Frank David Frías


Giselle Luc√≠a Navarro: «La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza»

Ella es una buena sinker. Agarrarla te da la sensación de tres costuras: bella, sencilla, educada. A partir de esos elementos cualquiera se iría con esa bola, como diríamos en buen cubano. O sea, creería que sus logros en tan corta carrera literaria podrían ser asunto oscuro y no profesional. Entendible si se tiene en cuenta que la predisposición podría surgir desde el amiguismo que nos desborda, los favores que algunos están siempre dispuestos a hacer a cualquier sinker que acude a los eventos, reuniones, editoriales, o viajecitos a provincia.

Perdonable tambi√©n cuando muchos no son capaces de conservar en la memoria much√≠simas obras de nuestros m√°s destacados j√≥venes escritores en los √ļltimos a√Īos. Alzheimer del que escas√≠simos lectores escapan. Giselle Luc√≠a es su nombre, Navarro el primer apellido y basta por ahora. Aqu√≠ no mancillaremos el talento de un artista citando los premios obtenidos, para m√°s informaci√≥n: Google. Aqu√≠, echaremos un vistazo a esta nueva creadora que nos aborda la nave deprimida. Nos llega con lenguaje directo, profundo, sin demasiados adornos para tapar el vac√≠o como suelen hacer algunos seudointelectuales y no tan seudos, para obtener un ratito bajo la luz mortecina de una vieja farola.

Giselle Luc√≠a es el ‚Äúviento fresco luego de un verano tan largo‚ÄĚ, como dir√≠a el trovador, es la voz que puede conectar con esos lectores dispersos, ausentes en muchos casos de nuestros m√°s recientes artistas por el bodrio abanderado y el discurso no sincero, sino m√°s bien oportunista y anhelante del concurso que sume una fotito en Facebook, un adulador, un r√°pido paso al olvido. ¬†¬†¬†¬†

¬ŅQu√© motivos o hechos determinaron el comienzo de tu carrera literaria?

Mi vida iba a estar vinculada a las letras, eso era algo inevitable. La mujer que vive dentro de mí no entiende el mundo sin la poesía. Para mí, más que un poema, es una forma de apreciar la vida, una especie de sensibilidad. La palabra es una piedra que rebota dentro de mi cabeza, no puedo evitarlo. Debo escupirla en el papel porque de lo contrario puede asfixiarme. Esa necesidad me hizo escribir.

De ni√Īa pasaba mucho tiempo en casa, escrib√≠a e ilustraba, encuadernaba mis esbozos en forma de folletos, con mucho cuidado. Nunca imagin√© estudiar dise√Īo, ahora los miro y me critico, sonr√≠o. Durante mi infancia y adolescencia estudi√© danza y, entre ensayos, entrenamientos y los deberes de la escuela, no ten√≠a tiempo para nada m√°s. Cuando decid√≠ que no me dedicar√≠a a bailar sent√≠ un gran vac√≠o. Ah√≠ lleg√≥ la literatura y lo inund√≥ todo. Un d√≠a, por azar, abr√≠ la revista Muchacha y le√≠ un art√≠culo sobre un taller literario, averig√ľ√© la direcci√≥n y fui. As√≠ comenc√© en el grupo Silvestre de Balboa que dirig√≠a Rafael Orta Amaro. El tiempo pas√≥ y hoy soy quien conduce el taller. Las tertulias, los concursos, recitales, antolog√≠as y las horas de poco sue√Īo escribiendo sin parar, todo vino tan r√°pido que creo que siempre estuvo ah√≠. La vida escribe recto sobre l√≠neas torcidas, pero invariablemente con firmeza.

H√°blame de Rafael Orta.

Las palabras no alcanzan para nombrarlo. Todo √°rbol crece porque alguien supo cuidar bien de la semilla. Es cierto que escribo desde ni√Īa, que gracias a mi abuela los libros se volvieron terrenos f√©rtiles para mi curiosidad. Podr√≠amos decir que alg√ļn tipo de talento para la palabra traje al nacer, pero lo cierto es que el d√≠a en que habl√© por primera vez con este hombre y me dijo ‚Äúadelante‚ÄĚ, invitando a pasar a su taller literario, y luego, con el tiempo, repiti√≥ ‚Äúconf√≠o en ti‚ÄĚ, fue que naci√≥ la escritora.

