

10:00 a.m.: Taller cartonero para el adulto mayor Libro para un Ada y conversatorio sobre el movimiento cartonero en Chile. Imparten los integrantes de la Editorial Cartonera Helecho De.

2:00 p.m.: Taller cartonero Marte, la marea de los niños, por el mar de las Antillas. Imparten los integrantes de la Editorial Cartonera Helecho De. Participan: estudiantes de la escuela primaria José Antonio Machado, del municipio Habana Vieja.

Viernes 20: Clausura. Aniversario 58 del Natalicio de Ada Elba Pérez.

3:00 p.m.: Peña Juegan las palabras. Edición especial por el cumpleaños de Ada Elba Pérez. Tendrá como invitadas las poetas Olga Lidia Pérez, primera promotora de la Casa de la Poesía y hermana de Ada Elba Pérez, Yenys Laura Prieto y Giselle Lucía Navarro. La música estará a cargo del trovador Pepe Ordaz y la agrupación vocal Novel Voz.



El eco del viento en todos los sentidos

Mientras las ruedas de su bicicleta rodaban entre el polvo por el Pacífico mexicano, algo comenzaba a rodar en su mente y a expandirse con el viento.

Hace 10 años, cuando Miguel Asa (Guadalajara, México) creó una calcomanía que acuñaba el lema Por favor, lea poesía, con el objetivo de realizar una intervención pública, seguramente no imaginaba que esa frase, estampada en marcadores, camisetas, carteles y todo tipo de soportes gráficos, inundarían tertulias, talleres, estaciones de tren, centros culturales de diversos países, las casas y hasta los perfiles de Facebook de muchas personas.

Este artista multidisciplinario, de personalidad desenfadada y sencilla, ha dedicado buena parte de su trabajo creativo a la poesía y su vínculo con las artes visuales, en distintos contextos.

La palabra, la imagen, el aire batiendo en su cara, un puñado de sueños amarrados al corazón y el cuerpo fundido con su bicicleta. La bicicleta y el hombre pedaleando desnudos sobre la propia desnudez de su alma.

¿Por qué la idea de usar calcomanías?

Desde un principio consideré que lo que fuera a ser este proyecto, que no tenía nombre y que terminó por incrustarse como lema, debía realizarse como un divertimento para compartir el gusto por la lectura en todos sus contextos, así nació Por favor, lea poesía.

Desde muy joven he considerado el arte urbano como una posibilidad de interacción pública muy cercana a las personas, como un diseño versátil que pudiera brindar un mensaje, ser una intervención dentro de la cotidianidad y no pasar desapercibida entre la comunidad.

Al día de hoy, ya son más de 300 mil ejemplares los repartidos, que se han colocado en países como Argentina, Cuba, Chile, Brasil, Ecuador, Colombia, Perú, Honduras, El Salvador, Panamá, Guatemala, España, Francia, Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Marruecos, México, Vietnam e India, gracias a la difusión y el apoyo de un sinfín de personas que han contribuido desde sus perspectivas. Algo así como “la versatilidad de lo mínimo”, le llamo.  

¿Por qué el nombre Ululayu?

En 2014 tomé una decisión muy importante en mi vida, viajar en bicicleta por América, en etapas, para fomentar la literatura, incentivar las artes y concientizar sobre el uso de la bicicleta. Busqué un nombre que tuviera que ver con todo lo anterior y ahondé en Altazor o el viaje en paracaídas, del poeta chileno Vicente Huidobro. En el Canto VII, en las líneas 42 y 45 se encuentra esta palabra (Ululayu) que quizás no tenga un significado real –o más allá– para ser un sonido dentro de un poema en donde la palabra se deforma.

Eso para mí fue lo mejor, pues la consideré como la onomatopeya del verbo “ulular”, que es cuando el viento choca con algo y produce un sonido. En mi caso, al viajar en bicicleta no puedo evitar el viento durante el pedaleo y así la constante. Esto es un homenaje a uno de los elementos más fuertes que la Tierra vive y que se encuentra entre nosotros a diario.

Bicicletas y poesía… ¿Qué tienen en común? ¿De dónde parte esta iniciativa?

Surge después de realizar un viaje en bicicleta, pero con algo más allá que solo pedalear, también con los objetivos de leer, compartir, crear con todas las comunidades en ruta. Una inspira, la otra transpira, y así, juntas, crean una obra misma en vida: compartir para imaginar, la posibilidad creativa en todo el mundo. 

POR FAVOR, LEA POESÍA, una frase que es sencilla y profunda desde la propia raíz de la palabra. ¿Qué es para ti la poesía?

