Frank Fonseca Espinosa


¿Por qué leemos un libro?

Un libro es capaz de contener tanta libertad como la conciencia misma del hombre que lo lee.

¿Por qué leemos un libro?, seguro nos hemos preguntado algunas veces como quien espera encontrar una respuesta de consolación para el alma insaciable de conocimiento y dudas. El escritor Sergio Pitol dijo: “El libro es uno de los instrumentos creados por el hombre para hacernos libres”. A partir de esta frase debemos encontrar voces que nos expliquen cuál es la emancipación que nos provoca escudriñar letra por letra, palabra por palabra, párrafo por párrafo, la magia de fecundar el mundo vivido por otros y que viene a enriquecer nuestra creación y combatir la ignorancia, el aburrimiento.

Es importante reconocer que los libros tienen una existencia vital que no solo se basa en su contenido por sí solo, sino en la sinergia que se crea entre lector-autor, pensando en una retroalimentación enriquecedora plasmada en papel para que los lectores puedan descubrirse en un libro. 

En su obra La República, Platón criticó a los poetas porque los textos se enfocan en las musas y no en una intención educativa. En ese sentido, valdría la pena preguntarse también para qué leemos y qué leemos. Leemos por placer o por el aporte educativo que nos recuerda que el conocimiento es poder, recordándonos esa frase de Sócrates, “El conocimiento es la virtud y solo si se sabe se puede divisar el bien”. En el placer de leer también hay conocimiento. Y en el conocimiento puede existir placer. Descubrimos, aprendemos. Leemos porque vivimos.

Leer es vivir vidas pasadas, presentes, futuras, desde una base de progreso permitiendo el acceso a la cultura general integral, al desarrollo científico técnico, además fortalece los cimientos de la visión histórica del mundo así como los valores sociales que se dinamizan en su entorno.

Este febrero es un mes simbólico para homenajear esos libros y autores que vendrán a enriquecer la Feria Internacional del Libro de Cuba, feria que se basa en la alegría de un pueblo culto, preparado que reconoce que los libros forman parte de la idiosincrasia del cubano.

 Como dijera nuestro Héroe Nacional José Martí: “Saber leer es saber andar”. Andemos entonces por el camino de la lectura que nos hace progresar y ser libres como pueblo. Un libro es capaz de contener tanta libertad como la conciencia misma del hombre que lo lee.



Cuba, ¡qué será de ti si dejas morir a tu Apóstol!

Para departir sobre la figura histórica de José Martí hay que conjugar al Martí periodista, escritor, pintor, intelectual, poeta, maestro y héroe revolucionario. ¿Pero cómo nombrarlo en sus facetas sin sacralizarlo?, con sus errores, sus aciertos y dudas. Nombrarlo como un hombre común, palpable, cuyo mérito más profundo y verdadero fue la de situar su vida a la consagración de la libertad de Cuba. Ese es el Martí insoslayable desbordado en estas páginas de admiración y compromiso de este novel escritor, que lleva en sus ojos y pensamiento la deuda de estudiarlo como un ente contemporáneo, vigente en la sociedad cubana del siglo XXI que más que nunca necesita a un Martí rejuvenecido, atemperado a la cotidianidad del pueblo y los jóvenes.

El pensamiento de nuestro Apóstol no pierde esa vigencia de cultivar, fecundar las virtudes más sublimes y elevadas de los seres humanos, virtudes que deben habitar en los pueblos como semilla plantada con el sudor de la frente de los hombres de buena voluntad que reconocen que el primer deber de un hombre de estos días es ser un hombre de su tiempo, ser un hombre bueno que es el único modo de ser dichoso.

Martí fue un hombre de su tiempo y dichoso, desde muy temprana edad comprendería que su vida estaría dedicada a la lucha por la independencia de Cuba y con los pobres de la tierra plantó su suerte.

El intelectual cubano Cintio Vitier en su artículo Martí en la hora actual de Cuba planteaba unas interrogantes:

¿No es Martí suficiente vacuna contra los venenos ambientales? ¿No es Martí capaz de hacer de cada cubano por humilde o iletrado que sea un patriota? ¿No es capaz de inspirarle resguardo ético, amor profundo a su país, resistencia frente a la adversidad, limpieza de vida?

Para ello el estudio de la vida de nuestro Apóstol no debe ser formulado solo teóricamente desde cursos escolares tempranos hasta cursos superiores, es necesario tocar las verdades ocultas en el ala de colibrí como mensaje educativo de espiritualidad y conciencia.

Martí hay que dibujarlo en su faceta de hombre de a pie en la calles, en las aceras, parques, avenidas, y extrapolar su obra a la sociedad, a los más necesitados de su ideario que no han podido tocarlo, sentirlo, vivirlo como una expresión de cubanía y Revolución.

Debemos instaurar acciones para fertilizar una campaña para volverlo palpable, más humano y cercano al pueblo cubano que en la mayoría se reconoce martiano.

Martí forma parte relevante e indispensable de nuestra Historia pasada, presente y futura. Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz fue continuador de su pensamiento intelectual, político, revolucionario. Premisa que permitió declararlo como el autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

El ideario de nuestro Apóstol estaría vinculado firmemente al programa político de la nueva etapa de lucha hasta nuestros días, como homenaje a las doctrinas de quien nos enseñó a pensar como país, como una unidad colectiva, y guiaría el camino de los grandes derechos de nuestro pueblo.

Al hombre de La Edad de Oro no se le puede dejar morir. En el aniversario 167 de su natalicio nuestro pueblo tiene que ser un pueblo más digno, más fiel a su recuerdo e ideario. Como expresara Fidel Castro en su alegato de defensa La historia me absolverá:

Hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!