A este hombre le debo haber forjado mi voluntad, mi confianza, mi oficio por las letras. Siempre que estoy delante de mis alumnos y comienza una clase me acuerdo de √©l. Llevo siete a√Īos sentada en su silla, en la misma mesa donde me sentaba de alumna. Es una mezcla de nostalgia y certeza. Creo que le he cumplido. Los maestros ense√Īan tambi√©n al partir, porque de alg√ļn modo nunca se van.

Hay poetas que intentan decir algo en cada obra, otros, que el lector asuma el significado que m√°s le convenga o sea capaz de entender. ¬ŅEn cu√°l de las dos situaciones te sientes m√°s c√≥moda?

Escribo para el ser humano, apunto a su corazón. Deseo que mis poemas lleguen a su corazón y no solo a su cabeza. Los poemas que llegan a tu corazón son los que te cambian la vida. Para mí la poesía no es un entretenimiento, es algo muy serio, como una misión. Cada cual la asume a su forma. Esta es la forma en la que yo la percibo, por ello no voy disfrazar la palabra, ni inventarme un lenguaje rebuscado, ni llenar mis poemas de referencias de obras y autores solo para denotar mis horas de lectura o mi acervo cultural. Elijo la sencillez. La sinceridad y la pureza de las cosas, eso es lo que quiero transmitirles.

Federico Garc√≠a Lorca escribi√≥: ‚ÄúPoes√≠a es la uni√≥n de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo as√≠ como un misterio.‚ÄĚ Si tuvieras que definirla, cu√°l ser√≠a tu expresi√≥n antol√≥gica.

Para mí la poesía es una necesidad espiritual, un contrapeso que me permite mantener el equilibrio entre las bellezas y crudezas de la vida.

Ganas el David 2019 en poes√≠a. Obtienes el diploma, el cheque, las felicitaciones, abrazos. La promesa de un libro en la pr√≥xima feria. Los aduladores de un lado, los amigos del otro; los que buscan lo extraliterario, los que le vale un centavo el premio y sus arrabales. Llegas a casa, al fin sola, acostada; la noche es pura m√°s all√° de la ventana, ¬Ņqu√© pensamientos te abordaron?

En lo √ļnico que pienso cuando recibo un premio y regreso a casa es en el pr√≥ximo libro que escribir√©, mi pr√≥ximo proyecto, sea de literatura o dise√Īo, un videoarte, una colaboraci√≥n. M√°s que nada me provoca creatividad. El premio que recibes por una obra te da solo la gratificaci√≥n de que esta culmin√≥ bien. Sientes una gran felicidad, no puedo negarlo, pero es solo eso. En realidad, el cuadro que cuelgas en la pared podr√≠a ser un sello de garant√≠a de que tus horas sin dormir no fueron en vano. Para m√≠ la garant√≠a est√° siempre en los ojos y el coraz√≥n del lector.

No cazo los premios. Tampoco soporto que estos se conviertan en tus apellidos. Hay una diferencia entre el escritor y el libro. El libro es el vencedor. El escritor solo es el intermediario, aunque termine cargando las glorias y culpas merecidas e inmerecidas, aunque el libro haya brotado de él. Una obra premiada es siempre un punto cuestionable, y el libro puede convertirse en el epicentro de muchas polémicas, y eso es muy bueno, genera movimiento, te indica que hay un contexto vivo alrededor. A quién le gustaría sembrar flores en un terreno baldío. Las críticas son necesarias, ayudan a que las raíces del árbol, en este caso del libro, se asienten con más fuerza.

En cualquier caso, creo que un escritor debe disfrutar profundamente el proceso creativo y aprender que los premios son simplemente eso, trozos de papel colgados en la pared, quiz√°s el recuerdo de un momento en el que fuiste muy feliz o la certeza de un sue√Īo medianamente cumplido. El verdadero premio es tener la sensibilidad para crear un poema, por muy humilde que este sea. El escritor joven, tambi√©n el adulto, no debe permitir que los premios o reconocimientos lleguen a tocar su ego. All√≠ donde el ego empieza a transformarse la creaci√≥n comienza a padecer.

Cuéntame un poquito sobre el dolor de parto con Criogenia.