Es el eco del viento en todos los sentidos. Es una posibilidad que tiene la humanidad y en la que se entregan las sensaciones, esta experiencia única que llamamos vida en un recorrido más lejano de lo que percibimos a primera vista. Es la convocatoria a nuestra creatividad, en la que sobresalen todo lo que somos, no somos e imaginamos ser. La poesía siempre es para mí ese elemento metafísico que nos entrega la oportunidad de superarnos a nosotros mismos.

cortesía del entrevistado

Según Octavio Paz, el lenguaje se deteriora, pero la función de los poetas es revalorizar la palabra. ¿Qué rasgos crees que deba tener un poeta? ¿Cuál crees que sea la misión del poeta en el siglo XXI?

En un momento histórico como el actual, la poesía es portadora de miles de voces que buscan una entrega más abierta, pues las situaciones culturales, sociales, ideológicas, entre otras que sacuden al mundo, influyen en cualquier desarrollo creativo de la humanidad. Así sea la academia como los medios digitales, la lectura de poesía nos salvaguarda en la renovación constante del ser humano, más allá del género, pues la apertura tanto para mujeres y hombres es la misma. De ahí que el poeta en estos días tenga un mayor compromiso social, es decir, debe ser un intérprete de lo que acontece en las comunidades y también un portavoz que medie, expanda y colabore con mayor cercanía con las personas, quitar este hito de poeta-lector y volverse uno mismo con todos, lo que representa una misión con mayor compromiso y responsabilidad social, pues debe de existir flexibilidad, diálogo y cercanía, lo más invaluable.

Ante la incursión masiva de los medios de informatización y otras distracciones que vienen aparejados con el desarrollo tecnológico de una sociedad, muchos consideran que el hábito de la lectura ha disminuido considerablemente, sobre todo la lectura de poesía. ¿A qué crees que se deba esto?

Por el contrario, no ha disminuido el proceso lector, ya que la alza de la transferencia de información permite el ejercicio de la lectura a diario, y esto, ha permitido de igual manera que la divulgación de la poesía se contemple dentro de ello. Sin embargo, como en todo, estos procesos debemos de tomarlos con un criterio más amplio en muchos sentidos, ya que la valorización de la creatividad no obligatoriamente debe estar sujeta a cánones convencionales, sino debe resguardarlos y experimentar a su vez: los procesos creativos nunca  han sido los mismos durante la existencia de la humanidad. 

La poesía escrita, la poesía visual, el performance, el diseño, la fotografía… el arte en todas sus aristas y dimensiones. ¿Cómo confluyen estas aristas en tu creación?

De alguna manera la poesía es el núcleo de todo lo demás. La experimentación con diversas manifestaciones ha confluido en piezas únicas e irrepetibles, que suceden en el momento, o bien, que quedan plasmadas en diversos proyectos que rondan en el espacio público o privado, bajo diversas intersecciones entre la letra, el cuerpo, la tipografía, el diseño, la tecnología, la fotografía, la pintura, la ilustración, el muralismo y la bicicleta, de manera que, así suceden breves poemas en el tren de la ciudad, otros tantos con las artes visuales en el sistema de bicicleta pública de la misma, así como en las redes sociales: el conocimiento de la diversidad de estas aristas amplía las posibilidades y el impacto en la comunidad. 

¿Cómo ha sido tu experiencia en Cuba, en el marco del Encuentro de Promotores de la Poesía?

Asistir a Cuba por segunda ocasión me ha permitido la ampliación de mi proyecto, así como el fortalecimiento del mismo en otras coordenadas geográficas. Uno de los principales motores de Ululayu es la colaboración con diversos autores, instancias y proyectos con la finalidad de expandir, en la medida de lo posible lo que, en otros rincones, más allá de México, se hace, y Cuba me permitió eso, conocer, unir, solidarizar, contemplar, amar, consolidar y, sobre todo, aprender del trabajo de todos los invitados a los encuentros en los que participamos.

Por otra parte, vivir la bicicleta en La Habana para recitar poemas improvisados fue una genialidad, pues también me permitió pintar y exhibir parte de uno de nuestros proyectos recientes, Cicloverso, poesía de estudiantes de bachillerato con ilustración de artistas locales, en su edición Arreola, como celebración del centenario del natalicio de dicho escritor mexicano. Una grata experiencia todo lo vivido en Cuba. Siempre gracias a mis amigos cubanos y extranjeros, es un amor único eso que sucede a principios de febrero.

¿Qué quisiera expresar Miguel Asa, desde la poesía?

La solidaridad por la humanidad y la gratitud hacia la naturaleza y la vida. Nunca naceremos dos veces.

¿Qué expectativas tienes con este proyecto a largo plazo?

No tener expectativas y dejar que el viento, el tiempo y la Tierra hagan su trabajo. Paz.