Este libro es una parte de mi cuerpo. Escrib√≠ Criogenia con 23 a√Īos. No puedo hablarte mucho del proceso creativo en s√≠ porque realmente brot√≥ tan velozmente que todav√≠a estoy sorprendida.

Estaba terminando mi tesis en el Instituto Superior de Dise√Īo. Recuerdo que ya no soportaba estar sin escribir, completamente dedicada a temas pr√°cticos relacionados con mi investigaci√≥n de pregrado. Fue un per√≠odo dif√≠cil para m√≠. Fuertes experiencias, fuertes golpes hab√≠an sacudido anteriormente mi vida. Me sent√≠a exactamente as√≠: una mujer congelada, cuyo cerebro no pod√≠a detenerse. Ese es Criogenia. Un libro con forma de mujer y poemas con forma de √≥rganos. Es importante en mi vida no por el Premio David, sino por todo lo que encierran los poemas, todo lo que me susurra. Criogenia fue un parto necesario, milagroso. Yo necesitaba nacer en ese parto. La mujer que llevaba dentro, por alg√ļn tiempo dormida, necesitaba despertar.

El autobombo tiene defensores y detractores. Hay quienes creen que responde a la falta de un eficiente sistema promocional, cómo lo ves, siendo una autora contemporánea ligada en gran medida a las redes sociales.

Las redes sociales son como una ventana permanentemente abierta a la que te puedes asomar en cualquier momento y gritar cualquier cosa. Siempre habr√° personas que reaccionen positiva o negativamente a lo que publicas. Te confieso que llevo poco tiempo en las redes, hace m√°s o menos a√Īo y medio de mi primera publicaci√≥n en Facebook o Instagram. No publico im√°genes de mi vida privada, utilizo las ventajas que tiene para publicitar espacios culturales en los que participo y compartir contenido de inter√©s asociado a la escritura.

Es cierto que, en gran medida, cuando un artista publica su obra y habla de su trabajo pareciese que se está fomentando el narcisismo, dado que es un discurso en primera persona, el escritor es quien elige el contenido a publicar, y, por lo general, siempre se muestra con una cara agradable y perfecta, también es cierto que es así cómo funciona en el mundo del marketing y la publicidad. Creo que cada artista debe ser promotor de su propia obra, nadie mejor que él para darle el verdadero sentido que lleva y evitar que se distorsione con intereses de terceros.

El libro es un producto, con otras connotaciones simb√≥licas, pero como producto al fin est√° encaminado a insertarse en un determinado mercado, en llegar a un usuario, a un lector. Por lo general cuando hay un sistema de promoci√≥n este siempre va a mover los hilos para que el contenido responda a sus intereses. Cuando una empresa o instituci√≥n publicita a un autor o un libro a veces la informaci√≥n se transforma. Cuando el artista es el que promueve su obra esta llega limpia al p√ļblico y el propio acto de promoci√≥n podr√≠a convertirse en otra obra.

Un libro necesita publicidad. Los h√°bitos de la lectura y el ‚Äúarte inteligente‚ÄĚ tambi√©n necesitan difusi√≥n, sobre todo en un contexto como el actual, donde el flujo de informaci√≥n es tan diverso y r√°pido, a veces agresivo. En momentos en los que los h√°bitos de lectura se adaptan constantemente a las nuevas plataformas, los artistas deben adue√Īarse tambi√©n de esa circunstancia. Mientras los intelectuales sigan creyendo que tal cosa no es necesaria, estar√°n en desventaja. El mundo del siglo XXI es visual. Y hay que darle imagen a eso que queremos comunicar. La diferencia est√° en la forma en la que te acercas al lector.

El lector de estos tiempos quiere no solo leer el libro, sino conocer al autor, intercambiar con él, comunicarse con él. Y las redes te permiten establecer este intercambio, de una forma rápida, ofreciéndote la posibilidad de publicar texto, imagen, video, audios, de transmitir en vivo, desde un rincón del mundo hasta todas partes del planeta. También existen muchos puntos de vistas negativos, pero creo que debemos valernos de las herramientas que nos favorecen y explotarlas a nuestro favor, haciendo un buen uso de estas.

Por supuesto, el autor debe planificar cuidadosamente la publicidad que le dará a su libro y a su obra. Todo requiere de cierta mesura, aunque sea en redes sociales donde pareciese que cualquier cosa vale. Un comentario sin base o con prejuicio puede arruinar tu imagen ante los ojos de quien te lee, de una forma instantánea. También debe fomentarse el respeto hacia la obra ajena. Un escritor debe respetar la obra de otro escritor, aunque no le agrade. El respeto es algo necesario.

Las redes sociales constituyen una forma de sociedad virtual. Cuando entras en ellas solo debes ser t√ļ mismo. Ser coherente con tu personalidad por cualquier medio por el que te comuniques.

Relajémonos: película, canción y libro favoritos.

Es dif√≠cil. Estas preguntas nunca me relajan, porque me cuesta decidirme por una u otra. Una pel√≠cula que me ha marcado much√≠simo es ‚ÄúLa vita √© bella‚ÄĚ, de Roberto Benigni, me gusta mucho el cine italiano, pienso en Fellini. Tambi√©n en las pel√≠culas de Charles Chaplin.

En cuanto a la m√ļsica, decir que es fundamental en mi vida. Amo el sonido tanto como la palabra y el color. Me conmueve profundamente la m√ļsica de Mozart, Beethoven, Bach, el romanticismo, la √≥pera italiana, el impresionismo, el jazz, el flamenco, la m√ļsica √°rabe y la m√ļsica cl√°sica indostan√≠.

Entre los autores que me han marcado podr√≠a mencionarte a Nazim Hikmet, John Robinson Jeffers, Franz Kafka, Walt Whitman, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Miguel Hern√°ndez, Mahmud Darwish, Jos√© Mart√≠, Eliseo Diego, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges, Juana Borrero, Rub√©n Mart√≠nez Villena, Jes√ļs Orta Ruiz y Luis Rogelio Nogueras‚Ķ, aunque hay muchos otros. Libros favoritos no tengo. Siempre estudio la obra en conjunto con la vida del autor. Es precisamente esa la combinaci√≥n que me atrapa.

¬ŅQu√© libros tuyos encontraremos sobre el anaquel en un futuro cercano?

Pr√≥ximamente ver√°n a la luz algunos libros que espero con ansias. Hijos que necesitan salir del cascar√≥n editorial. Es el caso del poemario El circo de los asombros, la novela ¬ŅQu√© nombre tiene tu casa? y Criogenia. Hay otros libros en la pista de vuelo, pero el proceso editorial lleva su tiempo y prefiero no hablar todav√≠a de ellos para no malograr su nacimiento.

De tener una carrera larga y exitosa, qué epitafio te gustaría en la tumba.

Ninguno. Creo que no existen palabras para nombrar con exactitud la vida de una mujer. Tampoco creo que me acostumbre a la idea de descansar en un hueco. No me gustan las tumbas. El cuerpo es transformación y el espíritu es libertad. Ambos no pueden sujetarse a una fosa. Además, andaré durante mucho tiempo por este mundo. Es probable que antes desaparezca la idea de los epitafios. 

Contrapeso es un libro materializado, una realidad que nos invita a visitar tu desnudez, por otra parte, Criogenia es una promesa editorial con grandes posibilidades de estar en la próxima Feria Internacional del Libro, qué puntos diferenciales existen entre ambos textos.

Contrapeso es una selección de poemas, la unión de partes dispersas, podría ser la carta de presentación de una autora joven. En él hay textos de dos libros. Por otro lado, Criogenia es un libro completo, una unidad, mucho más extenso, donde cada poema está hilvanado cuidadosamente, y debe leerse en su totalidad para entender bien el sentido de la propuesta.

Selección poética de la escritora cubana Giselle Lucía Navarro

Agradezco inmensamente la disposici√≥n de Colecci√≥n Sur por publicar una representaci√≥n de la obra de las √ļltimas tres autoras en ganar el Premio David. Este peque√Īo cuaderno, Contrapeso, que forma parte de la colecci√≥n Narciso es tambi√©n el reflejo del esfuerzo y de la voluntad. Agradecer, siempre agradecer, porque es en el agradecimiento donde el ser humano realmente se conoce a s√≠ mismo, se libera de cargas y vac√≠os. Agradecer las palabras del pr√≥logo a Basilia Papastamatiu, siempre se aprende a su lado, es una mujer que admiro y quiero much√≠simo. Tambi√©n la nota de contracubierta de Edel Morales, otro amigo entra√Īable. Y es necesario se√Īalar que sin la persistencia de Alex Pausides y Karel Leyva, as√≠ como Elisa Vera y Onelia Silva en el dise√Īo, Carlos, Katy y Marlene, en el resto de las coordinaciones editoriales, estos libros nunca hubiesen salido a tiempo para presentarse en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Hay muchos libros parecidos en nuestra literatura de principios de siglo, escritores con el mismo discurso, los mismos intereses. Amables casi siempre, solidarios, suelen abrazarse los unos a los otros en tan solo el primer encuentro, pareciera no haber puntos encontrados. Les gusta el t√©, el vino, la m√ļsica elitista y pasan el ‚ÄúOnelio‚ÄĚ. Leen a los mismos escritores, y rara vez se√Īalan zonas negativas en el libro de otro autor cuando ejercen la cr√≠tica. ¬ŅCrees que hay estereotipos que deben apartar las nuevas generaciones, o te importa un r√°bano y te resbalas por el borde del camino?

Odio la idea de los estereotipos, las etiquetas y los grupos. No hay nada más aburrido que un grupo. Creo que eso resulta cómodo para analizar el fenómeno sociocultural, pero siempre está alejado de la realidad. La unidad del grupo debe radicar precisamente en su diversidad.

Los grupos procrean fronteras y elitismos, mientras buscan la unidad y la legitimaci√≥n generan una serie de conflictos innecesarios. Al ser humano le hacen da√Īo los grupos, pero pareciese que a√ļn no se da cuenta de ello. La competencia por pertenecer a un gremio u otro va mutilando un mont√≥n de cosas bellas en su interior. Muchos de los conflictos que existen en el mundo son precisamente porque el hombre lucha constantemente por ser legitimado, para ser parte de un determinado grupo.

En el arte no debería existir eso. Nadie tiene las mismas vivencias, por tanto, los discursos nunca son iguales. Así como no hay dos personas iguales no existirán dos voces iguales en la poesía. Aunque seamos seres sociales debemos conservar siempre nuestra identidad, nuestra individualidad, pero sobre la base del respeto y la tolerancia que nos permite convivir en armonía.

El ser humano es un templo, en cuerpo y alma. La expresi√≥n de un artista hacia el mundo debe ser una necesidad, no la reproducci√≥n de un modelo social o una moda editorial. El artista debe ser coherente con su obra. La obra debe ser coherente con la persona. Cuando escribo o dise√Īo no pienso en estilos, tendencias o contextos, miro a mi interior. Lo √ļnico que busco es la sinceridad conmigo misma, ser yo en todo momento, una muchacha que busca conservar la pureza de ese instinto que la persigue.

Cuatro poemas de Giselle Luc√≠a Navarro



Generación de antologados en tiempos de soledad

El t√≠tulo de esta rese√Īa (Generaci√≥n de Antologados) es una de tantas¬†definiciones utilizadas a lo largo de la novela La soledad del tiempo, del escritor¬†cubano Alberto Guerra Naranjo, para referirse a una generaci√≥n definida por¬†las circunstancias de su tiempo, como cualquier otra, pero con situaciones¬†singulares.¬†

A primera vista pareciera que no necesita una rese√Īa m√°s, un escrito m√°s¬†despu√©s de tantos que se han publicado en los √ļltimos a√Īos acerca de ella; sin¬†embargo, una vez le√≠da por este servidor, me queda claro que a√ļn necesita¬†otras ‚Äďno importa cu√°ntas‚Äď si se trata de ubicarla entre las mejores novelas¬†escritas en los √ļltimos 20 a√Īos de literatura cubana.

Su eje central es el entorno literario de la isla, no su lado agradable, sino esos¬†fantasmas reales que acechan la espiritualidad del escritor y, por¬†consecuencia, el resultado de su trabajo, y el mapa mentiroso que se va¬†creando a partir de un entorno donde el amiguismo, los favores, el sexo, la¬†mediocracia ‚Äďenti√©ndase esa tratada por Alain Deneault en su libro de igual¬†nombre‚Äď que apela a la protecci√≥n entre mediocres (yo dir√≠a inferiores) con el¬†√ļnico objeto de protegerse y prevalecer por un tiempito en nuestras letras¬†nacionales, o m√°s bien sus arrabales, sin esforzarse por dejar la vida en la¬†oraci√≥n.

Semejantes agresiones a una historia letrada no serán jamás adoptadas por textos como este de Guerra Naranjo, más bien extraídos y llevados a juicio literario y moral. Cito y citaré más adelante otros por ser inevitable, un párrafo de esta novela:

‚ÄúLas historias que pienso escribir no ser√°n nuevos bodrios para las letras¬†nacionales. De tantas malas p√°ginas y de tantos escritores rid√≠culos el¬†lector se cansa. Mi novela debe ser mi sangre y mi paz. Ah, Walter¬†Benjam√≠n, qu√© claro estabas, no es la forma ni el contenido lo que¬†importa, es la sustancia, s√≥lo la sustancia.‚ÄĚ

Los extremos de ese eje que mencioné son, por un lado, Sergio Navarro, un escritor de a pie que nos representa a todos: aquellos que no nos prostituimos por un puesto de poder, ni una antología para desesperados, ni ponemos la mirada en el Trono de Hierro, que intimida desde Desembarco del Rey por un viaje.

Un Jean Valjean caribe√Īo marcado, no por la c√°rcel, o un obstinado y muy¬†equivocado en sus principios Javert, sino por el sol implacable, los 10 pesos en¬†el bolsillo, los sue√Īos, los principios correctos y seres como el que habita en el¬†otro extremo: Emilio Varona, funcionario acostumbrado a acumular beneficios y¬†repartirlos seg√ļn le convenga.

Este Emilio es la ant√≠tesis de Sergio. Entre ambos, pasan ante los ojos del¬†lector historias hermosas por bien narradas, pero esencialmente duras como¬†solo pueden serlo cuando se escribe desde el dolor. Trescientas y una p√°ginas¬†y 34 cap√≠tulos que bastar√°n, supongo, para cualquier estudioso de nuestro¬†mundo letrado, en el futuro, cuando quiera comprender los males de un¬†sistema literario que pide a gritos una actualizaci√≥n, un acercamiento a la forma¬†en que se mueve el mercado (s√≠, acabo de escribir mercado), para salvarse del¬†desamparo en que mantiene a sus mejores nuevos escritores, a costa de¬†algunos autores, no todos, por debajo de la calidad media en un pa√≠s que¬†presume de un alto √≠ndice cultural. Treinta y una p√°ginas que al fin han resuelto¬†un problema: tanta literatura sobre escritores (√ļltimos 20 a√Īos) demasiado¬†centrada en complacer precisamente a los escritores:

‚ÄúEste mundo literario, me dije mientras prend√≠a un cigarro (despu√©s de¬†almorzar no hay nada mejor que un cigarro), tiene demasiadas zonas que¬†no son literarias. Escribir bien no basta. Desencadenar toda una¬†estrategia de horas, de d√≠as, de a√Īos frente a la p√°gina en blanco, es s√≥lo¬†el comienzo. Despu√©s, aunque se consiga cierto √©xito, llegan como al¬†n√°ufrago de un barco ahuecado, imprevisibles avalanchas convertidas en¬†un mar de sombras.‚ÄĚ

La soledad del tiempo hace ver a muchos de los más recientes escritores, algunos de la autoproclamada Generación Cero, por ejemplo, como eternos aprendices que se perdieron en la estrategia promocional y jamás en las páginas.

Los malnacidos, o mal remunerados escritores, los que no pertenecieron a un¬†grupo literario que se entreg√≥ premios y espacios para la promoci√≥n de su¬†basura, los que no han sido se√Īaladas mujeres que sonr√≠en a todos y¬†encuentran entre el Todo al intelectualoide que la llevar√° a giras y antolog√≠as y¬†promoci√≥n vergonzosa, los que no pertenecieron a talleres de dudosa¬†ense√Īanza, arcaica ense√Īanza, esquem√°tica ense√Īanza, los solitarios, los que¬†iban al Coppelia a tomar su helado pensando c√≥mo ubicar su novela dentro del¬†circo, y no acompa√Īados de aduladores embriagados de vino barato y t√© de¬†manzanilla, esos, repito, los solitarios y desprotegidos, ya tienen su novela:

‚Äú¬ŅHabr√≠a pasado el genial Julio Cort√°zar por los mismos pasmes que a √©l¬†le suced√≠an? ¬ŅHabr√≠a comprado cigarro a menudeo a un viejo renqueante,¬†que contar√≠a el dinero con una calma incre√≠ble antes de echarlo en el platico del bisne? ¬ŅHabr√≠a sabido qu√© co√Īo era bisne, qu√© co√Īo cigarro a¬†menudeo? ¬ŅHabr√≠a arrastrado un colch√≥n por la ciudad por tirarle un¬†cabo a dos marginales? ¬ŅHabr√≠a trabajado alguna vez de CVP, en alguna¬†empresita de Par√≠s o Buenos Aires? ¬ŅHabr√≠a corrido detr√°s de un¬†extranjero para tumbarle unos fulas e ir tirando? ¬ŅHabr√≠a pasado los¬†mismos trabajos para escribir una cabrona palabra? El viejo trajo los¬†cigarros y se qued√≥ mir√°ndolo.

‚ÄĒ ¬ŅAlg√ļn problema, muchacho?

‚ÄĒ Nada, Prendes, pensaba un poco.‚ÄĚ

Esta novela está escrita desde el dolor, lo mencioné antes, y es posible que sea la versión artística del sufrir que ha experimentado Alberto Guerra en diferentes épocas, mientras bebía samagón de patatas, entiéndase vino de papas de a cinco pesos la botella en aquel Período Especial. En su casa a la espera de un verano mejor, mientras The Others arrojaban toda serie de ruidos que le erizaban la piel pero no lograron quebrarlo.

Carece además, La soledad del tiempo, de alardes estilísticos innecesarios, de palabras rebuscadas, y muestra con lenguaje directo, preciso, lo que se quiere mostrar. Me hizo olvidar estructuras y me atrapó en la mencionada sustancia. Querida sustancia, ausente en muchos libros sin la presión de un embargo, sin regulaciones o planes, ausente en tantos y tantos libros por falta de bomba y talento, y malas gestiones desde la editorial.

Papeles al viento, no así en esta novela que como fenómeno de nuestra reciente literatura ha logrado la reedición en tres ocasiones, rompiendo así con un esquema presente en nuestro sistema editorial donde al estar sometido a planes no es dado a reconocer el impacto de un libro mediante la reedición, sino a continuar con los siguientes en el llamado colchón editorial.

Pocos libros rompen ese esquema y muy pocos desde la calidad literaria. Quizá también esta novela se extiende más allá del anaquel porque representa a muchos, es colectiva y no individual. La individualidad es algo marcado en muchos textos recientes en la literatura de la isla. Algunos exponentes de la autoproclamada Generación Cero están marcados por una literatura individual, donde los intereses son inclinados hacia el autor y sus socios, llena de situaciones que a pocos interesan, no literarias a veces, solo de su inmediata cotidianidad y por efecto poco interesante al lector universal.

He escuchado que hay quienes le se√Īalan a La soledad del tiempo que su¬†mayor defecto es ser una novela para escritores. Eso solo puede afirmarlo quien no ha notado, o no quiere notar, la cr√≠tica impl√≠cita al racismo (Cap√≠tulo¬†Sudoroso), el retrato de una sociedad donde hay maleantes y oportunistas,¬†jineteras circunstanciales y no solo prostitutas de oficio, estafadores, un ensayo¬†sobre el suicidio (Cap√≠tulo 27. Hospital) que me hizo recordar los m√ļltiples¬†ensayos que alberga esa obra universal titulada Los miserables, de V√≠ctor¬†Hugo.

Incluso hay un tratamiento peligroso del sexo, extremo cuando de literatura se¬†trata, zoofilia incluida (Cap√≠tulo 10. Ay, Atencio, compadre). Es cierto que si se¬†es un escritor cubano se entender√°n gui√Īos y situaciones impl√≠citas, expl√≠citas,¬†que alguien ajeno al mundillo literario no alcanzar√≠a a notar de inmediato, pero¬†dudo que al terminar la obra no haya sido bien ilustrado acerca de ese¬†mundillo; y eso es precisamente lo que la buena literatura hace, ilustrar, de no¬†ser as√≠, para qu√© leer.

Esta es novela incómoda y continuará haciéndolo:

‚ÄúLos Nov√≠simos, para mi gusto, eran una triste generaci√≥n de¬†segundones, de tipos incapaces de escribir lo que hac√≠a falta, de¬†c√≥modos mamalones de la teta institucional. No hab√≠an hecho una sola¬†novela con verg√ľenza, un solo libro de cuentos que valiera, y como¬†poetas resultaban incoherentes, caprichosos, experimentales a pulso,¬†iconoclastas en apartamentos de microbrigada‚Ķ‚Ä̬†

‚Äú‚Ķmilitantes de la mariconer√≠a organizada, del lesbianismo chato,¬†v√≠ctimas de antologadores de ocasi√≥n, pastos de eventos literarios,¬†pira√Īitas de concursos acoplados, pla√Īideras frente a la injusticia de los¬†viejos escritores atrincherados en sus cargos p√ļblicos‚Ķ‚ÄĚ

‚Äú‚Ķ escrib√≠an a favor o en contra del gobierno, pero sin miaja, sin bomba,¬†sin demonio. Jam√°s protestaban, ni pronunciaban una queja coherente,¬†eran incapaces de concertar una buena reuni√≥n por cuenta propia,¬†persegu√≠an a los editores extranjeros, ca√≠an como palomas a sus pies y¬†se acomodaban a las exigencias del mercado con una desverg√ľenza¬†incre√≠ble. Hablaban mal unos de otros, se pon√≠an trampas entre s√≠,¬†c√°scaras de pl√°tano entre s√≠, para lograr, por ejemplo, un simple viaje a¬†una feria del libro.‚ÄĚ

Tampoco escapa a esta excelente mirada crítica dividida en capítulos la burla en la que se han convertido muchas citas literarias en la isla, repetitivas, dispuestas para promocionar muchas veces a quienes no merecen ninguna promoción, eso y más se refleja en el capítulo 30: Reunión de Escritores.

Ahora, esta dolorosa vuelta por las miserias del mundillo literario, y el otro¬†mundillo que nos toca a todos, viene desde un lenguaje hermoso, no¬†minimalista a lo cubano ‚Äאּgracias a Dios!‚Äď, sino suelto, natural, sincero, sobre¬†todo sincero y original, s√≠, eso, original, distante de la cuesti√≥n repetitiva que¬†nos invade cuando de nueva literatura se trata. Y, sobre todo, entretenido. No¬†puedo creer que acabo de escribir esa palabra en una rese√Īa, la escribir√© de¬†nuevo: en-tre-te-ni-do. Es claro que el prop√≥sito estuvo en la mente del se√Īor¬†Guerra:

‚ÄúDe nada vale aburrir a los lectores, ¬Ņpara qu√© cansarlos, para qu√© agotarlos? De nada vale competir con el colega inmediato y perderse en la niebla del corrillo literario, es preferible, mil veces, llegarse al Madoka, buscar una pareja entre esos hombres de pueblo, entre esas criaturas de visi√≥n insuperable, y jugar la partida de turno como si fuera la √ļltima. Eso es ser maestro, eso es ser Juan Rulfo, no¬†m√°s que eso. Gracias.‚ÄĚ



¬ŅC√≥mo se sobrevive a tanta belleza?

Es la pregunta que cierra el primer cuento del libro¬†Las dispersiones, del autor cubano Ra√ļl Flores Iriarte. Un texto que obtuvo el premio UNEAC de cuento en 2015, y encontr√≥ el dulce calor de los anaqueles en 2017, pero que a√ļn (gracias quiz√° a nuestra inolvidable gesti√≥n promocional) podemos encontrar en librer√≠as como la de la propia UNEAC. [+]



Rechazo la idea de la inmovilidad

La idea de hacer esta entrevista surgió a partir del éxito editorial que mantiene la joven escritora cubana Elaine Vilar Madruga. Es un hecho raro que alguien publique un libro tras otro en nuestro entorno literario, y ella incluso va más allá de nuestras fronteras y empieza a ganar terreno en editoriales de Canadá, Italia, Estados Unidos, Chile y otros países.

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